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	<title>Revista La Otra &#187; cuento</title>
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	<description>Revista de poesía + Artes visuales + Otras letras</description>
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		<title>Cuentistas de Costa Rica</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Nov 2009 03:28:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos desde la poesía]]></category>
		<category><![CDATA[cuento]]></category>
		<category><![CDATA[relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuatro escritores ticos ofrecen un muestrario de la actual narrativa de su país, un ejemplo de lo que se escribe y de lo mucho que nos queda por conocer de esta nación centroamericana. Sus nombres son: Alfonso Peña, Guillermo Fernández, &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/11/cuentistas-de-costa-rica/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/11/ticos-01.jpg" alt="ticos-01" title="ticos-01" width="239" height="90" class="aligncenter size-full wp-image-1352" /><br />
Cuatro escritores ticos ofrecen un muestrario de la actual narrativa de su país, un ejemplo de lo que se escribe y de lo mucho que nos queda por conocer de esta nación centroamericana. Sus nombres son: Alfonso Peña, Guillermo Fernández, Guillermo Barquero y Juan Murillo.<br />
<span id="more-1347"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><center></p>
<table align="center" border="0" cellpadding="5" cellspacing="5" width="600">
<caption>
<strong>M  E N U</strong><br />
</caption>
<tbody>
<tr>
<td valign="top"><a href="http://www.laotrarevista.com/2009/11/cuentistas-de-costa-rica/"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/11/alfonso-pena.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"></a></td>
<td valign="top"><a href="http://www.laotrarevista.com/2009/11/cuentistas-de-costa-rica/2/"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/11/guillermo-fernandez.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"></a></td>
<td valign="top"><a href="http://www.laotrarevista.com/2009/11/cuentistas-de-costa-rica/3/"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/11/guillermo-barquero.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"></a></td>
<td valign="top"><a href="http://www.laotrarevista.com/2009/11/cuentistas-de-costa-rica/4/"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/11/juan-murillo.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"></a></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p></center></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>QUÉ HACER CON TANTA PASTA</strong></p>
<p>ALFONSO PEÑA</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Bachiller venía dando pasos soneros (nosotros  decimos que el Bachiller tiene ese “tumbao” habanero o santiaguero, debe ser  porque es descendiente del prócer cubano Maceo), él es puro timbal.  ¡Y es que el negrito tiene tumbao! Parece que  cada paso suyo se mueve al ritmo de un guaguancó, o una rumba agitada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Carlitos, el escultor, atravesaba el parque Kennedy;  justo al pasar al lado del busto de JFK (¡cuántas veces lo han querido  pulverizar!) y buscar la salida en diagonal, los res nos encontramos. Al  avanzar entre las aceras concurridas; una inesperada colisión: “Q’hubo compa,  todo bien, así es, linda tarde, casi noche, vamos por ahí…” </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Bachiller regresaba de su estudio que estaba por  la calle ácida. Carlitos, mostraba su indumentaria de “rudo”, compuesta de un  mono de mecánico mezclilla azul saturado de polvo de piedra tobita. En el mono  estaban los vestigios de su faena cotidiana. Los lamparazos del polvo de la  piedra se impregnaban por las rodillas, los tirantes, el plexo. No abandonaba  en ningún momento su estilo. El rudo que fragmenta piedra y talla maderas  nobles. No cruzamos la calle encrespada por la circulación de vehículos y  gente; tampoco pasamos por debajo de la luz roja del semáforo, porque en ese  momento el Bachiller espetó: “vamos a tomarnos un tapirol”. