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	<title>Revista La Otra &#187; gaceta27</title>
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	<description>Revista de poesía + Artes visuales + Otras letras</description>
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		<title>Presentación La Otra-Gaceta 27</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Jun 2009 21:28:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
		<category><![CDATA[gaceta27]]></category>

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		<description><![CDATA[¿A quién le importa la cultura? José Ángel Leyva Y en verdad ¿a quién le importa la cultura? Es una pregunta cargada de veneno en un país como México, donde la herencia cultural es su mayor patrimonio y la educación &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/06/presentacion-la-otra-gaceta-27/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/03/leyva-mar09-86x100.jpg" alt="José Ángel Leyva" title="José Ángel Leyva" width="86" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-679" /><strong>¿A quién le importa la cultura?</strong><br />
José Ángel Leyva</p>
<p>Y en verdad ¿a quién le importa la  cultura? Es una pregunta cargada de veneno en un país como México, donde la  herencia cultural es su mayor patrimonio y la educación un grave problema;  donde también el saqueo y el desprecio por tales valores es proporcional a la  dimensión de su significado.
</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-1093"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La cultura como tal ha tenido un uso cotidiano en  términos decorativos o pintorescos, no nos da un sentido de nación sino de  patrioterismo, nos identifica, pero no nos da sentido de pertenencia, nos  enseña el uso de los caminos más cortos sin importar su legalidad o su ética,  al tiempo que nos aleja de nuestros derechos y responsabilidades, nos muestra  la trascendencia del pasado pero nos impide valorar el presente y mucho menos  imaginar el futuro, nos exalta pero nos hace callar, nos enseña a aprovechar la  coyuntura, pero nos ciega en la perspectiva colectiva, nos borra el tiempo de  los otros. La cultura, para hablar en términos de la política que defienden los  gobiernos locales, es un coche  estacionado por los representantes públicos entre dos cajones. Y eso ¿a quién  le importa?<br />
<div id="attachment_4" class="wp-caption alignright" style="width: 160px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2008/12/leyva.jpg" alt="José Ángel Leyva" title="leyva" width="150" height="158" class="size-full wp-image-4" /><p class="wp-caption-text">José Ángel Leyva</p></div>
<p>Mientras que el gasto militar en este país &#8211;donde la muerte violenta es  una estadística insensible que leemos en los diarios&#8211; se eleva radicalmente,  las campañas electorales se desatan en medio del desaliento y la frustración  acumulada. No sólo la incredulidad, el hartazgo por tanto personaje corrupto e  ineficiente, hacen de la cruzada por el voto en blanco una opción más  confiable, aunque no más eficaz. El mensaje o la conclusión es: todos los  partidos y todos los políticos son la misma porquería. Aunque haya excepciones,  que las hay, pero eso son, excepciones. El poder se continúa ejerciendo al  margen de las necesidades y la opinión de la ciudadanía. Es más, bajo la  conciencia de que el ciudadano no existe, no cuenta a la hora de tomar las  decisiones. El ciudadano con poder se atrinchera en sus mansiones, en calles  cerradas al resto de la población y protegidas por vigilancia particular,  circula en automóviles cada vez más aparatosos y semejantes a los que  transportan valores, en una ciudad que mucho abona al calentamiento global, en  una ciudad donde caminar es una odisea porque las aceras, expresión básica del  ciudadano de a pie fueron cedidas hace tiempo a la impunidad.</p>
<p>La cultura, pues, no entra en el imaginario de los partidos políticos y  de sus candidatos a ocupar cargos públicos. No hay propuestas que nos hagan  sospechar que alguien ha entendido la relevancia de la cultura en México. Nadie  se preguntará ni cuestionará ¿quién es la persona que han nombrado para dirigir  la cultura durante seis años a tal o cual nivel? Nadie elevará la voz si dicha  persona manda al cesto de basura las políticas culturales ya puestas en  práctica o las iniciativas sobre determinados asuntos. Vendrán más espontáneos  y más ocurrencias, vendrán más esposas, amigas, amigos, aliados, de fulano o  sutano que se hagan cargo de lo que parece no importar a nadie. La cultura  servirá, cuando se necesite, para amenizar reuniones, motivar concentraciones,  armar la fiesta, decorar espacios, apoyar campañas electorales, homenajear y  hasta para tener golpes mediáticos.</p>
<p>Pero si acaso a alguien en verdad le interesa la cultura, entonces  comencemos a preguntar, hagamos un inventario de interrogantes sobre lo que  está sucediendo en nuestra realidad, abandonemos el silencio, la complacencia.  ¿Por qué se eleva el presupuesto militar y se reduce el de la educación y la  cultura?, ¿por qué la corrupción goza de cabal salud?, ¿por qué el peatón debe  cederle su espacio a los coches y a la rejas?, ¿desde cuándo la creatividad la  hacen los animadores de televisión?, ¿y las pequeñas editoriales mueren para  que las grandes trasnacionales se alimenten de los “programas de lectura” del  Estado?, ¿Fomento sin desarrollo es el lema de la inmediatez?, ¿un país de  lectores sin bibliotecas de barrio ni programas claros de lectura?, ¿el  calentamiento global es un dolor de cabeza?, ¿los acuerdos de San Andrés &#8211;no  me refiero a los del Peje&#8211;, bien, gracias?, ¿es la cultura un gasto o una  inversión?, ¿la mejor política exterior es la interior?, ¿en dónde quedó la  tradición y la imagen cultural de México en el mundo, sobre todo en América  Latina?, ¿hay una industria cinematográfica en México?, los artistas e  intelectuales, como opinaba una secretaria de Cultura de la Ciudad de México  ¿somos los parásitos de la sociedad?. En fin, ahora que a la UNAM la han dado  un reconocimiento internacional tan importante, como es el Príncipe de  Asturias, ¿no es hora de reconocernos en esa fuerza que es nuestra cultura y  exigir que se legisle por un derecho al futuro, por el tiempo para leer, por el  tiempo para pensar, por el tiempo para disentir y crear, para convocar, como  los jóvenes del 68, que la imaginación llegue al poder. ¿Pero eso, hoy, a quién  le importa?</p></p>
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		<title>Novedades junio 2009</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Jun 2009 21:19:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
		<category><![CDATA[gaceta27]]></category>

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		<description><![CDATA[Presentación de La Otra, número tres en la Casa del poeta Ramón López Velarde. Una aproximación a poetas de diversas latitudes y distintas lenguas; diálogos de Marco Antonio con La Otra. Miércoles 24 de junio, 19 hrs. Álvaro Obregón 73, &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/06/novedades-junio-2009/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/06/presentacion-la-otra-3.jpg"  target="_blank" rel="lightbox[roadtrip]"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/06/presentacion-la-otra-3-76x100.jpg" padding="5px" border="0" align="right" alt="Revista La Otra 3" /></a><br />
<strong>Presentación de <em>La Otra</em>, número tres</strong><br />
en la <strong>Casa del poeta Ramón López Velarde</strong>.<br />
Una aproximación a poetas de diversas latitudes y distintas lenguas; diálogos de Marco Antonio con <em>La Otra</em>.<br />
<strong>Miércoles 24 de junio, 19 hrs</strong>.<br />
Álvaro Obregón 73, Colonia Roma (entre Córdoba y Mérida)<br />
Tels. 55-33-54-56 y 52-07-93-36</p>
<p><strong>Ya están en circulación los siguientes libros de La Cabra Ediciones:</strong><br />
<strong><em>Lo que pasó esto fue</em></strong> de Eduardo Langagne con prólogo de Saúl Juárez.<br />
<strong><em>Animal transparente</em></strong> de Ferreira Gullar con prólogo de Alfredo Fressia.<br />
<strong><em>Claudicación intermitente [antología]</em></strong> de Jorge Enrique Adoum con prólogo de Jaime Labastida.<br />
<strong><em>Guillermo Ceniceros. Setenta años</em></strong> Género: Arte.<br />
<strong><em>Libro del errante [antología]</em></strong> de Jorge Boccanera con prólogo de Carlos María Domínguez.</p>
<p align="center"><strong>Click en las imágenes para agrandar</strong></p>
<p align="center">
<a href="http://www.lacabraediciones.com/2009/04/lo-que-paso-esto-fue/" target="_blank"><img src="http://www.lacabraediciones.com/wp-content/uploads/2009/04/azor-langagne-64x100.jpg"  padding="5px" alt="Lo que pasó esto fue" / rel="lightbox[roadtrip]"></a>&nbsp;<a href="http://www.lacabraediciones.com/2009/04/animal-transparente/" target="_blank"><img src="http://www.lacabraediciones.com/wp-content/uploads/2009/04/azor-ferreira-64x100.jpg"  padding="5px" alt="Animal transparente" / rel="lightbox[roadtrip]"></a>&nbsp;<a href="http://www.lacabraediciones.com/2009/04/claudicacion-intermitente-antologia/" target="_blank"><img src="http://www.lacabraediciones.com/wp-content/uploads/2009/04/azor-adoum-64x100.jpg"  padding="5px" alt="Claudicación intermitente" / rel="lightbox[roadtrip]"></a>&nbsp;<a href="http://www.lacabraediciones.com/2009/04/guillermo-ceniceros-setenta-anos/" target="_blank"><img src="http://www.lacabraediciones.com/wp-content/uploads/2009/04/arte-ceniceros-79x100.jpg"  padding="5px" alt="Guillermo Ceniceros. Setenta años" / rel="lightbox[roadtrip]"></a>&nbsp;<a href="http://www.lacabraediciones.com/2009/04/libro-del-errante-antologia/" target="_blank"><img src="http://www.lacabraediciones.com/wp-content/uploads/2009/04/azor-boccanera-64x100.jpg"  padding="5px" alt="Libro del errante" / rel="lightbox[roadtrip]"></a><br />
</p>
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		<title>Jaime Muñoz gana premio de Novela Corta &#8220;Rafael Ramírez Heredia&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Jun 2009 20:57:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<category><![CDATA[gaceta27]]></category>

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		<description><![CDATA[Jaime Muñoz, ganador del Premio de Novela Corta &#8220;Rafael Ramírez Heredia&#8221;, 2009, convocado por el Instituto Politécnico, la Fundación Guadalupe y Pereyra, el Instituto de Cultura del Estado de Durango y La Otra, es entrevistado al respecto y nos ofrece &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/06/jaime-munoz-gana-premio-novela-ramirez-heredia/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/06/jaime-munoz-27i1a-100x88.jpg" alt="jaime-munoz-27i1a" title="jaime-munoz-27i1a" width="100" height="88" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1071" /><br />
Jaime Muñoz, ganador del Premio de Novela Corta &#8220;Rafael Ramírez Heredia&#8221;, 2009, convocado por el Instituto Politécnico, la Fundación Guadalupe y Pereyra, el Instituto de Cultura del Estado de Durango y La Otra, es entrevistado al respecto y nos ofrece un fragmento de su novela premiada <em>Parábola del moribundo</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-1091"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Jaime  Muñoz<br />
Karla  Lobato lo entrevista sobre <em>Parábola del  moribundo</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tema: La novela <em>Parábola  del moribundo</em> ganó el <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/01/convocatoria-concurso-novela-corta/">premio nacional Rafael Ramírez Heredia</a> convocado por  el IPN, la revista <em>La Otra</em> (la ex <em>Alforja</em>) el ICED y la Fundación  Guadalupe y Pereyra. Los jurados fueron Eugenio Aguirre, Óscar de la Borbolla y  Hernán Lara Zavala. El premio será entregado el 12 de junio en Durango,  Durango.</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/06/jaime-munoz-27i1a.jpg" alt="jaime-munoz-27i1a" title="jaime-munoz-27i1a" width="300" height="266" class="alignleft size-full wp-image-1071" />Ficha del autor: Jaime Muñoz Vargas (Gómez Palacio, Durango, 1964) es  escritor, maestro, periodista y editor. Radica en Torreón. Entre otros libros,  ha publicado <em>El principio del terror</em> (novela, 1998), <em>Juegos de amor y  malquerencia</em> (novela, 2003), <em>Pálpito  de la sierra tarahumara</em> (poesía, 1997), <em>El  augurio de la lumbre</em> (cuento, 1989), <em>Tientos y mediciones</em> (periodismo, 2004), <em>Miscelánea de  productos textuales</em> (periodismo, 2005), <em>Guillermo  González Camarena, habitante del futuro</em> (biografía para niños, 2005), <em>Las manos del tahúr </em>(cuento, 2006), <em>Polvo somos</em> (cuento (2006), <em>Ojos en la sombra</em> (cuento, 2007), <em>Monterrosaurio</em> (microficción, 2008), <em>Nómadas contra gángsters</em> (periodismo,  2008) y <em>Leyenda Morgan</em> (cuento,  2009); algunos de sus microrrelatos fueron incluidos en la antología <em>La otra mirada</em> (2005) publicada en  Palencia, España. Ha ganado los premios nacionales de Narrativa Joven (1989),  de novela Jorge Ibargüengoitia (2001), de cuento de San Luis Potosí (2005) y de  narrativa Gerardo Cornejo (2005), y fue finalista en el concurso nacional  Joaquín Mortiz para primera novela 1998. Escribe la columna “Ruta Norte” para  el periódico <em>La Opinión Milenio</em> (rutanortelaguna.blogspot.com). Sus artículos y reseñas han aparecido en  revistas y periódicos de México, Argentina y España.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>1. ¿Cuál fue el detonante para que diez años después de escribir </em><em>sacara  del cajón esta novela</em>?<br />
