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	<title>Revista La Otra &#187; gaceta25</title>
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	<description>Revista de poesía + Artes visuales + Otras letras</description>
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		<title>Presentación La Otra-Gaceta No. 25</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Apr 2009 16:05:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<description><![CDATA[José Ángel Leyva Hace unas semanas leí en la revista dominical de El País, un artículo de Javier Cercas en el que afirmaba que Hitler había sido un lector compulsivo, pero odiaba la ficción &#8211;la lectura no lo hizo mejor &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/04/presentacion-la-otra-gaceta-25/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-679" title="José Ángel Leyva" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/03/leyva-mar09-86x100.jpg" alt="José Ángel Leyva" width="86" height="100" /><strong>José Ángel Leyva</strong></p>
<p>Hace unas semanas leí en la revista dominical de El País, un artículo de Javier Cercas en el que afirmaba que Hitler había sido un lector compulsivo, pero odiaba la ficción &#8211;la lectura no lo hizo mejor persona&#8211; También recordé al personaje de la novela El Mago (The Magus) de John Fowles en donde uno de los protagonistas (el mago) abominaba también de los mitos, pero amaba la lectura de los ensayos filosóficos y los tratados científicos.</p>
<p><span id="more-927"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En ese mismo tenor podría pensarse en Platón y su desprecio (aparente) por la poesía, en particular por Homero. Ese largo y profundo alegato de Harold Bloom en <em>¿Dónde se encuentra la sabiduría? </em>para decirnos que las grandes obras literarias han rescatado el sentimiento y las ideas del olvido, y quizás también al hombre, a su civilización. Es decir, la sabiduría: imaginación, deseo, memoria, y no ciencia y tecnología, nos han enseñado el camino para sobrevivir y entender la existencia humana. Pero esa polémica, que no se agota en unas líneas &#8211;debemos pensar también en el divorcio de <em>Las dos culturas,</em> de Percy Snow&#8211; me ha hecho reflexionar sobre el supuesto placer de la lectura (como acto recreativo) y su papel en el avance de la sociedad &#8211;como si la lectura de la ciencia no fuese parte de esa misma sabiduría anhelada y quizás también del gozo&#8211;. Como quiera que sea, para mí, la lectura es libertad.</p>
<p>Mi amiga Gabriela Bautista me pidió hace tiempo unas líneas muy personales sobre el tema para un boletín de CONACULTA, mismas que comparto con ustedes.</p>
<p><strong>Las edades de la lectura</strong></p>
<p>La lectura no ha estado, en mi caso, ligada de manera absoluta al sentido de placer que muchos promotores le otorgan. Estoy persuadido que se antepuso a éste el deseo, la curiosidad, le necesidad de saber, de viajar.  El gozo del texto, del lenguaje, vino a desarrollarse con el tiempo, con la propia experiencia del lector que se convierte en elector. Mis recuerdos literarios acusan momentos amargos, difíciles, frustrantes, junto a otros reveladores y, sólo en algunos casos, placenteros, si se piensa en términos de lectura como recreo. El gozo estético e intelectual de un libro pasa muchas veces por el displacer; mas el anhelo de posesión de sus contenidos motiva a seguir el discurso como hilo de Ariadna en su compleja trama. Supongo que eso tiene que ver con las edades de la lectura. Una obra literaria o científica nunca será igual ante los ojos del mismo lector, que tampoco será el mismo si se trata de un buen lector, es decir, de una persona capaz de modificarse a sí misma.</p>
<p>Mis primeros flirteos con la lectura aparecieron en el cine. Mi abuela, una maestra de las de antes, que hacían de su profesión un apostolado, era una cinéfila incurable. A mis cinco o seis años buscaba el modo de estar con ella en el cine, allá, en aquel Durango: &#8220;tarde solar de tres funciones&#8221;. Los subtítulos me intrigaban tanto como el anuncio rojo a los costados del frente de la sala: Exit. Mi inicio fue entonces la salida. Cuando comprendí la magia de las letras mi deseo se reveló allí, en un ambiente fantasmal y en el enigma de una palabra en inglés que es, sin duda, el fin de una función&#8230; y algo más. La herramienta de la lectura ha representado para mí, desde esa etapa de la niñez, una llave de acceso al misterio, o como digo en uno de mis poemas: &#8220;Un manojo de llaves/ para abrir puertas/ que dan hacia ningún lado&#8221;. Los comics vinieron a conformar otro momento, ese sí, ligado al placer, pero no a la necesidad de pensar y recrear cada mundo, de reinventarlo. No obstante, muy significativo para la imaginación visual.</p>
<p>Vino la adolescencia y las lecturas propias de esa edad: Hermann Hesse, <em>Platero y yo</em>, de Juan Ramón Jiménez, <em>El viejo y el mar</em>, de Heminway, por citar las más conocidas. Como tantos muchachos en la secundaria, fui víctima de la imposición,  nos obligaron a leer <em>La Divina Comedia</em>. Fue un libro que no sólo no me provocó placer sino que me pareció una pesada losa sobre la cabeza. Nada más aburrido y menos estimulante. A la vuelta de algunos años comencé a leer a los escritores rusos por influencia familiar; <em>Reportaje al pie de la horca,</em> del checo Julius Fucik, causó hondas heridas ideológicas, y Miguel Hernández, Pablo Neruda, Pessoa, Paz, Dylan Thomas, Antonio Machado se volvieron referentes de mi conversación de café y poetas de cabecera. También asomé la cabeza a Benedetti en <em>El cumpleaños de Juan Ángel</em> y en <em>La Tregua. </em> Justo en esa etapa, un reconocido poeta-filósofo sentenció corte de cabeza para el poeta en ciernes que era yo a mis 17 años. Acudí a leer con poetas de mayor edad; cuando le preguntaron su opinión sobre los textos leídos fijó su crítica en mí y me sugirió no pretender más la poesía. Mi hermano mayor, Pedro, a quien debo la afición por la lectura, y quien me acompañó a esa sesión, me aconsejó hacerle caso sólo en leer más, pero no en desertar de la escritura. Así lo hice, y así lo sigo haciendo.</p>
<p>Entre libros de medicina, de marxismo, entreveré la literatura. Todo era lectura. Pero mi gran descubrimiento fue <em>La Divina Comedia</em>, que hallé revuelta entre algunos tomos de bioquímica. Hojee el libro ilustrado con hermosas láminas de Doré, con prólogo y notas de Borges. Lo saqué de la biblioteca embelesado y sacudido por la fuerza y contundencia de su verbo, era una obra que nunca antes había leído, no obstante haberla hojeado. Extraordinaria esa dimensión del saber que había pasado de largo ante mis ojos. Pero quién piensa en la muerte a los 14 años, quién entiende a esa edad el significado de un camino perdido en la intrincada selva de la existencia, de la política. Sólo después de haber sido introducido por <em>El lobo estepario</em> de Hesse y <em>Crimen y Castigo</em> de Dostoievsky podía entender el extravío. Pero esto era otra cosa, era una epifanía literaria, humana.</p>
<p>Pude entonces reconocer la distancia entre mi primer contacto y el segundo. La idea de compartir esa obra consolidó mi urgencia de buscar interlocutores en un medio árido, escaso de lectores. Cada lectura apremia la necesidad de prolongarla y continuarse en otros, de cultivar la conversación, de ampliar sus posibilidades creativas. Quizás por ello he dedicado buena parte de mi tiempo al trabajo editorial, a la difusión y promoción de la lectura, de la cultura. La madurez de un lector se evidencia cuando elige, decide por sí y para sí, pensado en los demás.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><center><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/03/leyva-mar09.jpg" alt="José Ángel Leyva" title="José Ángel Leyva" width="350" height="403" class="alignnone size-full wp-image-679" /></center></p>
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		<title>Novedades editoriales abril 2009</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Apr 2009 15:57:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<description><![CDATA[]]></description>
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		<title>Un X-504 nada en el nadaísmo de Jaime Jaramillo Escobar</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Apr 2009 15:53:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Milcíades Arévalo nos ofrece una vez más, como lo hizo con Raúl Gómez Jattin, un acercamiento con lupa a una de las figuras más notables del movimiento fundado por Gonzalo Arango, el nadaísmo. Jaime Jaramillo Escobar se encuentra entre nuestros &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/04/nadaismo-jaime-jaramillo-escobar/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-439" title="Milcíades Arévalo" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/02/milciades-arevalo-100x100.jpg" alt="Milcíades Arévalo" width="100" height="100" />Milcíades Arévalo nos ofrece una vez más, como lo hizo con Raúl Gómez Jattin, un acercamiento con lupa a una de las figuras más notables del movimiento fundado por Gonzalo Arango, el nadaísmo. Jaime Jaramillo Escobar se encuentra entre nuestros autores, para quien quiera leer Tres Libros en uno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-919"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>BUCEANDO EN LA POESÍA DE X-504</strong></p>
<p align="center"><em>Milcíades Arévalo </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><div id="attachment_847" class="wp-caption alignleft" style="width: 190px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/04/jaime-jaramillo-25i1b.jpg" alt="Jaime Jaramillo" title="jaime-jaramillo" width="180" height="165" class="size-full wp-image-847" /><p class="wp-caption-text">Jaime Jaramillo</p></div><br />
Cuando tuve la oportunidad de conocer al más representativo de los poetas del nadaismo, me sorprendí que no tuviera un nombre humano sino de cohete: X-504.  Sus  poemas,  obras de teatro, cuentos y  ensayos sobre la poesía colombiana,  aparecían firmados  &#8220;con una grafía que parece el esqueleto de un  pez carcomido por la eternidad&#8221;, lo que no quería decir  que se trataba de un seudónimo porque &#8220;ese número me señala más inequívocamente que mi propio nombre: es el número de mi cédula de ciudadanía, es decir, el número que me corresponde y que la sociedad me coloca para encontrarme fácilmente&#8221;. &#8220;Yo quería ser invisible&#8221; diría muchos años después. Ese afán de privacidad, de conservación de su identidad, lo hacía el poeta más esquivo y silencioso, alejado del manoseo del público, ocupado todo el tiempo en el trabajo creador: &#8220;Los poetas son seres muy ocupados&#8221;, confiesa, y es cierto. Por una extraña paradoja de destino, si hay en la tierra un hombre que tenga una pasión masoquista por el trabajo es    X-504.</p>
<p>&#8220;Podría ser perfectamente el presidente de la Inquisición del Siglo XX, no para mandar a la silla eléctrica a las víctimas sino a los verdugos. Estoy seguro que firmaría sin ningún escrúpulo la pena capital contra todos los canallas de nuestra civilización&#8221;, escribía Gonzalo Arango en  Cromos (Mayo 23 de l966).</p>