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La conversa efervescente  acerca de la tarde azul náutica. Nos  abalanzamos  sobre la puerta grafiteada  del Fitos. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>–Tarde multiácidacolorazulártico.<br />
–Piedra balsámica es la tobita.<br />
–Grafitti saxo bramido.<br />
–Negro sexual.<br />
–Bachiller-negrito, deberías tomarte un mojito en  una bodeguita que está cerca del parque Maceo y ahí verás al negrote que anduvo  por estos parajes y de donde vos venís…<br />
–¿Es imponente la escultura de Maceo?<br />
–Maceo en bronce cetrino por la arenisca habanera.<br />
–Una de mis esculturas en hierro por las Ramblas.<br />
– ¿Tu escultura en hierro por las Ramblas?<br />
–¡Ah!<br />
–¡Oh!<br />
–Desde el parque Maceo se mira el malecón… Suspenso  mar azul cresteante.<br />
–Tres tapiroles.<br />
–Morro Che.<br />
–Bombarda  triple.<br />
–Maceo en Mansión.<br />
–Desde playa Sámara se mira la Mansión de Maceo.<br />
–En Mansión todos somos familia.<br />
–Descendientes de Maceo.<br />
–Claro, es la mansión de Maceo.<br />
–¡Cómo no!<br />
–¡A guarachal!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Brindamos, porque Carlitos estaba de cumple.  ¿Cumpledías? ¡Cumpleaños! Nos vamos de farra. Farragosos. Faranduleros.  Garruleros.  Abordamos un taxi en la  esquina del parque de San Piter y regresamos a la calle ácida. Carlitos nos  dijo que lo esperáramos,  iba a retirar  sus bártulos donde un compadre. Salió de la máquina bamboleando su reciedumbre  y sus greñas enmarañadas. Se deslizó entre la acera y se introdujo en un  edificio grisáceo. Enjambre de apartamentos. Regresó con rapidez. Cargaba un  bolso de tela descolorida  y una carpeta  de dibujos. Con cuidado se arrellanó en el asiento trasero y la máquina tomó la  ruta hacia Chepe. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cumpleaños de Carlitos. El Bachiller dijo: hacemos  la ¿vaquita, banquita? Claro que sí. Por Carlitos. Nada que ver, no lo permito.  Yo invito, terció  molesto, el escultor.  Tengo suficiente billete. No me lo van a creer, pero me ha ido muy bien con la  escultura. Casi un imposible. No me digas que eso es imposible. Tenemos que ir  un día a mi taller. En Escazú. Cerca de los cerros. Colecciono semillas.  Semillitas. Son mis modelos. Las llevo a la talla y lo que sale es una creación  asombrosa. Vos sabés hay que sacarle partido a las cenizas, a las llamas, a la  madera. Las he visto: multieróticas,   polimórficas. De diversos caracteres y tamaños. No como dicen “los  conocedores”, que son “solo” eróticas. Así es la fauna. Etiqueta a la vista. Ni  que decir de la bronca de los egos. Hay un escultor vecino que me visita. Es de  los que están predestinados a erigirse en maestros. Farfulla: “¿Semillas? Je,  je, qué cursi. Deberías trabajar tus hierros como lo hiciste en Cataluña…, a la  manera de Chillida”. Esos tipos creen que te van a bajar el piso. Que salgas de  tu frecuencia. Es una manera de joderte. De ningunearte. Pasó el tiempo.  Siempre me rondaba, cada vez más mirón y preguntón. Un día visité a otro colega  y después de conversar y conversar me dice: vistes las semillas de “J”. Qué  loquera. Se parecen a las tuyas. Es un ajusticiamiento: Fusilatum, fusilorum.  Es como una anfibioambigüedad (atrocidad). Semillas. Viaje a la semilla.  Corazón de semilla tienes tú, alma mía. Entre semilla y cojón. Entre semilla y  pezón rosado. Cenizo, hojalatilla, flor de muerto, pelo de gato, mal hombre,  zapote,  chichicastle, ceiba,  guanábana, coco, palo mulato, níspero,  durazno, aguacate, laurel,  tamarindo,  cacao,  zapatito de la vaina. