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	<title>Revista La Otra &#187; gaceta 22</title>
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	<description>Revista de poesía + Artes visuales + Otras letras</description>
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		<title>Presentación La Otra Gaceta No. 22</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Jan 2009 01:22:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
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		<description><![CDATA[José Ángel Leyva Entre la hiperactividad que exige esto de la difusión y las ingratitudes de un gremio que confiesa cualquier pecado, menos uno, la envidia, pienso en la necesaria reivindicación del ocio y de la holganza. Por eso, de &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/01/presentacion-la-otra-gaceta-22/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>José Ángel Leyva</strong></p>
<div id="attachment_4" class="wp-caption alignleft" style="width: 110px"><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2008/12/leyva.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img class="size-thumbnail wp-image-4" title="leyva" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2008/12/leyva-120x120.jpg" alt="José Ángel Leyva" width="100" height="100" /></a><p class="wp-caption-text">José Ángel Leyva</p></div>
<p>Entre la hiperactividad que exige esto de la difusión y las ingratitudes de un gremio que confiesa cualquier pecado, menos uno, la envidia, pienso en la necesaria reivindicación del ocio y de la holganza. Por eso, de una manera activa pienso en la urgencia de organizarnos para exigir que regresen las aceras a los peatones, que nos devuelvan la ciudadanía. ¿Qué reconocimiento puede haber a los de a pie si los autos ocupan sus lugares? A mí también me preocupa el silencio de los intelectuales ante la corrupción y ante la guerra. Quizás nos falta dejar de hacer para ocuparnos&#8230;</p>
<p><span id="more-293"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Aburramiento y hastío</strong><br />
José Ángel Leyva y Carlos Maciel</p>
<div id="attachment_219" class="wp-caption alignleft" style="width: 260px"><img class="size-full wp-image-219" title="Carlos Maciel" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/maciel-carlos-22a.jpg" alt="Carlos Maciel. Foto: JAL" width="250" height="333" /><p class="wp-caption-text">Carlos Maciel. Foto: JAL</p></div>
<p>La acidia o pereza está en la séptima posición de los pecados capitales, no sabemos si por orden de gravedad o porque en el fondo es vista como la falta que corona la serie de desórdenes humanos o por ser la causa principal de haber perdido el Paraíso. Como sea, de inicio es el pecado que menos entusiasmo genera entre nosotros, compiladores de poemas sobre la pereza. Nos mimetizamos en el tema y como decimos en México, la búsqueda está de güeva.</p>
<p>No obstante, conforme avanzamos en el conocimiento del terreno, descubrimos con azoro las aristas del término, su evolución, su complejidad teológica y cultural. Un pecado que puede tener carácter venial, intrascendente, adquiere rango de mortal. Los teólogos ven en la acidia, más que en la pereza, dicho rango. Acidia es pues negligencia, desprecio, falta de voluntad y tibieza espiritual. Es también una variedad de la envidia porque nace de la ausencia del gozo por la virtud ajena, por la falta de caridad hacia el otro y hacia sí mismo. La acidia es negación de la luz, del pensamiento, del deseo, del fruto. No hay nada menos generoso y agradecido que un corazón perezoso.</p>
<p>Fernando Savater afirma que la pereza, como expresión de la acidia, es evasión de lo debido, y no precisamente equivalencia del ocio, del reposo, del no trabajo, del tiempo libre, pues quien aprovecha el ocio lo puede hacer en términos por demás productivos y espirituales, quien descansa restablece energías para emprender con nuevos bríos las acciones y tareas propuestas, y quien toma distancia de lo laboral probablemente lo hace en favor del conocimiento, de la información, de la recreación intelectual y estética. Porque, siguiendo a Savater,  &#8220;en definitiva, el último sentido de la cultura es luchar contra el aburrimiento.&#8221;</p>
<p>Lo paradójico es que dentro de estas sociedades de consumo la hiperactividad sea una forma de cultivar, no el ocio sino la pereza mental, no la productividad creadora sino la ocupación compulsiva y patológica, la degradación del hombre. La dispersión frenética y el trabajo pernicioso son manifestaciones de una carencia emocional, de un interés por los bienes estéticos, por el asombro, por el placer de la lectura, por la recreación de y con los otros. Acusa pues una falta de generosidad por el cultivo de las virtudes y los buenos momentos de la vida, por la memoria. El aburrimiento crece soterradamente, echa raíces en la voluntad y cierra espacios a la acción y a la gratitud, a la mirada libre que busca su expresión en los demás, su presencia en el beneficio ajeno y en el propio. No es extraño entonces que a los ociosos se les mire con envidia, se se les coloque en el estante de la holganza. Los artistas, artesanos, intelectuales y en general quienes disfrutan de su actividad o de su tiempo no laboral son vistos con malos ojos por una sociedad obsesionada por los bienes materiales y el trabajo redituable. La lectura, por ejemplo, es concebida como una labor de flojos. Imaginemos la escena y el diálogo: &#8220;¿Qué hace Margarita? Nada, está leyendo, ¿y Mauricio?, igual, estaba escribiendo una carta&#8221;.</p>
<div id="attachment_220" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><img class="size-full wp-image-220" title="Carlos Maciel" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/maciel-carlos-22b.jpg" alt="Carlos Maciel y su hermano Leonel Maciel: Foto: JAL" width="300" height="225" /><p class="wp-caption-text">Carlos Maciel y su hermano Leonel Maciel: Foto: JAL</p></div>
<p>No sólo el aburrimiento, también el aburramiento, asolan la civilización del &#8220;progreso&#8221;,  que se evade en la agitación de la nada y el vacío, del consumo, o en la frenética ansiedad de la &#8220;eficiencia&#8221;. La tristeza, la depresión, la indiferencia, la pérdida de sentidos provienen no de otra cosa sino del aburrimiento. El hastío mina la voluntad, la sensibilidad; nos hace indolentes, flojos ante la inercia de una historia depredadora y falaz. Pereza para no asumir la responsabilidad de lo que se debe hacer, para evadirse en la compra de lo que no se puede tener y de lo que no se debe ser. Se habla de flojera de la comodidad, del corazón y de la amargura (del resentimiento). Es explicable que la lectura no tenga un valor y un espacio en semejante concepción de la existencia y el mundo.</p>
<p>Como el resto de los pecados, la pereza atiende al desorden, a la vida disipada e irresponsable. Un holgazán es en término coloquiales &#8220;un bueno para nada&#8221;, un individuo sin oficio ni beneficio. La exigencia, la disciplina, el esfuerzo, la entrega no forman parte de sus atributos o de su conciencia.  A la pereza se le vincula a menudo con la gula y la lujuria, con la vida disipada y de excesos. Los sibaritas y hedonistas suelen caer en la holganza, pero no necesariamente son improductivos, pueden incluso ser personajes muy creativos y propositivos; dueños de su tiempo deciden hacia dónde encaminar sus acciones, y el reposo es una de sus exigencias vitales. La imagen de Buda es precisamente la de una persona en actitud contemplativa, gozosa, satisfecha en sus apetitos terrenales, relajada, cultivando la sabiduría y el espíritu.</p>
<p>(Texto para el libro de la<em> Pereza </em>de la serie de los Pecados Capitales, en la <a href="http://www.alforjapoesia.com/publicaciones.htm" target="_blank">colección Poesía en el Andén</a>)</p>
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		<title>Novedades Editoriales Enero 2009</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Jan 2009 01:22:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
		<category><![CDATA[gaceta 22]]></category>

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		<description><![CDATA[Lanzamiento-presentación de La Otra. Este domingo 25 de enero le ponemos mesa a La Otra, en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, a las 12 hs. Con los comentarios de: EDUARDO LIZALDE &#124; MARCO ANTONIO CAMPOS &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/01/novedades-editoriales-enero/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><div id="attachment_178" class="wp-caption alignleft" style="width: 110px"><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2008/12/laotra_presentacion_a.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2008/12/laotra_presentacion_a-100x100.jpg" alt="La Otra Revista" title="La Otra" width="100" height="100" class="size-thumbnail wp-image-178" /></a><p class="wp-caption-text">La Otra Revista</p></div><strong>Lanzamiento-presentación de <em>La Otra.</em></strong></p>
<p>Este <strong>domingo 25 de enero</strong> le ponemos mesa a <em>La Otra</em>, en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de <strong>Bellas Artes, a las 12 hs.</strong><br />
Con los comentarios de: EDUARDO LIZALDE | MARCO ANTONIO CAMPOS | EVODIO ESCALANTE | JOSÉ ÁNGEL LEYVA | MARÍA LUISA MARTÍNEZ PASSARGE | ENZIA VERDUCHI (moderadora).<br />
También podrás disfrutar el documental “Somos La Otra“, dirigido por Alfonso Serrano.<br />
<a href="http://www.laotrarevista.com/2009/01/lanzamiento-presentacion-la-otra/" target="_blank">Ver presentación &#8211;&gt;</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/images/gaceta/cisneros_libro.jpg" align="right" width="77" height="120" alt="Cada quien su animal" /><strong>Ya circula:</strong><br />
El libro de Antonio Cisneros <em>A cada quien su animal</em> con prólogo de Juan Manuel Roca. Publicado por La Cabra Ediciones y CONARTE de Nuevo León</p>
<p><strong>Primer Premio Nacional de Novela Corta</strong> “Rafael Ramírez Heredia”, 2009.<br />
<a href="http://www.laotrarevista.com/2009/01/convocatoria-concurso-novela-corta/" target="_blank">Consulte aquí</a> las bases y las características del concurso.</p>
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		<title>Latinoamérica ¿Vanguardia en los años sesenta?</title>
		<link>http://www.laotrarevista.com/2009/01/latinoamerica-vanguardia-los-sesenta/</link>
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		<pubDate>Fri, 16 Jan 2009 01:21:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<category><![CDATA[gaceta 22]]></category>

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		<description><![CDATA[Se pregunta Sergio Mondragón, quien dirigiera la ya legendaria revista El Corno Emplumado, con Margaret Randall ¿hay una tradición de ruptura en América Latina? &#160; &#160; &#160; &#160; LA VANGUARDIA EN LOS AÑOS  SESENTA Sergio Mondragón &#160; &#160; El cambio &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/01/latinoamerica-vanguardia-los-sesenta/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_231" class="wp-caption alignleft" style="width: 110px"><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/mondragon-sergio-22i1a.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img class="size-thumbnail wp-image-231" title="Sergio Mondragón" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/mondragon-sergio-22i1a-100x100.jpg" alt="Sergio Mondragón Foto: JAL" width="100" height="100" /></a><p class="wp-caption-text">Sergio Mondragón Foto: JAL</p></div>