<p>Tan pronto se deshizo del seudónimo, todos supimos  que sencillamente se llamaba Jaime Jaramillo Escobar,  que había nacido en 1932, en Pueblorrico (Antioquia), &#8220;donde hizo comunión con todas las cosas, rimando árboles con los pájaros, aprendiendo a escribir los versos en el aire&#8221;;  que fue inspector en Altamira y alcalde en Anzá. Después desempeña diversos oficios y al momento del surgimiento del Nadaismo era empleado de la Administración  de Hacienda en Cali. &#8220;Acepté hacer parte del nadaismo, porque todos los jóvenes tienen instinto grupal y porque Gonzalo Arango era mi amigo desde l946 cuando fui a cursar primero de bachillerato en el Liceo Andes. &#8220;Y luego subió a la ciudad de las águilas y estuvo tres años haciendo penitencia bajo la lluvia&#8221;. Al llegar a Bogotá  se dedica por entero a   su propia agencia de publicidad durante varios años en los que no hizo otra cosa que trabajar,   hasta el cansancio.  Gonzalo Arango lo describe así: &#8220;Es el más raro de todos los nadaistas, pues trabaja ocho horas al día, cobra quincena, paga impuestos al Estado, tiene cédula como cualquier ciudadano, se hace motilar los sábados, paga arriendo religiosamente el último día del mes&#8230;&#8221;.</p>
<p>En 1967, gana el premio de poesía Casius Clay con <em>Los Poemas de la Ofensa,</em> libro que leído hoy &#8220;es uno de esos pocos libros producidos por la literatura colombiana en los últimos 30 años que aparecen ante la sensibilidad de hoy como lo más logrado de nuestra poesía, y que además de éste, son <em>Morada al Sur</em> de Aurelio Arturo, <em>Los elementos del desastre</em> de Álvaro Mutis y <em>Baladas sobre ciertas cosas que no se deben nombrar</em> de Mario Rivero. Leído hoy, <em>Los poemas de la ofensa</em>, es un   libro que conserva la misma fuerza, la misma originalidad, la misma belleza, idéntico misterio -y más -, que en aquellos tiempos en que era joven poesía&#8221; nos dice al respecto  Darío Jaramillo Agudelo.  Y Juan Gustavo Cobo Borda agrega: &#8220;Sigue la tradición acendrada en Colombia, del poema relato- (De Greiff, Mutis), y del versículo y la homilía (Lecturas de la Biblia, Lautremont y los evangelios apócrifos), así como la del verso libre panteísta y desenfadado (Whitman), pero introduce también un tono personal de desnudez espiritual, de pureza a través de un proceso sagrado de purificación&#8221;.</p>
<p>Ángeles, monstruos, demonios, vicios y virtudes; andanzas por  las selvas del Chocó hasta el boato de las cortes imperiales, por ciudades y aldeas; seres acosados por la muerte, la fatalidad, la embriaguez, el humor y el sarcasmo, los estados caóticos de nuestras civilizaciones de barbarie. Leerlo  es bailar  en los altares de la belleza,   la misma que cantara Pessoa, Eliot, Rilke, Perse, Huidobro, Lautremont, Cavafis, León del Greiff, Barba -Jacob, José Asunción Silva o Álvaro Mutis. Su predilección por los textos jadeo-cristianos, arcaicos y primitivos, conlleva simbologías. Desnudez, tinieblas, frondosidad y pureza. Sus parábolas alegorizan un ascetismo exaltado y soberbio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><em> Podemos hacer siempre el paraíso alrededor de nosotros<br />
donde quiera que nos encontremos.</em></p>
<p align="center"><em>Para eso sólo se requiere estar desnudos.</em></p>
<p align="right">(Apólogo del Paraíso).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un elemento importante en su poesía es el agua, elemento vital, primigenio y sencillo hasta en su composición química, porque fluye, porque corre encantada por el bosquecillo de las hojas y le lava los pies, porque, repetidamente dice  que  <em>&#8220;río más bello del mundo es el primer río donde nos bañamos desnudos&#8221;</em>. No conoce otra felicidad que a la orilla del agua porque <em>&#8220;Dios se hizo sabio a la orilla de un río&#8221;, </em>porque &#8220;<em>Mamá negra se movía como el mar entre una botella&#8221;, </em>y<em> &#8220;Tenía unos senos como dos caracoles que le rompían la blusa, / como si el sol saliera de ellos,/ unos senos más hermosos que las olas del mar&#8221;.</em> Donde quiera que  va <em>&#8220;hay un gran río</em>&#8220;, que no necesariamente es el río de Heráclito <em>&#8220;sino el san Juan donde los muchachos nos bañábamos desnudos</em>&#8220;. Sí, porque Jaime solamente puede escribir desnudo. Aunque siempre ha estado desnudo de prejuicios,  &#8220;cuando digo que escribo desnudo quiero decir en peloto. La ropa es un disfraz, una cobertura que nos  ponemos para aislarnos. Siempre vivo desnudo porque no tengo nada qué ocultar&#8221;</p>
<p>Una vez revelado  su nombre,  todos sus amigos seguimos llamándolo X,  y todo porque  si  muchos ciudadanos colombianos en pleno siglo XX todavía firmaban con  una X y a otros que los enterraban con un  NN, ¿por qué alguien con tremenda sensibilidad poética no  podía llamarse X-504? Sobresale entre los nadaistas por su carácter tímido y distante, aunque de fuerte personalidad.</p>
<p>&#8220;Después de 1967, Jaime Jaramillo Escobar se constituyó en un extraño mito de la poesía colombiana. Se dedica por entero  a manejar su propia empresa de publicidad, no acepta invitaciones a actos públicos de poetas y además dice que no ha vuelto a escribir ni le interesa la poesía, pero en l983, gana el Premio Nacional de Poesía &#8220;Eduardo Cote Lamus&#8221; con su libro <em>Sombrero de Ahogado</em> y  meses más tarde obtiene el premio nacional de poesía Universidad de Antioquia con <em>Poemas de Tierra Caliente,</em> &#8220;que en su calidad y en su humor, en su forma tan  acertada para recrear un espacio verbal muy colombiano, muestras de la mejor poesía que se ha escrito entre nosotros&#8221;,  al decir de Darío Jaramillo Agudelo. Uno de sus libros inédito todavía, <strong> </strong><em>Entre piernas</em>, es una herida dolorosa por donde sale un grito espeluznante e irónico,   cadencioso, equilibrado y fino que le sirve al poeta para acentuar la morbosidad violenta de su literatura.</p>
<p>Si le  preguntáramos a Jaime Jaramillo Escobar, qué le dejó el nadaismo a la poesía colombiana,  nos respondería: &#8220;A la poesía le conquistó la libertad al deslindarla del piedracielismo y aligerarla del lastre de nuestro pasado imperfecto. Al país un grupo de escritores activos cuya obra es cada vez más valiosa;  propició un cambio de mentalidad tan rápido y desaforado que hoy en día a nosotros mismos nos asusta.  Y por último,  hizo que el país perdiera el miedo a sí mismo y ahora necesitamos que nos entre un poco de temor, pues estamos acabando hasta con el nido de la perra&#8221;.</p>
<p>Hoy en día Jaime  Jaramillo está dedicado al ocio creador, a darle de comer a los pájaros,   a escribir silenciosamente,  a dictar talleres de literatura y  a traducir a los poetas del Brasil. &#8220;Por tener demasiad as aptitudes  nunca pude especializarme en ninguna&#8221;  me dijo la última vez que nos vimos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Obras Consultadas:</strong></p>
<p><em>13 Poetas Nadaistas</em>. (Antología).  Editorial Carpel Antorcha, Medellín, l963.</p>
<p><em>De la Nada al Nadaismo. (</em>Antología<em>).</em> Arango, Gonzalo. Ediciones Tercer Mundo, Bogotá, l966.</p>
<p><em>Los Poemas de la Ofensa.</em> X-504. Poesía. Ediciones Tercer Mundo. Bogotá, l968<em>. </em>De este libro la Fundación Simón y Lola Guberek  hizo después dos ediciones en 1985 y 1991.</p>
<p><em>Extracto de Poesía. </em>Jaramillo Escobar, Jaime. Edición abreviada de<em> &#8220;Los poemas de la ofensa&#8221;</em>, Colcultura.  Bogotá,  1982.</p>
<p><em>Sombrero de Ahogado.</em><strong> </strong>Jaramillo Escobar, Jaime. Poesía. Colección Autores Antioqueños. Medellín, l984. Premio Nacional de Poesía &#8220;Eduardo Cote Lamus, 1983&#8243; Este libro contiene la conferencia de Darío Jaramillo Agudelo titulada:&#8221;Dos poetas nacidos en los treinta: Mario Rivero y Jaime Jaramillo Escobar&#8221;, leída en la Biblioteca Pública Piloto el 25 de septiembre de 1984 en el ciclo &#8220;Reflexiones sobre Antioquia&#8221;</p>
<p><em>Poemas de Tierra Caliente</em>. Jaramillo Escobar, Jaime. Universidad de Antioquia. Medellín, l984. Este libro fue ganador del Premio Nacional de Poesía &#8220;Universidad de Antioquia&#8221;, 1983.</p>
<p><em>Selecta.</em> Jaramillo Escobar, Jaime. Ediciones Tercer Mundo, Bogotá, l987</p>
<p><em>Poesía Colombiana.</em> Cobo Borda, Juan Gustavo. Universidad de Antioquia.  Medellín, l987.</p>
<p><em>Reportajes a la Literatura Colombiana</em>. (Entrevista)<em> </em> Spitaletta, Reinaldo y Escobar Velásquez, Mario. Colección de Periodismo. Universidad de Antioquia. Biblioteca Pública Piloto. Medellín, l99l.</p>
<p><em>&#8220;Conversando con Jaime Jaramillo Escobar&#8221;</em>. (Entrevista)  Alvarado Tenorio,  Harold. Revista Arquitrave No. 33 Año V Bogotá, 2007.</p>
<p><em>Tres Libros. </em>Jaramillo Escobar, Jaime. (Antología que incluye <em>Los poemas de la ofensa, Sombrero de Ahogado y Poemas de tierra caliente</em>) Revista Alforja de México, 2006.</p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><center><div id="attachment_439" class="wp-caption aligncenter" style="width: 260px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/02/milciades-arevalo.jpg" alt="Milcíades Arevalo" title="Milcíades Arévalo" width="250" height="270" class="size-full wp-image-439" /><p class="wp-caption-text">Milcíades Arevalo</p></div></center></p>
<p><strong>MILCIADES AREVALO</strong> nació en Colombia, en El Cruce de los Vientos (1943).  Director y editor  de la revista Puesto de Combate de la Sociedad de la Imaginación, fundada en 1972.  Entre sus libros publicados  se destacan <em>El oficio de la Adoración</em> (Relatos, 1988), <em>Inventario de Invierno</em> (Cuentos juveniles, 1995) y <em>Cenizas en la Ducha</em> (Novela, 2001<em>.</em> Tiene varios libros inéditos, entre ellos: <em>Manzanitas verdes (</em>Cuentos), <em>El Jardin Subterráneo</em> (Teatro)<em> Galería de la memoria</em> (ensayos), <em>La Loca poesía</em> (Antología)  y <em>El Héroe de todas las derrotas</em> (Novela). <strong> </strong></p>
<p>Ha participado en diferentes encuentros, entre otros: <em>Conmemoración de los 10 años de la muerte de  Pablo Neruda</em>, Universidad  Autónoma de Santo Domingo (República Dominicana, 1983); <em>Viaje por la Literatura Colombiana</em>, realizado por el Banco de la República (1984); <em>Primer Encuentro Iberoamericano de Teatro</em> (Madrid, 1985), con presentación de su obra El Jardín Subterráneo en Madrid, Granada, Palma de Mallorca, Toledo; Realizador del 1o, 2º y 3º  <em>Encuentro de Revistas y Suplementos Literarios en la Feria del Libro de Bogotá</em>, durante los años 1988, 1989 y 1990; <em>Primer Encuentro de Revistas Culturales de América Latina y el Caribe</em>,   invitado por Casa de las Américas (La Habana-Cuba, 1989).</p>
<p>Jurado  en los concursos: Ciudad de Barrancabermeja, Universidad Central, Secretaria de Cultura de Neiva, Secretaria de Cultura, Recreación y Deportes de Bogotá (SCRDB).</p>
<p>Su cuentos y ensayos han sido publicados extensamente en diferentes publicaciones, entre ellas PURO CUENTO (Argentina), dirigida por Mempo Giardinell,   CASA DE LAS AMERICAS (Cuba) dirigida por Roberto Fernández Retamar y en las antologías: COLOMBIE A CHUER OUVERT, ANTHOLOGIE DE LA NOUVELLE LATINO-AMERICAINE (Francia) de Olver Gilberto de León  y RACCONTI DAL MUNDO (Italia) de Danilo Manera.</p>
<p>Premios y distinciones: Concurso de cuentos Gobernación del Quindío (1983), Concurso de cuento Testimonio (1986), Concurso de novela Ciudad de Pereira (Segundo Premio, 1985 y segundo Premio, 1991) y Beca Colcultura Francisco de Paula Santander (1995)</p>