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Carlitos, no tenías porque traernos al “As rojo”, es  demasiado costoso. Nos hubiéramos conformado con el “Markus”, o quizá el  “Zanzíbar”. En la mesa de manteles amaranto una botella de scotch. La cosa va  para largo, la casa va para lejos. La casa contenta con los buenos clientes. La  casa tiene la razón y los clientes salen ebrios. Bombeados.  Hasta la médula.  Tiene como pagar el cuentón. Sin problema. No  hay que apurarse. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Bachiller, incorregible! Poco a poco las cortinas  del fondo del nait club, se fueron corriendo, moviendo, destapando. Por los  cristales emergieron unos crispados rostros de ojos rasgados, con tatuajes en  las sienes y dragones en el cuello.  Son  los orientales del nait club. El Bachiller los despertó. Los alertó. Los sacó de  su viaje. Comedores de opio. Lotófagos. Bachiller, con sus giros y sus boleros.  Su alegría contagiante. Mire señorita. Señorrrita. Seeññorita. Luz noctámbula.  Luz de mis ojos. Fuego en tus ojos. Tú vives en mis ojos. Y entonces ficheras y  coristas desfilaban de dos en dos y claro las  bailarinas que iban y venían después de cada turno. Otra vuelta. Tres botellas  de riunite. Una grapa. Dos de casillero del diablo.  Yo soy whiskera, de etiqueta azul, es el  color más distinguido, sino, no hay nada. Hablaba y se contorsionaba como una  mariposa de alas nazareno. Linda. Corazón de pedernal. Crema de pipermín. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi cielo dicen mis amigas que si les puedes  “regalar” varias botellitas de vino tinto francés para calentar antes de la  coreografía. Va a ser con música flamenca. Qué dulzura. Orden para allá. Mi  amorcito, cumpleañero, dedicada a ti. Rumba flamenca para ti. Se sentaba en las  rodillas de Carlitos, le restregaba el trasero y le acariciaba la barbilla. Se  levantaba de seguido y aparecía otra con un vestido de plata con hilos carmesí  y le tocaba los bucles desordenados. Todas las bailarinas desfilaban por donde  Carlitos que se sentía un Pachá, Chamangurú, Jeque. El sultán Carlitos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo extraño es que en nuestra mesa las botellas de  scotch se multiplicaban; la multiplicación de los panes o la (comenta Carlitos  que él sueña con el escote de María Magdala) espléndida metáfora de las bodas  de Canaán. Todos tenemos algo de magos, prestidigitadores, multiplicar los  senos de todas las bailarinas. Multiplicar y triplicar los tatuajes de los  orientales que por cierto nos ven con caras de pocos amigos, cuesta  entenderlos, son demasiado herméticos, sus risas y los acentos en forma de  daga, puñal, estilete. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la oscuridad (porque en algún momento se hizo la  oscuridad) avanzó una turbulencia gélida. Era la máquina de niebla que  anunciaba en clara complicidad con el juego de luces que las bailarinas se  aprestaban a iniciar el show de fondo. Tambaleo rítmico, percusión endemoniada,  zapateo acompasado por tacones altos de cristales y guirnaldas volando entre  todo el espacio, eran dos o tres hileras de bellas amazonas de la noche,  corpulentas,  proporcionadas, de narices  perfiladas y cabellos ondulados, de piernas alargadas y cinturas de viola, ojos  moriscos y mulatos y criollos y orientales y mestizos, vestidos hechiceros  rojos y amarillos y celestes con puntos violáceos y rueditas dentadas  crucecitas y alabastros y jades y lindos collares, fantasía pura. Ellas  caracoleaban, se deslizaban con gracia y movimientos de las manos, de vez en  cuando enseñaban sus pasos flamencos y gitanos y Carlitos estaba transformado y  decía venga y ¡olé! y ¡olé! y venga no puede ser, esto no es cierto, es la  magia total, es la cueva de Polifemo pero en el trópico y es que siempre lo he  dicho la vida está en el trópico y ¡olé! y que manera de bailar, son verdaderas  princesas, vamos que esto no se ve todos los días, vamos, vamos a divertirse,  eso es vivir la noche, todo en un solo momento, ¡olé! y ¡olé!