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	<title>Revista La Otra &#187; gaceta33</title>
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	<description>Revista de poesía + Artes visuales + Otras letras</description>
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		<title>Presentación La Otra-Gaceta 33</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 19:37:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
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		<description><![CDATA[Amalia García, gobernadora de Zacatecas José de Jesús Sampedro, director de Dos filos Juan Manuel Roca, ganador del Premio Internacional Ciudad de Zacatecas, 2009. &#160; En medio del desastre económico en México, del desaliento político y cultural, inmersos en la &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/12/presentacion-la-otra-gaceta-33/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/12/leyva-73x100.jpg" alt="leyva" title="leyva" width="73" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1436" /><strong>Amalia García, gobernadora de Zacatecas<br />
José de Jesús Sampedro, director de Dos filos<br />
Juan Manuel Roca, ganador del Premio Internacional Ciudad de Zacatecas, 2009.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En medio del desastre económico en México, del desaliento político y cultural, inmersos en la estulticia y la insensibilidad, la muerte violenta como estadística, del priísmo que nunca se fue porque estaba y está en el corazón de quienes migraron de partido pero no de hábitos y costumbres, encuentro a una mujer de izquierda: Amalia García, gobernadora de Zacatecas. Ella asistió, la noche del 5 de diciembre, a la ceremonia de premiación del poeta colombiano Juan Manuel Roca, y del escritor mexicano Luis Jorge Boone, ganadores del Premio Internacional de la Ciudad de Zacatecas y del Concurso Ramón López Velarde que convoca año tras año la Universidad Autónoma de Zacatecas, respectivamente.<br />
<span id="more-1452"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_1434" class="wp-caption aligncenter" style="width: 460px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/12/amalia-garcia-jj-sampedro.jpg" alt="Amalia García, gobernadora de Zacatecas y José de Jesús Sampedro" title="amalia-garcia-jj-sampedro" width="450" height="338" class="size-full wp-image-1434" /><p class="wp-caption-text">Amalia García, gobernadora de Zacatecas y José de Jesús Sampedro</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/12/leyva.jpg" alt="leyva" title="leyva" width="300" height="406" class="alignright size-full wp-image-1436" /></p>
<p>Es muy extraño ver a  una autoridad política en una ceremonia literaria. Quizás porque la gobernadora  Amalia García fue compañera de andanzas y utopías de ese motor cultural que es  José de Jesús Sampedro, organizador de la Semana de la Poesía en Zacatecas: Un  cielo cruel y una tierra colorada. Pero no, Amalia llegó al acto cultural  porque lo sentía, porque como dijo esa noche, la cultura no es un pasatiempo,  es una forma efectiva para erradicar la desesperanza, la destrucción, la  vergüenza, la baja autoestima y para construir una nación donde la imaginación,  la inteligencia y la sensatez nos devuelvan el orgullo de ser mexicanos, de ser  latinoamericanos. Anima ver a una mujer como ella dedicar un tiempo para hablar  con los escritores y lectores, para leer poemas del homenajeado colombiano y  para decir entusiasmada que ha apoyado y apoyará toda iniciativa cultural, que  dirá sí a toda acción para fomentar la lectura en este país, para reconocer el  valor de los autores sean o no mexicanos. La cultura se nutre desde adentro y  desde fuera. Entusiasma pues, en medio de esta oscura época en México, hallar  una conciencia política inteligente, sensible, capaz de dialogar con los  escritores y los lectores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>   Fui invitado a presentar al escritor  colombiano Juan Manuel Roca. Estas son mis palabras:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Juan Manuel Roca: uno  que no fue a la guerra ni falta que le hace</strong><br />
José Ángel Leyva</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/12/juan-manuel-roca.jpg" alt="juan-manuel-roca" title="juan-manuel-roca" width="250" height="333" class="alignleft size-full wp-image-1435" />Vi y escuché por  primera vez a Juan Manuel Roca en la Casa de Poesía Silva. Días antes, yo había  leído por primera ocasión ante un público colombiano, atento, entregado,  generoso. Él llegó a leer acompañado de un grupo de muchachos con quienes había  compartido unos aguardientes. María Mercedes Carranza, directora del recinto,  hizo la presentación del poeta. Antes de empezar sus textos, Juan Manuel habló  de una realidad virulenta que asolaba a su país, una guerrilla que recurría al  terror para combatir el terror de los paramilitares y los embates de la milicia  colombiana. Tres ejércitos, descritos, por cierto, de manera magistral por el  narrador colombiano Evelio Rosero en su novela titulada, justamente, <em>Los  ejércitos. </em> En mayor o en menor  medida, cada brazo armado practica la crueldad como estandarte de la felicidad  y la justicia; el miedo como recurso de persuasión entre los más débiles y  desamparados. Junto a todo ello la descomposición social, la frustración, la  desesperanza entreverada con la guerra del narco y la inseguridad pública. El  hermano de la poeta María Mercedes Carranza estaba secuestrado por la guerrilla  y se temía que ya estuviese muerto, como tiempo después aconteció. Roca  destacaba el uso de eufemismos para justificar lo injustificable, para nombrar  de otra manera el horror. Las FARC empleaban términos como &quot;pesca  milagrosa&quot; para &quot;retener&quot;, es decir,  secuestrar a las personas que viajaban por  carretera. Podía darse el caso de que entre los elegidos de modo aleatorio,  gente del pueblo, hubiese alguien que no sería canjeable por prisioneros de  guerra, sino considerado como botín para exigir rescate. Los campesinos  expulsados por los militares, paramilitares y narcos, era llamados desplazados.  En esa suerte de poética de la destrucción emparentada con la &quot;Madre de  todas las batallas&quot;, &quot;Tormenta en el desierto&quot; o &quot;bombardeo  inteligente&quot; practicado a escala mundial. De esa realidad ajena a la mía  hablaba el poeta Roca, una situación donde los alzados en almas cambiaban los  términos, contra la violencia: la fuerza de la poesía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>    Juan Manuel leyó entonces varios poemas que  me dieron una idea clara del porqué la sala estaba llena de jóvenes, de por qué  lo escuchaba con tanta devoción y embeleso un público para quien la palabra  representa la opción de mundos diferentes. Uno de sus poemas fue la llave de  acceso al universo ético que lo determina, a su poética, un texto que ha sido  rebato de campanas y un abrazo: &quot;Arenga de uno que no fue a la  guerra&quot;. <br />
      Allí descubrí uno de sus primeros peldaños,  luego inicié un reconocimiento de una compleja escalera que va de lo hondo a lo  alto, de lo inmenso a lo breve. Desde ese momento, me parece, hallé un alma  alzada en sus propias batallas, comunidades enteras asiladas en sus versos.  Juan Manuel es uno de esos hermanos con quienes uno conversa de un mismo país,  de  una misma nación, pero sobre todo, de  un camino que se diversifica y se interroga. No hay certezas, hay deseos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>     La congruencia de Roca no se descubre en  la obviedad del drama, en el sentimentalismo íntimo o en el de su entorno. Su  poesía está desprovista de evidencias y proclamas; por el contrario, se nutre  del misterio que hay en el corazón de las cosas, en el enigma de la luz  meridiana que nos pasa de noche, en el vacío de los imperativos categóricos, en  el despojo del ser por el tener. No hay lecciones ni enseñanzas, no hay  denuncias ni señalamientos. Hay una visión o visiones urdidas en la paradoja,  en la ironía, más no en la desesperanza. El brillo de la inteligencia no es un  reflector obsceno, apenas una tenue luz que hiende sombras y sugiere sueños. No  obstante, en sus versos se respira un ánimo de justicia, de claridad en los  significados, de impulso orgánico que no sólo pretende un discurso inteligente,  conceptual, conciso, sino además que transmita el movimiento animal de su  andadura. Por algo el chileno Gonzalo Rojas lo presenta en <em>Cantar de lejanía</em>,  la antología publicada por el Fondo de Cultura Económica (2005), como “un poeta  pura sangre”, que “hace diana hasta cuando respira”, para dejar en claro que la  palabra de Roca es certera, veloz, vital. Confirma lo que sus lectores y amigos  sabemos, su congruencia está en el paisaje y los sentidos, entre la idea y la  palabra, entre la expresión y el suceso, entre el ojo y la imagen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>   La épica de esta poesía no radica en la  narración o enumeración de los hechos, sino en su revelación, en los numerosos  vínculos que aproximan tiempos y espacios de hombres y fantasmas, culturas,  lenguas, presagios, sensaciones que tienen lugar o incuban su noticia. De qué  otra cosa habla la poesía si no es de la memoria de las emociones, de aquello  que la historia no registra porque es algo subjetivo y a la vez universal, ese  algo que se repite de manera incesante pero siempre se revela como novedoso, emergente,  invisible; de ese lugar común donde abrevan las tribus humanas como si nunca  antes hubiese sucedido, como experiencia única. Juan Manuel Roca es de esos  poetas capaces de mostrar secretos públicos como experiencias privadas. Su  lirismo toma distancia de lo confesional y la infidencia. Pero su pertenencia a  ese universo de aparecidos es un hecho. Él es, junto con todas sus criaturas,  la causa y el efecto. Es el cuadro y es el ojo, el mensaje y el transporte. No  habla de sí, habla para sí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_1038" class="wp-caption aligncenter" style="width: 460px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/05/roca-juan-manuel-cu.jpg" alt="Juan Manuel Roca" title="roca-juan-manuel-cu" width="450" height="338" class="size-full wp-image-1038" /><p class="wp-caption-text">Juan Manuel Roca</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p>Son recurrentes en la obra poética de Roca  la ceguera, la noche, las señales, el anonimato, la inexistencia, la identidad,  los ángeles o mensajeros, la muerte y los fantasmas, los aparecidos, lo  invisible, la pintura, los sonidos, el misterio, y esa memoria en el doblez del  verbo de monólogos y cantos. Por allí pasan los romanos, cuya marcha en el  tiempo se entrevera con la de corceles y jinetes detenidos en sus gestos, con  tiranos y demagogos estampados en las ruinas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>   En síntesis, la obra poética de Juan Manuel  responde a la mirada, al diálogo, a una intención plástica que busca hacer  visible lo invisible. Una voz personal que lo sitúa entre los poetas  fundamentales de su país y una de las propuestas más particulares de  Iberoamérica.  Roca da color y forma al  conjuro, le otorga una fuerza que impide se estacione en un significado, por  eso puede lavar el agua en los instantes que transcurren, invocar a nadie a  sabiendas que alguien se dará por aludido, trazar líneas que desembocan en  parábolas o en cuadros que van de Magritte a Chagall, de Goya a Posada, de Van  Gogh a Bacon, de Velázquez  a Munch, de  Degas a Bacon. Su bagaje cultural está al servicio de esa elaboración estética  que nunca pierde de vista &#8211;ni siquiera con el tacto&#8211; la presencia de los  otros, la luminosidad de los ciegos. Juan Manuel nos coloca en cada libro ante  una galería de asombros o ante un museo de alegorías y espejos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>    Y en ese espejo es que hemos comenzado a  vernos, no en la “Canción del que fabrica los espejos”, sino en el poema que titula  “Panfletos”:  “Es hora de despertar al  país de los idiotas: la noche petardea en las comisarías, resuena en este  panfleto escrito contra lobos y canarios. / Es hora de despertar dulces idiotas  /(&#8230;) / En mi sueño era de ver nuevamente la Comuna humeante y hombres  presurosos repartiendo boletines de otros sueños, Comuneros del país de la  guadua, levantiscos hombres de piel enamorada.”<br />
   Para un hermano, que no es Caín ni es Abel,  para un hermano que admira lo que el otro hace, es siempre motivo de alegría  los reconocimientos que se le hagan. Con Juan Manuel Roca comparto el amor por  México y Colombia, pero sobre todo me hermana la lealtad a la palabra, la  correspondencia entre la realidad y otros mundos posibles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p> Me honra que esta noche se me haya invitado  a presentar al autor de ensayos, crónicas, antologías, diccionarios, entrevistas, para hablar solo del poeta. Un  poeta que nos hace volver los ojos a Latinoamérica como a nosotros mismos, para  no olvidarnos de esa cultura que este colombiano, tan mexicano como cualquiera  de nosotros, nos comparte y nos revela. La cultura, esa enorme herencia que  debemos defender, proteger, cultivar, para que los desaparecidos y los  invisibles tengan nombre e identidad, para que a nadie avergüence la pertenencia  a una nación sin corruptelas e injusticias, desigualdades, y para que este  país, este luminoso país, no sea más el país de los idiotas. Muchas gracias Juan  Manuel por tu poesía, gracias José de Jesús Sampedro por esta ofrenda a la esperanza, gracias Gobernadora Amalia García por abrir las puertas a la  inteligencia y a la imaginación, gracias David Eduardo Rivera por apoyar la  posibilidad de recuperar el aliento y exorcizar la violencia. Querido Juan  Manuel, desde ahora ya eres, aquí, en Zacatecas, también ciudadano de la noche.  Muchas felicidades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Novedades editoriales diciembre 2009</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 19:24:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
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		<description><![CDATA[Estas son las novedades editoriales de La Cabra Ediciones: Click en las imágenes para ver más información &#160; &#160;&#160;&#160;&#160; Ya puedes comprar en línea nuestros libros..]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estas son las novedades editoriales de La Cabra Ediciones:</p>
<p align="center"><strong>Click en las imágenes para ver más información</strong></p>
<p align="center">
<a href="http://www.lacabraediciones.com/2009/11/retrospectiva-de-obra-grafica-1988-2009/" target="_blank"><img src="http://lh3.ggpht.com/_4aPRO7h6S3o/Svs7FfuiaAI/AAAAAAAAAP0/oygr-VrHQgk/s144/arte-calzada.jpg"  alt="retrospectiva-de-obra-grafica" width="104" height="130" padding="5px" / rel="lightbox[roadtrip]"></a>&nbsp;<a href="http://www.lacabraediciones.com/2009/11/destinario/" target="_blank"><img src="http://lh3.ggpht.com/_4aPRO7h6S3o/Svs7FcJKC5I/AAAAAAAAAP4/NJhNhWxsrJs/s144/arte-destinario.jpg"  alt="Destinario" width="107" height="130" padding="5px" / rel="lightbox[roadtrip]"></a><br />
&nbsp;<a href="http://www.lacabraediciones.com/2009/11/argumentos-del-dia/" target="_blank"><img src="http://lh5.ggpht.com/_4aPRO7h6S3o/Svs7FQaMpoI/AAAAAAAAAP8/JaRTiE6Ykfk/s144/azor-lara.jpg"  padding="5px" alt="Argumentos del día" / rel="lightbox[roadtrip]"></a>&nbsp;<a href="http://www.lacabraediciones.com/2009/11/baja-traicion/" target="_blank"><img src="http://lh5.ggpht.com/_4aPRO7h6S3o/Svs7FTPQImI/AAAAAAAAAQA/7Kfky5sbfG0/s144/azor-lizalde.jpg"  padding="5px" alt="baja-traicion" / rel="lightbox[roadtrip]"></a>&nbsp;<a href="http://www.lacabraediciones.com/2009/11/parabola-del-moribundo/" target="_blank"><img src="http://lh4.ggpht.com/_4aPRO7h6S3o/Svs7br-i4uI/AAAAAAAAAQc/EJjbYLhIcPM/s144/narrativa-munoz.jpg"  padding="5px" alt="parabola-del-moribundo" / rel="lightbox[roadtrip]"></a>&nbsp;<a href="http://www.lacabraediciones.com/2009/11/antologia-1966-2007/" target="_blank"><img src="http://lh3.ggpht.com/_4aPRO7h6S3o/Svs7Fs8VJ_I/AAAAAAAAAQE/4ClbfapoGUA/s144/azor-lizalde-antologia.jpg"  padding="5px" alt="antologia-1966-2007" / rel="lightbox[roadtrip]"></a></p>
<p align="center"><a href="http://www.laotrarevista.com/Scripts/contacto/suscripciones.htm" target="_blank" title="Pagar mediante PayPal"><img src="http://www.lacabraediciones.com/wp-content/uploads/2009/10/pay.jpg"  alt="PayPal" / rel="lightbox[roadtrip]"></a><br />
<a href="http://www.laotrarevista.com/Scripts/contacto/suscripciones.htm" target="_blank" title="Comprar en linea mediante PayPal">Ya puedes comprar en línea nuestros libros.</a>.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>José Emilio Pacheco. Premio Cervantes de Literatura, 2009</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 18:09:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<category><![CDATA[gaceta33]]></category>

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		<description><![CDATA[Semanas después de recibir el Premio Reina Sofía, a Pacheco le fue notificada la noticia de que el Premio Cervantes recae en él. Sin duda es uno de los polígrafos más notables de lengua española. Oscar Wong escribe sobre sus &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/12/jose-emilio-pacheco-premio-cervantes-de-literatura-2009/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/12/pacheco-jose-emilio-74x100.jpg" alt="pacheco-jose-emilio" title="pacheco-jose-emilio" width="74" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1430" />Semanas después de recibir el Premio Reina Sofía, a Pacheco le fue notificada la noticia de que el Premio Cervantes recae en él. Sin duda es uno de los polígrafos más notables de lengua española. Oscar Wong escribe sobre sus cualidades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-1450"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em><u>PREMIO  PRÍNCIPE ASTURIAS 2009</u></em></p>
<p><strong>INTELIGENCIA  Y LUCIDEZ EN JOSÉ EMILIO PACHECO </strong></p>
<p><em>Por Óscar Wong</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/12/pacheco-memet-rivas.jpg" alt="pacheco-memet-rivas" title="pacheco-memet-rivas" width="450" height="338" class="aligncenter size-full wp-image-1431" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>R</strong>eflexión y lirismo. El habla poética frente a  la Historia. Una propuesta estética peculiar, por su combinación de agudeza y  sagacidad, es la que plantea José Emilio Pacheco<a href="#_ftn1" name="_ftnref1" title="" id="_ftnref1"> </a>, cuya  obra ha sido recogida en tres antologías: <strong><em>Tarde o temprano<a href="#_ftn2" name="_ftnref2" title="" id="_ftnref2"> </a></em></strong> (1980), <strong><em>Fin  de siglo y otros poemas<a href="#_ftn3" name="_ftnref3" title="" id="_ftnref3"> </a></em></strong> (1984) y, en  España, <strong><em>Alta traición<a href="#_ftn4" name="_ftnref4" title="" id="_ftnref4"> </a></em></strong> (1985), donde  se destaca la lucidez como un don, como un estado de gracia, y el sentimiento,  la emoción misma, que se contrapone como núcleo central. En términos generales,  puede destacarse que “el lirismo como forma de inteligencia y la sabiduría como  sentido del tiempo”<a href="#_ftn5" name="_ftnref5" title="" id="_ftnref5"> </a> determinan la obra del  poeta que ahora me ocupa y que le valiera el Premio Hispanoamericano de Poesía  José Donoso en el 2001. Desde <strong><em>Los elementos de la noche<a href="#_ftn6" name="_ftnref6" title="" id="_ftnref6"> </a></em></strong> (1958-1962)  hasta <strong><em>El silencio de la luna</em></strong> (1983), Pacheco ha conformado una obra  donde alterna el orden sonoro de la imagen con la reflexión; la historia y con  el cántico sagrado; la inteligencia con la modulada acentuación; el enunciado  con algunos recursos rítmicos.<br />
Registro del mundo, revolución y  crítica, pero también inteligencia sensible. La poesía como instrumento de  conocimiento, como una realidad contenida en el lenguaje. Hay, en sus inicios,  una visión cósmica prefigurando el poema; gravedad, el transcurso del mundo  permeando ritmos y acentos. Una marcha sonoramente sensitiva que prefigura  espacios; transformaciones profundas que pretenden modificar la esencia de las  cosas: <em>Mientras  avanza el día se devora, </em>acepta Pacheco. En este orden  de ideas la presencia del mundo  deja su huella imperativa: <em>&#8230; el tiempo  abre las alas/ con mansedumbre y odio de paloma y pantera. </em>Por supuesto que  la revelación surge irrebatible. Todo es fugaz. El transcurso duele, limita:</p>
<p>                        <em>¿Cómo atajar la sombra que nos hiere y nos  lava</em> <br />
<em>                        si nada permanece,</em> <br />
<em>                        si todo nos fue dado</em> <br />
<em>                        como tributo o dualidad  del polvo?</em></p>
<p>En <strong><em>El reposo del fuego</em></strong> prevalece la métrica tradicional: 7 y 11 sílabas armonizan para eslabonar un  canto en tres partes, donde el poeta expone su visión cosmogónica, terrible. La  mañana se concreta a partir de los cuatro elementos fundamentales. Precisión y  contundencia; catacresis, aspectos metonímicos exactos, frente a la visión  histórica, avasalladora, del ser social. Paulatinamente José Emilio Pacheco  desliza intenciones, expresiones sobre una ciudad concatenada a las  circunstancias. Mito y leyenda, realidad y sueños, principio y recomienzo,  siempre:</p>
<p>                        <em>&#8230; todo el jardín se yergue entre las piedras:</em> <br />
<em>                        nace el mundo de nuevo  ante mis ojos.</em></p>