<p>Durante su vida ha sido marinero, empleado bancario, vendedor de libros, publicista, jurado en distintos concursos de cuento y poesía, conferencista de literatura colombiana, editor de libros, corrector de estilo, periodista cultural, fotógrafo, dramaturgo y tallerista. Aunque estudió  Español y Literatura, se considera autodidacta por naturaleza. Ha conocido muchas ciudades, puertos y gentes, lo cual le ha permitido hacer de su narrativa una experiencia vital.</p>
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		<title>Ricardo Castillo</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Apr 2009 15:31:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Dos poemas de Ricardo Castillo en voz alta y también leídos. Escuchar, pero sobre todo ver decir a este poeta de Jalisco, México, sus poemas es una experiencia de la oralidad cercana al Noh. &#160; &#160; RICARDO CASTILLO (Guadalajara, México, &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/04/ricardo-castillo/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-852" title="ricardo-castillo" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/04/ricardo-castillo-25d1a-74x100.jpg" alt="ricardo-castillo" width="74" height="100" />Dos poemas de Ricardo Castillo en voz alta y también leídos. Escuchar, pero sobre todo ver decir a este poeta de Jalisco, México, sus poemas es una experiencia de la oralidad cercana al Noh.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-911"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>RICARDO CASTILLO (Guadalajara, México, 1954)</p>
<p><center></p>
<p>Ricardo Castillo en su propia voz (3.89 MB)<br />
<embed wmode="transparent" src="http://www.laotrarevista.com/images/media/music.swf?url=http://www.laotrarevista.com/images/media/ricardo-castillo.mp3&#038;mode=play" quality="high" pluginspage="http://www.macromedia.com/go/getflashplayer" type="application/x-shockwave-flash" width="150" height="50"></embed>
</p>
<p></center></p>
<p><div id="attachment_852" class="wp-caption alignleft" style="width: 210px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/04/ricardo-castillo-25d1a.jpg" alt="Ricardo Castillo" title="ricardo-castillo" width="200" height="267" class="size-full wp-image-852" /><p class="wp-caption-text">Ricardo Castillo</p></div>Su trabajo poético está publicado en diez libros, dos discos de audio y un video. <em>El pobrecito señor X,</em> editado por el Fondo de Cultura Económica recibe el Premio Carlos Pellicer en 1980. Su poemario <em>Nicolás el camaleón</em> obtiene el Premio Nacional de Poesía Paula de Allende de la Universidad Autónoma de Querétaro en 1989. <em>Borrar los nombres</em> es publicado en Madrid por la editorial de poesía La luz roja en 2006. <em>La máquina del instante de formulación poética </em>(libro-CD con juego interactivo y libro juego de mesa), gana en 2008 el primer lugar del Premio Universidad Complutense de Madrid-Microsoft &#8220;Literaturas en español del texto al Hipermedia&#8221;.  Este mismo año la editorial Ecrit des forges de Quebec, Canadá, y Mantis Editores de México publican en edición bilingüe una recopilación de cuatro trabajos poéticos suyos, bajo el titulo de <em>Quartz / Cuarzo</em>, en edición bilingüe</p>
<p>Diferentes textos han sido incluidos en más de 20 antologías, la mayoría publicadas en México, pero algunas en Estados Unidos, Colombia, Perú y Paraguay.</p>
<p>Una de las orientaciones de su labor poética (la exploración oral de los poemas) lo ha llevado a realizar numerosas lecturas de memoria en teatros, bares o festivales de poesía hablada, así como a interactuar con músicos, coreógrafos y bailarines. También esta tendencia ha determinado que dos montajes escénicos realizados en co-autoría con el músico Gerardo Enciso, se trasladaran a medios audiovisuales: <em>Es la calle, honda&#8230; </em>un disco compacto de audio (1992), en tanto que <em>Borrados, </em>trama escénica interdisciplinaria (poesía, música y danza), fue realizado en video (1998). Su más reciente trabajo, <em>Il re lámpago, </em>de próxima aparición, incluye dos cd´s de audio que vinculan estrechamente el texto de los poemas a su expresión oral.</p>
<p>Trabaja en el Departamento de Estudios Literarios de la Universidad de Guadalajara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>DOS POEMAS DE <em>IL RE LÁMPAGO / RICARDO CASTILLO</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porta en las gambas el acariciado</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;rizo de la carne</p>
<p>nido neto de diana</p>
<p>lengua y bestia la negra floración</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;acumulada</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;en los bordes risueños</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de la nervadura y el aire</p>
<p>neto de liana i diana</p>
<p>hoy como ayer &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;con dos pies</p>
<p>la acaudalada oquedad de la carne</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;lleva en la nota obstinada</p>
<p>el antiguo estrépito consignado</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;por andrógina &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;par labra</p>
<p>Gardenta de sodio y rotor de orquídeo</p>
<p>labial de tinte oscuro y adictivo</p>
<p>antídoto que mata y resucita</p>
<p>bendición envenenada</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de un veneno bendecido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde el blanco asiento de un silencio involuntario</p>
<p>viene la coda alebrumando frondas y espejismos más dietros</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;que el suave velo concavado</p>
<p>Escarpe siempre la duana en cada mañesta</p>
<p>brinde la dársena la pupila tornada en arcado toldo bendelciero</p>
<p>La ruta en cuerpo rina da luna que rei</p>
<p>daca que toma la pulcra sombra de sus tersos dedos aparecidos</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;para romper toda frágala</p>
<p>toda barca</p>
<p>todo bruñido paisaje en los costillares del neblo davino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nervo dador de estera</p>
<p>escultura de viernas y baleares caricias y tersos innominados</p>
<p>sobre la cristalda se enrula y pronuncia</p>
<p>la costa que entona sin rema</p>
<p>la bruma que pilla la clave</p>
<p>la sustra que emulse su rastro</p>
<p>y la garza que supo la lengua de brelos causeros del mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Adarno del vano lenguaje trajo sus perlas narientes</p>
<p>sobre la carsa blúmea de santas señas en desembarco</p>
<p>do grida la núnsia moldando la grana en un kilómero de sul.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde el blanco asiento de un silencio involuntario</p>
<p>Nai sabe la cuerda que funde la cobla con el gajado iris de la voz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>A Mario Santiago</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para iluminar de un tajo su revés,</p>
<p>La China Hilaria,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;la prieta,</p>
<p>pone a aullar a un cisne &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;hecho llaga</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;a causa de su propio resplandor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cisne que resiste,</p>
<p>pero no se aguanta</p>
<p>y revienta como esfínter</p>
<p>que cantara cántaros de leche agria</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Piraña solitaria</p>
<p>ante la infinita nalga</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de la prieta deidad:</p>
<p>Señora de los ornitorrincos,</p>
<p>acepte mi beso amazónico,</p>
<p>chupe hasta lo precioso el cáliz de ser el mejor</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;sin parecerlo,</p>
<p>pula el diente de tiburón</p>
<p>resurgido de su propia caries.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque yo soy el mamífero rapaz</p>
<p>que pone huevos que revientan con la tempestad.</p>
<p>Rey de los treponemas</p>
<p>señalando con las patas la nube</p>
<p>por donde habrán de venirse de hocico las ninfas.</p>
<p>&#8220;Ángel en su ovulo&#8221;</p>
<p>empecinado en probar sus alas</p>
<p>en los fondos lodosos.</p>
<p>Llega y llaga &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;sin avisar</p>
<p>y planta el poema como una ampolla en el culo del deleite</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llega y llaga</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;y el cisne aúlla</p>
<p>y el perro canta</p>
<p>y esa soledad</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;es legión.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Borges Vs Francisco Soto y Calvo</title>
		<link>http://www.laotrarevista.com/2009/04/borges-vs-francisco-soto/</link>
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		<pubDate>Wed, 15 Apr 2009 14:30:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
		<category><![CDATA[gaceta25]]></category>

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		<description><![CDATA[Fernando Sorrentino pone en la lectura de los seguidores de La Otra-Gaceta una interesante polémica entre el autor del Aleph y un personaje a quien no adelantamos descipciones ni referencias porque el autor de este artículo lo dice muy bien. &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/04/borges-vs-francisco-soto/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-844" title="Borges" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/04/borges-25i2a-100x71.jpg" alt="Borges" width="100" height="71" />Fernando Sorrentino pone en la lectura de los seguidores de La Otra-Gaceta una interesante polémica entre el autor del Aleph y un personaje a quien no adelantamos descipciones ni referencias porque el autor de este artículo lo dice muy bien.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-905"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Borges Vs Francisco Soto y Calvo</strong></p>
<p align="center">Fernando Sorrentino</p>
<p>Lejos de referirme al maravilloso relato de nuestro no menos maravilloso amigo K., procuraré revivir algunos episodios de la lucha que, hace más de ocho décadas, sostuvieron Jorge Luis Borges y Francisco Soto y Calvo.</p>
<p>Todo el mundo sabe quién es el primero, pero pocas -poquísimas- personas han oído siquiera hablar del último.</p>
<p>Este curioso personaje -traductor de centenares de poesías de las más diversas lenguas- despertó mi atención y se convirtió en figura protagónica de dos de los artículos que yo solía publicar en la ahora extinta sección El Trujamán, del Centro Virtual Cervantes: &#8220;El ilimitado don Francisco Soto y Calvo&#8221;<sup>1</sup> y &#8220;El vuelo del águila&#8221;<sup>2</sup>.</p>
<p>Las cosas sucedieron así.</p>
<p>1. En 1926 Jorge Luis Borges, Alberto Hidalgo y Vicente Huidobro publican, prologan y compilan una antología titulada <em>Índice de la nueva poesía americana</em> (Buenos Aires, El Inca, 1926).</p>
<p>2. En 1927 Pedro Juan Vignale y César Tiempo publican la antología <em>Exposición de la actual poesía argentina (1922-1927)</em> (Buenos Aires, Minerva, 1927).</p>
<p>3. En ambas compilaciones están representados muchos de los poetas jóvenes de aquella época. Entre ellos, naturalmente, el promisorio Jorge Luis Borges, que entonces andaba por los veintisiete o veintiocho años de edad.</p>
