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	<title>Revista La Otra &#187; gaceta34</title>
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	<description>Revista de poesía + Artes visuales + Otras letras</description>
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		<title>Presentación</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Jan 2010 02:27:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
		<category><![CDATA[gaceta34]]></category>

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		<description><![CDATA[José Ángel Leyva 2010 ¿qué celebramos? Uberto Stabile. La memoria en la sangre &#160; La Otra-Gaceta asiste al encuentro de sus lectores este año en el que las palabras Independencia y Revolución atienden a un pasado centenario y bicentenario para &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2010/01/presentacion-gaceta-34/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>José Ángel Leyva<br />
<strong>2010 ¿qué celebramos?</strong><br />
<strong>Uberto Stabile. La memoria en la  sangre</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2008/12/leyva.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2008/12/leyva-120x120.jpg" alt="José Ángel Leyva" title="José Ángel Leyva" width="100" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-4" /></a>
<p>La Otra-Gaceta asiste al  encuentro de sus lectores este año en el que las palabras Independencia y  Revolución atienden a un pasado centenario y bicentenario para los países  iberoamericanos. Cayeron los paradigmas de la liberación y nos queda la pobreza  y el rezago, pero sobre todo la miseria moral y el embate a las culturas, a la  cultura. Por lo pronto, rescatemos de los escombros la palabra solidaridad con  todos sus sentidos y ayudemos a la población Haitiana, porque la desgracia se  ceba en los más pobres. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-1489"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>    Habrá que reflexionar a fondo sobre el  significado de las independencias decimonónicas de América Latina, en contraste  con la del Coloso del Norte, y las emancipaciones revolucionarias del siglo XX  ¿Qué cambió en realidad en nuestras sociedades? ¿Cuál es la vigencia de los  postulados de aquella gran Revolución Francesa: Libertad,  Igualdad, Fraternidad, en naciones donde salud, vivienda, alimentación y  educación continúan siendo una utopía? Comencemos a pensar en ello desde el  plano de la cultura, el sustrato que siempre queda al margen de la política y  de las ideologías porque las consignas no resisten las preguntas ni las dudas.  Dylan Thomas, el poeta galés, dice que las revoluciones duran los 15 días de la  euforia del triunfo. ¿Qué viene después? Tenemos un desafío por discutir en La  Otra. </p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_1336" class="wp-caption alignleft" style="width: 190px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/11/uberto-stabile.jpg" alt="" title="uberto-stabile" width="180" height="240" class="size-full wp-image-1336" /><p class="wp-caption-text">Uberto Stabile</p></div>
<p>    Ahora hablaré sobre Uberto Stabile y su más  reciente libro publicado en México: <em>Tatuaje</em>, editado por Atemporia, de  Saltillo, Coahuila. Una antología que es a su vez una síntesis de <em>Habitación  desnuda</em> (1977-2007), Ediciones baile de Sol, Tenerife, Islas Canarias,  2008. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>    Viene a cuento hablar de Uberto en ese  contexto de los Bicentenarios porque es uno de esos personajes un tanto  descolocados de su propia realidad, la española. De esa España que se volcó  hacia Europa y experimentó una vertiginosa transformación cultural que implica  un ejercicio del olvido no sólo de los traumas, sino de la historia y sus  hermanos. Uberto es, pues, en contrasentido, un agente cultural que se descubre  a sí mismo no en el pasado, sino en el presente de Iberoamérica. Un promotor y  constructor de puentes entre las dos orillas que hablan un mismo y diferente  idioma. Sí, es un escritor, un poeta que insiste en poner en circulación los  nombres y las obras de otros de aquí y de allá, sobre todo de los que no tienen  un espacio oficial o un nicho de ventas específico. Preocupado o motivado por  esa idea, Stabile suele abandonar su propia obra literaria, pero no tanto. Este  libro es una muestra de ello. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/11/anuncio-stabile.jpg" alt="" title="anuncio-stabile" width="550" height="963" class="aligncenter size-full wp-image-1337" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Uberto Stabile:  Las bellas palabras prohibidas<br />
Hijo adoptivo de Huelva, nacido  en Valencia, de ascendencia italohispana Uberto es un viajero irredento y un  migrante de espíritu, pero no de principios. De eso habla <em>Tatuaje</em> y <em>Habitación  desnuda</em> de principio a fin. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>     Uberto escribe en <em>Distrito Marítimo</em>,  1977-1981, es decir, un adolescente, con ese tono beat nick que no sólo no ha  abandonado, sino que pule y perfecciona a base de un oficio que es una forma de  vida en la carretera, los aviones, los viajes, la inconformidad, la  incertidumbre. Uberto nos relata, en ese primer tramo de <em>Tatuaje</em>, la  emoción de una época marcada por el final de la dictadura franquista y la  presencia de la sexta flota norteamericana en tierras ibéricas, de apertura y  despertar en un país atribulado por la represión y el deseo contenido de amar  en libertad, de moverse y realizarse en una democracia, de transformarse como  sociedad adulta en un horizonte de posibilidades culturales. No hay un país,  que yo conozca, con una transformación tan rápida como la de España. No sólo  por su elevado bienestar que deja atrás los recuerdos de la migración hispana  hacia países europeos en busca de empleos mal pagados, sino por su composición  cosmopolita, determinada ahora por la migración de naciones pobres de Africa,  Asia, Europa del Este y América Latina, además de una transición cultural que  ha hecho de ese país un universo de posibilidades creativas, incluso deportivas.  Desde esa época viene la poesía de Uberto, identificándose con un mundo  alternativo a su propio hábitat, es decir, un mundo íntimo, que está en  movimiento, en constante cambio, porque está en   él, es una comunidad que va con él todas partes. Recoge los residuos de  los años sesenta, de la revuelta del prohibido prohibir, hasta la posmodernidad  que enarbola la suma de todo y de todas con su evidente exclusión de esos todos  y todas que están del otro lado de las fronteras y los muros, del miedo de  quienes siguen, como dijera Coetzee con el título de su novela “Esperando a los  bárbaros”. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>    La poesía de Uberto no está, desde mi punto  de vista, forjada en la insumisión o la rebeldía, sino en la defensa del amor,  en la busca de posibilidades para evitar que Caín siga matando a Abel, o éste  amenace con matar a Caín. Esa búsqueda no es un canto rosa, es, por el  contrario, un discurso ácido, con chispazos de humor, mordaz, elástico y  contundente en su objetivo. Tiene, sí, algo de la poesía de la experiencia tan cultivada  en su país, pero se deslinda con su capacidad de llevar la anécdota a  territorio del lenguaje. Allí donde la palabra halla nuevos significados porque  se desmarca de lo predecible y sensiblero. No pretende impresionar con la  historia sino con la fuerza de las palabras, con su disposición y los efectos  de voces que chillan o cantan, dialogan o gritan, escupen o bendicen. Son por  lo general poemas redondos en su factura, estructurados a base de emoción y  juegos verbales, oximorónicos, burlones, semánticos: como el título y el cuerpo  del poema “Dice Gillepie” en lugar de Dizzy Gillespie, ese trompetista,  comparsa del saxofón de Charly Parker: &quot;Dice Gillespie que la muerte no es  lo peor, / que no es el dolor la mejor escuela / ni el hambre nos convierte en  héroes.&quot; </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>   En la poesía de Stabile se advierte un  relato, no de la historia de un país, de una comunidad, sino de su propio  imaginario. En poemas como “Hermosas escenas de la noche”,  los acontecimientos urbanos se suceden con  una sintaxis frenética, de cláxones y marquesinas, de anuncios y trasiegos que  sugieren películas gringas, más que ciudades españolas de los años ochenta,  donde el olor de la morcilla y el chorizo entran por los ojos y los poros.  Ciudades habitadas por Uberto antes o después de la escritura, ciudades  biográficas y colectivas; urbes nocturnas con atmósferas estridentes. El  contraste es notable si uno conoce a Uberto, de apariencia diurna y  transparente. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>    En esas ciudades deambulan Kerouak,  Ginsberg, Leonard Cohen, Lou Reed, Bob Dylan, Jean Seberg, y más de una vez se  atraviesan con aluciones al paisaje y la historia de México. De este país tan  lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos. Son ciudades de la noche,  reinos de la oscuridad iluminados con luz eléctrica.<br />
    “Duermes, me gustaría ser el sol,  que nace/ ensortijado en serpientes mexicanas  alrededor del mundo / y verte, y sigo subiendo por esa interminable avenida.” o  &quot;Tócame obscenamente / como si fuera un muchacho de paja / encerrado en  una botella.&quot;<br />
    Más adelante, insiste en esta iconografía  cultural: “Escucho al viejo Ginsberg, al viejísimo Whitman/ aullar por las  praderas de México/ como lobos solitarios.” ( “Visiones de Dean Moriarty”) para  concluir como un muchacho sabio, como viejo lobo de mar que le suelta a la  amada un pesado fardo en la cabeza: </p>
<p>      “Y únicamente existirá ese saber ser en  dónde está/ la conciencia de que ya nada seremos.” </p>
<p>     Ese joven poeta ya nos habla con  trascendencia montado en la moto de la caducidad, en una edad en que se piensa en  la muerte, pero no se teme. Escribe como al desgaire, dejando poemas para  cantar, para resistir la aleación de la música. Como lo hace Leonard Cohen o  Lou Reed, Dylan o Boris Bian&#8230; Serrat, quizás. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>    <em>Empire Eleison </em>(1984-2000) no es un  divorcio de su primera etapa juvenil, sino un periplo a través de experiencias  literarias o biográficas más cercanas a la melancolía y la desesperanza, es  decir, pegadas al hueso. El lirismo de su escritura se entrevera con un ímpetu  contestatario, muy lejos de la protesta y el panfleto, pero con una afán de  comunicar y expresar estados de ánimo, situaciones personales a través de las  cuales se lee la condición de su entorno, del mundo, de una España que anuncia  cambios y progreso, que poco a poco olvida su pobreza y su tragedia, su pasado  inmediato. Desde esa perspectiva, la poesía de Uberto no es una poesía de  búsqueda, sino un discurso de la búsqueda, que nos comunica la experiencia del  tránsito y esa estación que nunca llega, pero se vive en cada parada. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>    “Cuando muera en septiembre en tu jardín /  &#8211;como se muere siempre que se ama&#8211; / no te ruborices y piensa / el tiempo que  tardamos en vivir / sin llegar a comprender la muerte.”<br />
