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	<title>Revista La Otra &#187; La otra gaceta</title>
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	<description>Revista de poesía + Artes visuales + Otras letras</description>
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		<title>Presentación de La Otra-Gaceta 41</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Aug 2010 12:56:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
		<category><![CDATA[gaceta41]]></category>

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		<description><![CDATA[Chile, inventario general México, conmemorar, celebrar, lamentar José Ángel Leyva Por segunda ocasión visito Santiago de Chile, por motivos laborales, y por segunda ocasión los encuentros literarios me deparan grandes y maravillosos encuentros que mueven el pasado y muestran un &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2010/08/presentacion-de-la-otra-gaceta-41/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Chile, inventario general</strong><br />
<strong>México, conmemorar, celebrar, lamentar</strong><br />
José Ángel Leyva</p>
<p><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/07/leyva-jose-angel.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/07/leyva-jose-angel-75x100.jpg" alt="José Ángel Leyva" title="leyva-jose-angel" width="75" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1770" /></a>Por segunda ocasión visito Santiago de Chile, por motivos  laborales, y por segunda ocasión los encuentros literarios me deparan grandes y  maravillosos encuentros que mueven el pasado y muestran un presente  esperanzador, aunque no sin cuestionamientos a la motivación central de la  sociedad: un bienestar material a costa de lo que sea. Por otro lado, la  realidad de mi país, México, golpea duro el optimismo y muestra que el fasto  del Bicentenario y Centenario pone en evidencia la inutilidad de tantos muertos  por la justicia, la libertad, la equidad, el desarrollo. Conmemoramos la lucha,  pero no celebramos, nos duele la frustración acumulada.<br />
<span id="more-1822"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_1823" class="wp-caption alignright" style="width: 360px"><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/valparaiso-lluvia.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/valparaiso-lluvia.jpg" alt="" title="valparaiso-lluvia" width="350" height="263" class="size-full wp-image-1823" /></a><p class="wp-caption-text">Valparaiso bajo la lluvia</p></div>
<p>     Como el invierno  pasado, nuestro verano, Santiago de Chile lucía radiante con sus montes  nevados, y claro, también con sus días grises por la contaminación de una  modernidad a todo motor. Luego de concluir mis tareas laborales busqué a los  amigos escritores y promotores culturales. Rafael Ruiz Moscatelli, narrador, y  su compañera Mariel Bravo, quien fuese apenas hace unos meses la agregada  cultural de la embajada de Chile en México &#8211;durante ocho años&#8211;, me arroparon  literalmente, me enseñaron los viejos barrios de su ciudad, el nuevo teatro,  las búsquedas escénicas en espacios móviles y con recursos tecnológicos basados  en la electrónica. Las interminables conversaciones con Rafael Ruiz M. me  condujeron a las Casas de Neruda, la Chacona y la Sebastiana. La primera la vimos  por fuera porque nos imponían una visita guiada y no, queríamos verla en  libertad, pero se negaron a dejarnos a nuestro aire, y dijimos no, pero  recorrimos el barrio Bellavista, pegado al cerro de San Cristóbal, donde el  vate construyó una de sus primeras casas. Como muchos barrios santiagueños,  Bellavista se ha poblado de cafés, bares, espacios verdes y corredores para los  peatones. La recuperación del espacio público, pues, el respeto al transeúnte,  a la gente de a pie.</p>
<p><div id="attachment_1824" class="wp-caption aligncenter" style="width: 460px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/rafael-ruiz-moscatelli.jpg" alt="" title="rafael-ruiz-moscatelli" width="450" height="338" class="size-full wp-image-1824" /><p class="wp-caption-text">Rafael Ruíz Moscatelli en Valparaiso</p></div>
<p>    Fuimos por  supuesto a almorzar a casa de Delia Domínguez, la poeta protegida y mimada por  Neruda. Estuvimos allí porque Alfredo Fressia sugirió no perdernos ese  encuentro y por iniciativa del poeta Jaime Quezada, promotor fundamental de la  obra nerudiana y de Gabriela Mistral. Y como afirma Fressia, un poeta que asume  la humildad hasta la pobreza auténtica, hasta la religión, casi. Amorosa,  chispeante, elocuente, con los recuerdos claros de esa época cuando Pablo  Neruda recibió el Nóbel; luego cuando se vino la persecución y el acoso a los  intelectuales que, como ella, no tenían filiación política, pero tenían amistad  con los ateos izquierdistas: “Yo, que era tan creyente, he cargado el sambenito  de comunista, pero no me arrepiento, ni me pesa”, comentaba sonriente Delia  mientras le daba a descorchar a Jaime un vino con etiqueta: Vinos de Pablo  Neruda.</p>
<p>La Sebastiana  implicó el viaje a Valparaíso. Ese puerto contiguo a Viña del Mar. Donde  conviven la pobreza y la majestuosidad, el colorido del caserío y ese aire  melancólico de los pueblos colgados de los barrancos frente al mar. Me tocó  Neruda, su biografía, sus hábitos domésticos para la posteridad, su galería de  episodios por todo el orbe y con los grandes personajes de la historia cultural  y política de numerosas naciones. Una época de grandes acontecimientos y  movimientos sociales. Su vida y su muerte. El gozoso amante del mar, de las  mujeres, de los placeres, los detalles, la siesta, el sueño, la utopía. Su  final, el desquebrajamiento de la democracia, el golpe militar, la imposición  de un orden enfermo, atávico, perverso porque en realidad atendía a los  intereses de Estados Unidos, siempre dispuesto a crear el conflicto allí donde  no existe para mantener su control y su propio bienestar. Neruda, que como Octavio Paz, dictaron la ruta de la cultura literaria en sus respectivos  países, cima poética del Chile del siglo XX, sin demeritar a esas dos enormes  montañas: Huidobro y Gabriela Mistral, a Pablo de Rokha, a Parra. Neruda me  colocó de nuevo ante la geografía de un país que ha hecho de la poesía un  referente de vida con su larga lista de poetas memorables.</p>
<p>    Un inventario  complejo de las letras y las búsquedas poéticas es precisamente lo que  representa “Poesía chilena desclasificada (1973-1990)”, del poeta, investigador  y editor Gonzalo Contreras. Una obra que nos coloca en la admiración y el  recuerdo nerudiano, como sus casas, paseo turístico obligado, pero de frente a  ese tramo que marca la muerte de ese capitán de “Canto General” y “Residencia  en la Tierra” y la irrupción de fusiles y cañones  donde estaba el debate por la democracia. Una  generación de poetas en el exilio y en la patria aparecen en esta obra  indispensable para comprender la dimensión literaria desde ese lamentable  acontecimiento fechado en 1973. <br />
   “En Chile siempre  ha existido una íntima relación entre poesía y política. Una relación que, como  revela esta muestra, es inagotable en sus matices, sugerente en sus variantes:  directa, elusiva, irónica, cruel, lúdica, solemne, culta, popular,  vanguardista, hermética, sarcástica,   irreverente.  En suma, una  relación que va más allá de lo meramente poético y político. Un alquimia que en  su accionar redime lo humano, el nietzscheano demasiado humano.” Concluye  contreras en su presentación. </p>
<div id="attachment_1825" class="wp-caption alignleft" style="width: 360px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/poetas-chile.jpg" alt="" title="poetas-chile" width="350" height="263" class="size-full wp-image-1825" /><p class="wp-caption-text">Poetas desclasificados de Chile con José Ángel Leyva</p></div>
<p>     El caldillo de  congrio era inevitable, no sólo por rendir homenaje a los gustos de Pablo  Neruda, sino porque el frío y la lluvia lo ameritaban. Mientras conversaba con  ese generosísimo anfitrión y gran compañero de viaje, Rafael Ruiz Moscatelli,  miraba la bahía de Valparaíso a través de los cristales del restaurante,  repasaba los nombres de los cafés restaurados de Santiago, los amigos poetas  con quienes compartí la mesa y la charla: Gonzalo Contreras, El Grillo Mujica,  César Soto, poeta y librero cepa de quien haremos una muestra de su interesante  obra, Mauricio Barrientos, gran conocedor de la poesía mexicana, y claro,  Nicanor Parra, de quien supe, por su gran amigo César Soto, estaba internado en  Santiago, enfermo, pero no hubo tiempo para visitas hospitalarias. José María  Memet y sus proyectos, su pelea sin tregua por el lugar para la poesía; Oscar  Hahn, en algún momento y en algún café. Sí, la nómina chilena es muy amplia,  motivo para pensar en el regreso.</p>
<p>    Pensaba hablar de  los significados de estos festejos del Bicentenario de la Independencia y el  Centenario de la Revolución mexicanas, del concepto conmemorar, de que no hay  problemas nuevos derivados del fin de los viejos problemas, sino la  continuación y perpetuación de antiguas carencias, vicios, malformaciones, conflictos.  La pobreza, la injusticia, la violencia, la inseguridad, el caos, la  ilegalidad, la falta de credibilidad en las instituciones, la simulación, en  fin, una larga lista de taras que no han cambiado nada en 100 años y muchas  quizás tampoco en 200. Pero de eso hablaremos en la siguiente entrega, este es  apenas el anuncio.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Diego Maquieira</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Aug 2010 20:58:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
		<category><![CDATA[gaceta41]]></category>

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		<description><![CDATA[La periodista y artista visual Eli Neira ofrece este diálogo con el poeta Diego Maquieira. Una de las plumas chilenas más interesantes y desconocidas fuera de su país. &#160; Entrevista a Diego Maquieira (Santiago de Chile, 1951) “No quiero estar &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2010/08/diego-maquieira/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/diego-maquieira.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/diego-maquieira-73x100.jpg" alt="diego-maquieira" title="diego-maquieira" width="73" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1794" /></a>La periodista y artista visual Eli Neira ofrece este diálogo con el poeta Diego Maquieira. Una de las plumas chilenas más interesantes y desconocidas fuera de su país.<br />
<span id="more-1819"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entrevista a Diego Maquieira  (Santiago de Chile, 1951)<br />
<strong>“No quiero estar en la feria”</strong><br />
<strong>Elizabeth Neira</strong></p>
<div id="attachment_1698" class="wp-caption aligncenter" style="width: 460px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/06/eli-neira-01.jpg" alt="Eli Neira" title="eli-neira-01" width="450" height="316" class="size-full wp-image-1698" /><p class="wp-caption-text">Eli Neira</p></div>
<p>Antimercado, anticlerical, apolítico, hijo de  diplomáticos, abstemio, oracular, el autor de <em>La Tirana</em> y <em>Los Sea Harrier</em>,  poemario doble editado en la Argentina por Editorial Gog  y Magog y que marca uno de los hitos mas importantes de la poesía chilena contemporánea,  habla desde su sillón de poesía y realidad, con la autoridad del comandante de una  nave que ha vivido naufragios espectaculares y que sigue surcando mares.  <br />
     La “M”  de su apellido es como un viaje en montaña rusa que en la mitad declina, te  lleva por un brusco abismo para luego, una vez tocado fondo, comenzar el  repunte. Esta letra es como un oráculo para el poeta, Diego Maquieira quién, en  la mitad de su vida, luego de su internación en una clínica para el tratamiento  del alcoholismo, a la que llego en un estado grave, casi ciego, dice hoy,  abstemio y recuperado, que se encuentra en el trayecto de vuelta.</p>
<p>  
<p>Sentado  en un viejo sillón de su casa en el tradicional barrio de Providencia en  Santiago, con el pelo largo y cano, frente a un cuaderno de amplias paginas  blancas, donde anota todo lo que ve, dispara sus verdades acerca de la poesía y  la vida,  con una rapidez que recuerda a  la velocidad de la adolescencia, pero con la sabiduría (sin humildad) de quien  atravesó el fuego.<br />
    No  quiere fotografías y es reacio a dar entrevistas a la prensa nacional. <br />
    Cansado  de la sobrexposición, me advierte al teléfono que no tiene nada que decirle a  la prensa chilena. Supongo que por amarillista.<br />