<p>4. Como ecos de estos libros, y casi simultáneamente, entre 1926 y 1927 Francisco Soto y Calvo -que tenía ya sesenta y ocho años- publica tres volúmenes de extrañísimos títulos:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;a. <em>Los poetas maullantinos</em> [sic] <em>en el arca de Noé</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;b. <em>Exposición de zanahorias de la actual poesía argentina</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;c. <em>Índice y fe de ratas</em> [sic] <em>de la nueva poesía americana</em>.</p>
<p>La intención paródica y burlesca es más que evidente. En ellos se dedica a intentar mofarse de los poetas incluidos en el <em>Índice de la nueva poesía americana</em> y en la <em>Exposición de la actual poesía argentina (1922-1927)</em>.</p>
<p>En cada uno de los tres libros don Francisco arremete contra Borges:</p>
<p>En <em>Los poetas maullantinos</em> (1926) dice (copio escrupulosa y textualmente):</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>JORGE LUIS BORGES</p>
<p>Quizá este extraño gato de arrabales</p>
<p>Que mayidos buscó sensacionales,</p>
<p>Errado se imagina</p>
<p>Que el GENIO pégase con la gomina.</p>
<p>Extranjeros marrajos como grajos</p>
<p>Le han desbagado y muévenle los gajos</p>
<p>Y, sin alzarle a que produzca nada,</p>
<p>Movilizan la TAIFA,</p>
<p>En la que aplaude toda la MORADA,</p>
<p>Y, de una dentellada,</p>
<p>Se comen la azufaifa!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En <em>Índice y fe de ratas</em> (1927) escribe:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>JORGE LUIS BORGES</p>
<p>No hago reparos:</p>
<p>-Que <em>tí</em>, no hay Jorges</p>
<p>(Digo) más raros!</p>
<p>Tal, que si ingenio</p>
<p>Dá la rareza,</p>
<p>Es tu cabeza</p>
<p>Como tu corazón grande proscenio</p>
<p>De Genio&#8230;</p>
<p>Donde oficia de ingenio la simpleza&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por último, en <em>Exposición de zanahorias</em> escribe:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>JORGE LUIS BORGES</p>
<p>Parece mentira</p>
<p>Que un chiquillo de tanto talento</p>
<p>Se lo pase frotando de ungüento</p>
<p>Su lira!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De rodillas sobre granos de maíz, y ante quien quiera contemplarme, juro, rejuro y recontrajuro que no he inventado absolutamente nada y que Francisco Soto y Calvo, en efecto, escribió estos disparates (y aun otros mayores y más extensos, que no hay para qué transcribir).</p>
<p>Acaso por su juventud, Borges no advirtió que -como suelen decir- &#8220;en el pecado está la penitencia&#8221; y se tomó el trabajo de responderle. Entre las páginas 143 y 144 de la revista <em>Síntesis</em> (año I, n.º 4, septiembre de 1927) corre la reseña que Borges escribió del <em>Índice y fe de ratas</em> <em>de la nueva poesía americana</em>. (Sea por distracción de Borges o por fallas en la composición tipográfica, en el título del libro aparece la palabra <em>erratas</em> por <em>ratas</em>; yo tuve el volumen en mis manos y puedo garantizar que Soto y Calvo apeló a la paronomasia de la última palabra.)</p>
<p>La nota de Borges empieza así:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Francisco Soto y Calvo -que no alcanzan entre los tres a uno solo- acaba de simular otro libro, no menos inédito que los treinta ya seudopublicados por él y que los cincuenta y siete que anuncia. No exagero: el nunca usado Soto es peligroso detentador de un cajón vacío, en el que cincuenta y siete libros inéditos nos amagan. Todos los géneros literarios, desde el ripio servicial hasta el plagio fiel y erudito, han sido cometidos por este reincidente sin fin. Se declara autor de una <em>Antología de poetas latinos</em> (2 tomos) y latinea tan mal, que el epígrafe de su libro es esta sentencia</p>
<p align="center"><em>Ad majorem ARS gloriam,</em></p>
<p>en que el nominativo está conchabado, porque sí, para genitivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><div id="attachment_844" class="wp-caption alignleft" style="width: 388px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/04/borges-25i2a.jpg" alt="Borges" title="Borges" width="378" height="271" class="size-full wp-image-844" /><p class="wp-caption-text">Borges</p></div>Etcétera, etcétera. Sin duda, estamos en presencia de un elefante que masacra a una hormiguita. Desde luego, Borges y sus amigos habrán disfrutado de estas delicias irónicas; no obstante -y porque conozco muchas personas cuya atroz estupidez las reviste de una coraza impenetrable-, tengo la absoluta seguridad de que Soto y Calvo no entendió una sola palabra del texto de Borges y, muy satisfecho, se consideró vencedor de la desigual contienda.</p>
<p>Soto y Calvo -nacido en 1860- murió en 1936; Borges, cincuenta años más tarde. Sin embargo, el medio siglo transcurrido no alcanzó para atenuar el rencor guardado hacia su insignificante adversario, como puede verse en el citado trabajo &#8220;El vuelo del águila&#8221;.</p>
<p>Borges, a pesar de su inteligencia superior, no tuvo el tino de ajustarse a dos dichos que corren por estas llanuras bonaerenses: &#8220;No hay que dar por el pito más que lo que el pito vale&#8221; y &#8220;No hay que gastar pólvora en chimangos&#8221;.</p>
<p>1.  http://213.4.108.133/trujaman/anteriores/noviembre_01/15112001.htm</p>
<p>2.  http://213.4.108.133/trujaman/anteriores/diciembre_01/14122001.htm</p>
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		<item>
		<title>Max Rojas</title>
		<link>http://www.laotrarevista.com/2009/04/max-rojas/</link>
		<comments>http://www.laotrarevista.com/2009/04/max-rojas/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 15 Apr 2009 13:59:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
		<category><![CDATA[gaceta25]]></category>

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		<description><![CDATA[La pintora y poeta Sofía Rodríguez nos dice por qué el autor de poemas tan emotivos como los de los libros El turno del aullante y Ser en la sombra es un poeta de culto en México. En La Gaceta &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/04/max-rojas/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-850" title="max-rojas" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/04/max-rojas-25d3a-74x100.jpg" alt="max-rojas" width="74" height="100" />La pintora y poeta Sofía Rodríguez nos dice por qué el autor de poemas tan emotivos como los de los libros <em>El turno del aullante</em> y <em>Ser en la sombra</em> es un poeta de culto en México.</p>
<p>En <a href="http://www.alforjapoesia.com/virtual/gaceta_more.php?id=A686_0_7_0_M" target="_blank">La Gaceta 16</a> pueden leer algunos de esos textos.</p>
<p><span id="more-892"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Homenaje a Max Rojas. Palacio de Minería 2009</strong></p>
<p align="right">Sofía Rodríguez Fernández</p>
<p><center><div id="attachment_853" class="wp-caption aligncenter" style="width: 210px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/04/rodriguez-sofia-25d3b.jpg" alt="Sofía Rodríguez" title="rodriguez-sofia" width="200" height="201" class="size-full wp-image-853" /><p class="wp-caption-text">Sofía Rodríguez</p></div></center></p>
<p>Max escribió en los setentas, dos libros sorprendentes: <em>El turno del Aullante y Ser en</em> <em>la Sombra</em>. Libros que lo convirtieron en un poeta de culto. El gran motor en la obra de Max, es la emoción, una de las cosas que he aprendido de él es que la poesía verdadera golpea desde la emoción. Y ésa emoción se manifiesta, a lo largo de su obra, a través de ciertas constantes,  una de estas constantes, es su pasión por reconstruir el lenguaje, de hacerlo apto para expresar la magnitud de la desolación, como en el ya famoso fragmento de <em>El Turno del Aullante</em>, cito:</p>
<p><em>Caidal mi pinche extrañación vino de golpe</em></p>
<p><em>a balbucir sepa qué tantas pendejadas;</em></p>
<p><em>venía dizque a escombrar lo que el almaje me horadaba,</em></p>
<p><em>y a tientas tentoneó para encontrarse</em></p>
<p><em>un agujero tal de tal tamaño que en su adentro</em></p>
<p><em>mi agujereaje y yo no dábamos no pie</em></p>
<p><em>sino siquiera mentábamos finar</em></p>
<p><em>de donde a rastras pudiera retacharse nuestro aullido.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro elemento que se manifiesta en su obra, es la búsqueda del poema como un espacio para detener el tiempo, buscar el conocimiento en el movimiento de las cosas más simples, o las mas disparatadas, en fin, nada serias, y que por eso, precisamente por eso, logran trascender, ir más allá de los afanes humanos de los cuales no pocas veces se burla. Cito otra vez de <em>El Turno</em>:</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/04/max-rojas-25d3c.jpg" alt="max-rojas libro" title="max-rojas libro" width="200" height="303" class="alignright size-full wp-image-851" /><em>Hoy tengo que saber algunas cosas,</em></p>
<p><em>averiguar ciertas costumbres de las aves,</em></p>
<p><em>ciertas maneras de la tarde que no entiendo</em>.</p>
<p><em>Debo saber -es un ejemplo- aquello que concierne</em></p>
<p><em>a las personas a la hora de la lluvia,</em></p>
<p><em>su modo de perderse entre la niebla, su tristeza,</em></p>
<p><em>su nostalgia sombría como el viento;</em></p>
<p><em>quiero saber, también, las causas de la muerte</em></p>
<p><em>del erizo, su manera tan fiel de arder a solas,</em></p>
<p><em>su sollozo;</em></p>
<p><em>después, tengo que averiguar algo pluvial</em></p>
<p><em>que llega en las palomas, algo que duele,</em></p>
<p><em>algo que suena hueco y sabe frío:</em></p>
<p><em>un caracol que se hunde en un espejo y un lamento:</em></p>
<p><em>la destrozada forma de un rostro que me escalda</em></p>
<p><em>y todo aquello:</em></p>
<p><em>el hosquedal de pájaros que empieza,</em></p>
<p><em>el viento en la ventana dando miedo</em></p>
<p><em>y esta manera de llover que parte el alma.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De entre muchos elementos que surgen como preocupaciones constantes en la obra de Max, el tercero que voy a mencionar hoy aquí, es el tema del cuerpo, que es a donde desemboca de una manera contundente su mas reciente gran, gran poema, titulado <em>Cuerpos</em>, pero que está ya muy presente en sus libros anteriores.</p>
<p>El cuerpo, nuestra inquietante presencia en este mundo, el cuerpo y sus deseos haciéndonos dar tumbos, el cuerpo como expresión doliente y gozosa de la vida, el cuerpo, como caricatura trágica de la humanidad, el cuerpo como desesperada búsqueda, el cuerpo trascendente y trascendido, cito de <em>El Turno</em>:</p>
<p><em>No he podido morir, pero no importa. Me quedan otros </em></p>
<p><em>trozos</em></p>
<p><em>de pellejo y otros dientes, y a lo mejor mi traje funeral</em></p>
<p><em>no está bien hecho. Olvidé tantas cosas desde anoche</em></p>
<p><em>que olvidé que mi cuerpo estaba roto y ahora está </em></p>
<p><em>no sé dónde, cayéndose de olvido; de esto, a veces,</em></p>
<p><em>me acuerdo con nostalgia: salgo por él gritando</em></p>
<p><em>como un loco, y acabo sin remedio tropezando.</em></p>
<p><em>Debo encontrar un cuerpo que me aguante: mi único traje</em></p>