Cuando en 1999  terminé la novela <em>Parábola del moribundo</em> sentí casi de inmediato que debía dejarla reposar. Con el paso del tiempo le  dediqué algunos momentos de revisión y eso me llevó a cambiar su aspecto como  cinco veces. Nunca me dejaba plenamente satisfecho, así que le permutaba, le  quitaba y le añadía detalles. Llegó a tener como 250 cuartillas y le tumbé  páginas por kilos hasta dejarla de 120. No fue difícil aligerarla. Lo que pasa  es que su personaje protagónico es un escritor y yo creía pertinente que entre  capítulo y capítulo mostrara textos de su cuño. Decidí eliminar esas secciones  y el libro se contrajo considerablemente. Así que, en efecto, es un libro del  99, pero con intermitentes retoques y podas aplicados durante una década. </p>
<p><em>2. ¿Cuál es la primera intención de esta  producción, es decir, qué tema aborda en ella?</em><br />
La historia es muy  sencilla: trata sobre un poeta de 33 años (la edad que más o menos tenía yo  cuando la escribí) que vive en La Laguna y, por ello, hace alardes de ingenio  para sobrevivir y mantener su vocación: corrige libros, imparte talleres,  escribe reseñas e incluso desea escribir una novela, para ver si de allí sí  obtiene algo. Ese poeta es pobretón, misántropo, resentido, culto y medio  depresivo, y desde el primer capítulo traba amistad con un viejo de setenta  años que jamás ha leído un libro pero tiene una enorme fuerza vital, pese a sus  años, y es muy bueno para el trago y las mujeres, además de que tiene bastante  plata. Narro sus andanzas por la noche lagunera, el disparate de su amistad,  casi como si fueran el Quijote y Sancho al revés: el Quijote es el joven poeta  y Sancho el viejo lúbrico, todo en un ambiente que me atrevo a considerar  deudor de la novela picaresca española, que siempre ha sido una de mis  principales pasiones como lector. Ahora bien, en medio de esas peripecias, como  aderezo, la novela describe la odisea de ser escritor en La Laguna, el mundillo  literario-periodístico local, las pequeñas mezquindades y ridiculeces que se  dan por nuestro todavía evidente provincianismo.<br />
&nbsp;<br />
<em>3. ¿Qué significado tiene para usted  obtener un galardón como éste?</em><br />
La primera vez que  recibí un reconocimiento fue en 1984: fue una mención honorífica en el primer  concurso regional de cuento Magdalena Mondragón organizado por la Universidad  Autónoma de Coahuila Unidad Torreón; el jurado fue Rafael Ramírez Heredia,  quien murió en octubre de 2006. En 2009, varias instituciones se organizaron  para homenajearlo, lanzaron la convocatoria del concurso y lo gané, lo que es  motivo de orgullo para mí, pues siempre he dicho que el mejor premio literario  que he recibido en mi vida fue aquella humilde mención honorífica determinada  por Ramírez Heredia cuando yo tenía veinte años. <br />
&nbsp;<br />
<em>4. ¿Obtener este premio puede ser  un&nbsp;detonador más para motivarlo a continuar con otros proyectos?</em><br />
Los premios ayudan,  pero no son determinantes de nada. Digamos que este premio lo he recibido con  gusto, me enorgullece, pero con o sin él yo sigo trabajando como puedo y cuando  puedo, como el poeta protagonista de la novela. En todo caso, la motivación más  importante es la que proviene de quienes decidieron otorgarle el primer lugar:  Eugenio Aguirre, Óscar de la Borbolla y Hernán Lara Zavala son tres escritores  que respeto y admiro. <br />
&nbsp;<br />
<em>5.   Con la creación de premios como éste, ¿existen apoyos  suficientes&nbsp;para los creadores?</em><br />
Comparado con otros  de Latinoamérica, México es un país que apoya decorosamente a los escritores.  Lo malo es que no hay, creo, tanto apoyo para quienes empiezan como sí lo hay  para quienes ya están encarrilados. Es un juego algo perverso: apoyan hasta que  uno demuestra que la hace, pero lo malo es que muchas veces no se puede  demostrar nada por falta de soportes, de suerte que los comienzos de casi  cualquier escritor, sobre todo en provincia, son muy sufridos. Imaginemos, por  ejemplo, a un joven escritor de Gómez Palacio: si pide apoyo le van a decir  “Mira, si ni siquiera has publicado nada”. En mi caso, que soy  de Gómez Palacio, fui alguna vez “reconocido” por el ex alcalde Rendón,  quien ni siquiera fue a la ceremonia en el cabildo. Luego, dos años después,  Ricardo Rebollo me dijo, muy entusiasta pero falazmente, “esta presidencia te  apoyo un proyecto”, luego estiró y estiró la decisión definitiva, que quedó en  nada, porque él sabía que iba a largarse como chapulín a una candidatura. Pero  bueno, ante ese vacío en el entorno local he buscado fuera y por suerte cada  vez tengo mejores contactos en periódicos y editoriales de la capital y de  otros países. Todo es cuestión de no bajar la guardia, de dignificar el oficio  de escribir y no andar rogándole a nadie.<br />
&nbsp;<br />
<em>6.&nbsp;Después de una larga carrera, ¿de  dónde sacar nuevas ideas para la creación de algún texto?</em><br />
Por suerte, desde  hace varios años tengo al menos cinco libros en pausa. A estas alturas ya son  como gorditas: sale una y ya voy echando la otra en el comal. </p>
<p><em>7. ¿A quién dedica este premio?</em><br />
<em>Parábola del moribundo</em> ya tiene dedicatario  explícito: es un poeta de Torreón. Además, todo lo que hago es para mis cuatro  mujeres. </p>
<p align="center"><em>La Opinión Milenio, </em>Torreón (26, mayo,09)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><br clear="all" /></p>
<p align="center"><strong><u>Fragmentos de <em>Parábola del moribundo</em></u></strong></p>
<p align="center">Jaime Muñoz Vargas</p>
<p>FRAGMENTO  1<br />
Mi preocupación, la angustia que suele ahorcarme con su  leprosa mano creció con la ausencia de Vicente Caballero. Gracias a las cartas  que le sancoché, el raboverde pepenó una divinura y no creí que su  distanciamiento fuera justo. Digerí mi congoja con <em>Fouché</em>, la biografía de Zweig sobre el siniestro político francés,  y con <em>Muerte en Venecia</em>, la musculosa  novelita de Mann. Me cayó por esos días, además, la edición a destajo de un  poemario horripilante; la autora, una mujerota que firma como <em>Irene Sanjacinto</em> (su “seudónimo  literario”, así me dijo) pagó quinientos por esa maquillada a una obra capaz de  sonrojar al género humano con versos de veras nauseabundos, como estos: “Desde  que te fuiste me quedé sola/ desde que te fuiste no dejo de  llorar/ desde que te fuiste anhelo tu fragante mirada/ desde que te fuiste mi corazón triste está/ ¡¡¡ahíto de desolación!!!”. Entre otras mil  sugerencias, le rogué que eliminara el sobrequipaje de mayúsculas, le dije que  los signos de admiración —uno al principio y otro al final— representaban un  énfasis suficiente, pero no pude persuadirla, como no pude lograr que  desembarazara un poco aquellos desahogos sin ritmo de las palabras <em>anhelo</em> y <em>tristeza</em>, sus favoritas. En realidad le hubiera sugerido que, para  evitar aquel estropicio, el suicidio representaba su más sincera autocrítica.<br />
Me encontraba, pues, en el último tramo  de <em>Dolor</em> (así se llama, como bolero  ranchero, la obra de Irene Sanjacinto) cuando tocaron a mi puerta unos nudillos  decididos. Al abrir, sin extenderme siquiera las buenas tardes, Vicente  Caballero entró con la frase “excelentes noticias” en ristre y su impecable  panamá en astillero. Colocó el gorrito en la oreja del sofá y comenzó a  desembuchar una confesión fosforescente de boberas.<br />
—Vicente Caballero no olvida a los  amigos. He llegado tarde pero seguro —tomó un respiro y pidió agua. Se la traje  mientras recuperaba el aliento. La empujó de un trago obsceno y gargaroso—.  Caridad me quiere bien, pero han pasado tres semanas en nuestra relación y ya  me pidió que le escriba más bonitas cosas, como al principio de nuestra  relación. Pero quiero también a otras…<br />
Con el entusiasmo de un mocetón, Vicente  me exponía las andanzas del quijotesco amor que lo embargaba. Su vitalidad era  admirable, y siempre me pareció la de un escarabajo en busca de alimento, una  oruga de voracidad elemental e inextinguible. Aunque andaba en los setenta, en  sus ojos había un reflejo adolescente, una chispa de inmenso gusto por la vida.  Sentí envidia. Con esa fortaleza, con esa voluntad ya me hubieran concedido el  Príncipe de Asturias, pensé. El amor inyectaba en el viejo un apetito vital  inusitado. Su optimismo era primario y se basaba en naderías, casi  exclusivamente en la conquista de mujeres con las cuales aparearse como  caballo, no como Caballero. <br />
—Caridad es la mujer de mi vida  —escupió—. Sin ella no sabría qué hacer. No hacemos una pareja perfecta, pero  la quiero bien, y si la culera me abandona me rompería el corazón en mil pedazos.<br />
Con esas frases cualquiera podía notar  que la educación sentimental de Caballero se basaba en la leperada de congal y  en la música de Los Bribones. Aventuré unas palabras casi entre dientes. <br />
—En mil pedazos, como dice el bolerazo  de Los Bribones…<br />
Caballero no dudó en reacomodarse sobre  su asiento; se instaló al filo del sofá y sin pudor hizo ademán de bolerista  mientras arqueaba su bigotillo de Clark Gable en lo que el viento se chingó.<br />
—<em>Lo  siento por ti,/ porque has tenido el horrible pesar,/ de haberme roto el  corazón en mil pedazos arrancando sin piedad mi vida</em>… —aquí terminó su  fragmento interpretado con bribonesca voz, y siguió—: como ve, en el fondo yo  también soy poeta y bohemio de corazón, faltaba más…<br />
Era, sin duda, un imbécil encantador, y  hasta ese momento reparé en un detalle cercano a lo alarmante: Caballero ya  estaba instalado a nalga suelta en la salita de mi santuario. Es decir,  ultrajaba con cinismo la sagrada quietud que necesito en el pabellón de mi  límpida soledad. Otra vez, a punto estuve de mostrarle un ceño de disgusto  cuando<br />
—Quiero más cartas, bellas cartas…<br />
Entonces mi rostro se llenó de  servilismo. El bohemio quería seguir el juego de su mecenazgo y yo simplemente  me dejé apapachar por la certeza del dinero fácil. Si eso fuera eterno quizá no  me frustraría como me frustro. Porque la experiencia literaria de entrada  requiere el sustento cotidiano, y el gastronómico Reyes bien que lo sabía. Si a  eso le agregamos ciertos lujos como el café, los cigarros, la música, los  libros, esto se convierte en un oficio caro, es decir, siempre con más egresos  que ingresos en estos pueblos pinchurrientos que suelen confinar a los  escritores en los lazaretos de la indiferencia. Por eso era necesario  Caballero, porque carta tras carta él garantizaba, sin saberlo, la cuota de  dinero indispensable para la manutención de mis pequeñas urgencias.<br />
—Quiero una carta muy larga y muy  bonita. Yo la pasaré a mano, para que Caridad vea que yo la escribí con mi puño  y letra. Quiero que lleve poesías bien bonitas.<br />
El verbo <em>querer</em> lo manipulaba con la soltura de quien le solicita a una  ramera tal o cual página del <em>Kamasutra</em>.  No me importó. Detrás de cada “quiero” había plata y eso era suficiente.  Recorrí a Caballero de las patas a la cresta; éste era mi mecenas: un señor de  bifocales, guayabera rococó, panamá y pantalón de gabardina confeccionado por  algún sastrecillo valiente del mercado Pancho Villa. Moreno, enjuto, curtido  por la resolana lagunera, Vicente tenía un aire de líder sindical petrolero, de  señorcito ignorante pero en el fondo muy siniestro. Era casi una vergüenza,  pero cada quien tiene los mecenas que se merece. En vez de ser auspiciado por  Lorenzo de Médicis o por el Conde Duque de Olivares yo tenía como filántropo a  este zopilote del amor. Qué más daba. Le ofrecí una cerveza y el viejo la  aceptó con la emoción de un mozalbete. Se frotaba las manos inconscientemente y  prefería sentarse al filo de la butaca, siempre como esperando algo. Fui al  refrigerador y decidí silbar la tonadilla de lo primero que se me ocurrió:  “Sombras”, el tango que Javier Solís cantó como bolero ranchero. Cuando saqué  las dos Coronas oí que mi interlocutor acompañó el silbido con los primeros  versos de la pieza: <br />
—<em>Quisiera  abrir lentamente mis venas,/ mi sangre toda verterla a tus pies…</em> —echó con  sus negras amalgamas al desgaire. Luego se dedicó un modesto elogio—: soy  bohemio, amigo, soy bohemio y me sé todas las canciones de nuestra música  vernácula, la más bella música del mundo.<br />