     En esa demanda amorosa hay una utopía que  se ciñe a su tendencia natural de negar lo que se afirma, dudar de la misma  certidumbre: “Bésame en estos labios/ secos del verso, / poética de la carne/  donde no caben metáforas,/ donde pronunciar la noche/ exige tanta paciencia/  como fe requiere nuestra existencia”. (“Bésame”). No obstante que se posee y se  es poseído hay en los versos una fuerte carga de escepticismo, de pesimismo  indispensable para creer o para afirmar que se debe creer en la sobrevivencia.  A diferencia de Cioran que se declara más allá del escepticismo y de la  insatisfacción para negarle espacio a la esperanza, a la inconformidad, Uberto  se reafirma en la rebeldía al orden, en la insumisión, para enfrentar sus  propios demonios y descubrir caminos   diferentes a los que dicta el <em>Statu quo</em>, para aliarse a las  huestes oscuras y asumir el mal como una fuerza del bien y de la esperanza.  (&quot;Vidas rebeldes&quot;). </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>   Tatuajes pues que deja el desenfreno y el  exceso, el desaliento, ya no en los muertos, sino en los sobrevivientes, en  quienes dar, ofrendar, no es pincharse el horror y la fantasía en todo el ego.  Marcas en la escritura y en la memoria.</p>
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<p><object width="640" height="505"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/FTJNuiW11aQ&#038;fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/FTJNuiW11aQ&#038;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" width="640" height="505" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Novedades editoriales Enero 2010</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Jan 2010 02:19:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
		<category><![CDATA[gaceta34]]></category>

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		<description><![CDATA[Estas son las novedades editoriales de La Cabra Ediciones: Click en las imágenes para ver más información &#160; &#160;&#160;&#160;&#160; Ya puedes comprar en línea nuestros libros..]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estas son las novedades editoriales de La Cabra Ediciones:</p>
<p align="center"><strong>Click en las imágenes para ver más información</strong></p>
<p align="center">
<a href="http://www.lacabraediciones.com/2009/11/retrospectiva-de-obra-grafica-1988-2009/" target="_blank"><img src="http://lh3.ggpht.com/_4aPRO7h6S3o/Svs7FfuiaAI/AAAAAAAAAP0/oygr-VrHQgk/s144/arte-calzada.jpg"   alt="retrospectiva-de-obra-grafica" width="104" height="130" padding="5px" / rel="lightbox[roadtrip]" rel="lightbox[roadtrip]"></a>&nbsp;<a href="http://www.lacabraediciones.com/2009/11/destinario/" target="_blank"><img src="http://lh3.ggpht.com/_4aPRO7h6S3o/Svs7FcJKC5I/AAAAAAAAAP4/NJhNhWxsrJs/s144/arte-destinario.jpg"   alt="Destinario" width="107" height="130" padding="5px" / rel="lightbox[roadtrip]" rel="lightbox[roadtrip]"></a><br />
&nbsp;<a href="http://www.lacabraediciones.com/2009/11/argumentos-del-dia/" target="_blank"><img src="http://lh5.ggpht.com/_4aPRO7h6S3o/Svs7FQaMpoI/AAAAAAAAAP8/JaRTiE6Ykfk/s144/azor-lara.jpg"   padding="5px" alt="Argumentos del día" / rel="lightbox[roadtrip]" rel="lightbox[roadtrip]"></a>&nbsp;<a href="http://www.lacabraediciones.com/2009/11/baja-traicion/" target="_blank"><img src="http://lh5.ggpht.com/_4aPRO7h6S3o/Svs7FTPQImI/AAAAAAAAAQA/7Kfky5sbfG0/s144/azor-lizalde.jpg"   padding="5px" alt="baja-traicion" / rel="lightbox[roadtrip]" rel="lightbox[roadtrip]"></a>&nbsp;<a href="http://www.lacabraediciones.com/2009/11/parabola-del-moribundo/" target="_blank"><img src="http://lh4.ggpht.com/_4aPRO7h6S3o/Svs7br-i4uI/AAAAAAAAAQc/EJjbYLhIcPM/s144/narrativa-munoz.jpg"   padding="5px" alt="parabola-del-moribundo" / rel="lightbox[roadtrip]" rel="lightbox[roadtrip]"></a>&nbsp;<a href="http://www.lacabraediciones.com/2009/11/antologia-1966-2007/" target="_blank"><img src="http://lh3.ggpht.com/_4aPRO7h6S3o/Svs7Fs8VJ_I/AAAAAAAAAQE/4ClbfapoGUA/s144/azor-lizalde-antologia.jpg"   padding="5px" alt="antologia-1966-2007" / rel="lightbox[roadtrip]" rel="lightbox[roadtrip]"></a></p>
<p align="center"><a href="http://www.laotrarevista.com/Scripts/contacto/suscripciones.htm" target="_blank" title="Pagar mediante PayPal"><img src="http://www.lacabraediciones.com/wp-content/uploads/2009/10/pay.jpg"   alt="PayPal" / rel="lightbox[roadtrip]" rel="lightbox[roadtrip]"></a><br />
<a href="http://www.laotrarevista.com/Scripts/contacto/suscripciones.htm" target="_blank" title="Comprar en linea mediante PayPal">Ya puedes comprar en línea nuestros libros.</a>.</p>
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		<title>Luis García Montero</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Jan 2010 02:15:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<category><![CDATA[videos]]></category>

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		<description><![CDATA[El poeta argentino, Jorge Boccanera, conversa con el español García Montero y el espacio público se vuelve íntimo. Presentamos también un poema inédito en video. &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; Entrevista al poeta español Luis García Montero &#160; Construir &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2010/01/luis-garcia-montero/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/01/luis-garcia-montero.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/01/luis-garcia-montero-100x75.jpg" alt="Luis García Montero" title="Luis García Montero" width="100" height="75" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1465" /></a>El poeta argentino, Jorge Boccanera, conversa con el español García Montero y el espacio público se vuelve íntimo. Presentamos también un poema inédito en video.</p>
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<p><span id="more-1487"></span></p>
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<p>Entrevista al poeta español Luis  García Montero</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Construir un poema como un espacio  público</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Jorge Boccanera</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_1176" class="wp-caption alignnone" style="width: 260px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/08/boccanera.jpg" alt="Jorge Boccanera" title="Jorge Boccanera" width="250" height="333" class="size-full wp-image-1176" /><p class="wp-caption-text">Jorge Boccanera</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la poesía del español  Luis García Montero hablan los recovecos marchitos de la ciudad: una trama  urdida con fraseo coloquial susurrado donde reverberan imágenes contundentes  del desamparo. Nacido en Granada en 1958; Montero dice trabajar una línea poética  en permanente dialogo con la tradición en su sentido más abierto, desde lo clásicos  hasta los vanguardistas y voces recientes. Y se explaya sobre su coterráneo  García Lorca: “Me eduqué a su sombra, fue mi primer referente, pero Lorca es  muy lorqueano y uno debe buscar su voz personal”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><div id="attachment_1465" class="wp-caption alignleft" style="width: 260px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/01/luis-garcia-montero.jpg" alt="Luis García Montero" title="Luis García Montero" width="250" height="188" class="size-full wp-image-1465" /><p class="wp-caption-text">Luis García Montero</p></div>“Mi  voz –explica- va de Garcilaso de la Vega y San Juan de la Cruz a poetas más  recientes como el español Ángel González, el mexicano José E. Pacheco o el  argentino Juan Gelman, y con una especial inclinación a una tradición de poesía  moral”<br />
En esta tradición  identifica poetas en los que coexisten decisiones morales con una opción de  lenguaje: “Machado, Vallejo, Cernuda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Autor entre otros  libros de “El jardín extranjero” (1983), “Diario cómplice” (1987), “Habitaciones  separadas” (1994) y el recién salido del horno “Vista cansada”, García Montero,  recibió el Premio Nacional de Literatura y el Premio Nacional de la Crítica.<br />
Su lirismo, urdido con  el sentimiento de seres y objetos del entorno familiar, dibuja un telón de  fondo: esa aldea de luces titilantes que flota en un aire espesado de bruma. La  voz del poeta interroga los recovecos de la cotidianidad en voz baja, pero  piensa en voz alta en versos que con aires de aforismo se recortan del texto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobre el predominio de  un tono de epístola, confesiones y charla íntima, señala: “En España lo  coloquial fue un intento de hacer una poesía urbana en una poesía marcada por  tradiciones campesinas, y en ese sentido mi poesía intenta elaborar de la  manera más rigurosa posible el lenguaje de todos”. <br />
Agrega que: “Esto parte  de una decisión política. Soy buen lector de vanguardia, pero cuando empecé a  fabricar mi mundo tomé algunas decisiones. Vivimos en un tiempo que liquida los  espacios públicos, por ello intento construir un poema como un espacio público  donde la conciencia individual trate el lenguaje que es de todos”.<br />
Considera a la poesía:  “Como un ejercicio de conocimiento moral de las relaciones del individuo con la  realidad; y el tono de música meditativa, de tono de pensamiento, se adapta al  tono de las palabras que se dicen dos cuando toman la última copa y se  sinceran; en esa medida me ha interesado el lenguaje coloquial”. <br />
Este poeta español con  llegada al lector –su libro “Completamente viernes” lleva 8 ediciones- añade: “No  podemos pretender que el lector se interese por la poesía si la poesía no se  interesa por el lector. Hemos caído muchas veces los poetas en la tentación de  escribir para poetas, con un lenguaje poético muy encerrado en sí mismo que  huele a una casa cuando tiene las ventanas cerradas”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Crítico de la ciudad  como espacio de alienación, el poeta, heredero de García Lorca y lector de “Un  poeta en Nueva York”, desde muy joven percibió aspectos “negativos” de la  ciudad moderna: “Aprendí a ver aquello que decía Baudelaire, de que una  multitud es un conjunto de soledades”. <br />
“Las  multitudes -agrega-no tienen un dialogo colectivo, una ilusión colectiva, son  una aglomeración de soledades individuales; ésa manera de desarrollismo  amparado en la soledad mas calvinista, me aterra”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobre las recurrencias  de su poesía -la “sombra” y la “luz”- se explaya: “Lo que distingue a la poesía  es la capacidad de matizar porque pide tiempo para pensar. Vivimos un tiempo de  prisa, todos con la lengua afuera sin tiempo para pensar lo que se dice. Por  eso la mirada del poeta se pone al otro lado”.<br />