<p><em>se volvió ceniza, y no me queda piel con que ir a mis entierros.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><div id="attachment_850" class="wp-caption alignleft" style="width: 210px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/04/max-rojas-25d3a.jpg" alt="Max Rojas" title="max-rojas" width="200" height="267" class="size-full wp-image-850" /><p class="wp-caption-text">Max Rojas</p></div>Tuve la buena fortuna de conocer a Max en el 2004. Nos sentábamos en un <strong><em>Sanborns</em></strong> a tomar café y compartir con asombro la lectura de un poema llamado <em>Cuerpos</em>, que él estaba comenzando a escribir, ya desde entonces, un largo poema, sin imaginarnos que 4 años después seguiríamos haciendo lo mismo porque el poema, al igual que el asombro, seguían fluyendo. La última vez que pregunté por la extensión que había alcanzado <em>Cuerpos</em>, estaba alrededor de 3 mil cuartillas. Podríamos decir que está escribiendo el poema más largo de la historia, alguna vez él mismo bromeaba diciendo que sería mejor, en vez de numerar las hojas de su manuscrito, agruparlas por kilos. Pero hablar de su extensión tal vez sólo tiene sentido si hablamos del silencio previo a éste poema. Después de sus dos primeros libros, Max no escribió poesía por casi 30 años. Mucho se hubo de fraguar en esa época. Quizá las puertas de la percepción del sitio a donde Max quería llegar, estaban aún cerradas. Pero él supo esperar, con paciencia, y desde que esas puertas por fin se abrieron, no ha sido posible cerrarlas.</p>
<p>Ha sido maravilloso para mí compartir esas lecturas, incluso telefónicas, con los fragmentos más recientes, con las &#8220;últimas noticias&#8221; de <em>Cuerpos</em>. Parece que Max, por fin encontró un <em>Cuerpo</em> que lo aguante.</p>
<p>He aprendido mucho de Max, no sólo de su manera de entregarse a la escritura, también de su manera de <em>entregarse</em>. Una de las preguntas que le hice durante esas primeras reuniones fue: ¿De dónde sale este poema? No lo sé, me decía. Desde entonces, algunas veces con él, otras a solas, he tratado de encontrar la respuesta a esa pregunta. A falta de referentes, influencias, estilos, figuras, y todas esas herramientas de las que comúnmente se hecha mano al tratar de penetrar en el mundo de un escritor, yo le pregunté al poema mismo, y éste, sí que me ha respondido, a veces con sarcasmo, a veces desde la alegría, a veces desde un ácido dolor, pero juro que siempre me ha respondido. Una de las respuestas más sinceras que he recibido de <em>Cuerpos</em>, a propósito de la solución a mi pregunta, es el fragmento que dice:</p>
<p><em> (La única solución es carecer</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em> de solución para cualquier asunto</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em> e irse a trombonear</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em> alegremente)</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>He descubierto que una de las maneras más convenientes para leer <em>Cuerpos</em>, es a manera de oráculo. Ahí donde abras la página, es el mejor lugar para leer, y dado que sería imposible, para cualquier <em>ser inmortal</em>, incluido el autor, leer el poema de una vez de principio a fin, se puede continuar la lectura, en otro momento, en otro lugar y el poema siempre nos estará hablando desde donde lo dejamos la última vez. ¿Por qué? Bueno, primero, porque es un poema mágico, y segundo, ¡porque así fue escrito! Cada vez que Max ha pretendido hacer las correcciones pertinentes que todo escritor hace a su texto cuando lo &#8220;pasa en limpio&#8221;, el poema siguió creciendo. Le brotan hijos por todas partes, abriéndose paso con ritmo propio, haciendo el poema aun mas extenso, sin ninguna consideración para con el autor, a quien sólo le queda hacerse a un lado para dejar que éste poema continúe escribiéndose solo.</p>
<p>El poema definitivamente es más que una evocación, está <em>vivo</em>. <em>Cuerpos</em> no es un poema escrito de una manera tradicional ni remotamente conocida, tampoco es así la manera como Max se relaciona con él. El poeta es su poema y viceversa, pero en este juego de espejos, Max se ha propuesto incluso, entrar dentro del poema, se ha desdoblado, que no por nada Max es géminis, y ha podido ver lo que se siente, andar como cuerpo errante del infierno al paraíso, conociendo la fragilidad del amor: <em>levedad bajo un montón de ruinas,</em> naufragar en los profundos laberintos de lo extraño y gracias a la perdición: <em>salvar al alma de hallar la salvación eterna</em>, (entre otras muchas cosas). Cito de <em>Cuerpos</em></p>
<p><em>Como el sentido de la pérdida que aqueja al poeta</em></p>
<p><em>que considera</em></p>
<p><em>como muy posible estar metido, en este instante,</em></p>
<p><em>como lo ha querido muchas veces sin lograrlo</em></p>
<p><em>estar adentro de su poema</em></p>
<p><em>que, en ocasiones, se escritura solo</em></p>
<p><em>pero, en otras, se espantan las palabras</em></p>
<p><em>y dicen no lo que el poeta considera</em></p>
<p><em>que debieran decir</em></p>
<p><em>sino otras cosas que no tienen nada que ver</em></p>
<p><em>con lo que el poeta quiere que se diga</em></p>
<p><em>y por eso -entre otras cosas-, el autor de este poema interminable</em></p>
<p><em>no acaba de saber si está ya adentro,</em></p>
<p><em>en el caso que pudiera de verdad entrarse al interior</em></p>
<p><em>del poema</em></p>
<p><em>o sigue, como siempre,</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em> encajuelado afuera,</em></p>
<p><em>tiritando adentro</em></p>
<p><em>o a la mitad, según costumbre</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>La imposibilidad de libertad fuera del poema, enfrentada con la imposibilidad de encontrar la paz adentro del poema, sitio en constante movimiento y búsqueda. Imposibilidad de <em>callar </em>y dolor al <em>decir</em>. Cito de nuevo de <em>El Turno</em>:</p>
<p><em>Que a mí me duele el silencio</em></p>
<p><em>bajo el que</em></p>
<p><em>escondo mis penas,</em></p>
<p><em>pero más me duele el grito</em></p>
<p><em>con el que quiero callarlas.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>¿Y puede ser éste grito llamado <em>Cuerpos</em>, un solo poema en 25 libros y los que se siguen escribiendo, un vehículo para deambular por otros estados de conciencia? Antes hablé de las puertas de la percepción y es que en éste poema, los cuerpos no pesan, ni están fijos o sólidos. Los cuerpos crujen, transmutan se acongojan o se alegran en libertad. En <em>Cuerpos</em>, nuevos mundos son siempre posibles y el poeta puede deambular en esferas de creación interminables. Por eso <em>Cuerpos</em> no termina nunca, es una enseñanza, la victoria de la verdadera poesía que busca y extrae su conocimiento no de la aparente realidad que hemos aprendido a considerar como todo lo que hay, sino de su propio viaje interior, donde el movimiento de lo que vemos, surge, de lo que no vemos, lo percibido surge de lo imperceptible, la vida, encuentra su origen en el vacío, en la nada, hacia donde regresa. Cito de <em>Cuerpos</em>:</p>
<p><em>Pero los cuerpos seguirán llamando fuertemente a puertas</em></p>
<p><em>hasta que el Todo se convierta en Nada</em></p>
<p><em>y nada sea un cuerpo más que se hunde en el vacío</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em> y ahí concluya.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Max fue al encuentro de la poesía al único lugar donde todavía era posible encontrarla, ahí se reescribe la vida y la muerte. Los cuerpos están hechos con el mismo material que nuestros sueños, los barcos o los fantasmas, todos compartimos la misma existencia y nuestras emociones son tan potentes como las de una hoguera o un tren camino al alba. La culpa y la lujuria, el amor, la materia, los cuerpos, todo se transmuta una y otra vez, de forma interminable, como la poesía</p>
<p>Alguna vez le comenté a Max que <em>Cuerpos</em> tenía un ritmo hipnótico, y una vez que uno entra en él, siente que cae por un abismo, sin principio ni fin y vuelve a caer en otro abismo sin principio ni fin, donde un número indefinido de puertas se abren para dejarnos caer otra y otra vez. En ésta especie de meditación o trance profundo, uno puede encontrar todas las preguntas y todas las respuestas. Se puede entrar o salir de nuevos brotes del poema y encontrarse con el infinito, se puede intentar todo y seguir cayendo en un fluir interminable. Se puede encontrar de golpe, toda la inspiración o todo el desencanto. Es un juego, por el que vamos siempre cayendo. Cito de <em>Cuerpos</em>:</p>
<p><em>Cada cuerpo es él como tal cuerpo</em></p>
<p><em>pero es otro, al mismo tiempo, y</em></p>
<p><em>todos son el mismo cuerpo que</em></p>
<p><em>se hunde en los espejos y nos mira.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esta es la poesía que nos habla ahora, como ahora hay que hablarnos. Esta es la poesía que nos golpea desde la inteligencia de una emoción que se desborda y se contiene para ser nuevamente desbordada. Esta es la poesía que nos habla desde los laboratorios donde se fraguan los sueños y la vida, desde el otro lado de nuestra percepción donde está la certeza de que todo, al igual que éste poema, nunca termina.</p>
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		<title>Jorge Ariel Madrazo</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Apr 2009 03:36:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Escribe chispazos de humor en prosa, dice que especialmente para La Otra. &#160; &#160; &#160; &#160; JORGE ARIEL MADRAZO QUARKS Microficciones &#160; &#160; Propiedades del colibrí -Diga su última voluntad -conminó el jefe del pelotón. -Deseo que cada soldado piense &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/04/jorge-ariel-madrazo/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-849" title="madrazo-jorge" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/04/madrazo-jorge-25i3a-75x100.jpg" alt="madrazo-jorge" width="75" height="100" />Escribe chispazos de humor en prosa, dice que especialmente para <em>La Otra</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-882"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>JORGE ARIEL MADRAZO</p>
<p><strong>QUARKS</strong></p>
<p><strong>Microficciones</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Propiedades del colibrí</strong><br />
-Diga su última voluntad -conminó el jefe del pelotón.</p>
<p>-Deseo que cada soldado piense durante cinco minutos en un colibrí.</p>
<p>Así lo hicieron. Luego, ninguno osó oprimir el gatillo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Manía de sabio</strong></p>
<p>El profesor Rudolf Lipezki tenía un hábito incordioso: cada noche, hacia las cuatro de la madrugada, salía al balcón y aullaba. Sus vecinos, hartos, poco podían hacer: el profesor era un hombre influyente. Golpeaban a su puerta: no respondía. Fueron en delegación a increparlo en su laboratorio. Cuando la secretaria los hizo pasar,  en el diálogo descubrieron el problema: de día, entre tubos  y retortas, el profesor era un lobo hecho y derecho. De noche, al descubrirse otra vez humano, la frustración lo impulsaba al aullido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El león</strong></p>
<p>Plegó las patas. Al acecho. Alzando la cabeza oteó el aire, husmeó el viento: olía a presa segura. Ah, sí, allí, perfilado en el horizonte, tembloroso por la intuición del peligro, se erguía el cervatillo. Al verlo se encogió y reptó con la seguridad del depredador. Mientras saltaba intentó un rugido victorioso. Le salió un chirrido que no asustaría ni a una anciana. El salto fue de cinco centímetros. Su compañera lo miró con lástima. No había caso: aquel grillo, más loco que una cabra, se empeñaba en creerse león.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Estás igualito</strong></p>