<p>Se pregunta Sergio Mondragón, quien dirigiera la ya legendaria revista El Corno Emplumado, con Margaret Randall ¿hay una tradición de ruptura en América Latina?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-285"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>LA VANGUARDIA EN LOS AÑOS  SESENTA</p>
<p>Sergio Mondragón</p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_232" class="wp-caption aligncenter" style="width: 460px"><img class="size-full wp-image-232" title="Claudio Willler, Jotamario Arbeláez, Sergio Mondragón" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/mondragon-sergio-22i1b.jpg" alt="Claudio Willler, Jotamario Arbeláez, Sergio Mondragón en La Bienal del Libro en Fortaleza, Brasil. Foto: JAL" width="450" height="178" /><p class="wp-caption-text">Claudio Willler, Jotamario Arbeláez, Sergio Mondragón en La Bienal del Libro en Fortaleza, Brasil. Foto: JAL</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El cambio perpetuo</strong></p>
<p>¿Una segunda vanguardia en América Latina en los años sesenta? ¿Reaparición de la corriente poética vanguardista que se dio en las lenguas latinoamericanas a principios del siglo XX, se ocultó más tarde durante algunos años, y brotó de nuevo con ímpetu renovado en esa década espléndida y terrible? He aquí una hipótesis adicional: la existencia de una vanguardia permanente en el arte literario, asociada a una tradición de la ruptura, generadora y recipiente de las novedades y las metamorfosis de las formas escritas, aquello que implica el abandono de las convenciones anteriores, reverberaciones del idioma que en su perenne movilidad nos recuerda siempre que el evento central de la vida y el arte literario es el perpetuo cambio, algo que en la historia de la poesía en lengua española dio principio en el momento mismo del nacimiento de las lenguas romances.</p>
<p><strong>Los sesenta</strong></p>
<p>La década de los años sesenta fue en varios de nuestros países  protagonista de una ruptura de los valores artísticos, sociales, morales y políticos. Una ruptura que se venía gestando y expresando desde años anteriores. Un aire fresco y nuevo en la forma de sentir. Una revolución de las formas, que es lo mismo que decir: una renovación de los contenidos. La década extendía su ramillete de acontecimientos magníficos y atroces: la guerra de Vietnam y el movimiento pacifista internacional; la revolución cubana, que tendió desde el primer día una aureola de esperanza sobre América Latina, donde muchos países padecían sangrientas dictaduras militares, golpes de estado y feroces gobiernos oligárquicos. El espíritu de la época se expresaba en la búsqueda del cambio de estructuras, y eso explica la intensa experimentación que se dio, el entusiasmo, la novedad y la rebelión en todos los ámbitos de la sociedad, el cuerpo, el pensamiento y el arte. Es entonces que se da la toma de estafeta y reaparece con fuerza la corriente poética de las lecciones que había impulsado la vanguardia de principios de siglo, personificada señaladamente en Vicente Huidobro, Mario de Andrade, Oswaldo de Andrade, José Juan Tablada y ultraístas y estridentistas, entre otros. Es también el tiempo en que se da a conocer el <em>boom</em> y se lanza una nueva literatura latinoamericana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_233" class="wp-caption alignright" style="width: 260px"><strong><img class="size-full wp-image-233" title="Sergio  Mondragón" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/mondragon-sergio-22i1c.jpg" alt="Sergio  Mondragón y Claudio Willer. Foto:JAL" width="250" height="266" /><p class="wp-caption-text">Sergio  Mondragón y Claudio Willer. Foto:JAL</p></div>
<p></strong><strong>Migraciones de escritores y poetas</strong></p>
<p>México era en los años sesenta centro de atracción y cruce de migraciones de escritores y poetas que viajaban de países de América del Sur hacia el norte, y de los Estados Unidos hacia el sur. En esos años ocurre la llegada a México de varios poetas de la generación <em>beat</em>, algunos de ellos visitantes frecuentes del país y otros que se quedaron a residir allí por largas temporadas, entre ellos Allan Ginsberg, Philip Lamantia y Lawrence Ferlinghetti, los cuales, al mismo tiempo que otros poetas norteamericanos como los que conformaban el grupo &#8220;Black Mountain College&#8221; y los de la escuela de Nueva York, se alejaban de Elliot y Pound, con una actitud vital distinta frente a la escritura, y mediante el uso de un lenguaje diferente al de aquellos maestros; ahora estos jóvenes poetas propiciaban y se beneficiaban de la intervención del azar en el poema &#8220;portador de una energía&#8221;, hablaban de versos &#8220;proyectivos&#8221; o &#8220;abiertos&#8221;, en tanto que en México se teorizaba sobre la &#8220;fuerza enlazadora del lenguaje&#8221;, &#8220;obra abierta&#8221; <em>versus</em> &#8220;obra cerrada&#8221;, y se veía al poema como un &#8220;campo de experimentación&#8221;. A México llegaron para quedarse y escribir allí Alvaro Mutis y Gabriel García Márquez, al lado de Juan Rulfo y Carlos Fuentes, que no escribían ya como sus antecesores pero se empeñaban, como los nuevos poetas latinoamericanos, en la construcción de <em>otra</em> estética, en muchos aspectos inspirada en las lecciones que habían dejado las vanguardias anteriores. En Brasil, Colombia, Argentina, Cuba, Venezuela, Ecuador, Uruguay, Chile, Nicaragua, Perú, en todas partes surgía desde mediados de los años cincuenta una poesía distinta, ya plenamente inspirada por la modernidad, que se apartaba de la que se había hecho anteriormente y se alejaba de la prosodia, la retórica y las formas fijas que la habían sustentado hasta ese momento, a pesar de la irrupción -o interrupción- que había protagonizado la vanguardia. También llegaron a residir en México el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal y la chilena Raquel Jodorowsky, mientras se daba entre todos los poetas y países un intenso intercambio epistolar, algo que Jodorowsky llamó &#8220;circulación sanguínea de poesía&#8221;, mientras Cardenal escribía que &#8220;la verdadera Unión Panamericana era la de los poetas, y no la otra, la OEA&#8221;. Proliferaban en México y en el continente entero las revistas y los grupos literarios como <em>Eco</em> <em>contemporáneo</em>, <em>El techo de la ballena, Ventana</em>, <em>Pucuna</em>, <em>Tzántzicos, Nadaístas</em>, y el movimiento concreto de Brasil, que, aunque no representaba a toda la nueva poesía brasileña, sí era una parte de la vanguardia de esa poesía y proponía y exploraba una sintaxis visual apoyada en el ideograma y la analogía, en lugar del principio lógico-discursivo del verso tradicional. Además, de Brasil llegaba a todas partes para acompañar el proceso de la escritura, la cadencia del bossa-nova, mientras los <em>beats</em> llevaban con ellos hacia México las novedades del jazz y sus revistas y libros ilustrados con pintura abstracto-expresionista. Como un hecho significativo, en 1964 se celebró en la ciudad de México, convocado por las revistas <em>Eco</em> <em>contemporáneo</em>, de Buenos Aires, y <em>El</em> <em>corno</em> <em>emplumado</em>, de México, un encuentro de poetas y escritores llegados de todo el continente -un eco, quizá, de la Semana de Arte Moderno que se llevó a cabo en Brasil en 1922-, al cual asistió más de un centenar de escritores y poetas para hablar de la renovación, el cambio, la agitación poética.</p>
<p><strong>Un legado artístico</strong></p>
<p>¿Pero cuál era la herencia que había dejado la vanguardia? En primer lugar, una atmósfera de libertad, la reivindicación del derecho a experimentar y escribir exactamente como lo demandara el momento mismo de la escritura del poema; el abandono de la traba de la rima; el cultivo de la asonancia, y en ocasiones de la angulosidad y la asimetría, herencia del cubismo y el abstraccionismo; el empleo del verso libre: para todo lo cual habían quedado como soportes teóricos, entre otros, las reflexiones de Mario de Andrade en el &#8220;prefacio interesantísimo&#8221; a su libro &#8220;Paulicea Desvairada&#8221;, en torno al tránsito de las formas fijas a las irregulares, y los versos melódicos horizontales frente al &#8220;acorde arpejado&#8221; de lo que llamó &#8220;verso armónico&#8221;, todo lo cual apunta, aunque sin que él lo haya dicho así, a la participación del lector en la configuración y significado del poema, lo que es una de las característica principales de la poesía y la prosa que se escriben en la segunda mitad del siglo XX. En suma, ahora se confirmaba y asimilaba aquel legado y se proyectaba la novedad fulgurante de otra estética ya plenamente inspirada por la modernidad, explorando y practicando la que es hoy la vertiente más viva y frecuentada por nuestros poetas: ritmo acentual, verso libre, tono y cadencia de la conversación (o de las conversaciones), irregularidad silábica, estrófica y tipográfica, puntuación libre también, todo lo cual ha ampliado enormemente desde entonces las posibilidades de la significación. Trazos artísticos que han seguido explorando muchos de los poetas que escriben en las lenguas latinoamericanas desde entonces y hasta el presente.</p>
<p><strong>La tradición de la ruptura</strong></p>
<p>La ruptura de las formas poéticas quedó ampliamente documentada en las revistas y antologías de los años sesenta, pero esta <em>tradición</em> <em>de</em> <em>la</em> <em>ruptura</em> -bautizada así por Octavio Paz en 1966- no fue algo nacido con las vanguardias ni con lo que las siguió, ya plenamente asumida y consolidada la modernidad. Tampoco ha llegado a su fin, como muchos lo han afirmado equivocadamente, así como se equivocaron los pensaron que el surrealismo era ya cosa del pasado. La tradición de la ruptura es inagotable porque su energía es producto de la dinámica del lenguaje, que en su inevitable movilidad construye y destruye perennemente las formas poéticas. Los antecedentes de esta creación-destrucción del lenguaje pueden verse, en la poesía en lengua castellana, y para poner algunos ejemplos, en la obra del nicaragüense Rubén Darío, que como se sabe revitalizó nuestra poesía con sus innovaciones; y aun más allá, en San Juan de la Cruz, autor del primer caligrama de nuestra lengua, un poema en verso libre que es también un dibujo y está escrito en líneas verticales, de abajo hacia arriba; y en los experimentos de Garcilaso de la Vega, que al tiempo que llevaba a la cumbre el verso endecasílabo -el cual fue en su momento una ruptura con la poética castellana del siglo XV- realizaba intentos de versos  de irregularidad silábica, que no fueron apreciados positivamente ni por el gran crítico americano Pedro Henríquez Ureña, ni por el gran maestro español Marcelino Menéndez y Pelayo, que los llamaron, respectivamente, &#8220;desaciertos&#8221; y &#8220;versos mal acentuados&#8221;; y todavía más atrás, en el siglo XIII, en que el Arcipreste de Hita no duda en dislocar su discurso poético para dar cabida en su &#8220;Libro de buen amor&#8221; a una multiplicidad de formas que inauguran la angulosidad y la asimetría, nada menos que en el contexto ortodoxo y rígido del &#8220;mester de clerecía&#8221;. Y nuestras lenguas mismas, ¿no nacen inaugurando esta tradición de la ruptura al conformarse desprendiéndose del latín medieval y creando de inmediato la forma de versificar silábica y acentual, que seguimos empleando hasta hoy, y que desplazaba a la otra, cuantitativa, que usaban los poetas latinos medievales? Aquel gesto íntimo de desafección y repudio hacia una concepción del mundo que se había derrumbado -la del Imperio Romano de Occidente- fue también una postura de temple vanguardista que no escapó al desdén de la asamblea de los doctos al comienzo; pero  fue asimismo el embrión remoto y rimado -otra ruptura en su tiempo, la invención de la rima- de un renacimiento que habría de ser fundamento de nuestras lenguas hasta el presente.</p>