En ello basa el interés  por la sombra y toda la simbología que de ella se desprende: lo que queda al  otro lado, ese reverso que sale a dar la cara y que García Montero vincula a la  capacidad de matizar inherente a la poesía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por su parte la luz,  expresa, tiene que ver con la lucidez: “Tal vez la tarea del poeta ahora sea la  reivindicación de la conciencia individual y el lenguaje como espacio público,  en una época que liquida las conciencias”, dice antes de entrar de lleno al  tema político. <br />
“La  manera más efectiva de romper los espacios públicos -y a eso se dedica el  neoliberalismo- no es solo romper las plazas, sino liquidar la conciencia  privada, porque en la medida en que se liquidan las conciencias individuales no  es posible un dialogo publico”. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un verso del español: “vivir  es ir doblando las banderas”, dispara una serie de reflexiones: “Tuve una  militancia política antifranquista, me movía en la cultura del partido  comunista, pero con las contradicciones del socialismo real comprendí que la  lucha que estaba haciendo no tenía nada que ver con la situación de los países  stalinistas”. <br />
Otro momento de crisis  fue 1986, cuando un referéndum sobre la OTAN decidió la salida de España de la  Alianza Atlántica; reivindicación votada por el 75 por ciento que el del  Partido Socialista cambió una vez arribado al poder: “Ví cómo con el control de  los medios y con una campaña feroz de los medios de comunicación pública, en 15  días se le cambio la opinión al país”.<br />
Y concluye: “Rechacé  el dogmatismo comunista defendiendo ideas de izquierda y, sobretodo, la  necesidad de una democracia que creía podía solucionarlo todo. Pero descubrí  que los enemigos de la libertad de pensamiento no eran solo los viejos  totalitarismos, sino que iban a estar dentro de una democracia degradada”. <br />
“Pensé  en echar los sueños de mi casa, renunciar a la política, pero me aterré: los  que renuncian a los sueños acaban convirtiéndose en cínicos. Así, tuve que  llegar a un pacto con mis sueños. Cuando me pongo cínico mis sueños me vigilan,  y cuando mis sueños se convierten en ingenuos los vigilo yo a ellos”</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p><object width="640" height="505"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/1w7_FuLnPh8&#038;fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/1w7_FuLnPh8&#038;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" width="640" height="505" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
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		<title>Eduardo Lizalde</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Jan 2010 02:10:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Oscar Wong escribe sobre este gran escritor mexicano, sin duda una de las voces mayores de habla hispana. &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; VENTAS Comprar estos libros. &#160; &#160; &#160;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/01/eduardo-lizalde.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/01/eduardo-lizalde-75x100.jpg" alt="Eduardo Lizalde" title="Eduardo Lizalde" width="75" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1460" /></a>Oscar Wong escribe sobre este gran escritor mexicano, sin duda una de las voces mayores de habla hispana.</p>
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<p><span id="more-1486"></span></p>
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<div id="attachment_1460" class="wp-caption aligncenter" style="width: 260px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/01/eduardo-lizalde.jpg" alt="Eduardo Lizalde" title="Eduardo Lizalde" width="250" height="333" class="size-full wp-image-1460" /><p class="wp-caption-text">Eduardo Lizalde</p></div>
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<p><center><div class="wp-caption alignleft" style="width: 104px"><a href="http://lh5.ggpht.com/_4aPRO7h6S3o/Svs7FTPQImI/AAAAAAAAAQA/7Kfky5sbfG0/s800/azor-lizalde.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img alt="Eduardo Lizalde" src="http://lh5.ggpht.com/_4aPRO7h6S3o/Svs7FTPQImI/AAAAAAAAAQA/7Kfky5sbfG0/s144/azor-lizalde.jpg" title="Baja traición. Crestomatía de poemas traducidos" width="94" height="144" /></a><p class="wp-caption-text">Baja traición</p></div>&nbsp;<div class="wp-caption alignright" style="width: 104px"><a href="http://lh3.ggpht.com/_4aPRO7h6S3o/Svs7Fs8VJ_I/AAAAAAAAAQE/4ClbfapoGUA/s800/azor-lizalde-antologia.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img alt="Eduardo Lizalde" src="http://lh3.ggpht.com/_4aPRO7h6S3o/Svs7Fs8VJ_I/AAAAAAAAAQE/4ClbfapoGUA/s144/azor-lizalde-antologia.jpg" title="Antología 1966-2007" width="94" height="144" /></a><p class="wp-caption-text">Antología 1966-2007</p></div></p>
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<p><strong>VENTAS</strong></p>
<p><a href="http://www.laotrarevista.com/Scripts/contacto/suscripciones.htm" target="_blank" title="Pagar mediante PayPal"><img src="http://www.lacabraediciones.com/wp-content/uploads/2009/10/pay.jpg"  alt="PayPal" rel="lightbox[roadtrip]"></a><br />
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<p><object id="doc_750508789063885" name="doc_750508789063885" height="600" width="600" type="application/x-shockwave-flash" data="http://d1.scribdassets.com/ScribdViewer.swf" style="outline:none;" ><param name="movie" value="http://d1.scribdassets.com/ScribdViewer.swf"><param name="wmode" value="opaque"><param name="bgcolor" value="#ffffff"><param name="allowFullScreen" value="true"><param name="allowScriptAccess" value="always"><param name="FlashVars" value="document_id=25288232&#038;access_key=key-hwdhlb8qvy9epr9s1io&#038;page=1&#038;viewMode=list"></object></p>
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		<title>Paco Prieto</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Jan 2010 01:48:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El periodista Imanol Caneyada entrevista a Prieto, autor de la novela “Crímenes en el crepúsculo”, quien afirma de entrada: “Las palabras en México no tienen consecuencias. Cuando se dicen unas cosas y se hacen las contrarias, el cuerpo social acaba &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2010/01/paco-prieto/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/01/paco-prieto.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/01/paco-prieto-73x100.jpg" alt="Paco Prieto" title="Paco Prieto" width="73" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1467" /></a>El periodista Imanol Caneyada entrevista a Prieto, autor de la novela “Crímenes en el crepúsculo”, quien afirma de entrada: <em>“Las palabras en México no tienen consecuencias. Cuando se dicen unas cosas y se hacen las contrarias, el cuerpo social acaba envenenado.” </em></p>
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<p><span id="more-1485"></span></p>
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<p><strong>Entrevista  con el autor de “Crímenes en el crepúsculo”</strong></p>
<p>Una sociedad sin palabra, una sociedad canalla</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Las  palabras en México no tienen consecuencias. Cuando se dicen unas cosas y se  hacen las contrarias, el cuerpo social acaba envenenado: </em>Francisco Prieto<strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Por Imanol Caneyada</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_1426" class="wp-caption alignnone" style="width: 260px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/12/imanol-caneyada.jpg" alt="" title="imanol--caneyada" width="250" height="329" class="size-full wp-image-1426" /><p class="wp-caption-text">Imanol Caneyada</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si fuera un personaje de novela decimonónica,  lo describirían como rubicundo. Tiene alma de jainista aunque se declara un  escritor católico que brega con las paradojas y contradicciones de la fe desde  su literatura y desde el mundo. Francisco Prieto es uno de esos extraños  novelistas a los que les importa más la congruencia estética y ética que el  reconocimiento, el aplauso y la fama. Nunca le rehuye a una buena charla que  acostumbra a enriquecer con un caudal de conocimientos abrumador. Camina como  un pastor por el Pirineo, como si siembre hubiera una oveja descarriada a la  que perseguir. Todavía, después de más de tres décadas, acude a su cátedra en la Universidad   Iberoamericana y viene de presentar su más reciente novela,  “Crímenes en el crepúsculo (Editorial JUS, 2009), en la FIL de Guadalajara, en donde  se dan cita todos los que tienen un nombre en este mundo de letras y vanidades.  Pero alguien como Paco, que tiene dejes ibéricos en su acento por ilustre  ascendencia, puede pasar la prueba de las adoraciones con su alma de asceta y  salir indemne, consciente de que su literatura no vende diez millones de  ejemplares, que su literatura es, más que todo, la posibilidad de una ingrata  búsqueda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><div id="attachment_1467" class="wp-caption alignleft" style="width: 260px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/01/paco-prieto.jpg" alt="Paco Prieto" title="Paco Prieto" width="250" height="340" class="size-full wp-image-1467" /><p class="wp-caption-text">Paco Prieto</p></div><strong>Acaba  de presentar su más reciente novela &quot;Crímenes en el crepúsculo&quot;  (editorial JUS, 2009) en la FIL  de Guadalajara. Los honores los hizo Vicente Leñero quien, al igual que usted,  se identifica como un escritor católico. ¿Qué significa en el México del siglo  XXI ser un novelista católico en la tradición de Graham Greene o François  Mauriac?<br />
</strong>Te busqué porque ya te había encontrado, escribió  Pascal. Cuando era un joven en Francia luché contra la presencia de la fe.  Quería deshacerme de ella, luchar contra lo que hicieron conmigo el círculo de  familia, los sacerdotes, etc. Un día, muchos años más tarde experimenté el  vacío pero no quise reencontrarme con Dios como lo haría un derrotado. Así  hasta que descubrí que Cristo era un derrotado en su naturaleza humana que  increpaba al Padre y en el Padre reconocía su pequeñez y su grandeza y que por  ello mismo en ese diálogo su existencia tenía sentido. Cristo, en la Cruz, se dio cuenta de que  había sido feliz. Me fui dando cuenta que mi fe no dañaba a nadie, que no podía  ni se debía tratar de imponerla a nadie, sino vivirla y hacer mi ruta desde  ella. Creo que mi agonía –en el sentido unamuniano– es chiquita si la  comparamos con la de la inmensa mayoría de los más humildes de este país. Murieron  más de depresión que en los combates en el lejano siglo XVI: habían perdido sus  señas de identidad. La independencia quiso quitarles su lengua y casi lo logró,  la Revolución,  en su nombre, los redujo de la manera más cínica: las palabras por un lado, los  hechos por otro. Creo que asumirse católico es estar vinculado con ellos:  compartir, desde la presencia inexorable y cotidiana de la muerte, la  esperanza; vivir comprendiendo el camino de la Cruz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>En la  nación guadalupana, en uno de los países más creyentes del mundo, curiosamente,  el canon de escritores católicos es escaso o, por lo menos, poco difundido.  Como si la tradición literaria mexicana los excluyera. ¿A qué se debe?<br />