     Le  respondo que no se preocupe que es para un medio de la ciudad de Buenos Aires,  donde, en diciembre del 2007, apareció su poemario doble <em>La Tirana</em> y <em>Los  Sea Harrier</em>, editado por Gog y Magog. Se trata de una edición doble al  igual que el aparecido el 2003 en Santiago de Chile, editado por Tajamar  Editores y que reunió por primera vez los dos trabajos más importantes de Maquieira.  El primero, La Tirana,  aparecido en una autoedición en 1983 y bastó para situarlo en el punto más alto  de la M de la  creación poética de los 80 en Chile. Un periodo tan complicado como fructífero  que entre balazos, pinochetismo expandido a todos los ámbitos de la realidad,  torturados y desparecidos, fue testigo de una escritura que los 90 no ha podido  repetir en toda su riqueza. Producción de la cual La Tirana y luego los Sea  Harrier aparecido primero en forma de adelantos en revistas literarias y luego  en una autoedición en 1993, son dos piezas claves. <br />
    La  leyenda cuenta que la tirana fue una princesa india que vivió durante la  conquista, cuyo padre mató a Diego de Almagro, el descubridor del territorio de  Chile y que luego lideró la resistencia a los conquistadores españoles hasta  que se enamoró perdidamente del portugués, Vasco del Almeyda, prisionero de su  gente. Él la convirtió al cristianismo y ambos murieron ajusticiados a  flechazos. <br />
     En el  libro de Maquieira, <em>La Tirana</em>, es una  virgen puta que se regocija en su inmortal fama de libertina, una mujer que  vive en un tiempo fantasmal, que a la vez de moderno, en su caos y decadencia,  no deja de estar contaminado por la rancia tradición, sobre la cual, ella no  para de ensuciarse. A esta mujer le gusta como cae la luz sobre sus tetas  cuando se hinca a rezar en el altar mayor, dice sin tapujos que se los ha  tirado a todos y que se preparen porque les va a hablar de amor, a la vez que  confiesa que aún es de una ordinariez feroz.</p>
<p>  
<p><strong>  <em>La tirana parece estar siempre en el ojo de  la tormenta, ¿Fue su escritura una vorágine también?</em></strong><br />
     Yo  quería que la poesía pudiera reflejar una visión que yo tenía en ese momento y  esa visión era ultraviolencia en todo aspecto.<br />
<strong>   <em>Tuvo que haber sido difícil para ese tiempo, en el apogeo del gobierno  militar, hablar del dolor desde el goce y desde un erotismo descarnado,  orgiástico  como el que aparece en </em>La  Tirana</strong><br />
Sí, aunque mas que erotismo y  todo lo que tú dices yo creo que en La Tirana, hay una libertad de espíritu  rara para la época Y ese espíritu consistía en una aleación de fuerzas que tienen  que ver con todo eso que nombras.<br />
<strong><em>    ¿Qué  siente hoy cuando le dicen que La Tirana es un libro clave en la poesía chilena  contemporánea?</em></strong><br />
   La verdad  es que yo no alcanzo a medir la real importancia de lo que hago, soy bastante  autocrítico. No creo que sea tan importante, los estudios que hacen esas  categorías son muy aleatorios. En lo personal durante todo ese periodo yo fui  un poeta “mientras tanto”, hoy soy un poeta “mientras pueda”.<br />
     Por  otro lado, jamás he hecho carrera, no pertenezco a ningún circuito, estoy  completamente fuera de todo eso. Me interesa mucho más el concepto de viaje,  como el viaje de Marco Polo que el concepto de “carrera literaria”. Motivo por  el cual me cuesta  hablar de las  condiciones en las que escribí La Tirana, estaba de viaje, sigo estándolo. Yo  sólo soy un viaducto, un tubo por el que pasa la expresión. La Tirana es una  loca de patio, que recibe señales, es una suerte de receptor emisor y ahí se  crea todo un mundo poético.</p>
<p><div id="attachment_1794" class="wp-caption alignleft" style="width: 252px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/diego-maquieira.jpg" alt="diego-maquieira" title="diego-maquieira" width="242" height="330" class="size-full wp-image-1794" /><p class="wp-caption-text">Diego Maquieira</p></div><strong>    ¿<em>Generó el libro, violento y claramente anticlerical, una reacción  violenta en el entorno literario o social del Chile de los 80?</em></strong><br />
    No. La  asimilación del libro fue un proceso muy lento. El ojo de la gente no estaba  puesto en la literatura precisamente en aquellos años, hoy tampoco. El libro  tuvo una muy buena acogida a pequeña escala, que es la escala que me interesa a  mí, la escala de gente sensible e inteligente que le hizo eco. Jamás pensé en  generar algún tipo de polémica, lo principal para mi era manejar ese cuerpo  espiritual y convertirlo en obra para hacer visible ese espíritu. Las  preocupaciones que tengo son muy distintas a las de las demás personas,  entonces como ahora, estaba componiendo, jugando como un niño, con el niño que  hay en mí. Lo que trato de hacer es tener una inteligencia ordenadora de todos los  elementos que me asombran y hacer conexiones entre ellos, una cosa muy  elemental en realidad.<br />
<strong><em>      ¿Qué desafíos le planteó la feminización de la voz en La Tirana?</em></strong><br />
    A mi me  interesa lo completo, entonces no fue un desafío “feminizarme” porque yo  utilizo las hormonas femeninas que tengo y me son suficientes para crear un  personaje femenino porque mis hormonas femeninas son sensoras de lo femenino.  Incorporo ese aspecto para dar con un ser más completo y para eso no fue  necesario ser homosexual.<br />
Lo femenino es un mundo de una profundidad poética  que me apasiona.<br />
<strong><em>       ¿Se torna más complejo un yo poético que contempla la dualidad?</em></strong><br />
     Es que  no me interesa el yo poético. Nunca me ha interesado hablar de mí mismo. El yo  poético es un estorbo, no sirve para nada, es de un narcisimo enfermo.<br />
Yo quiero desmarcarme del yo. Lo que quiero con la  poesía es ser un canal, vuelvo a la idea de un viaducto por donde pasan cosas,  un instrumento a través del cual aparecen mundos, realidades que están ocultas  o en latencia. <br />
No tengo, no puedo tener una idea a priori de lo  que escribiré. Soy una antena transmisora. Yo pesco señales, registro cosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Interdisciplinas</strong><br />
No obstante, la poesía de Maquieira no es nada  inocente, sino extraordinariamente rica en referencias culturales de todo tipo.  De ella Dijo Enrique Lihn:<br />
“Aquí hay un poeta, que ha dejado pasar a la  escritura casi todas las formas que adopta en Chile el lenguaje para responder  a la degradación de la vida y costumbres en términos de ojo por sujeto y diente  por predicado. Si se quedara en eso, en una jerga de pato malo, precaria pero  contundente como un buen chute, un chopazo o una patada en las canillas,  tendríamos sólo el mejor de los poetas colegiales; es decir, a alguien  suficientemente feroz, como para representarnos en el Chile de hoy. Pero  Maquieira sabe mucho. Ha leído bien y de lo mejor. A Eliot, a Kavafis, a mundo  y medio. Por lo mismo su poesía, aunque parezca hablada o vociferada es  archiescrita, un refrito muy cuidadoso de sí mismo, una economía y no un  despilfarro del Chicago verbal. Los efectos de rayadura son parte de la  escritura y están tan trabajados como los horrores del barroco. Una confusión  de nombres o pronombres, pequeñas anomalías en el régimen de las frases, en las  combinaciones de palabras &#8211;un paso de baile entre el lenguaje&#8211; constatativo  al imperativo, y la rayadura se pone genial”, (Comentario extraído de un texto  inédito escrito en 1983 y publicado posteriormente en la página www.letras.s5.com)<br />
Y Maquieira luego lo confirma:<br />
“Tengo un gran amor por el verbo, por el lenguaje,  soy un poeta prolijo, me interesa mucho el trabajo artesanal con la palabra, más  que “el mensaje”. Me siento más un compositor que un poeta, tengo ojos en los oídos  y viceversa. Tengo un campo magnético entre estos dos sentidos. Yo soy un  discípulo de Stravinsky, en cuanto a la poética musical de Stravinsky. A mí me  abrió los ojos cuando planteó la búsqueda de la unidad a través de la música,  donde había que proceder por similitud y no por contraste, entonces mi oído  busca una música, un sonido que suena igual a otro emitido mil años luz  después. Yo trabajo con las palabras como si fueran instrumentos musicales”<br />
<strong>    <em>¿Y cuál es la importancia que le otorga a la imagen en la poesía?</em></strong><br />
- La misma que la música. Si La Tirana es como una  pieza para teatro, Los Sea Harrier es una película en verso. Siempre lo he  dicho, eso es todo lo que he hecho, una obra de teatro y una película.<br />
<strong><em>-¿Y el cine?</em></strong><br />
    Para mí  el cine ha sido fundamental. He tratado de explorar el cine y meterlo en la  poesía. Usar elementos cinematográficos para incorporar nuevos fertilizantes a  la poesía. Me interesa que los poemas se “vean” y que tengan velocidad. Eso fue  lo que yo traté de hacer en <em>Los Sea Harrier</em>,  imprimirle velocidad, que en fondo, esa velocidad tiene que ver con la  velocidad de mi sistema nervioso central, es decir se corresponden cuando este  último, se siente estimulado por una película como <em>Blade Runner</em>. <br />
<strong><em>    -Todo  autor es también lector de otros textos culturales como el cine, la pintura, el  teatro.</em></strong><br />
     -Exacto,  la gente, los diálogos también son textualidades que me interesan sobremanera. Me  gusta hacer un registro del mundo circundante. Me interesa todo lo que dice la  gente común y corriente, los que no se sienten privilegiados por la creación.  Ahí hay una fuente muy rica.</p>
<p><strong>    -<em>Muchas veces ese eclecticismo genera desconfianza en el publico digamos  “docto”, mas vinculado a la academia.</em></strong><br />
     -Problema  de ellos. Yo escribo para una minoría. Nunca he pensado en un lector, no me  gusta ese concepto, prefiero pensar en un oyente, un espectador que sepa leer.  Pienso en una persona que se encuentra con un libro, con la poesía como se  puede encontrar con un parque.<br />
<strong>   <em>- ¿Qué rol juegan los personajes en su poesía? La Tirana esta plagada  de ellos</em></strong><br />
     &#8211; No me  interesan tanto. Mira para mí los personajes son aglutinaciones de fuerzas y de  significados. Velásquez (co-protagonista de La Tirana) es como un caracter  chino, lo mismo Alexandra Mussolini, Todos son caracteres y yo compongo con  ellos una especie de ideograma. <br />
<strong>    <em>- Siempre ha dicho que no tiene ninguna relación con el poder, ni el  poder político ni el poder de la academia. Sin embargo en Chile hay una larga  tradición de poetas vinculados al poder político, que desempeñaron cargos y  papeles muy activos en su época, desde Neruda, hasta Gonzalo Rojas, ¿Cuál es su  relación con esta producción poética que sí elige vincularse políticamente?</em></strong><br />
     -Todos  ellos eran personas y creadores muy coherentes que vivieron en una época donde  la actividad política tenía sentido. Eso ya pasó. <br />
     Hoy el  poder se baraja, al menos entre los poetas, en el terreno de los premios  literarios y las ediciones en editoriales importantes.<br />
<strong>    <em>- ¿Y cuál es su relación con el mercado? Cuando es tan omnipresente</em></strong><br />
    &#8211; No me  interesa, yo quiero estar en la viña, no en la feria. Yo quiero estar en el  mundo pero al mismo tiempo oculto.</p>
<p><strong>    <em>- ¿Y como se logra ese estado paradójico?</em></strong><br />
- Siendo discípulo de Lao Tse y de Confucio. Estar  pero con libertad y honestidad interna.</p>
<p><strong>Diego Maquieira (Santiago, 1951):</strong><br />
<strong>Bibliografía:</strong><br />
Upsilon 1975<br />
Bombardo 1977<br />
La Tirana 1983<br />
Los Sea Harrier en el firmamento de eclipses,  poemas de anticipo 1986<br />
Los Sea Harrier 1993<br />
La Tirana y Los Sea Harrier, 2003 <br />
(Tajamar Editores, Santiago de Chile)<br />
La Tirana y Los Sea Harrier, 2007<br />
(Gog y Magog Editores, Buenos Aires)</p>
<p>Fragmento:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><center><br />
LA     TIRANA <br />
(POEMA) <br />
(1975 &#8211; 1983)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Primera Docena</strong></p>
<p>(ya nadie sabe lo que yo hablo)</p>
<p>LA TIRANA I <br />
(ME SACARON POR LA CARA )</p>
<p>Yo, La     Tirana, rica y famosa<br />
la Greta Garbo del cine chileno<br />
pero muy culta y calentona, que comienzo<br />
a decaer, que se me va la cabeza<br />
cada vez que me pongo a hablar<br />
y hacer recuerdos de mis polvos con Velázquez.<br />
Ya no lo hago tan bien como lo hacía antes<br />
Antes, todas las noches y a todo trapo<br />
Ahora no.<br />
Ahora suelo a veces entrar a una Iglesia<br />
cuando no hay nadie<br />