<p>Para finalizar: ¿Hay o no una tradición de la ruptura permanente? ¿Se dio una segunda vanguardia en América Latina en los años sesenta?</p>
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		<title>Elogio a Lêdo Ivo</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Jan 2009 01:21:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El pasado mes de octubre, el encuentro Poetas del Mundo Latino fue dedicado al brasileño Lêdo Ivo. Su amigo, el mexicano Jorge Ruiz Dueñas, poeta y director del Archivo General de la Nación, hace este repaso lírico. &#160; &#160; &#160; &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/01/elogio-a-ledo-ivo/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_350" class="wp-caption alignleft" style="width: 110px"><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/ruiz-duenas-jorge.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img class="size-thumbnail wp-image-350" title="Jorge Ruiz Dueñas" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/ruiz-duenas-jorge-100x100.jpg" alt="Jorge Ruiz Dueñas Foto: Gabriela Bautista" width="100" height="100" /></a><p class="wp-caption-text">Jorge Ruiz Dueñas Foto: Gabriela Bautista</p></div>
<p>El pasado mes de octubre, el encuentro Poetas del Mundo Latino fue dedicado al brasileño Lêdo Ivo.<br />
Su amigo, el mexicano Jorge Ruiz Dueñas, poeta y director del Archivo General de la Nación, hace este repaso lírico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-282"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Elogio a Lêdo Ivo</strong></p>
<p align="right">Jorge Ruiz  Dueñas</p>
<div id="attachment_350" class="wp-caption alignleft" style="width: 267px"><img class="size-full wp-image-350" title="Jorge Ruiz Dueñas" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/ruiz-duenas-jorge.jpg" alt="Jorge Ruiz Dueñas Foto: Gabriela Bautista" width="257" height="394" /><p class="wp-caption-text">Jorge Ruiz Dueñas Foto: Gabriela Bautista</p></div>
<p>Nada puedo agregar a la reflexión iluminadora de ustedes sobre Lêdo Ivo, poeta mayor celebrado hoy por nosotros, quien desde hace varios lustros es una influencia nutricia y silente de la lírica mexicana. Este escritor de espacios inextinguibles, alguna vez juvenil buscador de traducciones de Alfonso Reyes por la intermediación de Cyro dos Anjos, reconocido por el prolífico regiomontano merced a la lectura de su <em>ópera prima,</em> <strong>As imagina</strong><strong>çõ</strong><strong>es</strong>, está de nuevo entre nosotros y lo deletrean ya nuestros hermanos más adelantados. Nada, repito, he de decir que esté a la altura de sus letras. Apenas con el guiño de los años me gustaría rescatar en la playa de la memoria el naufragio de los recuerdos:</p>
<p>El rápido movimiento de sus ojos sobre la marea de la vida, la voz alta a la medida del hombre, inquisitivo en torno del ciego devenir de la existencia, así, cada mañana de todas las mañanas, tras una reflexión como el rayo de luz frente a su terraza donde crece Botafogo, Río de Janeiro, la mar y el mundo. Luego alguna frase apremiante seguida de movimientos de felino en casa propia, los de un descendiente sin mesura de insurgentes libertarios y devoradores de obispos, alerta siempre ante el husmo de la combustión humana. Y en la sala del departamento donde los amigos de viaje surgen como sombras, rodeado de pinturas de Gonçalo, su hijo _artista plástico ya de gran altura_ la sonrisa absoluta de Lêda, ahora eterna compañera de destino, seguido por ella hasta la puerta, hasta el ascensor, quizá, donde también queda en Rua Fernando Ferrari la bituminosa leyenda de sus antiguos camaradas todos juntos con las manos dadas.</p>
<p>He aquí al poeta, me parece decir una voz, cuando sonríe ante una fuente de mariscos. He aquí al poeta deslumbrante y múltiple, cuando evita toda pregunta y desliza los dedos con discreción por el dial de la radio mientras sus manos firmes sujetan el volante, sortea el flujo humano en los semáforos y, en algún remoto campo de juego la esfera se desliza por la grama, mientras él sin pretextos escucha esa representación dramática de la existencia. He aquí al poeta, me digo otra vez, cuando pregunta por éstas, las otras orquídeas de mi casa, donde también cuelga el nombre de la mujer amada y se entrega en diversas ocasiones a la conversación con Enrique Molina, Álvaro Mutis, Jaime Labastida o José Luis  Cuevas y cuando posa con un santo de madera, el mismo saludable e irreverente joven de antes, donde emergía entre los élitros del genio niño un poeta dispuesto a cantar la urgencia de nuestra soledad, la nostalgia del verde, el efluvio de los plenilunios y la carne devorada por la incertidumbre del cielo y de la tierra en la jaula de Dios.</p>
<div id="attachment_228" class="wp-caption alignright" style="width: 210px"><img class="size-full wp-image-228" title="Lêdo Ivo" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/ledo-ivo-22d2a.jpg" alt="Lêdo Ivo" width="200" height="254" /><p class="wp-caption-text">Lêdo Ivo Foto: JAL</p></div>
<p>Cómo describir al hombre generoso esperándome tras el plato de ensalada, presto al consejo sutil en los almuerzos, preguntando por todos, por la respiración del mundo y el vuelo de las mariposas azules en el morro de Cristo Redentor, mientras susurra el mágico lenguaje de sus versos. He aquí al poeta en la patria húmeda, en aguerrida defensa del acento circunflejo, mientras multiplica su visión del planeta y planifica viajes y ordena su pasión por la vida, la forma universal de ser en un periplo inmóvil aunque navegue tras las ventanas del cielo desde la guarida campestre de Teresópolis o al cubrir otra vez distancias con paso firme de soldado raso por los puentes del Sena, el Boi de Boulogne o Central Park, este brasileño tan nuestro con su proa universal y un libro bajo el brazo.</p>
<p>No hay duda, todos tenemos el futuro en el pasado, y el poeta piensa en Maceió y Recife y sólo responde que el secreto de su vida es estar lejos de la muerte. Helo aquí con su canto, erguido en la víspera de la oscura alga de la noche &#8220;en espera del silencio&#8221;, con la pluma en ristre frente a su propia eternidad. Pero en mi mente cruza el Paseo de la Reforma tras la ciudad de los imperios, le ubico dispuesto con mirada  ávida ante los colores de Oaxaca, o erguido en la proporción divina de Monte Albán, cabalgando con la imaginación al tiempo. Cómo no recordarle aposentado en aquel gran escritorio, a la manera de Pessoa, dando respuesta a la correspondencia de las navegaciones comerciales y el giro perpetuo de los días, y después avanzar conmigo por las calles del centro de Río cuando busco instrumentos musicales de un pasado perpetuo.</p>
<p>Porque extraños son los llamados del corazón humano, he aquí al poeta confeso y trasgresor, devoto explorador de Mallarmé y Rimbaud, al hablarse de tú con Saint John-Perse y exclamar con él: &#8220;Henos aquí vejez. Toma la medida del corazón del hombre&#8221;.  Por él, como por todos los poetas verdaderos, sabemos que no hay posesión suficiente sobre la tierra para reinar sobre las provincias asoladas del hombre. He aquí al poeta&#8230;</p>
<div id="attachment_229" class="wp-caption aligncenter" style="width: 460px"><img class="size-full wp-image-229" title="Lêdo Ivo" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/ledo-ivo-22d2b.jpg" alt="Lêdo Ivo, Alí Chumacero y su hijo Luis. Foto: JAL" width="450" height="338" /><p class="wp-caption-text">Lêdo Ivo, Alí Chumacero y su hijo Luis. Foto: JAL</p></div>
<p>Texto leído en el Teatro Ocampo de la ciudad de Morelia el 25 de octubre de 2008 con motivo del <em>Encuentro de poetas del mundo latino</em> dedicado al poeta brasileño.</p>
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		<title>Entrevista al escritor costarricense Guillermo Fernández</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Jan 2009 01:20:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<category><![CDATA[gaceta 22]]></category>

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		<description><![CDATA[El también escritor, editor y tico, Alfonso Peña conversa con su compatriota. &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; GUILLERMO FERNÁNDEZ (San José, Costa Rica, 1962) &#8220;La aventura humana todavía tiene sentido&#8221; &#160; &#160; Alfonso Peña San José, Costa Rica. Viernes por &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/01/entrevista-guillermo-fernandez/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_234" class="wp-caption alignleft" style="width: 110px"><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/nebulosa-guillermo-22i2a.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img class="size-thumbnail wp-image-234" title="Guillermo Fernández" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/nebulosa-guillermo-22i2a-100x100.jpg" alt="Guillermo Fernández" width="100" height="100" /></a><p class="wp-caption-text">Guillermo Fernández</p></div>
<p>El también escritor, editor y tico, Alfonso Peña conversa con su compatriota.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-278"></span></p>
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<p><strong>GUILLERMO FERNÁNDEZ</strong> (San José, Costa Rica, 1962)</p>
<div id="attachment_234" class="wp-caption aligncenter" style="width: 260px"><img class="size-full wp-image-234" title="Guillermo Fernández" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/nebulosa-guillermo-22i2a.jpg" alt="Guillermo Fernández" width="250" height="269" /><p class="wp-caption-text">Guillermo Fernández</p></div>
<p>&#8220;La aventura humana todavía tiene sentido&#8221;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Alfonso Peña</p>
<p align="right">
<p align="right">
<div id="attachment_237" class="wp-caption alignright" style="width: 260px"><img class="size-full wp-image-237" title="Alfonso Peña" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/pena-alfonso22i2b.jpg" alt="Alfonso Peña. Foto: JAL" width="250" height="273" /><p class="wp-caption-text">Alfonso Peña. Foto: JAL</p></div>
<p>San José, Costa Rica. Viernes por la tarde. Por las cercanías del Farolito,  en medio de los postreros juegos pirotécnicos de la puesta de sol, vamos caminando y charlando en cuadrilla. Nos regodeábamos en una conversa que giraba y volvía a retorcerse de Carlos Santana a Buck Mulligan; del comandante Fidel a Jimi Hendrix;  de las chicas del Fito&#8217;s a las del Tauro&#8217;s. Nos pertenecía la tarde. Íbamos camino a la noche. Se podía permitir cualquier vaina. Siempre y cuando tuviese cohesión. Esa palabra le encantaba al Sufi. El poeta (¡nada de joven poeta!) se nos unió en la esquina del bar Buenos Aires. Lo primero que hicimos fue pedir una botella de saragua. En la barra el poeta nos enseñó su libro recién editado. El Sufi dijo, alzando el vaso ámbar, &#8220;hay que festejar a los poetas. Un libro, lo que se llama un buen libro no sale todos los días&#8221;. Recalcó: ¿lo dijo Ferlinghetti?