</strong>De hecho, los católicos escritores de México, que no  son pocos a diferencia del resto de Iberoamérica, como me hacía notar un buen  amigo, Kart Kohut, estudioso de las literaturas de por acá, escriben, en  general, como si no lo fueran, como si vivieran en Europa en la    Edad Media y buena parte del Renacimiento,  cuando todos los eran. Yo no entiendo cómo se puede vivir desde la fe y  escribir una literatura que no esté en guerra con el mundo en el que nos  encontramos, que no enfrente el mal o se realice como si el mal no existiera o  fuera cosa de poca monta. Hay, sin embargo, escritores en México de mi tribu:  Rafael Bernal, del que no se hablaba en vida, Vicente Leñero, Jorge Portilla,  que murió hace dos años en el silencio de los medios a pesar de haber publicado  en Joaquín Mortiz en los buenos tiempos de don Joaquín Díez-Canedo; Ignacio  Solares y Javier Sicilia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Volviendo  un poco a la FIL  y al oficio del novelista; cada vez es más frecuente escuchar y leer  señalamientos que apuntan a que la   Feria se ha convertido en una insoportable pasarela de  vanidades de las vacas sagradas de las letras. Usted, un escritor de  extraordinaria modestia y sentido humanos, ¿qué percepción tiene al respecto?  ¿Cuá ha sido su experiencia? ¿Se ha convertido el novelista en una vedette  mediática?<br />
</strong>Fui a la   FIL  porque busco a  aquellos, no importa que sean pocos, que pueden hallar motivos de encuentro en  mis libros, de aliviar su soledad, de entrar en guerra conmigo. En esta ocasión  lo más hermoso fue hallar personas que en Guadalajara y en pueblitos cercanos a  Guadalajara escuchan por radio mi programa “Huellas de la Historia” y que llenaron  el salón. Una de esas personas, de Tlaquepaque, pintó un cuadro que me regaló y  es una bella pintura. Esas personas no me habían leído y compraron dos o tres  de mis libros. Del medio literario estuvo Alberto Ruy Sánchez. En cuanto a los  presentadores, Vicente Leñero no pudo presentar el libro por causas de fuerza  mayor pero lo hizo Felipe Garrido, que no es creyente y que entendió mi novela  con no pocos matices y hallazgos que fueron una revelación para mí ya que soy  de esa raza de escritores febril, instintiva… No puedo negar que soy un lector  de Pío Baroja, que fue mi gran compañero en la adolescencia y que lo sigue  siendo y que, por cierto, no era creyente. Di entrevistas, pocas, a medios de  Guadalajara. La FIL  le hace sentir a uno, en esa inmensidad de libros, que uno es como la Tierra en la vía láctea, un  puntito, y que vale más escribir porque es para uno una necesidad, porque no se  sabría vivir de otro modo, porque hacer novelas es un modo de poder vivir a  sabor la cotidianidad   so pena de perder las alegrías de vivir  procurando ser una “star”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Sigamos  con las paradojas. En uno de los países con menor índice de lectura se organiza  una de las ferias literarias más importantes del mundo hispanohablante. ¿Cómo,  entonces, beneficia un evento de esta magnitud a la gente? ¿Es ingenuo pensar que  la lectura es promovible, contagiable?<br />
</strong>En México impera la paradoja. Si La Rochefoucauld dijo  que hay personas que no se habrían enamorado si nadie les hubiese hablado del  amor, no tiene por qué extrañarnos que se vaya a la FIL sin ser lector, que se compren  libros para adornar paredes, etc. México ha sido una nación firmadora de  grandes y benéficos protocolos –de paz y antinucleares, en pro de las personas  con discapacidad, etc.-, que luego no se cumplen o se cumplen a medias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Su más  reciente producción literaria, &quot;Crimenes en el crepúsculo&quot; es una  novela a tres voces que aborda un delito que en México está a la alza: el  secuestro. Una novela trepidante que nos ubica en el centro de una práctica  execrable, humillante, atroz. ¿En qué clase de sociedad nos hemos convertido?</strong><br />
Una sociedad que no es fiel a la palabra  empeñada da lugar a las mayores canalladas. Dijo una vez Unamuno que si no nos  peleáramos por las palabras, ¿por qué nos íbamos a pelear? Pero las palabras en  México no tienen consecuencias. Cuando se dicen unas cosas y se hacen las  contrarias, el cuerpo social acaba envenenado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Uno de  los personajes es un policía. La complicidad, la corrupción y la impunidad con  la que actúan en la vida real se ha convertido en el problema principal del  crimen organizado: ¿Cuál es la perspectiva de la novela al respecto?<br />
</strong>La tercera voz de la novela es la de un ex jesuita,  desengañado de casi todo, que se ha vuelto un espectador del mundo y un  reportero de policía que observa la descomposición del mundo, un hombre un poco  al modo de Cioran o de Montaigne, pero que no ha perdido la capacidad de  impregnarse de los otros, la voluntad de comprender, que nunca “pecará” contra  el espíritu. Alguna vez escribió Baroja a través de uno de sus personales, creo  que de la trilogía “Agonías de nuestro tiempo”, que el jesuita, en el fondo, no  tiene el propósito siempre de cambiar el mundo, pero siempre de hacerlo menos  hediondo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La  literatura, en principio, no tiene por qué darnos lecciones de moral ni  proponer soluciones ni salvar el mundo. ¿Cómo hace un narrador para no caer en  esto cuando aborda un tema como el de &quot;Crímenes en el crepúsculo&quot;?<br />
</strong>No soy ni he sido un novelista de tesis. En todo caso  un moralista al modo en que lo entienden los franceses, en cuyo caso Gide o  Mauriac son moralistas. Lo decisivo son los temas que se tratan, ir a fondo en  lo que se trata, entender a los seres humanos que viven en la novela y a través  de los cuales vive el autor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Alguna  vez leí, no recuerdo quién lo señalaba, que la buena literatura está publicándose  en editoriales independientes como JUS o Almadía. Usted ha publicado con una  trasnacional como Planeta y ahora con una casa modesta en cuanto a sus alcances  comerciales. ¿Platíquenos de su experiencia en ese sentido?<br />
</strong>He publicado, en efecto, en Planeta a través de  Joaquín Mortiz. La editorial Joaquín Mortiz, antes de ser comprada por Planeta,  cuando su fundador vivía, publicó mi primera novela – y luego otras- cuando no  le publicaba a muchos que ahora publican en Planeta, Alfaguara, Grijalbo-Mondadori…  La literatura que hago, que es la que sé hacer, no interesa a esas  transnacionales, lo que yo hago no es lo que buscan pero si haces lo que tienes  que hacer y no les gusta, sigue haciendo lo que tienes que hacer. Hay que pagar  un precio y  vale la pena porque la vida  está en otra parte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Por  último, ¿qué sigue? ¿Qué proyectos, qué retos, qué búsquedas?</strong><br />
Ahora mismo pienso en el reencuentro de  personas que a causa de movimientos sociales, habiéndose querido, ven venir la  muerte cortados de aquellas con las que hubiera podido contar otra historia. Es  un punto de partida en este momento y nada más.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Joaquím Feio</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Jan 2010 01:42:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Poeta portugués, nacido en Lisboa, dedica este poema largo a Juan Rulfo. &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; JOAQUIM FEIO &#160; &#160; -Transcripción de un llanto- &#160; Homenaje a Juan Rulfo &#160; &#160;    &#8230; “Anoche                          &#8230;.nada sobró de &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2010/01/joaquim-feio/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/01/joaquim-feio.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/01/joaquim-feio-99x100.jpg" alt="Joaquim Feio" title="Joaquim Feio" width="99" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1461" /></a>Poeta portugués, nacido en Lisboa, dedica este poema largo a Juan Rulfo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-1484"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>JOAQUIM FEIO</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/01/joaquim-feio.jpg" alt="Joaquim Feio" title="Joaquim Feio" width="250" height="252" class="alignnone size-full wp-image-1461" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">-<em>Transcripción de un llanto</em>-</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right"><em>Homenaje a Juan Rulfo</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>   &#8230; “Anoche<br />
                         &#8230;.nada sobró de las  últimas cosechas&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nos hace falta todo  y la nostalgia de los días venturosos.<br />
Al rato, no hay más  imperios. Quizá los juicios de Dios y sus fuerzas —terribles— devoraron todo.  No nos quedó nada. Sólo aguas.</p>
<p><em>Malditas aguas.</em></p>
<p>Ya lo decían los  zahoríes: “<em>por mil aguas llegará la  perdición</em>”.</p>
<p>Y el agua ciega que  caía siempre sobre nosotros. Y toda la noche:</p>
<p>Anoche nada sobró  de las últimas cosechas.</p>
<p>Ya no se puede  creer que vamos a hacer algo más que ésto:<br />
llorar los muertos  y ensimismarnos por el hambre<br />
que nos anuncía la  muerte. Es el destino de los hijos de los hijos<br />
de los hijos de los  hijos de todo el hombre y de toda la mujer.</p>
<p><em>Malditas aguas.</em></p>
<p>Nos hace falta todo  y la nostalgia de los días venturosos.</p>
<p>Todavía, no es el  infierno: Aquí, Dios está presente en Sus castigos<br />
y Él alumbra lo que  ahora son nuestras escombreras.</p>
<p>Tenemos que volver  a pecar. ¡Quién tendrá que actuar —todavía—, que lo haga!</p>
<p>Muchos saldrán por  las fosas comunes a buscar los suyos.<br />
Ahora nadie busca  el pan. —<em>No hay pan</em> —. ¡Ya se verá  qué hacer!              <br />
 <br />
El gran viento  llegará barriendo, entonces, los últimos hilos <br />
que prenden las almas a los cuerpos en ésta sazón de miedos. DIOS: DIOS: <br />
el DIOS de nuestros  padres y de los padres de nuestros padres y de los padres de los abuelos de  nuestros abuelos —Tú, <em>desde Tus moradas </em>—  muéstranos los veneros de la esperanza.</p>
<p>—Sí la hay—. O <em>Tus</em> <em>alturas  y misterios</em>. —Sí los hay—.</p>
<p><em>¡Ten piedad!</em></p>
<p>Sólo el silencio <em>Te</em> provoca piedad. Pero ya está aquí:<br />
Es un silencio  expiatorio e inmenso.</p>
<p>Al diantre también  le gusta el silencio: por éso nada es fácil.<br />
Hay quien crea que  el diantre es una sombra <em>Tuya</em>. Una  sombra.<br />
Una sombra de <em>DIOS</em>   o la puerta falsa de la creación.</p>
<p>Sí: hay criaturas,  hay <em>Un Creador</em>: El de los antiguos  profetas;<br />
