Rubén Arenas: El discreto encanto de la ironía

José Ángel Leyva

LeyvaLa imagen que tengo de Octavio Paz es la de sus libros, extraordinarios. Pero también lo evoco como un hombre valiente y polémico, ambicioso y sistemático, perseverante y lapidario con sus enemigos. Ahora cuando veo el derroche, el fasto del gobierno mexicano para homenajearlo, me digo, flaco favor se le hace a un hombre de sus características al oficializarlo y canonizarlo entre burócratas, funcionarios, hombres y mujeres de poder de la cultura nacional, uno que otro invitado internacional de relumbre, pero con una ausencia notable de la comunidad literaria y de los lectores de este país. Un gasto inútil que muestra el lado TELEVISA de la política cultural de México. En contraste, las imágenes del artista Rubén Arenas nos colocan ante un tejido cultural envilecido, degradado.

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