</p>
<p align="right">¿Poesía? ¿De qué hablábamos?</p>
<p align="right">El Dr. Faustus pidió música. El viciado ámbito sintió la vibra de más de un bolero. Va acorde con el lugar. Lo de bar Buenos Aires se debe al tango, no, al trío Buenos Aires. Pero tiene que ver con el tango. Lunfardo. Bandoneón. Por aquí ha dejado su huella Ray y Gilberto y Daniel y te acordás cuando nos vimos con el Pibe y Kalay. Conforme avanza la noche se dan momentos de altísimo voltaje.  El poeta charló sobre Antonin Artaud y el Sufi recitó de memoria el mensaje al Dalai Lama. Cheo sirvió otros saraguazos. En ese mismo momento se escuchaba por el recinto: ¡Somos tus muy fieles servidores. ¡Oh Gran Lama&#8230;! ¡Enséñanos, Lama, la levitación material de los cuerpos, y como evitar ser retenidos por la tierra&#8230;!</p>
<p align="right">Caminamos al amanecer por las calles de Chepe. Estampidos y luciérnagas de neón en  la fiesta noctívaga. Sabor acre gas  lacrimógeno en nuestras bocas. Era la recompensa de la cruda inmisericorde.  Llegamos a la buhardilla-redacción de la revista. A cargar baterías: a subir, nada del horrible <em>down. </em>De repente el Sufi, en un malabarismo: ¡eso de no  se sabe  de donde lo sacó, de donde vino!, esgrimió una reserva celestial. Era la pócima aligerante del elixir redivivo. Después de la  primera reverberación de <em>Purple haze, </em>como un canto visceral, cada uno a escuchar de rodillas esa artera letanía.<em> </em>Con las manos yertas se teclea el suelo al compás del requintazo dislocado.</p>
<p align="right">El poeta se inclina ante la sólida &#8220;remington&#8221;. Pareciera que la sondea, que le mete un latigazo entre la armazón engrasada. Es el duelo con la página en blanco. Es posible que diga, que murmure, que musite con suavidad. Las yemas de sus dedos  aceleran el ritmo. Por momentos se vuelve tenso, expectante. El carro de la máquina en cada ir y venir ¿violencia tenue? desgarra palabras, resquebraja adjetivos,  trastea metáforas.  La página en blanco se va trocando en una mancha grisácea. De repente una figura sobresale entre la textura de la página. Es una especie de esqueleto cartografiado. Son lamparazos en blanco y negro. En la mente del poeta se repite el sonido taquicárdico de la guitarra; por su mano corre un espasmo que lo lleva a la poesía.</p>
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		<title>Enriqueta Ochoa ve a y es vista por Jorge Lobillo</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Jan 2009 01:20:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Lobillo, colaborador asiduo de esta publicación, nos manda desde Xalapa, Veracruz, México, un poema que Enriqueta Ochoa le dedicó antes de fallecer, y un texto sobre la obra de ésta. &#160; &#160; &#160; &#160; EL AVISO Para Jorge Lobillo &#160; &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/01/enriqueta-ochoa-y-jorge-lobillo/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_13" class="wp-caption alignleft" style="width: 106px"><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2008/12/enriqueta.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img class="size-thumbnail wp-image-13" title="enriqueta" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2008/12/enriqueta-116x120.jpg" alt="Enriqueta Ochoa" width="96" height="100" /></a><p class="wp-caption-text">Enriqueta Ochoa</p></div>
<p>Lobillo, colaborador asiduo de esta publicación, nos manda desde Xalapa, Veracruz, México, un poema que Enriqueta Ochoa le dedicó antes de fallecer, y un texto sobre la obra de ésta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-275"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><center><strong>EL AVISO</strong></center></p>
<p><em>Para Jorge Lobillo</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jorge, me avisaron ayer</p>
<p>que hay un lugar vacante en otra escala,</p>
<p>esperándome.</p>
<p>Y desde que desperté he pasado mi escudilla</p>
<p>entre la muchedumbre de Dios</p>
<p>pidiendo una indulgencia para amortiguar los juicios</p>
<p>y asegurar mi absolución.</p>
<p>Sin embargo, sé que yo soy en el juicio</p>
<p>la barra de los jueces más severos.</p>
<p>¡La sentencia más dura será la de mis labios!</p>
<p>Por eso, lentamente he dejado caer la escudilla</p>
<p>y he empezado a contar mis ocios, mis trabajos y mis días.</p>
<p>Sé que tuve días de amor</p>
<p>en que mi cuerpo tuvo la sal</p>
<p>y el inmenso movimiento del mar;</p>
<p>días en que la red azul de mi sangre</p>
<p>salía, embriagada,</p>
<p>a cazarle la luz a la música del aire.</p>
<p>Días en que el vendaval me abatió</p>
<p>y fueron socavadas las raíces.</p>
<p>¡Ah, sólo fui naturaleza inestable,</p>
<p>agua incontenible debatiéndose,</p>
<p>rompeolas del viento,</p>
<p>desbandada tierra con alas!</p>
<p>Tuve días también de servidumbre clara</p>
<p>en que besó mi humildad las sandalias hermanas;</p>
<p>días en que la mirada obediente</p>
<p>antecedía, inclinada, mis pasos sigilosos entre rejas,</p>
<p>limpia la cal del muro</p>
<p>y fragante la tarima de cedro deslumbrado</p>
<p>que servía de lecho.</p>
<p>¡Qué afán por encontrarme</p>
<p>en el dédalo austero de mí misma!</p>
<p>Y hubo días en que al fin me encontré</p>
<p>y me vi un cervatillo jadeante,</p>
<p>en los ojos con lágrimas,</p>
<p>temblando de estupor,</p>
<p>mientras la befa humana</p>
<p>retumbaba en los ecos del bosque</p>
<p>y me cazaban.</p>
<p>Amé también los días de llovizna</p>
<p>que se hacían de espuma y de silencio,</p>
<p>en los que hasta el roce delicado del agua</p>
<p>me dolía en los nervios;</p>
<p>días color de lila,</p>
<p>compartidos con hermanos que eternizan el verso.</p>
<p>Y años, meses, días, cada instante</p>
<p>en que viví muriendo el amor,</p>
<p>respirándolo, irradiándolo,</p>
<p>despeñándome en un constante vértigo</p>
<p>desde las cimas a su centro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Enriqueta Ochoa</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>LOS HILOS FECUNDOS DE UNA MISMA EXISTENCIA</strong></p>
<p><em>Jorge Lobillo</em></p>
<div id="attachment_230" class="wp-caption alignleft" style="width: 260px"><img class="size-full wp-image-230" title="Jorge Lobillo" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/lobillo-22d2c.jpg" alt="Jorge Lobillo" width="250" height="257" /><p class="wp-caption-text">Jorge Lobillo</p></div>
<p>En aquel entonces, cuando la conocí aquí en Xalapa en la década de los 60, Enriqueta Ochoa llegaba del  norte;  traía inmersos en ella dos desiertos, el más íntimo, el  de Coahuila y, el  más cercano, el de Marruecos, su divorcio y una hija, que tendría a lo sumo tres años: Marianne, de sombríos y hermosos ojos bien despiertos. Para mi juventud inquieta y desorientada, ambas inocencias indóciles significaron tomar una actitud seria y paternal.</p>
<p>Así las recuerdo&#8230;</p>
<p>Enriqueta  había descubierto el oro primigenio del instante en Torreón,  en 1928.</p>
<p>Pertenece a una generación de notables: Rosario Castellanos, Jaime Sabines,  Sergio Galindo,  Dolores Castro y Rubén Bonifaz Nuño, orgullo veracruzano que  todavía continúa acumulando luz al interior de sus ojos. Sin embargo, en atención a su cosmovisión y el dominio en su obra de vida y lenguaje, Enriqueta forma parte de un árbol que siempre da oportuna morada y donde resaltan los escritores mexicanos José Revueltas, Juan Rulfo, Elena Garro y  Juan Vicente Melo.</p>
<p>¿Quién de nuestros ensayistas jóvenes tendrá el genio y el ingenio de analizar las similitudes que guardan el paisaje rulfiano y el determinante en la poesía de la escritora norteña?</p>
<p>Encuentro más presencias afines  en  la luminosidad existencial de nuestra autora: la rusa Ana Ajmatova, la argentina Olga Orozco y la portuguesa Sophia de Mello-Breyner, sin olvidar que su propio maestro, Rafael del Río, ya percibía, en la turbulenta discípula,  afluencias  de Emily Dickinson y Elizabeth Barret Browning. Guardianas todas estas poetas  del fuego de la lámpara de Venus con el que han alumbrado  el sentido justo, es decir, las posibilidades, en todo tiempo, significantes de los vocablos. &#8220;La lucha contra el sentido literal de las palabras&#8221;, concepto de José Revueltas para la poesía. Necesario es destacar esto,  sobre todo en un momento en que gran parte de los escritores en español elaboran un «lenguaje neutro», como afirma el autor peninsular Luis Mateo Díez. Reproduzco la integridad de sus aseveraciones:  &#8220;El arte en general está necesitado de vitalidad y se hace necesaria una cierta reconquista de la vida. El exceso de complacencia y de artificio ha dominado en los últimos años; el arte se ha cerrado en su propio territorio, se ha esclerotizado y es necesario romper con eso&#8221;.</p>
<p>Hay más sobre el mismo asunto. El filósofo francés André Comte-Sponville, en una entrevista, dijo: &#8220;¿Qué entiendo por artista decadente? Todo el que piensa que el arte es el fin del arte, que el arte está por encima de la vida. Yo creo que los grandes artistas son los que nos remiten siempre a la vida, los que no quieren, como Mallarmé, abolir el mundo sino extraer de él su belleza y a veces su crueldad&#8221;:</p>
<p>Pero no es, desde luego, la vida lineal, horizontal, propicia más a la sociología y a la historia. No. Es un discurrir sin fechas que integra todo y, de igual modo, lo separa y lo rescata del fluir de la duración verificable y comprobada. La poesía auténtica no da lugar a dudas. La filósofa española María Zambrano afirma: &#8220;Los poetas más lúcidos saben que su nostalgia es de un tiempo anterior a todo tiempo vivido y su afán por la palabra, afán por devolverle su perdida inocencia&#8221;.</p>
<p>De esta manera ineludible, Enriqueta Ochoa ha mantenido lazos  sagrados con diversos paisajes, lugares y  diferentes alumbramientos en donde siempre sostuvo miradas añorantes del resplandor de su tierra natal, del nacimiento futuro del hombre;  vislumbres emblemáticas que su asombro meridiano  hizo trascender y estar vigentes en la colectividad y en la intemporalidad del arte.</p>
<div id="attachment_20" class="wp-caption alignright" style="width: 206px"><a href="http://www.alforjapoesia.com/monografico/mon39.htm"><img class="size-full wp-image-20" title="39" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2008/12/39.jpg"  alt="Alforja de Poesía No. 39" width="196" height="300" / rel="lightbox[roadtrip]"></a><p class="wp-caption-text">Alforja de Poesía No. 39</p></div>
<p>Enriqueta, durante algunos años, enseñó literatura española de los siglos de oro en la Facultad de Letras de la Universidad Veracruzana. En mi caso, fue maestra fuera de las aulas: en la cotidianidad de los días que  se sucedían plenos de generosidad, de predicaciones con el ejemplo y la enseñanza de sus descubrimientos en determinados autores, es decir &#8221; la propia grandeza que sólo puede admitir la de los demás&#8221;. Y yo agregaría  la particularidad de los individuos. Éste sería un buen precepto para la educación, propósito tan en boga y tan lleno de significación mercantil utilitaria y,  por tanto, de deshumanizaciones.</p>
<p>De esta manera, <em>Poesía Reunida*</em>,  religa la vastedad de la memoria en su más claro y aprehendido movimiento;  y Enriqueta se ha vuelto originaria no sólo del norte, sino de todos los puntos de la rosa de los vientos, al despertar y entretejer los hilos fecundos y universales de una misma existencia: la de todos los hombres.</p>
<p>Puede descansar en paz.</p>
<p>* Ochoa, Enriqueta,  <em>Poesía Reunida</em>,  México,  Fondo de Cultura Económica, 2008.</p>
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		<title>Una antología feminista en Perú</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Jan 2009 01:19:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Anouk Guiné escribe sobre Matadoras. Nuevas narradoras peruanas &#8211;editada recientemente por Estruendomudo&#8211;. Una publicación de corte feminista en una tradición masculinista de la literatura. &#160; &#160; &#160; &#160; MATADORAS: ENTRE LIBERTAD SEXUAL, QUEJA AL MACHISMO Y SUFRIMIENTO Anouk Guiné La &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/01/antologia-feminista-en-peru/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong></p>
<div id="attachment_225" class="wp-caption alignleft" style="width: 110px"></strong><strong><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/anouk-portada-matadoras-22i3a.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img class="size-thumbnail wp-image-225" title="portada matadoras" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/anouk-portada-matadoras-22i3a-100x100.jpg" alt="Portada matadoras" width="100" height="100" /></a></strong><p class="wp-caption-text">Portada matadoras</p></div>