el de las criaturas  que no tienen nada que decir; el de las aves,<br />
el de los paganos,  el de los soldados, el de las princesas, <br />
el de los  príncipes, </p>
<p>el de los mortales</p>
<p>y de otros juglares  de calidades mórbidas o —si por azar<br />
lo supiéramos  mejor—, estoicas o dudosas de una cualquier gloria.</p>
<p><em>Malditas aguas.</em></p>
<p>Malditas aguas que  nos quitaron todo <br />
o nos dieran la  medida de las cosas.</p>
<p>Hijos del hombre, <em>deuteragonistas</em> de <em>Un Creador</em> que todo lo quiere<br />
y que todo lo hace  y está: <br />
Sólo. <br />
O está esperando  por un reto<br />
mayor que todas las  eternidades donde quizá (también) </p>
<p>se desespera como  nosotros: <br />
los mortales.<br />
 <br />
<em>Malditas aguas: Malditas aguas: Malditas aguas</em>.</p>
<p>Pero anoche, anoche  el palomar se quedó sin palomas <br />
y las albercas fueron domeñadas por trasnochadas aguas. </p>
<p>Anoche: Anoche:  Anoche nada sobró de las últimas cosechas.</p>
<p>Desposeídos de los  frutos de la tierra y del trabajo, nos quejamos,<br />
nos rebelamos como  los otros: los <em>alicaídos</em> ángeles.</p>
<p>Pero <em>no somos ángeles. No somos ángeles&#8230; </em><em>No somos nada.</em></p>
<p>Somos esta u otra  voz empalagada: buhoneros desplomados<br />
en la palabra y en  la necedad de los días. Buhoneros desolados por <em>Dios</em>:  </p>
<p>Anoche una tea  apestaba en su humo las casas donde, recoletos, inmóviles, Lo llamábamos.</p>
<p><em>Y Su silencio nos desplomaba.</em><br />
<em>Y Su silencio nos hacía temer lo peor.</em><br />
<em>Y Su silencio nos fascinaba.</em></p>
<p>Anoche las madres  no arrullaron sus hijos.</p>
<p>Y esta u otra de  las interminables parábolas (con que <em>Él</em> nos enseña)<br />
balbucea un  indefinido y miliar regazo: <em>Él</em> es una  madre, también,<br />
amén de Padre. </p>
<p>Ahora los hermanos  quieren ayudar a los hermanos y a los hijos de sus hermanos que buscan también  las mujeres y los hijos de sus hermanos para decírles: No hay nada: Hay que  acotar la NADA<strong>. </strong></p>
<p>Hay que decirle a  Caín que en Abel no había envidia. </p>
<p>Y la envidia es el  cántico sin voz de una música terrible <br />
de azabache y de  horror. Y la envidia acaricia el mal. <br />
Y el Mal es lo que  nos sofoca:</p>
<p>PARA SIEMPRE. Y ”<em>para siempre</em>” no es la eternidad —es un  veneno,<br />
un disfraz de lo  que sin palabras decide si hay que escuchar los truchimanes o diezmar los pocos  alientos donde queda la intensidad de los mitos—. Y<em>la envidia que acaricia el mal</em>.<br />
Y <em>la cortedad de tantos nos mata. </em>No  estamos muertos. Pero, hambrientos y carecidos de un halago, sí. <br />
 <br />
Y&#8230; evitemos las  tramoyas de unos pajarracos que hablan <br />
siempre y siempre  usando&#8230; aquellas lenguas ya muertas&#8230;”</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Joaquim Feio</strong>, nació en Lisboa, en 1952. Colaboró en su juventud en suplementos  literarios juveniles de sendos periódicos de la capital portuguesa. Tras  terminar sus estudios en Economia, se trasladó a Coimbra, donde es profesor de  Economía y Relaciones Internacionales en la Universidad de Coimbra. En  distintos períodos ha vivido en el exterior; más detenidamente en Italia. En  2003 publicó una primera entrega poetica –<em>Two  Poetical Tracts</em> <em>&amp; a Post-Scriptum</em>-  y, en 2008, una segunda entrega –<em>Sundry  Poems Collected as Poetical Tacts 3 &amp; 4</em>- y <em>Volare – Prosas Breves</em> (“cuatro monólogos, cinco cuentos, dos  textos de un autor inédito, todavía un gran lector”). Colaboraciones suyas serán  editadas proximamente en publicaciones culturales portuguesas, así como una  tercera entrega poetica y una nueva obra de ficción en 2010.
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		<title>Poesía de Salvador Puig</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Jan 2010 01:37:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Alfredo Fressia lo presenta así: “El 3 de marzo de 2009 falleció en Montevideo uno de los grandes poetas uruguayos. Relativamente poco conocido fuera de las fronteras de su país, Salvador Puig es sin embargo de los poetas del Continente &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2010/01/poesia-de-salvador-puig/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/12/fressia-alfredo-manos.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/12/fressia-alfredo-manos-75x100.jpg" alt="Alfredo Fressia" title="Alfredo Fressia" width="75" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1425" /></a>Alfredo Fressia lo presenta así: <em>“El 3 de marzo de 2009 falleció en Montevideo uno de los grandes poetas uruguayos. Relativamente poco conocido fuera de las fronteras de su país, Salvador Puig es sin embargo de los poetas del Continente que no pasarán inadvertidos.” </em></p>
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<p><span id="more-1483"></span></p>
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<div id="attachment_227" class="wp-caption aligncenter" style="width: 260px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/fressia-alfredo-22d3a.jpg" alt="" title="Alfredo Fressia" width="250" height="333" class="size-full wp-image-227" /><p class="wp-caption-text">Alfredo Fressia</p></div>
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<p><object id="doc_269978921799876" name="doc_269978921799876" height="600" width="600" type="application/x-shockwave-flash" data="http://d1.scribdassets.com/ScribdViewer.swf" style="outline:none;" ><param name="movie" value="http://d1.scribdassets.com/ScribdViewer.swf"><param name="wmode" value="opaque"><param name="bgcolor" value="#ffffff"><param name="allowFullScreen" value="true"><param name="allowScriptAccess" value="always"><param name="FlashVars" value="document_id=25287901&#038;access_key=key-110fyu6cj8p9zgc8b5vj&#038;page=1&#038;viewMode=list"></object></p>
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		<title>Jotamario Arbeláez</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Jan 2010 01:30:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Con mucho humor y un buen manejo del lenguaje, el colombiano Arbeláez nos obsequia dos relatos divertidos e ingeniosos. &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; Mi amigo el fetichista Jotamario Arbeláez &#160; Al fondo del Pasaje Sardi, en la carrera &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2010/01/jotamario-arbelaez/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/01/jotamario-arbelaez.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/01/jotamario-arbelaez-84x100.jpg" alt="Jotamario Arbeláez" title="Jotamario Arbeláez" width="84" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1464" /></a>Con mucho humor y un buen manejo del lenguaje, el colombiano Arbeláez nos obsequia dos relatos divertidos e ingeniosos.</p>
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<p><span id="more-1482"></span></p>
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<p align="center"><strong>Mi amigo el fetichista </strong></p>
<p align="center"><strong>Jotamario Arbeláez</strong></p>
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<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/01/jotamario-arbelaez.jpg" alt="Jotamario Arbeláez" title="Jotamario Arbeláez" width="250" height="295" class="alignleft size-full wp-image-1464" />Al fondo del Pasaje  Sardi, en la carrera quinta entre 20 y 21, en San Nicolás, vivía la familia  Pérsico, compuesta por los padres, una niña con ricitos de oro, Álvaro, mi  condiscípulo en la escuela, Jorge y Humberto. Éste se las tiraba de brujo  cuando jugaba con nosotros, los de la barra de la 20, a la ruleta o a los  dados, apostando con billetes de papel de cajetillas de cigarrillos dobladas  por los ribetes y con distintos valores, según la marca. Siempre terminaba  ganando y, arruinados, los contumaces apostadores nos resignábamos a seguir  recorriendo el centro de la ciudad para recoger nuevas cajetillas vacías que  nos permitieran continuar con el juego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>            Atesoraba en cajas de cartón de electrodomésticos su fortuna  ilusoria, y a veces se daba el lujo aberrante, en la soledad de su cuarto, de  nadar en medio de todo ese billeterío, lo que le producía ronchas en la  barriga. Él se encargaba de tasar el valor de cada etiqueta: el Pielroja  marcaba veinte pesos; Pierrot, cincuenta; Lucky y Camel’s cien cada uno;  doscientos el Viceroy. Y si uno encontraba alguna cajetilla de un cigarrillo  exótico arrojada a la calle por algún extranjero, que debería valer mil por no  circular en nuestro mercado, el envidioso financista se apresuraba a devaluarla  tasándola en treinta pesos, hasta captarla, que era cuando recuperaba el  fabuloso valor prefijado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fue  el primero que me propuso que, si quería hacer un pacto con el diablo, él me  serviría de vocero, pues había conseguido un libraco con todos los secretos de  la magia negra abreviados, Opalsky el Mago. Así, podría ganar en todos los  juegos, incluso siendo él el tallador del garito y con plata de verdad y  quebrar la banca. Pasar todos los exámenes en el colegio sin necesidad de estudiar.  Conseguir a todas las viejas por las que se me enderezara el palito. Viajar por  el mundo y palpar el sabor de la saliva en varios idiomas. Y sobre todo tener  un perfil agraciado. Aunque por esa época ya tenía fama de descreído y  atravesado pegué a correr, y en la severa iglesia de San Nicolás le puse la  queja al padre Lamberto Muermann, quien llegó provisto de su hisopo y su balde  de agua bendita a rociar al maldito tentador del barrio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Supongo  que me perdonó el haberlo convertido en víctima de exorcismo, porque pasados  los años volví a verlo por los alrededores del Teatro Colombia, al pie de unos  afiches de la película Trapecio, y por Dios que la mota de su pelo era igualita  a la de Tony Curtis, en tanto que la mía trataba de aproximarse a  la de Elvis Presley. Me saludó con una  sonrisa cómplice y me preguntó cómo iba mi vida galante, que la suya era  superlativa, aunque había tenido que suspender el meneo por la luxación de una  vértebra, que si ya había leído <em>Cáncer</em>,  de Miller, y al escuchar mi respuesta ignorante del autor y del título me dijo  que me encontraba con varios siglos de retraso en literatura y que así cómo  aspiraba a ser escritor. Para no dejarme corchar le dijo que estaba involucrado  con el Marqués de Sade y el Conde de Lautréamont, de los que tenía somera  noticia por un diccionario de citas, y que para mi refocilar disponía de tres  amigas cercanas, estudiantes de enfermería, cada una de las cuales me prestaba  uno de los tres empíricos primeros auxilios sexuales. Todo ello producto de su  admiración por mi mota. Él se arregló la suya a lo Rory Calhoun y noté que me  miraba con un toque de lástima. Llevaba entre las manos un catálogo empastado  en cuero de zapatos femeninos de las mejores marcas y diseños -semejante  pecuecudo-, firmas de las que me dijo fungía de   exclusivo representante en el área andina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Caminamos  a lo largo de la avenida Colombia aspirando el aroma de los árboles y el hedor  del río y, a la altura del puente España, mientras yo le iba explicando que me  había decidido por ser un obseso del sexo extremo, porque me sentía llamado a  convertirme en un escritor superpornográfico como el autor de <em>El amante de Lady Chatterley</em>, él  sonreironizaba diciéndome: “El sexo es praxis, hermanito, no la monotonía del  pensamiento rijoso. Además, D.H. en el sexo es un mojigato.” Y me planteó que  si ese era en realidad mi ignominioso propósito debería más bien frecuentar a  Steckel y el análisis de sus casos.  <br />