porque me gusta la luz que dan ciertas velas<br />
la luz que le dan a mis pechugas<br />
cuando estoy rezando.<br />
Y es verdad, mi vida es terrible<br />
Mi vida es una inmoralidad<br />
Y si bien vengo de una familia muy conocida<br />
Y si es cierto que me sacaron por la cara<br />
y que los que están afuera me destrozarán<br />
Aún soy la vieja que se los tiró a todos<br />
Aún soy de una ordinariez feroz.</p>
<p></center></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Zanzotto</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Aug 2010 20:53:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Muestra generosa, bilingüe Italiano-español, obsequia la académica y traductora Mara Donat de su coterráneo Zanzotto, una voz singular y muy notable de Italia. &#160; &#160; Click en la presentación para ver a pantalla completa Abrir publicación &#160; &#160;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/zanzotto.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/zanzotto-84x100.jpg" alt="zanzotto" title="zanzotto" width="84" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1803" /></a>Muestra generosa, bilingüe Italiano-español, obsequia la académica y traductora Mara Donat de su coterráneo Zanzotto, una voz singular y muy notable de Italia.<br />
<span id="more-1818"></span></p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Click en la presentación para ver a pantalla completa</p>
<div><object style="width:640px;height:500px" ><param name="movie" value="http://static.issuu.com/webembed/viewers/style1/v1/IssuuViewer.swf?mode=embed&amp;layout=http%3A%2F%2Fskin.issuu.com%2Fv%2Fcolor%2Flayout.xml&amp;backgroundColor=CCCCCC&amp;showFlipBtn=true&amp;documentId=100812180437-5f534117955d4d4dab1ca875a805da1d&amp;docName=andrea-zanzotto&amp;username=Mexking&amp;loadingInfoText=Andrea%20Zanzotto%20Poemas&amp;et=1281636474586&amp;er=61" /><param name="allowfullscreen" value="true"/><param name="menu" value="false"/><embed src="http://static.issuu.com/webembed/viewers/style1/v1/IssuuViewer.swf" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" menu="false" style="width:640px;height:500px" flashvars="mode=embed&amp;layout=http%3A%2F%2Fskin.issuu.com%2Fv%2Fcolor%2Flayout.xml&amp;backgroundColor=CCCCCC&amp;showFlipBtn=true&amp;documentId=100812180437-5f534117955d4d4dab1ca875a805da1d&amp;docName=andrea-zanzotto&amp;username=Mexking&amp;loadingInfoText=Andrea%20Zanzotto%20Poemas&amp;et=1281636474586&amp;er=61" /></object>
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<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/zanzotto.jpg" alt="zanzotto" title="zanzotto" width="350" height="412" class="aligncenter size-full wp-image-1803" /></p>
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		<title>Entrevista a Fernando Rendón</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Aug 2010 20:43:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
		<category><![CDATA[gaceta41]]></category>

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		<description><![CDATA[Leonardo Iván Martínez, joven poeta mexicano, conversa con el director del Festival Internacional de Poesía de Medellín. &#160; SOMOS UN MISMO SER HUMANO; NO HAY DOS &#160; Entrevista a Fernando Rendón. Director del Festival Internacional de Poesía de Medellín. Leonardo &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2010/08/entrevista-a-fernando-rendon/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/fernando-rendon.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/fernando-rendon-74x100.jpg" alt="fernando rendón" title="fernando-rendon" width="74" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1795" /></a>Leonardo Iván Martínez, joven poeta mexicano, conversa con el director del Festival Internacional de Poesía de Medellín.<br />
<span id="more-1817"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>SOMOS UN MISMO<br />
SER HUMANO; NO HAY DOS</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Entrevista  a Fernando Rendón. Director del Festival Internacional de Poesía de Medellín.</strong></p>
<p><strong>Leonardo  Iván Martínez</strong></p>
<p><div id="attachment_1795" class="wp-caption alignright" style="width: 360px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/fernando-rendon.jpg" alt="fernando rendón" title="fernando-rendon" width="350" height="469" class="size-full wp-image-1795" /><p class="wp-caption-text">Fernando Rendón</p></div>El Festival Internacional de Poesía de Medellín se ha  convertido en las últimas dos décadas en un hito artístico del continente  americano y del mundo. Son cientos de poetas de todo el orbe los que se dan cita  en la capital del departamento colombiano de Antioquia para celebrar año con  año la confirmación de que la palabra es la principal arma contra la violencia,  la ignominia y el olvido.  A continuación  una breve entrevista con el director del Festival, el poeta colombiano Fernando  Rendón.</p>
<p><strong>Leonardo  Iván Martínez: ¿Cuál es el origen del proyecto Prometeo y del Festival  Internacional de Medellín?</strong> <br />
<strong>Fernando  Rendón: </strong>En sus inicios el  Festival fue nuestra respuesta en contra de esa ola terrorista que estaba  sacudiendo a la ciudad, algo muy parecido a lo que sucede en Ciudad Juárez en  estos momentos. Estallaban bombas y carros-bomba en todos lados, en los barrios,  además de los asesinatos selectivos; todo eso combinado con una secuencia de  crímenes políticos contra dirigentes de la oposición. Nosotros estábamos muy  asustados por lo que estaba pasando, asustados de la impresión que la  violencia  causaba a la sociedad y  pensamos que lo único que podíamos aportarle a la ciudad, como una posibilidad  utópica de cambio en el curso de los acontecimientos, era convocar a la ciudad  para escuchar poesía. Esos son los en los orígenes de Festival: ante una  situación de pánico generalizado tratábamos de instalar en la ciudad otro  clima, otra posibilidad. Creíamos que era imposible hacerlo pero finalmente lo  hemos logrado.</p>
<p><strong>LIM: ¿Y  qué hay del Premio Nobel Alternativo que le otorgaron al festival que usted  dirige? ¿De dónde sale ese Premio Nobel y quién lo otorga?</strong><br />
<strong>FR: C</strong>uando ya llevábamos quince años de existencia de Festival,  recibimos la visita de un alto funcionario de Right Livelihood Award que es la organización  que otorga el Premio Nobel Alternativo a organizaciones o personas que  desarrollan proyectos para una humanidad libre y por el desarrollo de ideas,  que pudiendo ser utópicas, contribuyen en la actualidad a que sea mejor la  humanidad. El nuestro fue el primer proyecto cultural en el mundo al que le fue  otorgado el Premio Nobel Alternativo. Lo recibimos en el Parlamento de Suecia.  Otros proyectos que han sido premiados son algunos que luchan por los Derechos  Humanos, por la defensa del medio ambiente o científicos que desarrollan  experimentos que finalmente contribuyen al desarrollo de la ciencia y en  general personalidades de todo el mundo. En esa ocasión compitieron 74  propuestas y entre esas nos premiaron a nosotros, a Daniel Ellberg, que fue el  que sustrajo archivos secretos de la guerra de Vietnam que estaban en el Pentágono  y los entregó a la prensa y que contribuyó de  esa  manera a que terminara la Guerra de  Vietnam, a Chico Whitaker, cofundador del Foro Social Mundial, y Ruth Manorama,  una destacada líder de la India que pertenece a la minoría Dalit y que lucha en  una región de la India en  donde las  mujeres no tienen libertades políticas.</p>
<p><strong>LIM</strong>: <strong>Ahora, ¿Cómo ha  impactado el Festival Internacional de Poesía en Medellín a las nuevas  generaciones de poetas colombianos? ¿Les ha dado promoción?</strong><br />
<strong>FR:</strong> Obviamente. Sin duda nuestra política es también invitar  a poetas jóvenes. Incluso alguno de ellos que no han publicado libros pero que  ya se percibe un aliento, una fuerza y una energía grande en su escritura  poética y presentimos que pueden llegar a ser poetas importantes. Pero hay otra  cosa, y es que de la mano de sus padres, algunos niños que ahora son poetas  importantes en Colombia, asistían al festival cada año, y ha sido como una  escuela abierta a la ciudad. Otro proceso de acompañamiento es lo que llamamos  la Escuela de Poesía de Medellín, un evento anual que se realiza desde hace  catorce años donde los poetas participantes pueden realizar una actividad  distinta con el público, una relación más estrecha y más fructífera de  acompañamiento a los poetas jóvenes de la ciudad, o a los lectores de poesía.  Ahí, en la Escuela los poetas extranjeros y colombianos dictan conferencias,  talleres de poesía, realizan conversatorios con el público y de esta manera se  complementa el proceso de crecimiento espiritual de la ciudad y los poetas  jóvenes, a través de una actividad, que no siendo propiamente académica,  contribuye al desarrollo de la escritura poética y también a un ejercicio  superior de lectura.<br />
Nosotros pensamos que esto es un proceso. No es un evento  como lo era antes sino que tenemos la Escuela de Poesía, tenemos la revista de  poesía <em>Prometeo</em>, que se ha mantenido  viva durante 28 años, hemos sacado 86 números y desarrollamos un proyecto  audiovisual. En Youtube tenemos un canal titulado <em>Revista Prometeo</em> que cuenta con 360 videos, o más, de poetas de 139  países en 62 idiomas y subtítulos en castellano. Es la mayor antología de  poesía audiovisual que existe en Internet. También desarrollamos talleres de  poesía durante todo el año. El público de la ciudad llena encuestas y  manifiesta su interés en participar en los diferentes talleres, nosotros los  llamamos luego a que colaboren. Estamos ya en un proceso más firme y continuo.  Pienso que se permite que el público viva un ejercicio continuado de  experiencia poética, de escritura y lectura, con el acompañamiento de poetas  que pertenecen a la <em>Revista Prometeo</em>.</p>
<p><strong>LIM:  ¿Cuál es la colaboración del gobierno para la realización del Festival?</strong><br />
<strong>FR:</strong> La mayor ayuda que recibimos es por auspicio de la  Alcaldía de Medellín que otorga cerca de 250 mil dólares, que es una suma  respetable. Desde 1993 ha contribuido al festival y esta suma se ha ido  incrementando hasta llegar al tope que te estoy diciendo. El Ministerio de  Cultura aporta cinco veces menos, pero también está ayudando, a pesar de las  diferencias que hemos tenido en otros momentos con el Estado porque no ha  cumplido la ley que declara patrimonio cultural al Festival. Pero bueno,  mantiene la ayuda. Y fuera de eso hay varios organismos de cooperación,  principalmente de Alemania y Holanda que han mantenido unas cifras monetarias  significativas sin las cuales no hubiéramos podido mantener y acrecentar el  Festival como lo hemos hecho. Lo propio ha hecho la Embajada de Suiza en  Colombia. Las Embajada de Alemania y Francia, han ayudado también.</p>
<p><strong>LIM:  ¿Cómo se ha dado la vinculación del Festival con la sociedad de Medellín? ¿Esta  vinculación ha cambiado la actitud en cuanto a la percepción de la violencia?</strong><br />
<strong>F.R:</strong> Yo creo que sí, porque el Festival ejerce un impacto  social, cultural y espiritual bastante impresionante. El festival en sí mismo  es un medio de comunicación porque llega a cientos de miles de personas. Este  año hubo 250 mil personas en todos los actos que desarrollamos, y también se  transmitió en televisión, en directo, la inauguración y hoy se transmite una parte  de la clausura.<br />
Nosotros sentimos que hay un cambio en la ciudad. Son  muchos miles de jóvenes que durante dos décadas han estado escuchando a tantos  poetas, más de mil poetas de 158 países a través de muchos actos; por ejemplo  el año pasado fueron 134 actividades, este año son 185. Los actos no son  solamente lecturas de poemas sino también los talleres, las escuelas de poesía,  exhibiciones de películas con la vida de poetas o temas poéticos, conciertos,  obras de teatro, en fin, muchas actividades. También hemos realizado durante  Varios años una Muestra Internacional de Libros de Poesía. <br />