<p>Anouk Guiné escribe sobre <em>Matadoras</em>.<br />
Nuevas narradoras peruanas &#8211;editada recientemente por Estruendomudo&#8211;.<br />
Una publicación de corte feminista en una tradición masculinista de la literatura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-271"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong><em>MATADORAS</em></strong><strong>: ENTRE LIBERTAD SEXUAL, QUEJA AL MACHISMO Y SUFRIMIENTO</strong></p>
<p>Anouk Guiné</p>
<div id="attachment_225" class="wp-caption alignleft" style="width: 260px"><img class="size-full wp-image-225" title="portada matadoras" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/anouk-portada-matadoras-22i3a.jpg" alt="Portada matadoras" width="250" height="385" /><p class="wp-caption-text">Portada matadoras</p></div>
<p>La antología <em>Matadoras &#8211; Nuevas narradoras peruanas</em>, recientemente editada por Estruendomudo, resulta ser feliz e inconscientemente feminista.</p>
<p>La historia literaria fue escrita en clave masculina, con un canon literario del mismo corte. Esto implica la invisibilización y el silenciamiento de la literatura hecha por mujeres y cuyo trabajo sería &#8220;irracional&#8221;, &#8220;no profesional&#8221; y &#8220;no serio&#8221;. No es que las prosistas fueron pocas por décadas, sino que su aparición editorial fue muy tardía por las razones que acabo de dar.</p>
<p>Considerada como &#8220;subliteratura&#8221;, no es de extrañar que muchos hombres no lean a las mujeres, y que por lo general éstos falten a eventos relacionados con la literatura femenina. Este estado de cosas no se desmintió en la presentación de <em>Matadoras</em> el 23 de octubre 2008 en París -con el editor Álvaro Lasso y dos de las autoras antologadas, Grecia Cáceres y Nataly Villena- donde los varones, en particular los narradores peruanos y latinoamericanos que viven en la capital, brillaron por su ausencia, mientras nunca faltan a tal evento cuando se trata de uno de sus pares.</p>
<p>Felicitemos a A. Lasso quien, lejos de cualquier intento de ghettoización de la literatura femenina, da voz a 13 narradoras y nos ofrece una antología de alta calidad. Esperemos que sea un punto de partida para sacar a luz los textos de otras narradoras. Esta tarea es fundamental si se quiere poner fin a la amnesia de género en la literatura, si las mujeres quieren inventar espacios que escapen a los canones masculinos, o si quieren penetrar terrenos invadidos por los hombres sin tener que justificarse, y si quieren que su existencia deje de ser definida por referencia a los hombres.</p>
<p>Por cierto, las 13 Matadoras no tienen encima la mirada de un hombre cuando escriben. Nos lo comprueban al transgredir las normas en cuanto crean a partir del sujeto mujer, un sujeto &#8220;completo&#8221;, mientras la masculinidad se revela &#8220;incompleta&#8221; como en <em>Casa de estrafalario</em>, el muy sensual cuento de Katya Adaui.</p>
<p>Hay en esta antología tres grandes ejes que hacen que sea inconscientemente feminista. Primero, la expresión sumamente libre, liberal y libertina de la sexualidad, segundo, la queja explicita al machismo, y tercero, el sufrimiento femenino. Estos temas se entremezclan y articulan a lo largo de la antología.</p>
<p>En <em>Corte a Sofía</em>, de Alicia Bisso, el personaje principal &#8220;se entrega al sexo con personas nuevas&#8221;, y busca a su ex novio &#8220;sólo para tener sexo&#8221;. Es mejor &#8220;no esperar nada de nadie&#8221;, &#8220;por más que digan lo que sea, por más que te hagan el amor con esa misma fuerza&#8230; Olvídalos. No son más que eso. Hombres que comparten contigo una o dos noches y ya&#8221;. &#8220;El típico cabrón que va de ligue en ligue&#8221;, dice Rossana Díaz en <em>La lucha contra el estornino</em>.</p>
<p>En <em>Al frente</em>, de Nataly Villena, se deja a un peruano &#8220;vividor&#8221; y &#8220;borracho&#8221; y se viaja por España hasta Marruecos, una frontera que se vuelve también sexual al descubrir que uno de los personajes es una lesbiana que volverá a ver a su ex novia en Tánger. En esta zona fronteriza e impersonal del Mediterráneo, cerrada y abierta a la vez, las protagonistas se ven perdidas pero iniciando una nueva historia. &#8220;Al frente, todo aquello que habíamos perdido nos aguarda&#8221;.</p>
<p>La homosexualidad también está presente en el cuento de Mónica Belevan, <em>Trouvez Hortense</em>, a través de la voz de Rimbaud en Adén.</p>
<p>La protagonista de <em>Mate de Coca</em>, de Susana Noltenius, se libera de un marido egoista. Al visitar la Casa de las Vírgenes del Sol, confiesa: &#8220;Me inquieta la idea de ser elegida para algo tan infame como el encierro&#8221;, y expresa la libertad vivida con su amante: &#8220;yo yacía sobre su cama, él a mis pies&#8230; deslizó sus manos, sus labios y su cuerpo por mis piernas, mis caderas, abdomen y pecho&#8221;. &#8220;No le incomodan los líquidos de nuestros cuerpos corriendo entre nuestras piernas&#8221;.</p>
<p>Claudia Ulloa nos lleva por una sexualidad libertina en <em>Línea</em>: &#8220;Con el punzón (de una navaja) me dejó en la piel un rasguño muy leve, que me mató de placer&#8230; me metí a la ducha y vi la línea que él había dejado sobre mi cuerpo&#8230; Era una línea larga que iba desde mi garganta hasta el pubis y se unía a la línea de mi sexo&#8221;. Al día siguiente ofrece públicamente su cuerpo en plena calle.</p>
<p>Para Grecia Cáceres, en <em>Una Pena de Amor</em>, la protagonista maldice al que la dejó: &#8220;Que le haga su show a las otras, a las que no saben aún lo que es un machito de su especie, que te aplasta y no le importa lo que sientas, que te toma y que te suelta&#8230;&#8221; &#8220;Nadie te dice nada y un buen día te encuentras aplastada en el asiento trasero de un carro, medio vestida, incómoda&#8230; no siento nada, sólo espero que pase el bolondrón&#8230; ¿Tú quisieras eso para tu cuerpo? Terminar toda adolorida, en posiciones absurdas, en lugares peligrosos, temiéndole a todo, pensando en el embarazo aunque según él se sale antes&#8221;.</p>
<p>En <em>Callejón oscuro</em> de María Luisa del Río, una mujer cansada de su pareja cuenta: &#8220;Esta mañana me ha pedido que lo espere con el almuerzo listo, pero en lugar de meter los tallarines a la olla&#8230; me he entretenido con una película porno que encontré entre su ropa. Lo he sentido llegar&#8230; Ha caminado hacia la cocina y no ha encontrado nada, se ha molestado y nos hemos mandado a la mierda. He tirado la puerta, he salido a la calle&#8230; y me he subido a una combi para irme a cualquier otro pueblo de la cordillera&#8221;.</p>
<p>La soledad  y el maltrato a sí misma son otros sufrimientos presentes aquí, una soledad que puede &#8220;clavar&#8221; como &#8220;un cuchillo muy filudo&#8221; (Bisso). Algunas mujeres mueren y renacen al ritmo de sus casas, como en <em>La casa muerta </em>de Alina Gadea, y en <em>Las dos orillas </em>de Giselle Klatic. &#8220;Más tarde pensaría que doña Isabel había depredado la casa como una mujer que se infringe un castigo a sí misma, cortando su preciosa melena al ras del cráneo o pintándose toda la  cara con lápiz de labio frente a un espejo para humillarse cruelmente a sí misma&#8221;, escribe Gadea. La casa &#8220;parecía muerta. Yo había querido morirme junto con ella, abandonarme en su abandono&#8230; La casa agonizaba y me pedía que la rescate, que me rescate a mí misma&#8221;, dice la madre en duelo de Klatic.</p>
<p>Culpabilidad, falta de confianza y desesperación son otros de los sufrimientos. Deprimida por su sobrepeso, sus arrugas y cañas, la protagonista de Díaz &#8220;no es nadie&#8221; sin antidepresivos. <em>El Aliento</em> de Karina Pacheco empieza con el suicidio de una mujer joven que se dispara en el corazón. Y Monserrat Alvarez, en <em>Este cuento se autodestruirá en X minutos</em>, habla de la feminización de la pobreza a través de una intelectual que plantea el suicidio, la prostitución y el trabajo doméstico como alternativas laborales.</p>
<p>Esperemos que más voces de mujeres sigan liberándose, y que antologías de este tipo florezcan en Perú.</p>
<p>Revista Sieteculebras, n. 25, noviembre 2008</p>
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		<title>Roban la espada de Rubén Darío</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Jan 2009 01:19:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<category><![CDATA[gaceta 22]]></category>

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		<description><![CDATA[Alfredo Fressia nos hace la crónica de este acontecimiento ocurrido en la mismísima Nicaragua. &#160; &#160; &#160; &#160; FAIT DIVERS LOS MISTERIOS DE UNA ESPADA La noticia corrió por la prensa de casi todo el Continente: &#8220;Managua, 25 de julio &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/01/roban-espada-de-ruben-dario/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_227" class="wp-caption alignleft" style="width: 110px"><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/fressia-alfredo-22d3a.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img class="size-thumbnail wp-image-227" title="Alfredo Fressia" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/fressia-alfredo-22d3a-100x100.jpg" alt="Alfredo Fressia" width="100" height="100" /></a><p class="wp-caption-text">Alfredo Fressia</p></div>
<p>Alfredo Fressia nos hace la crónica de este acontecimiento ocurrido en la mismísima Nicaragua.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-268"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>FAIT DIVERS</strong></p>
<p>LOS MISTERIOS DE UNA ESPADA</p>
<div id="attachment_227" class="wp-caption alignleft" style="width: 260px"><img class="size-full wp-image-227" title="Alfredo Fressia" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/fressia-alfredo-22d3a.jpg" alt="Alfredo Fressia" width="250" height="333" /><p class="wp-caption-text">Alfredo Fressia</p></div>
<p>La noticia corrió por la prensa de casi todo el Continente: &#8220;<em>Managua, 25 de julio 2008.</em> <em>Roban espada que usó Rubén Darío. La prenda, de un valor incalculable, fue hurtada por desconocidos de una vitrina que estaba bajo llave en el museo, señaló </em>El Nuevo Diario de Managua&#8221;. El museo en cuestión está en la ciudad nicaragüense de León, a 90 quilómetros al noroeste de Managua, consagrado a los archivos y los objetos personales del poeta, y funciona en la casa donde éste pasó parte de su niñez.</p>
<p>La espada es la que llevaba el &#8220;Príncipe de las Letras Castellanas&#8221; como parte de su indumentaria de gala al presentar credenciales frente al rey Alfonso XIII, como embajador de Nicaragua en España. Esto fue en 1908 y esa función diplomática duró poco. Efectivamente, José Santos Zelaya, el presidente nicaragüense de entonces, fue derrocado en 1909. De este período diplomático del poeta sólo le quedaron las falsas apariencias del boato, ya que en la práctica el gobierno no le pagó el salario combinado. Quedó también alguna foto en la que Darío, junto a los estragos físicos provocados por su alcoholismo, exhibe la espada.</p>
<p>Esa tal espada mide unos 90 centímetros, es decir, es un espadín, y no se entiende por qué sería &#8220;de valor incalculable&#8221;. Me cuesta entender ese &#8220;valor&#8221; atribuido a ciertos objetos, que remitirían a un artista por metonimia: porque el artista los tocó o porque le pertenecieron. Recuerdo la primera vez que vi ciertos objetos que custodia la Biblioteca Nacional, especialmente la muñeca de Delmira, o su vestido de novia. Yo era muy joven y fue Arturo Sergio Visca quien me los mostró. Me fui con la impresión densa de lo vano, y de haberme deparado con fragmentos momificados de una biografía, cuando justamente la poesía lírica contiene siempre en su cierne a la vida más prístina.</p>
<p>Esa supervivencia enmohecida de la vida pertenece sin duda a ciertos museos, a ciertas academias, a todas las estructuras que se crean a partir del lado más exterior del hecho literario, y es justamente por eso que Darío le pedía a &#8220;Nuestro Señor Don Quijote&#8221; su célebre: &#8220;<em>de las academias/ líbranos, Señor</em>&#8220;. En vertiginosa rima con &#8220;<em>blasfemias</em>&#8221; (&#8220;<em>horribles</em>&#8220;) y con &#8220;<em>epidemias</em>&#8220;, las academias, que a veces podrían ser sólo un poco patéticas, se vuelven devastadoras en la &#8220;Letanía&#8230;&#8221; de Darío.</p>