<p>El  mundo, y nosotros con él, tiene un destino fugaz. Desde el inicio del cántico,  Pacheco lo precisa:</p>
<p>                        <em>Nada altera el desastre: llena el mundo</em> <br />
<em>                        la caudal pesadumbre de  la sangre</em>.</p>
<p>La realidad, ciertamente, es cruel.  Y así lo revela el poeta. Por ende, hay versos contundentes, sabiduría al nivel  de sentencias. En el volumen <strong><em>No me preguntes cómo pasa el tiempo<a href="#_ftn7" name="_ftnref7" title="" id="_ftnref7"> </a></em></strong>, con el que  obtuvo el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes en 1969, la visión histórica  del mundo prevalece desde el inicio del libro. Su intención: contraponerse a  las profecías y a las revelaciones. La respuesta, materialista desde luego, es  obvia: “<em>Basta mirar lo que hoy ocurre”</em> (p. 14) para saber que la fugacidad de las cosas, la impermanencia, el  deterioro, representa el signo inequívoco de la vida; por lo mismo, hasta el  lenguaje se funde en el vacío. La óptica desacralizada del poeta lo lleva,  justamente, al verso directo, al enunciado crítico, epigramático. La poesía  como acumulación de citas cognoscitivas; la dicción lírica bajo el imperio de  la retórica; es decir, de la impostura. Si nada es sagrado, el lenguaje se  advierte como un simple código, un discurso para exteriorizar la crueldad del  mundo y la condición fugaz de la materia. Y sin embargo, en este poemario  prevalece el ritmo, los silencios pausados, el estremecimiento divino, los  planos de significados simultáneos. Hay poesía en estas líneas:</p>
<p>                        <em>Arde la misma rosa en cada rosa</em></p>
<h4><em>El agua es simultánea y sucesiva</em></h4>
<h4><em>                        El futuro ha pasado</em></h4>
<p>                        El tiempo  nace <br />
<em>                        de alguna eternidad que  se deshiela.</em></p>
<p>Sapiencia, convicción, ludismo.  Sucesos y versiones. Recuento de hechos. La exaltación como núcleo fundamental.  Paulatinamente el autor va prefigurando una estética discursiva, una propuesta  más del orden del significante, donde la poesía representa un acto compartido.  La palabra designa el transcurrir de la Historia, recuperando vacíos. En <strong><em>Islas  a la deriva<a href="#_ftn8" name="_ftnref8" title="" id="_ftnref8"> </a></em></strong> prevalece el asombro, el redescubrimiento del origen, la reinvención del  pasado. En esta obra se concilia el tono sacro con la locución sencilla, la  valoración de la historia como el impulso que provoca el cambio expresivo,  ideológico; el significante que prevalece al sentido estético, el cántico con  la integración substancial de las cosas:</p>
<p>                        <em>Si este silencio hablara</em></p>
<h5><em>                           Sus palabras se harían de piedra</em></h5>
<p><em>Si esta piedra tuviera el movimiento</em> <br />
                            Sería mar <br />
<em>                        Si estas olas fuesen  prisioneras</em> <br />
<em>                           Serían piedras</em> <br />
<em>                        en el observatorio</em> <br />
<em>                           serían hojas</em> <br />
<em>                        convertidas en llamas  circulares.</em></p>
<p>El poeta asume la condición del cronista y del escriba, del  sacerdote y del amanuense. Su función es fluctuante; la remembranza histórica  se revela y se condensa, por eso es factible, y conveniente, anotar los  acontecimientos. La poesía es crónica, memoria, sucesión de hechos; por eso,  también, el registro de los poetas novohispanos, los guiños a Las Casas y a  López Velarde. <strong><em>Islas a la deriva </em></strong>(1976<strong><em>)</em></strong> resume la condición reflexivamente  lírica de José Emilio Pacheco. Historia y revelación; técnica y exaltación;  posibilidades, intenciones, propuesta estética: categoría artística.<br />
El poeta retoma su condición de cantor para compartir su  emotividad. Se observa, además, el desplazamiento del mundo, lo crudelísimo de  la realidad, que finalmente se impone en la declaración lírica; el susurro de  las cosas, los acontecimientos imperceptibles que, no obstante, repercuten en  la memoria. Todo ello, eslabones férreos de la existencia. José Emilio Pacheco  recupera aquí el tono solemne, grave, de todo lírida. Su visión se transfigura.  Por otra parte, lo fugaz, el movimiento continuo, la eternidad del instante se  apoderan del poemario titulado <strong><em>Desde entonces </em></strong>(1980)<a href="#_ftn9" name="_ftnref9" title="" id="_ftnref9"> </a>.  Reflexiones, textos en prosa, versiones de otros autores se van entretejiendo  para formar un entramado lírico donde la escritura testimonia este transcurso.  Sabiduría y mordacidad, estampas líricas, casi daguerrotipos ocres; la voz que  susurra evitando el canto, la visión sagrada del antiguo poetizar. El ritmo se  va desplazando con suavidad. Y a pesar de las pausas versiculares, alcanza el  tono prosístico, prosaico, como el de una traducción, o una simple versión al  español donde quedan, mínimamente, aspectos fugaces de los recursos  estilísticos utilizados en el texto de origen. Esta sensación se repite a lo  largo del libro: los textos de José Emilio Pacheco alcanzan la dimensión de  enunciados líricos, artefactos semánticos que soslayan la brillantez  lingüística; reflejos emotivos que admiten en momentos la capacidad estética  del lenguaje. Si los antiguos bardos <em>cantaban</em> una historia, Pacheco <em>narra</em> un canto.<br />
Más cercano a la prosa, el verso de este autor soslaya el  orden sonoro de la imagen, la voz humana oficiando, revelando verdades  fundamentales y desemboca en un lenguaje más crítico, más reflexivo. Acaso por  lo mismo, otro libro del autor que me ocupa, <strong><em>Los trabajos del mar</em></strong> (1983)<a href="#_ftn10" name="_ftnref10" title="" id="_ftnref10"> </a> contiene, según los editores, lo que postula Marianne Moore: el sentido de  compactación, el tono “<em>absolutamente nítido, absolutamente eficiente, para  hacer del lenguaje poético un verdadero vehículo del pensamiento”.</em> Curiosamente, el poema titulado “Prosa de la calavera” observa una enorme dosis  de poesía.<br />
El aliento es grave, solemne, casi grandilocuente, con el  sentido trágico heredado de la tradición judeocristiana: <em>Como Ulises me llamo Nadie. Como/ demonio de los Evangelios mi nombre  es Legión</em>. El tono satírico es inmejorable. Creo que este es el tono exacto  del cantor que me ocupa. Versos irregulares, amétricos; expresión discursiva,  arrítmica, sin variedad estilística, soslayando los cánones del discurso  placentero. El aparente agotamiento preceptivo lleva a Pacheco al tono  narrativo. En otros términos: aquí no hay intenciones líricas: el lenguaje va  del enunciado a la ligereza; irreverente, busca desacralizar el estilo  expresivo, la acentuación regular, isocrónica. Sin embargo, no llega al  desaliño, aunque esta actitud estética tampoco elude el sentido substancial de  la lengua poética.<br />
Para finalizar, <strong><em>El silencio de la luna<a href="#_ftn11" name="_ftnref11" title="" id="_ftnref11"> </a></em></strong>,  volumen con el que obtuvo el “Premio de Poesía José Asunción Silva” en 1994,  retoma en muchos momentos el repertorio rítmico para percutir un cántico  inicial, donde el reconocimiento a la mujer es evidente. Pacheco forja, en la  primera parte, una visión histórica con sabiduría, con justa precisión. Riesgos  y temores del hombre frente a la cruel naturaleza femenina. “Prehistoria” es un  canto preciso, hermoso, perturbador, donde confluyen el sentimiento y el  pensamiento.<br />
En la segunda instancia del poemario lo cotidiano da paso a  la conciencia del tiempo, a los sucesos irrepetibles, a la fugaz permanencia de  la vida:</p>
<p>                        <em>Y nadie escucha.</em> <br />
<em>                        Sombra  y silencio en torno de la gota,</em> <br />
<em>                        brizna  de luz entre la noche cósmica</em> <br />
<em>                        en  donde no hay respuesta.</em></p>
<p>El orden sonoro de la imagen vuelve en la serie de pareados  de la p. 98. En la tercera parte de este volumen, los temas objetivos, los  poemas y estampas líricas se desplazan entre el pensamiento y la sensibilidad.  El tiempo prevalece en el golpeteo de la lluvia, que termina por disolver la  noche. Fugacidad y permanencia, vacío y <em>completud</em>:  dimensión de la existencia. Por último se advierte un exacto equilibrio  lingüístico, contundencia, reflexión y testimonio existencial. La vida, en  ocasiones, es anómala, terrible, crudelísima, pero que no obstante permanece.  Ironía, sí. Pero también tragedia y esperanza. <strong><em>El silencio de la luna</em></strong> arroja saldos favorables, aunque no mantiene su nivel emotivo inicial.  Sabiduría e inteligencia frente a la dinámica condición, y convicción, de  poetizar el entorno. Hay instantes justos donde la percepción, la energía interior  se desborda<br />
Recapitulando, puede advertirse la diversidad de registros  en la poética de José Emilio Pacheco. De la métrica y la rima de sus inicios, a  la paulatina entrega al tono narrativo, muchas veces soslayando los cánones de  acentuación y las figuras de dicción y de pensamiento. Historia y lenguaje  crítico, confluyendo en una estética significada por el tono conversacional,  directo en ocasiones. Del tono sacro, a las expresiones discursivas. La lucidez  como estado de gracia, el aspecto lírico como forma sensible y de sapiencia. La  objetividad histórica frente a la transformación lúdica del habla poética.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><div id="attachment_788" class="wp-caption alignleft" style="width: 128px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/04/wong.jpg" alt="Oscar Wong" title="Oscar Wong" width="118" height="153" class="size-full wp-image-788" /><p class="wp-caption-text">Oscar Wong</p></div>
<p><strong>Originario de Tonalá, Chiapas, México (agosto 26 de  1948), Oscar Wong es de ascendencia sinomexicana. Poeta, narrador y ensayista,  fue becario del INBA-Fonapas en crítica literaria durante 1978-1979 y del  Centro Mexicano de Escritores en ensayo hacia 1985-1986. </strong>Ha  obtenido diversos galardones, entre los que destacan el Premio Nacional de  Poesía Ramón López Velarde 1988, por su libro <strong><em>Enardecida luz</em></strong> (UNAM,  1992), primer lugar en el Certamen Literario Rosario Castellanos 1989 en  cuento, con el volumen <strong><em>La edad de las mariposas</em></strong> (Talleres Gráficos de la Nación, 1990), el Premio de Poesía de Ciudad del  Carmen, Campeche, en el 2000, con <strong><em>Razones de la voz</em></strong> (CNCA, 2002) y el Premio Nacional de Ensayo Magdalena Mondragón 2006, en  Torreón, Coahuila. Algunas de sus obras, tanto de poesía como de ensayos son: <strong><em>He brotado raíces</em></strong> (1981), <strong><em>Poética de lo sagrado. El lenguaje de Adán</em></strong> (2004)y <em>Jaime Sabines. Entre lo tierno y lo trágico</em> (2007), entre otras. <strong>Pertenece al PEN-Club México.</strong> <strong>Radica  en la capital mexicana desde hace muchos años e imparte de </strong><em>manera  independiente</em><strong> cursos y talleres de creación  literaria.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="mailto:merddin48@hotmail.com">merddin48@hotmail.com</a></p>
<p align="center">http://www.geocities.com/poetaoscarwong/</p>
<p>&nbsp;</p>
<div>
<div id="ftn1">
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1" title="" id="_ftn1"> </a> <em>México, D. F.,</em><em> 30 de  junio de 1939</em></p>
</div>
<div id="ftn2">
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2" title="" id="_ftn2"> </a> <em>FCE, Letras Mexicanas, Méx.,  1980, 321 pp. Pacheco compila veinte años de poetizar, con variantes y cambios  realizados en los poemas reunidos. Las modificaciones que realiza el propio  autor, sobre todo de sus primeros libros, muestra a un autor no sólo con una  visión trágica del mundo, sino ahora desencantado Es, según el propio Pacheco,  su primer libro el cual ha tardado 20 años en escribir.</em></p>
</div>
<div id="ftn3">
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3" title="" id="_ftn3"> </a> <em>FCE/SEP, Lecturas Mexicanas, No.  44, Méx., 1984, 130 pp.</em></p>
</div>
<div id="ftn4">
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4" title="" id="_ftn4"> </a> <strong><em>Alta traición. Antología poética</em></strong><em> (selec. y prólog. de José Ma. Guelbenzu), Alianza Edit., El libro de  bolsillo, Madrid, 1985, 112 pp.</em></p>
</div>
<div id="ftn5">
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5" title="" id="_ftn5"> </a> <em>Cfr. El estudio introductorio de  José Ma. Guelbenzu, en <strong>Alta traición</strong>,  p. 14</em></p>
</div>
<div id="ftn6">
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6" title="" id="_ftn6"> </a> <em>Cfr. <strong>Tarde o temprano</strong>, pp. 15-35</em></p>
</div>
<div id="ftn7">
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7" title="" id="_ftn7"> </a> <em>Edit. Joaquín Mortiz, Méx.,  1969, 122 pp.</em></p>
</div>
<div id="ftn8">
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8" title="" id="_ftn8"> </a> <em>Siglo XXI Edit., Méx., 1976, 159  pp.</em></p>
</div>
<div id="ftn9">
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9" title="" id="_ftn9"> </a> <em>Edic. Era, Méx., 1980, 112 pp</em>.</p>
</div>
<div id="ftn10">
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10" title="" id="_ftn10"> </a> <em>Edic. Era, Méx., 1983, 86 pp.</em></p>
</div>
<div id="ftn11">
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11" title="" id="_ftn11"> </a> <em>Edic. Era/Casa de Poesía Silva,  Méx., 1994, 175 pp.</em></p>
</div>
</div>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Jorge Boccanera. Entrevista</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 17:56:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
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		<description><![CDATA[El poeta canario, Octavio Pineda, conversa con el escritor argentino sobre su afición por el nomadismo y las claves de su poética. &#160; &#160; &#160; &#160; Entrevista a Jorge Boccanera Mis escritos tienen el “jadeo del viaje” &#160; Octavio Pineda &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/12/jorge-boccanera-entrevista/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/10/jorge-boccanera-01-75x100.jpg" alt="jorge-boccanera-01" title="jorge-boccanera-01" width="75" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1293" />El poeta canario, Octavio Pineda, conversa con el escritor argentino sobre su afición por el nomadismo y las claves de su poética.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-1449"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Entrevista a Jorge  Boccanera</strong><br />
<strong>Mis  escritos tienen el “jadeo del viaje”</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Octavio Pineda Domínguez</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_1293" class="wp-caption alignleft" style="width: 260px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/10/jorge-boccanera-01.jpg" alt="Jorge Boccanera Foto: JAL" title="jorge-boccanera-01" width="250" height="333" class="size-full wp-image-1293" /><p class="wp-caption-text">Jorge Boccanera Foto: JAL</p></div>
<p>Poeta y periodista, biógrafo y  dramaturgo, exiliado y viajero. La obra de Jorge Boccanera (1952, Ingeniero  White) abarca numerosos territorios de la literatura, siendo el más destacado  por la crítica su faceta como poeta. Con diez poemarios publicados hasta la  fecha, galardonados con importantes premios, como el Casa de América 1976 en  Cuba o más recientemente el Premio Internacional Camaiore 2008 en Italia. Estos  reconocimientos avalan una poética personal distante de la herencia centrípeta  de la literatura porteña de Argentina, y convierten a Jorge Boccanera en un  autor excepcional con un mundo literario autónomo e independiente.</p>
<p> <br />
Ajeno a muchos de los movimientos  literarios de su generación, “neobarroco, objetivismo, neorromanticismo”, la  obra de poeta argentino dirime los sucesos de la historia del continente desde  un prisma americanista, sin veleidades europeas. Se adentra en la carnalidad de  Centroamérica (como muestra la realidad poética de las selvas de Costa Rica en  su último libro, <em>Palma Real</em>, 2008), o se enfrenta a una realidad  incoherente y absurda, dominada por los distintos procesos dictatoriales del  continente, a través de un compromiso estético y político. <em>Polvo para morder</em> (1982) resume este sentimiento de desarraigo y lucha que le había marcado en  algunos de sus libros anteriores.<br />
Rica en contenidos y fluida  en la alternancia de formas que practica, su poesía desciende, como dijo Juan  Gelman, «del subsuelo semántico que abonaron Raúl González Tuñón, Roberto Arlt,  Carlos de la Rúa, Homero Manzi» y habría que añadir al propio Gelman.  Influencias que no solo vienen de sus lecturas sino que, en palabras de Jorge  Boccanera: «vengo muy cruzado con abuelos italianos, griegos y argentinos, más  una esposa costarricense y un hijo mexicano. Del argentino cabal (a Tuñón le  gustaba la  palabra <em>auténtico</em>),  tomo entereza y melancolía y un sentido profundo de amistad». </p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/08/boccanera.jpg" alt="boccanera" title="boccanera" width="250" height="333" class="alignright size-full wp-image-1176" />Es una obra compleja que  trabaja cada verso hasta pulir al máximo su margen de significación.  Surrealista, poeta social, viajero, autor del caos y del erotismo,  son algunas de las definiciones que ha ido reuniendo a lo largo de sus treinta  y cinco años de escritura en el panorama literario internacional. Residente en  Banfield, (provincia de Buenos Aires) sigue con su tarea periodística como ya  hiciera anteriormente en las revistas <em>Plural</em> (México), <em>Crisis</em> (Argentina) y <em>Aportes</em> (Costa Rica), combinándola actualmente con la  dirección de la revista <em>Nómada</em> de la Universidad de San Martín, en  Buenos Aires. Revista cuya determinación es sacar a la luz la literatura de su  país (principalmente la de los autores de las provincias del interior,  tradicionalmente olvidados por la metrópoli), así como la literatura  internacional, dándonos una buena muestra del interés que tiene por los poetas  menos conocidos y por aquellos que, pese al espacio en el que les ha tocado  vivir, luchan por seguir creando y publicando como antes hiciera el propio  Boccanera en sus años de extranjería.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La casa del poeta, en el  barrio donde se crió Cortázar, es una biblioteca de Babel donde reúne la  historia poética hispanoamericana, y también es el taller de donde surgen la  mayor parte de sus obras. Este lugar idílico para los amantes de la literatura  hispanoamericana y de una buena conversación fue el lugar de encuentro de una  extensa reflexión sobre la técnica y el oficio poético, y un acercamiento a la  poesía contemporánea hecha en el continente. </p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_1294" class="wp-caption aligncenter" style="width: 360px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/10/jorge-boccanera-02.jpg" alt="Jorge Boccanera - Tongolele Foto: JAL" title="jorge-boccanera-02" width="350" height="263" class="size-full wp-image-1294" /><p class="wp-caption-text">Jorge Boccanera - Tongolele Foto: JAL</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>¿La poesía latinoamericana posee una articulación que le es propia, una  identidad continental? </em></strong><br />
    Esa articulación propia se ve en una  búsqueda constante que más que coagular en escuelas &#8211;como pasó con muchos de  las vanguardias europeas de principios del siglo XX&#8211; nos legó a partir de  poetas considerados fundadores o de la constelación inicial: Oliverio Girondo,  César Vallejo, Salomón de la Selva, Pablo Neruda, Cardoza y Aragón, entre  otros, que más que a determinadas escuelas invitaban a una libertad plena; a  echar mano a todo lo que conviniera a la búsqueda de cada uno. Incluso el  nicaragüense Rubén Darío se negó a considerar al Modernismo como una escuela  con  manifiestos y proclamas de cómo  escribir. Más bien esos poetas, aún tomando elementos de la ruptura que  convenían a la poética de cada uno, polemizaron con los “ismos” que llegaban de  Europa. Una “articulación propia” existe, aunque es difícil de rastrear, porque  tiene que ver con modulaciones, matices, cadencias, sentires, fraseos, miradas  que llegan del indigenismo, el criollismo, la negritud y los diálogos que se  entablan con una naturaleza exuberante o desértica, pero también con las urbes.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong><em>¿Dónde  se encuentra el germen de tu creación?</em></strong><br />
    Eso lo deben decir los críticos. Quizá haya  una marca en la mirada sobre la extranjería, pero sobre todo <em>desde </em>esa extranjería. De niño me  intrigaban los destinos humanos; los azares que llevaban a gente de  procedencias diferentes al puerto donde nací. Ese sentimiento de errancia, que  se profundizó después en el exilio, es una usina de preguntas que trato de  responder –quizá con nuevos interrogantes- en mis textos. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Afirmas ser un corrector que talla con sumo cuidado el verso, y has  añadido que hay que quemar la poesía para rescatar sus cenizas. ¿Hay que  aplicar oficio o intuición a la obr</em></strong><em>a?</em><br />