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>–¿Qué hiciste Bachiller? –protestó Carlitos, en medio  de aquel frenesí, la confusión de las tres de la madrugada. Y es que antes de  “eso” demostró sus habilidades, bailaba y se retorcía entre las butacas, y es  que habían butacas, si señores, ahí se podían encontrar visitantes noctívagos  de muy diversos linajes. El show era total. Antes del final, bailó las fusiones  musicales. Hizo acopio de sus aptitudes histriónicas y dramáticas. Contó  chistes e hizo retozos de muy diversas maneras. Aquel matiz del Bachiller nos  era desconocido. ¡Bravo!, Bachiller! Es probable que el scotch haya calado en  él. Cuando Monique apareció en el tablado, parece que se nubló. Ella era la  bailarina que cerraba el show. Dio tres y cuatro pasitos para delante y para  atrás. Su sombrero llamaba la atención. Se dice que fue el color chispeante del  sombrero. No lo creemos. Más bien pensamos en el scotch y la damisela de la  noche. No se sabe cómo, el Bachiller se fue hasta la parte de atrás de las  butacas y tomó impulso: dio un salto largo y cayó en el tablado. Las “damas de  honor” de Monique se hicieron a un lado y él sin dejar de sentirse un “elegido”  bailó o trató de danzar a la par de la princesa. El acoso fue total, la siguió  por el tablado, hasta que los orientales entraron y con hostilidad lo tomaron  de los hombros y entre sacudidas lo sacaron de escena. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Bachiller se refugió en la mesa de manteles  amaranto. Los orientales llegaron como hormigas. No nos imaginábamos que  aquello era una madriguera de chinos. Algunos se insinuaban como tahúres  genuinos y conocedores expertos de las artes marciales. Solo quedaba una  salida, pagar y salir limpios. Hubo miradas intermitentes. Gestos feroces.  Palabras ininteligibles. Hasta que un oriental que mascullaba el idioma,  rezongó entre dientes una cifra astronómica. Inalcanzable. Dijimos cómo y qué.  Policía, aulló uno de los orientales; de inmediato enseñó una  daga reluciente. Otro se carcajeó. Carlitos  se ajustó el mono de mecánico. Miró a los orientales de arriba abajo. Les paseó  con insolencia su mirada de jaguar ancestral. Volvió a preguntar por la cuenta.  Otro oriental le enseñó una daga filosa y alargada, Carlitos con prudencia  pidió calma, por favor calma. Durante unos minutos hubo expectación. Lo vimos  inclinarse en su asiento, y con mucho cuidado levantar de las baldosas su bolso  de tela incolora. Lo colocó sobre la mesa y como si  se tratase de un “pase mágico”, del bolso  emergió otra bolsa de papel craft. Fue maravilloso. De la bolsa de papel craft,  bien acomodados, se asomaron muchos fajos de billetes verdes. Los chinos  estaban estupefactos. Nosotros no podíamos creerlo. Pero así fue. Tomó unos  cuantos billetes verdes y los lanzó en la mesa. Los asistentes que aun se  encontraban en las butacas comentaban y aplaudían. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando dejamos atrás el “As rojo”, Carlitos, el  escultor, el coleccionista de semillas, cerró el episodio con una especie de  frase dirigida a la madrugada gloriosa: “Les dije que me va muy bien con la  escultura; esta tarde El<em> club de polo</em> me pagó los trofeos que les hice para su campeonato; no sé que voy a hacer con  tanta pasta”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ALFONSO PEÑA, San José, Costa Rica.<br />