Me  confesó que había descubierto en él una parapatía congénita -“eso que vos  interpretarías como una aberración, cuando se trata de una bendición impartida  a mí ¡por dios Eros!”-. Consistía en que su desenfrenado erotismo tenía sólo  una fijación: las zapatillas femeninas. Eran el mejor y más deleitoso manjar  sexual, por encima de cualquier mujer. “Fíjate bien en el foso por donde entra  el empeine, mientras más puntudo mejor, sobre todo si además es tacón puntilla.  Aprieta las correhuelas. Palpa la suavidad del cuero interior. ¿Te imaginas el  roce continuado del bastón de mando? ¿Sobre todo sintiendo que sobre ese objeto  se alza esa estatua viviente que es la mujer, que toda la santa anoche estuvo  tirando paso en Fantasio?” Guardé silencio y se la di por ganada. Él si había  descubierto para qué servía el sexo, más allá del monótono rastrillar de unos  órganos en pistas de baile, vestidos, y desvestidos en piezas de alquiler  momentáneas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En  un momento en que el sol hizo cambio de luces vio que avanzaba por el andén de  Coltabaco una espigada morocha que apretaba su falda por los costados para impedir  que el viento de las cinco de la tarde se la levantara y permitiera a los  espabilados caminantes verla en calzones, que me adelanté a imaginar azules y  transparentes. Calzaba unos zapatos plataforma con recubierta de lona sin mayor  sex- appeal, para mi gusto, pero Humberto cruzó la avenida y se le enfrentó. Le  seguí a grandes zancadas. “Represento la empresa internacional El calzado de  las estrellas, de Puerto Rico, y soy el designado para descubrir modelos en uso  que puedan implementarse con algunos osados retoques en el mundo de la nueva  fantasía zapatillera.” Y procedió a llenar un formulario con sus datos  personales, y a ofrecerle calzado gratis de por vida si su modelo era escogido,  como él estaba seguro. “Permítame su par de zapatos, para hacerle unas fotos y  devolvérselo a su dirección en dos o tres días, con la noticia de la  aprobación.” Mientras tanto le ofrecía unas modestas baletas para que pudiera  llegar a su casa. “Y felicitaciones, Katerine.”</p>
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<p>A pesar de ser ya un narrador avezado, se me hizo  indescriptible el júbilo que recorrió las fibras de Pérsico cuando recibió de  la sorprendida gacela los zapatones que se apresuró a introducir en una bolsa  de lujo. Templó tolda instantáneamente. Los pelos se le esponjaron, la cara se  le puso roja como al borde del paroxismo, la espina dorsal se le dobló como la  de un gato al desperezarse, los piecitos brincaron uno tras otro en el mismo  punto; me invitó a tomar una Pilsen en el Tamanaco pero, incapaz de terminarla  y temiendo que confianzudos contertulios se nos acercaran y profanaran el  adorable envoltorio que había puesto sobre la mesa, se despidió de mí con un  abrazo tembleque, apretando los zapatos entre nuestros dos pechos, y saltó a un  taxi dando la dirección de su casa, en Bretaña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quedé viendo un chispero, debo decirlo. Me había hecho un  experto en las posiciones sexuales divulgadas por el <em>Kamasutra,</em> el <em>Ananga-Ranga</em> y <em>El Jardín perfumado</em>, libros  introducidos en Occidente por sir Richard Burton, más las caricias osadas que  aconsejan por igual el tantrismo y la revista Lui, pero no me había imaginado  que el erotismo tuviera cabida en algo que fuera más allá de los agujeros de la  pareja, y menos en objetos sexuales inanimados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Reventando de curiosidad, al otro día volví a pasar por  el hall del Teatro Colombia, donde presentaban El rock de la cárcel, con Elvis,  y me sentí orgulloso frente al afiche al cotejar nuestras motas. De pronto lo  vi, demacrado, y con las manos tremantes sobre su dichoso catálogo. Era un  sitio perfecto para asaltar a las distraídas cinéfilas y huir con sus botines.  Lo invité a terminar la cerveza, ya que todavía no había logrado engatusar el  prospecto del día, y a que me contara el desenlace de su requiebro. Pero él  prefirió convidarme a su pieza -en la casa de su familia, donde sólo quedaban  sus padres y él, ¡lástima que no estuviera ricitos de oro!-, si yo gastaba una  media de brandy. Nunca imaginé que me estaban invitando a una orgía perpetua,  en un harem de cuero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Saludé al señor y a la señora de Pérsico, quienes me reconocieron  al instante como el pichón de poeta que desanimaba con poesías de Julio Flórez  las fiestas de la madre en la escuela San Nicolás. Y proseguí a la recámara de  su vaguísimo vástago. Aparte de un camastro modesto en un rincón, y de una  pequeña biblioteca de precaria sensualidad, donde se destacaba tímidamente una  edición en rústica de <em>El infierno</em>, de  Barbusse, se distinguían tres pedestales de diferentes alturas, de esos sobre  los que se encaraman los premiados en juegos olímpicos a recibir sus medallas,  pero sobre éstos lo que había eran tres pares de zapatos de mujeres engañadas  de variados modelos; en el más bajo unos zapatos pom-pom promocionados por  Oscar Golden, en el siguiente unos mocasines de damasco rojo con sendas rosas  en el empeine y en el tercero el trofeo recabado ayer. Se notaban seriamente  estrujados, todos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me  presentó sus conquistas inanimadas, llevándolas a los labios, una por una. Me  dijo que tenía el privilegio de ser el primer mortal que pisaba su pecaminoso  sancta-sanctorum, gracias a mi empeño en convertirme en un homo eroticus. Debo  advertir que me hizo descalzar y dejar afuera mis botas empantanadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>“Te las vienes tirando de sexómano”, me dijo, sirviendo  el brandy en dos copas barrigonas que le alcanzó su mamá, “pero no tienes idea  de nada de nada. Crees que la sexualidad se limita al viejo mete-y-saca de <em>La naranja mecánica</em>. Ese jueguito  ingenuo es para la procreación, hijo mío. De la mujer son más excitantes sus  ropas que su mismo cuerpo. ¿Nunca te has vestido de mujer, por ventura? No  sabes de lo que te has perdido. Yo tampoco lo he hecho, porque mamá es de una  talla muy grande y además usa modelos muy serios, pero me lo han contado en el  club.” “¿En el club?”, osé preguntarle. “En el Club del Extrovertido, del que soy  primer secretario.  Cuando quieras te  recomiendo.” Recordé el día que se ofreció a presentarme al demonio para  negociar mi alma. Esta vez no salí corriendo porque me picó la curiosidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p> “¿Te gustan mis fetiches? Puedes contestarme con  sinceridad, pues no soy celoso. Por lo menos hasta ahora. Puedo cederte los  pom-pom, capturados a la entrada del Aristi, donde una niña hacía su entrada a  ver Muévete al compás del reloj. O los mocasines de damasco, a la entrada del  Colón, que fueron de una cantante que pretendía ser enganchada en el Club del  Clan. Perdóname que no te ofrezca los plataforma de Katerine. Estamos viviendo  un romance tórrido. Creo que esa relación va para largo, si no logro pronto  sustituirla por algo más excitante y sofisticado, como unos zapatones de cante  jondo.”</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A estas alturas del partido, y con tres brandys entre  pecho y espalda, no sabía qué pensar. A decir verdad, no me llamaba para nada  la atención la generosa oferta de mi amigote, de quien recordé que cuando  pequeños no le llamábamos solamente “el brujo” sino también “el loco”. No me  veía besando y acariciando e introduciéndome en tamaños sustitutos objetales,  aunque ya comenzaban a obsesionarme las novelas de Robbe-Grillet, esas donde  casi no hay personajes sino cosas que circulan con vida propia. Podría  lastimarme con una puntilla salida. Podría contraer hongos. Podría contagiarme  un juanete. Podría adquirir una pecueca venérea. No señor, a otro perro con ese  hueso. Decline con toda decencia la cortesía esquimal de mi amigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El brujo me hacía sentir como un célibe al no  manifestarle excitación alguna hacia sus fetiches. Más bien me llamó la  atención en su biblioteca, sibre la que recaí, ver que tenía el <em>Erótica Biblión</em>, de Mirabeau, <em>La novela de la lujuria</em>, de Anónimo, y <em>El tapiz del amor celeste</em>, de Li-Yun. Le  hablé de lo que cada uno de estos tomos había significado en la edificación de  mi concupiscencia, pero él me hizo señas de que hablaba de períodos ya  superados. Me tomé un último trago barrigoncito y le manifesté mi deseo de  marcharme. Él dijo que le permitiera dirigirse al baño por un apremio, llevando  consigo debajo del brazo su último par de levantes, no sin antes reiterarme que  todo ese ámbito personal era mío. Lo único que me advirtió fue que no tratara  de abrir el closet. Y fue lo primero que se me ocurrió cuando estuve solo. Lo  hice, y cayeron sobre mi humanidad no menos de un millar de pares de zapatillas  de mujer, de diferentes colores, formas y marcas. Múltiples taconazos en la  cabeza me martillaron hasta el desmayo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando desperté, el hombre me estaba rociando alcohol  sobre las narices y cacheteándome. Iracundo, me dijo que era hora de que me  fuera. Que sentía mucho que no hubiera estado a la altura de las  circunstancias. Que quien no tenía tacto nunca podría tener estilo. Que estaba  seguro de que nunca llegaría a ser un buen escritor, y mucho menos un buen  escritor erótico. Con este cuento, que no tiene ninguna pretensión de  retaliación o denuncia, trato de probarle que está equivocado.    </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/mondragon-sergio-22i1b.jpg" alt="" title="Jotamario Arbeláez" width="450" height="178" class="aligncenter size-full wp-image-232" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Fin de fiestas</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la primera página de <em>Aden Arabia</em>, apuntó Paul Nizan: <em>“Yo  tenía 20 años. No permitiré que nadie diga que es la edad más hermosa de la  vida”.