   La que manda es la imaginación. Más que  decir que corrijo mucho, te diría que escribo mucho, porque entiendo que la  primera operación forma parte de la segunda. La corrección no funciona como  crítica de lo hecho, sino que forma parte del armado. En la marea de la  imaginación, vienen juntos saberes e intuiciones, percepciones y azares. Cuando  escribo hay una voz, la mía, que no deja de retumbar en mi interior; esa  “parla” que puede durar años y ser extenuante, se detiene cuando empieza a  hablar el poema. En ese instante, yo me callo.   </p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>¿Cuáles son tus propuestas en los talleres literarios que  impartes?</em></strong><br />
   Creo que las propuestas deben ser personales  y partir de cada quien y a partir del mundo de cada quien. La “curiosidad”, sí  es una palabra recurrente en mis clases de periodismo. Más en esta época donde  parece un músculo mutilado. Pienso que escribir es también un reportaje a fondo  a la realidad y a los sueños. Y lo lúdico aceita la imaginación, le da  movimiento, produce otros diálogos y otras preguntas. Me parece que el poema se  va “construyendo” con estupores y vivencias, dudas y certezas, intuiciones y  saberes; o a la inversa, desarmando todo eso para encontrar restos de una  imagen que late calladamente en la lengua. Te diría que se construye tallando  una gran roca de silencio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>¿La pregunta y la cuestión, son herramientas poéticas?</em></strong><br />
    “Pregunta” me remite a búsqueda, a  experimentación, y la palabra “cuestión” me remite a asunto a dilucidar, pero  también a interpelación, a cuestionario. En ese sentido sí, podría considerarse  una herramienta. Se me ocurre a propósito de esto un símil gastronómico: la  tortilla de maíz que se come en México, es a la vez plato, cubierto y comida.  Bueno, eso le cabe a la pregunta. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Juan Gelman, en su prólogo a </em>Marimba<em> dice  que tu poesía brota del subsuelo semántico que abonara Tuñón, De la Púa,  Arlt&#8230; ¿Te sientes heredero de una   tradición literaria argentina?</em></strong><br />
   Bueno, hay un fraseo urbano que viene de  allí, de la ciudad de Buenos Aires. Y del tango. No te olvides que mi padre era  cantor de tango y eso siempre estuvo sonando en mi casa. Pero ese “decir” se  cruza luego con otras texturas y sonoridades; adherencias que se fueron dando  en largos años que viví en Centroamérica y México.  </p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Algún crítico ha definido tu poesía como sola y extranjera, debido a tu  periplo centroamericano. ¿Sientes que has tomado otro camino?</em></strong><br />
   Si hay de verdad otro camino, tiene que ver  con la respiración de los viajes. Alguien dijo que mis escritos tienen el  “jadeo del viaje”. Así precisamente se llama un libro que apareció en México.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>En muchas de tus obras  señalas la importancia de ese “viaje”.</em></strong><br />
   Siempre sé de dónde parto pero nunca dónde  voy a llegar. El que nace en un puerto tiene el tema del viaje instalado, más  si ese puerto encierra historias de exploradores como Darwin, de piratas como  Sir Francis Drake. Soy un sobreviviente de esa infancia en un puerto de  inmigrantes. Un puerto es muchos lugares a la vez, éste estaba asentado sobre  una tierra que los indios llamaron  “el  país del diablo”, y que antes de denominarse White se llamó Puerto de la  Esperanza. Me crié allí, en la peluquería de mi abuelo italiano, cuando era el  puerto de mayor calado del cono sur y albergaba mucho movimiento comercial.  Seguro me marcó esa atmósfera de pescadores, carnaval, ambiente de cabaret,  grescas de marineros, gente con la errancia a cuestas. En la peluquería de mi  abuelo transitaba una fauna variopinta de estibadores, camioneros,  parroquianos, inmigrantes la mayoría. A mí me gustaba instalarme y jugar,  girar, en el sillón del peluquero, pero también era muy callejero. El escritor  austriaco Peter Handke, dijo en una entrevista que su andar sin rumbo tenía que  ver con gente que había visto en su infancia vagabundear, justamente cuando los  demás tenían un sitio a donde ir. A mí también me imanta la fábula de los  arrabales, los personajes que tienen la llave de la calle. Eso baña mi poesía y  también las historias de vida que escribo, vida, movimiento, desplazamiento,  viajes por dentro de la gente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>En </em>Sordomuda<em> (1991); planteas la idea de  la imposibilidad de atrapar la esencia poética, pero la planteas a través de  mecanismos literarios y representaciones metafóricas&#8230; ¿No es acaso paradójico  el uso de estos recursos si tu mensaje es un acto imposible? </em></strong><br />
   Sí, claro. La poesía es paradoja, que es una  figura de pensamiento casi diría nuclear en la poesía. Es más, diría que la  paradoja es el punto donde la metáfora eclosiona. Podría decirse, siguiendo  este sentido de lo antitético, que <em>Sordomuda </em>plantea al mismo tiempo la búsqueda y lo infructuoso de esa búsqueda. Pero  también, <em>Sordomuda</em> alude a que en los deshechos del trabajo de  indagación, en ese detritus, quede algo del sentido buscado. Vale decir que el  resultado estaría en lo residual. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Entonces, como señala Vicente Muleiro en el prólogo a </em>Servicios del Insomnio <em>(2005), ¿tu poesía es una  transición entre la “corrosión” y el “erotismo”, y tu voz  la de un autor que nos descubre el caos? </em></strong><br />
    Si ese caos equivale a despojo, está, sí,  en el camino de lo que busco. Lo de corrosión y erotismo podría entenderse, por  qué no, como lucha de opuestos. Esta pugna de contrarios está muy presente en  grandes voces de la poesía hispanoamericana, el asunto es el resultado  -imágenes, condensación de sentido, intensidad- de esa tensión. Sobre ese  antagonismo, Breton sostenía que los elementos se neutralizaban, pero para  Cardoza y Aragón coexisten con sus especificidades correspondientes. Estoy más  de acuerdo con la forma en que entendía la lucha de contrarios el poeta  guatemalteco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>¿Por qué señalas, “mi poesía se acerca más al teatro que a lo  conceptual”?</em></strong><br />
   Esto lo dije respecto a un teatro de la  imaginación montado en el reverso de una literatura de ideas: escrita desde la  teoría y como una suma de mediaciones culturales. De todos modos, creo que la  poesía siempre está hecha de cruces entre el pensamiento y la intuición; pero  en todo caso, y aún como lector, me interesa más que la poesía-ensayo, una  poesía surgida de lo visceral, de la imaginación, como pedían Lezama Lima o  García Lorca, para dar dos ejemplos.   <br />
 </p>
<p><strong><em>Frecuentemente, las historietas y tebeos que leías en tu infancia,  están presentes en tus obras, ¿es posible encontrar un rastro de ellas en tu  poesía?</em></strong><br />
   Aunque suene extraño, es así. En el clima de  la historieta yo incluiría la secuencia de un poema visual, con movimiento,  como “Marimba”. Pero es en <em>Sordomuda</em> donde, creo yo, queda plasmada esta  cercanía. Un tono irónico, grotesco, tremebundo se liga a situaciones de  aventura que simbolizan asuntos referidos expresamente a la creación. Hay algo  de cuadro de historieta en esos textos donde la poesía aparece disfrazada de  pordiosera o reina y permanece atada espalda con espalda con el poeta en un  campamento rodeado de centinelas. En mi poesía desfilan varios personajes: el  domador de leones, los espantapájaros, la contorsionista, el motociclista, el  luchador, la sordomuda, el bufón del rey, el callado, las bestias, entre  otros.   </p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>  <strong> En cuanto a tu tendencia a biografiar la vida  de diferentes poetas, ¿por qué ese interés por la conversación histórica?</strong></em><br />
    Dentro de la investigación literaria y del  periodismo, podría inscribirse mi trabajo en el género biográfico, esas  historias de vida de <em>Ángeles trotamundos </em>(1993 y 1996)o<em> Malas compañías </em>(1997). Son modos de seguir leyendo  historias en la gente, como cuando de chico me sumergía en los comics. Y así  como uno de los guionistas de mi infancia, Héctor Oesterheld (desaparecido por  la dictadura militar en 1977) resumía una historia en 16 páginas, al contrario  de las usuales desflecadas en el consabido suspenso del  “continuará”, trato de condensar los momentos  de una existencia en una narración corta e intensa. Son vidas vividas a pleno,  como desafíos.  <br />
 </p>
<p><em>    <strong>Publicas</strong></em><strong> Palma Real<em> en 2008, ¿qué supone para ti  la publicación de</em> <em>este  poemario? ¿Hubo un cambio en tu desarrollo, ahora tu obra tienta el rastro de  la naturaleza? </em></strong><br />
   Ese libro iba a llamarse <em>Cuaderno de la  selva</em> y lo anima la floresta, el ramaje. Comencé a escribirlo hacia mitad  de los años 90 en Costa Rica, cuando con un poeta amigo, Norberto Salinas,  fuimos a la frontera con Nicaragua a una zona selvática llamada Dos Ríos de  Upala. Me conmovió allí lo enmarañado que contenía todos los sabores y los  olores, todas las formas y las texturas, y las vidas y las muertes. Luego lo seguí  en otros parajes de espesura de Costa Rica como Tortuguero y Monteverde. Tiene  la selva como eje, una fronda que surge de su propia imaginación y, en una  lucha de contrarios, sueña a ratos. En <em>Palma  Real</em> me acompañan varios personajes que toman la palabra, comentan: hay  pájaros que opinan, reptiles que reflexionan, felinos que dialogan. Todo en un  paisaje de voces atravesado por la sensualidad, el silbido de la memoria, y los  insectos construyendo el silencio con sus mandíbulas que devoran las hojas crepitantes.  Si trabajar es ir al encuentro de algo, intento viajar hacia los espejos de la  selva donde pueda aparecer reflejada la pasión, el deseo, el tránsito hacia lo  que desconozco, y los árboles talados de mi generación.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><strong><em>Según tenemos entendido hay a la vista otro poemario. ¿Cuáles son tus  proyectos?</em></strong><br />
    En 2008 se publicó<em> Palma Real</em>, que estuvo doce años en escabeche; hay en proceso  (lento) un nuevo libro que se llamará, creo, <em>Monólogo del necio</em>, y tengo por delante un libro de ensayo sobre  las poéticas de ruptura de los años ’20 en América Latina, y una novela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Afirmaste en una entrevista: “yo les pediría más imaginación a muchos  poetas que parecería que viven en un pozo, que no tienen mirada de nada”. Crees</em></strong><em> <strong>que la poesía actual hecha  en Argentina es comparable a aquella de los años  vanguardistas construida en torno a la  revista </strong></em><strong>Martín  Fierro<em>, y sus grupos  de Florida y Boedo. </em></strong><br />
Veo que hay gente que no se compromete ni siquiera con su propia  imaginación. Y a ratos pareciera que se toma la poesía como exotismo, se la  trabaja con pinzas como a un ornamento. Cardoza y Aragón decía que sólo puede  haber ideas exóticas, para quienes no tienen ideas. Los poetas de Boedo y  Florida, por sobre el supuesto y remanido antagonismo,  estaban “jugados” a una búsqueda y a una  mirada profunda de su entorno. Y más que escritores de una década, de una  época, diría que sus obras atraviesan todo el siglo veinte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>   <strong>En la actualidad los  jóvenes de Argentina salen al mundo a buscar oportunidades que no encuentran en  el país&#8230;; ¿qué opinas de este fenómeno diferente a la expulsión obligatoria  que tu generación sufrió debido a la dictadura?</strong></em><br />
   El exilio es un tema que atraviesa toda la  historia argentina y es a la vez eje de mucha de la literatura que aquí se  produce; la poesía de Juan Gelman, sin ir más lejos, es un ejemplo. Tengo un  libro publicado sobre el tema, <em>Tierra que  anda</em> (1999), y tengo en  mente escribir otro. Además de lo coyuntural y político, diría que el poeta  vive en los “bordos” (con ese término designaba Bartolomé de las Casas a los  costados del barcos). En lo particular, haberme ido a los 22 años adquirió un  sentido más allá de la desgracia que supone el destierro, porque supone  “aprendizaje”. Esto lo hablaba yo con un exiliado emblemático de esta parte del  continente, el paraguayo Augusto Roa Bastos, quien vivió algo semejante, y  había concluido en que el exilio era su maestro. Como no me fui por razones  económicas, y pude abrir los ojos en otras culturas y otras vivencias  cotidianas, populares, tengo apenas una mirada general sobre la partida de  muchos argentinos en los últimos años. De cualquier modo, creo que en muchos de  los que se van hay mucha fantasía; me queda la imagen de un grupo de turistas y  un barco encallado en lugares que no quieren ni siquiera pisar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>  <strong> Dijiste en una entrevista: “La verdadera  solidaridad es ponerse en el lugar de otro, la reciprocidad”. ¿Esa solidaridad  de la que hablas está presente en esta época?</strong></em><br />
    Son tiempos de afectos e intereses comunes  parcelados. Lo solidario implica un estado de vecindad alimentado por una  acción aglutinante que es reciprocidad y diálogo, trabajo y creatividad  dinamizando una mejor convivencia de los hombres en sus proyectos diversos.  Bueno, eso hoy está ausente. El paisaje humano lo forma ese ser aislado,  fragmentado, aturdido, alienado, despolitizado, impotente, que vive en un  estado de vulnerabilidad que se logra mediante   el terror, vale decir que el orden establecido engendra una subjetividad  enajenada. Como dicen algunos críticos lúcidos, el compromiso ético pasa por  sostener el propio deseo. Me formé en un tiempo de cruces de experiencias  múltiples que tenían que ver con formarse e informarse, aprender y  experimentar, en un coloquio constante que iba de la biblioteca a la mesa del  café, de la universidad a la barriada. Hablo de un diálogo múltiple,  polifónico, diverso. Es irremediable que compare cada día aquella porosidad con  este presente homogéneo y autoritario de información compactada, que tiende a  masificar el discurso desde un mismo punto de vista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/11/octavio-pineda.jpg" alt="octavio-pineda" title="octavio-pineda" width="250" height="213" class="alignleft size-full wp-image-1388" /><strong>Octavio Pineda Domínguez (Gran Canaria,  1979). </strong><br />
Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Las Palmas de  Gran Canaria. En la actualidad prepara una maestría en la Universidad Toulouse  II (en Francia) sobre poesía argentina contemporánea. Fue  colaborador en la revista universitaria <em>Calibán </em>de la ULPGC y ha sido editado en la colección Ágape dentro de la antología  “Y como éramos pocos” sobre poesía canaria joven. Desde 2007 trabaja como  Lector de español en la Universidad Toulouse II, ha participado en la revista <em>Caravelle</em> de esa universidad y en la  publicación <em>Nu2</em> de Lanzarote. En 2008  fue galardonado con el VII  premio de poesía Domingo Velázquez de Fuerteventura con su poemario <em>bersos,</em> y en el año 2009 ganó el accesit del III Premio  de Poesía Joven Injuve a nivel estatal con el poemario <em>amasijos  conversaciones y otras ciudades.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.laotrarevista.com/2009/12/jorge-boccanera-entrevista/feed/</wfw:commentRss>
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		</item>
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		<title>Jorge Brash. Décima suerte</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 17:40:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
		<category><![CDATA[gaceta33]]></category>

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		<description><![CDATA[Este interesante poeta mexicano, avecindado en Xalapa, Veracruz, juega a la lotería con sus décimas, que, por cierto, nos ofrece inéditas. &#160; &#160; &#160; &#160; Jorge Brash Décima suerte (inédita) (Lotería) &#160; 1. El catrín 2. La mano 3. El &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/12/jorge-brash-decima-suerte/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/12/brash-jorge-100x72.jpg" alt="brash-jorge" title="brash-jorge" width="100" height="72" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1422" />Este interesante poeta mexicano, avecindado en Xalapa, Veracruz, juega a la lotería con sus décimas, que, por cierto, nos ofrece inéditas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-1448"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Jorge Brash</strong></p>
<p align="center"><strong>Décima suerte  (inédita)</strong></p>
<p align="center">(Lotería)</p>
<p>&nbsp;</p>
<table border="0" align="center" cellpadding="10" cellspacing="0">
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p>1. El catrín <br />
2. La mano <br />
3. El tambor <br />
4. La rosa <br />
5. El soldado <br />
6. La sandía <br />
7. La sirena<br />
8. El cazo <br />
9. La escalera <br />
10. El Negrito <br />
11. La botella<br />
12. El borracho <br />
13. La chalupa <br />
14. El gorrito  <br />
15. La bandera  <br />
16. El bandolón  <br />
17. El violonchelo  <br />
18. Las jaras <br />
19. La maceta <br />
20. La rana <br />
21. La estrella<br />
22. El venado <br />
23. El camarón <br />
24. El pescado <br />
25. La araña <br />
26. La pera <br />
27. El nopal</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p>28. El apache <br />
29. El barril<br />
30. El árbol<br />
31. El pino <br />
32. La campana <br />
33. El cantarito <br />
34. El arpa<br />
35. El melón <br />
36. El diablito<br />
37. El paraguas<br />
38. La bota<br />
39. El sol<br />
40. El alacrán <br />
41. El mundo<br />
42. La corona<br />
43. La palma<br />
44. El corazón <br />
45. La luna<br />
46. El valiente<br />
47. El músico<br />
48. La garza<br />
49. El cotorro<br />
50. El pájaro<br />
51. La calavera <br />
52. El gallo <br />
53. La dama <br />
54. La muerte
</p>
</td>
</tr>
</table>
<p>&nbsp;</p>
<table border="1" align="center" cellpadding="10" cellspacing="0" bordercolor="#666666">
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>1. El catrín</strong></p>
<p>En esto de la    presencia<br />
hay que andarse con    cuidado,<br />
dijo cierto diputado<br />
de muy dudosa    sapiencia;<br />
pero queda en la    conciencia<br />
del virtuoso del    violín<br />
que la forma cede al    fin<br />
sus privilegios al    fondo.<br />
Indiferente y orondo<br />
cuida su estampa el    catrín.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>2. La mano</strong></p>
<p>El dedo pulgar    empieza<br />
cuando es cosa de    contar<br />
y el índice se ha de    alzar<br />
si predicamos    grandeza.<br />
Por la página    atraviesa<br />
con aire y ritmo    galano;<br />
se ofrece abierta al    hermano<br />
y se agita en los    adioses;<br />
pero si hablamos de    poses,<br />
quién más diestra    que la mano.</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>3. El tambor</strong></p>
<p>Mire lo que me    compré<br />
en la feria de allá    abajo:<br />
un sombrero como    atajo<br />
para llegar hasta    usté.<br />
Venga a tomar el    café<br />
y así sentirá mejor<br />
el aroma y el calor<br />
de este corazón    doliente<br />
que, a su lado y de    repente,<br />
bate a ritmo de    tambor.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>4. La rosa</strong></p>
<p>Hay pétalos que    reúnen,<br />
como fragmentos de    vida,<br />
la variedad infinita<br />
de matices que    produce<br />
la mano, cuando    descubre<br />
el botón que apenas    toca,<br />
y tocándolo provoca<br />
un vértigo de    frescura<br />
en la caída segura<br />
hasta el fondo de la    rosa.</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>5. El soldado</strong></p>
<p>Este vecino de bota<br />
y vida tan regular<br />
va dibujando al    pasar<br />
los compases que la    nota<br />
del clarín, su    compatriota,<br />
ha dispuesto a su    cuidado.<br />
La cantimplora va a    un lado<br />
como oración    permanente<br />
del agua que ya    presiente<br />
la sed final del    soldado.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>6. La sandía</strong></p>
<p>Si en el coco el    agua danza,<br />
en este fruto    gigante<br />
puesto al anhelo    delante<br />
como cumplida    esperanza,<br />
la sangre se    agolpa&#8230; y lanza<br />
sus guijarros contra    el día.<br />
¡Ah cómo me    gustaría,<br />
de ofrenda para mi    diosa,<br />
una encarnada y    jugosa<br />
rebanada de sandía!</p>
</td>
</tr>
</table>
<table border="1" align="center" cellpadding="10" cellspacing="0" bordercolor="#666666">
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>7.</strong> <strong>La sirena</strong></p>
<p>Empecé por añorar<br />
la tibia humedad del    seno,<br />
desestimando el    veneno<br />
de esta criatura de    mar.<br />
Pretendía soportar<br />
la belleza que    enajena<br />
―promesa de dicha    plena―<br />
y a su embrujo    resistir.<br />
Acabé por sucumbir<br />
al canto de la    sirena.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>8. El cazo</strong></p>
<p>En la fonda de    Teresa<br />
se prepara la comida<br />
de la hueste    enfebrecida<br />
por la compota de    fresa.<br />
Es de admirar la    entereza<br />
con la que apura su    vaso<br />
esa ninfa del ocaso,<br />
que cata el vino    clarete<br />