<p>Lo encontré por la calle, al Andrés. Siglos que no lo veía. Fuimos a tomar un café. Sendos cafés, bah. Esos días yo había pensado en él, el Andrés adolescente que repartía dulce de leche. Me contó: tenía una fraccionadora de lácteos. ¿Casado? Sí, con Inés, la compañerita de la Escuela 14 Consejo Escolar 20. No podía creerlo, qué linda charla. Me dio su tarjeta. Hoy, pasada una semana, recordé que Andrés fue chupado por los militares en el 76.  Corrí a buscar la tarjeta. Sólo dos palabras: &#8220;estás igualito&#8221;. Se borraron mientras las leía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Azucena dejó el pie</strong></p>
<p>El señor Litis decidió no dejarse carcomer, ya más, por su amor obsesivo a la señorita Azucena. De modo que cuando oyó el pregón del vendedor del elixir del olvido, corrió a comprarle un frasco, el último disponible. Una cucharada y la cabeza de Azucena se borró de su mente febril; otra, y se disiparon los senos deliciosos. Y así, en su alma atormentada fueron extinguiéndose los brazos de seda, la cadera pletórica, los muslos resbaladizos, una de las piernas de gacela, enseguida la otra. Y un piececito y&#8230; advirtió, con angustia, que no le quedaba más elixir. El señor Litis tuvo que cargar en su corazón, hasta el fin de sus días, el pie derecho de Azucena, el más adorable y afelpado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Nostalgia y hospicio</strong></p>
<p>Ella me reprendía, entre carcajadas: &#8220;¡Cállate, tú eres demasiado loco&#8230;!&#8221; La extraño tanto, hoy, en mi hospicio de alhucemas&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El procaz</strong></p>
<p>Apenas se conocían y ya se extrañaban; cartas iban y venían chorreando frases de amor. Él le decía cosas que a ella le encendían el Inconsciente (y eso que rondaba, incansable, el Superyó). Lo  soñó ella una noche: estaban al fin juntos en una ciudad extraña, él muy elegante con saco blanco o crema, digamos palm beach, y una camisa negra brillante. Pero, oh, ella advirtió en el sueño que los pantalones de él estaban bajados. Inconcebible. Cortó la relación. Ese hombre era un obsceno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Madre cose</strong></p>
<p>El restaurante auto-servicio rebosa de comensales. Las mesas se han improvisado con tablas apoyadas sobre máquinas de coser ya no comercializables, oxidadas, en desuso desde los años &#8217;40.  Mientras almuerzo sobre mi máquina Singer, mis pies automáticamente hacen bailar el pedal de hierro y la rueda giratoria obliga a correr al fantasmal hilo de costura. Devoro los ravioles. A mi lado, mi madre ajusta el hilo en el cartucho de metal resplandeciente, hace galopar la tela y le va dando esos sabios pespuntes. La contemplo absorto. Me dice: &#8220;Pero, hijo, se te enfría la comida&#8221;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Los piqueteros pálidos</strong></p>
<p>Aquel día, un grupo de muertos argentinos (quiénes, si no) resolvió protestar; entendían que la cosa era injusta, y algo de razón tenían. Aparte de la carta documento al jefe del Más Allá se lanzaron a bloquear nubes celestiales y vereditas de rescoldos humeantes; apoyados por el gremio de camioneros fallecidos armaron tal despiporre que el Supremo y Satán, ambos a una, debieron negociar: cada año, un núcleo selecto de esos muertos made in Argentina vuelven por una semana al terruño. ¿No alcanzó a verlos, esos hombres y mujeres más bien paliduchos a los que todo, aquí abajo, les parece una maravilla y hasta hablan bien del país?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¿Fueron los bigotitos?</strong></p>
<p>¿O las lucubraciones del profesor sobre el Ser y el Tiempo, aquel 1924, en Marburgo, Alemania? Ella, dieciocho años; él, treinta  y cinco. Ella es un ave de lírico vuelo estricto, él un águila de planeo calculador. Ahora, mientras mirás la foto de ella, esos ojos tristes, esa semisonrisa triste y dulce, es decir trilce, es decir dultris, el mechón que cae sobre la oreja derecha y las mangas del blusón abuchonadas y con puños de encaje, le advertís, en un susurro: &#8220;Tené cuidado, él no te conviene&#8221;. Pero ella no te oye. Sigue trilce. Sigue dultris. Sigue Hannah Arendt.</p>
<p><center><div id="attachment_849" class="wp-caption alignnone" style="width: 260px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/04/madrazo-jorge-25i3a.jpg" alt="Jorge Ariel Madrazo" title="madrazo-jorge" width="250" height="333" class="size-full wp-image-849" /><p class="wp-caption-text">Jorge Ariel Madrazo</p></div></center></p>
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		<title>De Teresa Amy nos dice Alfredo Fressia</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Apr 2009 03:18:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#8220;El lugar original de Teresa Amy en la poesía uruguaya actual es el de la polifonía, la reunión de las muchas voces que pueden caber en la página escrita, incluyendo la de una tradición en diálogo con el Este europeo, &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/04/teresa-amy/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/fressia-alfredo-22d3a-100x100.jpg" alt="Alfredo Fressia" title="Alfredo Fressia" width="100" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-227" /><br />
&#8220;El lugar original de Teresa Amy en la poesía uruguaya actual es el de la polifonía, la reunión de las muchas voces que pueden caber en la página escrita, incluyendo la de una tradición en diálogo con el Este europeo, junto al barroco del concepto, y la voz de la la erudición.&#8221;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-874"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>POESÍA URUGUAYA</strong></p>
<p align="left">Poemas de</p>
<p align="center"><strong>TERESA AMY</strong></p>
<p align="right">Alfredo Fressia</p>
<div id="attachment_854" class="wp-caption alignleft" style="width: 147px"><img class="size-full wp-image-854" title="teresa-amy" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/04/teresa-amy-25d4a.jpg" alt="Teresa Amy" width="137" height="116" /><p class="wp-caption-text">Teresa Amy</p></div>
<p>El lugar original de Teresa Amy en la poesía uruguaya actual es el de la polifonía, la reunión de las muchas voces que pueden caber en la página escrita, incluyendo la de una tradición en diálogo con el Este europeo, junto al barroco del concepto, y la voz de la la erudición. Y si la poesía (con sus poetas revisitados) es sin duda el gran tema de Amy, palpita siempre en su obra la certidumbre de la pérdida y la emoción del encuentro.</p>
<p>Teresa Amy nació en Montevideo en 1950. Tiene publicados los siguientes poemarios: &#8220;<em>Corazón de Roble:</em> , Modntevideo, 1995; <em>Retratos del Merodeador</em>, 1999; <em>Cuaderno de las Islas</em>, 2003, y <em>Cortejo Mínimo</em>, 2005. Asimismo ha publicado en su oficio como traductora una selección de la poesía del escritor checo Jan Skácel, en colaboración con Alfredo Infanzon, titulada La <em>más larga de las noches</em>, publicada en la  Editorial Acrono de México, en 2002; el libro <em>Lamento por Belgrado</em>, del escritor serbio Milos Cernianski, en colaboración de Lazar Manojlovic, en la  Editorial Acrono, de México en 2003.</p>
<p>En el momento actual ha terminado la traducción, en colaboración con Alfredo Infanzón de una muestra de la poesía checa actual<em>,</em> que permanece inédita; y trabaja asimismo en la traducción, desde el francés, de una antología de poesía macedonia.</p>
<p>Los presentes poemas pertenecen a un libro inédito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Isla de Jersey</strong></p>
<p align="right">(a Yaşar Oğuzcan)</p>
<p>en la ciudad vieja de Rodas te busqué</p>
<p>luego en el jardín de Durrell</p>
<p>luego en una calle de Rangoon</p>
<p>luego en el hotel del león de piedra</p>
<p>luego en el mercado de Hvar</p>
<p>pero en la isla de Jersey te esperé</p>
<p>en mis oídos el rumor de la orilla del mar:</p>
<p>eras como cuchillos afilados en mi tiniebla</p>
<p>eras un cuerpo lejano</p>
<p>quizás eras un puñado de cal en mi garganta</p>
<p>me dabas tanta sed</p>
<p>ni el agua del mar, ni de los viejos ríos recorridos</p>
<p>me saciaban</p>
<p>encontré pescadores que me enseñaron sus artes</p>
<p>y dormí con ellos</p>
<p>estaba recelosa</p>
<p>estaba abatida</p>
<p>tenía miedo</p>
<p>era yo hasta mis huesos</p>
<p>me transformé en una cueva junto a la casa de mi abuelo</p>
<p>y en la marea</p>
<p>los pulpos y mi zorro no pueden consolarme</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Explicación</strong></p>
<p>una isla es una sombra única, una tierra inaudita,</p>
<p>una toma en primer plano de película americana</p>
<p>un terreno de gitanos sin tiempo</p>
<p>una cueva,</p>
<p>la duna con el lobo muerto</p>
<p>el jardín de Cerniansky en Londres</p>
<p>la Villa Cleóbulo de Durrell detrás del cementerio turco</p>
<p>el consultorio de Freud con almohadones de terciopelo</p>
<p>su sala de espera</p>
<p>Lou al atardecer en el vagón de un tren</p>
<p>la Casa de los Aduaneros y la angustia de Montale</p>
<p>la habitación 303 del Hotel Gellért en Budapest</p>
<p>el balcón sobre el puerto de Poros</p>
<p>la noche de Theodorakis en el Herodes Atico</p>
<p>el viejo cuarto del seiscientos uno</p>
<p>la sala en penumbra en el campo y la araña en el rincón</p>
<p>el acuario de Dubrovnik</p>
<p>una conversación sobre poesía</p>
<p>una poesía</p>
<p>la angustia de la traducción de una poesía</p>
<p>la isla de Egina</p>
<p>tu mirada</p>
<p>una cueva en la isla de Jersey</p>
<p>una batalla en los Balcanes</p>
<p>un anillo en el fondo del lago de Ohrid</p>
<p>un guía tamil tras los rastrojos</p>
<p>la sombra en un cuenco de laca</p>
<p>el milagro del jade turbio</p>
<p>la obsesión del amante del norte</p>
<p>la habitación de Emma y León en el Hotel de Boulogne</p>
<p>un barco en la calle del horizonte</p>
<p>la rua Aurora</p>
<p>un fado de Misia</p>
<p>un abanico japonés cerrado</p>
<p>el soldado en su monasterio</p>
<p>un poeta muerto por la espalda,</p>
<p>un canto de duelo,</p>
<p>el tiro de gracia</p>
<p>un acorde de bajo</p>
<p>un galpón con conejitos colgados de las vigas</p>
<p>la sangre en las heridas</p>
<p>el aria de una ópera,</p>
<p>una altura terrible</p>
<p>un salto ciego en la piscina</p>
<p>una iglesia bizantina</p>
<p>al caer la tarde el olor de los cerezos</p>
<p>el aura de tus sienes</p>
<p>el balido de una cabra en la nieve</p>
<p>una llaga viva,</p>
<p>el broche de mi madre una medusa perlada</p>
<p>el espejismo de una estrella en la arena</p>
<p>un castigo en secreto</p>
<p>un amor en secreto, un secreto:</p>
<p>la mirada de un cuadro de mi padre</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Villa Cleóbulo</strong></p>
<p>decorados marinos /pliegues/</p>
<p>el mercurio del día</p>
<p>sobre el jardín /sonoro, rítmico/</p>
<p>deliciosos cerezos crecen junto a la sombra de la mesa</p>
<p>copas de cristal opacas /no rubí, ni esmeralda, mucho menos</p>
<p>diamante/: cenagoso espesor</p>
<p>de lo turbio del jade</p>
<p>incendiada tiniebla en la opacidad de la sombra interior</p>
<p>de casa japonesa</p>
<p>escribes tu diario en la isla</p>
<p>al otro lado del cementerio turco el mar destella en la roca</p>
<p>prisma de luz incandescente /¿es también contra ti?/</p>
<p>cenagoso espesor de tu copa dañada compartida</p>
<p>al confín del imperio:</p>
<p>escribe de la judía pálida /mesalina</p>
<p>marfileña/</p>
<p>de su ordalía de anémonas escribe en tu jardín</p>
<p>también contra nosotros:</p>
<p>tu pura soledad lo vela todo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><center><div id="attachment_227" class="wp-caption alignnone" style="width: 260px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/01/fressia-alfredo-22d3a.jpg" alt="Alfredo Fressia" title="Alfredo Fressia" width="250" height="333" class="size-full wp-image-227" /><p class="wp-caption-text">Alfredo Fressia</p></div></center></p>