<p>Lo que seduce, en cambio, de la literatura, es su carácter de objeto casi inasible, su naturaleza siempre furtiva y siempre instigadora. Junto a la música, la literatura, y la poesía en primerísimo lugar, son formas del arte que nunca se entregan totalmente, que nos instan siempre a recomenzar su aventura. La sonata que oímos es siempre una de las posibles sonatas que aquella partitura contiene en sí misma. El poema que leemos es sólo una versión, la que tenemos frente a nosotros, con sus erratas, con su calidad mejor o peor del papel, su tipo de letra, su color, su distribución en la página. El mismo texto, en un apoyo diferente -en Internet, por ejemplo, y mejor aún, en la memoria- nos resultará otro, o efectivamente lo será. Ya ni menciono los textos que conocemos por traducciones, obra generosa de un lector anterior, el traductor, o acaso de más lectores, si incluimos al editor, un personaje que nunca debe ser desdeñado en el momento de la lectura.</p>
<p>Tengo en casa algunas pocas fotos que me son queridas -de amigos, tantos que ya no están entre nosotros. Una de ellas, sin embargo, es la imagen de André Gide al fin de su vida. Está recostado en su cama de metal, austera, leyendo a Virgilio. Aquel hombre que tuvo todas las riquezas -dinero, talento, gloria-, que poseyó bibliotecas y documentos como el Sylvestre Bonnard de Anatole France, acaba sus días leyendo un único poeta, y lo hace en la edición que usaba cuando estudiante. Ya no quiere las ediciones lujosas, o anotadas con erudición. Gide quiere llegar al Texto, el primero, el anterior a todos, el inencontrable, por la modesta vía de una edición para estudiantes, sin duda porque esa versión debía estar impregnada de recuerdos, pero también y sobre todo porque ese lector había aprendido que el Texto primero es furtivo, es sólo una aspiración que cada lector debe completar a su modo.</p>
<p>Pero no es preciso ir a Virgilio y su azarosa historia de copistas medievales. Ahora mismo, cuando cité los versos de Darío, esos que imploran distancia de las academias, miré mis tres ediciones de sus <em>Poesías</em>. En una de ellas, el &#8220;Señor&#8221; comparece con minúscula, en dos el &#8220;líbranos, Señor&#8221; está entre signos de exclamación, y una parece totalmente errática en la distribución de los versos en la página. También en dos de ellas, &#8220;academias&#8221; aparece con minúscula. Es probable que, a cierta altura, ni siquiera Darío supiese cuál había sido la forma primera, suponiendo que &#8220;la forma primera&#8221; tenga más valor que las otras, como se apresuraría a recordarnos la crítica genética.</p>
<p>Confieso que a mí, como a casi todos, me gusta imaginar el Texto primero, eterno e imposible. Y en cuanto a la noticia del robo de la tal espada, también me instigaron los detalles de suceso. Porque una de las agencias agregaba: &#8220;<em>Los autores de este robo únicamente se llevaron la espada, ya que dejaron en la vitrina los guantes, el pañuelo y el sombrero que usó el Poeta</em>&#8220;. No demoré en imaginarme a un académico robando el espadín. Tal vez lo hizo seducido por su forma fálica, pensaba, o, al apropiarse de ese objeto, mi académico imaginario podría estar en busca de la fuente del talento, esa que fue tan pródiga con Darío y tan avara con él.</p>
<p>Pero mis elucubraciones duraron sólo tres días. El lunes 28 de julio la policía nicaragüense encontró la espada en un barrio pobre de Managua. Y el robo era sólo obra de un borrachín: &#8220;<em>El presunto autor del robo, ocurrido el viernes pasado, ha sido identificado como Isaac Francisco García, de 19 años, un bebedor consuetudinario, que al momento del allanamiento de la vivienda logró huir</em>.&#8221; Una verdadera decepción.</p>
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		<title>Alma Karla Sandoval</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Jan 2009 01:18:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<category><![CDATA[gaceta 22]]></category>

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		<description><![CDATA[Poemas de la joven poeta mexicana, Alma Karla Sandoval. &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; Alma Karla Sandoval (Zacatepec, México, 1975) Egresada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y de la Escuela de Escritores de la Sogem. Especialista en &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/01/alma-karla-sandoval/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_239" class="wp-caption alignleft" style="width: 110px"><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/sandoval-alma-karla-22i4a.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img class="size-thumbnail wp-image-239" title="Alma Karla Sandoval" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/sandoval-alma-karla-22i4a-100x100.jpg" alt="Alma Karla Sandoval" width="100" height="100" /></a><p class="wp-caption-text">Alma Karla Sandoval</p></div>
<p>Poemas de la joven poeta mexicana, Alma Karla Sandoval.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-261"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_240" class="wp-caption aligncenter" style="width: 460px"><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/sandoval-alma-karla-22i4b.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img class="size-full wp-image-240" title="Alma Karla Sandoval" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/sandoval-alma-karla-22i4b.jpg" alt="Alma Karla Sandoval" width="450" height="173" /></a><p class="wp-caption-text">Alma Karla Sandoval Fotos: Maríana Pessah</p></div>
<p><strong>Alma Karla Sandoval</strong> (Zacatepec, México, 1975)</p>
<p>Egresada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y de la Escuela de Escritores de la Sogem. Especialista en Enseñanza del Español como Lengua Extranjera por la Universidad Complutense de Madrid y Maestra en Literatura Latinoamericana por la Universidad Javeriana de Bogotá, Colombia. Actualmente es Profesora de Cátedra del Instituto Tecnológico de Monterrey  además de colaboradora de <em>La Jornada de Morelos</em> y articulista del semanario <em>Maseual.</em></p>
<p><strong>Libros publicados</strong>: <em>Corredor de las antorchas </em>2000; <em>Todo es edad</em> 2003 y <em>Estacionamiento de avestruces </em>2006.  <strong>Sus poemas se encuentran en las antologías</strong>: <em>Espiral de los latidos</em>,<em> poesía joven del centro</em>, <em> </em>2001; <em>Del silencio hacia la luz: Mapa poético de México</em>,<em> </em> 2007;  <em>Adornos de papel</em>, 2008 y <em>Mujeres Poetas en el País de las Nubes, 2008. </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La luna estaba en Cáncer</strong></p>
<p align="right"><em> Para Javier Payeras</em></p>
<p>El viento era el odio de una rosa</p>
<p>apagando el ánimo</p>
<p>de inventar nuevas espinas.</p>
<p>Yo te miraba de noche</p>
<p>con la nota helada</p>
<p>de un lucero que cantará</p>
<p>el peligro de este devenir de letras</p>
<p>con tu silencio cuajado de altura</p>
<p>como si volar significara</p>
<p>mojar el día cayendo</p>
<p>sin que los demás</p>
<p>sospechen el signo</p>
<p>y el talismán minusválido</p>
<p>de este poema que no retiene</p>
<p>a los amantes</p>
<p>ni a tu amigo lejano</p>
<p>en un bar con su cadena creciendo</p>
<p>como un caballo joven,</p>
<p>manchado de lecturas</p>
<p>y tu voz y su voz</p>
<p>y mi frontera que no sabe masticar eternidades</p>
<p>ni inventar acuarios para que flote,</p>
<p>de nuevo, tu caída.</p>
<p>Nos precipitamos recordando,</p>
<p>acercándole más pan azul</p>
<p>al niño que vivió para morir</p>
<p>con un lápiz roto de tristeza</p>
<p>y la punta sofocada, indómita,</p>
<p>con un planeta propio</p>
<p>donde sembrar un libro</p>
<p>para el inventario de nuestras derrotas.</p>
<p>Yo no pude amar la ruta de las cuatalatas</p>
<p>ni dejar de pensar en madrigueras,</p>
<p>mucho menos en la luna con un trampolín</p>
<p>en cada cráter donde inventar el salto,</p>
<p>la duda, la separación,</p>
<p>la cama con un cielo sombrío,</p>
<p>harto de soledades aladas,</p>
<p>de Venus dándole mercurio a la clepsidra</p>
<p>y Júpiter casándose con un vaso de ron,</p>
<p>con el bestiario del instante</p>
<p>y todos los perros ladrando la cobardía</p>
<p>del culo de Alfonso Reyes</p>
<p>porque aullarle a la luna sí es poesía</p>
<p>y el bastón de Mario Santiago</p>
<p>es el hambre de este mapa,</p>
<p>también la manecilla coqueta, delirante, nómada,</p>
<p>en la brújula de Dalton</p>
<p>y las huellas de nuestros detectives</p>
<p>que se volvieron criminales y seguimos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Juegos de pólvora</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No le gusta la sangre</p>
<p>ni el sonido de un revólver.</p>
<p>Jamás perdería su tiempo</p>
<p>diseñando alas para un gato.</p>
<p>Ella se casó con las cuentas</p>
<p>de un vestido para locas</p>
<p>y todo el mundo</p>
<p>aplaude  su cordura.</p>
<p>Recoge miel contaminada</p>
<p>que a ti y a mí nos debilita.</p>
<p>Tú sabes esconderte en pecados inéditos;</p>
<p>comprar maquillajes, reputaciones,</p>
<p>meter al horno el orgullo</p>
<p>y luego de una hora</p>
<p>sacar de ahí el cadáver del enemigo.</p>
<p>Ella no destroza caracoles</p>
<p>con la mirada.</p>
<p>La expulsaste en febrero,</p>
<p>le hiciste ver el aire</p>
<p>y se cubrió los ojos.</p>
<p>Le hablabas de un flor invisible</p>
<p>y te pidió crayolas.</p>
<p>Nunca te inspiró un conjuro,</p>
<p>pero es mi hermana.</p>
<p>En su cabellera</p>
<p>nacen fuegos imposibles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Versos para escribir en Jojutla</strong></p>
<p align="right"><em>Para Juan Manuel Roca y Marco Antonio Campos</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sólo vine a dibujar luciérnagas,</p>
<p>a romper una sombra de amarillos desalmados,</p>
<p>a descubrir que no retoñan ciertas líneas.</p>
<p>La madrugada es este soplo,</p>
<p>esta decoloración de otro latido,</p>
<p>recuerdo sin niebla en la ventana rota,</p>
<p>en esa lámpara donde el panal resiste.</p>
<p>Vine a escuchar los cerros</p>
<p>y la lengua de mi madre en ayuno.</p>
<p>Acá la poesía es fuente taciturna.</p>
<p>Huele a gitanos en la esquina</p>
<p>y no saben que los vi</p>
<p>soñar dentro de un libro</p>
<p>y contar las rayas del tigre</p>
<p>que a veces cuida el universo,</p>
<p>animal de estrellas en la tarde,</p>
<p>felino protector de mariposas</p>
<p>aquí, donde la palabra inventa chispas.</p>
<p>Vine para ver los patios,</p>
<p>a ser la huérfana,</p>
<p>la que desteje hilos mojados de un capullo.</p>
<p>Llegué arrastrando estas visiones</p>
<p>y no se instalan por sí mismas,</p>
<p>son, en conjunto, un púrpura sin nombre,</p>
<p>cera de abejas invernales en mi boca</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Maitines</strong></p>
<p align="right"><em>Y no te olvides del maquilishuat,<br />
del San Andrés Florecido<br />
del viejo tronco de la ceiba,<br />
de los veintisiete tonos de verde<br />
en la mañana.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">Claribel Alegría</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No olvido, Claribel,</p>
<p>la mañana como animal de sangre fría</p>
<p>y el calor, su aire masturbando mariposas.</p>
<p>Aquí está, nada la hunde,</p>
<p>una piedra de agua y la nieve entre mis uñas</p>
<p>(roca o poema sin ardor en aquel huerto).</p>
<p>Volar era correr con un vestido libre.</p>
<p>Éramos una cinta de colores</p>
<p>en la transparencia de la lluvia</p>
<p>si la libélula volvía</p>
<p>o el temor también alado</p>
<p>de ya no cruzar el mismo puente.</p>
<p>Sin avión era nuestra la muralla,</p>
<p>los sorbos de té chino,</p>
<p>todas esas cosas de polvos mágicos con nombre.</p>
<p>Cómo renunciar al resplandor ahora.</p>
<p>Cómo decir &#8220;no, yo aquí me quedo&#8221;.</p>
<p>Acá, en el cuarto con panales.</p>
<p>Cómo despedirnos sin linternas.</p>
<p>Escapamos y perdemos por amor otros países.</p>
<p>Pero nadie troza espinas de cobre en las aduanas.</p>
<p>Una crece y juega a olvidar los veinticinco azules,</p>
<p>los treinta y dos rojos en la boca,</p>
<p>amaneceres del jardín con jaula</p>
<p>al que volvemos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Muertos </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En esta noche, porque vienen,</p>
<p>el aire es una risa de fuego queda frío.</p>
<p>La tierra se deja humedecer por memoriosa,</p>
<p>por el maíz blando del perfume</p>