de la una hasta las    siete<br />
sin conceder tregua    al cazo.</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>9. La escalera</strong></p>
<p>Para alcanzar el    estado<br />
prescrito por el    decreto<br />
tiene usted que ver    a Beto,<br />
el de la puerta de    al lado.<br />
De paciencia vaya    armado<br />
y de alforja en    bandolera<br />
pues no será tan    ligera<br />
la jornada. Lleve    vino,<br />
provisiones&#8230; Su    destino<br />
tiene forma de    escalera.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>10. El Negrito</strong></p>
<p>La tarde cuelga una    nube<br />
del tendedero del    sol<br />
y entre vapores de    alcohol<br />
hasta el campanario    sube.<br />
Toda mi vida    entretuve<br />
investigando en el    mito<br />
o en el quehacer    infinito<br />
que sólo al ocio    compete,<br />
 y hoy giro como el rehilete<br />
que me regaló El    Negrito.</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>11. La botella</strong></p>
<p>Acuden al    pensamiento<br />
las más diversas    razones<br />
si a considerar te    pones<br />
este valioso    instrumento,<br />
ya sea guarde el    fermento<br />
del más humilde    tenor<br />
o entrañe fino licor<br />
en el roble    destilado,<br />
la botella hasta ha    pasado<br />
a ser ruleta de    amor.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>12. El borracho</strong></p>
<p>Si no sé ni dónde    estoy<br />
ni me fajo la camisa<br />
ni sé caminar aprisa<br />
ni decir adónde voy,<br />
será que de ayer a    hoy<br />
sólo recuerdo que vi<br />
tu imagen y repetí<br />
tartamudeando tu    nombre.<br />
¡Apiádate de este    hombre<br />
borracho de amor por    ti!</p>
</td>
</tr>
</table>
<table border="1" align="center" cellpadding="10" cellspacing="0" bordercolor="#666666">
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>13. La chalupa</strong></p>
<p>Portadora del espejo<br />
florecido en la    quietud,<br />
resbaló mi juventud<br />
extasiada en un    reflejo.<br />
Visto está, si más    me alejo<br />
más se acendran y se    agrupan<br />
las nostalgias que    me ocupan<br />
al revisar lo    perdido.<br />
Acabaré en un    descuido<br />
a bordo de una    chalupa.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>14. El gorrito</strong></p>
<p>―¡Quién me compra    una mascada<br />
contra el viento    mordelón,<br />
quién se lleva el    pantalón<br />
que pide la    temporada!<br />
¡Traigo fina ropa    usada<br />
a un precio, Jesús    bendito,<br />
que no comprarla es    delito<br />
para el que no hay    garantía!<br />
―Digo, marchante,    ¿no fía?<br />
Yo nomás quiero el    gorrito.</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>15. La bandera</strong></p>
<p>Cansada de tanta    fiesta<br />
toma un respiro en    lo alto<br />
como quien medita el    salto<br />
al abismo y ya se    apresta<br />
a formular la    respuesta<br />
más airosa a su    manera:<br />
abre las alas señera<br />
y emprende ingrávida    el vuelo<br />
a los confines del    cielo,<br />
águila al fin, la    bandera.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>16. El bandolón</strong></p>
<p>En un rincón    recoleto<br />
de los confines del día<br />
conversa con la    armonía<br />
de venturoso    cuarteto.<br />
Tiene fama de    discreto<br />
y avezado para el son.<br />
No importa tu    condición<br />
―deprimido o    achispado,<br />
animoso, desganado—<br />
te gustará el    bandolón.</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>17. El violonchelo</strong></p>
<p>Pablo Casals le dio    al arce<br />
una voz tan bien templada<br />
que, absorta y    ensimismada,<br />
la musa optó por    callarse.<br />
Mientras la ola se    esparce<br />
en semifusas de    hielo<br />
el canto se torna    vuelo<br />
de un scherzo    malherido<br />
que viene a tejer el    nido<br />
del alma del    violonchelo.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>18. Las jaras</strong></p>
<p>Madera, noble    elemento<br />
que has visto crecer    al hombre<br />
confiriéndole en tu    nombre<br />
casa, vestido y    sustento.<br />
Lo digo con    desaliento:<br />
hoy las selvas ya    son raras<br />
y las maderas más    caras<br />
de los bosques    escasean<br />
y ya no hay, como no    sean<br />
breñales para las    jaras.</p>
</td>
</tr>
</table>
<table border="1" align="center" cellpadding="10" cellspacing="0" bordercolor="#666666">
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>19. La maceta</strong></p>
<p>En una ciudad lejana<br />
hay un barrio    populoso<br />
donde un edificio    añoso<br />
tiene rota la    ventana.<br />
Lo recuerdo esta    mañana<br />
en una imagen    concreta:<br />
una fachada discreta<br />
con alféizar    elocuente<br />
donde asoma de    repente<br />
un geranio en su    maceta.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>20. La rana</strong></p>
<p>Se resumen en un    charco<br />
las notas del    aguacero<br />
y quedan en el    tintero<br />
las singladuras del    barco.<br />
De clorofila este    calco,<br />
compendio de vida    arcana,<br />
se desata en    filigrana.<br />
El temblor del    renacuajo<br />
se cuela por un    atajo<br />
del tiempo y se    vuelve rana.</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>21. La estrella</strong></p>
<p>¿Y si esa bóveda    oscura<br />
fuera en verdad un    telón,<br />
una malla, una    versión<br />
hipertrofiada en la    altura<br />
del firmamento? ¿Tan    pura<br />
será la lumbre de    aquella<br />
gran explosión? Será    huella,<br />
o pálpito acompasado<br />
del más remoto    pasado<br />
que nos saluda en la    estrella.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>22. El venado</strong></p>
<p>Yo sé de un árbol    viajero<br />
que anda en busca de    su pienso<br />
en un pastizal    inmenso.<br />
Con los fríos de    febrero<br />
desciende desde el    otero<br />
a triscar el    anhelado<br />
helecho del    descampado.<br />
Al alba miré en la    brecha<br />
la cornamenta    derecha,<br />
la majestad del    venado.</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>23. El Camarón</strong></p>
<p>Las manos tuvo de    foca<br />
y la espalda de    tortuga;<br />
por nariz, una    verruga<br />
y desastrada la    boca.<br />
Era de cabeza loca<br />
y enemigo del jabón;<br />
andaba de polisón<br />
mientras los demás    dormían<br />
y en el barrio le    decían<br />
por mal nombre El    Camarón.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>24. El pescado</strong></p>
<p>Evocación del origen<br />
o nostalgia de    humedad,<br />
alimento de Simbad<br />
―criaturas que el    agua rigen<br />
y entre vórtices    afligen<br />
un trayecto    equivocado.<br />
En el puerto de    Alvarado<br />
lo compruebo una vez    más:<br />
el hambre se queda    atrás<br />
si como arroz con pescado.</p>
</td>
</tr>
</table>
<table border="1" align="center" cellpadding="10" cellspacing="0" bordercolor="#666666">
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>25. La araña</strong></p>
<p>Cosa de seguir el    hilo<br />
de la historia y    descubrir<br />
si no hay principio    ni fin<br />
en su compás    contenido.<br />
En el sueño donde    miro<br />
la silueta    abroquelada<br />
de mi presente se    aclara<br />
el enigma en espiral<br />
que con gran    habilidad<br />
urdió de noche la    araña.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>26. La pera</strong></p>
<p>La fronda viste de    blanco<br />
y se levanta hasta    nimbo<br />
disolviéndose en el    limbo<br />
perezoso del    espacio.<br />
Sinuosidades de vaso<br />
rizan pálida    frontera,<br />
vago recuerdo de    esfera,<br />
claras promesas de    fruto.<br />
Hay aromas de    interludio<br />
e indecisión en la    pera.</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>27. El nopal</strong></p>
<p>Jamás tuve compañía<br />
que en bonanza no viniera<br />
a solazarse a mi vera<br />
y derrochar alegría,<br />
pero en tiempo de sequía<br />
—tribulaciones perrunas—<br />
no me buscan sino algunas<br />
visitas con    buen motivo.<br />
El nopal es    atractivo<br />
sólo cuando tiene tunas.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>28.    El apache</strong></p>
<p>Bailé junto a la fogata<br />
de mis abuelos mayores<br />
y compuse valses nobles<br />
con Ravel una velada<br />
en que hubo rock y    sardana.<br />
Giga, pavana y    corrante<br />
me agitan como el    jarabe,<br />
la chacona, el    rigodón.<br />
Disfruto el twist,    el danzón<br />
y la danza del    apache.</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>29. El barril</strong></p>
<p>Varios listones    combados<br />
con infinita    paciencia<br />
paran en    circunferencia<br />
ensamblada de    artesano.<br />
Al mosto el mayor    cuidado<br />
se consagra con el    fin<br />
del fermento    convertir<br />
en un vino generoso.<br />
El tiempo es sabio    en el fondo<br />
reposado del barril.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>30. El árbol</strong></p>
<p>Qué majestuoso y    altivo<br />
se apropia del    horizonte<br />
como cimera del    monte,<br />
culminación de lo    vivo.<br />
Nogal, haya, roble,    olivo,<br />
algarrobo y avellano<br />
asistieron al    temprano<br />
acontecer de la    historia.<br />
Son ellos nuestra    memoria:<br />
sin árbol no hay ser    humano.</p>
</td>
</tr>
</table>
<table border="1" align="center" cellpadding="10" cellspacing="0" bordercolor="#666666">
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>31. El pino</strong></p>
<p>Ahí está, cubierto a    veces<br />
por los jirones del    vaho<br />
que los bueyes van    dejando<br />
en fiel tributo a la    nieve.<br />
Sus ramas    desaparecen<br />
en un escorzo    finísimo<br />
y si me acerco soy    río<br />
que a su corteza se    funde,<br />
pues toda mi vida    fluye<br />
a la vera de este    pino.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>32. La campana</strong></p>
<p>El silencio cierra    puertas<br />
en esta noche sin    luna<br />
y de las aves    ninguna<br />
a emitir su voz    acierta.<br />
Tanta quietud    desconcierta<br />
y se antoja    sobrehumana. <br />
Como una mantra    lejana<br />
pronunciada a media    noche<br />
en la espesura del    bosque,<br />
se oye tañer la    campana.</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>33. El cantarito</strong></p>
<p>El agua en él me    sabía<br />
a nieve de la    montaña<br />
provocándome una    extraña<br />
sensación que me    invadía<br />
al beber a mediodía<br />
aquel frescor    exquisito.<br />
La costumbre se hizo    rito<br />
y hoy se torna desazón.<br />
Por culpa de un    tropezón<br />
se me ha roto el    cantarito.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>34. El arpa</strong></p>
<p>La luz tiende sus    cadenas<br />
entre cristales de    roca<br />
mientras el agua    desboca<br />
un atolón de    sirenas.<br />
El rumor de las    arenas<br />
se precipita en la    escarpa,<br />
iza las velas y    zarpa<br />
con destino    circunflejo<br />
dejando solo el    reflejo<br />
de los arpegios del    arpa.</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>35. El melón</strong></p>
<p>Museo de los    sentidos,<br />
guardas recuerdos    muy gratos<br />
que voy visitando a    ratos<br />
fugaces y    agradecidos.<br />
A todos mis    conocidos<br />
les paso la    invitación:<br />
disfruten la    sensación<br />
de oler un fruto    aromoso,<br />
beban su jugo    sabroso<br />
y cómanse un buen    melón.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>36. El diablito</strong></p>
<p>En general muy    discreto,<br />
comedido y    reservado,<br />
lo traigo aquí en un    costado<br />
o pegado al    esqueleto.<br />
Sin él me siento    incompleto<br />
desangelado,    maldito&#8230;<br />
y entre rumores transito<br />
imperceptibles al    mundo.<br />
Me disgrego, me    confundo<br />
sin este diablo    bendito.</p>
</td>
</tr>
</table>
<table border="1" align="center" cellpadding="10" cellspacing="0" bordercolor="#666666">
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>37. El paraguas</strong></p>
<p>Los calores del    verano<br />
están pidiendo    aguacero<br />
para ahogar el    resistero<br />
y darle vida al    secano.<br />
Paraguas tengo a la    mano,<br />
ya no sé ni para    qué,<br />
si el viento volvió    al revés<br />
la tela con sus    varillas.<br />
Me mojaré las    rodillas,<br />
la espalda y el    bisoñé.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>38. La bota</strong></p>
<p>Ayer saqué del    ropero<br />
un suéter de casimir<br />
un pantalón de    vestir<br />
y una chamarra de    cuero.<br />
También encontré un    sombrero<br />
y una corbata    chipriota<br />
con un carrujo de    mota<br />
escondido en la    costura.<br />
Lo único que me    apura<br />
es que sólo hallé    una bota.</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>39. El sol</strong></p>
<p>No fue mi infancia    pareja<br />
a aquella de don    Alfonso<br />
ni está a su altura    este esbozo<br />
o remedo de    acuarela.<br />
Evocación incompleta<br />
en sombra de    resolana,<br />
se cuelan por mi    ventana<br />
lánguidos rayos de    sol<br />
y con tímido arrebol<br />
van tiñendo la    mañana.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>40. El alacrán</strong></p>
<p>No quisiera    preocuparte<br />
con afán descomedido<br />
pero juzgo que ese    ruido<br />
que consigue    desvelarte<br />
no procede de otra    parte<br />
que de tu propio    desván.<br />
Y te lo digo en buen    plan<br />
―sé que no eres    preocupón―<br />
pero ten, por    precaución,<br />
antídoto de alacrán.</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>41. El mundo</strong></p>
<p>Seguirá por el    espacio<br />
sideral su    trayectoria<br />
indiferente a la    historia<br />
y a la conciencia    reacio.<br />
Derruimos un palacio<br />
en el afán infecundo<br />
de eternizar un    segundo.<br />
El hombre dejó su    huella:<br />
despojos de la    querella<br />
a su paso por el    mundo.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>42. La corona</strong></p>
<p>Vale más cualquier    sombrero<br />
toquilla, gorra o    visera<br />
que cargar en la    sesera<br />
un bulto de mal    agüero.<br />
Monarcas del mundo    entero<br />
que la memoria    perdona<br />
probaron la    belladona<br />
por culpa de su    riqueza,<br />
o perdieron la    cabeza,<br />
no se diga la    corona.</p>
</td>
</tr>
</table>
<table border="1" align="center" cellpadding="10" cellspacing="0" bordercolor="#666666">
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>43. La palma</strong></p>
<p>Este faro que    ilumina<br />
y danza a los cuatro    vientos<br />
me confunde por    momentos<br />
y al infinito me    inclina.<br />
Su condición    ambarina<br />
le da transparencia    al alma<br />
y con sus notas    ensalma<br />
cuidados y    malestares.<br />
Se aliviarán mis    pesares<br />
al arrullo de la    palma.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>44. El corazón</strong></p>
<p>La lluvia cesó de    pronto<br />
y la mar es un    espejo<br />
relegado por el    viento<br />
a las cámaras del    fondo.<br />
Todo ha quedado en    reposo<br />
y se destila el    licor<br />
del sonido que    emigró<br />
a los veneros del    bosque.<br />
En el peso de la    noche<br />
late solo el    corazón.</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>45. La luna</strong></p>
<p>Dicen que la luna    afila<br />
en la tormenta sus    garras<br />
y que suelta las    amarras<br />
cuando la mar es    tranquila.<br />
Quién sabe lo que se    estila<br />
en una noche    enlutada.<br />
Tal vez sola,    ensimismada,<br />
tramonta pálida    cumbre<br />
para ocultarnos su    lumbre<br />
entre brumas de    alborada.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>46. El valiente</strong></p>
<p>Este paladín    curioso,<br />
figura de lotería<br />
cree tener la    garantía<br />
de un talante    fabuloso.<br />
Quisá sufrirá    achacoso<br />
en condición    indigente,<br />
o bien saldrá de    repente<br />
a refrendar sus    acciones<br />
en fondas y    tendajones<br />
como todo buen    valiente.</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>47. El músico</strong></p>
<p>Con la actitud de un    experto<br />
traza sus líneas    oscuras<br />
para colgar las    figuras<br />
de su próximo    concierto.<br />
Deja su balcón    abierto<br />
y ya brinda por la    musa.<br />
Al definir la    anacrusa<br />
empieza a vencerlo    el sueño<br />
y a la postre sólo    es dueño<br />
de una página    inconclusa.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>48. La garza</strong></p>
<p>Exaltación de    blancura<br />
en lo más verde del    llano,<br />
este viento    destilado<br />
en frío su nieve    encumbra.<br />
Ingrávida luz de    pluma<br />
pisa el silencio    descalza<br />
y tenue nube levanta<br />
en un punto del    pantano.<br />
El tiempo se ha    congelado<br />
en un prodigio, la    garza.</p>
</td>
</tr>
</table>
<table border="1" align="center" cellpadding="10" cellspacing="0" bordercolor="#666666">
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>49. El cotorro</strong></p>
<p>La sonrisa a flor de    pico<br />
y la mirada    traviesa,<br />
lo admiro por su    franqueza<br />
con el pobre y con    el rico.<br />
A diario con él    platico,<br />
le acerco la fruta    al morro,<br />
a caricias lo    amodorro<br />
y a veces hasta lo    baño<br />
contento en su    travesaño.<br />
¡Daca la pata,    cotorro!</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>50. El pájaro</strong></p>
<p>Desperté oyendo la    música<br />
prodigiosa del    jilguero<br />
y al pájaro    carpintero<br />
muy afanoso en su    bulla.<br />
Otros les hacían    segunda<br />
o discanto competente:<br />
azules, rojos y    verdes,<br />
como no he visto en    la vida,<br />
y en aquella    sinfonía<br />
se alborozaba el    ambiente.</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>51. La calavera</strong></p>
<p>Esta cáscara de    nuez,<br />
este cuenco    perforado,<br />
llevó en su día    tocado<br />
de barretina o de    fez.<br />
Ahora la desnudez<br />
luce por dentro y    por fuera<br />
y se ha vuelto    madriguera<br />
de la araña y el    ratón.<br />
Anhelos, vida y    pasión<br />
pararon en calavera.</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>52. El gallo</strong></p>
<p>Anda en busca de una    polla<br />
que le aguante los    achaques<br />
y de otras dos que    en las tardes<br />
lo alimenten en la    boca.<br />
La sopita de tapioca<br />
no le da mucho    trabajo,<br />
pero se indigesta el    gallo<br />
con el maíz    reventón.<br />
Será que de sopetón<br />
lo abandonó su    serrallo.</p>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="318" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>53. La dama</strong></p>
<p>Con el rey ya no se    habla<br />
y riñó con el alfil<br />
cuyo oficio    escuderil<br />
si no la aburre la    endiabla.<br />
Combatirá a    rajatabla<br />
urdiendo con    brillantez<br />
combinaciones de    tres,<br />
como dueña del    tablero.<br />
¡Qué porte adusto y    austero,<br />
la dama del ajedrez!</p>
</td>
<td width="319" valign="top">
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>54. La muerte</strong></p>
<p>Compañera de la vida<br />
en las buenas y en    las malas,<br />
ya que mi tiempo    acabalas<br />
hazme un hueco en tu    guarida.<br />
¡Siempre tan    incomprendida<br />
en tu modo de    moverte! <br />
He corrido con la    suerte<br />
de calar tu    condición.<br />
Déjame tu dirección,<br />
más tarde te busco,    Muerte.</p>
</td>
</tr>
</table>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Antonio Machado</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 17:20:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<category><![CDATA[gaceta33]]></category>

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		<description><![CDATA[A 70 años de la muerte de esta gran poeta español, no sólo se le recuerda sino se le lee con admiración y complicidad. El mexicano Jorge Ruiz Dueñas desea compartir este homenaje. &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/12/antonio-machado/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/12/machado-antonio-74x100.jpg" alt="machado-antonio" title="machado-antonio" width="74" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1428" />A 70 años de la muerte de esta gran poeta español, no sólo se le recuerda sino se le lee con admiración y complicidad. El mexicano Jorge Ruiz Dueñas desea compartir este homenaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-1447"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/12/machado-antonio.jpg" alt="machado-antonio" title="machado-antonio" width="300" height="403" class="aligncenter size-full wp-image-1428" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Click en las imágenes de la presentación para avanzar&#8230;</strong><br />
<iframe src="http://viewer.zoho.com/embed.jsp?f=iZbacm.swf" frameborder="0" width="600" height="500"> </iframe></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Eduardo Espina. Entrevista</title>
		<link>http://www.laotrarevista.com/2009/12/eduardo-espina-entrevista/</link>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 17:11:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
		<category><![CDATA[gaceta33]]></category>