</em> Hasta los 14 años yo también consideré que la Navidad era la época  más feliz del año. Las estrecheces monetarias se veían compensadas con el par  de zapatos y la camisa de rombos que uno siempre le envidió a la vitrina, más  la pistola de totes con la que comenzamos a acariciar la posibilidad de asustar  al  vecino rico. Sobre la inmensa mesa de  sastrería habilitábamos el lugar donde habría de celebrarse el sagrado misterio  de la natividad sobre la tierra. La sonrisa de los padres a la sombra del  pesebre y del árbol forrado de algodón de   hombreras de saco iluminaba la escena, más allá de la consideración de  que había que ahorrar para su dentista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para conseguir el musgo del pesebre nos  perdíamos mis hermanos y yo por las montañas con un canasto, y de orillas del  río Cali traíamos también en un tarro pececillos de colores para echar en la  ponchera con que simularíamos el Tiberíades. Con retazos sobrantes de los  vestidos que confeccionaba, hacía mi padre ruanas para los pastores y dignas  capas para los magos de Oriente. Para el árbol de Navidad, nos encaramábamos a  lo alto de un pino y le mochábamos la punta, con la cual salíamos a perdernos  antes de que nos cazaran los vigilantes de la propiedad privada. Lo vestíamos  lo mejor que podíamos. El árbol de Navidad ya de por sí era el regalo para  todos los de la casa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los pastores, ovejas y demás mansas bestias las  hacíamos de plastilina, cartón o corcho, en derroche imaginativo ya que no  teníamos nada más para derrochar. Todos los días movíamos, a la par con los  magos, los pastores y los rebaños para darnos la sensación de que era un  pesebre viviente. Las casas eran edificios de apartamentos que construíamos con  las cajas de zapatos de algún regalo, y en las ventanas pintábamos gentes en  trance de fiestas inverosímiles. Nuestros corazones palpitaban de gozo al  acercarnos para rezar la novena, mientras la abuela quemaba papeletas y  tronantes que a veces le explotaban en las manos sin ningún daño  lamentable.  El canto de los villancicos  era interpretado por todos los hermanos y primos y vecinillos en una apoteosis  de la inarmonía,  pero uno se consolaba  con la mirada cuajada de ternura de los mayores, como si nos estuvieran  escriturando el mejor de los mundos posibles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A los chicos nos mandaban a acostar antes de  las 12, para que no viéramos la figura modesta del Niño Dios portando nuestros  magros regalos, o para poder ellos regalarse con su buena cantidad de licor  adulterado recordando navidades pasadas cuando todavía estaban vivos los  muertos, o previendo navidades futuras donde ellos ya no estarían.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero la pascua navideña comenzó a perder todo  su prestigio con la entronización del   ateísmo en el corazón, que nos inculcaran los hermanos marxistas; con la  denuncia de que pesebre y árbol eran atentados contra la naturaleza como nos  enseñaran los ecólogos en ascenso y el descubrimiento de que el Niño Dios eran  los papás, como nos informó un vecinito; todo esto añadido a la lata de la  celebración en familia, donde no faltaron el padrino borracho y el vecino  politiquero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De los rituales cristianos preferí siempre la  Semana Santa, cuando el hombre Cristo comienza a padecer en carne propia los  sufrimientos que le iba a dejar por herencia a Colombia,  patria del INRI, de la flagelación y de la  corona de espinas, donde una guerrilla reinante fue capaz de acabar a través  del reclutamiento forzado con más niños que el rey Herodes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso en muchas casas como la mía se  comenzaba a escuchar, a partir de las primeras horas del 25, mientras se  desarmaba el persebre, sin atender a nuestras súplicas de que esperáramos hasta  el 6 de enero para ver si los reyes magos nos traían algún pequeño regalo  complementario, la famosa frase española que no sé por qué no figura en un  villancico: <em>“A la mierda los pastores, se acabó la Navidad”.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Emilio Coco</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Jan 2010 01:25:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Premio Principe de Asturias por su labor de difusión y traducción de la literatura iberoamaricana en Italia, Emilio Coco es además un gran poeta. &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; SEIS POEMAS DE EMILIO COCO &#160; &#160; &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2010/01/emilio-coco/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/01/coco-emilio-02.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/01/coco-emilio-02-75x100.jpg" alt="Emilio Coco" title="Emilio Coco" width="75" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1458" /></a>Premio Principe de Asturias por su labor de difusión y traducción de la literatura iberoamaricana en Italia, Emilio Coco es además un gran poeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-1481"></span></p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/01/coco-emilio.jpg" alt="Emilio Coco" title="Emilio Coco" width="300" height="318" class="aligncenter size-full wp-image-1457" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><center><br />
<h3>SEIS POEMAS DE EMILIO COCO</h3>
<p></center></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Éramos tres pequeños hermanos</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>era el mayor Michele sollozaba<br />
extendido en la cama y con las manos<br />
apretaba y tiraba de la colcha<br />
hundiendo la cabeza en la almohada<br />
Donato estaba en el balcón de espaldas<br />
y rezaba con la cabeza gacha<br />
a escondidas secándose las lágrimas<br />
con el pañuelo azul de motas rojas<br />
tendido sobre el suelo arrojé fuera<br />
algunas moneditas del bolsillo<br />
con la efigie del rey me divertía<br />
sentirlas rebotar en la pared<br />
Donato se volvía y censuraba<br />
con ojos de reproche comprendí<br />
que no era aquél momento para juegos<br />
y bajé adonde se había reunido<br />
la legión de vecinos y parientes<br />
me pidieron sentarme junto al lecho<br />
donde del todo rígido dormías<br />
guantes grises, grandes zapatos negros<br />
con el blanco pañuelo estabas cómico<br />
aquel que del cabello te llegaba<br />
a tenerte el mentón y aún recuerdo<br />
que a mí también mamá me rodeó<br />
con algo semejante la cabeza<br />
porque una vez me dieron las paperas<br />
papá lejano yo no te añoraba<br />
tenía que llevarte la comida<br />
al caer de la tarde hasta el taller<br />
de la carpintería me regañabas<br />
si cogía herramientas por probar<br />
mi aptitud para clavar las tablas<br />
o manejar la sierra y el escoplo<br />
y  yo debía  interrumpir mis juegos<br />
y dejarme del aro y la peonza<br />
de arriesgadas carreras por las calles<br />
de gradas escarpadas que abocaban<br />
a la céntrica calle Matteotti<br />
las heridas curadas con vinagre<br />
y aceite aquellos días de atracón<br />
sopa de pasta un montón de albóndigas<br />
macarrones bogando por un mar<br />
de salsa densa y rica de perfumes<br />
pero llegó el día de la salida<br />
totalmente de negro me vistieron<br />
negro el cabello lacio con la raya<br />
y negros ojos como un niño huérfano<br />
me acompañó Michele hasta la clase<br />
para esa ocasión hice un poema<br />
y aún me acuerdo de sus primeros versos<br />
<em>Tres  hermanos pequeños eso éramos</em><br />
<em>y ahora tan  sólo tres pequeños huérfanos</em><br />
se emocionó al leerlo la maestra<br />
no tenía ya padre ni mamá<br />
qué importa me sentía enfant prodige</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Eravamo tre piccoli fratelli</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>il più grande Michele singhiozzava<br />
allungato sul letto e con le mani<br />
stringeva e tormentava la coperta<br />
sprofondando la testa nel cuscino<br />
Donato era di spalle sul balcone<br />
recitava preghiere ad occhi bassi<br />
e s’asciugava il pianto di nascosto<br />
col fazzoletto azzurro a palle rosse<br />
steso sul pavimento cacciai fuori<br />
alcune monetine dalla tasca<br />
con l’effigie del re mi divertivo<br />
a farle rimbalzare contro il muro<br />
Donato si girava e dissentiva<br />
con sguardo di rimprovero capii<br />
che non era il momento di giocare<br />
e scesi giù dov’era radunata<br />
la folla dei vicini e dei parenti<br />
mi fecero sedere accanto al letto<br />
dove dormivi tutto irrigidito<br />
in guanti grigi e grosse scarpe nere<br />
eri buffo col bianco fazzolone<br />
che annodato ai capelli ti scendeva<br />
a sostenerti il mento mi ricordo<br />
che pure a me la mamma incorniciò<br />
con qualcosa di simile la testa<br />
perché m’ero buscato gli orecchioni<br />
papà lontano non ti rimpiangevo<br />
che dovevo ogni giorno sul tramonto<br />
portarti da mangiare alla bottega<br />
di falegname dove mi sgridavi<br />
se ti toccavo i ferri per provare<br />
l’abilità nell’inchiodare tavole<br />
nel maneggiar la sega e lo scalpello<br />
e dovevo interrompere i miei giochi<br />
spensierati del cerchio e della trottola<br />
corse spericolate per le strade<br />
che sboccavano a ripidi gradoni<br />
sul corso Matteotti dei signori<br />
le ferite guarite a olio e aceto<br />
giorni indimenticabili di sbafo<br />
pasta in brodo montagne di polpette<br />
zitoni naviganti dentro un mare<br />
di salsa densa e ricca di profumi<br />
ma venne pure il giorno dell’uscita<br />
mi ritrovai vestito tutto in nero<br />
neri i capelli lisci con la riga<br />
nero lo sguardo d’orfano bambino<br />
m’accompagnò Michele fino in classe<br />
per l’occasione scrissi una poesia<br />
di cui ricordo ancora i primi versi<br />
<em>Eravamo tre  piccoli fratelli</em><br />
<em>Ora siamo  tre piccoli orfanelli</em><br />
la maestra si commosse alla lettura<br />
non avevo più il babbo né la mamma<br />
che importa mi sentivo enfant prodige</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Qué hago yo aquí</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Qué hago yo aquí esperando a que la salsa<br />
termine ya de hervir no tengo pluma<br />
ni un trozo de papel al que entregar<br />
mi tristeza en un verso endecasílabo<br />
ese agudo deseo de la muerte<br />
que se levanta cuando más intenso<br />
se vuelve nuestro apego por la vida</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Qué hago yo aquí sentado en el garaje<br />
cuidando de que el fuego no se apague<br />
y revuelvo en la caja más cercana<br />
en busca de una tiza o un lapicero<br />
para fijar en un folio arrugado<br />
que hacía de tapón a una botella<br />
mis oscuros afanes de plagiario</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Qué hago yo aquí ya con cincuenta años<br />
sin querer levantarme para ir<br />
a cerrar la bombona de butano<br />
porque desde que dio el primer aviso<br />
han pasado ya treinta y tres minutos<br />
quién tuviera un punzón para grabar<br />