Yo creo que hay un gran cambio en la juventud de  Medellín, además de que el Festival ha seguido creciendo. Este año ha crecido  más que nunca, pues llegaron 50.000 personas más que el año pasado. En segundo  lugar hay que tomar en cuenta que en los inicios del Festival su público era  como los públicos de la mayoría de los festivales del mundo, un público formal  compuesto de muchos curiosos, de gente que quería oír otras lenguas, músicas de  otros lugares del mundo y que le interesaban mucho los poetas extranjeros  porque era una ciudad muy aislada. Ahora es una ciudad que, como ha recibido la  visita de tantos poetas durante tantos años sin pausa, se puede volcar multitudinariamente  a los actos y hace posible que la Escuela de Poesía sea una escuela masiva. En  cursos donde antes teníamos 20 personas ahora tenemos 100 o 120 y eso es algo  extraordinario. Vemos una gran vocación de la poesía y una avidez de conocimiento  en el público. Otra cosa es que esta gente, como había sufrido tanto la  violencia, tenía interiorizada la poesía. La tenía allí como guardada, y yo  siempre tuve la esperanza de que la gente pudiera sacar la poesía de sí misma y  expresarla. Eso es lo que estamos viendo ahora, es como alguien lo definió: como  una poesía atmosférica, una poesía que está en el aire, un clima poético en la  ciudad alterno, paralelo al clima de violencia. Conviven la poesía y la sombra  de la violencia, esa cultura de la muerte, y la poesía, el Festival, el pueblo  de Medellín y los poetas de todo el mundo son la fuerza de la luz. No están  luchando la fuerza de la luz contra la fuerza de la sombra, la luz está  infiltrando a la tiniebla.</p>
<p><strong>L.I.M:</strong> <strong>Ahora, hablando  en términos más particulares de la poesía ¿cuál es la radiografía del escenario  poético en Colombia? ¿Cuáles son las diversas escuelas que se mantienen desde  las últimas tres décadas en la poesía colombiana?</strong><br />
<strong>F.R:</strong> Bueno, hay una generación que ha predominado durante  décadas, y es la llamada <em>Generación  desencantada</em>. A ella pertenecen poetas como María Mercedes Carranza, que falleció,  y otros poetas como Giovanni Quessep, Juan Manuel Roca, y Mario Rivero, que  también murió. Ellos son poetas muy importantes para la historia de Colombia.  Le antecedió a esa generación, o incluso podríamos decir que convivió con ella,  la <em>Generación nadaísta</em> que ya está un  poco desmantelada porque han muerto muchos de sus exponentes pero que todavía  tiene poetas importantes, aún cuando no operan propiamente como movimiento  nadaísta pero reivindican lo que fue en el pasado, pues fue un momento muy  importante para la vida de Colombia porque no teniendo los mejores poetas, tuvo  poetas muy importantes como Jaime Jaramillo Escobar, Jotamario Arbeláez,  Amílcar  Osorio, que ya murió, Eduardo  Escobar, que fue un poeta muy importante en su momento también. <br />
Bueno, y ahora hay otros poetas nacidos en los años  cincuentas, que no se agrupan bajo ninguna denominación pero que desarrollan  proyectos importantes en la poesía colombiana, el caso de algunos poetas que se  agrupan en la <em>Revista Prometeo </em>y  desarrollan el Festival de Poesía de Medellín; poetas vitales para la cultura y  la poesía colombiana como Gabriel Jaime Franco, Jairo Guzmán, Juan Diego  Tamayo. Ahora, tres poetas jóvenes que el festival ha alentado y que son muy  importantes para la escena poética colombiana actual son Lucía Estrada, Andrea  Cote y Luis Eduardo Rendón, que es mi hijo y mucho mejor poeta que yo.</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/poeta-africano.jpg" alt="" title="poeta-africano" width="350" height="467" class="alignright size-full wp-image-1802" /><strong>L.I.M:  ¿Y de las generaciones más jóvenes? ¿Qué hay de la gente nacida en la década de  los ochenta?</strong><br />
<strong>F.R:</strong> De los ochenta no se notan mucho todavía pero ahí están.  Han ganado premios de poesía  que  nosotros convocamos u otros premios regionales como Saúl Gómez, como Giovanni  Gómez. Para mí ya son poetas muy visibles, entonces hay que esperar también a  que sus libros y sus obras tengan un proceso de mayor maduración. Yo tengo una  confianza sólida en los poetas jóvenes colombianos. Ahora, hay muchos  desconocidos y esos poetas que no publican nada todavía pero que han compartido  sus poemas, son gente muy discreta y que están esperando. He leído muchos  poemas de poetas jóvenes de la ciudad. Hay muchos porque hay más de cien  círculos de talleres de poesía en esta ciudad. Todavía es intangible, es  difícil de medir qué es lo que está pasando, pero hay una efervescencia poética  tremenda en Medellín.</p>
<p><strong>L.I.M:  Y ahora, para finalizar. ¿Cuál es su percepción sobre la poesía mexicana?</strong><br />
<strong>F.R: </strong>Bueno, nosotros no conocemos a muchos poetas jóvenes de  México, pero hay figuras mayores que respetamos muchos, poetas muertos como  Octavio Paz y otros poetas que han estado en el Festival y hemos conocido más  de manera directa como Homero Aridjis, José Emilio Pacheco, David Huerta, Juan  Bañuelos que son poetas que siempre le han dado mucho a la poesía  latinoamericana. Gente que es imprescindible para cualquier lector de poesía y  no los miraría tanto como poetas mexicanos porque aquí en el Festival no  hablamos tanto de la poesía de Marruecos, o de la poesía de Sudán donde hay  muchos países de lengua árabe en África y Asia, sino vemos que hay una especio  de poéticas regionales comunes. En los cantos de los poetas africanos se nota  una gran semejanza e identidad, si no temática en ellos siempre están presentes  las voces anticolonialistas y la musicalidad, la sonoridad y el colorido  inmenso de las voces de esos poetas. También los cantos místicos, en el caso de  los poetas en lengua árabe, de un continente u otro. Están signados no sólo por  la misma lengua sino por el contenido espiritual de sus cantos y que también  expresan el dolor por las invasiones, el despojo de las tierras al que han sido  sometidos los pueblos árabes en los últimos siglos.<br />
Pero a la poesía latinoamericana yo la miro en otra  dimensión más asombrosa, con una riqueza imaginativa extraordinaria. Yo he  notado aquí que la mayoría de los poetas europeos han reconocido que la mayor  poesía del mundo actual es la poesía latinoamericana, entonces yo diría que la  poesía latinoamericana y la poesía árabe son dos pilares fundamentales de la  poesía contemporánea. Yo creo que el espíritu de la poesía está por encima de  todas las fronteras y eso se percibe en la profunda hermandad de los poetas del  mundo y la profunda semejanza entre los cantos de todos los pueblos de la  tierra, en las tradiciones poéticas del mundo, las leyendas poéticas del hombre  y del ser humano. Los sufrimientos son los mismos, así como sus esperanzas. Somos  los mismos, somos un mismo ser humano. No hay dos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Alegoría californiana-Diego Rivera</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Aug 2010 20:39:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<category><![CDATA[gaceta41]]></category>

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		<description><![CDATA[Still Life and Blossoming Almond Trees, es el nombre del mural de Rivera en San Francisco, EU. La historia nos la cuenta Julio Ramos, académico e investigador Puertorriqueño, de la Univ. De Berkeley. &#160; &#160; Click en la presentación para &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2010/08/alegoria-californiana-diego-rivera/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/diego-rivera.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/diego-rivera-100x71.jpg" alt="" title="diego-rivera" width="100" height="71" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1807" /></a>Still Life and Blossoming Almond Trees, es el nombre del mural de Rivera en San Francisco, EU. La historia nos la cuenta Julio Ramos, académico e investigador Puertorriqueño, de la Univ. De Berkeley.<br />
<span id="more-1816"></span></p>
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<p><strong>Click en la presentación para ver a pantalla completa</strong></p>
<div align="center"><object style="width:600px;height:777px" ><param name="movie" value="http://static.issuu.com/webembed/viewers/style1/v1/IssuuViewer.swf?mode=embed&amp;viewMode=presentation&amp;layout=http%3A%2F%2Fskin.issuu.com%2Fv%2Fcolor%2Flayout.xml&amp;backgroundColor=CCCCCC&amp;showFlipBtn=true&amp;documentId=100812162424-98458f23022348f190d69b39a8c4b41e&amp;docName=alegoria-californiana&amp;username=Mexking&amp;loadingInfoText=Alegor%C3%ADa%20californiana-Diego%20Rivera&amp;et=1281630956312&amp;er=59" /><param name="allowfullscreen" value="true"/><param name="menu" value="false"/><embed src="http://static.issuu.com/webembed/viewers/style1/v1/IssuuViewer.swf" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" menu="false" style="width:640px;height:777px" flashvars="mode=embed&amp;viewMode=presentation&amp;layout=http%3A%2F%2Fskin.issuu.com%2Fv%2Fcolor%2Flayout.xml&amp;backgroundColor=CCCCCC&amp;showFlipBtn=true&amp;documentId=100812162424-98458f23022348f190d69b39a8c4b41e&amp;docName=alegoria-californiana&amp;username=Mexking&amp;loadingInfoText=Alegor%C3%ADa%20californiana-Diego%20Rivera&amp;et=1281630956312&amp;er=59" /></object>
<div style="width:640px;text-align:left;"><a href="http://issuu.com/Mexking/docs/alegoria-californiana?mode=embed&amp;viewMode=presentation&amp;layout=http%3A%2F%2Fskin.issuu.com%2Fv%2Fcolor%2Flayout.xml&amp;backgroundColor=CCCCCC&amp;showFlipBtn=true" target="_blank">Abrir publicación</a></div>
</div>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Joumana Haddad y Alberto Ruy Sánchez</title>
		<link>http://www.laotrarevista.com/2010/08/joumana-haddad-y-alberto-ruy-sanchez/</link>
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		<pubDate>Thu, 12 Aug 2010 20:29:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
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		<category><![CDATA[gaceta41]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.laotrarevista.com/?p=1815</guid>
		<description><![CDATA[De la mano del poeta venezolano, Enrique Hernández D´Jesús, recibimos esta charla en torno al erotismo y la literatura entre dos figuras internacionales, de Líbano y México. &#160; &#160; A DOS TINTAS LA AVENTURA DEL CUERPO Diálogo entre Joumana Haddad &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2010/08/joumana-haddad-y-alberto-ruy-sanchez/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/joumana-alberto-ruy.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/joumana-alberto-ruy-74x100.jpg" alt="joumana-alberto-ruy" title="joumana-alberto-ruy" width="74" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1797" /></a>De la mano del poeta venezolano, Enrique Hernández D´Jesús, recibimos esta charla en torno al erotismo y la literatura entre dos figuras internacionales, de Líbano y México.<br />
<span id="more-1815"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>A DOS TINTAS<br />
LA AVENTURA DEL CUERPO</strong></p>
<p>Diálogo entre Joumana Haddad y Alberto Ruy  Sánchez<br />
Traducción de Guadalupe Nettel</p>
<p><strong>Joumana Haddad</strong><br />
<div id="attachment_1557" class="wp-caption alignleft" style="width: 260px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/03/joumana-haddad.jpg" alt="joumana-haddad" title="joumana-haddad" width="250" height="376" class="size-full wp-image-1557" /><p class="wp-caption-text">Joumana Haddad</p></div>Nació el 6 de diciembre de 1970, año en el que  su ciudad natal, Beirut, alcanzó el millón de habitantes. Ser mujer,  escritora, poeta y editora en una ciudad de cinco mil años de edad, en  cuya piel descansan los restos del imperio otomano, los cuarteles  de los cruzados, los palacios de los omeyas y los restos de los  periodos mameluco, abatista, romano, persa, fenicio y cananeo, la  convierten en una suerte de Juana de Arco cuya defensa y conquista está  en el reestablecimiento de la relación dada entre el cuerpo y la  ciudad. Situada desde su puerto en la costa mediterranea,  Joumana se ha convertido en la voz que reivindica a la piel descubierta  como plaza defendida.</p>
<p>Su trabajo literario representa un llamado a  la civilización.<br />
No sólo a que las mujeres caminen con empatía  hacia el espacio de lo público, sino que los hombres también sean  capaces de caminar hacia la reivindicación de lo íntimo como un  acto de soberana libertad.<br />
Es desde aquí que la autora dialoga con  Alberto Ruy Sánchez, en una colección de guiños y aventuras del  cuerpo donde sólo los sonámbulos pueden reconocerse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Alberto Ruy Sánchez</strong><br />
Nace en 1951 cuando la Ciudad de México tenía poco  más de tres millones de habitantes y aún no afloraban a la superficie los  sueños<br />
y cicatrices del Templo Mayor. En su novela <em>En  los labios del agua,</em><br />
Ruy Sánchez habla de una especie de casta o  casi cofradía a la que<br />
llama “Los sonámbulos”. Se trata de hombres y  mujeres cuyo linaje<br />
se reconoce en el deseo como religión y el  placer como ritual.<br />