Carajo. Cómo se atrevía a decir eso. Me  agarró de mal humor y mi alma no toleró esos juicios tan espesos de  imbecilidad. Le enseñé un semblante de molestia y su respuesta fue la  continuación de “Sombras”:<br />
—<em>…para  poderte demostrar, que más no puedo hacer/ y entonces, morir después…</em><br />
Le di la cerveza y la tomó sin dejar de  comportarse como en un palenque.<br />
—<em>Y</em><em> sin embargo tus ojos azules,/ azul que tienen el cielo y el mar/  siguen cerrados para mí, sin ver que estoy aquí/ perdido, en mi soledad</em>…<br />
Iba a entrar con todas sus muelas en el  estribillo cuando lo atajé.<br />
—¿Así que su nueva conquista se llama  Caridad?<br />
Hizo cara de <em>of course</em> y respondió con el orgullo de un perdonavidas.<br />
—Ajá. Caridad, <em>mujer divina, ella tiene el veneno que fascina en su mirar</em>… es una  mujer chulísima, por ella daría la vida… ya me la chingué.<br />
Caballero  se pasaba de cursi y de troglodítico. Más allá de todo pudor, decía sus  sandeces con una autoridad casi magistral. Me impresionó esa combinación: edad,  candor y vulgaridad juntos y en feliz enlace. Salvo sus andanzas donjuanescas,  nada le provocaba desasosiego. ¿Qué era la vida para él? Quizá una larga cadena  de banalidades, un rimero de necesidades sin atisbo de metafísica. El minúsculo  Vicente vivía como los animales, sólo en el mundo fenoménico de la satisfacción  corporal, y las ideas con alguna densidad, para decirlo en inmejorable  mexicano, le importaban un camote. Ajeno por completo a los libros y a  cualquier tipo de conocimiento serio y estructurado, mi mecenas existía sin  angustia visible y se comportaba con la frescura de quien hospeda en el  entendimiento sólo ideas pedestres.<br />
—Caridad… —dije como sin decir.<br />
—Sí, Kary, con <em>k</em> y <em>y</em> griega, como a ella  le gusta que le digan.<br />
—Sí, sí, Kary, bello nombre, con <em>k</em> e <em>y</em> griega —enmendé.<br />
Caballero le pegó un gran sorbo a su  cerveza hasta dejarla vacía. Luego se llevó la mano al bolsillo de su guayabera  y sacó unos Raleigh, los abominables cigarros que fumaba mi abuelito, que en  paz descanse. Hizo lumbre y luego de una gran bocanada volvió a la carga.<br />
—¿Otra cervecita, mi amigazo? ¿Tiene  otra birria por allí? Ya estoy entrando en calor.<br />
Fui por ella. Cuando la tuvo en sus  manos me desagradó su manera de beber. Vicente era dueño de una vulgaridad que  se manifestaba en todos sus actos. Por ejemplo, tomaba el envase de cerveza del  gollete y lo empinaba hacia su trompa sin la menor elegancia. Luego sumía la  barbilla en su pecho y regoldaba leve pero asquerosamente, sin hacer pantalla  con el puño ni decir perdón  jamás.<br />
Llevaba, pues, dos cervezas y me invadía  el <em>penhouse</em> de tabaco chafa cuando  regresó al motivo de su visita.<br />
—Kary es un amor. Tiene casi cuarenta y  se conserva de rechupete, como usted vio, bien buenota. A ella le gustan las  canciones de Leo Dan, de Sandro de América y de <em>Palito</em> Ortega. Trabaja de recepcionista en las oficinas de la cnc, lee mucho una excelente revista que  se llama <em>Selecciones</em> y hace aerobics  en las tardes, cuando sale de su chamba. Yo la veo casi todas las noches, como  de nueve a once. Estamos muy enamorados y sólo dios sabe lo mucho que adoro a  esa condenadota.<br />
Basta, pensé, basta ya. Mi sensibilidad  recibió tal andanada de tonteras y tenía que mantenerse ecuánime. Mucho más,  tenía que apoyar aquellas explicaciones con movimientos afirmativos y palabras  condescendientes:<br />
—Me da gusto que así sea, amigo Vicente.  El amor es el amor, y qué bueno que usted lo tiene en cantidades casi  monopólicas.<br />
—Siempre lo he tendido, gracias a dios  —presumió—. Si algo no me ha faltado nunca es una bella dama a la cual darle  mis caricias y mis besos. Pero siempre es especial, como con Kary, que a mis  años es una de las más chulísimas que he tenido la suerte de cogerme.<br />
—¿Qué tipo de carta quiere para ella?<br />
—Muy bonita, llena de palabras bonitas y  cosas por el estilo.<br />
—¿Agrego poemas?<br />
—De su propia inspiración, si se puede.  Échele poesías.<br />
—Todo se puede, y más para tan fina  persona.<br />
—Nomás no le suba mucho la complicación.  Que sean poesías bonitas y llegadoras, no muy modernistas como las de su libro  que me regaló, pues todavía es hora que no entiendo ninguna de sus poesías.<br />
—Claro, trabajaré poemas sencillos, no <em>modernistas</em>.<br />
—Ándele, ya sabe que pago bien y por  anticipado. Mi dinero es constante y sonante. Esta vez quiero diez hojas que  estén a toda madre las cabronas.<br />
La cifra me iluminó. Eran, cobradas a  cien cada cuartilla, mil pesotes hermosos, mil pesotes ganados gracias a la  caritativa estupidez de Kary.<br />
Era martes y pedí a mi benefactor que  pasara hasta el sábado por su amasijo de melcocha. Asintió con tres “por  supuestos”. Se levantó del sofá, tomó su sombrerito y de la cartera extrajo  diez hermosos billetes color sepia. Con su típica reverencia agradeció las  cervezas y lo vi marcharse con el panamá ya colocado en su grasosa cabellera. <br />
Apenas había avanzado unos metros cuando  regresó. Al abrir de nuevo la puerta, en el vano, le noté unos ojos ilusionados  tras los verdosos bifocales. Habló solemnemente:<br />
—Sería un honor para mí invitarle un  trago. Esta noche no veré a Kary. Le invito unas cervecitas como prueba de mi  respeto a su amistad y a su dominio de la bella letra. ¿Cómo ve, acepta? Me  quedé picado con las cervezas que me chingué aquí, en su casa.<br />
El mecenas quería cobrar con mi tiempo  su dadivosidad. No tuve escapatoria. Con el gesto más hipócrita que jamás he  articulado, le dije que sí.<br />
—Sólo espere, amigo Caballero; voy a  calzarme una camisa.<br />
—Ya ve, usted es un chingón para hablar.  Será un honor chingarme unas cervezas con usted.<br />
Al fin salí, obligado por la coyuntura.  Ya en la calle me asombró el coche de Caballero: un Ford dos puertas,  automático, color plata, con estéreo y clima, uno de esos carros que mi  bolsillo considera absolutamente inasequibles, una de esas maravillas que yo  jamás ostentaría. Para abrir oreja puso una pieza de la Sonora Santanera y de  golpe emitió una teoría de esos grupúsculos:<br />
—La Santanera es de mis favoritas. Esta  música me hace pensar en bailes y en mujeres. Además, las canciones son muy  buenas poesías, no me lo podrá negar… <em>Y  aquí estoy entre botellas</em>…<br />
—Indiscutiblemente —mentí.<br />
Las calles de Torreón estaban  congestionadas. Eran casi las ocho de la noche y toda la gente salía de sus  trabajos. Afuera pegaba un calor plúmbeo, un pegajoso calor de junio, pero en  el coche de Caballero se podía enfriar una jarra con limonada. Los camiones del  paleolítico iban todos hinchados de estudiantes y de obreros. Ésta era mi  ciudad, el mundo que tantos años recorrí a golpe de calcetín y que ahora la  literatura y el departamento me obligaban a perder casi todos los días.<br />
Con  lentitud avanzamos por la avenida Mariano López Ortiz y no tenía un solo  semáforo sincronizado; luego doblamos en la Hidalgo y, tras quince baches,  llagamos hasta la Comonfort. Sin pedir mi parecer, Caballero frenó delante de  un establecimiento llamado Papillón, tabuco que en su exterior mostraba una  descabalada mariposa de neones azules y amarillos. En la puerta, pintado sobre  cartón amarillo fosfo y con espantosa caligrafía, lucía un letrero redactado  por un homólogo de Caballero: “Sabados hora felíz. Rica botana!!!! Pase Ud.”  Bajo ese anuncio, otros dos más, eternos y pringosos, clavados con remaches de  corcholata, de lámina e inamovibles: “Se solicitan meseras buen sueldo”, decía  uno, y el segundo era amenazante, hostil y hitleriano: “Proibida estrictamente  la entrada a boleros, limosneros, gorderos, semilleros, fayuqueros, billeteros  Atte La Gerencia Bar Papillon”.<br />
La piquera era tan horrible como los  avisos de recibimiento. Nada allí revelaba el mínimo buen gusto. Había, por  ejemplo, seis teles encendidas, todas en la misma pelea de box: un par de  negrotes se amagaban sin entusiasmo sobre un cuadrilátero adornado con las  letras de Budwaiser. En el centro, una barra en forma de ocho; al fondo, una  rocola con música de banda sinaloense; más allá, una especie de cocina donde se  veía la figurilla híbrida de un maricón o, tal vez, de una machorra. Había poca  concurrencia, y las meseras se atareaban más en platicar con la clientela que  en servir nuevas bebidas. <br />
Nos sentamos en una de las mesas  aledañas a la barra, casi en un rincón de la cantina, como le gustaba a José  Alfredo allá en su Guanajuato querido. De inmediato vino una <em>edecán</em>, como les dicen aquí, con  almibarado galicismo, a las meseras. Era una chaparrita saludadora, piernuda,  compacta, de minifalda embutida a su cuerpo de minirrefrigerador y una blusa  como de encaje que dejaba ver unas masas y un sostén más opresivo que el  gobierno de don Porfirio. Caballero la recibió obsequioso, se levantó y le  colocó un lúbrico beso en las mejillas:<br />
—Vanessa chula, ¿cómo estás, preciosa?<br />
—Usted lo dijo, Vicente, bien chula y  bien preciosa —contestó Vanessa General Electric, y luego me miró.<br />
—Te presento a un amigo; es escritor el  güey, un peladazo —dijo Caballero.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Homenaje póstumo a Mario Benedetti</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Jun 2009 20:56:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
		<category><![CDATA[gaceta27]]></category>

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		<description><![CDATA[La escritora uruguaya-italiana, Martha Canfield rinde un homenaje a su compatriota recientemente fallecido y nos ofrece un ensayo sobre su vida y su obra, además de algunos poemas elegidos por ella para leerlo desde una perspectiva distinta, justa. &#160; &#160; &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/06/homenaje-postumo-mario-benedetti/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/06/canfiel-martha-27d1b-100x82.jpg" alt="canfiel-martha-27d1b" title="canfiel-martha-27d1b" width="100" height="82" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1066" /><br />
La escritora uruguaya-italiana, Martha Canfield rinde un homenaje a su compatriota recientemente fallecido y nos ofrece un ensayo sobre su vida y su obra, además de algunos poemas elegidos por ella para leerlo desde una perspectiva distinta, justa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-1090"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Recordar a Mario Benedetti</strong></p>
<p align="center"><strong>Martha L. Canfield</strong></p>
<p><center><div id="attachment_1066" class="wp-caption alignnone" style="width: 260px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/06/canfiel-martha-27d1b.jpg" alt="Martha Canfield" title="canfiel-martha-27d1b" width="250" height="205" class="size-full wp-image-1066" /><p class="wp-caption-text">Martha Canfield</p></div></center></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><div id="attachment_1064" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/06/benedetti-27d1a.jpg" alt="Benedetti" title="benedetti-27d1a" width="300" height="370" class="size-full wp-image-1064" /><p class="wp-caption-text">Benedetti</p></div>
<p>Mario  Benedetti – que nació en Uruguay el 14 de septiembre de 1920 y falleció el  pasado 17 de mayo – es uno de los poetas más amados y más leídos en ámbito  hispánico, traducido en innumerables idiomas y activo hasta el final de sus  días. Intelectual comprometido desde siempre, fue el fundador y el presidente  del Movimiento «26 de Marzo», de oposición al régimen militar que oprimió a su  país entre 1973 y 1986. A causa de su militancia tuvo que exiliarse, junto con  su esposa Luz, y vivió durante muchos años primero en Cuba y luego en España.  Como el argentino Juan Gelman y el chileno Pedro Lastra, supo usar la poesía  como arma de denuncia, hablando en sus versos del drama vivido por su propio  país y de la pesadilla de la cárcel, de la tortura, de las ejecuciones  sumarias, de los desaparecidos.</p>
<p>Benedetti  afrontó el tema específico de la cárcel en muchas de sus obras, empezando por  la novela en versos <em>El cumpleaños de Juan  Ángel</em> (1971), donde se relata la fuga de la prisión de un grupo de  guerrilleros a través de las alcantarillas. Poco después de la publicación de  este libro, se verificó la fuga de varios tupamaros de una cárcel de  Montevideo, de manera semejante a la contada por Benedetti, y él fue acusado de  haberles proporcionado la idea para la fuga. También la novela epistolar <em>Primavera con una esquina rota </em>(1982)  trata de este tema, así como la pieza para teatro <em>Pedro y el capitán </em>(1979), y muchos cuentos de <em>Con y sin nostalgia </em>(1977), <em>Geografías </em>(1982-84) y <em>Buzón de tiempo</em> (1999). En poesía el tema está presente en una larga serie de composiciones y  en especial en los poemarios <em>Letras de  emergencia</em> (1969-73), <em>Poemas de otros</em> (1973-74), <em>Cotidianas </em>(1978-79), <em>Viento del exilio </em>(1980-81), y de nuevo <em>Geografías</em>.<br />