Narrador, ensayista,   editor, agitador cultural.<br />
Dirige la revista Matérika (<a href="http://www.materika.org/">www.materika.org</a>). Entre algunos de sus libros  mencionamos <em>Noches de celofán</em>, <em>La Novena generación</em>, <em>Desde el  centro</em>, <em>Labios pintados de azul</em>. Buena parte de sus ficciones han  sido vertidas al portugués, inglés, italiano, francés. Colabora con diversos  medios latinoamericanos. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&#8212;-</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Un cuento de Milcíades Arévalo (Colombia, 1943)</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Feb 2009 17:18:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos desde la poesía]]></category>
		<category><![CDATA[cuento]]></category>
		<category><![CDATA[relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[En &#8220;El caballo del viento y la muchacha desnuda&#8221;, el autor nos impulsa en dirección de las sublimes tentaciones. &#160; &#160; &#160; EL CABALLO DEL VIENTO Y LA MUCHACHA DESNUDA Milcíades Arévalo Un sueño es una escritura, y hay muchas &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2009/02/cuento-de-milciades-arevalo/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_439" class="wp-caption alignleft" style="width: 110px"><img class="size-thumbnail wp-image-439" title="Milcíades Arévalo" src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/02/milciades-arevalo-100x100.jpg" alt="Milcíades Arévalo" width="100" height="100" /><p class="wp-caption-text">Milcíades Arévalo</p></div>
<p>En &#8220;El caballo del viento y la muchacha desnuda&#8221;, el autor nos impulsa en dirección de las sublimes tentaciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span id="more-438"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>EL CABALLO DEL VIENTO Y LA MUCHACHA DESNUDA<br />
Milcíades Arévalo</strong></p>
<p align="right"><em>Un sueño es una escritura, y hay muchas<br />
escrituras que sólo son sueños.</em></p>
<p align="right"><strong>Umberto Eco</strong></p>
<p align="center">El día que leí mi primer  poema comenzó mi desgracia.<br />
Si bien es cierto  que ya había leído a Blake y a los poetas judíos de Toledo, todavía no era capaz de confundir a  la congregación con poemas de este tenor: <em>Ecia vlume veldé, eninoc qu, </em> que en idioma vulgar no  era otra cosa que una letanía de amor. Tal vez por eso y sólo por eso, y también para castigarme contra las tentaciones de la poesía, el prior del monasterio  me mandó a refrescar el magín al río.</p>
<p align="center">No había terminado de saborear el agua, que a esa hora de la tarde era  de vidrio, vi a unas  muchachas bailando en la orilla opuesta al son de un laúd, tanto que no parecían lo que eran sino plantas ornamentales, flores, parte del paisaje -digo, es un decir-. ¡Oh, hermosas muchachas!</p>
<p align="center">Para comprobar lo que veían mis ojos, presto me zambullí en lo más terrible de la corriente, luchando a brazo partido contra la muerte, desorientado como un pez en  extrañas aguas. A punto de saborear mi primer triunfo contra las tentaciones del demonio,  las muchachas comenzaron a gritar en coro: &#8220;¡Cuidado con las serpientes! ¡Cuidado con la fauna acuática! ¡Cuidado con lo que no ve!&#8221;, porque a decir verdad yo parecía un tronco a la deriva. Tan pronto hube llegado a la orilla opuesta sentí como un suspiro de agonías y caí de rodillas ante la más bella.</p>
<p align="center">Ella se quedó mirándome como si acabara de encontrar la dicha,  para que las demás muchachas se murieran de envidia o se tiraran los pelos de pura rabia o se fueran a sus casas a morderse los labios  delante del espejo y  nos dejaran solos para besarnos de la manera más deliciosa</p>