Es desde la capital de México, pero también  desde <em>su </em>Mogador de la<br />
costa Atlántica, que el autor de la tetralogía  de los elementos,<br />
penetra el Mediterraneo para encontrarse con  otra sonámbula y<br />
conspirar con ella (conspirar quiere decir  respirar juntos) la materia<br />
de su especialidad: el cuerpo como mapa y la  seducción como<br />
arte digno aflorar a la superficie.</p>
<p><div id="attachment_1797" class="wp-caption alignleft" style="width: 204px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/joumana-alberto-ruy.jpg" alt="joumana-alberto-ruy" title="joumana-alberto-ruy" width="194" height="259" class="size-full wp-image-1797" /><p class="wp-caption-text">Joumana Haddad-Alberto Ruy Sánchez</p></div>Este diálogo comenzó hace casi medio año con  un cruce de miradas que se dicen mucho sin decir todavía palabras. Ya Cristina  Fuentes Laroche, directora del Hay Festival, me había dicho que le parecía  imposible que no conociera a Joumana Haddad. “Tienen mucho en común”, me dijo,  “la misma electricidad, el mismo lenguaje corporal”.<br />
En el puerto amurallado de Cartagena, durante  el Hay Festival de 2009, entre decenas de escritores y viajeros, nos  reconocimos al vernos. Y la conexión fue inmediata, instintiva. Y me quedé con  la impresión positiva de que el tiempo fue demasiado breve esos días. Editora,  periodista, traductora y poeta, hablar con ella es un placer sin fronteras.<br />
El diálogo continuó ya lejos, con algunos de  sus libros. Tiene una decena de títulos en árabe y traducciones a varias  lenguas. Tres de ellos al español. Dirige el suplemento cultural del principal  diario árabe de Líbano, <em>An Nahar</em>. Recibir la invitación de Número 0 para  dialogar con Joumana para esta edición de la revista sobre la aventura fue una  enorme alegría. Como si continuáramos lo que dejamos interrumpido. Se imponía  claramente la necesidad de ocuparnos de la aventura del cuerpo.</p>
<p>Le propuse decirme antes que nada cómo  pensaba ella que la idea de aventura se podría aplicar al cuerpo. Para mí cada  cuerpo amado es un territorio desconocido que necesita la meticulosidad curiosa  del amante. Desde el punto de vista del amante, se trata de un territorio  inexplorado, tanto desde la ciencia como del amor siempre hay dimensiones que  descubrir. En el mismo impulso le expreso mi curiosidad. Quiero saber cómo  nació en Joumana no sólo el interés sino la verdadera reivindicación del cuerpo  que ejerce tanto como poeta que como periodista y editora de una revista que se  llama precisamente <em>Cuerpo</em>. <br />
vidrio roto, hasta los puntos de sutura en el  bajo vientre, resultado de las dos cesáreas que me hicieron para convertirme en  mamá. Mi<br />
cuerpo dice lo que soy: desde el tulipán  tatuado en mi nalga derecha, hasta las arrugas alrededor de los ojos que ahora  acompañan cada una de mis sonrisas. Mi cuerpo me ha costado caro. Lo formo, lo  reformo y deformo a mi gusto. Lo reinvento y me reinvento. Me descascaro con  mis propias uñas, hasta encontrar bajo la piel una nueva epidermis, una nueva  Joumana. Y salgo del sombrero del mago, en apariencia nueva, contenta de mi  astucia. Mi cuerpo me revela; mi cuerpo también me oculta. A menudo lo miro, lo  examino, lo toco, y le pregunto: “¿En dónde están inscritos esos miedos  terribles que tuviste durante la guerra? ¿Dónde están las marcas de tus deberes  y “Yo tengo un cuerpo esperando en el fondo del océano. Tengo un cuerpo que es  como un volcán, cuyo cráter el agua lame, para que no emita placer antes de que  llegue el amor.” ¿Aventura del cuerpo entonces, Joumana? ¿De todos los cuerpos  y del tuyo? Joumana Haddad: El cuerpo, esta declaración de vida, instrumento de  vida, prueba de vida, grito de vida, aprendizaje de vida, fisura de vida&#8230; El  cuerpo, nuestro cuerpo, <em>mi </em>cuerpo, ¿es acaso, o puede ser algo más que  una exploración incesante, insaciable, inacabada, una auto exploración, así  como una exploración del Otro? <em>Lo que esconde mi lenguaje, mi cuerpo lo dice </em>(Roland Barthes). Mi cuerpo me cuenta: desde la pequeña cicatriz en el  labio inferior que me hice a los dos años al caer sobre un pedazo de de tus  desilusiones? ¿De tus historias de amores frustrados? ¿De tus cobardías? ¿De  tus victorias?<br />
¿De tus éxtasis? ¿De tus sueños?”. Están ahí.  Sé que si los busco bien, los encontraré a todos. Grabados sobre la piel de  este pequeño cuerpo. En su conciencia. En su comportamiento. En sus  necesidades. En su hambre. Es como la teoría de Lavoisier sobre la química: “Nada  se pierde, nada se crea: todo se transforma”. Mi interés carnal, orgánico, por  el cuerpo ha estado siempre allí. Desde la primera bofetada, el primer grito.  El primer acto sadomasoquista lo vivimos al salir de las vaginas de nuestras madres.  Piénsalo: ¡es una nalgada lo que nos produce el placer de estar en vida!<br />
En cuanto a mi interés “intelectual”, o mejor dicho  “conceptual” por el cuerpo, nació con mi primera exploración sexual. Y mi  primera exploración sexual fue por supuesto la masturbación. No me refiero a la  masturbación animal, casi automática, que muchos bebés practican de manera  espontánea, sino de la masturbación lúcida, post-instintiva: es decir no sólo corporal,  sino la que también involucra a las fantasías del deseo. Yo fui una  “fantaseadora” precoz. Desde la edad de siete, ocho años, me daba gusto  imaginando situaciones lúbricas, acariciándome y descubriendo los efectos de esas  caricias sobre mi cuerpo. ¿Dónde puede encontrar fantasías eróticas una  chiquilla de ocho años? ¿De qué conciencia anterior? ¿De qué potencial de vicio  futuro? Habrá que descubrirlo <em>(¡Freud se hubiera divertido con mi</em> <em>caso!</em>).  Pero sé que yo no me masturbaba “inocentemente”.<br />
Yo me masturbaba, no sólo para obtener placer,  lo que constituye la dimensión más “banal”, me atrevo a decir, de ese arte,  sino sobre todo para experimentar, probar, aprender, desafiar, imaginar&#8230; Eso  es lo que yo llamo la dimensión cerebral de la masturbación.<br />
Así, mi cuerpo me convierte cada día en mi propio  amante. Mi propia madre, mi propia hija. Mi propio Dios también.<br />
¿Y tú, Alberto?</p>
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<p>Alberto Ruy Sánchez: Mientras te leo, Joumana,  en tus palabras vienen pausadas las imágenes que guardo de tu cuerpo. Tus ojos penetrantes,  tus ideas afiladas dichas con una sonrisa igualmente aguda. Tu rostro enmarcado  por las ondulaciones de tu cabello. De un lado al otro del puerto, en cinco  días, tus rápidos movimientos.<br />
Me doy cuenta de que siento y pienso tus  palabras como partes de tu cuerpo. Palabras piel, palabras miembros: tanto las  palabras que recuerdo en tu voz inconfundible como las que ahora leo. Y sin  duda las que antes leí en tus poemas. En tu libro <em>Cuando me hice fruta</em>,  ritual implacable del deseo, como en <em>El retorno de</em> <em>Lilith</em>,  excepcional composición de una nueva mitología radical que nos ilumina. Tu  poesía es francamente corporal. Pero corporal a fondo: no descripción poética  del cuerpo sino cuerpo invocado y de pronto presente, cuerpo múltiple y  multiforme. Aparición de un cuerpo siempre sorprendente. Y de nuevo aparece  lúcido y con el movimiento hipnotizante de una llama en esta respuesta y  reflexión que haces sobre el cuerpo.<br />
Citas la frase certera de Roland Barthes: “Lo que  esconde mi lenguaje mi cuerpo lo dice”. Y fue justamente él quien trató de  llevar a sus últimas consecuencias la frase complementaria que te describe  plenamente: “En el lenguaje está el cuerpo de quien lo formula”. Cuando hay verdadera  escritura y no sólo escribanía, afirmaba RB, podemos detectar en cada frase  escrita las marcas del cuerpo que escribe. Y él llamó a esas marcas corporales  con un concepto de lingüista sensible: “la enunciación”. El cuerpo en la  lengua. Yo gozo y me sorprendo al descubrir tu cuerpo lúcido en tus  inquietantes palabras. O más bien tus cuerpos. Porque mientras te leo, la  memoria de tu cuerpo se mezcla con la imaginación para mirar detenidamente tus  cicatrices cuando eran nuevas, las líneas de tu tatuaje en flor que se me hace  presente en movimiento, y me dejo invadir por la avalancha de sentimientos  profundos, de verdaderas conmociones aparentemente incorpóreas que tú buscas y  descubres en tu cuerpo: la biografía del río invisible que te navega por  dentro. Y esa búsqueda toma consistencia en la niña de siete años que se descubre  y se explora y se pregunta y no deja de preguntarse sobre el sentido desafiante  del cuerpo placentero, el cuerpo habitado como casa embrujada por esas  creaciones del deseo que hemos aprendido a llamar “fantasmas”. Pero que son  cuerpos, una legión de cuerpos poderosos, imaginantes, experimentales, gozosos.<br />
Y así me voy dejando habitar por el bravo río de  metamorfosis que es tu cuerpo, tu cuerpo en tu boca, en tus palabras, que al  leerlas se vuelven mías.<br />
Mi cuerpo quisiera con frecuencia ser todo oídos:  tocar a otros cuerpos con la escucha, acariciar desde muy adentro pero entrando  por el aliento de quien habla y pronuncia algo muy hondo. Las manos como oídos  que saben detectar la agitación de la piel como una superficie de agua  levemente conmovidas, el sexo como oído que de pronto también canta con la voz escuchada.  Para mí la aventura del cuerpo es sobre todo el desafío de escuchar al cuerpo.<br />
Al de los otros y al mío, al más cercano y a  veces más desconocido.<br />
Siempre fui un niño demasiado grande para su  edad, hostigado por ello. Y sin embargo a mí nunca me molestó serlo. Sentirme  bien dentro de mi piel era mi cinismo y mi fuerza. Sigue siéndolo. Cuando a los  diez u once años las monjas del colegio decidieron que para frenar erecciones y  masturbaciones el triple remedio era culpa, cansancio físico y distracción, me  obligaron a jugar futbol a todas horas sin otra actividad posible.  Paradójicamente, lograron multiplicar mis energías físicas para masturbarme, mi  imaginación y mi espíritu desafiante (además de que el futbol ya nunca me  pareciera emocionante). Así lograron también que nunca pudiera sentirme  culpable de explorar a fondo nuevos placeres íntimos, gozos cada vez más ilimitados  y muy poco después compartibles con la persona amada. Lo que a otros parecía  oscuro me llevaba a un mundo de lucidez vital. Al placer de tratar de  comprender. La aventura del cuerpo gozoso y pensante a la vez y su relación con  los demás está llena de paradojas, de contradicciones, de caprichos  inesperados. Conocí la soledad radical donde el cuerpo es el camino más amplio hacia  uno mismo y después hacia los otros.<br />
Donde la aventura del cuerpo es sinónimo de afirmación  de la vida. Es sed de conocimiento y búsqueda ritual. Es provocar la aparición  de una belleza excepcional y atípica en el acto. Tiempo después me doy cuenta  de que todo lo que intente escribir, contar, invocar, analizar editar se  construye implícita o explícitamente sobre el sustrato de esa aventura corporal  originaria.</p>
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<p>JH: Ayer, el viernes 25 de septiembre de 2009, a las cuatro y quince  de la tarde, me mandé hacer un nuevo tatuaje: la letra J, inicial de mi nombre,  caligrafiada en árabe sobre mi hombro derecho. Mientras el artista desempeñaba su  trabajo sobre mi piel, y mientras yo vivía este dolor agudo pero delicioso que  vivimos siempre que sabemos que estamos cometiendo lo “irreparable”, meditaba  sobre nuestro diálogo vital, fundamental, que quisiera interminable, Alberto, y  pensaba, como un mantra, en esta palabra: irreversibilidad.  I-rre-ver-si-bi-li-dad.<br />
Sufría, gozaba, y pensaba en la  irreversibilidad de mi cuerpo. En la del cuerpo en general.<br />
Irreversibles nuestras lágrimas, nuestros  sangrados, nuestros orgasmos, nuestras arrugas, nuestras cicatrices&#8230; La vida  es un estigma corporal ininterrumpido e irrevocable. Es una evidencia, dirás  tú. Sí, pero, como todas las evidencias, tenemos tendencia a olvidarla.<br />
Mi cuerpo es un camino de un solo sentido,  meditaba, mientras la aguja perforaba mi epidermis. Imposible dar la media  vuelta, imposible dar marcha atrás. Por lo tanto qué magnifico peligro, este  cuerpo, qué riesgo tomado y vuelto a tomar a cada segundo, qué admirable bomba  de tiempo. Sobre todo cuando comprendemos que al final de este camino de un  solo sentido, hay inevitablemente un abismo sin fondo. Y que sin falta caeremos  en él. Todos, sin excepción. Y sin embargo caminamos, a velocidades distintas,  según nuestro propio ritmo y nuestro propio carácter, pero de todas formas  avanzamos: una carrera apasionada hacia la caída&#8230;<br />