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		<item>
		<title>Julio Travieso. Dos cuentos del periodo especial cubano</title>
		<link>http://www.laotrarevista.com/2009/04/julio-travieso-dos-cuentos/</link>
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		<pubDate>Wed, 15 Apr 2009 02:49:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
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		<description><![CDATA[El bloqueo impuesto por Estados Unidos, el abandono de la ex URSS y una política de racionamiento que asfixiaba al pueblo de Cuba marcó un periodo &#8220;especial&#8221;. Ahora el presidente Obama de los Estados Unidos manda una señal que parece &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/04/julio-travieso-dos-cuentos/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-858" title="julio-travieso-1" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/04/julio-travieso-25d5a-100x91.jpg" alt="julio-travieso-1" width="100" height="91" />El bloqueo impuesto por Estados Unidos, el abandono de la ex URSS y una política de racionamiento que asfixiaba al pueblo de Cuba marcó un periodo &#8220;especial&#8221;. Ahora el presidente Obama de los Estados Unidos manda una señal que parece cambiar el rumbo de la política ¿hacia dónde? El autor de estos dos relatos, que forman parte del libro A lo lejos volaba una gaviota, libro publicado en España, Cuba y México, evoca esas dramáticas circunstancias. Los damos a conocer desde La Otra-Gaceta con permiso del escritor.</p>
<p><span id="more-869"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Julio Travieso</p>
<p><strong>COMPRAR EL RON O LEER A BAJTÍN</strong></p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/04/cuba-25d5b.jpg" alt="cuba-1" title="cuba-1" width="450" height="338" class="alignleft size-full wp-image-856" />Ah, el ron. Maravilloso estimulante, capaz de producir las más locas alegrías y las más insanas tragedias,  anfitrión social por excelencia, propiciador de amistades nocturnas, silencioso confidente, el hijo más alegre de la caña de azúcar.</p>
<p>Ninguna de esas virtudes fue ponderada por ella, aquella mañana del 10  de junio de l992, al entrar en la biblioteca donde él preparaba, con laboriosidad de hormiga, su próxima conferencia para la cual debía desentrañar el duodécimo capítulo de cierto libro de Mijail Bajtín, autor de difícil comprensión.</p>
<p>- El ron  &#8211; dijo Marta sin alzar su dulce voz, como si estuviera deseándole buenos días a un vecino.</p>
<p>- ¿ El ron?  &#8211; los ojos de él no se apartaron del renglón leído.</p>
<p>- Acaba de llegar. Dicen que no trajeron suficiente para todos.</p>
<p>Por supuesto, ella se refería a las dos únicas botellas que les entregaban una vez al mes a cada familia por el cupón de racionamiento.</p>
<p>- ¿Y?  &#8211; respondió él y sus ojos penetraron, como un navegante al llegar a puerto seguro, en el último párrafo de la página. Mientras tanto, sus dedos, armados con una pluma, hacían navegar palabras sobre una blanca hoja de papel.</p>
<p>- La vecina dice que no hay muchas personas comprando  &#8211; el tono de ella era melancólico.</p>
<p>Por primera vez, él apartó la cabeza de Bajtín y su mirada recorrió lentamente, desde la cabeza a los pies, el cuerpo de su esposa.</p>
<p>Mucho ha adelgazado Marta en el último año, quizás diez kilogramos, pensó. De una mujer de formas sensuales y opulentas se ha convertido en un cuerpo rectilíneo y monocorde, aunque él no ha quedado atrás y ya son dos las tallas recogidas en la cintura del pantalón.</p>
<p>Un gran suspiro le ensanchó el pecho.</p>
<p>Y todo por la falta de carnes, leche, arroz &#8230;</p>
<p>Al pensar en la comida tuvo la visión de una enorme cazuela con paella a la valenciana, su plato preferido. Entonces, animosa, la saliva fluyó a través de la boca y él comió lentamente, paladeando la textura de un arroz muy desgranado y apetitoso, sintiendo el fuerte olor de los mariscos, la suavidad de las carnes.</p>
<p>- Si ahora no vamos a comprar el ron lo perderemos hasta el otro mes &#8211; el tono de ella se hizo imperioso, cargado de urgencias.</p>
<p>Marta utilizaba el plural, pero él entendió que decía &#8221; si tú no vas a comprarlo lo perderemos &#8220;. A él y no a otro le correspondían esas tareas, sin importar que debiera abandonar preparación de clases, lecturas, escritos. La responsabilidad de Marta eran los niños, cocinar, lavar, aunque en su horario también entraban preparación de clases, lecturas, escritos.  La limpieza se compartía entre los dos.</p>
<p>- La vecina me cambia el ron por dos libras de arroz. El nuestro ya se acabó. El de la vecina puedo cocinarlo esta noche con el pedazo de pollo que nos quedó de la semana pasada -  Marta casi sonrió.</p>
<p>Él volvió a suspirar y sus dedos cerraron el libro. No habría paella, pero sí, al menos, arroz con pollo. La conferencia estaba temporalmente derrotada y Bajtín ( autor de difícil comprensión ) quedó arrinconado en el escritorio, entre un almanaque del año anterior y un cenicero roto.</p>
<p>Ante la mirada apremiante de ella, él se puso a buscar en la biblioteca hasta encontrar una vieja bolsa, tan gastada como la dentadura de una anciana, seguramente por los cientos de botellas y papas transportadas en su mísera existencia. Entonces Marta trajo de la cocina las dos únicas botellas vacías que tenían y él fue hacia el mercado.</p>
<p>Baja la cabeza, los ojos fijos en el piso, como si estuviera contando los pasos, los metros, caminó ensimismado, bajo un sol abrasador,  las nueve cuadras que faltaban para llegar al comercio. Meditaba en las palabras a decir el siguiente día durante la conferencia, en las páginas aún por leer de Bajtín, injustamente postergado por unas botellas de ron. También iba pensando en el arroz con pollo de esa noche y así sus ideas saltaban del estatuto del personaje dentro de la narración a un muslo de pollo, de una cucharada de arroz a la carnavalización de la literatura. De tan abstraído, al cruzar la calle, no vio al joven que, a toda velocidad, se aproximaba en una bicicleta.</p>
<p>- Viejo &#8211; gritó el ciclista sin dejar de pedalear y, para evitar el encuentro, lo empujó con la mano.</p>
<p>Él cayó al piso mientras el joven proseguía su rapidísima marcha.</p>
<p>Solícitas, varias personas se acercaron y le preguntaron si estaba herido. &#8221; Qué barbaridad &#8220;.dijo una mujer mayor. &#8221; Señores, ¿ a dónde vamos a parar ?&#8221;, comentó otra mujer.</p>
<p>Él se hallaba bien, sólo con un ligero dolor en el brazo y en el pecho, pero lo más importante era, se dijo, que las botellas no se hubiesen roto. Cuánto tiempo se perdería en buscar otras.</p>
<p>Amablemente, un joven le extendió la mano para ayudarle a ponerse de pie, pero antes de que pudiera asir sus dedos algo semejante a un grito de combate se escuchó. &#8221; La guagua &#8220;, gritaron decenas de gargantas. Entonces el joven amable retiró la mano y corrió, en pos de la multitud, hacia el vehículo público detenido 30 metros delante, junto al cual ya muchos forcejeaban para entrar.</p>
<p>Al fin partió el ómnibus, atestado de pasajeros. Él se incorporó,  la pierna y el pecho adoloridos, las botellas bien aferradas en la mano, y, renqueando, siguió su camino. Otra demora y corría el riesgo de que todo el ron estuviese vendido cuando llegase al mercado.</p>
<p>Por suerte no fue así. La venta continuaba, pero la vecina había informado mal. Frente al expendio se extendía, como larga serpiente, una  hilera de unas 40 personas. Exactamente 42, rectificó él enseguida. En esos conteos era infalible. Treinta años de colas habían entrenado su vista, tan certera como la de un halcón, tan rápida como la de su primo Luis, antiguo &#8220;dealer&#8221; del clausurado Casino Nacional, el primero de la familia en marcharse de Cuba, el traidor, siempre repudiado por él y Marta, actual supervisor de una sala de juegos en el Topeka de Las Vegas.</p>
<p>Él hizo un esfuerzo por borrar de la mente la imagen de Luis y con optimismo se dijo que 42 personas no eran muchas. El mes anterior habían sido 60.</p>
<p>Al inicio de la cola se hallaba un viejo flaco y desdentado que siempre compraba diez botellas, quizás porque poseyera cinco cartillas de racionamiento, quizás porque sobornaba al vendedor. Detrás del viejo, él vio a una joven con dos niños. Uno dormido en su cochecito, el otro, en brazos, lloraba sin cesar, infatigable, azotando a todos con chillidos que no cedieron, al contrario, aumentaron cuando la madre le gritó &#8221; cállate o te rompo la cabeza&#8221;.</p>
<p>- Dale el biberón  &#8211; dijo la señora madura de aspecto distinguido, la siguiente en la cola, dueña de un perro bulldog que, alzando la pata, orinó sobre las flores de la acera, indiferente a los berridos ( ya eran berridos ) del niño.</p>
<p>En tales situaciones, si se quiere evitar un infarto y no perder el ron por abandono del campo de juego, lo mejor es volver la cara, preferentemente hacia el cielo, cerrar los ojos y recordar la  Novena Sinfonía en aquel pasaje de  &#8220;Alegría, alegría &#8220;.</p>
<p>Así hizo él, pero nada pudieron los pasajes de Beethoven, impotentes frente al llanto infantil, ya de las dos criaturas, y la voz de la madre que vociferaba  &#8220;cállense o los mato&#8221;.</p>
<p>Arrebatos de cólera porque ella, como todos sabemos, sería incapaz de hacerles daño. Sin embargo, él se puso tenso, los labios apretados, los puños cerrados. Por suerte, cuando la presión sanguínea comenzaba a subir y se disponía a gritar &#8221; joven, deje en paz a esos niños y cállese usted misma&#8221;, una anciana de espejuelos rotos, parada tras la señora madura, aconsejó salomónicamente  &#8220;mijita, dale una vueltecita a los niños y regresa luego. Nosotros te guardamos el turno&#8221;.</p>
<p>&#8221; Sí, vete por ahí, te cuidaremos el puesto, pero vete ya&#8221;,  pensó él.</p>
<p>Era necesario tranquilizarse, calmar la respiración.</p>
<p>&#8221; Pronto llegará mi turno&#8221;, se dijo y quiso recordar el último capítulo de Bajtín leído  ( &#8220;<strong>Tiempo y cronotopo en la novela</strong>&#8220;). Esfuerzo inútil porque junto a él se detuvo un joven de frente tan amplia como la de un rinoceronte, cuyo brazo se prolongaba en una oscura grabadora desde la cual una voz ronca le rasgó los oídos</p>
<p>- <em>Beibi, com back, com back </em>- bramó la grabadora.</p>
<p>- ¿ Asere, tú va complal e ron ? &#8211; farfulló el joven.</p>
<p>- ¿ Qué dice ? &#8211; respondió inquieto, intuyendo un posible peligro.</p>
<p>- ¿ Quesi va a cogel e ron?</p>
<p>Por supuesto. Él no se hallaba allí en la espera de un tranvía.</p>
<p>- Te doi cincuenta baro.  Mi hace falta pa mi puro.</p>
<p>¿ El puro ? Ah, sí, el padre del rinoceronte. No, el ron no estaba en venta. Mi mujer quiere cambiarlo por arroz.</p>
<p>- Gueno, mitío,  cincuenta y cinco. Hora mimo.</p>
<p>Cincuenta y cinco. Aquello significaba como treinta y cinco pesos más allá del verdadero precio de la botella. Quizá valdría la pena.. &#8220;El dinero es siempre el dinero&#8221;, diría Luis mientras vigilaba las ruletas del Topeka, &#8221; con esos 55 pesos puedes comprar otras dos botellas y ganarte 15 pesos &#8220;.</p>
<p>Pero Luis estaba allá en las Vegas, pensó él, desconocedor de las realidades cubanas y del mercado habanero donde no era tan sencillo obtener inmediatamente lo que se quisiera.</p>