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		<description><![CDATA[Armando Alanís Pulido conversa con el poeta y crítico uruguayo sobre diversos tópicos, uno de éstos sobre su filiación y fidelidad al neobarroco. &#160; &#160; &#160; &#160; Neobarroco: del poeta de la realidad al poeta del lenguaje &#160; Conversación con &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/12/eduardo-espina-entrevista/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/12/espina-eduardo-66x100.jpg" alt="espina-eduardo" title="espina-eduardo" width="66" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1424" />Armando Alanís Pulido conversa con el poeta y crítico uruguayo sobre diversos tópicos, uno de éstos sobre su filiación y fidelidad al neobarroco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-1446"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Neobarroco: del poeta de la realidad al  poeta del lenguaje</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Conversación con EDUARDO ESPINA</strong><br />
<strong>Armando Alanís Pulido</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_1424" class="wp-caption alignleft" style="width: 198px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/12/espina-eduardo.jpg" alt="Eduardo Espina" title="espina-eduardo" width="188" height="283" class="size-full wp-image-1424" /><p class="wp-caption-text">Eduardo Espina</p></div>
<p>La obra de Espina (Montevideo 1957)  navega entre el decir y el malabarismo  verbal, en una especie de respuesta al asombro experimenta con el lenguaje de  una manera que el ha llamado patria portátil, celebra su dificultad y se dedica  a sus propias trampas; a publicado los libros de poemas <em>Valores personales</em> (1983), <em>La caza nupcial</em> (1993), <em>El oro y la liviandad del brillo</em> (1994), <em>Coto de casa</em> (1995), <em>Lee un poco más despacio(</em>1999) y <em>Mínimo  de mundo visible</em> (2003), esta incluido en más de 20 antologías de poesía  latinoamericana es también autor de varios libros de ensayos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿QUE ES LA POESÍA?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La poesía es todo, un hombre cayendo de un  décimo piso puede ser poesía y al estrellarse en el suelo se convierte en un  acto poético, el trabajo del poeta es convertir la poesía y lo poético en  poemas, la poesía sería el material lírico no escrito que carga cierta belleza  y  en el cual se intuye la posibilidad de  añadirle palabras</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>TU INSISTES QUE EL POETA DEBE DE SABER LO QUE  DEBE DE ESCRIBIR, ¿NO LE QUITAS INCONSCIENCIA AL ACTO DE ESCRITURA?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si y no, creo en la educación poética (las  lecturas) pero al mismo tiempo en una intuición poética, me refiero a que el  poeta debe de saber no solo lo que ya está escrito si no lo que el no puede  escribir por limitaciones propias y no por autocensura  sino por exigirle  a su intuición la posibilidad que esta  se auto controle, yo por ejemplo no me siento  un poeta que pueda escribir un poema político, porque los actos políticos no me  conmueven, sin embargo ver a una hormiga en la cual se posa un pie talla 42 me  produce emoción y puedo escribir sobre eso, quiero decir que el poeta a lo  largo de la vida se va informando, Rimbaud y Keats sabían lo que debían hacer;  asocio esto usando la siguiente analogía: un jugador de fútbol que está jugando  en la primera división a los 39 años y de pronto se da cuenta de que puede ser  la estrella del equipo, no porque puede correr más sino porque sabe cuanto  correr,  así son los poetas que a mi me  gustan como Stevens, Pound, Valery, que han escrito lo mejor de su obra ya  pasados los 40 años, al igual que el jugador de fútbol el poeta debe de saber  como moverse para que la pelota le venga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>TOMADO LA ANALOGÍA DEL FÚTBOL ¿CUANDO EL POETA  NO QUEDARÍA EN OFF- SIDE? </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La palabra compromiso es siempre muy  vulnerable, en la poesía el poeta hace el compromiso de acceder a lo poético  mediante la belleza que corresponde con su <em>status quo</em><br />
metafísico, ahora bien en ese trayecto hacia  el reconocimiento lo que se da muchas veces es que uno deja de reconocerse, ahí  es cuando el poeta quedaría en <em>off-side</em>, y esto creo que le pasa a todo  el mundo, que de repente los poemas no salen tan bien, Octavio Paz tiene poemas  malísimos, también Borges, Oliverio Girondo, no se salva nadie y esto es lo  interesante, al acceder a esa condición de semi viejo a esa condición de  lucidez geriátrica, el poeta sabe que publicar y que no publicar; luego hay  poetas viejos que publican poemas malos pero esos poetas se han quedado sin  combustible. La historia prueba de que la gran poesía se escribe en el momento  en que la inteligencia se encuentra con la experiencia y generan el deseo y la  memoria conjuntamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>AHORA UBIQUÉMONOS: EL NEOBARROCO, AHÍ ESTAS  TÚ, ESTÁ JOSÉ KOZER&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No creo que haya más de cinco poetas de un  lenguaje neobarroco autentico, es más&#8230; no los voy a mencionar, pero los  libros están circulando de dos poetas rioplatenses que en un momento fueron  neobarrocos y ahora están escribiendo boberías, hablando de asuntos familiares  que deberían de guardar para hablar con la esposa y con los hijos, yo admiraba  su obra, ahora esto es como una desilusión amorosa, creo que en muchos poetas  el neobarroco fue como el acné: un asunto de juventud y que lo hicieron casi  por moda y no como ejercicio de disciplina y de rigor formal y espiritual,  entonces como no tenían mucho para decir en lenguaje neobarroco, en el momento  en el que el relámpago se convirtió en oscuridad, cambiaron y volvieron a lo  que puede hacer todo el mundo: contar historias dentro de la poesía, historias  de su propia vida.<br />
Se ha generado una mimesis del neobarroco de  la época dorada que fueron los 80s y ahora hay como un eco, hay muy pocas cosas  interesantes, siempre he sido un escéptico y un gran intransigente con la  estética, no creo que un poema sea malo porque es entendible, como tampoco creo  que un poema por ser inentendible tenga que ser bueno y ahora se ha asociado lo  inentendible como lo que se debe hacer y no hay música, no hay ritmo los  poetas  no tienen oído, recordemos la  famosa historia cuando Pizarro le da una Biblia a Atahualpa y le dice esta es  la palabra de Dios, Atahualpa se la pone al oído, la mueve y dice: no suena.</p>
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<p>PERO CREES QUE DEBE DE HABER UN TERMINO MEDIO,  NI TAN HUIDOBRO:  COMO PEQUEÑO DIOS, NI  TAN JUARROZ COMO DECIR LO QUE SOLO EL POETA PUEDE DECIR&#8230; </p>
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<p>Si, yo debo reconocer que ha habido en mi  obra, (hablo de mi porque es el ejemplo más honesto que puedo tener a mano)una  preocupación formal que ha estado desde el principio y todavía sigue siendo la  misma, no he andado cambiando de novia, eso es lo que uno debe de reconocer,  cual es mi poética; hay una escasez de poéticas, hay pocas posiciones  estéticas, ¿como llegar a una poética?   Con la constancia, la voluntad y algo que algunos llaman talento.</p>
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<p>HABLEMOS DEL LENGUAJE&#8230;:</p>
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<p>Nicanor Parra guste o no guste tiene una  poética, una constancia formal, un estilo, la repetición del poeta por si  mismo&#8230;<br />
 Aquí  está la diferencia entre quien yo llamo el poeta de la realidad y el poeta del  lenguaje, el poeta de la realidad debe de tener   mucho cuidado en cuanto a que el poema no termine ocupando la realidad  en lugar de ocupar el lugar del poeta, el problema es que cuando uno escribe  debe tener en cuenta lo que no está escribiendo sobre el acontecimiento  puntual: la pobreza, el 9-11, la guerra fría, debe de escribir sobre el poeta  viendo este fenómeno y hay gente como Parra, que logra mantenerse en el espacio  que es el espacio de la información de intimidad, informar sobre el hablante  ante la realidad, antes de la introspección.</p>
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<p> ASUMES  EL CONCEPTO DE LA PATRIA PORTÁTIL ERES UN ESCRITOR URUGUAYO QUE VIVE EN ESTADOS  UNIDOS&#8230;</p>
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<p>Cuando salí   por primera vez de Uruguay pensé que iba a extrañar ciertas cosas, el  asunto de la patria no es anclarse en una tierra ni tampoco como decía Kavafis  en cuanto llevar un ladrillo que siempre le recordaba a su patria, tal vez a  algunos les sirva creer que la patria es un momento de su vida, yo llegue a  Estados Unidos y algunas cosas me seguían conmoviendo de Uruguay, pero en  verdad el único país accesible para mi era el idioma, en determinado momento  noté que mi español uruguayo había dado un cambio y que yo estaba hablando como  un uruguayo fuera del ser uruguayo, fue un español que me empezó a  sorprender&#8230;</p>
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<p>TENÍA ALGO QUE VER CON EL ESPANGLISH&#8230;</p>
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<p>Nada que ver, era más bien un cruce de  sintaxis, lo puedo sintetizar en una imagen: en una esquina la sintaxis del  español se encuentra con la sintaxis del ingles y se dan un abrazo y en el  medio del abrazo está Espina, yo digo en un poema: Quiero escribir pero me sale  Espina&#8230; parodiando no solo a Vallejo sino a la condición falsa del inmigrante  de que se pierden muchas cosas, yo creo que lo que se gana en el viaje es la  posibilidad de sentirse dueño de su propio idioma; creo que esa patria portátil  es al mismo tiempo la posibilidad de que el lenguaje negándose a si mismo, es  decir teniendo que estar en silencio durante   la mayoría del día logré como si fuera una crisálida de pronto en vez de  salir una mariposa como debería, sale un murciélago.</p>
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<p>ME RECUERDA A DOS  POETAS: PELLICER QUE DECÍA: MUERA LA PATRIA  VIVA EL MUNDO Y PESSOA QUE DECÍA : MI PATRIA ES LA LENGUA PORTUGUESA&#8230;</p>
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<p>Dos poetas muy admirados, creo que la  diferencia en este caso,  es que  ellos  se están refiriendo  a un ejemplo individual, aquí yo estoy  hablando de un fenómeno histórico en el cual yo estoy inmerso, creo yo que  Estados Unidos está viviendo un momento muy  importante en su trayectoria hacia el bilingualismo, pero no un bilingualismo  como el de hoy en día marginado y cargado de prejuicios sino de hablar en la  calle en los supermercados no en un tono quedito&#8230;</p>
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<p> UN  EJEMPLO SERÍAN LOS LETREROS EN LAS TIENDAS DE MAIAMI QUE DICEN: TAMBIEN  HABLAMOS INGLÉS</p>
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<p>Si, a mi me gustó un letrero que vi en Texas  decía: “si usted tiene dinero nosotros hablamos cualquier idioma (risas).<br />
Quizá sea que en la cuna del gran capitalismo,  el capitalismo diga quiero ser bilingüe, esto es la diferencia con Pessoa que  lo decía casi desde el margen desde el poco espacio que el portugués tiene en  Europa, aquí  estamos hablando de que el  país portátil es un país de varios países, entonces de pronto deja lo portátil  saca las pilas y dice me conecto y en la conexión se crea un corto circuito y  ese corto circuito lo que esta logrando es que las revoluciones del sistema  estén cambiando, por lo tanto yo siento que estoy contribuyendo a un nuevo tipo  de aproximación a la cultura estadounidense; hay gente que nace bilingüe y esto  es lo distinto y no se tiene conciencia de esto, se tiene la conciencia de la  culturalización inmediata y un mexicano o un uruguayo por que quiere que el  hijo aprenda español, pues para que pueda hablar con los abuelos por teléfono.</p>
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<p>PERO ESTADOS UNIDOS SE VA A RESISTIR&#8230;</p>
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<p>Si, va a ser doloroso, se va a requerir mucha  conciencia civil de la comunidad hispana, porque los grupos de poder que  apoyaron a Bush para que ganara de una manera muy dudosa, van a decir : estos  quieren cambiar la identidad cultural de este país pero al mismo tiempo esta la  otra que es: esta  gente es buena gente  cual es el problema van a decir algunos, gastan igual en español que en inglés,  esto es el capitalismo. <br />
El gran enemigo son los propios hispanos esa  televisión chatarra de cuarta categoría promovida por televisa a  través de univisión, incluso telemundo la  cadena rival que venden basura, lo que están vendiendo es el compromiso de  seguir siendo eunucos culturales, esto es: pura telenovela nada de pensamiento  nada de compromiso y la pasividad la apatía ante el cambio, porque no hay  en  univision un programa de poesía.</p>
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<p>¿ERES REVOLUCIONARIO?</p>
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<p>Hablando en buenos términos, así como se habló  de una revolución tecnológica, yo lo que veo es que va a haber una revolución  descultural muy grande, hay que abolir desde dentro de la propia cultura  hispana esa idea que tienen los gringos de que nosotros somos entretenimiento.  Creo que el gran aporte de los escritores y los intelectuales hispanos que  están en Estados Unidos es ayudar a concienciar que el español no debe de ser  un lenguaje de getto, de barricadas para hablar en la familia o telefonear a la  abuela, sino un lenguaje que diga esto es lo que somos, como hacen los chinos o  los judíos, y se logra eso tal vez en diez años estados unidos sea un país bilingüe  no solo en cuanto a idioma sino culturalmente</p>
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<p>UN EJEMPLO PUEDE SER EL ROCK EN ESPAÑOL QUE NO  TENDRA MENOS DE TREINTAYCINCO AÑOS&#8230;</p>
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<p>Y ahora esta volviendo a los estados unidos y  no solo interesa a los hablantes hispanos sino a los propios sajones eso se va  a dar a otro nivel y en otras manifestaciones</p>
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<p>NO ESTAMOS HABLANDO DEL <em>AMERICAN DREAM&#8230;</em></p>
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<p>Bueno ¿quién dijo que el <em>american dream</em> tiene que ser en inglés.</p>
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<p>ENTONCES SERIA UNA REVOLUCIÓN SIN MANOS&#8230;</p>
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<p>Sería una revolución con lenguas, en todo caso  una revolución amorosa, loa amantes lo primero que hacen es besarse, después  pasan a las manos, bueno esta sería exclusivamente una revolución oral en el  sentido de que la propia sociedad se de cuenta de que con la lengua se pueden  hacer cosas maravillosas, incluso con la lengua en otro idioma.</p>
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<p>Montevideo 2003</p>
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<div id="attachment_447" class="wp-caption aligncenter" style="width: 310px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/02/alanis-pulido-23i5a.jpg" alt="Armando Alaníz Pulido" title="Armando Alaníz Pulido" width="300" height="225" class="size-full wp-image-447" /><p class="wp-caption-text">Armando Alaníz Pulido</p></div>
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		<title>Imanol Caneyada. Un cuento</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 16:53:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
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		<description><![CDATA[Escritor vasco asentado en Hermosillo, Sonora, desde hace casi dos décadas, es sin duda un narrador norteño: mexicano y español. &#160; &#160; &#160; &#160; El pequeño Superman Imanol Caneyada &#160; &#160; ¿Trini, te cogiste alguna vez al enano? Me mira &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/12/imanol-caneyada-un-cuento/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/12/imanol-caneyada-75x100.jpg" alt="imanol--caneyada" title="imanol--caneyada" width="75" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1426" />Escritor vasco asentado en Hermosillo, Sonora, desde hace casi dos décadas, es sin duda un narrador norteño: mexicano y español.</p>
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<p><span id="more-1445"></span></p>
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<p><strong>El pequeño Superman </strong><br />
Imanol Caneyada</p>
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<p>¿Trini, te cogiste alguna vez al enano? Me mira desde sus ojos claros como  una sentencia. Me besa el pezón derecho. Hace una pausa antes de contestar: No.  ¿Por qué la pensaste tanto?, le pregunto sin celos, con curiosidad genuina. Una  vez lo intentamos pero no funcionó. Sentí que me estaba tirando a mi hijo. No  digo nada. Ella tampoco. Hemos fornicado toda la tarde para llenar este vacío  sin tiempo. En silencio. Un sexo sin exclamaciones. Al menos hacía medio año que  no nos acostábamos. Seguimos callados. Entonces, con una vulgaridad  incomprensible, suena el teléfono. Con el mismo timbre de hace unos días,  cuando me anunciaron la muerte de Richie. Con el mismo timbre, con el mismo,  igual, idéntico timbre. Y es la misma puta voz de hace unos días. Y me pide que  vaya al Ministerio Público, como me pidió que fuera al hotel hace unos días. Y  me levanto al igual que hace unos días, me visto de la misma forma y salgo a la  calle. Y detengo un taxi, aunque no es el mismo de hace unos días. Es otro muy  parecido. Y recorre otras calles, porque el Ministerio Público está en el norte  y el hotel en el centro de la ciudad, que sí es la misma. Pero al igual que  hace unos días, no hablo con el taxista que propone una charla, cualquier charla,  como todos los taxistas. Y observo los bulevares, los paseos y las avenidas que  no son los de hace unos días pero se parecen. Y no pienso en nada, como tampoco  pensaba en nada hace unos días cuando me anunciaron que habían encontrado a  Richie muerto. Tal vez porque entonces no me lo creí del todo y ahora que lo sé  con certeza, no me apetece creérmelo.           </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jamás me había puesto a pensar en la verga de los enanos: la tienen enorme.  La de Richie, al menos, es de muy buen tamaño. Flácida y todo como está, sería  la envidia de mucha de la gente normal. Gente normal que ahora pulula alrededor  del pequeño cadáver acostado como un muñeco sobre la cama y lanza miradas  esquivas al miembro de Richie. Violáceo ya, un gusano exhausto. El enano tiene  los brazos en cruz y una sonrisa recóndita. Sus rasgos de Clark Kent se  acentúan con el rigor de la muerte. Con la dulzura de la muerte. No deja de  parecerme cómico el entallado traje azul y rojo, con la capita imbécil de  sudario, la minúscula <em>s</em> en el pecho,  los calzones rojos a medio muslo y el pene de negro aflorando en medio del  mito. Ahora que lo pienso, Superman, el verdadero, carecía de sexo, como los  ángeles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>            Los peritos trabajan con  diligencia entorno del cuerpo, recopilan huellas dactilares. Un mundo de huellas  dactilares. El trabajo de Richie consistía en volar hacia un colchón impulsado  por personas mucho más altas. Todos los fines de semana era manoseado por  cientos de sujetos ebrios que lo agarraban de un arnés adaptado a su diminuto  cuerpo y lo aventaban lo más lejos posible. El lanzamiento del enano es muy  popular en el antro de Trini. Junto con las mellizas lesbianas que luchan en  lodo. Las mellizas adoraban a Richie. Sobre todo, desde aquella vez que  montaron un trío en un hotel del centro. Al día siguiente comenzaron a propagar  la fama de semental del enano por todo el antro. Desde entonces, a Richie le  brotaban las mujeres en la cama. Yo no entendía que aquellas damas altas, de  pechos operados y caderas al trote quisieran coger con alguien que les llegaba  al ombligo. Pero tengo que reconocer que mis mejores conquistas se las debo al  enano. Ahora está muerto. En esa cama de una inmensidad espectral. El espejo  del techo retiene la imagen de Richie que parece gastarnos una broma. Uno cree  que todos los enanos mueren viejos. Uno los ve en el circo, en las luchas, en  las plazas de toros y no piensa que pueden morir en la habitación de un hotel  de paso. ¿Quién querría matar a un enano? Uno cree que los enanos tienen  bastante con ser enanos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me hablaron hace una hora. Dormitaba en mi casa, en el  sillón de la sala frente a la tele prendida. Eran las cinco de la mañana. A las  tres habíamos salido del antro. Al contestar, una voz sin tacto me preguntó si  conocía a Ricardo Maldonado Garrido. Sí, le respondí. ¿Qué es de usted?, me  preguntó. Mi socio, hice una pausa, mi amigo. No sé por qué hice esa pausa que  ahora, ante el cadáver de Supermancito, me parece una traición. Lo encontraron  muerto en un hotel, ¿puede venir? Y fui.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las mellizas lloran en primera fila. Gimotean con una teatralidad de  alberca de lodo. Hace dos horas que velamos a Richie. Ya no está vestido de  Superman. Un elegante traje que las mellizas compraron en una boutique para  niños le da un aspecto de primera comunión. No había ataúdes de su tamaño, así  que yace en uno para gente normal. La mitad vacía parece aguardar otro cadáver.  