en la pared un verso inigualable</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Qué hago yo mientras voy bajando el cierre<br />
y pulso el interfono en el portal<br />
para decir la salsa ya está hervida<br />
y échame el manojo de las llaves<br />
porque quiero guardar el coche ahora<br />
y subir muy deprisa y anotar<br />
mis graves pensamientos trascendentes</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Qué hago yo aquí sentado a la olivetti<br />
en el rodillo puesto el folio en blanco<br />
en posición exacta a doble espacio<br />
las letras estampadas en las teclas<br />
que arden bajo el peso de los dedos<br />
y menos mal que está lista la cena<br />
y la menestra fría no está buena</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Che  faccio io qui</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Che faccio io qui aspettando che la salsa<br />
finisca di bollire non ho penna<br />
né un pezzetto di carta a cui affidare<br />
la mia tristezza in versi endecasillabi<br />
l’acuto desiderio della morte<br />
che insorge proprio quando più tenace<br />
si fa l’attaccamento per la vita</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Che faccio io qui seduto nel garage<br />
badando che la fiamma non si spenga<br />
e frugo nella scatola vicina<br />
in cerca di un gessetto una matita<br />
per fissare su un foglio raggrinzito<br />
che faceva da tappo a una bottiglia<br />
le mie cupe inquietudini d’accatto</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Che faccio io qui arrivato a cinquant’anni<br />
senza voglia di alzarmi per andare<br />
a chiudere la bombola del gas<br />
perché da quando ha dato il primo bollo<br />
sono trascorsi trentatré minuti<br />
oh avessi un punteruolo per graffiare<br />
sulla parete un verso ineguagliabile</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Che faccio io mentre abbasso la serranda<br />
e premo sul citofono di casa<br />
per dirle che la salsa è già bollita<br />
e che mi butti il mazzo delle chiavi<br />
perché voglio rimettere la macchina<br />
e salire di corsa ad annotare<br />
questi gravi pensieri trascendenti</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Che faccio io qui davanti all’olivetti<br />
col foglio bianco posto dentro il rullo<br />
in posizione esatta doppio spazio<br />
le lettere sui tasti stampigliate<br />
che ardono sotto il peso delle dita<br />
e meno male che la cena è pronta<br />
e la minestra fredda non è buona</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De:<br />
PROFANAZIONI (Profanaciones) (1990)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Las sílabas sonoras</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A veces me pregunto  si mi muerte<br />
llamará la atención en este mundo<br />
o acaso correré la misma suerte<br />
de tantos otros que ya están durmiendo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>en cajas que el olvido ha sepultado.<br />
O si alguien en mi casa va a acordarse<br />
del sitio que en la mesa yo ocupaba<br />
y en el estudio sentirán los libros</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que sus lomos mi mano no acaricia.<br />
Condenados al fuego, pensaré<br />
que no moví ni un dedo en su defensa.</p>
<p>Pero saldré de las moradas gélidas<br />
templando el aterido corazón<br />
con la llama de sílabas sonoras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Le sillabe sonore</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi chiedo a volte se con la mia morte<br />
avvertirà qualcuno in questo mondo<br />
la mia mancanza o avrò la stessa sorte<br />
di tanti altri che giacciono nel fondo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>di una bara, sepolti nell’oblio.<br />
Se nella mia famiglia noteranno <br />
che a tavola c’è un posto ch’era mio<br />
e i libri nello studio sentiranno</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>l’assenza di una mano sopra il dorso.<br />
Già condannati al rogo, avrò il rimorso<br />
di non aver per loro mosso un dito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ma verrò dalle gelide dimore<br />
per riscaldarmi il cuore intorpidito<br />
al fuoco delle sillabe sonore.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Hielo</em></strong></p>
<p>Con el paso del  tiempo regañamosp<br />
pmás a menudo aún, y por bobadas.<br />
Con la mirada baja ambos sentimos<br />
al otro como extraño, amurallados</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>en rencor y mutismo. Si más tarde<br />
llegamos a rozarnos por error,<br />
en las venas la sangre se nos hiela,<br />
petrificados ya por el terror</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>de una mala pasada de la noche<br />
que en sueños puede hacernos abrazar.<br />
Al borde de la cama,  en equilibrio,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>esperamos el alba, suspirando<br />
aliviados, rezando porque el hielo<br />
de estos cuerpos jamás llegue a fundirse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Ghiaccio</em></strong></p>
<p>Col passare degli anni litighiamo<br />
sempre più spesso e a volte per un niente.<br />
Con lo sguardo abbassato ognuno sente<br />
l’altro come un estraneo e ci chiudiamo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>in un mutismo astioso. Se poi avviene<br />
di sfiorarci un istante per errore<br />
il sangue ci si gela nelle vene<br />
e restiamo impietriti dal terrore</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>che la notte ci giochi un brutto tiro<br />
spingendoci col sonno nell’abbraccio.<br />
In bilico aspettiamo sulla sponda</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>del letto l’alba   e con un gran sospiro<br />
di sollievo preghiamo affinché il ghiaccio<br />
che avvolge i nostri corpi mai si fonda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De:</p>
<p>IL TARDO AMORE (El amor tardío, 2006)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llegar al veintidós es un  enredo<br />
de pasillos, rincones engañosos.<br />
Me pierdo fácilmente y me dirijo<br />
al punto de salida. La enfermera<br />
me ve titubeante y me acompaña<br />
amablemente hasta aquel recodo<br />
que me conduce recto hasta tu cuarto.<br />
Ha venido esta noche, ha colocado<br />
el gotero en la barra. Es manitol,<br />
le calmará el dolor durante un rato.<br />
Se encoge de hombros, finge desconsuelo,<br />
baja la cama y pide que le ayude<br />
a incorporarte: Para que descanse.<br />
Te acomoda despacio la cabeza<br />
en la almohada, te acerca el brazo al cuerpo<br />
que ya no reacciona. Hasta la puerta<br />
la sigues con tus ojos refulgentes.<br />
Es muy guapa. Tendrá unos veinte años. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Giungere al ventidue è un  labirinto<br />
di corridoi e angoli ingannevoli.<br />
Mi perdo facilmente e mi ritrovo<br />
al punto di partenza. L’infermiera<br />
mi vede titubante e m’accompagna<br />
servizievole fino a quella svolta<br />
che mi porta diritto alla tua stanza.<br />
È venuta stasera e t’ha infilato<br />
la flebo sopra l’asta: È mannitolo,<br />
gli servirà a calmare un po’ il dolore.<br />
Si stringe nelle spalle, dispiaciuta.<br />
Abbassa il letto e chiede che l’aiuti<br />
a riportarti su: Riposa meglio.<br />
Poi ti aggiusta la testa sul cuscino<br />
e ti distende il braccio lungo il corpo<br />
che non si muove più. Fino alla porta<br />
la segui con lo sguardo scintillante.<br />
È una bella ragazza. Avrà vent’anni.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así tendría que llegar la muerte,<br />
como viene el amor y tu defensa<br />
se vuelve vana. Un viento que te lleva<br />
a una isla desierta y lejana<br />
donde ambos competís a quién más logra<br />
embriagarse de besos y caricias,<br />
sin querer saber nada del mañana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así tendría que yacer contigo,<br />
como una amante tímida que a oscuras<br />
su pecho ofrece a tus ardientes labios<br />
sin que pretenda nada. Y distrae<br />
tu corazón de cualquier otra pena.<br />
¿Te atreverías a dejarla sola<br />
a una joven tan bella y apasionada?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así tendría que cerrar tus ojos,<br />
como la madre aquellos de su niño<br />
que en quedarse despierto se empecina<br />
en plena noche y contra su pecho<br />
lo aprieta  suavemente, con su mano<br />
rozándole los párpados, lo pone<br />
en la cuna, se encanta en contemplarlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Così dovrebbe giungere la morte,<br />
come viene l’amore e ogni difesa<br />
diventa vana. Un vento che ti porta<br />
lontano sopra un’isola deserta<br />
dove tu e lei soltanto fate a gara<br />
a inebriarvi di baci e di carezze,<br />
senza voler sapere del domani.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Così dovrebbe giacere al tuo fianco,<br />
come un’amante timida che al buio <br />
offre il suo seno alle tue labbra ardenti<br />
senza nulla pretendere. E distrae<br />
il tuo cuore da tutte le altre pene.<br />
Ti fideresti di lasciare sola<br />
fanciulla così bella e appassionata?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Così dovrebbe chiudere i tuoi occhi,<br />
come la madre quelli del bambino<br />
che s’incapriccia a rimanere sveglio<br />
nel cuore della notte e se lo stringe<br />
al petto e passa lieve la sua mano<br />
più volte sulle palpebre e lo adagia<br />
nella culla e s’incanta a contemplarlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De: <br />
EN MANOS DE MI AMOR (Inédito).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Sylvestre Clancier</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Jan 2010 01:16:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
		<category><![CDATA[gaceta34]]></category>

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		<description><![CDATA[Poeta francés, presidente de la Academia Mallarmé. Aquí algunos de sus poemas en versión bilingüe. &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/01/clancier-sylvestre.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/01/clancier-sylvestre-75x100.jpg" alt="Sylvestre Clancier" title="Sylvestre Clancier" width="75" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1456" /></a>Poeta francés, presidente de la Academia Mallarmé. Aquí algunos de sus poemas en versión bilingüe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-1480"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><object id="doc_926581502867462" name="doc_926581502867462" height="600" width="600" type="application/x-shockwave-flash" data="http://d1.scribdassets.com/ScribdViewer.swf" style="outline:none;" ><param name="movie" value="http://d1.scribdassets.com/ScribdViewer.swf"><param name="wmode" value="opaque"><param name="bgcolor" value="#ffffff"><param name="allowFullScreen" value="true"><param name="allowScriptAccess" value="always"><param name="FlashVars" value="document_id=25283044&#038;access_key=key-1a9sk1bj4psf2wcoyk28&#038;page=1&#038;viewMode=list"></object></p>
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