 <br />
Uno de  estos poemas está dedicado al inolvidable Roque Dalton (El Salvador,  1935-1975), estúpidamente asesinado por una facción no reconocida – como se  dijo luego – del movimiento guerrillero de su país. Toda la breve, intensa y  dramática experiencia de vida de Dalton, en la que se incluyen la cárcel, el  exilio y la lucha armada, y por la cual Julio Cortázar llegó a compararlo al  Che Guevara, está testimoniada en su poesía, que Benedetti consideraba ejemplar  y emblemática de lo que debería ser el binomio arte-ethos. </p>
<p>Desde esta  perspectiva la poesía se transforma en un medio fundamental para trascender el  horror del momento y para conservar la memoria, tarea formativa, altamente  moral. Porque la poesía, la literatura en general – como ha sostenido tantas  veces Benedetti –, cumple una función ética, más allá del hecho inconfutable  que las opiniones de un autor no puedan ni deban condicionar el valor de su  obra. Y sin embargo, la grandeza de una obra, ¿no debería aumentar la  responsabilidad de su creador en el nivel político?<br />
A esta  pregunta Mario Benedetti ha contestado toda la vida con una conducta ejemplar,  asociando siempre su excepcional capacidad expresiva y su habilidad técnica y  creativa en el dominio del lenguaje con su visión ética del mundo y su compromiso  militante. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Mario Benedetti</strong></p>
<p align="center"><strong>Desde  adentro</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con el contrato  social y la división de poderes, llegó la penalización carcelaria, aunque  primero fue espera para un juicio, se fue convirtiendo en pena en sí misma. De  acuerdo a la época tuvo sus vaivenes y según el tipo de gobierno, su calidad.  Así conocimos poderes judiciales que castigaron según su leal saber y entender  o poderes injustos que abusaron según su desleal ignorar y desentenderse. Como  ya he expresado anteriormente: “todo es con el dolor con que se mira”.  Lamentablemente asistimos a una época en la que un sistema impuesto se daba de  bruces contra la realidad, una realidad cuyo signo era la violencia del hambre,  la miseria, el analfabetismo, la mortandad infantil, la desnutrición, la censura,  la delincuencia a la que eran empujados los ciudadanos pobres para sobrevivir,  por un código <em>no escrito</em>, pero  aplicado con estricto rigor por los regímenes que imponían el culto fanático  del dinero, la mitificación del dinero como ambición obligatoria, como  exclusiva fuente de bienestar. Aunque todas las oligarquías latinoamericanas  tienen en común su pugna contra el pueblo, no todas aplicaron sin embargo, el  mismo estilo. La chilena, por ejemplo, participó durante largas décadas en la  creación de una imagen nacional y hasta nacionalista: por un lado, supo darse  la gran vida, pero por otros se mimetizó en un interés popular. Es claro que  luego ante el golpe de Pinochet y su saña antipopular, aquella ambigüedad ya no  confundía a nadie y terminó llevando para su tortura y posterior aniquilación a  quienes osaron disentir, no sólo a las cárceles sino incluso llenando un  estadio de fútbol. En Brasil, la clase dominante ha tenido una presencia  beligerante y activa, pero siempre en el entendido de que impulsaba el desarrollo  del país: el capitalismo brasileño no exportaba sus dólares, porque sabía que,  aun en una población de casi cien millones, el clan privilegiado, por más que  fuera una minoría, constituía en sí mismo un mercado de consumo suficientemente  apto para la obtención de buenos dividendos. En las pequeñas repúblicas de  América Central, la alta burguesía incluía algunas de las familias más  acaudaladas, y también más ramplonas, del mundo: no en todas partes era dable  hallar, como en esa zona, pestillos de puertas y patas de mesas, nada menos que  de oro macizo. En Uruguay podría decirse que durante largo tiempo el oligarca  tipo se mimetizó con la clase media. Se vinculó a la burocracia, participó de  las coimas pero fue campechano, a veces paternalista y a menudo cordial y  palmeador. Los gobernantes salieron por lo general de esas filas y lo cierto es  que a medida que el país se empobrecía empezaba a notarse que detrás de esa  imagen estaba el tajante deslinde de clases. Así en América luego de un largo y  complejo proceso se endureció la clase dominante y terminó recurriendo a los  asesores extranjeros para que le aportasen dólares, armas y nuevas técnicas de  tortura, en defensa del <em>statu quo</em>. La  crisis subdesarrollante que, con la innegable astucia de los viejos amos y la  inclemente eficacia de los <em>gangsters</em>,  va imponiendo el imperio suele ser acompañada por el desarrollo de la capacidad  de obediencia del país colonizado. En las dictaduras en América Latina  asistimos entonces al uso indiscriminado de las cárceles, al punto de convertir  en prisiones locales que no habían sido creados con esa finalidad.</p>
<p>De todos los  perseguidos, quienes debimos exiliarnos escribimos con preocupación sobre la  gente que quedó presa en nuestros países. A su vez, los escritores que sufrieron  prisión se las ingeniaron para sacar obras y testimonios por entre las rejas.  Hubo además quienes al ser liberados contaron aquella dolorosa experiencia y el  dolor pudo ser asumido en forma colectiva. Una vez más las ideas no fueron  aprisionadas.<br />
Los medios decían  que no se había torturado, y luego se supo, decían que no había desaparecidos,  y luego se supo, decían que eran pocos y luego resultaron miles, decían que no  hubo ejecuciones, y luego se supo. Lamentablemente hubo intelectuales que no  sobrevivieron al silencio.</p>
<p>Montevideo, agosto de  2007</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Poemas de Mario Benedetti</strong></p>
<p>Para recordar a  Mario Benedetti propongo releer los seis poemas que siguen: el primero, “Más o  menos la muerte” lo considero una despedida a Mario con sus propias palabras;  el segundo, “A Roque”, está efectivamente dedicado a Roque Dalton; el tercer  poema, está dedicado a la figura de Artigas, con la veneración que se merece  este héroe incomprendido y fracasado, primer gran revolucionario de la historia  americana; el cuarto poema, “Esta ciudad es de mentira”, se refiere a  Montevideo, tal como Benedetti la veía en los primeros años 60, o sea antes de  la catástrofe, una ciudad tan humana, tan informal y solidaria que parecía,  precisamente, “de mentira”; el quinto y el sexto son poemas de amor que, al  igual que los otros del mismo tema, han dado la vuelta al mundo estimulando  noviazgos, bodas y rupturas, todas apasionadas, como lo era el mismo Benedetti  detrás de su alegría y su bondad al límite de lo verosímil. Pero especialmente  el último, “No te salves”, pone en evidencia hasta qué punto todos los  sentimientos y todas las elecciones vitales, incluido lo amoroso, estuvieron  para él impregnadas del valor ético. <br />
Recordar a Mario  significa renovar una memoria fértil y generosa, gozar con la palabra, entender  un poco más nuestros propios sentimientos y abrir el corazón a la esperanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><center><br />
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</center></p>
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		<title>Rubén Bonifaz Nuño, poeta y sabio mexicano</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Jun 2009 20:33:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Rubén Bonifaz Nuño, uno de los poetas mexicanos más notables, a quien le debemos muchas de las lecturas del griego, el latín, lenguas indígenas, y un conocimiento luminoso de grandes figuras clásicas, es abordado aquí por Sandro Cohen desde la &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/06/ruben-bonifaz-poeta-sabio-mexicano/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/06/ruben-bonifaz-27i2a-66x100.jpg" alt="ruben-bonifaz-27i2a" title="ruben-bonifaz-27i2a" width="66" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1077" /><br />
Rubén Bonifaz Nuño, uno de los poetas mexicanos más notables, a quien le debemos muchas de las lecturas del griego, el latín, lenguas indígenas, y un conocimiento luminoso de grandes figuras clásicas, es abordado aquí por Sandro Cohen desde la perspectiva del lector y del amigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-1088"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Rubén Bonifaz Nuño:</strong><br />
<strong>el  hombre detrás de las letras</strong><br />
<strong>Sandro Cohen </strong></p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/06/ruben-bonifaz-27i2a.jpg" alt="ruben-bonifaz-27i2a" title="ruben-bonifaz-27i2a" width="188" height="284" class="alignleft size-full wp-image-1077" />RUBÉN BONIFAZ NUÑO es uno de los poetas fundamentales  del siglo XX en lengua española y, por ende, de la literatura universal. A  pesar de que es un hombre accesible y de buen humor, pocas personas lo conocen  bien porque ha dedicado su vida a la Universidad Nacional Autónoma de México  (UNAM) ―como funcionario y también como  profesor― en perjuicio de su propia fama. Aunque  siempre ha tenido amigos muy cercanos (en su juventud fueron Ricardo Garibay,  Fausto Vega y Jorge Hernández Campos, y a partir de los 60 años, Carlos  Montemayor, Bernardo Ruiz, René Avilés Fabila, Vicente Quirarte, Raúl Renán,  Josefina Estrada ―autora de esta larga y reveladora  entrevista―, y hasta yo mismo me congratulo por tener  el privilegio de serlo), nunca ha deseado fundar o ser parte de grupos  literarios como los que tuvieron mucha influencia tras la consolidación de la  revolución mexicana, y que vieron su máximo esplendor durante los años 70, 80 y  parte de los 90, cuando epígonos de toda especie libraban verdaderas batallas  de ninguneo y beatificación literaria desde las páginas de suplementos y  revistas. Algo muy importante, sin embargo, podemos decir en favor de estas  publicaciones, lo cual las justifica plenamente: se trataba de periodismo vivo  donde sí se practicaba la crítica literaria y donde sí se podía hablar de  literatura, política y hasta de política literaria sin cortapisas, actividad  que actualmente se ha trasladado al ciberespacio como resultado de la anemia de  la mayoría de las revistas y suplementos literarios que circulan hoy en día.</p>
<p>Rubén Bonifaz Nuño, a diferencia de muchos otros,  siempre se ha llevado respetuosa y cordialmente con sus contemporáneos y  mayores, pero nunca manifestó el deseo de participar en los banquetes del poder  literario. Como consecuencia de su decisión de no participar en las guerras  culturales, se mantuvo durante años a la sombra de otras figuras mucho menores.  Más le importó fundar la moderna Imprenta Universitaria, una colección  inigualada de literatura clásica ―la Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana―, el Instituto de Investigaciones Filológicas, seminarios dedicados  al estudio de la antigua cultura mexicana y mucho más. En otras palabras,  Bonifaz Nuño ha sido un hombre de trabajo, y como parte de ese trabajo ha  escrito su vasta obra poética, de traducción y de investigación. Ahora, al cabo  de más de 60 años de laborar amorosamente por el bien de la literatura, no  debería sorprendernos la indiscutible calidad y solidez de su aporte y ―al mismo tiempo y por desgracia― el que los  jóvenes lo vean como una especie de monumento lejano e intocable. </p>
<p>Esto no ha sucedido por voluntad del poeta. Desde que  lo conocí en 1980 porque coincidimos en un viaje a Nueva York para dar  conferencias sobre literatura mexicana, Rubén Bonifaz Nuño ha sido uno de los  hombres más abiertos, solidarios, francos y amables con los cuales he tenido el  placer de convivir. En aquel entonces aún se movía sin mayores dificultades. No  obstante, a partir de los años 80, el poeta empezó a perder la vista por una  enfermedad congénita y progresiva, retinitis pigmentosa, la cual ha restringido  cada vez más su libertad de movimiento. Por fortuna, todavía en los 80 y 90,  haciendo grandes esfuerzos, aún pudo hacer numerosos viajes a los diferentes  estados del país donde pudieron conocerlo, aunque fuera en una presentación o  lectura pública, muchos cientos de jóvenes que ahora atesoran esa suerte.</p>
<p>De ahí el enorme valor de esta entrevista de la  narradora Josefina Estrada, quien conoce a Bonifaz Nuño desde hace casi 30 años.  Con él ha compartido mesas y viajes, chistes y chismes, alegrías y tristezas,  como lo hacen todos los amigos que de veras lo son. Pero me consta que desde  hace muchos años le ha preocupado a Estrada el que no se llegue a conocer la  vida de Rubén, pues él siempre ha sido parco al hablar de sí mismo en público,  amén de que ha dado poquísimas entrevistas ―las mejores han sido de Marco Antonio Campos―, y en ellas suele hablar de literatura, casi nunca de sí mismo. ¿Cómo es posible ―se preguntaba Josefina  Estrada― que no sepamos casi nada de la biografía de  uno de los grandes poetas del siglo XX? 