Su sonrisa recóndita no ha desaparecido. Las mellizas, por intervalos, gimen,  moquean y se abrazan. Los hombres presentes no alcanzan a ver el dolor de las  dos mujeres. Los vestidos negros (entallados como un guante en sus cuerpos),  tan cortos, tan escotados, tan putones, les impiden tener compasión o lo que  sea que se tenga en estos casos. La mayoría está poniéndose caliente y supongo  que eso les hace sentir mal. Hay otras damas más discretas. Compruebo que han  acudido más mujeres que hombres al velorio. Y recuerdo a Richie muerto en la  cama del hotel con el pene como una erupción callada surgiendo del traje de  Superman y me digo que por eso se cuenta tanta hembra entre los dolientes. No  han acudido enanos. Como si Richie no hubiera conocido a ninguno en vida. Creo  que nunca se vio como uno, al menos no con esas mujeres que se le acercaban  cada noche después del show. El cantinero, el tipo de seguridad, el portero del  antro de Trini le guardaban un rencor disfrazado de burla. Una envidia  escéptica que los sublevaba. ¿Cómo desear ser un enano vestido de Superman?  ¿Cómo querer estar en la piel de un cabrón que medía un metro con treinta  centímetros?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>            Los tres están en primera  fila. Cuchichean como viejas arpías a cuatro metros del ataúd. Cuando llegaron  me dieron el pésame. Casi todos lo hacen a falta de un familiar a la mano. Creo  que una vez Richie mencionó a unos padres de estatura normal que vivían en otra  ciudad, y a unos hermanos de estatura normal que también vivían en otra ciudad.  No recuerdo si en la misma. Normalmente no hablábamos de nuestras vidas.  Normalmente no hablábamos. Richie era un tipo reservado. Reía poco, abría poco  la boca y miraba el mundo desde abajo con un constante asomo de duda y  desconfianza, como si le costara comprender la lógica de las cosas. Richie era  un bello enano hormonal que se parecía a Clark Kent. Su enanismo no era óseo,  me explicó la vez que se nos ocurrió la idea. Le dije: Oye, güey, te pareces a  Superman. Y así fue que nos hicimos socios y dejamos los circuitos provincianos  de lucha libre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Richie había trabajado en  un circo y de extra en un par de películas. Se incorporó a la compañía de lucha  de la que yo formaba parte pero no tuvo éxito. Sus rasgos varoniles, su cuerpo  musculoso y bien proporcionado desconcertaban al público de los pueblos a los  que llegábamos. La gente prefería ver a los enanos zambos, paticortos y  cabezones correr por el cuadrilátero escapando de mi cómica ira: un gigante  rudo de uno noventa y cinco y 120 kilos. Al final, entre cuatro enanos me daban  una paliza y el público se volvía loco. Richie, a pesar de su pequeñez, no  encajaba en el cuadro. Un verano coincidimos en un pueblo con una feria  ambulante. Le explicamos al encargado en qué consistía nuestro negocio y le  pedimos una oportunidad. Nos hizo un hueco entre el juego de derribar de un  balonazo tres botes apilados frente a una pequeña portería y el tradicional  tiro al blanco. La primera noche se nos amontonó la gente alrededor del puesto  y juntamos bastante más lana de lo que nos pagaban semanalmente en la lucha  libre. El juego era simple: un pasillo de goma espuma de treinta centímetros de  grosor, diez metros de largo y tres de ancho, dividido a los costados en tramos  de 50 centímetros con un burdo marcador rojo. Al inicio del corredor  acolchonado, Richie, trepado en un banco, se exhibía vestido de Superman. Su  parecido era extraordinario. La gente lo rodeaba y no se cansaba de observarlo  con peregrina ingenuidad. Habíamos adaptado un arnés a su espalda de forma que  fuera fácil cargarlo de los omoplatos y la cadera. Cuando había suficiente  público agolpado por el asombro, hacía mi aparición vestido con una maya  plateada y el torso desnudo. Lo tomaba del arnés, lo balanceaba un instante y  lo aventaba por los aires. Richie ponía el cuerpo duro, estiraba el brazo  derecho y encogía el izquierdo bajo su pecho. Aterrizaba con una perfecta  maroma y terminaba en pie, los brazos en cruz, los talones unidos como los de un  gimnasta. A veces, el aplauso era precedido por un silencio boquiabierto, un  silencio interrumpido por el incansable vendedor de cobijas. Después irrumpía  la pequeña ovación que atraía más gente. Se formaba una larga fila de hombres y  mujeres que por veinte pesos ponían a Richie a volar. Con el tiempo,  introdujimos una variante: si lograban enviarlo más allá de cuatro metros, se  llevaban un oso de peluche o cualquier otra cosa igual de estúpida. Pero el  verdadero dinero, lo que comenzó a cambiarnos la vida, estaba en los retos que  los rancheros ebrios me lanzaban. Solían llegar al puesto siguiendo el rumor  que se soltaba en cada pueblo. Se parecían tanto unos a otros que creíamos que  siempre eran el mismo. Les precedía una fama mítica de forzudos. Habían levantado  un tractor o tumbado un toro o empujado un arado ellos solos. Se aparecían  borrachos, con dinero fresco en la cartera y un coro de admiradores que los  jalonaban con resabios de cantina; envalentonados, lanzaban el desafío. Nos  apostaban quinientos, mil, incluso dos mil pesos. Teníamos una estrategia. En  mi turno, Richie tensaba los músculos y se ponía duro como una roca. Cuando le  tocaba al retador arrojarlo, el enano únicamente simulaba la pose voladora de  Superman, pero todo su cuerpo era una madeja flácida de piel y huesos que  azotaba sin gracia no más allá de seis metros. Juntamos una buena lana en esos  pueblos del desierto. El camino nos gustaba más que el destino. Si no  hubiésemos dejado de caminar, tal vez Richie estaría vivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por fin Trini se ha aparecido. Me abraza como me ha abrazado el resto de  los presentes y me da el pésame. No sé qué debo hacer con sus palabras. Son un  susurro empapado en lágrimas. Un atisbo articulado. Trini no finge. Me dan  ganas de preguntarle si a ella también se la tiró el enano. Se deshace del  abrazo y camina hacia el féretro. Es como caminar hacia un abismo. A cada  instante se acercan las paredes del ataúd que logran ocultar su contenido lo  que dura cada paso. Luego te asomas y ¡madres!: Richie muerto. En un trajecito  de niño pulcro, con el rostro abierto como un pozo oscuro e interminable. Trini  se toma de la baranda del féretro para no salir corriendo. Ella no piensa mucho  en la muerte. Las luces de neón y los gritos de los clientes no se lo permiten.  Para Trini, la muerte es algo que pasa en el callejón de la basura.  Pero con el enano, por alguna razón que no  alcanzo a entender, es diferente. Trini está  llorando en silencio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>            Desde el primer momento, a aquella mujer de ambigua vulgaridad le fascinó  nuestro espectáculo. Había ido a visitar a unos parientes que vivían en ese  pueblo. Acudió a la feria de la mano de un sobrino. En cuanto se asomó al  círculo de curiosos, tanto Richie como yo nos fijamos en la señora pelirroja,  de rostro ajado, venas saltonas y violáceas en los antebrazos, senos  adolescentes, talle espigado y caderas de muchacho. Se quedó hasta la hora del  cierre. Cuando recogíamos los bártulos, se me acercó juguetona y caliente, al  tiempo que su sobrino, un niño de 12 años, se aproximaba a Richie para tentarle  la capa. Podía escuchar el latido de las paredes de su vagina. Podía oler las  promesas de su vientre. Podía montarla como a una yegua bronca y complaciente,  gritona, dócil, implacable. Sellamos el acuerdo en la habitación 108 del único  hotel de paso del pueblo. Al enano le encantó la idea de abandonar el camino y  establecerse en una gran ciudad. A mí, una vez que el sexo con Trini se  convirtió en la parodia de aquella primera noche, la nostalgia por la carretera  empezó a corroerme. El día que mataron a Richie, había tomado la decisión de  proponerle regresar a los caminos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la asfixiante oficina del agente del Ministerio Público huele a ajo.  Huele a perro. A refrito, a sudor. Los objetos personales de Richie, incluido  el traje de superman, reposan en envueltos en una bolsa de plástico  transparente sobre el escritorio del funcionario. El tipo tiene cara de pajero.  Tiene también un estómago de animal gigante. Respira con dificultad. A su amigo  lo asesinaron, dice. Ya tenemos a las culpables, ya confesaron, dice.  Culpables, pienso, en plural. ¿Mujeres?, pregunto. Sí, dos, dice, hermanas.  Valeria e Ivette Samaniego, dice después de consultar un documento que también  reposa sobre el escritorio, como los objetos personales de Richie. Con esos  nombres es normal que sean putas, pienso. ¿Las mellizas?, pregunto. ¿Las  conoce?, me pregunta. Trabajan con nosotros, hago una pausa porque el enano  está muerto y no sé si debo decir trabajaban. Mientras una sujetaba su cuerpo  la otra lo asfixió con una almohada, me ilustra el agente. Pero si lo adoraban,  exclamo sin mucha convicción. Así es, fue un crimen pasional. Ya se giró la  orden de aprehensión. En estos momentos están ingresando al reclusorio, me  informa. Qué chistoso hablan todos los policías, como si estuvieran redactando  un parte, me digo. Las mellizas, repito en voz alta. El agente del Ministerio  Público empuja la bolsa de plástico hacia mí y me invita a revisar que estén  todas las pertenencias de Richie. Revuelvo los objetos dentro de la bolsa en un  inventario que desconozco, aparte del traje de superman. Un manojo de llaves,  una cartera con dinero, una gorra negra que extraigo y reviso a detalle. Esta  gorra no es de Richie, le digo al funcionario. Arquea las cejas y la ve como si  lo hiciera por primera vez. Estaba en la habitación del hotel, me dice. Tal  vez, pero no es del enano, insisto. El policía la toma de la visera y la  estudia en silencio. Yo lo observo estudiarla también en silencio. ¿Seguro?, me  pregunta. Nunca usaba gorra, le confirmo. Ha de ser de algún empleado del  hotel, me dice mientras la guarda en el cajón superior derecho del escritorio y  se pone en pie. Lo mantendremos al tanto de lo que ocurre en el proceso. Me  pongo en pie yo también y doy media vuelta. No se le olviden las cosas de su amigo,  me dice el agente. Regreso sobre mis pasos, tomo la bolsa y abandono la  oficina. El olor a ajo se cuela conmigo al pasillo que me lleva a la calle.</p>
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<div id="attachment_1426" class="wp-caption aligncenter" style="width: 260px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/12/imanol-caneyada.jpg" alt="Imanol Caneyada" title="imanol--caneyada" width="250" height="329" class="size-full wp-image-1426" /><p class="wp-caption-text">Imanol Caneyada</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Imanol Caneyada, </strong>San Sebastián, España, 1968. Periodista y narrador, hace  20 años que radica en México. Autor de las novelas Un camello en el ojo de a  aguja (UdeG, 2003), Tiempo de conejos (ISC, 2006) y Tardarás un rato en morir  (ISC, 2009) y los libros de cuentos Historias de la gaya ciencia ficción (ISC,  2002), Las voces de la arena y La ciudad antes del alba, ambos títulos próximos  a publicarse. Ha resultado ganador en diferentes certámenes literarios, tanto  regionales como nacionales. </p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Armando Cristóbal Pérez</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 16:20:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Escritor cubano, residente en la isla, nos envía dos cuentos y su biografía, casi novelada. &#160; &#160; &#160; &#160; Armando Cristóbal Pérez, La Habana, Cuba, 1938 …AUNQUE NO LA GUERRA. Lo tienes frente a ti, sentado. Y todavía no sabes &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/12/armando-cristobal-perez/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/12/armando-cristobal-01-100x75.jpg" alt="armando-cristobal-01" title="armando-cristobal-01" width="100" height="75" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1419" />Escritor cubano, residente en la isla, nos envía dos cuentos y su biografía, casi novelada.</p>
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<p><span id="more-1444"></span></p>
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<p>Armando  Cristóbal Pérez, La Habana, Cuba, 1938</p>
<p>…AUNQUE  NO LA GUERRA.</p>
<p>Lo tienes frente a ti, sentado. Y todavía no sabes como has  de hablarle. Él no sabe de qué se trata, no te conoce, pero sospecha. Y te  preguntas si después continuarán siendo las cosas como ahora. Te preguntas si  es que acaso temes por él o por ti. Pero resulta inevitable. Necesario. Tiene  la mirada hosca, el semblante provocador. Su corpulencia, su reciedumbre,  resultan formidables. Pero ese rostro que intenta mantener adusto, muestra su  natural candor. Parece un hombre, pero es un muchacho todavía. Dentro de poco  tu hijo será como él, menos imponente quizá, menos ingenuo también. Pero tendrá  su edad, y enfrentará sus dudas, esas dudas tremendas que después, con los  años, se convierten en dulces recuerdos de adolescentes. ¿Y qué es lo que ha  hecho? Ha roto libros y pupitres, ha formado escándalos, aún siendo inteligente  alardea de torpe. Tiene hermanos, pero ninguno es así. Sus padres son honrados,  trabajadores, dados a la revolución. Pero él tiene con ellos muy malas  relaciones, que han venido agravándose en estos últimos tiempos. Sí, en estos  tiempos las cosas han empeorado. En tal medida, que los compañeros se han  acercado a ti. Saben que no es tu campo el de los jóvenes con problemas. Eso lo  saben. Pero algo de lo que aflora en la conducta de este muchacho sugiere el  claro estigma que impone el enemigo. Este minuto largo en que ambos se  observan, te ha permitido organizar algunas ideas por sobre encontrados  sentimientos: verlo como un muchacho, valorar un potencial enemigo. Tarea dura  ésta. Él te observa también desde ésa, su estudiada actuación de hombre  invulnerable. Has intentado establecer el diálogo. No te responde. Ni siquiera  presta atención a tus palabras. Es un mutismo raro. También a veces tú eres así  y siempre hay una razón para ello. Él debe tener la suya y es tu deber intentar  conocerla. Le pides datos sencillos, que conoces muy bien, para poder iniciar  la necesaria relación: edad, nombre, otras cosas…</p>
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<p>Tras un silencio, mantenido con el evidente deseo de  mortificarte, responde. Al fin escuchas su voz, una voz todavía dispareja, muy  cercana a la de los juegos. Te decides: has conocido su actitud en la escuela y  quieres saber las causas. ¿Cuáles pueden ser?, te preguntas; una familia buena,  un ambiente adecuado, todo lo que es posible desear y mucho más, demasiado, tal  vez…, la escuela, el porvenir, esas actividades que a todo muchacho gustan: las  fiestas, los deportes. ¿Las causas de qué?, te dice, invirtiendo los papales en  hábito ya adquirido, aprendido quién sabe cómo. Que lo dejen tranquilo. Ya se  lo preguntaron. Lo a dicho miles de veces. ¿Hasta cuando preguntas y preguntas?  ¡Así no se trata a los hombres!</p>
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<p>Al menos ha roto el silencio. Eso es algo, te dices.  Precisamente, insistes, sus respuestas son ambiguas, poco claras, incompletas.  ¿Y qué quiere? ¿qué le cuente mi vida?, te responde altanero. Por un momento  sientes que te bulle la sangre. Acopias la paciencia de siempre, la que tanto  utilizas. Pero en esta ocasión no te resulta fácil. Si fuera con un hombre, una  mujer incluso, si fuera un enemigo, sabrías exactamente cuándo tener paciencia  y cuando dejar bien claro que todo tiene un límite. En última instancia, con un  adulto actúas de igual a igual, sin temor a herir o golpear esa coraza que  todos ciñen cuando van a la guerra. Pero con él otra es la cosa. Ni siquiera es  un hombre aunque se lo imagine, confiado en su estatura, su fuerza y sus  andanzas. Además, ¿qué sabes de esta edad, como no sea de la tuya, tan distinta?</p>
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<p>Te sorprendes reflexionando que ya es hora que aprendas,  que todos los muchachos de esta edad serán hombres y mujeres mañana, en tanto  tú seguirás viviendo y trabajando; que aún tu propio hijo llegará a ese  momento. Y debes prepararte para tratar con ellos.</p>
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<p>Te incomodas. No te gusta su tono. Además, se supone que no  es como psicólogo o como padre que hablas con él ahora. Aquí hay un problema de  trabajo que debes resolver, y es con él con quien debes resolverlo. Edad,  nombre, otras cosas, las fiestas, los deportes… le preguntas de repente cuál  esta practicando. Se sorprende. No habla, pero se sorprende. Y algo en su  mirada te indica que debes insistir. ¿Es que acaso con ese cuerpo no práctica  un deporte? ¿No le gusta ninguno? Procuras olvidarte de todo y obtener, de  cualquier manera, una conversación estable. ¿La pelota? A todos gusta la  pelota. ¿Acaso el balompié? ¿la lucha? ¿campo y pista? Tal vez, ¿la natación?  El muchacho te mira. El tema le interesa. Sus ojos te valoran: ¿sabrá de lo que  habla?, parece preguntarse. ¿Será acaso una trampa?, duda. Yo practico la caza  submarina, le dices. Te mira de arriba   abajo. Te analiza. Calcula tu respiración, la amplitud de tu pecho.  Observa ese tabaco que has dejado en el cenicero. Y sonríe. No es sonrisa de  burla o de ironía. Es el primer motivo de un reconocimiento.</p>
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<p>-¿Fumando?- te pregunta travieso.</p>
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<p>Te introduces en el tema. Sí, no has podido dejarlo. Te lo  hace más difícil, es cierto. Pero fumas y practicas,  las dos cosas a un tiempo. Y le cuentas de  esas maravillosas aventuras en el agua, muchos metros abajo, por entre los  corales y las rocas, con el arpón, y de la pesca le hablas, y de aquella tonina  que le dio tanta guerra a ti y al capitán Dionisio, y ahora, entusiasmado le  cuentas de esas noches fosforescentes, esperando la <em>mancha, </em>o tras esa <em>corrida </em>de  pargos en el golfo, y continúas hablando de la caza de patos. Y ahora él te  pregunta muchas cosas. Y conversan. ¡Conversan! Recobras el ánimo y regresa tu  confianza y reafirmas que siempre, no importa con quien sea, se puede hablar. Y  naturalmente, regresas a tu objetivo.</p>
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<p>-¿Y cuáles practicas?- le dices</p>
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<p>Y él se calla de nuevo. Se ensombrece su rostro. Le gusta  el polo acuático. Hace dos cursos estaba en un equipo. ¿Y ahora?, le preguntas,  y piensas que vas por buen camino. Ahora no, lacónico responde. ¿Y por qué?,  sigues hablando con el mismo entusiasmo, aunque ahora tus preguntas se dirigen  conscientemente al punto necesario. Hace dos cursos tuve un problema…De  momento, ha cambiado. Retorna a su hosquedad. Procuras restarle trascendencia:  ¿Y otro no te interesa? Él te mira intrigado, como si cavilara cuál es  realmente tu intención. ¡No!, te responde. ¿Y no puedes volver a practicarlo?  Sus ojos te miran recelosos: usted sabe que no. ¿Y por qué? ¿qué cosa tengo que  saber? Ese problema, dice, ¿cuál problema?, el que tuve, no se cuál, le  contestas.</p>
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<p>-¿Y eso qué le importa?- te dice en un arranque de rabia</p>
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<p>De nuevo ha echado el muro, pero ya no te incomoda. Vuelves  a comenzar: ¿qué fue lo que pasó? Con fastidio responde, pero responde: me  sacaron del equipo. Te mira desafiante: golpeé a un compañero y boté la pelota.  Le restas importancia: pero bueno, ya eso pasó, ¿por qué no te incorporas de  nuevo? No me dejan, dice ahora dolido, pero enseguida asume su papel: además,  ya no me interesa. Me gustan otras cosas, añade indiferente. Pero es claro que  finge.</p>
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<p>-¿Y tus padres?- preguntas</p>
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<p>Lo sorprendes de nuevo. De momento no dice nada. Alza los  hombros. Baja un poco la cabeza. Bueno, a veces los padres no lo entienden a uno,  comentas. Asiente en silencio. Pero tus amigos seguramente te ayudarían en  esto, continúas. A ellos no les interesa el deporte, te dice como si estuviera  solo.¿Entonces por qué te relacionas con ellos? Te sonríe con cinismo: porque  son gente <em>dura,</em>sí, saben lo que  quieren, consiguen cualquier cosa, no tienen temor a nadie, mire, mire este  reloj, ¿lo ve?, y enseña el calendógrafo a prueba de golpes y de agua, como  para jugar polo acuático. Él me lo regaló…</p>
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<p>Has llegado a un punto clave y temes echarlo a perder, no  saber el acento preciso, la pregunta adecuada, el comentario exacto que debes  utilizar. Optas por no precisar ahora y lo anotas mentalmente. Decides tantear  por otro rumbo: ¿por qué te comportas así? Vuelve entonces a lo mismo, como si  se encerrara en otro mundo, como si a propósito cortara la comunicación. No  todo es psicología, te dices. Pero es preciso: ¿has practicado la caza  submarina?  Te dice que no, tal vez un  poco cansado de este interrogatorio anárquico. Debes aprovecharlo: ¿quieres ir  conmigo? El interés le brilla en los ojos. Pero es inteligente, no es ningún  principiante. ¡Usted lo que quiere es que yo hable! ¡Investigarme!  Efectivamente, no todo puede ser psicología, al menos de este tipo.</p>