El cuerpo es irreversible, me dice la aguja  del tatuador, me dice la aventura del mundo, me dicen tus palabras mágicas,  Alberto, esas palabras que tuve la fortuna de descubrir en mi librería parisina  preferida, <em>L’Ecume des pages</em>, hace algunos años. El cuerpo es  irreversible, y esto lo vuelve aún más preciado. Se trata de una irreversibilidad  bio-geológica fatal, donde todos los estratos (los estratos de la edad, los estratos  de la experiencia, los estratos de las pruebas, los estratos de los placeres,  etc.) coexisten uno sobre otro, dando testimonio de la historia de esta carne,  de estos huesos, de esta sangre, de este esperma, de estos nervios, de esta  saliva, de estos músculos&#8230; Es como la Tierra: más de cuatro mil quinientos millones de años  vividos, de los cuales no puede esconder ningún secreto a los hombres de  ciencia pacientes y curiosos que la estudian. Cada capa revela un recuerdo,  cada sedimento divulga una era, cada grano de arena denuncia un incidente.<br />
Cuántas veces he deseado, a lo largo de mi  vida amorosa, poseer las técnicas de radiometría y de investigación que dominan  los geólogos, para poder leer los “anales” de un cuerpo que amo y deseo. Por  cierto, ésta es la razón por la que prefiero el erotismo vertical, envolvente, oscuro,  al erotismo horizontal, alegre, esparcido.<br />
La Tierra, así como nuestro  cuerpo, es incapaz de mentir cuando la sondeamos en profundidad. Nada tiene el  poder de metamorfosearla, o de invertir su curso, o de esconder sus rastros&#8230;<br />
Nada, salvo, quizás, un verdadero terremoto.<br />
Y yo, en este momento de mi vida, te lo  confieso, estoy esperando un verdadero terremoto, como se espera un hijo. Estoy  gestando un sismo de nueve grados en la escala de Richter.<br />
Acecho la sacudida, la solicito, la invoco:  una vibración cósmica. Mi cuerpo la necesita. Mi cuerpo, esta <em>matriochka </em>interminable  e injustamente inexplorada, este explosivo que me aterra por sus “tic-tac”  persistentes, esta historia de amor hechizante y siempre renovada, mi cuerpo  debe abandonar su cascarón actual y emerger distinto: más resistente, más “dispuesto”,  menos vulnerable. Ha llegado el momento de mutar. Lo siento. Si no, no podré  durar mucho tiempo&#8230; pero ésta es otra historia.<br />
Tu cuerpo se quiere “oído”, me cuentas,  querido cómplice. El mío se quiere “tacto”. Lengua, labios, dedos, uñas, piel&#8230;  todo lo que genera un frotamiento, todo lo que produce una chispa es sinónimo  de saber para mí. Por eso pensaba en la androginia, esta mañana. La androginia como  sistema generador y autosuficiente en frotamientos. El macho y la hembra, el  ying y el yang coexistiendo, se friccionan incesantemente en un circuito  cerrado, y generan la electricidad de la existencia.<br />
Pensaba también en esta androginia, porque la  noche anterior tuve el mismo sueño recurrente que de cuando en cuando me  visita. Un sueño en el cual despierto en el alba en mi cama, y al tocarme de  inmediato, como hago siempre que despierto, siento un pequeño pene, como un  brote, creciendo entre mis muslos, justo en medio de mi sexo de mujer. Entonces  empiezo a regarlo, a acariciarlo, a amasarlo, a cantarle canciones, y crece día  tras día, hasta volverse enorme. No anula mi sexo sino que lo completa. Un  sueño muy extraño y muy poderoso, que inspiró uno de mis cuentos, y que acabó  en un acto de amor interminable entre yo y yo, una interpenetración infinita&#8230;<br />
Este sueño es más que nada extraño, y me perturba  particularmente, pues soy una mujer con un cuerpo muy de mujer. Una mujer de  pies a cabeza, como se dice. Pero, más allá de ese cuerpo de mujer y de sus  reflejos, más allá de mis dos senos, de mi clítoris, de mis lunares, de mis  nalgas redondas, de mi vagina fecunda, de mis cabellos largos, de mi piel  sensible; más allá de este cuerpo-receptáculo, como es casi todo cuerpo  femenino –y me atrevo aquí a pronunciar la palabra “destino”, bajo riesgo de generalizar–,  más allá de todos mis  instintos asimiladores  y clasificadores, siento también una identidad masculina muy fuerte en mí: dispongo  igualmente de un cuerpo-vaciador, de un cuerpo-flecha, como es el cuerpo macho.<br />
El hecho de que esta “virilidad” del carácter  sea invisible físicamente, no la hace menos presente, ni menos palpable. Ni  menos auténtica sobre todo. A menudo, por ejemplo, utilizo la palabra  “erección” para designar excitación. Y la utilizo porque es así como la siento,  aun si no se trata de una erección detectable orgánicamente.<br />
Sin embargo, no tengo ninguna duda acerca de  mi identidad sexual, ninguna homosexualidad negada, ninguna transexualidad reprimida.  Y lo afirmo basándome en experimentos efectuados en ese campo.<br />
Así que soy andrógina. Mi parte femenina se expresa  plenamente a través de mi cuerpo material y de sus pertenencias reales,  mientras que mi parte masculina constituye la materia de una exploración más  subterránea, más tenebrosa: la de un cuerpo para imaginar. “Para mí, el cuerpo  se compone de un pequeño porcentaje de materia, y de un gran porcentaje de imaginación”,  dices tú, Alberto, en uno de tus textos sublimes. Y bien, pues, yo soy  andrógina. No materialmente. Sino “imaginariamente”. Y por lo tanto  “existencialmente”. ¿Es más, cuál es la diferencia? Yo no comprendo a esa gente  que separa “cuerpo y alma”, “carne y espíritu”, que necesitan todas esas  categorizaciones, todas esas dualidades bien definidas, para sentirse  tranquilizados, al abrigo de lo desconocido, de lo inesperado. Yo quiero que lo  desconocido me haga una paja sin que yo lo sepa.<br />
Yo quiero esta pulsión ambigua, sorprendente, violenta;  la quiero sin cesar, sin descanso. Pues lo desconocido es sinónimo de Vida. Si  no, ¡qué aburrimiento!, ¿verdad?</p>
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<p>ARS: Con la punta del dedo anular, ningún  otro, recorro lenta y suavemente la letra de tinta que has mandado poner en tu  piel. El dedo de los vínculos, el que siente más, no sé por qué, en mi mano  derecha.<br />
La descripción precisa del ritual de tu nuevo tatuaje  anuló la distancia: escribes tu cuerpo escrito a su vez por la aguja de tinta y  al hacerlo me acercas a él. Lo ofreces sin remedio a mis sentidos. Que se  excitan mientras se mezclan.<br />
En tus palabras pasé instantáneamente a ver tu  cuerpo y dejarme guiar por ellas. Muevo aún la mano por donde parece que me  indicas. Por donde se construye en mi cuerpo la ilusión de que me indicas. Y al  tocarte escucho el ritmo de tu sangre y atrás de ella identifico tu voz: el  sonido dual de lo escrito piel afuera y piel adentro.<br />
Te oigo manifestando, con la respiración  alterada, el placer y el dolor del tatuaje. Te escucho también pronunciar  claramente la letra que la aguja hunde y pinta. Tocar es escuchar. Haces de la  letra tatuada una nota musical al aire.<br />
Te escucho con las manos que son mis ojos.<br />
Que miran nítidamente lo que imaginan. Mis sentidos  hierven al confluir en esa letra que has vuelto clave mágica de tu mundo: la  letra árabe <em>jim:</em> Con la que comienza tu nombre, <em>J</em>oumana. Con la  que comienza también el nombre de la revista que creaste y que editas, <em>Jasad</em>.  Palabra que significa precisamente <em>Cuerpo</em>.<br />
Tres realidades en una, grabadas  irrevocablemente en ti desde antes. Como si al elegir esa letra hicieras brotar  lo que ya llevabas dentro.<br />
¿Pero no hace eso todo tatuaje? Un cuerpo  tatuado es, algunas veces, un ser que florece. Y que hace florecer algo en  quien con complicidad sensorial lo mira.<br />
Tal vez no sea por azar que normalmente (en la  caligrafía Naskh) esta letra se dibuja con tres movimientos. El copete o cabeza  estable, la curva que baja adelgazándose y la misma que se sostiene  engrosándose y terminando en punta.<br />
Tres pases mágicos sobre tu piel que a) te invocan,  b) invocan tu oficio de escritora y c) tu saber corporal. Lo que eres, lo que  haces, lo que sabes. O debería mejor decir, lo que vas siendo, lo que vas  haciendo, lo que vas explorando y sabiendo: todo distinto y todo lo mismo.<br />
Todo unificado en un signo polifónico. Una llave  de tu cuerpo.<br />
Con esa letra de curva implacable aceleras el  vértigo de la aventura del cuerpo. Haces irreversiblemente evidentes algunos de  los estigmas radicales que llevas dentro. Pero también, al hacerlos visibles,  la complicidad codificada a la que invitas. Que cada quien leerá, experimentará,  desde las claves y estigmas, leves o profundos, de su propio cuerpo. Así, huelo  mientras reescribo tu letra saboreándola en ti. Y tiene inevitablemente la sal  del aire de mar de Cartagena. ¿Son estas sensaciones también irreversibles, como  tu tatuaje, como la vida del cuerpo? ¿El tiempo se mide en el cuerpo por sus  daños permanentes? En 1974, la cineasta experimental canadiense Lisa Steele, se  hizo célebre con una película llamada <em>Traje de cumpleaños con cicatrices</em> <em>y defectos</em>, en la que ponía una cámara en el suelo, y se colocaba  desnuda frente a ella mostrando cada una de las muchas cicatrices que ya tenía  su cuerpo a la edad de veintisiete años: su biografía escrita en los remiendos  de la piel. Cuando la conocí, unos cinco años después, tenía una decena de  cicatrices más y hablaba con mayor detenimiento aún de las cicatrices  invisibles de su vida. En otra película contaba, desnuda frente a la cámara, el  día en que al regresar de la escuela se enteró que había muerto su madre,  cuando ella tenía quince años. Lisa mostraba conciencia de que, como tú lo has señalado,  todo marca al cuerpo<br />
y leer esos signos es un reto similar al del geólogo  que sabe leer las capas de formación de la tierra. Los estratos de la vida  pensados como estragos.<br />
En el mismo festival había otra mujer  brillante que llevaba una conferencia y un <em>performance</em> sobre el sexo  virtual como obra de arte.<br />
Y como el tema de las cicatrices del amor nos había  impregnado a todos, ella nos mostró las suyas una tarde en la que todos los  participantes en aquel coloquio terminamos en una piscina desnudos. La cicatriz  del amor que nos mostró era más profunda que cualquier otra: había cambiado de  sexo, según contaba, para adecuarse al deseo que nacía en él, convertido ahora  en ella. Algo de lo que sucedió allá está contado, de otra manera, en un  capítulo de mi novela <em>La mano del fuego </em>donde el amante descubre la suma  de reflejos y equívocos que le dan cuerpo, el enigma que siempre renace y es parte  de la aventura del cuerpo.<br />
Por otra parte, toda la novela explora las  posibilidades del tacto como el sentido de los sentidos en el cuerpo amoroso.  El único que no tiene un órgano exclusivo sino toda la piel y todo el cuerpo.  Del tacto surgen todas las sinestesias posibles. Hasta la certeza extraña de  mirar por dentro de la mujer amada con el ojo múltiple de la sensibilidad  exacerbada del pene. De nuevo, mirar con las manos, escuchar con los ojos, oler  con los oídos, etcétera.<br />
Tu afirmación brillante y bella: “La vida es  un estigma corporal ininterrumpido e irrevocable”, me hace inquietarme menos  por la dimensión trágica de nuestro destino de abismo y entropía y ocuparme  algo más de la dimensión estética y simbólica de la vida como estigma corporal en  movimiento. Me hace pensar en cada cuerpo como un tatuaje que crece, que  multiplica sus significados al mezclarse con otros tatuajes vivos. Pensar en la  vida como una coreografía caligráfica que en sus mejores momentos se vuelve  composición perfecta. Fugaz pero plena.<br />
Y es parte de su esencia no durar, llamar  irrevocablemente al movimiento que sigue, a la nueva composición que dará  sentido a la vida, nuevas lecturas a nuestra caligrafía compartida.<br />
Para descomponerse un segundo más tarde y  reiniciar, tal vez, otra coreografía de estigmas.<br />
Sobre la implacable línea de vida que va de aquí  y ahora hasta el inevitable abismo de nuestro horizonte temporal, el cuerpo es  simultáneamente prueba y ámbito de lo posible. El cuerpo y sus posibilidades  sensoriales hacen que exista el tiempo dentro del tiempo, por ejemplo. Y si  bien es imposible que el cuerpo comience a vivir de nuevo, las metamorfosis son  posibles, como bien lo anhelas. ¿Estás segura de que sólo un temblor mayúsculo  lograría lo que tu ahora deseas? Tú lo debes saber mejor que nadie, entre otras  cosas porque tal vez has experimentado otras mutaciones altamente sísmicas en los  estratos de tu cuerpo. Tu anhelo de volcán me conmueve, mi querida cómplice  corporal.<br />