</p>
<p>Entrevistadora perspicaz, Estrada nos entrega una  verdadera delicia, pues ha logrado que el poeta relate episodios clave de su  infancia; habla de sus hermanos y hermanas, de sus padres; de las primeras  lecturas, de sus años de primaria y secundaria, de sus maestros… Descubrimos al niño Rubén, tan tímido, maravillarse  ante el heroísmo de personajes literarios que se convertirían, para él, en  modelos de comportamiento que sigue hasta la fecha.</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/06/sandro-cohen-27i2b.jpg" alt="sandro-cohen-27i2b" title="sandro-cohen-27i2b" width="250" height="315" class="alignright size-full wp-image-1078" /></p>
<p>En estas páginas el poeta nos descubre cómo fue formándose  su mundo espiritual, intelectual, literario y académico. Somos testigos de sus  primeros encuentros con la poesía española y latinoamericana, de su deseo de  dominar el oficio de poeta desde muy joven, de sus participaciones en los  Juegos Florales de Aguascalientes y cómo conoció a Agustín Yáñez, quien lo  apoyaría y cuyo lugar en la Academia Mexicana de la Lengua correspondiente a la  Española Rubén ocuparía muchos años después. </p>
<p>Además, el poeta nos habla ―creo que por vez primera― de  momentos muy importantes en su vida personal: amores, amistades y desamores, y  cómo todo esto ha influido en su poesía. Nos damos cuenta de cómo sentimientos ―tan comunes como sublimes, naturales en todo el mundo― llegaron a traducirse al lenguaje poético propio e inconfundible de  Rubén Bonifaz Nuño.</p>
<p>Y tal vez lo más importante: en estas páginas el poeta  habla de su obra, de cómo y por qué fue escribiendo los poemas de cada uno de  sus libros, desde La muerte del ángel hasta Calacas, su libro de poesía más  reciente, sin soslayar la importancia de la UNAM en su temperamento, formación  y cosmovisión. </p>
<p>Tengo más de 30 años de estar leyendo la poesía, las  traducciones y los ensayos de Rubén Bonifaz Nuño, y gracias a esta entrevista  estoy dándome cuenta por primera vez de toda una serie de avenidas secretas que  antes sólo sospechaba, sobre todo en su obra en verso. Lo que en un momento  pudo parecer capricho de poeta, ahora se me revela como la manera más clara y  sencilla que el poeta ha tenido de ser fiel a su propia realidad interior.  Estrada ha logrado que, en el espacio intenso de esta entrevista, se nos abra  de par en par la poesía de Rubén Bonifaz Nuño. Es como si lo conociéramos de  nuevo, y de manera aún más entrañable. </p>
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		<title>Crónica del secuestro de Haroldo Conti</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Jun 2009 20:25:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Alejandra Dandan, nos narra el secuestro del escritor Haroldo Conti en una época oscura de Argentina, donde Marta Scavac y Benedetti son testigos. &#160; &#160; Marta Scavac, el relato de un secuestro Haroldo Conti con Marta Scavac y el poeta &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/06/cronica-secuestro-haroldo-conti/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/06/haroldo-conti-27d2a-65x100.jpg" alt="haroldo-conti-27d2a" title="haroldo-conti-27d2a" width="65" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1070" /><br />
Alejandra Dandan, nos narra el secuestro del escritor Haroldo Conti en una época oscura de Argentina, donde Marta Scavac y Benedetti son testigos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-1087"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Marta Scavac, el relato de un secuestro</strong><br />
<strong>Haroldo Conti con Marta Scavac y el poeta uruguayo Mario Benedetti</strong></p>
<p><div id="attachment_1070" class="wp-caption alignleft" style="width: 210px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/06/haroldo-conti-27d2a.jpg" alt="haroldo conti" title="haroldo-conti-27d2a" width="200" height="307" class="size-full wp-image-1070" /><p class="wp-caption-text">haroldo conti</p></div>
<p><em>El relato de las seis horas que duró el operativo en la casa del poeta. La  discusión de dos militares sobre qué hacer con el bebé de tres meses y la  decisión de llevarse el televisor. Las amenazas, los golpes y la despedida. La  historia en Pagina 12/comentada en Foro Topía</em></p>
<p><strong>Alejandra Dandan</strong></p>
<p>“Yo sentí que si tenía alguna posibilidad de salvar a mi hijo era ésa”, le dijo  Marta Beatriz Scavac al Tribunal Oral Federal 5. Dos militares acababan de  discutir en su casa qué iban a hacer con su hijo de tres meses. “¡Es mío!”,  decía uno. “¡No, es mío porque es rubio y blanco, se puede conseguir muy buena  guita y esta vez me toca a mí!.” La ex mujer del poeta, escritor y periodista  Haroldo Conti había presenciado minutos antes el secuestro de su esposo. “Quizá  Dios, el destino o esa cosa extraña que tiene la vida –explicó– hizo que en ese  momento uno de los dos militares de pronto viera el televisor que se habían  olvidado de cargar.”</p>
<p>Scavac describió la noche del secuestro de Haroldo Conti en el marco del juicio  oral de la causa contra el represor Jorge Olivera Rovere, jefe de la subzona  Capital Federal y de cuatro ex jefes de áreas militares porteñas. Su relato se  concentró casi exclusivamente en lo que sucedió durante las seis interminables  horas del secuestro. “Dicen que cuando la justicia llega tarde no es justicia  –dijo al final–, pero de todas maneras, dada la situación que atravesó nuestro  país, qué bueno que llegó este momento.” Y agregó: “Esta circunstancia me llevó  a perderlo (a Conti) y a pedir permanentemente ¿dónde están?”.</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/06/benedetti-27d1c.jpg" alt="benedetti-27d1c" title="benedetti-27d1c" width="250" height="165" class="alignright size-full wp-image-1065" />El 4 de mayo de 1976 ella regresó con Conti a su casa a la 0.05 después de una  función de cine. Adentro los esperaban su hija de siete años dormida y el bebé  de tres meses de los dos. Estaban juntos desde hacía cinco años. Conti había  sido profesor de Literatura de Marta, a esa altura taquígrafa y trabajadora de  la revista Crisis.</p>
<p>En esos días, alojaban a Juan Carlos Fabiani, a quien Marta presentó como  alguien que necesitaba esconderse en su casa, como hacían otros perseguidos  políticos. Marta se acuerda de todos los detalles, como si hubiesen ocurrido  ayer. Señaló la preocupación insistente de los represores por el dinero, por  los objetos que se iban llevando y los que dejaban destruidos. En medio de la  embestida, encontraron, por ejemplo, un tarrito sobre la biblioteca donde ella  había guardado unos doscientos pesos de hoy para el regalo de cumpleaños de  Conti. “Me llamó la atención –dijo ella– la alegría que tenían cuando lo  encontraron.”</p>
<p>En la casa, Marta detectó voces de cinco o seis personas. Ella estaba maniatada  con corbatas y la cabeza tapada por dos camisas. Adentro la patota se dividió:  unos con Conti y otros con ella. Durante varias horas no pudo escuchar a sus  hijos. Los gritos del interrogatorio a Haroldo que llegaban desde el otro lado  de la casa potenciaban su desesperación. “No me acuerdo tanto las preguntas  sino el sadismo.” A ella la golpearon, la tiraron al piso, “me tiraron toda la  ropa, teníamos unas campanitas de distintos países, me rompieron contra el  cuerpo y cuando vieron unas boyas marineras que teníamos colgadas dijeron que  eran una bomba: ‘Vamos a probar con la cabeza de ella’” Y la apretaron contra  la pared. Le dieron nombres. Se enojaron porque no los conocía. Y se pusieron  locos, dijo, cuando descubrieron en su cartera notas de taquigrafía.</p>
<p>“Eran apuntes de una nota que estábamos haciendo en la Isla Paulina del Delta”,  dijo. “¿Qué es esto?”, le preguntaron. Ella se los explicó pero uno de ellos le  advirtió que lo estaba tomando por tonto. “Fue agresivo y muy cobarde: me puso  el taco arriba de la cervical, se retorcía en los huesos mientras me decía que  mi cabeza iba a pasar rodando por la 9 de Julio.” Después de una nueva patada  en el riñón derecho, intervino el que hacía de bueno. “Ya la voy a hacer hablar  cuando la llevemos”, escuchó.</p>
<p>Enseguida, el otro la condujo a un cuarto para someterla psicológicamente.  Desde que estaba con Conti, el escritor había escrito La Balada del Alamo  Carolina y la novela Mascaró el cazador americano, impregnadas de su paso por  Cuba. “Yo era una apasionada de la obra de Haroldo y lo ayudaba pasando en  limpio los borradores y Mascaró está de alguna manera dedicada a mí, pero en la  dedicatoria él no puso ‘para’ sino ‘con’ Marta, pero no es eso lo que creo que  los molestó sino la novela.” El interrogador parecía un hombre formado, que  sabía de letras; preguntó por la novela y le reprochó a ella haber ayudado. En  ese contexto también preguntó sobre Cuba. Marta le dijo que también había  estado en Estados Unidos, pero le respondieron que no era lo mismo, que “Cuba  es un país comunista”.</p>
<p>Rompieron papeles y se toparon con la máquina de escribir. La muerte de una tía  de Chacabuco, su pueblo, le provocó a Conti un sacudón emocional. Por eso se  había puesto a escribir el último cuento que todavía estaba en la maquina. “Por  favor, no lo rompa”, pidió Marta. “Le expliqué de qué se trataba ese cuento.”  El papel quedó intacto en la máquina.</p>
<p>“Estamos en guerra”, le dijo un integrante de la patota. “`Y acá somos ustedes  o nosotros y no hay que dejar siquiera la semilla`, me dijeron y eso no lo voy  a olvidar nunca más.”</p>
<p>Pasaron horas, una persona le avisó que iban a llevar a Haroldo a un  interrogatorio y volvían, pero ella pidió despedirlo. La llevaron a otro lugar,  ella no veía nada pero de pronto sintió cerca la voz de Haroldo que le preguntó  cómo estaba. “Y yo me desespero –dice– porque no puedo verlo y no puedo tocarlo,  no me puedo acercar a él, le pregunto cómo está y me dice: ‘Estoy bien, no te  preocupes’. A pesar de las dos camisas, yo tenía una parte de la cara  descubierta. Haroldo me da un beso justo en ese lugar y en ese momento me di  cuenta de que él no estaba encapuchado, y grito desesperadamente que no se lo  lleven.” Uno la tiró contra la cama, le puso un arma en la cara y le dijo que  se callara.</p>
<p>Escapó con sus dos hijos por una ventana. Consiguió un taxi para ir a la casa  de sus padres y ese mismo día fue a la revista desde donde hicieron denuncias  internacionales. Los medios locales no publicaron nada. Sólo lo hizo el Buenos  Aires Herald. Días después, la mujer buscó al cura Leonardo Castellani,  nacionalista y amigo de Conti, pero no consiguió nada del encuentro del  dictador Jorge Rafael Videla con Jorge Luis Borges y Ernesto Sabato. Lo mismo  sucedió con la denuncia internacional de Gabriel García Márquez. Por lo que  supo después, Conti pasó las dos primeras semanas en Campo de Mayo y luego lo  llevaron al Vesubio. Un relato dice que Castellani alcanzó a verlo. Estaba mal,  y le dio la extremaunción.</p>
<p>© 2000-2009 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Todos los Derechos  Reservados<br />
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		<title>Lêdo Ivo en italiano</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Jun 2009 20:12:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Marta Spagnuolo, en un juego de espejos traduce un ensayo de Vera Lúcia de Oliveira, quien nos habla a su vez de la traducción al italiano del libro Réquiem de Lêdo Ivo. Libro publicado en México por Alforja ediciones, ahora &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/06/ledo-ivo-en-italiano/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/06/ledo-ivo-27i3a-74x100.jpg" alt="ledo-ivo-27i3a" title="ledo-ivo-27i3a" width="74" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1073" /><br />
Marta Spagnuolo, en un juego de espejos traduce un ensayo de Vera Lúcia de Oliveira, quien nos habla a su vez de la traducción al italiano del libro Réquiem de Lêdo Ivo. Libro publicado en México por Alforja ediciones, ahora La Cabra, que se hizo acreedor del premio Casa de las Américas a la literatura en lengua portuguesa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-1086"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><u>La traducción poética</u><br />
VERA LÚCIA DE OLIVEIRA: LÊDO IVO EN ITALIANO<br />
<em>Traducción del portugués al español:  Marta Spagnuolo</em><br />
<img alt="Requiem" src="http://www.lacabraediciones.com/wp-content/uploads/2009/04/azor-ledo-1.jpg" class="alignleft" width="167" height="261" /><em><a href="http://www.lacabraediciones.com/2009/04/requiem/" target="_blank">Réquiem</a></em>, el último libro de poemas de <a href="http://www.lacabraediciones.com/2009/04/ledo-ivo/" target="_blank">Lêdo Ivo</a> (2008),  ya fue publicado en tres idiomas: el original   portugués (Rio de Janeiro, Contra Capa); el italiano y el español (y en  ambas ediciones, bilingüe). A la primera versión castellana, editada en México  en la Colección Alforja (<a href="http://www.lacabraediciones.com/" target="_blank">La Cabra</a>/  Instituto de Cultura de Morelos. Traducción de Jorge Lobillo. Prólogo de  Eduardo Langagne), le seguirá otra este año, en edición cubana,  correspondiente al premio Casa de las Américas, que el poemario ganó a fines  del pasado. En cuanto a la edición italiana (BESA/ Università del Salento),  estuvo al total cuidado de Vera Lúcia de Oliveira, poeta y profesora de la  Universidad de Perugia, quien ya había vertido antes a esa lengua una antología  poética del mismo autor. Amante fervorosa de la poesía de Lêdo Ivo, en su  versión italiana de <em>Réquiem</em> –libro  compuesto también por algunos otros poemas de los más recientes del poeta  alagoano– , incluye un artículo sobre la traducción, que sin duda interesará a  poetas y a traductores. Por tratarse, como dijimos, de una edición bilingüe, la  autora citó a los escritores brasileños en portugués y luego tradujo las citas  al italiano (salvo el epígrafe). Aquí nos tomamos la libertad de traducir todo  directamente al castellano. 