<p align="center">Después de muchas cabriolas y equilibrios, ella desenfundó mi sexito, duro y templadito como un puñal de acero y comenzó a cabalgar sobre mí cuerpo corriendo desbocada, descocada, vaiviniéndose, haciendo olas con su pelo, ¿qué podía hacer yo bajo su cuerpo de luna refulgente? &#8211;¡Válgame Dios!&#8211;. Ella no quería oírme, sólo huir hacia ninguna parte, sentadita sobre mi  puñal de tormento,  con el pelo al viento, sin zamarros ni espuelas de plata.<br />
Cuando empezaron a sonar las campanas para la víspera,  ya no había nada más que hacer, ni caballo ni muchacha desnuda huyendo sobre el lomo del viento, sólo la mañana de un nuevo día temblando entre los árboles, vino el prior a buscarme. Al verme en tal estado, desnudo y hambriento, enredado entre las zarzas de mi propia desgracia, con el seso perdido de un miserable Lázaro, me preguntó qué había pasado conmigo.</p>
<p align="center">Todo se lo conté. Sin embargo,  fue como si no me oyera. En volandas me trajo de regreso al monasterio y me puso a comer arañas en un rincón de  la biblioteca de la venerable congregación,  para que no olvidara jamás mis propósitos iniciáticos y pudiera dedicar mis horas de holganza a otros virtuosismos más doctos que el amor.</p>
<p align="center">Desde entonces, héme aquí, tratando de olvidar todo lo acontecido a la orilla del río, en el sendero del bosque donde aún pastan  el caballo del viento y  la  muchacha desnuda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><div id="attachment_439" class="wp-caption alignleft" style="width: 260px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2009/02/milciades-arevalo.jpg" alt="Milcíades Arévalo" title="Milcíades Arévalo" width="250" height="270" class="size-full wp-image-439" /><p class="wp-caption-text">Milcíades Arévalo</p></div><strong>Milcíades Arévalo</strong>,nació en Colombia, en El Cruce de los Vientos (1943).  Periodista cultural, fotógrafo,  narrador, dramaturgo  y editor, director  de la revista Puesto de Combate de la Sociedad de la Imaginación, fundada en 1972.  Entre sus libros publicados  se destacan <em>El oficio de la Adoración</em> (Relatos, 1988), <em>Inventario de Invierno</em> (Cuentos juveniles, 1995) y <em>Cenizas en la Ducha</em> (Novela, 2001<em>.</em> Tiene varios libros inéditos, entre ellos: <em>Manzanitas verdes (</em>Cuentos), El Jardin Subterráneo (Teatro)<em> Galería de la memoria</em> (ensayos), La Loca poesía (Antología)  y <em>El Héroe de todas las derrotas</em> (Novela).</p>
<p>Ha participado en diferentes encuentros, entre otros: <em>Conmemoración de los 10 años de la muerte de  Pablo Neruda</em>, Universidad  Autónoma de Santo Domingo (República Dominicana, 1983); <em>Viaje por la Literatura Colombiana</em>, realizado por el Banco de la República (1984); <em>Primer Encuentro Iberoamericano de Teatro</em> (Madrid, 1985), con presentación de su obra El Jardín Subterráneo en Madrid, Granada, Palma de Mallorca, Toledo; Realizador del 1o, 2º y 3º  <em>Encuentro de Revistas y Suplementos Literarios en la Feria del Libro de Bogotá</em>, durante los años 1988, 1989 y 1990; <em>Primer Encuentro de Revistas Culturales de América Latina y el Caribe</em>,   invitado por Casa de las Américas (La Habana-Cuba, 1989).</p>
<p>Durante su vida ha sido marinero, empleado bancario, vendedor de libros, publicista, jurado en distintos concursos de cuento y poesía, conferencista de literatura colombiana, editor de libros y  corrector de estilo. Aunque estudió  Español y Literatura, se considera autodidacta por naturaleza. Ha conocido muchas ciudades, puertos y gentes, lo cual le ha permitido hacer de su narrativa una experiencia vital.</p>
<p><strong>Dirección: </strong><br />
milciadesarevalo@gmail.com<br />
milciadesarevalo@hotmail.com<br />
sociedadelaimaginacion@gmail.com</p>
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