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<p>Nada hay que investiga, comienzas muy sereno. Ya estás más  que investigado. Tu comportamiento es pésimo: has roto libros, pupitres, has  dado escándalos. Pero no es por eso que yo he venido a hablarte. Es por ese  letrero en la pizarra, le dices ya irritado. Casi eres un delincuente, ¿acaso  no te das cuenta o lo haces a propósito? Sólo tu edad, tu familia, el que no  hayas hecho cosas demasiado graves hasta ahora… ¿qué tienes tú en contra de  esto?, ¿cuáles quejas puedes tener? El muchacho se calla. Un hombre, cuando es  un hombre, tiene que hacerse responsable de sus cosas y si tiene cosas que  decir, decirlas como es debido, continúas. Le hablas y piensas en tu hijo, ese  que dentro de algún tiempo será como éste, un poco menos corpulento quizá, un  poco más maduro tal vez, estos padres se han descuidado demasiado tiempo, ¿qué  esperas de la vida?, le dices. El muchacho sigue hermético. Te levantas. Te le  acercas. Instintivamente se prepara como si fuera a recibir una agresión.  Entonces te decides a mentir para salvarlo.</p>
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<p>-Ha sido detenido- le dices</p>
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<p>Te mira interrogante.</p>
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<p>Sí, ese tipo extranjero que te dio el reloj. Es un agente  enemigo, hace diversionismo, sobre todo con hombres como tú –y has pensado  decirle muchacho, y después has dicho hombre, porque no es más que un  muchacho-, nos dio tu nombre y el de otros. A él también le pagan por eso. Y  ese reloj es tu precio, ¿te das cuenta?, ¡qué barato!</p>
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<p>Te detienes y lo observas. Ahora está cabizbajo. Entonces,  sin siquiera un suspiro, le preguntas: ¿practicamos o no? El muchacho no  entiende. No puede hacerlo, te responde ingenuamente, le gustaría, pero ya no  lo dejan entrar en el equipo y además, ahora, con esto… ¿Esto? ¿qué cosa?, le  preguntas como un amigo a otro en una discusión, ¡déjate de malacrianzas!  ¿Estas dispuesto a ir de caza submarina con un viejo?</p>
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<p>El muchacho sonríe francamente. Te mira de arriba abajo.  Usted todavía no es viejo, dice. Hace un gesto condescendiente con el rostro.  Parece estar en buena forma todavía, añade. No puedes evitar sonreírte. ¿Por  qué no vamos ahora?, le dices. Te observa con detenimiento. Dice que sí. Pero  no se levanta.</p>
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<p>-¿Qué pasa?-le preguntas.</p>
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<p>-Ese tipo, el extranjero…</p>
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<p>-Sí, ¿qué?- dices como si no entendieras, pero seguro de  que marchas con buen tiempo.</p>
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<p>Que le cuentes, te pide. Lo ha hecho con varios, es su  trabajo, le explicas. ¿Amigos?, te pregunta. No tiene amigos, son sus  instrumentos: él los maneja como quiere, les hace regalos y los utiliza.  ¡Bueno, vamos!, insistes.</p>
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<p>Ya está de pie, pero te detiene con la mano: ¿Y qué  busca  a cambio? Destruirnos, a todos, le  dices frente a frente, muy serio. Se te queda mirando. </p>
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<p>-Yo los conozco bien –murmura- Estuve donde viven.</p>
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<p>-Lo sabemos- le respondes.</p>
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<p>El muchacho no se mueve. Está encolerizado.</p>
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<p>-Pero, ¿no me entiende? Él me ha contado cosas…</p>
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<p>-¡Luego me las dices! ¡Vamos!</p>
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<p>-Yo no tengo equipo, no he practicado nunca- dice  lastimero, como si la frase fuera a robarle un mundo,</p>
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<p>-Yo te presto mis cosas o conseguimos otras. ¿Quieres venir  o es que tienes miedo?- lo provocas cordialmente.</p>
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<p>Ahora te sonríe, de igual a igual, en todo. Sientes que has  ganado una batalla grande… aunque no la guerra. Sabes que aún es tiempo. Que tú  mismo has ganado. Que siempre es posible conversar.</p>
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<p>Entonces te pregunta:</p>
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<p>-¿Y tú cómo te llamas?</p>
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<p>-Ulises- le respondes de igual a igual también, mientras  piensas que después habrá que buscar a ese extranjero desconocido. Después…</p>
<p>(1983)</p>
<p>Armando Cristóbal.</p>
<p>Del Libro <em>…aunque no  la guerra., </em>Editorial UNION, La Habana, 1983</p>
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<p><strong>ENCENDIDA FIESTA  LA DE LA PLAZA</strong></p>
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<p>Te  mira con gesto burlón, con esa sonrisa que encubre el miedo. Y temes. Porque lo  conoces profundamente. Desde hace tanto, que es casi ya un hermano para ti.  Más. Mucho más. Ahora no puede desentenderse de lo que tan claramente le dices.  Por un momento –por un breve instante, por esa fracción de tiempo en que pliega  los labios, marca el entrecejo y cierra los puños- parece que habrá de embestir  con furia incontrolable. Es así como ahora lo evocas. Pero no es eso lo que te  preocupa. No será la primera vez que reaccione de tal manera ante tus palabras:  como cachorros que se muerden para comer juntos después. Lo sabes. Tú estás a  salvo de esa cólera. Es sólo el primer arrebato. Después queda en tus manos y  te cree y hace lo que digas. Como si algo indefinible le obligase siempre a  reconocer que tienes razón.</p>
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<p>A  eso temes. A lo imprevisto de su actitud ante una situación como ésta. No un  rumor, ni un comentario: cosas tangibles. Te exigirá pruebas. En este caso las  pedirá, aunque seas tú quien se lo diga. Imaginas cómo su frente se dilata,  cómo el ceño se distiende, cómo los labios se entreabren para admitir que el  aire llene sus pulmones, cómo los dedos se separan, con tal lentitud que sólo  te das cuenta por el rastro –de un blanco tenue primero y un rojo subido  después- que han dejado las uñas en la piel. Ahora te dice una de esas  palabrotas. Te insulta. Pide pruebas al fin. Es entonces cuando la náusea te  invade. Porque las tienes y puedes darlas. Pero te estremece pensar en ella.</p>
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<p>Una  casualidad. Porque la fiesta existe permanentemente. Basta salir a su  encuentro. Y esa noche, en la terraza del hotel, con la ciudad a los pies y las  montañas y el mar silueteados a lo lejos, la casualidad la puso en medio de un  grupo de amigos. Tan distinta, con tal hechizo, que inevitablemente tenías que  verla. No hubiese sido posible mirarla como hiciste y seguir tu camino. Tal vez  la música y la noche se habían confabulado. Tendría que ser una conspiración de  todos lo que te arrojó, casi con violencia, a su encuentro. Pero el resto no  podría adjudicarse al azar. Fuiste tú el provocador. Desde que miraste con  fijeza impertinente a sus ojos y lograste que descubriese fugazmente tu mirada,  hasta que con gesto nervioso comprobó la obsesiva persistencia de tus pupilas.  Te acercabas al grupo, pero sólo a ella mirabas. Te acercabas. Y ella pretendía  no advertirlo. Aún estrechabas las manos de unos y besabas –apenas un roce de  labios en las mejillas- a otras, cuando tus ojos, revoloteando alrededor de su  figura dibujábanla en el aire: ella desnuda en el espacio. Entonces, alguien  los presentó. Con esa fórmula rápida, convencional, absurda, que no deja  constancia de identidad alguna.</p>
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<p>En  silencio la tomaste del brazo y juntos caminaron hasta  el centro del salón. Ceñiste su cintura con  tu brazo. Sentiste deslizar la seda del vestido sobre su piel bajo la presión  de tu mano. Se humedecieron tus dedos con sudor de su cuerpo. Siguieron girando  con ritmo propio, mucho después que terminara la música con un metálico tronar  de trompetas sobre golpes de percusión. Ya entonces estaban acodados al balcón,  vueltos sobre la encendida fiesta de la plaza. Con la ligereza de las  enredaderas fueron tramando la conversación de los tanteos, hasta llegar de  nuevo al nombre. El suyo nada podía decirte. Pero el tuyo produjo un  deslumbramiento en ella -¡Al fin te conocía!-, tanto y tanto que le habían  hablado de ti y ahora tu nombre tenía estatura y peso. Reía. El halago venció  una cierta sensación de ridículo en ti. Te olvidaste de todo y seguiste el  juego que suponías coquetería y desplegaste todas tus astucias hasta llegar a  la fresca habitación de los altos. Sin luz –iluminada con el fulgor que brota  de las cosas en plena oscuridad-, descubriste esa imagen múltiple que integra  todos los sentidos: la sombra de un perfume, el ritmo de los cuerpos, el tacto  de as palabras. De pronto se hizo agitado el aire y la piel se tornó áspera de  temores.</p>
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<p>-Es  que tengo marido-musitó</p>
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<p>Y  a ti, ¿qué podía importarte? ¿No estaba ella aquí por su propio deseo? Es más,  ¿no lo había mantenido oculto hasta ahora?, ¿no era muestra de liviandad?  &#8230;¿de insatisfacción acaso? En fin, sentiste orgullo, y lejos de ser un  obstáculo resultó un incentivo. Tus manos recomenzaron el sensible trabajo del  tornero, con la golosa fruición de quien, acostumbrado a los placeres, disfruta  haciéndolos gozar. En vano resultaron las caricias, las palabras, la  presionante violencia de tu cuerpo. Estaba su mente en otra cosa, y era una  inerte, fría, ajena criatura. Porque algo más había de decirte.</p>
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<p>Entre  sollozos y suspiros te revelo el secreto –ese que no podías haber adivinado-,  el de su júbilo al conocer tu nombre, el que en un principio te hiciera crecer  la vanidad engreídamente. Tu nombre, repetido por el otro, quien a cada momento  te mencionaba. El otro, que te adornaba de virtudes, y conformó una ideal  imagen que terminó por convertirse para ella en obsesión de conocer –por amor  al otro-, a quien sólo con ella compartía en cariño.</p>
<p>Mucho  más te dijo, pero desde sus primeras palabras, un inmenso vacío se produjo en  tu razón y escuchaste sus revelaciones como si te contaran la historia sin  sentido de un extraño. Ahora pensabas en él, casi un hermano. Y una tremenda  ira –primero contigo mismo por no haberlo adivinado, después con ella por  decirlo demasiado tarde, con él por ocultártelo, de nuevo contigo, hasta no  saber exactamente a quién reprochárselo- te fue ganando poco a poco.</p>
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<p>-¡Ponte  la ropa y vete!-dijiste.</p>
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<p>Ese  fue el primer momento difícil. Porque tus manos la buscaban en la oscuridad. Y  porque, de pronto, fue todo tu cuerpo una brasa. Ella, sin un suspiro siquiera,  con la cartera en las manos, muy cerca ya de la puerta, a punto de marcharse,  dio una pequeña carrera hacia ti. Te dio un beso tibio –convulso como una  paloma que huye del cazador dándole gracias-, y se marchó: serena, con la tranquilidad  de haberse detenido en el momento justo, de haberte impedido caer en un error  irreparable, casi aureolada por la pureza. Como si bastara un momento de  contrición. Como si una intención practicada no fuese suficientemente culpable,  sólo porque no culminase. Y algo nuevo vino a añadirse a ese contradictorio  sentimiento que te embargaba: él te la arrebataba en la memoria cuando la  tenías tú en los brazos, ella burlaba tu vanidad y tu deseo escudándose en él.</p>
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<p>Al  fin creíste llegada la serenidad tras esta larga caminata nocturna por calles  empinadas: esa mujer no le conviene, te dices al llegar junto a esta puerta.</p>
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<p>Sabes  que él te mirará con gesto burlón, queriendo no comprender, con esa sonrisa que  encubre el miedo. Te pedirá pruebas y tú las tienes. Pero sospechas que, por  primera vez, desoirá tu consejo.</p>
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<p>De  nuevo te estremeces al recordarla en la entrega inconclusa, mientras tocas a la  puerta. Y es ese recuerdo, verdaderamente, lo que temes.</p>
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<p>Armando  Cristóbal (1982)</p>
<p>Del  libro <em>Un traspatio en el jardín, </em>Editorial  Extramuros, La Habana, 2005. </p>
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<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/12/armando-cristobal-01.jpg" alt="armando-cristobal-01" title="armando-cristobal-01" width="450" height="338" class="aligncenter size-full wp-image-1419" /></p>
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<p><strong>Armando Cristóbal Pérez</strong></p>
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<p>Nació  en La Habana en 1938. Hizo los estudios primarios y se graduó de Bachiller en  Ciencias. En 1956 comenzó a trabajar como oficinista y en 1961, pasó al Centro  de Investigaciones del Ministerio del Trabajo. En 1963 ingresó como oficial en  el Ministerio del Interior hasta 1976, cuando fue solicitado por el  Departamento de Ciencia y Cultura del CC del PCC. En 1982 fue electo en  Congreso, miembro del Consejo Nacional y Secretario Ejecutivo de la UNEAC, de  la que era miembro desde la década anterior. En 1986 fue designado Consejero  Diplomático en Moscú: y en 1988, con el mismo rango, fue trasladado a Varsovia.<br />
Al  regresar a La Habana en 1990 asumió la dirección de la Editorial “Arte y  Literatura” y algún tiempo después, también de la de “Letras Cubanas”. En 1996  fue nombrado director de la Editorial de “Ciencias Sociales” hasta 1998, fecha  en que se jubiló. <br />
En  1999 fue designado Ministro Consejero para asuntos culturales en la Embajada de  Cuba en España, de donde regresó en 2004.<br />
Es  Licenciado en Ciencias Políticas (1972) y Doctor en Ciencia Política de la  Universidad de La Habana (2001). Es Profesor Titular de nivel universitario. Es  Vicepresidente de la Sociedad Cubana de Investigaciones Filosóficas; y  subdirector de la revista internacional de teoría “Marx Ahora”.<br />
Como  escritor, cultiva el ensayo y la narrativa. Su debut literario fue en 1960 con  un cuento publicado en el suplemento cultural “Lunes” del periódico Revolución  de La Habana. Ha publicado alrededor de 20 libros, entre ellos, algunos  premiados. Su novela más conocida es “La ronda de los rubíes”, de género  políciaco.<br />
Su  libro más reciente (“El Estado Nación. Su origen y construcción”) fue  presentado en la Feria Internacional del Libro de La Habana en febrero de 2009.</p>
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<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/12/armando-cristobal-02.jpg" alt="armando-cristobal-02" title="armando-cristobal-02" width="450" height="338" class="aligncenter size-full wp-image-1420" /></p>
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<p>PARA  LA OTRA GACETA.</p>
<p>Armando V. Cristóbal  Pérez</p>
<p>Nací  en La Habana Vieja el 14 de febrero, Día de San Valentín, de 1938. Desde niño  tuve inclinaciones por las artes plásticas, que he continuado cultivando  autodidactamente. Sin embargo, hice el Bachillerato en Ciencias. Y en 1961,  después del triunfo de la revolución, ingresé en la Universidad de La Habana,  para cursar la Licenciatura en Diplomacia. Eran tiempos complicados y sólo pude  llegar al tercer año. Dos años después, matriculé en Ciencias Políticas y  apenas  completé el segundo. Todo estaba  revuelto y yo me movía por todo el país. Pertenecía a las Milicias Nacionales y  con ellas no sólo fui movilizado cuando la invasión por Playa Girón, sino que  participé en la lucha contra las bandas de forajidos en las montañas, al centro  del país.  Finalmente, me reincorporé a  la Universidad. Y me gradué en 1972.</p>
<p>Desde  muchacho era un buen lector y –como siempre pasa- escribí algunas cosas que no  enseñé a nadie y destruí. En 1960 envié un cuento al Suplemento Literario LUNES  del periódico Revolución de La Habana, y –para mi sorpresa- lo publicaron con  una nota de presentación. A partir de entonces, participé en otros concursos,  de poesía, de ensayo, y obtuve menciones. También escribí un esbozo biográfico  de una personalidad histórica, que me dio cierta reputación, aunque no llegó a  publicarse. Y en  1972 –había ingresado  en el Ministerio del Interior en 1963- participé en el Concurso Aniversario de  la Revolución (de Género Policíaco), que se publicaba por primera vez. Y gané  el Premio en Novela, con <em>Explosión en  Talapiedra</em> (que no sería publicada hasta siete años después).  </p>
<p>Desde  entonces, me he dedicado sistemáticamente a la literatura y otras actividades  de la cultura, aunque sin dejar de hacer otros trabajos, desempeñar diversas  funciones y realizar distintas ocupaciones laborales, incluso simultáneamente:  desde 1976 en aspectos organizativos y culturales desde el Partido; desde 1982,  como Secretario Ejecutivo de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)  -electo en Congreso-; desde 1986, como Consejero Diplomático en la Embajada  cubana en Moscú; desde 1988 , con el mismo cargo, en la Embajada cubana en  Varsovia. En 1991, al retornar a La Habana, acepté la propuesta de dirigir la  Editorial “Arte y Literatura” (a pesar de que no había dinero para producir  libros). En 1993 asumí, además, la dirección de la Editorial “Letras Cubanas”  (la más importante del país) y seguí con las dos editoriales, hasta que en  1997, el Presidente del Instituto Cubano del Libro, me pidió dejar el ámbito  literario,  para que asumiera la  dirección de la compleja Editorial de Ciencias Sociales, lo cual acepté,  conjuntamente con la subdirección de una revista internacional de teoría :  “Marx Ahora”, con la cual he continuado.</p>
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<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/12/armando-cristobal-03.jpg" alt="armando-cristobal-03" title="armando-cristobal-03" width="450" height="338" class="aligncenter size-full wp-image-1421" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es  que, yo –a pesar de todo- no había dejado mis estudios de ciencia política. En  1983 había participado de un Seminario en el Instituto de Filosofía de la  Academia de Ciencias, donde abordé por primera vez  como tema de investigación, los problemas de  la nacionalidad, la nación y el estado, e hice mi primera publicación sobre el  tema en una revista especializada. Inicié entonces un Doctorado sobre el mismo  tema –desde la filosofía- en el propio Instituto. Aunque la misión diplomática  en Moscú interrumpió el Doctorado, yo seguí estudiando el asunto por mi cuenta  mediante entrevistas a académicos, profesores y otros especialistas, la  investigación en archivos y visitando 8 de las 15 repúblicas de la entonces  URSS. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero,  tampoco había abandonado la literatura. Así, en 1973 había vuelto a participar  en el Concurso de Género Policíaco con otra novela: <em>La ronda de los rubíes</em>, que obtuvo el Premio y se constituyó en un  éxito nacional con  siete ediciones  sucesivas, más de un millón de ejemplares, su transmisión como serie radial en  dos emisoras distintas y su traducción a varios idiomas europeos. En ese mismo  año obtuve mención en el Concurso de la UNEAC, con una novela histórica basada  en mis experiencias personales en las Milicias: <em>La batalla</em>. (publicada con posterioridad, en 1988)  Y en otro concurso, en el propio 1973, me  otorgaron mención a un libro de cuentos… que nunca se publicó. De ese período  de los 70 a los 80, son mi libro de cuentos policíacos “…<em>aunque no la guerra</em>”, mis cuentos para niños de <em>Fábulas del monte</em>, la noveleta  contemporánea  <em>La máquina</em>, y  los ensayos de <em>Un tema cubano en tres novelas de Alejo  Carpentier </em> (Premio de la Fundación  que lleva el nombre del escritor cubano). En 1983, con un grupo de colegas,  fundé la Sociedad Cubana de Investigaciones Filosóficas, de la que ahora soy  vicepresidente. Durante todo ese período visité por razones profesionales  México, Venezuela, Colombia, Panamá, España, Italia, Grecia, Francia, Bulgaria,  Checoslovaquia, Polonia, las dos Alemanias (RDA y RFA), Angola y Vietnam, entre  otros países. Fue durante ese período cuando el Consejo de Estado me otorgó, a  propuesta del Ministerio de Cultura la “Distinción por la Cultura Nacional”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En  1998, dejé la Editorial de Ciencias Sociales, y me acogí a retiro con la  seguridad social, para dedicarme por entero a la literatura y la ciencia. En el  primer campo inicié un “thriller” (<em>Cena  con Buda</em> ) actualmente en proceso de edición (no se sabe cuándo se  publicará) y reinicié el Doctorado -con el mismo tema-, pero desde la Ciencia  Política.  Sin embargo, en 1999 nombraron  a mi esposa Embajadora de Cuba en España y yo la acompañé con el rango de  Ministro Consejero para asuntos culturales, lo que me permitió continuar  investigando el problema nacional sobre el terreno. En 2001, en medio de unas  vacaciones en La Habana, defendí y aprobé el grado científico de Doctor en  Ciencia Política con ese tema.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No  obstante, en España, tampoco interrumpí la actividad literaria y cultural. Diariamente  transmitía telefónicamente una crónica de 5 minutos sobre el acontecer cultural  para una emisora radial cubana que la transmitía en vivo; preparé y publiqué  una antología de prosa y poesía del Héroe Nacional Cubano José Martí; se  publicó un conjunto de ensayos míos sobre escritores cubanos (D.M. Loynaz, J.  Martí, J.A. Portuondo, N. Guillén, A. Carpentier) titulado <em>Literatura y sociedad en Cuba</em>, que tuvo dos ediciones en el propio  año (Madrid y Málaga); y  una  investigación socio-cultural titulada <em>Del  acoso a la consagración: la Cuba del siglo XX en la novelística de Alejo  Carpentier</em>. Desde España viajé a Portugal, Andorra,  Francia y Bélgica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A  mi regreso definitivo a Cuba en 2004, terminé y publiqué sendos libros de  cuentos: una autoselección de los que había publicado en revistas, que titulé <em>Un traspatio en el jardín</em>; y  un conjunto de narraciones escritas durante  mi estancia en Varsovia, en medio de los cambios en los países del Este,  que titulé <em>Las puertas del infierno también son verdes.</em>. Me concentré entonces  en continuar la investigación del tema del Estado-Nación; he dado clases en la  Universidad y en el Instituto de Relaciones Internacionales; he participado en  procesos de defensas de Maestrías y Doctorados; he escrito prólogos, presentaciones  y he asesorado la publicación de libros de otros autores. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre  2006 y 2008, realicé una investigación de campo en Guanabacoa (tierra alta de  aguas, en lenguaje aborigen), el territorio donde vivo -un lugar legendario en  la cultura cubana-, visitando portadores materiales de la cultura folclórica y  religiosa, de las raíces afrocubanas, de músicos, pintores y escritores locales  de prestigio internacional; museos, monumentos, ceremonias religiosas,  cementerios, archivos, hasta lograr una serie de 50 crónicas transmitidas por  el portal CUBARTE del Ministerio de Cultura y por la Página WEB de la UNEAC,  presentadas ahora como libro a la Editorial de la propia UNEAC. En este momento  dirijo el Comité Editorial de la SCIF para la preparación de un Léxico de la  “Nueva Ciencia Política desde el Sur”. Estoy preparando un Panorama de la  Literatura Policiaca en Cuba, a solicitud de la Editorial Letras Cubanas. Mi  libro más reciente, es el resultado directo de la tesis del Doctorado y se  publicó en 2008 y se presentó en febrero de 2009 en FILH, titulado <em>El Estado Nación. Su origen y construcción.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llevo  casado 39 años con la misma mujer. Tengo dos hijos (un  cibernético-matemático   y una socióloga)  y dos nietos (uno de 12 años y el otro recién nacido). En fin, supongo que esta  es una vida como cualquier otra. Pero ahora, cuando leo estas notas, me doy  cuenta que esto no es propiamente un “ficha biográfica”. </p>