</p>
<p align="right"><strong>Marta Spagnuolo</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><center><br />
<h2>Traducir a Lêdo Ivo</h2>
<p><strong>Por Vera Lúcia de Oliveira</strong></p>
<p></center></p>
<p align="right"><em>Traduzir uma parte</em><br />
<em>na  outra parte</em><br />
<em>–que é uma questão</em><br />
<em>de  vida ou morte—</em><br />
<em>será  arte? </em></p>
<p align="right">Ferreira Gullar</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/06/ledo-ivo-27i3a.jpg" alt="ledo-ivo-27i3a" title="ledo-ivo-27i3a" width="350" height="467" class="alignleft size-full wp-image-1073" /></p>
<p>Como es notorio, en las últimas  décadas la traducción ha sido y es una de las disciplinas que más ha interesado  a los estudiosos de varios sectores. A esa valorización han contribuido  investigaciones tendientes a pensar el fenómeno de la traducción como actividad  científica, pasible de esquematización y formalización. Se han construido  calculadores y programas que habrían de conseguir la traducción automática,  búsqueda que ha defraudado a quienes creían   haber resuelto de una vez por todas el problema.<br />
Más que considerarla como una ciencia, hoy se habla de la traducción o  del estudio de la traducción para designar aquel cuerpo de conocimiento que cae  bajo la denominación de <em>Translation  Studies</em> y que, abarcando numerosas disciplinas y poniendo en juego factores  no sólo lingüísticos y textuales sino también históricos, sociales, ideológicos  y culturales, ha aportado relevante contribución al tema.</p>
<p>Muchos estudiosos afirman que la teoría y los estudios de la traducción  no son otra cosa que una reflexión que la traducción se hace sobre sí misma,  partiendo del presupuesto de que es una experiencia práctica.<br />
Sin entrar en la valoración de las diversas formulaciones teóricas que  se desarrollaron en el tiempo sobre la traducción, me detendré en el aspecto  pragmático de este trabajo. Más precisamente, haré algunas consideraciones  sobre los criterios que me han guiado en la aventura, fascinante y riesgosa a  la vez, de traducir parte de la obra de Lêdo Ivo, reunida en la antología  poética organizada por mí, <em>Illuminazioni</em> (Salerno, Multimedia Edizioni, 2001, 128 pp.), y en este <em>Réquiem</em> aún inédito en Brasil y publicado como primicia en Italia,  seguido de algunas poesías de los últimos dos libros, <em>Rumor da noite</em> y <em>Plenilúnio</em>,  elegidos por estar en sintonía con la atmósfera y la temática de <em>Réquiem.</em><br />
Edoardo Bizarri, uno de los más notables traductores de la compleja obra  de Guimarães Rosa, indica en una carta al gran escritor brasileño el criterio  que ha adoptado al verter al italiano la novela <em>Corpo de Baile</em>. A propósito de cómo traducir los nombres de  personas, cosas y lugares, muy importantes en la obra de Rosa y nunca elegidos  al azar, le pregunta al escritor: </p>
<p><em>Me gustaría tener su opinión y  consejo con respecto a los nombres de localidades, personas y de los apellidos.  Estoy dejando algunos nombres en la lengua original, y traduciendo otros o  usando el correspondiente italiano, con criterio exclusivamente personal,  arbitrario y fónico.</em> (<em>J. Guimaraes</em>: 19)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Inseguro de la propia elección, expone al autor sus dudas y le pregunta  también cómo han resuelto esos problemas sus otros traductores. A lo que  Guimarães Rosa responde:</p>
<p><em>Exacto. Así también pensaba yo: Dejar  unos como están, y traducir otros. O, incluso, “inventar”. Mientras use su  “criterio exclusivamente personal, arbitrario y fónico”, quedo alegre y  tranquilo. En él es que yo, sinceramente, confío. (El traductor francés, de  acuerdo conmigo, está procediendo así. Los norteamericanos dejaron todo en la  forma original, lo que me pareció malo). Habrá casos, también, en que usted ya  vio que lo bueno, lo de más vivo efecto, es la solución mixta – conservar una  parte y traducir el resto.</em> (21)</p>
<p>Como criterio fundamental de conducta, y dado naturalmente por  descontado el indispensable conocimiento lingüístico y el dominio de la técnica  de la escritura y de la traducción, Bizarri adopta su intuición, su  sensibilidad, el profundo conocimiento de la obra de Rosa y de la realidad  descrita en ella, la empatía establecida desde el comienzo con el autor y con  sus personajes. Rosa se fía de esta elección, porque también él se deja guiar  por el mismo criterio cuando escribe, también él se siente –afirma– un  traductor de otro lenguaje misterioso:</p>
<p><em>Yo, cuando escribo un libro, hago  como si lo estuviera “traduciendo”, de algún original, existente en otra parte,  en el mundo astral o en el “plano de las ideas”, de los arquetipos, por  ejemplo. Nunca sé si estoy acertando o fallando en esta “traducción”. Así,  cuando me “re” traducen a otro idioma, nunca sé, tampoco, en casos de divergencia,  si no fue el Traductor quien, de hecho, acertó, restableciendo la verdad del  “original ideal”, que yo había desvirtuado… </em>(63-64)</p>
<p>Sobre todo, Guimarães Rosa insiste en el hecho de que el traductor no  quede “demasiado estrechamente ligado al original”, que piense también en el  lector italiano, que adapte cuando es necesario. (64). Rosa, en efecto, adhiere  a un principio fundamental, siempre más seguido hoy, según el cual la  traducción es una obra original en sí, una actividad análoga a la creación. Octavio  Paz llega a afirmar que “traducción y creación son operaciones gemelas”.  (“Traduzione”: 294)  Y Croce, ya en 1902,  había escrito: “La traducción, la que se dice buena, es una aproximación que  tiene valor original de obra de arte y puede bastarse a sí misma.  (“Indivisibilità”: 213)  <br />
Walter Benjamin convierte este proceso de aproximación al original en  una bella y sugestiva metáfora: “Como los fragmentos de un vaso, para dejarse  recomponer, deben presentar continuidad en el mínimo detalle, pero no por ello  ser idénticos, así, en vez de hacerse similar al sentido del original, la  traducción debe amorosamente, y hasta en los detalles, esforzarse por obtener  en la propia lengua el modo de entender a aquel”. (“Il compito”: 232)</p>
<p>Cierto es que, para el filósofo alemán,  ambos, tanto el original como la traducción, deberían conducir, a través de esa  amorosa reconstrucción del vaso a partir de sus fragmentos-palabras, a una “lengua  más grande”, una “pura lengua” perdida con la ruina de Babel. De todos modos,  ningún acercamiento o reconstrucción del original –se  lo entienda o no a la manera benjaminiana–  puede realizarse sin el atento análisis e interpretación crítica de cada nivel  de la obra.<br />
Para Umberto Eco, traducir es recuperar “la intención del texto”, o sea  “aquello que el texto dice o sugiere en relación con la lengua en la cual es  expresado y con el contexto cultural en el cual nació”. (“Riflessioni”: 123) En  consecuencia, agrega, hay diversos tipos de fidelidad posible –a la estructura  lingüística, a la cultura, a la época de aparición de la obra, al estilo del  autor, etc.– y el traductor debe elegir aquella más pertinente al texto y al  autor que ha decidido traducir.</p>
<p>Podemos afirmar que, en lo que atañe a Guimarães Rosa, Bizarri eligió la  más apropiada, la fidelidad al mundo rosiano que lo ha llevado a conseguir el  aplauso entusiasta del autor el cual, para la traducción de <em>Corpo de Baile</em>, pidió explícitamente al  editor italiano que la hiciera el mismo Bizarri. La gran libertad y confianza  que Rosa otorga incondicionalmente a Bizarri deriva del hecho que entre los dos  se instaura, de entrada, una identidad de sensibilidad y de espíritu. Se lo  puede comprobar leyendo la interesante correspondencia entre el traductor  italiano y el escritor, publicada y reeditada varias veces en el Brasil, con el  título <em>J. Guimarães Rosa: correspondência  com seu tradutor italiano.</em><br />
No casualmente he citado aquí la compenetración entre Rosa y su  traductor italiano. Siempre me ha intrigado y atraído aquel proceso empático  establecido entre los dos, el mismo que me ha servido para comprender, pese a  la diversidad del contexto y seguramente la complejidad de la aventura  “traductora” de los dos casos, cómo proceder en mi trabajo de traducción  poética.<br />
Puedo sin más afirmar que el mismo tipo de confianza, la misma  compenetración afectiva y empática se estableció entre la poesía de Lèdo Ivo y  yo, por lo cual podría casi suscribir la palabra de Bizarri. Muchas veces me he  dirigido al poeta, indecisa sobre alguna solución posible para la mejor  realización en italiano de la palabra o metáfora ligada a su mundo alagoano,  poblado de figuras, paisajes y animales característicos de una cultura y de una  identidad específica, pero Lêdo Ivo, conociendo bien el idioma de Dante, lector  voraz de literatura italiana, me reafirmaba cada vez su convicción de que  encontraría, en cada situación, el modo mejor de trasladar su universo poético  de una lengua a otra. Por mi parte, desde el principio, he seguido la lección  de Peter Newmark, (<em>Approache:</em> 74) según  la cual el traductor debe “sumergirse en la mente de sus autores y recrear el  proceso mental”, en cuanto le sea posible.</p>
<p>Maniel Bandeira (1886-1968), el gran poeta brasileño que amaba a su vez  traducir poesía y que, pese a la aparente simplicidad de su obra, es asimismo  difícil de traducir,  ha escrito a  propósito de su experiencia con la traducción: “Sólo traduzco bien los poemas  que me gustaría haber hecho, esto es, los que expresan cosas que ya estaban en  mí, pero no formuladas. Mis ‘hallazgos’, tanto en traducciones como en  originales, resultan siempre de intuiciones.” (<em>Itinerário</em>: 293)<br />
Como Bandeira y tantos otros traductores, me he dejado guiar por la  sensibilidad y, sobre todo, por el conocimiento profundo, por la frecuentación  de varios años y por el amor a la poesía de Lêdo Ivo, que me llevaba siempre a  buscar reproducir en el lector italiano el mismo efecto que el texto había  producido en mí misma e, imagino, en los lectores del original. Sin embargo,  consciente de que la equivalencia absoluta entre dos lenguas es inalcanzable  porque cada una tiene su estructura y sus normas, sé también que el traductor  debe elegir, debe asumir la responsabilidad de la invención de nuevas imágenes  que, en el equilibrio entre contigüidad y diversidad, conduzcan al lector al  universo poético que se está probando recrear en la lengua de llegada. Es eso  lo que he buscado hacer constantemente. Esperando haber logrado ese intento,  entrego al lector italiano este libro que tanto me ha enriquecido. Hemos visto  que Octavio Paz considera la traducción poética “una operación análoga a la  creación poética”. De esto estoy convencida. Porque al traducir a Lêdo Ivo he  experimentado la misma alegría que experimento cuando escribo, cuando creo mi  poesía. </p>
<p>REFERENCIAS</p>
<p>BANDEIRA, Manuel. <em>Itinerário de Pasárgada</em>. Rio de Janeiro: Nova Fronteira / Instituto  Nacional do Livro, 1984, 3ª ed.<br />
BENJAMIN, Walter. “Il compito del traduttore”. In  NERGAARD, Siri. <em>La teoria della  traduzione nella storia.</em> Milano: Bompiani, 2002, 2ª ed. 221-236. </p>
<p>BIZARRI, Edoardo. <em>J. Guimarães Rosa; correspondência com seu traductor italiano / Edoardo  Bizarri. </em>San Paulo: T.A. Queiroz e Instituto Cultural Ítalo-Brasileiro,  1981. <br />
CROCE, Benedetto. “Indivisibilità  dell’espressione in modi o gradi e critica de la retorica”, in NERGAARD, Siri.  Op. cit. 207-213.<br />
ECO, Umberto. “Riflessioni teorico-pratiche sulla  traduzzione”. In NERGAARD, Siri. Teorie Contemporanee della traduzione. Milano:  Bompiani, 1955. 121-146.<br />
NEWMARK, Peter. <em>Approaches to Translation</em>. Trad. it. di Flavia Frangini, <em>La traduzione: problema e metodi.</em> Milano: Garzanti, 1988.<br />
PAZ, Octavio. “Traduzione: Letteratura e  Letteralità”, in NEERGAARD, Siri. Op. Cit. </p>