Y extrañamente, cuando leí tu libro <em>El  retorno de Lilith</em>, la imagen obsesiva que venía a mimente era la  del volcán, la del magma de significadosconvulsivos, la del fuego que  todo lotransforma. Y pensaba que leerlo era un sismo,que no  conozco nada así, tan a fondo y tan aflor de piel al mismo tiempo. Me  daba cuentade que ninguna de las descripciones posibles deLilith  la agotan mínimamente, que ningunafrase puede sintetizarla, que es  movimientocandente que no se deja fijar, que siempre quemay  transforma. Te he visto leer fragmentosde ese poema volcán en tu  lengua, con una paradójicadulzura, en una gama de aparente  contradicciónque nunca los traductores alcanzancompletamente a  hacer suya.<br />
También al final de Lilith está el tema de la androginia  esencial y paradójica que sacas a flote sin las ambigüedades frecuentes. Te  sientes hombre y mujer simultáneamente con la certeza adicional de que no hay  homosexualidad o transexualidad implícitas. Feminidad visible y virilidad  invisible pero no menos presente en el cuerpo, en lo que el cuerpo siente. La  androginia como una de las dimensiones de la vida, en algunas personas más que  en otras.<br />
Me identifico completamente en tus palabras desde  el otro lado del delirio andrógino. Con mucha frecuencia mis lectoras comentan,  evocan, cuestionan mi parte femenina. Visible netamente en mis libros. Hay  quien ha dudado seriamente de mi autoría. O quien siente la necesidad de atribuirme  formas de sexualidad que no siento ni ejerzo. Mi androginia imaginaria es  plenamente masculina en lo visible del cuerpo y en sus deseos como la tuya; sin  duda, es también corporalmente femenina. Y más allá de cada cuerpo, pero  también más acá, la otredad que también nos da, sino forma, sí identidad.<br />
Regresando a tu tatuaje, que veo sin ver y aún  así toco, recuerdo una forma de escribir esa misma letra <em>jim </em>con una  leve modificación que convierte al copete en una especie de cabeza de pene:<br />
Y el signo que era una curva de ecos netamente  femeninos tiene una doble dimensión: una erección y un pecho con pezón. Es  interesante que en la tradición marroquí, bereber, los tatuajes llevan nombre  según la parte del cuerpo donde se hacen, además de la figura o abstracción que  dibujan. Todo es significativo. Y al tatuaje en la espalda derecha se le llama  “nadador”.<br />
El mismo término que en otra tradición, según  el autor de <em>El jardín perfumado</em>, es uno de los nombres más afortunados  del pene.<br />
Una dimensión más en la clave y en el enigma que  has puesto sobre tu piel y, en mí, piel adentro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>JH: Son las doce y media de la noche.<br />
Acabo de volver a casa. Tengo hambre.<br />
Tengo hambre. Son las doce y media. Estoy<br />
de pie frente al espejo de mi cuarto.<br />
Levanto mi falda y cubro mi melena con la<br />
mirada. Contemplo mi sexo, que sueña con un<br />
pene bien enraizado en ese jardín ardiente que<br />
lo llama, y me digo: “La próxima vez, en  cuanto<br />
entre un hombre, ya no dejaré que salga. Se  quedará<br />
aquí por el resto de su vida, nueva columna<br />
erigida en mi templo eterno, primer refugiado<br />
sexual de la Historia, cocido a fuego  lento y sin<br />
cesar saboreado, envuelto tiernamente por la<br />
arcilla de mis deseos”.<br />
Estoy de pie frente al espejo. Tengo hambre.<br />
Me deseo.<br />
Furtivamente pero con prisa, una mano sale<br />
de lo onírico y se desliza sobre mí. No es la  mía.<br />
Es, una por una, la mano de todos los hombres<br />
que me persiguen en este momento en todas<br />
partes del mundo. De cada uno, o de todos a la<br />
vez. El perfecto singular plural.<br />
Tengo hambre. Me deseo. La cama me está<br />
llamado.<br />
“Paciencia, paciencia”, le digo bajando la  voz.<br />
“Tengamos aún más hambre”.<br />
Me desvisto lentamente, lentamente, y me<br />
deslizo bajo el cobertor. Aunque estoy sola,<br />
tiendo a cubrirme para crear una suerte de  escondite<br />
y así atizar el secreto del acto. La tentación<br />
no florece sino en la clandestinidad, el<br />
placer no se celebra si no es en la piratería.<br />
Lo prohibido, ese clítoris de la cabeza…<br />
Me gusta el contacto de la tela suave y fresca<br />
sobre mi espalda, sobre mis nalgas, sobre<br />
mis piernas. Me estiro con voluptuosidad, me<br />
escucho incluso maullar.<br />
Me estremezco un poco pues hace frío. Me<br />
estremezco también por lo que quiero. La  corona<br />
de los senos se yergue, grita, reclama una<br />
boca, una lengua, dientes. Hay apetitos  déspotas<br />
que una mujer sola no puede saciar.<br />
(Por fortuna.)<br />
No me acaricio. Aún no. Me encanta  exasperarme.<br />
Me doy la vuelta y me acuesto bocabajo, mis<br />
senos aprovechan, se frotan contra las  sábanas.<br />
Mis labios también. Todos mis labios.<br />
Mis uñas desgarran el colchón como una espalda<br />
soñada. Cada rasguño es un grito de deseo<br />
y de deleite: la leona marca su territorio.<br />
Me detengo primero en mis pechos, pellizco,<br />
acaricio, pellizco, acaricio, luego bajo hacia<br />
el valle del vientre.<br />
Mi vientre: campo de trigo donde destella el<br />
pan del deseo.<br />
Trae tu <em>faux, moissonneur</em>!<br />
Toma, oprime, huele, acaricia, enrolla,  desenrolla.<br />
Más fuerte. Más rápido. Más lejos.<br />
Aún más lejos&#8230;<br />
Mi mano roza por fin mi sexo, lo entreabre,<br />
le hace cosquillas, insiste, luego huye. Unas<br />
veces ara, otras sugiere. Sabe que me gustan<br />
las bromas. Firme, fuerte, audaz, insaciable<br />
pero tierna: es una mano que comprende. Una<br />
mano, sobre todo, que no duda: que toma. Mi<br />
imaginación golosa se enciende, delira, se  rompe.<br />
Se aventura ahí donde muchas cosas no<br />
dichas y no hechas esperan su momento. Mis<br />
dedos se agotan, van más lento, se hunden,  vagabundean.<br />
Rodean, fintan, revolotean y luego<br />
regresan. Separo las piernas para recibirme<br />
y las vuelvo a cerrar con violencia.<br />
Mis muslos: portales del purgatorio de los<br />
perezosos, barrotes de la prisión que libera.<br />
Y luego, de repente, de un golpe, me penetro.<br />
Me fundo.<br />
En el cuarto falta el aire. Lo aspiro por  completo.<br />
Saco mi dedo lentamente, lo huelo, lo lamo.<br />
Unto mis labios como si fueran un sexo, luego<br />
la cabeza. Me embriago con mi sabor. Jugo del<br />
racimo original.<br />
Una vez más.<br />
Y otra.<br />
Hondo. Más hondo. Hasta desenraizar el placer,<br />
arrancarlo de mi tierra y plantarlo en mi<br />
garganta, en mi cuello, en mis gritos, en mis<br />
orejas, en mi aliento, en mi piel.<br />
Jadeo. Gimo. Me arqueo. Gozo.<br />
Existo.<br />
Es casi la una de la mañana. Necesito dormir.<br />
Ya no tengo hambre.<br />
Por el momento. Sólo por el momento.<br />
¿la última cena? Aún no, querido Alberto.<br />
Pues cada final de banquete no es sino el  inicio<br />
del siguiente.<br />
Y la aventura del cuerpo –por debajo del<br />
agua– continúa.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Jordi Virallonga</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Aug 2010 20:17:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
		<category><![CDATA[Notas destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[gaceta41]]></category>

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		<description><![CDATA[El 31 de agosto, a las 19 hs., se presenta en México, en la Casa del poeta Ramón López Velarde, su antología “Por si no puedes”. Un adelanto del poeta catalán. &#160; &#160; Jordi Virallonga (Barcelona, 1955) es catedrático de &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2010/08/jordi-virallonga/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/azor-virallonga-med.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/azor-virallonga-med-65x100.jpg" alt="" title="azor-virallonga-med" width="65" height="100" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1791" /></a>El 31 de agosto, a las 19 hs., se presenta en México, en la Casa del poeta Ramón López Velarde, su antología “Por si no puedes”. Un adelanto del poeta catalán.<br />
<span id="more-1814"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/azor-virallonga-med.jpg" alt="" title="azor-virallonga-med" width="348" height="532" class="alignright size-full wp-image-1791" /><strong>Jordi Virallonga</strong> (Barcelona, 1955) es catedrático de Literatura Española de la  Universidad de Barcelona y Presidente del Aula de Poesía de Barcelona desde su  fundación, en el año 1989. Su obra poética comprende: <em>Saberte</em> (Laertes,  1981), <em>Perímetro de un día</em> (Laertes, 1986), <em>El perfil de los  pacíficos</em> (Libertarias/Prodhufi, 1992), <em>Crónicas de usura</em> (Kutxa,  1996 y Plaza&amp;Janés, 1999 &#8211; Premio Ciudad de Irún, 1996), <em>Los poemas de  Turín</em> (Lumen, 2001), la antología <em>Llevarte el día a casa</em> (Ayto, de Málaga, 2000, con prólogo de  José Hierro), y <em>Todo parece indicar</em> (Hiperión, 2003 &#8211; Premio Valencia,  Alfonso el Magnánimo, 2003). En traducción al  italiano ha publicado <em>Il profilo dei pacifici/Le poesie di Torino</em> (Edizioni dell’Orso, Torino, 1992 –Trad. de Franca Manzini) y <em>Cronache  d’Usura</em> (Campanotto Editore, Pacían di Prato (UD), 1999 –Trad, di Gaetano  Longo). Algunos de sus poemas fueron también vertidos al francés, inglés,  portugués, rumano, macedonio y danés.<br />
Ha traducido al castellano a los poetas  portugueses Herberto Helder, Luis Quintais, José Jorge Letria y Luiza Neto  Jorge; a los italianos Eugenio Montale y Gaetano Longo; y a los catalanes J.  Verdaguer y&nbsp; Salvat Papasseit, entre muchos otros.&nbsp;&nbsp;Su antología <em>Sol de sal</em> (Barcelona, DVD ediciones, 2003) reúne a 20 poetas catalanes  del último cuarto del siglo XX, traducidos al castellano, en edición bilingüe.<br />
Entre sus libros de ensayo cabe  destacar: <em>José Agustín Goytisolo, vida y obra</em> (Libertarias, Madrid,  1992) y la edición crítica de <em>El Ángel verde</em> de José Agustín Goytisolo  (Libertarias, Madrid,  1993).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;  Colabora en diversas revistas especializadas y en los periódicos españoles <em>El  país </em>(Madrid),y<em> La Vanguardia y Avui</em> (Barcelona).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Jordi  Virallonga</strong></p>
<p><u>HIGIENE</u></p>
<p>Puedo abrir los ojos<br />
y crear el universo,<br />
o cerrarlos, <br />
y plantado ante el espejo  escupir sangre<br />
sólo cada tres o cuatro meses,<br />
no pasa cada día,<br />
y advertir que aunque caiga  pronto<br />
vosotros  –y vosotras, perdón,  se me olvidaba- <br />
correréis la misma suerte,<br />
eso es, no sé si me explico,<br />
y que no os bastará saber para  estar vivos,<br />
peor aún, ni la fe para ganar  el cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><u>EL MIEDO PEQUEÑO</u></p>
<p>Tienes miedo de amar,<br />
de pedir visita al urólogo,<br />
de llorar al final de la serie, de que  pierda<br />
tu equipo de fútbol, de reír si nadie ríe,<br />
de estar gordo, de tener un pecho pequeño <br />
o muy grande, <br />
de que no te inviten a las fiestas.</p>
<p>Tienes miedo de aburrirte, de saber, de  pensar,<br />
de fumar, de beber, de leer o no leer, de  ir en moto,<br />
de salir, de dormir mucho o dormir poco,<br />
de vivir sin ganar un reino más alto.</p>
<p>No has visto nunca a los pobres <br />
que coleccionan catálogos turísticos<br />
y hablan de su señora que respira <br />
pensando me gusta Barcelona, <br />
llegar a casa, que me proteja la ley<br />
y prevenga a mi marido.</p>
<p>Vives de una forma vaga mas respetas <br />
este oficio de ser civilizada y no  preguntas<br />
por cosas de poetas y hechiceros.<br />
Ya no quieres saber más, ahora eliges <br />
a un tal Freud o a Dios, según convenga,<br />
pero aún así te encuentras mal y no te  basta <br />
solamente con las copas y las cremas.</p>
<p>Tienes un miedo natural, tú dices como  todos,<br />
pero tu estirpe no te aleja del hombre <br />
ni de la prostitución marital que permites <br />
con desidia y con respeto.</p>
<p>No me dice nada tu miedo tan  pequeño,<br />
eres poco, ni sabes que eres  casi,<br />
una insuficiencia,<br />
un perro que se lame el sexo <br />
pero le importa la vergüenza.</p>
<p>El mundo que has visto<br />
no es el que pintó Egon Schielle <br />
con la polla en la mano,<br />
eso es una grosería,<br />
pero no que tu cuerpo sea de otro<br />
y tu cabeza la des sin mucho esfuerzo.</p>
<p>Que el porvenir te traiga la nostalgia<br />
y no se dé ninguna prisa,<br />
que el funcionario te ampare<br />
y que Dios exista, te deseo,<br />
porque de no ser así<br />
habrás echado a perder tu vida<br />
y también la de los hijos de tus hijos,<br />
