En recuerdo de Jorge Negrete. Marco Antonio Campos

jorge-negretePara algunos poetas mexicanos como Campos, lo popular forma parte del imaginario de su propia obra, de su biografía. Jorge Negrete es un ícono de la música y del cine nacional, pero también de la cultura latinoamericana.

 

 

EN RECUERDO DE JORGE NEGRETE

Marco Antonio Campos

jorge-negreteDesde mi niñez tuve el culto de Jorge Negrete y de Pedro Infante. Los mexicanos de aquellos años los solían llamar sólo Jorge y Pedro. Fueron los dos mayores iconos de la canción mexicana y en buena medida de nuestro cine del siglo XX. Aun si existió entre ambos una buena relación, no podría decirse que en sentido estricto hubiera una amistad, pese a que Pedro se esforzó porque la hubiera. Pedro admiraba la voz de altos y variados registros de Jorge, igual que su tarea sindical como líder de la ANDA, y Jorge tenía secretos celos de la popularidad y la invencible simpatía de Pedro. Nadie que vea la magnífica comedia de equivocaciones que filmaron juntos (Dos tipos de cuidado) puede olvidarla, y menos, los graciosos malentendidos y el duelo de coplas. Es curioso o paradójico: ninguno de los dos bebía, y sin embargo, quien acreditó más el tequila a través del cine fue Jorge y las caracterizaciones de Pedro cayéndose de borracho son de una naturalidad irresistible. Es también curioso o paradójico: Negrete nació en Guanajuato, Guanajuato, pero el estado con que más se le identifica, por sus canciones y filmes, es Jalisco, en especial acaso con la región de Los Altos, y por algunas canciones, con Guadalajara: en sus películas sobran imágenes de llanuras secas, de calles y plazas de pequeños pueblos, de cascos de hacienda… Muchas de las inolvidables canciones sobre Jalisco que tuvieron resonancia en el orbe de la lengua española las escribió Ernesto Cortázar y las musicalizó Manuel Esperón, pero quien las cantó como nadie fue Negrete. De las cuarenta y tantas cintas que filmó, cuatro llevan el nombre del estado y tres de ellas además el título de canciones: ¡Ay Jalisco no te rajes! (1941), Así se quiere en Jalisco (1942), Hasta que perdió Jalisco (1945) y Jalisco canta en Sevilla (1948). Difícilmente en México alguien desconoce que en buen número de cintas de la época de oro del cine mexicano las canciones sirvieron de título, argumento y parte de la trama de las películas.

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Marco Antonio Campos
Los elegidos mueren dolorosamente jóvenes; Negrete e Infante fallecieron a la hora precisa para dejar una imagen sin declive: el 5 de diciembre de 1953 Jorge murió cinco días después de cumplir 42 años y Pedro el 15 de abril de 1957 a los 39 años.

Alto, bien plantado, con el bigote de doble látigo, con una multiplicidad de elegantes trajes, hábil jinete, con la pistola niquelada al cinto, con el tic de mover el sombrero con la mano “a un lao” o hacia arriba, si alguien encarnó la imagen del charro cantor en nuestro cine, salvo algunas españoladas o alguna argentinada, fue Jorge Negrete. No podría llamársele un gran actor, como los hermanos Fernando y Andrés Soler, Pedro Armendáriz, Arturo de Córdova y David Silva, ni tuvo la admirable versatilidad del mismo Pedro Infante, pero si en América Latina y en España alguien dio el modelo con el que más reconocen el hombre “valiente, noble y leal” de México, del enamorado “de las mujeres consentido”, del bebedor atravesao, del pendenciero y jugador, fue él.

En los países aislados y pobres se suele ser exacerbada e ingenuamente nacionalista; el México negretiano de los treinta, cuarenta e inicios de los cincuenta del siglo pasado no fue excepción. ¿Hay frase más característica que: “Como México no hay dos”? Jorge era enérgica y, de manera involuntaria, cándidamente nacionalista. Al cantar le salían de lo más hondo líneas como: “Yo soy mexicano y a orgullo lo tengo,/ y si echo bravatas aquí las sostengo”; o: “Cuando quiere un mexicano/ no hay amor como su amor”; o esa canción, que todos los mexicanos sabemos, y que él cantó como si augurara lo que le sucedería: “México lindo y querido,/ si muero lejos de ti,/ que digan que estoy dormido/ y que me traigan aquí”. Asimismo en el filme Carta de amor  (1943) actúa de jefe chinaco que batalla contra el imperio francés; en una escena canta “Dulce patria”, canción que, dice a Martha (Gloria Marín), es el himno de su regimiento.

Si la canción mexicana se hizo para una voz, fue para la de él. Ante todo en la voz radica su grandeza. Al oírlo, uno siente que le sale a uno lo mexicano. De las bellas o bellísimas mujeres que hicieron de su pareja en películas (Marina Tamayo, la casi habitual Gloria Marín, María Félix, Rosario Granados –el rostro perfecto-, Elsa Aguirre -bella entonces entre bellas-, la breve paloma de Carmelita González, las españolas Carmen Sevilla y María de los Ángeles Morales), la que mejor se le integró por contraste -por su imagen de delicadeza y dulzura, pero quien sabía a la vez tener carácter- fue María Elena Marqués. Baste recordar cintas como Rebelde (1943)(1), Ay Jalisco no te rajes y Me he de comer esa tuna. Lástima que al lado de Rosario Granados sólo filmara dos películas (Canaima, Camino de Sacramento). Por demás en los filmes no hay casi ocasión en que él cante y la mujer no escuche arrobada y suspirante.

Pese a haber sido dirigido por directores como Fernando de Fuentes, Chano Urueta, Juan Bustillos Oro o Julio Bracho, ninguno representó para él lo que Ismael Rodríguez para Pedro Infante o Emilio Fernández para Pedro Armendáriz.

Negrete, que no bebía, murió de cirrosis, él, quien no tenía ningunas ganas de morir. El sepelio de Jorge fue conmovedoramente multitudinario. Todos querían cargar el féretro. Escoltado por motociclistas, uno de ellos era el propio Pedro Infante -fiel en esa hora, como días antes cuando lo visitó en Estados Unidos en el hospital angelino, como desde que se conocieron-, el coche fúnebre llegó al Panteón Jardín, donde se le inhumó. Tres años y cuatro meses después sepultarían muy cerca de Jorge al propio Pedro. El 30 de noviembre es el centenario del nacimiento de Jorge Negrete. Hoy un poco olvidado, es la ocasión para darle la dimensión de grandeza que tuvo y debe tener.

(1) – Por cierto: en esta película Negrete cantó dos canciones de Octavio Paz.

 

 

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