<p>y todo aquello que esta noche crece</p>
<p>a la sombra de un latido de sal,</p>
<p>del trago de tequila dándole luz al fotorama.</p>
<p>Vienen y el esqueleto danza en el paisaje,</p>
<p>en la bruma que nada sabe del volcán ni de los ríos.</p>
<p>Qué viva es la eternidad y la escalera al cielo.</p>
<p>Qué amor por la nave de la noche brilla en su cuerpo de fantasmas.</p>
<p>Qué corona de espinas y amuletos que no pueden tocar, ya no.</p>
<p>No con su purgatorio ennegreciendo el útero</p>
<p>y las cadenas y el orgasmo de la muerte</p>
<p>que es caminar sobre los mares.</p>
<p>No más esta noche con chocolate y canela,</p>
<p>con lengua dulce y besos amargos, no más.</p>
<p>La muerte nos creció donde se acaban las pestañas</p>
<p>y el barro que fuimos se quiebra en el incesto.</p>
<p>Hermanos todos, todos entrampados,</p>
<p>todos persiguiendo la carne del otro que es la nuestra,</p>
<p>el sabor a cempasúchil, esa piel de la agonía,</p>
<p>el anís en el pan que nos consume.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El universo boxea</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La fruta cae del sábado.<br />
Tiene sabor a que nos salvas<br />
aunque no existe esa semilla.<br />
&#8220;Nadie salva a nadie&#8221;,<br />
dijo un poeta clandestino.<br />
Nadie encuentra la esperanza<br />
de un arcángel detective,<br />
sólo tú con gafas de mago<br />
puedes mirar que nos acechan,<br />
que florece el árbol viejo<br />
de este lado de la sombra,<br />
de este lado del arroyo<br />
cuya frontera canta el mundo<br />
y cae el mundo,<br />
pero da la vuelta y suelta un gancho.<br />
El universo boxea.<br />
Sale invicto.</p>
<p>&#8220;Estás pensando, no sintiendo&#8221;, dirás.<br />
No. Huelo la fruta de los días<br />
como quien reconoce cada historia<br />
con ojos hartos de lágrimas en la banqueta,<br />
con su sexo libre<br />
y el otoño esquizofrénico.</p>
<p>Después de todo venimos a salvarnos.<br />
Lo cierto es que nunca me he sentido<br />
tan perdida y eso que mirar el fondo<br />
y encontrar un reino de palabras<br />
es un don carnívoro.<br />
Ya caminé ciudades de todos los aromas.<br />
Miré desnuda el amor en París.<br />
Me dieron un abrigo de leopardo.<br />
Probé la nieve. Me intoxiqué.<br />
Por eso el retorno a este domingo.</p>
<p>Del sábado se cae la fruta<br />
y para eso, como sea,<br />
antes brillaron las corolas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Eran púrpuras</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué haré en Islandia<br />
cuando vengas<br />
y todo sea oscuro<br />
como la carne misma<br />
hundiéndose en un barco?,<br />
¿dónde vivirá<br />
el naufragio y los gritos<br />
de la mujer<br />
con sus pócimas saladas?<br />
No hay lugar<br />
ni harina para el pan<br />
de lo vivido<br />
en aquel puente.<br />
No encuentro<br />
la longitud del verso<br />
ni la constelación<br />
de la que hablaba<br />
el otro hombre.<br />
Está oscuro,<br />
no hay canto<br />
de cigarras ni árboles<br />
con mangos rojos<br />
en la mente seca,<br />
en el colapso<br />
de su noche albina<br />
y la muerte con furia<br />
en cada brillo<br />
de cada lágrima,<br />
en cada tos<br />
de un ser sin cabello<br />
y la cama sola<br />
donde escurrieron<br />
litros de milagro<br />
para no olvidar<br />
que aprendiste el<br />
ritmo de tu odio<br />
una tarde como hoy<br />
con ánimo de noche<br />
y alba confusa<br />
por la fosforescencia.<br />
También escurre la voz,<br />
todo el sonido<br />
temblando, con dolores<br />
de parto para nadie.<br />
Prohibido enloquecer y decir<br />
porque callar es duro,<br />
es la condena<br />
de comerte el látigo<br />
hervido en la olla,<br />
en lo más verde del arrozal<br />
y el cerro lila.<br />
No quiero ese paisaje<br />
pero es lo único que tengo<br />
y no estás con la ternura<br />
del que ignora<br />
el nombre del diablo<br />
que defiendo<br />
en la comunidad<br />
de los pingüinos,<br />
en la lumbre de Islandia<br />
para escapar,<br />
para decir que quise<br />
y amanecí mirando<br />
sin dolor las bugambilias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Poema en autobús</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No dormiré ya nunca<br />
y seré el alma de la nieve<br />
sin talismán para un aullido.</p>
<p>Si no rompes los hilos de saliva,<br />
el traje de mi llanto,<br />
si no se derrite el paisaje<br />
de una vez por todas,<br />
no dormiré.</p>
<p>Crecerá una cárcel<br />
al sur de cada hora<br />
sin columna vertebral<br />
para la muerte.</p>
<p>Llama,<br />
que no se pudra<br />
la semilla,<br />
que tu canto<br />
también duerma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Su te quiero va mutando </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su te quiero va mutando<br />
como diminuto animal<br />
que rompe lo que nunca<br />
fue colmena.<br />
Muta como si el cambio<br />
fuera una danza<br />
y la muerte en cada disco.<br />
En un mundo pequeño<br />
de color capullo<br />
para el temor de la huérfana,<br />
su te quiero tiembla con el aire<br />
en ese minuto donde el vacío<br />
y el animal ya no se arrastran.<br />
Es un te quiero<br />
para hundir promesas<br />
en gladiolas y tú lejos,<br />
esperando el corte<br />
de la guadaña o la mutación<br />
que llega en junio:<br />
tu te quiero en una cuna<br />
tan incómoda, pequeña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Caníbal</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mastica pedazos de cascarón con el mundo quemándole los dedos y rompe lo que queda de luna,<br />
cuanto no puede cantar con agua verde en la garganta. Cuanto no puede ver llover en un instante de añicos en el viento. Mastica lo que queda de sí cuando amanece y el poema es un alambre infectado que atraviesa las venas del futuro.<br />
Todo es masticar para asumir el tiempo cuando nieva porque el frío es un estado gracia ahora,<br />
ahora que la música se fue a convertirse en la nada de otro forastero.<br />
Y la nada es el líquido viscoso del cascarón. El principio ardiente, la atracción aciaga.<br />
Masticar, dejar en blanco. Asumir la ausencia de color en el vino, en la mancha de nubes que cabe en la pintura, en un refugio de luces y bugambilias sin rumbo. En la distancia del abrazo. En todo aquello que se rompe y resuena, mastica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Nocturnos</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la noche jugábamos con besos a que ya no besaríamos.</p>
<p>En la muerte de la noche el polen nos hizo estornudar.</p>
<p>Para la vida arrancamos un capullo de septiembre</p>
<p>y algo dolió como mentira que el tiempo repite.</p>
<p>Nos rodeaba la luz, su brama dulce.</p>
<p>Mi boca mordía un collar caliente y el vestido sedoso por la luna.</p>
<p>Me le escapaba a la memoria,</p>
<p>al milagro que dijeron soy porque hablaron las luciérnagas.</p>
<p>Habíamos visto crisantemos en lo alto,</p>
<p>el ritmo de la pólvora y las llagas del silencio.</p>
<p>Habíamos reído para olvidar una metáfora.</p>
<p>Ya era la aurora con su poder de ave,</p>
<p>también el día de las constelaciones</p>
<p>y el alfabeto de verdad en los poemas.</p>
<p>Mis ojos dieron con un mapa de melancolías,</p>
<p>por ello recordé la balada del futuro.</p>
<p>Después los gallos cantando como siempre</p>
<p>la letra de la infancia donde renace lo perdido.</p>
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		<title>La poesía de Cesário Verde</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Jan 2009 01:17:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
		<category><![CDATA[gaceta 22]]></category>

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		<description><![CDATA[El poeta y traductor mexicano Miguel Ángel Flores ofrece una visión de uno de los autores que ejercieron mayor influencia en el pensamiento de Fernando Pessoa. Además del ensayo, algunos poemas bilingües portugués-español del escritor lusitano. &#160; &#160; &#160; &#160; &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/01/la-poesia-de-cesario-verde/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_241" class="wp-caption alignleft" style="width: 110px"><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/verde-cesario-22d4a.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img class="size-thumbnail wp-image-241" title="Cesário Verde" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/verde-cesario-22d4a-100x100.jpg" alt="Cesário Verde" width="100" height="100" /></a><p class="wp-caption-text">Cesário Verde</p></div>
<p>El poeta y traductor mexicano Miguel Ángel Flores ofrece una visión de uno de los autores que ejercieron mayor influencia en el pensamiento de Fernando Pessoa. Además del ensayo, algunos poemas bilingües portugués-español del escritor lusitano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-258"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>LA  POESÍA DE CESÁRIO VERDE</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Miguel Ángel Flores</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_226" class="wp-caption aligncenter" style="width: 260px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/flores-miguel-angel-22d4b.jpg" alt="Miguel Ángel Flores Foto: JAL" title="Miguel Ángel Flores" width="250" height="333" class="size-full wp-image-226" /><p class="wp-caption-text">Miguel Ángel Flores Foto: JAL</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p>Casi no existen en lengua española ensayos o estudios que hablen de las genealogías de Fernando Pessoa. Se tiene la impresión de que su obra surgió de una especie de partogénesis en lo que se refiere al ámbito de las influencias de la literatura escrita en su lengua materna. Se reconoce la huella de Whitman en uno de sus heterónimos; en otro se advierte la impronta que dejó en el autor el estudio de los clásicos latinos. Pero su vinculación con los autores de su tradición literaria nos parece terra incógnita. Y la explicación de este hecho es sencilla: si desconocemos cuanto ha sucedido en las letras portuguesa en el siglo XX, que quedó atrás muy recientemente, todo lo que se publicó en el siglo XIX nos parece tan ajeno como si perteneciera a la herencia de los hititas.</p>
<p>En la segunda mitad del siglo XIX nacieron cuatro autores fundamentales en la obra de Pessoa: Antero de Quental, Cesário Verde, Camilo Pessanha y António Nobre.</p>
<p>El mismo Pessoa se encargó de rendir homenaje a los poetas que le precedieron, los cuales fueron fundamentales en el desarrollo de su poética. Reconoció en ellos el comienzo de la modernidad que él llevaría a su máximo extremo.</p>
<p>De los cuatro poetas antes mencionados fue Cesário Verde quien ejerció la mayor influencia en su pensamiento poético, debido sobre todo a que con él comenzó a escribirse, por su técnica y temática, la poesía que dominaría el siglo XX, el de la modernidad. La obra de Verde se alejó en gran medida del parnasianismo y el simbolismo. Este poeta fue, en algunos aspectos, un romántico que se ignoró como tal, expulsado de los salones y que vio a la naturaleza y a la condición humana con otros ojos; paria y vagabundo en la ciudad, donde surgían nuevas cosas y se alteraban los valores morales, inventó una versificación de acuerdo a una nueva realidad urbana.</p>
<div id="attachment_242" class="wp-caption alignleft" style="width: 103px"><img class="size-full wp-image-242" title="Cesário Verde" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/verde-cesario-22d4c.jpg" alt="Cesário Verde" width="93" height="120" /><p class="wp-caption-text">Cesário Verde</p></div>
<p>El nombre completo del poeta fue José Joaquim Cesário Verde. Nació en Lisboa el 25 de febrero de 1855 y murió en Lumiar, una población que ahora forma parte de la capital de Portugal, el 19 de julio de 1886. Por su aspecto innovador, tuvo la particularidad de haber sido poco comprendido en su época; nunca dio a la imprenta ningún libro y su obra quedó dispersa en las publicaciones de su época. Para el gusto predominante de aquellos tiempos era difícil reconocer una nueva sensibilidad y una nueva poesía. De entre sus contemporáneos sólo sus amigos más cercanos advirtieron la trascendencia que tendría en el desarrollo de la poesía portuguesa en lo que se relaciona a los aspectos de la modernidad. La obra de Cesário Verde tuvo que esperar a la generación de <em>Orpheu</em>, que se manifestó en la segunda década del siglo XX, en la que Fernando Pessoa desempeñó un papel fundamental, para lograr el reconocimiento que merecía. Hijo de un acaudalado comerciante dueño de una ferretería en Lisboa y de una quinta en Linda-a-Pastora, donde se dedicaba a la explotación agrícola, Cesário Verde ayudó a su padre en estas actividades.</p>