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		<title>Joseph Conrad en el ojo de un argentino</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Jun 2009 19:43:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#8220;Londres, o cómo entender mejor a la Ogra&#8221;, del escritor argentino Javier Arévalo Rendall, es un asomo por el mundo que Conrad asumió como propio, más allá de haber nacido en Polonia. &#160; &#160; Londres, o cómo entender mejor a &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/06/joseph-conrad-en-el-ojo-de-un-argentino/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/06/conrad-27d3a-83x100.jpg" alt="conrad-27d3a" title="conrad-27d3a" width="83" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1067" /><br />
&#8220;Londres, o cómo entender mejor a la Ogra&#8221;, del escritor argentino Javier Arévalo Rendall, es un asomo por el mundo que Conrad asumió como propio, más allá de haber nacido en Polonia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-1085"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Londres, o cómo entender mejor a la  Ogra</strong><br />
<strong>Javier  Arévalo Rendall</strong></p>
<p>In Opinion on April 23, 2009 at 4:34 pm</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/06/conrad-27d3a.jpg" alt="conrad-27d3a" title="conrad-27d3a" width="200" height="240" class="alignleft size-full wp-image-1067" /><br />
En Heart of Darkness, Joseph Conrad habla  de la relación inajenable que a veces se entabla entre los mapas y los hombres.  En ellos se dibujan figuras que se mueven y nos hablan en los recovecos  caprichosos que asientan los cartógrafos, y los motivos ulteriores y efectos  que los pliegues de papel tienen en nosotros saben representar un desafío al  razonamiento.<br />
Cuando niño Marlow, el protagonista de la  fábula de Conrad, descubre el mapa de un misterioso país en las vidrieras de su  ciudad natal. El dibujo lo fascina, pero no tanto por su belleza o exactitud  cartográfica, sino por el río que en él se dibuja, y que como una serpiente  omnipotente separa el territorio en dos; el animal azul tiene su cabeza en el  mar y su cola en la vastedad del territorio, que domina. El efecto que tiene el  río en el muchacho es inmediato, hipnótico. “As I looked at the map of it in  the shop window, it fascinated me as a snake would a bird –a silly little  bird.”</p>
<p>Es así como Marlow empieza a contarle al  resto de los tripulantes de bote las aventuras y penurias que ha sufrido y de  los personajes que ha conocido en los confines del África. Y es así como Conrad  toma al lector de la mano y lo empuja a emprender un viaje que también a él lo  llevará a explorar los rincones oscuros del corazón, en los que los demonios  habitan.<br />
Albur del destino o no, el protagonista y  sus compañeros de viaje están a bordo de un bote en el estuario del Támesis,  esa serpiente que, brutalmente, divide a Londres en dos. El río es el más largo  de toda Inglaterra, y después de zigzaguear por más de trescientos kilómetros y  morir en el Mar del Norte pasa por el medio de la capital británica, la llena  de carácter y de vida, y con cada cambio de la marea la renueva de varias  maneras. A sus orillas descansan las herramientas para que la maquinaria  continúe en movimiento, y de ellas bebe la metrópolis, que se empeña en seguir  creciendo.<br />
De los muchos edificios que adornan la  ciudad, los más populares en las postales son los que escoltan al Támesis a lo  largo de su paso por la ciudad. El Big Ben y el Parlamento, Tower Bridge y el  London Eye son paradas obligadas en cualquier visita a la ciudad, y uno no  conoce Londres sin haberla visto en su inmensidad, su pomposidad y su miseria  desde un bote en una tarde de verano.</p>
<p>Pero el río no basta. Como todas las  grandes ciudades, Londres no se queda corta a la hora de mostrar calificativos:  embajadores, generales e ilegales la han calificado a lo largo de los siglos,  pero hay dos estrellas que en su solapa no brillan; Londres no es bella, y  ciertamente no es amigable.<br />
Una entre las miles de actividades que la  ciudad ofrece será suficiente para dar por tierra con mi sentencia. Una  caminata a la orilla del Támesis un fin de semana por la mañana, una noche en  el West End –la calle Corrientes de la ciudad -, un almuerzo en el Barrio Chino  o una visita al idílico barrio de Chiswick en el que las jóvenes familias  florecen y sonríen, la recesión no existe y el tráfico es una pesadilla lejana,  son solo ejemplos de las cosas bellas y amigables que se pueden hacer en la  capital. Encontrar momentos y lugares de perfección en esta capital no es cosa  difícil sino una ocurrencia diaria, pero hacer que los epítetos “bella”,  “hermosa” o “amigable” encajen con una descripción de la ciudad es, tal vez,  esperar demasiado de las lenguas vivas. Londres es una acumulación de mundos,  de universos bien distintos, y gracias a su completa heterogeneidad alcanza el  que tal vez sea el más valedero calificativo de todos: magnífica.</p>
<p>Henry James fue el norteamericano que más  abierta y magistralmente registró su amor por el corazón del Imperio Británico.  El suyo no fue un amor ciego y adolescente sino uno maduro y completo, que  perduró hasta el fin de sus días. James había visitado la isla por primera vez  en 1843, a la edad de seis meses, y luego de haberle prestado más visitas  durante sus años de adolescencia y juventud, decidió hacer de Londres su morada  permanente en 1876. Años más tarde se mudó al pueblo de Rye y en el año 1916,  uno antes de su muerte, se convirtió en Súbdito Británico.</p>
<p>En 1905 escribió English Hours, una  colección de ensayos que se puede leer como una oda al Ser y Existir británico  sin sonar jamás a adulación o fascinación. La de James es la adoración sincera  de aquel que conoce bien al objeto de su afecto, y que ama sus cualidades y  acepta sus defectos. El primero de la serie de ensayos está dedicado a Londres,  y en él James dice:<br />
“Londres es tan torpe y brutal, y ha  juntado en sí tantos de los lados oscuros de la vida, que es casi ridículo  hablar de ella como un amante habla de su mujer, y casi frívolo el aparentar  ignorar sus desfiguraciones y crueldades. Ella es como una ogra poderosa que  devora carne humana; pero para mí es un atenuante el hecho de que la ogra misma  sea humana (aunque no lo sea para todos). No es debido a indecencia o a  violencia gratuita que se llena el buche, sino para mantenerse viva y hacer su  tremendo trabajo.”</p>
<p>Es una de las ciudades más pobladas del  viejo continente, y en el rompecabezas étnico que se llama Londres nace, se  mezcla, sufre y muere en paz un sinnúmero de nacionalidades que en su melange  va cambiando la lengua y hasta la definición del ser británico. La ogra no cree  en los buenos modales y tampoco tiene preferencias; la piedad no existe en su  vocabulario. Pero a la hora de repartir, la ciudad no entrega cartas marcadas.  El color de un pasaporte, la proveniencia de un traje son menos importantes que  la cadencia de un acento, pero aun aquellos que se expresan en monosílabos  tendrán asegurada, en la vastedad de las entrañas de la bestia, una chance  justa de supervivencia.</p>
<p>“Una Londres pequeña seria una  abominación, como también es, afortunadamente, una imposibilidad” escribió el  norteamericano, y dio en la tecla. La multiplicidad de identidades que tiene  Londres es, en gran parte, la clave de su encanto. Piccadilly y sus avisos  multicolores de neón que asaltan los sentidos desde las alturas poco tienen que  ver con Camden Town, en donde alguien tocó algo en la botonera de la máquina  del tiempo y los hippies y punks de los alrededores recrean día a día escenas  cotidianas de los sesenta y los setenta. En Chelsea y Knightsbridge los  edificios y sus gentes exudan clase, buenos modales, vocales profundas y  consonantes de fonetista, mientras que hacia el este, en el área de las clases  trabajadoras, los edificios bajos, los habitantes y el lenguaje mismo son un  testimonio de la expansión que la revolución de las máquinas causó en el siglo  dieciocho y de lo nuevo, de lo cool, en las últimas décadas.</p>
<p>El área de Shepherds Bush, en el oeste de  la metrópolis, es muchas cosas discordantes. Pero ciertamente no es pintoresca.  En el barrio, que hace un par de años era famoso por la mala vida y la valentía  de quienes lo visitaran, hasta hace unos meses no tenía más para ofrecer que un  precario “mercado abierto” de muchas banderas y una de las plazas menos  tentadoras de la urbe. Hoy, en cambio ostenta el centro comercial más grande y  suntuoso de todo el continente. Un edificio monstruoso y ultra-moderno que nada  tiene que envidiarle al estilo de Dubai, no sólo no concuerda con la zona que  lo envuelve, sino que en su contraste representa el desdén de Londres por  respetar convenciones y hacer que las cosas “encajen” con el conjunto. <br />
“La ausencia de estilo, o mejor dicho de  la intención de estilo, es ciertamente la característica más general de la cara  de Londres” asentó James hace 104 años en algún rincón de esta ciudad. Una  visita al continente ratifica la afirmación. Varsovia, reconstruida después de  la bestialidad del Führer, ostenta un hilo conductor que la une a ella y a  todos sus edificios, que los envuelve y les presta un sentido de integridad que  hace a la identidad misma de la ciudad. Es un hilo que en sus fibras tiene  escrito el deseo de levantarse y seguir camino, de volver a la gloria de ayer,  del tesón de un pueblo y la negativa a quedar en el olvido. Caminar por la  Barceloneta, explorar las Ramblas es sentir que Barcelona, en su maravilla y su  locura, le pertenece a un hombre, y ese hombre es la resistencia y es cada uno  de sus habitantes, y es Orwell luchando hombro a hombro con los habitantes de  Cataluña y es, indudablemente y en cada esquina, en cada plaza y en cada  pórtico, Antoni Gaudí. En Paris el aire es siempre arquitectural, ese énfasis  en que avenidas, jardines, edificios y callejuelas “encajen” es típico de la  ciudad al punto que la define. Cuando uno piensa en la Ciudad Luz uno piensa en  la perfección, el glamour, en Chanel y en un sentido de belleza en general que  no falla en encantar al visitante.</p>
<p>En Londres encontrar la belleza es a  veces un desafío, y explorar su corazón sólo una parte de la aventura. La  ciudad respira arte, y en cada esquina hay testimonios de ello. Una visita al  West End es también una caminata por Broadway y por la calle Corrientes. Pero  salpicarse del color y la alegría de los musicales no representa mayor desafío  que el de pagar la entrada. El reto es encontrar aquellos antros en los que los  actores sueñan, las letras encuentran su espacio en las páginas y el mundo se  conjuga y fluye, como en un Aleph. Estos lugares, tanto como Trafalgar Square y  el Parlamento, son el Londres de las guías turísticas que nos mezquinan aquel  pub que esconde un teatro a sus espaldas o aquella tienda de discos under que  los jueves a la noche nos seduce con un jazz húmedo y perenne.</p>
<p>En Londres, el arte está en todos lados.  Es su historia; es pasado, es presente y es un todo que envuelve a la ciudad y  le suspira al oído. El arte son los actores que semana a semana levantan obras,  y los músicos que en el subte distribuyen sonrisas por lo que el bolsillo pueda  ofrecer; son las palabras, que las máquinas de escribir aún escupen. El arte  son las placas azules en las fachadas de tantas casas, que delatan las casas de  Orwell, Händel, Hendrix y Franklin, son las oficinas del British Council que un  día trajo a Borges para una investidura y una serie de charlas y la mesa de  aquel restaurant en el que el maestro gustaba de almorzar. Son el Támesis de  Heart of Darkness y el Globe de Sir William, los bancos de Hyde Park que  escucharon a John Barry soñar su Peter Pan. Son las esquinas que día a día ven  a la ciudad latir y las caras que, mañana a mañana, conviven en la ogra,  haciéndola sonreír.</p>
<p>El encanto de París es un encanto de  doncella, de mejillas rosa o acaso de lencería color carmín y encajes negros.  Un encanto que pende del detalle y del ornamento, de la perfección y la  belleza. Londres es el encantamiento que la Serpiente del Támesis ejerce en el  visitante, es el de convertirlo en el pajarillo tonto de Conrad; no es bello,  pero Dios sabe que es imposible escaparle. </p>