<p>Armando  Cristóbal</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Martín Barea Matos</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 16:07:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
		<category><![CDATA[gaceta33]]></category>

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		<description><![CDATA[Alfredo Fressia nos presenta de manera crítica a este joven poeta uruguayo. También podemos leer sus versos. &#160; &#160; &#160; &#160; Martín Barea Mattos, POR HORA POR DÍA POR MES, Estuario Editora, Montevideo, 2008. 127 págs. &#160; LA CIUDAD SIN &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/12/martin-barea-matos/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/12/fressia-alfredo-manos-75x100.jpg" alt="fressia-alfredo-manos" title="fressia-alfredo" width="75" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1425" />Alfredo Fressia nos presenta de manera crítica a este joven poeta uruguayo. También podemos leer sus versos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-1443"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Martín Barea  Mattos, POR HORA POR DÍA POR MES, Estuario Editora, Montevideo, 2008. 127 págs.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>LA CIUDAD SIN  CENTRO</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">Alfredo  Fressia</p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_1429" class="wp-caption alignleft" style="width: 260px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/12/martin-barea-matos.jpg" alt="Martín Barea Mattos" title="martin-barea-matos" width="250" height="333" class="size-full wp-image-1429" /><p class="wp-caption-text">Martín Barea Mattos</p></div>
<p>Lugares de pasaje, donde sólo se  detienen los coches, pero donde los seres humanos (como muchos contenidos poéticos)  están literalmente “de paso” y efímeramente —“por hora, por día, por mes”, para  ser exacto—, los estacionamientos comparecen en el mismo título de este más  reciente libro de Martín Barea Mattos (Montevideo, 1978) y constituirán el  tema, urbano, que dará unidad a los 90 generosos poemas que componen el  conjunto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por cierto, hubo  un tiempo, no muy lejano, en que el lugar urbano por excelencia era la plaza,  el eje de la polis y su epicentro social. Y la estética urbana que podía surgir  de la polis no aceptaba la prisa, la condición de lugar subalterno, desnudo de  ornamentos, cambiante según las horas o los días, de identidad siempre dudosa.  Aun el cisne de Baudelaire, aquel ya manchado por el barro de las obras  urbanas, corría todavía entre los escombros de una ciudad que crecía. Hoy esa  Ciudad quedó detenida, como en la Montevideo de estos poemas, y de la urbe de  proyectos y prosperidad sólo quedan <em>parkings</em> y campos baldíos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Barea Mattos sabe  que al poeta le toca crear su camino dentro de esa nueva Ciudad, especie de  periferia gigante, sin centro y sin bordes. El idioma ya no podrá ser  reductible a las paráfrasis sintácticas, ni podrá apostar a las ya agotadas  vanguardias. Más bien, deberá reinventarse a cada poema, y su “valor” será  relativo, como en los estacionamientos que anuncian el “por hora, por día, por  mes” que aquí se vuelve título, señal inequívoca para la lectura. De ahí  proviene esa paradójica vitalidad que existe en la poesía de Barea, una  estética vitalista (“Lirio de lirio”) donde muchas veces las paronomasias  buscan y encuentran un sentido como un golpe de dados: “<em>Adoptado o adaptado/ da igual/ que nadie se entere quién es tu padre o  madre/ hay un sistema que registra la diferencia/ no te asustes entre la  familia y la infamia/ el círculo de sillas/ el turno de fregar/ entre la  oración y la ración hay un padre/ tu vejez será igual/ si recuerdas las  diferencia// será igual</em>”. En semejante estética el hombre “<em>parece muñeco de acción</em>” y el sentido  puede construirse por los varios usos de una palabra (“<em>Cordón umbilical/ cordón/ de los zapatos/ de la vereda/ cordón policial</em>”)  para acabar, en ese mismo texto, en la libertad perdida (“<em>ella parió libertad/ y la atraparon</em>”). </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un poema pude  componerse sobre pronombres <em>(“Él/ nos  mira a los dos/ él/ el tercero en discordia</em>”) que pueden llenarse con los  contenidos que el lector decida o esté dispuesto a dar. También puede negarse a  llenar de sentido esos pronombres y, entonces, se puede perder “<em>el rumbo/ de la</em> <em>conversación</em>”, porque Barea sabe que la construcción del sentido  convive siempre en poesía con la destrucción del sentido. Y a este poema del  posible rumbo perdido o anulado le sigue –“significativamente”, ya que el orden  de un poemario es sabidamente un sentido construido- el que comienza con esta aseveración  vasta: “El siglo veinte ha sido derrumbado con sus equis gemelas”.<br />
            Puede ocurrir que un poema se  desarrolle sobre la reiterada acumulación de la estructura fundacional del  símbolo (metáfora o metonimia), a saber, “esto que es aquello” (“<em>Este trago de agua que es curva y rambla y  muro/ y baba entre las rocas/ este vaso con agua que es mesa y sueño y  serpiente y sábanas/ que es río mineral océano y esclava(…)</em>”, una especie  de acumulación en forma de caracol que acaba justamente nombrándose: “<em>y la espuma y el jabón y la ducha y el  vapor/ termina en caracol guardando/ el sonido leído</em>”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Muchas veces la  técnica de Barea se aproxima al <em>collage</em>,  la yuxtaposición de menciones que acaban por revelarnos la contracara de un  lugar, por ejemplo en ”18 de Julio”, uno de estos poemas donde la Ciudad toma  siempre el rostro de Montevideo, o en “1º. de Mayo”, que será seguido por el  poema que se inicia con “Que nos den los baldíos”. Y, por oposición a esta  arborescencia, también se puede encontrar en el poemario un “Poemas” de un  único verso juguetón (“<em>entreverados en la  ensalada hojas y hojas de lechuga</em>”), sin duda porque la misión de esta  poesía del movimiento y el descubrimiento es sorprender a su lector para  seducirlo siempre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><u>POEMAS DE MARTÍN BAREA MATTOS</u></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ES inquietante saber del espejo ante nuestro pie<br />
naturalmente constituido <br />
de cayos y lacayos <br />
y yoes y yo<br />
ser <br />
la mezcla del futuro hidrocarburo<br />
y otros compuestos orgánicos<br />
donde ahora me encuentro <br />
nativo <br />
en el interior de la roca aguada <br />
en la tierra<br />
en la memoria fósil de las cosas<br />
donde no hay extintos dinosaurios <br />
sino ómnibus y fauces<br />
y mañana un parking <br />
nos dará descanso <br />
combustión particular en nuestro viaje <br />
hacia su definitiva escala<br />
exenta al fin de humana<br />
allí estacional <br />
alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>AFLUENTE abierto al  océano atlántico</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>montevideo <br />
ese barco huyendo del hambre<br />
ciudad anclada en la garganta de su puerto<br />
esperanza famélica de suerte y alimento<br />
gris barco tizne <br />
cacerola<br />
guerra de sus nietos<br />
hollín blanco y negro<br />
inmigrando por esquinas <br />
construyendo balcones a otro cielo<br />
barco estacionado testimonio tapiado <br />
memoria de parientes europeos<br />
romance de bandoneón y tambor<br />
hijo de doctos candomberos<br />
esclavo de la luz<br />
de la idea <br />
del faro del recuerdo<br />
vaga ebrio <br />
fantaseando con fantasmas<br />
la glorieta de su puerto<br />
prontas las valijas <br />
del vaivén de su abuelo<br />
tendrán noticias mías<br />
lo prometo<br />
au revoir, abschied <br />
arrivederci, goodbye </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>hasta luego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>EL DÍA nublado nos ha separado<br />
como una pared hojarasca en blanco<br />
y apenas flamea eclipsa una pobre bandera  <br />
sin tregua como esta posguerra de sol<br />
el día nublado construye su muro <br />
y abraza ciudades nuevas medievales<br />
con su enredadera virtual nos encierra <br />
no mires afuera no mires afuera<br />
te ofrecen ventanas sin brisa <br />
ni olfato sin tacto ni tregua</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>la nube es tan alta como la memoria <br />
del hongo del humo de nombres extintos <br />
por las chimeneas de industrias de historia<br />
y el grito de guerra provoca <br />
amores gigantes que gimen <br />
derrotas gemelas</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>nuestros corazones son como fusibles <br />
fusiles la herencia la tensa mirada <br />
que apunta y dispara<br />
no dudes no hay juicio no hay deuda <br />
tampoco condena si rezas <br />
te doy vida eterna, te doy vida eterna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>LA POESÍA imperante <br />
imagina la muerte<br />
pero <br />
no puede matar <br />
sólo con palabras</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>cuerpo sin palabra <br />
ya está muerto <br />
piensa</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y blanquea cada día cada hoja <br />
y renueva <br />
el dominio interno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ANTES era hogar<br />
hoy <br />
estacionamiento<br />
antes solar<br />
hoy sombra<br />
lindando pintura y azulejos<br />
al descascare de una adivinanza<br />
de descansos y rutinas</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>un memorial ignorado se suspende</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>donde habita el poema.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>EN EL parking<br />
por hora por día por mes<br />
la noche sostiene al hombre como un segundero<br />
vigilando la vigilia<br />
del automóvil  que tiene miedo<br />
que le roben y amanezca denunciado<br />
por su dueño desde el sueño<br />
su dueño.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>SALTAR tras la almohada y cerrar la cama<br />
trancar la luna<br />
colgar la llave en la mandíbula<br />
marcar la clave en la memoria<br />
dejar los ojos activados y el iris <br />
tintineando y revisar las sábanas<br />
o dormir como un crío <br />
o vigilar sombras en la noche<br />
o monitorear cual satélite<br />
la invasión de ensueños.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>POR MESES por días por horas<br />
sudando almanaques albañileaban<br />
edificio rutina y familia<br />
el edificio devino en baldío<br />
y el baldío en parking<br />
el parking en un baldío habitado <br />
por neumática flía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>EN LA esquina de mi casa un gran baldío<br />
entre la iglesia y mi casa<br />
el gran baldío del gran éxito</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>fracaso pequeño <br />
asolando el solar <br />
de la gran obra</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>el océano es el baldío por donde llegó televisión empeñando <br />
las joyas de mi abuela<br />
saqueos familiares a control<br />
remoto batallón<br />
la tumba</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ese baldío clandestino de la patria<br />
del yingle himno y canción<br />
o una casa profanada<br />
de alarma sin patrón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ESTE trago de agua que es curva y rambla y muro <br />
y baba entre las rocas<br />
este vaso con agua que es mesa y sueño y serpiente y sábana<br />
que es río mineral océano y esclava<br />
que es mi agua mi cuerpo y mi cama<br />
este labio que es lluvia y palabra y paraguas <br />
y baldosa salivada y medias mojadas<br />
y lavarropas <br />
y cuerda y azotea asfaltada<br />
y playa y anzuelo y balde y arena y sirena encallada<br />
y castillo sin siglos <br />
y orilla con niños<br />
y gotas iguales como chinos <br />
y torturas y cambio de siglo<br />
y grande la ola y el destino <br />
y el suicidio y la nada a nado<br />
y la espuma y el jabón y la ducha y el vapor<br />
termina en caracol guardando <br />
el sonido leído.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ÉL <br />
nos mira a los dos<br />
él <br />
el tercero en discordia<br />
él <br />
en silencio<br />
piensa como vos<br />
piensa como yo<br />
piensa en él<br />
él camina<br />
en tres direcciones<br />
y nos da la espalda<br />
él como yo perdió<br />
el rumbo<br />
de la conversación<br />
él como yo<br />
nunca supo<br />
quién eras tú<br />
él conversa con otros<br />
que piensan</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>como él.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><u>CÓDIGO</u></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Honor <br />
te doy mi palabra<br />
te doy mi poema<br />
te devuelvo el silencio <br />
y la posibilidad<br />
de ser traicionado<br />
me das tu palabra<br />
otro<br />
poema <br />
y el silencio </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y no tengo opción </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>te doy mi palabra</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>LIRIO DE LIRIO</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>sumemos la edad <br />
de cada ser humano vivo <br />
para vivenciar que somos más útiles <br />
que los señores que en nombre de dios <br />
suman la edad de los muertos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>sumemos la edad de los muertos <br />
en nombre <br />
de cualquier hombre de dios muerto </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>llamemos a los muertos por su nombre <br />
y al dios <br />
muerto</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>sumemos su vida <br />
a nuestra única <br />
vida</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>somos más  <br />
que la muerte <br />
de dios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La (E) resultó economía de lenguaje<br />
la ecuación al sur y norte del ecuador<br />
la edad del edén<br />
la educación en efecto efímera</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>el ego el eje<br />
ejemplo<br />
el ejercicio</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>él <br />
elástico <br />
electo<br />
como la electricidad</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>electrodoméstico <br />
elefante <br />
elegante <br />
elemental</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>elenco elevado en ascensores <br />
elipse de elite <br />
elogio</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ella <br />
emancipada <br />
embarazada como un emblema<br />
embrionaria emergiendo emigrando<br />
emitiendo emociones empíricas<br />
empleando pobres empresas<br />
enamorada </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>del encéfalo encierro enciclopédico<br />
encuentra <br />
la encrucijada encuadrada<br />
enchufa <br />
su endocardio a la endogamia parásita<br />
al enemigo su energía</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>enero <br />
enésima enfermedad<br />
enfocado engaño engendra<br />
engloba enhebra enhorabuena <br />
el enigma</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>enlaza y enloquece<br />
enmascara y enreda<br />
enreja y enriquece<br />
enriquecido enroca la ensalada<br />
ensaya el ensayo de enseres<br />
ensilla el ensueño<br />
entalla el ente</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>entendido entente de entereza<br />
entero entierro de entidad<br />
entonando entrada y entraña</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>entrelínea entrenando entresijo<br />
entrevista <br />
entropía enunciando enzimas </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>epéntesis épica <br />
epicardio <br />
epiceno<br />
epicentro épico</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>epidemia epidérmica<br />
epígono <br />
epigrama</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>episodio epistemológico<br />
epíteto <br />
epítome de época</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>epopeya de la equidad equidistante<br />
equilibrio del equipaje del equipo<br />
equis equivalente de la era</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>erección ergonómica <br />
erógeno eros erosionado <br />
erótico <br />
erotismo errando</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>erudita escala escalonada<br />
escándalo escapando a escarapelas<br />
escena y escenario <br />
escepticismo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>esclavos de la esclerosis escolarizando escoltas</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>escollera hacia el escombro<br />
escopetas y escoria<br />
escorzo escrito </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y escritorio y escritura</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>escroto sin escrúpulo <br />
escrutando <br />
mi escudo mi escuela <br />
mi escultura escupida</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>esfinge esfínter <br />
eslabón espacial<br />
espacio de espada a espalda</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>especia especial<br />
especialidad de la especie<br />
espectáculo y espectro<br />
espejismo y espejo<br />
esperanza y esperma<br />
espermatozoide espía</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>espira y espíritu <br />
esplendor de espontánea espuma <br />
esquela <br />
esqueleto y esquema </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>de mi estadía estallando en estela estereoscópica<br />
esterilizando al esteta <br />
estigma de estilo por estima <br />
por estrella estrenando <br />
estructuras de estudio</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>éter eterno <br />
etimológico<br />
eufemismo </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>eureka el evangelio<br />
la evolución sin exactitud de la exacta exageración</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>examen excarcelable excavando<br />
existencia éxodo expansión <br />
experiencia y explosión</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>exponente expresivo <br />
éxtasis <br />
de mi extraña y extraordinaria extrapolación</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>eyacula dios por fin </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>por fin logré estacionar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_1425" class="wp-caption aligncenter" style="width: 260px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/12/fressia-alfredo-manos.jpg" alt="Alfredo Fressia" title="fressia-alfredo-manos" width="250" height="333" class="size-full wp-image-1425" /><p class="wp-caption-text">Alfredo Fressia</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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