<p>Asistió al Curso Superior de Letras, pero, al igual que Pessoa, no concluyó sus estudios. Mientras tanto se relacionó con algunas figuras ligadas a la vida literaria como Silva Pinto y António Macedo Papança (conde de Monsaraz). Sus poemas aparecieron en varias publicaciones: <em>Diário de Noticias</em>, <em>Diário da Tarde</em>, <em>Tribuna</em>, <em>A Ilustração</em>, etc. Murió a la edad de 31 años, víctima de la tuberculosis, en los alrededores de Lisboa, donde a fue a buscar mejor ambiente para su enfermedad. Un año después de su muerte, en 1887, Silva Pinto recopiló sus poemas y con ellos armó un libro que publicó con eol título de <em>O Livro de Cesário Verde</em>, en una edición de 200 ejemplares que nunca circuló comercialmente.</p>
<p>Debemos al gran crítico y poeta portugués, Fernando Guimarães, una síntesis y sistematización de lo que ha dicho la crítica a partir de la divulgación, en el siglo XX, del libro de Cesário. Apoyados en sus bastos conocimientos hemos redactado esta nota de presentación. Cabe mencionar que, como en el caso de Pessoa, las diferentes versiones de su único libro, que como se mencionó ya, no preparó en vida, se han hecho según el criterio de sus editores. Y esto ha dado, inevitablemente, origen a algunas controversias; aún se discute, como en el caso de Darío, si ha sido prudente recoger y divulgar sus inmaduros poemas de juventud.</p>
<p>La crítica ha llamado la atención sobre el hecho de en esta poesía hay una capacidad para visualizar y analizar, a través de una especial percepción, la realidad, vinculándose con los movimientos naturalistas y realistas de la ficción, lo que no impidió que en ella se dibujara también una dimensión simbólica y de transfiguración. Cesário Verde fue consciente de la intención que lo animaba al proyectar en su poesía ciertos efectos de lo real, deliberadamente buscados, como testimonian varios pasajes de su obra: &#8220;Medito un libro que exacerbe/ quisiera que lo real y el análisis me lo diesen&#8221;; &#8220;encuentro todo alegremente exacto&#8221;; &#8220;el ritmo de lo vivo y de lo real&#8221;. Mientras tanto ese ritmo al que alude adquiere un desarrollo complejo, que será una de sus grandes aportaciones ya que dio otra dimensión al arreglo de las estrofas y a la combinación de las palabras atendiendo a su materia fonética.  Por supuesto que es imposible trasladar para el lector de lengua española la destreza de su versificación en este aspecto, que deriva de un conjunto de desarrollos verbales que se relacionan, como se advirtió ya, de la disposición estrófica y de encabalgamientos insólitos en la lengua portuguesa.</p>
<p>La contigüidad textual desempeña también un papel importante en la poesía de Cesário Verde, como se pude ver en el recurso al asíndeton, el cual adquiere una dimensión especial si se pone atención a la forma como se sujeta al ritmo escandido del verso, ganando las notaciones yuxtapuestas una dinámica de tono armonioso. Su adjetivación recuerda a López Velarde; no es raro que sus comparaciones se vuelvan</p>
<p>transfiguradoras por la forma como convergen imágenes insólitas o palabras con registros semánticos diferentes.</p>
<p>Esa capacidad de adjetivar y, también de adverbiar (&#8220;amarilladamente, los perros parecen lobos&#8221;) llevó a un destacado crítico, Óscar Lopes, a expresar la tesis de que muy bien puede considerarse una parte de la obra de Cesário Verde  como una anticipación de las experiencias &#8220;interseccionistas&#8221; que serían más tarde desarrolladas por el movimiento modernista que encabezó Fernando Pessoa. Ese interseccionismo que hacia coincidir en el espacio de un poema elementos que se yuxtaponían como en el cubismo y que intentaban &#8220;atrapar&#8221; la simultaneidad de los hechos que sucedían en un instante dentro de un mismo plano de realidad.</p>
<div id="attachment_241" class="wp-caption alignright" style="width: 260px"><img class="size-full wp-image-241" title="Cesário Verde" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/verde-cesario-22d4a.jpg" alt="Cesário Verde" width="250" height="319" /><p class="wp-caption-text">Cesário Verde</p></div>
<p>Otro aspecto importante en la poesía de Cesário Verde se refiere al papel que en ella desempeña el <em>yo</em>. Si la referencia al yo es recurrente, no por eso la confesionalidad es una de las características que ha tenerse en cuenta. Se trata de un yo personaje o de un yo-reminiscente que no conduce directamente a una identificación autobiográfica, en la medida que surge como instancia del propio texto, en este aspecto viene a nuestra mente los nombres de Laforgue y Eliot. No hay que olvidar tampoco el papel que ha desempeñado en la construcción de la modernidad la fractura de la conciencia del yo, y lo relevante de este hecho en la obra de Pessoa. El yo, o mejor dicho, los múltiples yoes de los poemas son <em>personae</em> o -como sugerentemente refiere Hélder Macedo &#8211; derivaciones que están en la &#8220;frontera de la construcción heteronímica de Fernando Pessoa&#8221;. Mientras tanto, la ironía o la capacidad de transfiguración que en ella existe puede adquirir en Cesário Verde efectos expresivamente más validos y que no están del todo ausentes cuando se consideran ciertas dominantes semánticas que se articulan entre sí, creando un conjunto de descripciones contrastantes sobre todo por los valores positivos o negativos de que parecen estar revestidos (y es, a veces, irónico que esos valores se pueden relativizar), los cuales se refieren a lo que varios críticos han designado como el contraste con que en la obra de Cesário Verde se describe el campo y la ciudad, la &#8220;dama fatal&#8221; y la mujer dulce, amorosa y fraternal -es decir, la &#8220;débil&#8221; vista idealmente- o el propio sentido de la vida o el sentido de la muerte. El contraste o binomio campo-ciudad fue especialmente puesto de relieve por David Mourão-Ferreira. También se vio aquí la posibilidad de entender cómo se formarían originalmente las dos opciones diferentes de dos heterónimos pessoanos: Alberto Caeiro, vinculado al ambiente rural, y Álvaro de Campos, al de la ciudad. En esa ciudad cantada por Cesário Verde, que es sobre todo Lisboa pero también podría ser cualquier ciudad importante de Europa o del mundo, se proyectan las imágenes desenfocadas de la urbe baudelirana, marcada por los &#8220;vicios execrados&#8221;, los &#8220;delirios tibios&#8221;, &#8220;el horror callado y triste&#8221;, las &#8220;fantasías mórbidas&#8221;. Ahí gana mayor relevancia la mujer fatal, según el mismo Hélder Macedo relacionada con un &#8220;erotismo de la humillación&#8221;. Hay, así, una sexualización de la ciudad, lo que muestra que será menos importante en Cesário Verde el desarrollo temático en torno a referencias citadinas o campestres que las transferencias hacia otros niveles semánticos, los cuales se vuelven muy complejos. Con efecto, la sexualización de la ciudad a través de la mujer corresponde a la atracción de la muerte, la enfermedad, la amenaza de la peste que podrían encontrar precisamente en la mujer un mediador: el poeta al perseguir a aquella que designa como &#8220;frígida&#8221; piensa &#8220;acompañar de lejos / ¡el sosegado espectro angelical de la Muerte!&#8221;. Hay, pues, una relación entre un sentido y una secreta referencia a la muerte, como si estableciese una de las futuras visiones decadentistas apostadas en la referencia al sadismo, la androginia, la necrofilia. Pero también aquí nos interesa aislar un ámbito temático; está en juegos la circunstancia de los tres referidos contrastes o binomios (ciudad-campo, mujer fatal-mujer angelical, muerte-vida) que se imbrican o complejamente se relacionan entre sí, sobre todo si se considera en esas oposiciones una línea más cargada que se delinea horizontalmente: ciudad, mujer fatal, muerte. Por eso, el modo como el poeta se refiere al campo (como expresó David Mourão-Ferreira, hay poesías, como &#8220;De Verano&#8221;, en que el poeta va al campo y otras, como &#8220;Nosotros&#8221;, en que está en el campo) surge como el otro polo que, en su poesía, se afirma positivamente a través del referido contraste -cuando lo positivo se confronta aquí con lo que hay de negativo en la realidad citadina-, hasta cumplirse en una sorda atracción postrera: &#8220;Habíamos regresado a la capital maldita.&#8221; Este juego semántico de oposiciones se hace a través de una expresión extremadamente equilibrada y sustentada, lo que concurre para que se presente como un ideal estético cuyas fundamentales referencias son &#8220;lo real y el análisis&#8221;.</p>
<p>Al ocuparse del poema &#8220;Cristalizaciones&#8221;, escribe Cesário a Silva Pinto lo siguiente: &#8220;son unos versos agudos, helados, que el Invierno pasado me ayudó a conseguir; recuerdan un poliedro de cristal y no sugieren por eso casi ninguna emoción psicológica e íntima&#8221;. Éste es uno de los aspectos de suma importancia en la poética de Cesário Verde, el cual se aparta decididamente del subjetivismo tan característico de los desarrollos románticos o seudo-románticos de la poesía de su tiempo. Eso le permite lograr imágenes, metáforas o formas de expresión innovadoras por su desarrollo lírico, por la nitidez inventiva, por la sorpresa surrealizante que consiguió alcanzar o por una visión angustiada, expresionista: &#8220;unidos ambos / en un gran amor sin playas&#8221;; &#8220;amo, insensatamente, los ácidos, las gomas / y los ángulos agudos&#8221;, &#8220;los ojos de un calesa me espantan, sangrientos&#8221;; ciegos que &#8220;giran los ojos como dos gargajos&#8221;. Vimos antes que el uso recurrente de la primera persona -consecuentemente desprovisto de una &#8220;emoción psicológica e íntima&#8221; &#8211; hace que el yo sea tan sólo el narrador del poema, lo que le la da, a veces, un tono coloquial que, sin alcanzar aquella tan inventiva disposición que se encuentra en António Nobre, gana inflexiones que se amoldan de una forma particularmente significativa a su poesía: lo decorativo, lo reticente, lo intercalado, el uso de frases nominales, el lenguaje familiar o de extracción más <em>snob</em> (utilización repetida de términos franceses o ingleses). Lo que hay de innovador en muchos de estos aspectos contribuyó para que su poesía en los inicios de un nuevo siglo contara con una recepción cada vez más favorable: Ramalho Ortigão la asemeja al &#8220;estilo negro&#8221; de Baudelaire; Teófilo Braga al referirse a &#8220;Espléndida&#8221;, censuró &#8220;que un hombre, para captar las simpatías de una mujer, descienda a los lugares de los lacayos&#8221; (carta de Cesário Verde a Silva Pinto), lo que traduce una completa incomprensión en cuanto al antes referido concepto de erotismo de la humillación. Por otro lado, ese aspecto innovador acabará por ir al encuentro, como ya se dijo, de la modernidad en las letras portuguesas, que consideró, un poco provocadoramente, a Cesário Verde un &#8220;futurista&#8221; (Mário de Sá-Carneiro) o &#8220;al primer interseccionista&#8221; (Fernando Pessoa). Otro punto de vista crítico que se generalizó hace hincapié sobre el hecho de considerar al poeta como un representante de la &#8220;ideología de la pequeña burguesía mercantil y trabajadora&#8221; (Jorge de Sena) o como un autor de poemas que son &#8220;una crítica objetiva y un juicio subjetivo de la sociedad contemporánea&#8221;, esto es, de las &#8220;circunstancias sociales injustas&#8221;.</p>
<p>Otra cuestión, que, como la anterior, es de cierto modo aleatoria, consiste en el paralelismo que se establecería entre la poesía de Cesário Verde -cuyo carácter visual él mismo reconoce: &#8220;pinto cuadros con letras, con señales&#8221; &#8211; y las artes pláticas, sobre todo la posible referencia al cuadro de Courbet, <em>Les casseurs de</em> <em>Pierre</em>, que según Alfredo Margarido, muy difícilmente se podría relacionar con el poema &#8220;Cristalizaciones&#8221; y las tendencias impresionistas, teniendo a la vista sólo algunas analogías o coincidencia, o a un barroquismo referido a los cuadros de Archimboldo, según lo señaló Andrée Crabbé Rocha.</p>
<p><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/poemas-cesario-verde.pdf" target="_blank">Ver poemas de Cesario Verde archivo .PDF</a></p>
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