<p>…..<br />
Publicado originalmente en <em>Miranda.</em> Revista Anual del Instituto de  Investigación de Literaturas en Lengua Inglesa. Nº 2. Año 2008. IILLI, FFyL,  UNCuyo.</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/06/javier-arevalo-27d3b.jpg" alt="javier-arevalo-27d3b" title="javier-arevalo-27d3b" width="250" height="324" class="alignleft size-full wp-image-1072" /></p>
<p>Javier Arevalo Rendall, oriundo de  Mendoza, Argentina, es un periodista freelance, escritor, y profesor de ingles.  Como buen anglofilo, ha estado viviendo, soñando y escribiendo en Londres por  los ultimos tres anyos. Por las mañanas enseña inglés en un instituto en el  centro de la ciudad, y por las tardes colabora con una variedad de medios en el  Reino Unido y en la Argentina. Escribe para, entre otros, los diarios <em>Critica de la Argentina</em> y <em>The Human Times</em> y las revistas  literarias <em>Miranda</em> y <em>Sismotrapisonda</em><br />
Javier Arevalo  &lt;arevalo84@googlemail.com&gt;</p>
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		<title>Nuevo libro de Rafael Courtoisie</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Jun 2009 19:03:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
		<category><![CDATA[gaceta27]]></category>

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		<description><![CDATA[Aleyda Quevedo hace una reseña de la Biblia húmeda, y la titula &#8220;Así en la tierra como en el cielo, o el erotismo sagrado en la poesía de Rafael Courtoisie&#8221;. &#160; &#160; ASÍ EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO, &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/06/nuevo-libro-de-rafael-courtoisie/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/06/courtoisie-27i4a-88x100.jpg" alt="courtoisie-27i4a" title="courtoisie-27i4a" width="88" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1068" /><br />
Aleyda Quevedo hace una reseña de la <em>Biblia húmeda</em>, y la titula &#8220;Así en la tierra como en el cielo, o el erotismo sagrado en la poesía de Rafael Courtoisie&#8221;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-1084"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><center><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/06/courtoisie-27i4a.jpg" alt="courtoisie-27i4a" title="courtoisie-27i4a" width="300" height="339" class="alignnone size-full wp-image-1068" /></center></p>
<p align="center"><strong><em>ASÍ EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO</em>, </strong><br />
<strong>O EL EROTISMO SAGRADO EN LA  POESIA DE RAFAEL COURTOISIE</strong></p>
<p>Aleyda Quevedo Rojas*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/06/courtoisie-biblia-27i4b.jpg" alt="courtoisie-biblia-27i4b" title="courtoisie-biblia-27i4b" width="200" height="286" class="alignright size-full wp-image-1069" />La primera línea la dan los Dioses, decía Valery. Y existen libros  milimétricamente perfectos, donde parecería que varias líneas fueron dictadas  por los Dioses. <br />
Este podría ser el caso del poemario <em>La Biblia Húmeda</em> del uruguayo  Rafael Courtoisie (Montevideo, 1958), poeta, narrador, ensayista y catedrático. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>EL GÉNESIS</p>
<p>Te creó mi boca<br />
me creó tu boca</p>
<p>tu cuerpo es el sitio<br />
donde vivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La primera edición, octubre 2008 de “La Biblia Húmeda”, bajo el sello  Cantalao Ediciones se agotó por completo en Uruguay; hace un par de meses acaba  de aparecer en Italia la traducción de esta pieza de relojería, realizada por  Alessio Brandolini, y publicada en el impecable catálogo Lieto Colle, 2009. La  edición uruguaya, llegó a mis manos, en noviembre del año pasado, durante la  estancia de Courtoisie entre las montañas quiteñas, a propósito de la Fiesta  Internacional de la Cultura. </p>
<p>La fresca aparición de “La Bibbia Umida” en Italia me lleva a pensar en los  caminos siempre sagrados y siempre irreverentes que tiene el gozo del sexo. <br />
Ahora más que nunca es necesario un libro como “La Biblia Húmeda”, quizá  porque nunca tanto como ahora, hombres y mujeres estamos invadidos por el vacío  doblemente hermético del sexo pero tan faltos de erotismo. Quizá, porque nunca  tanto como ahora es necesario invocar a Amor, a la manera perfecta de Dante. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>IL MAR ROSSO</strong></p>
<p>E quando le tue gambe si aprirono<br />
il popolo d&#8217;Israele<br />
attraversò il Mar Rosso</p>
<p>entrai nella Terra promessa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los 29 poemas revisitan, desde episodios clásicos y tradicionales de lo  judeo-cristiano, pasando por personajes, pasajes, salmos, oraciones, episodios  y misterios de la tradición Helénica, hasta   el Cantar de los Cantares, y confirman así que el más hermoso texto  erótico de todos los tiempos se encuentra en la Biblia.  <br />
El Espíritu Santo, La Anunciación, Los Apóstoles, Juan El Bautista, Las  Bodas de Canná, Goliat y David y Los Misterios de la Virgen, adquieren un tono  contemporáneo e iconoclasta que nos regresa a lo más profano y sagrado del  amor, el deseo y la pasión. Courtoisie se adentra, con todas las armas, en  aquel viejo proverbio Chino: <br />
“El acto sexual es la réplica humana del proceso cósmico”. Y todo proceso  cósmico encierra estaciones y placeres, agradables a los mismísimos Dioses, a  la naturaleza y a los elementos del éxtasis, de los cuáles mujeres y hombres  beben, en todas las culturas, tiempos y edades.   </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>LOS DIEZ MANDAMIENTOS</p>
<p>No son diez<br />
son tres:<br />
vos<br />
yo<br />
y el deseo. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los poemas de Courtoisie se abren frescos, plenos; son cuerpos sagrados y  en llamas; son poemas enamorados que nos hablan de lo trascendente, ese  concepto que rodea la cabeza de los amantes, porque solo cuando se ama es posible  tocar de cerca, la sensación de trascender al infinito, como si fuéramos el  primer hombre o la primera mujer sobre la tierra, como Adán y Eva en plena  globalización y crisis permanentes. <br />
El poeta crea un libro para hacer el amor, desde la audacia de versos bien  construidos, como si de manera natural todo fluyera de las sagradas escrituras  de Dios, mostrándonos otra Biblia, más humana, carnal, incitante y compleja. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>LA PALABRA DE DIOS</p>
<p>Tu lengua.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jugos místicos sublimados por la religión del sexo y el amor. Versos que  invitan a beber la palabra con la que Dios toca, siente y se entrega. Libertad  y fe en el amor para ser cuerpo, cuerpos, bocas, lengua, ojos y deseos.<br />
Por amor o por deseo, escribió este libro Rafael Courtoisie, quien ha  navegado con maestría por las aguas de la novela, el ensayo, la cátedra, el  relato, las antologías, los viajes y sobre todo el Amor, como sentimiento, como  actitud y como persona/personaje, con mayúscula como Dante lo cantó en “La Vida  Nueva”.  </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>JUAN EL BAUTISTA</p>
<p>Me cortaron la cabeza<br />
y te besé.<br />
Ahora creo más en vos<br />
no tengo cabeza<br />
tengo cuerpo.<br />
Sólo (te) pienso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es en los textos sagrados, donde el erotismo ha logrado alcanzar el cielo limpio  de la totalidad y la belleza, ahí están para el goce del cuerpo y el alma: “El  cantar de los cantares”, “Los amores de Rada y Krisna”, “El libro de la vida”  de Teresa de Jesús, “El cántico espiritual” de San Juan de la Cruz, “La  historia del ojo” de Georges Bataille, o ese irreverente y místico poema de  Anne Sexton, titulado: “Cuando un hombre penetra a una mujer”, sin olvidar, por  supuesto, las impecables descripciones de los amores de Venus y Adonis que  Shakespeare atrapó en su escritura para el goce de la imaginación humana; y  ahora, para estos tiempos que corren, aquí está “La Biblia Húmeda”, de Rafael  Courtoisie, donde lo divino y lo humano se mezclan en equilibrio y armonía  perfectas. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>LOS MERCADERES DEL TEMPLO</p>
<p>Échalos a todos<br />
Sólo yo<br />
En tu cuerpo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El aliento de Dios cruza el acto amoroso, trocando el placer en erotismo,  deseo en sustancia sagrada, calor en fuego divino que se entrega para mirar,  directo, a los ojos de Dios. Por todo eso, los versos de “La Biblia Húmeda”  fueron dictados por Dios. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/06/quevedo-aleyda-27i4c.jpg" alt="quevedo-aleyda-27i4c" title="quevedo-aleyda-27i4c" width="300" height="448" class="alignleft size-full wp-image-1076" /></p>
<p><strong>*Aleyda Quevedo Rojas (Quito, Ecuador, 1972)</strong></p>
<p><strong>* </strong>Poeta  y periodista. Ha publicado los libros de poesía: <br />
<strong><em>Cambio en los climas del corazón</em></strong>, 1989; <strong><em>La actitud del fuego</em></strong>,  1994; <strong><em>Algunas rosas verdes</em></strong><em>,</em> 1996; <strong><em>Espacio vacío</em></strong>, 2001 y reeditado en 2007; <strong><em>Música Oscura, </em></strong>breve antología; <strong><em>Soy mi cuerpo</em>, </strong>2006; <strong><em>Dos  Encendidos</em></strong>, 2008. En el 2008 preparó para la Colección Poesía del Mundo  de Ediciones “El perro y la rana”, la Antología: <strong><em>13 poetas del Ecuador</em></strong>,  que reúne las voces más importantes de los poetas nacidos en los 70’s. Mantiene  dos libros inéditos. Ha participado en los más importantes encuentros de poesía  en Hispanoamérica. Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés,  portugués, hebreo y alemán. En 1996 recibió el<strong> Premio Nacional de Poesía  Jorge Carrera Andrade</strong>. <br />
<a href="http://www.aleydaquevedo.com/" target="_blank">http://www.aleydaquevedo.com</a> </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Venezolanos en Bogotá. Poemas en la voz de sus autores</title>
		<link>http://www.laotrarevista.com/2009/06/venezolanos-en-bogota-poemas/</link>
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		<pubDate>Mon, 15 Jun 2009 18:51:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
		<category><![CDATA[Verso converso]]></category>
		<category><![CDATA[gaceta27]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuatro poetas venezolanos en voz viva desde el Festival Internacional de Poesía de Bogotá, 2009: Miguel Márquez, Ernesto Román, Gonzalo Fragui y Adhely Rivero. &#160; &#160; Adhely Rivero Ernesto Román Gonzalo Fragui Miguel Márquez &#160;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/06/miguel-marquez-27d5a-100x79.jpg" alt="miguel-marquez" title="miguel-marquez" width="100" height="79" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1080" /><br />
Cuatro poetas venezolanos en voz viva desde el Festival Internacional de Poesía de Bogotá, 2009: Miguel Márquez, Ernesto Román, Gonzalo Fragui y Adhely Rivero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-1083"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><center><br />
<strong>Adhely Rivero</strong></p>
<p><object width="480" height="385"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/ZO9jLvjnn2U&#038;hl=en&#038;fs=1&#038;rel=0&#038;color1=0x3a3a3a&#038;color2=0x999999"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/ZO9jLvjnn2U&#038;hl=en&#038;fs=1&#038;rel=0&#038;color1=0x3a3a3a&#038;color2=0x999999" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="480" height="385"></embed></object></p>
<p><strong>Ernesto Román</strong></p>
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<p><strong>Gonzalo Fragui</strong></p>
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<p><strong>Miguel Márquez</strong></p>
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</center></p>
<p>&nbsp;</p>
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