<p>&#8221; ¿Y para qué me sirve  ese dinero si no puedo comprar arroz en ninguna parte.  La vecina quiere ron, no dinero&#8221;, diría Marta, con pesadumbre,  al verse imposibilitada de cocinar, esa noche arroz con pollo.</p>
<p>Indeciso, él se secó el sudor. No hacía mucho calor, pero un sudor espeso le mojaba la cara, el pecho, las manos.</p>
<p>- No, no vendo el ron  &#8211; dijo y luego de tal decisión se sintió mucho mejor, aunque el sudor no desapareció. Al contrario, fue en aumento. Tanto le molestaba que tuvo el deseo de que la venta se paralizara, que se acabara el ron, que se muriera el vendedor, que sucediese cualquier cosa con tal de terminar con aquella espera.</p>
<p>Pero la venta prosiguió. Compraron el viejo flaco que, disimuladamente, puso un billete en la camisa del vendedor, la joven de los niños, ya dulcemente dormidos, la señora del bulldog, la vieja de los espejuelos rotos. Él respiró aliviado. Un poco de paciencia y tiempo, se dijo, y regresaría a Bajtín, no, mejor a Vargas Llosa para descansar de tanta tensión. Ya pocas personas se interponían entre él y el ron, entre el ron y la tranquilidad ( su tranquilidad ).</p>
<p>De repente, una pregunta saltó de la fila.</p>
<p>- ¿ Cuántas botellas quedan en el barril ? &#8211; gritaron y el vendedor movió dos veces sus manos abiertas en un gesto que lo mismo podía significar que se  callasen o que sólo quedaban veinte botellas .</p>
<p>Él tenía delante nueve compradores ( los contó cuidadosamente ), el último y más próximo una señora vestida de verde. Diez personas en pugna. Todos en lucha por el ron. Si sólo uno de ellos poseía más de una libreta de racionamiento sus posibilidades cesaban y entonces adiós ron, adiós arroz con pollo. Ya veía el rostro desalentado de Marta. Imposible. Dios no podía propiciar tal cosa, se dijo, negado a aceptar algo tan terrible.</p>
<p>Por eso, cuando un joven fuerte, recién llegado, afirmó, con voz petulante, haber venido tres horas antes y que su puesto era tras la señora de verde y delante de él, la sangre le fluyó violentamente desde el corazón ( cuyos latidos fueron los de un tambor batiente ) y le subió a la cara, transfigurada en una máscara de rabia y odio porque &#8221; Este joven es un descarado que quiere colarse, todos lo saben, y de ninguna manera lo iba a permitir&#8221;.</p>
<p>La fila se agitó, como un animal herido, pero la señora de verde guardó un prudente silencio y nadie en la cola dijo nada.</p>
<p>Sin arredrarse por la falta de solidaridad, él se mantuvo en sus treces, los ojos endurecidos, la boca crispada, la mano derecha fuertemente cerrada sobre el cuello de una de las botellas que, amenazante, se elevó en el aire, a la altura de la cara.</p>
<p>Quizás por aquella actitud agresiva, quizás porque pensó que él estaba al borde de la locura, quizás porque vio, tres personas más atrás en la cola, a otra mujer vestida de verde, el joven forzudo se retiró y caminó, como un lobo hambriento, hacia ella.</p>
<p>El intruso se fue y él respiró con fuerza mientras la tensión y la cólera eran sustituidas por un relajamiento acompañado de sudores, ahora fríos. Momentos después sólo dos personas le separaban del vendedor.</p>
<p>&#8221; Ya Marta puede comenzar a preparar el arroz con pollo de esta noche&#8221;, pensó.</p>
<p>- El siguiente &#8211; gritó el vendedor y él le entregó las dos botellas vacías que el otro llenó de ron.</p>
<p>&#8221; Al fin&#8221;, exclamó.</p>
<p>Luego,  la mano derecha bien aferrada en la bolsa con las botellas, tratando de repasar lo que diría en la conferencia sobre Bajtín, caminó una, dos, tres, seis cuadras, bajo aquel sol de cuchillos, implacable, hiriente, que, probablemente, le provocó el mareo por el cual debió detenerse.</p>
<p>Una punzada le cortó la respiración. Ansioso, pensando en Marta, quiso seguir caminando, pero no pudo. Otra punzada, mucho más intensa le pateó con violencia a la altura del pecho y le hizo tambalearse.</p>
<p>Incontrolables, los dedos que aferraban la bolsa se abrieron y fueron en busca del pecho. Entonces la bolsa cayó y las botellas se estrellaron contra el pavimento.</p>
<p>El ron se derrama y huye por la calle. Él no lo ve porque un segundo después su cuerpo se derrumba y la cabeza cae sobre los cristales rotos de las botellas. Con mucha dificultad hace un intento por incorporarse , quiere decir algo, quizá llamar a Marta, explicarle lo sucedido, disculparse por la pérdida del ron.</p>
<p>No puede. La tercera y última punzada le apuñala el pecho.</p>
<p>Mañana no habrá conferencia sobre Mijail Bajtín ( autor de difícil comprensión y siempre marginado en su país ) ni por la  noche Marta cocinará arroz con pollo. Estará en la funeraria, acompañándolo a él.</p>
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		<title>Virna Teixeira</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Apr 2009 02:31:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La cearense Virna Teixeira nos ofrece algunos poemas de su cosecha. El joven poeta mexicano, Jair Cortés, hace la presentación de su colega brasileña y traduce sus poemas. &#160; &#160; &#160; POEMAS DE VIRNA TEIXEIRA JAIR CORTÉS (texto y traducciones &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/04/virna-teixeira/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-855" title="virna-teixeira" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/04/virna-teixeira-25i4a-74x100.jpg" alt="virna-teixeira" width="74" height="100" />La cearense Virna Teixeira nos ofrece algunos poemas de su cosecha.</p>
<p>El joven poeta mexicano, Jair Cortés, hace la presentación de su colega brasileña y traduce sus poemas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-864"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>POEMAS DE VIRNA TEIXEIRA</strong><br />
JAIR CORTÉS (texto y traducciones del portugués)</p>
<div id="attachment_848" class="wp-caption alignleft" style="width: 90px"><img class="size-full wp-image-848" title="jair-cortes" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/04/jair-cortes-25i5c.jpg" alt="jair-cortes" width="80" height="107" /><p class="wp-caption-text">Jair Cortés</p></div>
<p>La contención, en la poesía de Virna Teixeira, más que un recurso estilístico es lo que llamo estilo; entendiendo por estilo una manifestación del espíritu, carácter, sello intransferible de la poeta reflejado en su escritura. La contención opera por  adición y sustracción de ciertos elementos (binomio ausencia-presencia) en donde la totalidad de la experiencia poética se enuncia en los detalles, en las pequeñas dosis de realidad que va colocando en el poema. Virna Teixeira comienza en lo visual, en lo fotográfico, pero va más allá al desarrollar, por medio de la insinuación, un estado anímico y conceptual. En sus libros se advierte, desde los títulos (<em>Visita</em> y <em>Distancia</em>), una construcción consciente de esta estructura estética: flashazos del mundo, paisajes entrecortados, personajes cuya tristeza termina por mutilarlos interiormente, batallas silenciosas.</p>
<p>Virna Teixeira tensa el arco de la palabra y libera, admirablemente, la flecha de la imagen poética. El doble, lo otro y la ruptura son preocupaciones de índole temática en este conjunto de poemas que nos dan una señal de mayor intensidad respecto a su escritura: la fragmentación del lenguaje que busca en la memoria el imán que vuelva a unir las piezas del ser: astillas, esquirlas de lo vivido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>a ponte,</p>
<p>cortada</p>
<p>e o vácuo</p>
<p>- entre os passos</p>
<p>no limiar da felicidade</p>
<p>o coração hesita</p>
<p><em>nem tudo está traçado</em></p>
<p>enquanto se avança</p>
<p>evanesce</p>
<p>hematoma,</p>
<p>ruína</p>
<p>era uma vez o passado</p>
<p>seu espectro</p>
<p>o terror</p>
<p>el puente,</p>
<p>roto</p>
<p>y el vacío</p>
<p>- entre los pasos</p>
<p>en el umbral de la felicidad</p>
<p>el corazón vacila</p>
<p>ni todo está trazado</p>
<p>en cuanto se avanza</p>
<p>desvanece</p>
<p>hematoma,</p>
<p>ruina</p>
<p>érase una vez el pasado</p>
<p>su espectro</p>
<p>el terror.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>doppelgänger</strong></p>
<p>dois corpos atados pelos braços</p>
<p>silhuetas sem rosto</p>
<p>uma mulher e sua sombra</p>
<p>o espaço vazado deixado na passagem</p>
<p>gestos moldados na penumbra</p>
<p>sobre a tela em branco</p>
<p>para onde foi a transparência</p>
<p>apenas uma projeção &#8211; o duplo</p>
<p>não reflete no espelho</p>
<p>duas gêmeas fendidas</p>
<p>intervalo de imagens, isômeras</p>
<p>tensão impossível da unidade</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>doppelgänger</strong></p>
<p>dos cuerpos atados por los brazos</p>
<p>siluetas sin rostro</p>
<p>una mujer y su sombra</p>
<p>el espacio vaciado dejado en el paso</p>
<p>gestos modelados en la penumbra</p>
<p>sobre la tela en blanco</p>
<p>para donde fue la transparencia</p>
<p>apenas una proyección &#8211; el doble</p>
<p>no se refleja en el espejo</p>
<p>dos gemas hundidas</p>
<p>intervalo de imágenes, isómeras</p>
<p>tensión imposible de la unidad</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>como suturar lembranças</strong></p>
<p>dias cor-de-rosa e azuis</p>
<p>vestidos frágeis sobre</p>
<p>cabides de ossos</p>
<p>omoplatas</p>
<p>equilibrar extremos</p>
<p>na costura do tecido</p>
<p>os carretéis</p>
<p>tecendo a</p>
<p>seda</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>cómo suturar recuerdos</strong></p>
<p>días color-de-rosa y azules</p>
<p>vestidos frágiles sobre</p>
<p>la cavidad de los ojos</p>
<p>omóplatos</p>
<p>equilibrar extremos</p>
<p>en la costura del tejido</p>
<p>los carretes</p>
<p>cosiendo la</p>
<p>seda</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>embankment</strong></p>
<p>empilhou a memória</p>
<p>em moldes    de caixas</p>
<p>arquivos de poliuretano</p>
<p>transparentes</p>
<p>cubos    retângulos</p>
<p>caixas de pandora</p>
<p>segredos</p>
<p>andaimes de ausência</p>
<p>cidade-fantasma</p>
<p>um labirinto, dique</p>
<p>armazém</p>
<p>de recipientes</p>
<p>temporários</p>
<p>vazios</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>embankment</strong></p>
<p>apiló la memoria</p>
<p>en moldes    de cajas</p>
<p>archivos de poliuretano</p>
<p>transparentes</p>
<p>cubos    rectángulos</p>
<p>cajas de pandora</p>
<p>secretos</p>
<p>andamios de ausencia</p>
<p>ciudad-fantasma</p>
<p>un laberinto, dique</p>
<p>almacén</p>
<p>de recipientes</p>
<p>temporales</p>
<p>vacíos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Virna Teixeira</strong></p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/04/virna-teixeira-25i4a.jpg" alt="virna-teixeira" title="virna-teixeira" width="200" height="267" class="alignnone size-full wp-image-855" /><br />
Virna Teixeira nació en Fortaleza en 1971 y radica en São Paulo desde hace varios años, donde trabaja como neuróloga. Es autora de <em>Visita</em> (2000) y D<em>istância</em> (2005). Publicó <em>Na Estação Central</em>, uma seleção de poemas do escocês Edwin Morgan (2006), <em>Ovelha Negra</em>, una antología de poesía de Escócia (2007), y <em>Livro Universal</em>, del poeta chileno Héctor Hernandez Montecinos (2008). Tiene dos libros publicados fuera del Brasil: <em>Distancia </em>(Lunarena Editorial, México, 2007) y <em>Fin de Siècle</em> (La Plata, Argentina, 2007). Edita en internet el blog Papel de Rascunho: <a href="http://www.papelderascunho.net/">http://www.papelderascunho.net</a></p>
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