en nombre de toda la pasividad<br />
que ayudaste a esparcir sobre la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><u>LA MUERTE NO ES LA  MUERTE, ES UN MUERTO.</u></p>
<p>Salir de casa para  encontrar<br />
un camino repetido  no es en vano.</p>
<p>No te preocupa ser  quien pasa,<br />
que el agua llegue  al mar, <br />
sino que deje de ser  dulce y de ser río.</p>
<p>Si pensaras como  Rilke la muerte, <br />
qué inusual sería  morir,</p>
<p>pero la muerte no es  la muerte, es un muerto,<br />
y habita en el  recuerdo de algo vivo,<br />
como un ojo en el  salitre de la puerta. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p><u>EL AMOR CUESTA MÁS DE LO QUE VALE</u></p>
<p>El amor cuesta más de lo que vale,<br />
a algunos mucho más y otros se alegran<br />
de que exista ese dolor que desconocen<br />
si con la debilidad salen ganando.</p>
<p>Se llaman miserables y tienen siempre <br />
una casa al final de algún sitio,<br />
llaman borracho a los dejados,  insolventes,<br />
debiluchos depresivos furibundos<br />
para los que encargan libros de autoayuda,<br />
para dejarlo todo en la custodia <br />
de los fuertes, los pacíficos<br />
sensibles a la tuerca y la factura.</p>
<p>Los algunos nada tienen que ver con los  otros,<br />
no tienen domicilio, por eso leen mucho<br />
y escriben improperios que a veces tachan<br />
para que no se note que aman la poesía.</p>
<p>Por fin tienen dos ventajas con que  embisten:<br />
conociendo el odio no odian casi a nadie,<br />
y lo mismo que los perros, duermen poco,<br />
aman más a quien está más triste,<br />
no te abandonan ni aconsejan ni te avisan<br />
y un día se mueren pronto para dar menos  disgusto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><u>MIEDO DEL EJECUTIVO</u></p>
<p>Pasas horas para que  quede menos tiempo,<br />
es la desidia quien  produce este cansancio<br />
que de nada le sirve  a tus amigos,<br />
que no cuenta como  excusa en el trabajo,<br />
al médico de  urgencia, y creces<br />
con el deseo  pidiendo recompensas.<br />
Tanto esperar y cuando  pasa ni te mira.</p>
<p>No siento dolor, es  un resto acibarado<br />
que suplo con un  curtido fogueo de apatía.<br />
Mañana echaré otra  vez los dados<br />
y llegaré a casa con  los bolsillos vueltos.</p>
<p>No puede ser mejor  la riqueza<br />
que este puto  recuerdo y esta puta nostalgia<br />
de nada, de nada, de  nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><u>AYUDANDO A CONSTRUIR  EL NUEVO MUNDO</u></p>
<p>No tiene ningún  interés la costumbre,<br />
es paciente, hay que  masticarla siendo cordial:<br />
perdone, gracias,  bajo a la siguiente, <br />
lo mismo diez veces  cada día, <br />
aunque no sientas lo  que dices,<br />
ni lo escuches, <br />
como cuando corres  los visillos <br />
y oyes al subir las  persianas <br />
que en las tiendas  habrá ropa,<br />
platea en los  teatros, noticias<br />
con pelícanos y  muertos, <br />
que te importan más bien poco.</p>
<p>No te asustes más,  contra ti no tiene<br />
ninguna estrategia  el olvido,<br />
sólo estás ayudando  a construir el nuevo mundo.</p>
<p>Tienes el corazón en  la cabeza,<br />
por eso no tienes  corazón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><u>REQUIEM</u></p>
<p>Reconócelo, eres  oblicuo,<br />
has de decir pero no  eliges<br />
distancias exactas,</p>
<p>pierdes aunque  tengas razón,<br />
porque la verdad no  existe ni se mide en línea recta,<br />
pero pierdes,<br />
eres como un  castillo en ruinas,<br />
la arena de una  guerra en que has caído<br />
y alguien pensará<br />
que todos menos tú  conservan en sus fiestas<br />
la cabeza sin  problema,<br />
una pírrica  arrogancia<br />
con un flanco por el  que han entrado<br />
cuando estaba  destruido,<br />
pero no vas a pedir  perdón ni a pasar cuentas<br />
cuando vengan un día  a despedirte.</p>
<p>Les darás la cara  echado,<br />
hablarán de ti  aunque no quieran<br />
y perdurarás cuando  den tus cenizas al olivo,<br />
porque quienes  vivimos con pasión<br />
ya alteramos el  tiempo para siempre. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p><u>TERMINAR LAS COSAS</u></p>
<p>Todo hombre ha soñado en  terminar las cosas,<br />
pero sólo pone los infinitivos,  los plurales,<br />
deja inacabado el crucigrama,<br />
las gafas encima de la mesa,<br />
y se pone a descansar.</p>
<p>Ya no admira el dolor,<br />
lo que hizo pudo hacerlo  cualquiera,<br />
fue como jugar a cartas, beber  gratis<br />
o pagar una ronda de cervezas.</p>
<p>Ahora ya no escoge, <br />
prefiere sólo a este hombre en  paz,<br />
declina el honor del vencido<br />
y renuncia a la nostalgia,<br />
porque es tarde para reconciliar<br />
quien pudo ser con otras vidas.</p>
<p>Es mejor callar, tampoco lo  elige,<br />
como no elige observar el  expolio,<br />
se conforma con estas dos  ventanas,<br />
la paz que da saber que de todo  lo que pase<br />
ya tan sólo lo demás tiene  importancia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/azor-virallonga-presentacion.jpg" alt="" title="azor-virallonga-presentacion" width="450" height="734" class="aligncenter size-full wp-image-1792" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LAS  SOLEDADES DE JORDI VIRALLONGA</strong><br />
Julio  José Ordovás</p>
<p>Son  muchos los ingenuos que todavía creen que para escribir poesía es preciso  abismarse en los agujeros del alma, dinamitar la sintaxis y, para mayor inri,  llevar una vida lo más calamitosa posible, jalonada de excesos y aderezada con  toda suerte de descalabros. Incomprensiblemente, el mito del <em>poète maudit</em> no sólo sobrevive sino que  además goza de una estupenda salud, lo cual, bien mirado, tampoco es de  extrañar, habida cuenta de que esa inmensa minoría de lectores que aún parecen  sentir un cierto interés por las metáforas no buscan entre verso y verso sino  un corazón hecho jirones, o un ovillo de vísceras o, al menos, un rostro  desencajado.<br />
 Tengo para mí que todo poema viene a ser, en  definitiva, un fragmento del espejo del alma de quien lo ha escrito. Este muy  discutible aserto uno conjeturaría que es particularmente cierto en el caso de  Jordi Virallonga. Y es que a Jordi Virallonga se le adivina el flequillo  rebelde o siquiera revoltoso del eterno adolescente, la mirada azul y miope del  hombre que no ha conseguido desembarazarse de la sombra del niño que fue y  continúa sacándoles brillo a escondidas, una noche y otra noche, a los  revólveres de juguete que unos tíos suyos lejanos le regalalron el día de su  Primera Comunión.<br />
Lo  primero que llama la atención de la poesía de Jordi VIrallonga es su pomposo  desenfado, la aparatosa solemnidad de que se sirve confrecuencia para tratar  los asuntos   -digamos- cotidianos, su  calculada mezcla de vehemencia y frivolidad, como si quisiera hacernos creer  que no se toma en serio el juego de hacer versos, y es más, como si pretendiera  convencernos de que ni siquiera se toma en serio a sí mismo, cosa insólita,  dicho sea de paso, entre los de su oficio. Y de ahí, claro, ese gusto suyo por  los títulos desconcertantes, cargados de ironía y a la vez transidos de  amargura o tocados por la melancolía.<br />
La  ironía es siempre una arma peligrosa para el poeta, pues puede estallarle en  las manos, igual que una pistola con el cañón cegado. Jordi Virallonga, curiosamente,  la emplea en defensa propia, para encubrir o disimular en la medida de lo  posible el intimismo, presente en todos y cada uno de los poemas, pero muy  especialmente de maera inevitable, en los de amor. No quiero con esto decir que  Jordi Virallonga sea un poeta amoroso. Sin embargo, sí es verdad que ha escrito  un buen puñado de poemas de amoe memorables, como los que componen “La ciudad  que fuimos”, la primera de las tres series que conformas <em>Crónicas de usura. </em></p>
<p>En  lo que a tan delicada cuestión poética respecta, me temo que no hay nada tan  difícil como escribir poemas de amor sin caer en la cursilería o incurrir en el  efectismo vacuo. Si Jordi Virallonga o consigue es porque ha aprendido y  asimilado a las mil maravillas las lecciones de Neruda, de Salinas y <em>last but not least</em>, de Pavese, a mi ver  el poeta con quien , a todos los efectos, tiene contraída una deuda mayor.</p>
<p>Los  poemas de Jordi Virallonga están hechos de nostalgias, de rutina, de miradas  entorno, de desengaños, de poemas escritos por otros –Gil de Biedma y José  Hierro, por ejemplo, son homenajeados implícita e incluso explícitamente- de  sueños incumplidos y afanes vanos, de acíbar, de ternura –palabra que, por  cierto, Virallonga no tiene empacho en utilizar reiteradamente, para desespero,  supongo, de los que no pueden ver un corazón desnudo de cintura para arriba- y  de alguna que otra tarde de domingo. Poniendo buen cuidado en no practicar ni  por descuido ese exhibicionismo gratuito que para algunos es la sal de la  poesía, Virallonga recorre las páginas del álbum de su vida para rescatar o más  bien preservar del olvido esas “fotos ávidas de voces” de que hablara Robert  Lowell. Y sin embargo, qué extraño, uno juraría que escribe siempre en presente  de indicativo, como si cada poema fuera una entrada de diario.</p>
<p>Complicada  tarea la de intentar explicarse uno a sí mismo, arrojando el tembloroso haz de  luz de la poesía sobre esos rincones en los que tan sólo afloran manchas de  humedad y teje su siniestra tela esa araña llamada olvido que se alimenta no de  nuestros despojos, como cabría esperar, sino del suministro de felicidad que  atesoramos en previsión de otros días aún peores, los días oscuros que  comienzan en cuanto pasa el verano e irrumpe la lluvia, esa lluvia tenaz y  sórdida que se mete en los zapatos y, como diría el propio Jordi Virallonga  parodiando a Gil de Biedma, hace que uno se sienta “calado hasta los huevos”.</p>
<p>Porque  otra de las características definitorias de la poesía de Jordi Virallonga es su  alto voltaje humorístico. Podría pensarse que el humor lo utiliza como eficaz  cosmético, por ver de maquillar la notable dosis de tristeza que impregna sus  versos. Pero no. Al contrario. Virallonga no es un fingidor, no quiere serlo,  no juega a serlo. Su causticidad es innata, no impostada. Por eso brota, o  mejor dicho, estalla imprevisiblemente, para sorpresa del lector, quien no en  vano llega a tener, en determinados momentos, la angustia sensación de haberse  adentrado, sin siquiera sospecharlo, en un campo sembrado de minas.</p>
<p>Sorprendentes  son, asimismo, la facilidad y la felicidad con las que Virallonga cambia de  registro sin necesidad de alterar el tono, siempre entre doliente y zumbón.  Porque Virallonga tiene también ínfulas de moralista, con un cierto aire  francés, a lo Léautaud, y no desaprovecha la ocasión de fustigar nuestros  vicios y costumbres, bien mediante retratos demoledores, o bien a base de  pullas envenenadas, dirigidas contra los que se encargan de enrarecer el clima  de esta sociedad nuestra. No es casual, además, que este moralismo cargado de  sarcasmos le recuerde a uno a los más conspicuos practicantes de aquella  corriente –tan denostada hoy como a mi juicio necesaria en aquel tiempo y en  aquel país- que se dio en llamar poesía social o, como lo denomina con  desaforada altisonancia Antonio Martínez Sarrión, poesía de resistencia  antifascista.</p>
<p>Arrebatado  y mordaz, desgarrado y tierno, muy moderno y muy antiguo, Virallonga es uno de  esos poetas que, aunque se desdoblen en varios personajes, son siempre ellos  mismos, entre otras cosas porque son dueños de una mirada, de una voz y de un  mundo propios e inconfundibles. Con estos tres ases en la manga, apuesto a que  Virallonga conseguirá ganarle sin problemas la partida a ese juez insobornable  que es el tiempo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>Nadia Escalante (Mérida, México, 1982)</title>
		<link>http://www.laotrarevista.com/2010/08/nadia-escalante-merida-mexico/</link>
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		<pubDate>Thu, 12 Aug 2010 20:11:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
		<category><![CDATA[gaceta41]]></category>

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		<description><![CDATA[Pablo Molinet presenta a esta joven poeta yucateca persuadido de su escritura hecha con oficio, instinto y malicia. &#160; &#160; Nadia Escalante &#160; Poetas a tiro Nadia Escalante-Andrade Pablo Molinet Más allá de los primores de la ejecución o de &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2010/08/nadia-escalante-merida-mexico/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/nadia-escalante.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/nadia-escalante-100x79.jpg" alt="nadia-escalante" title="nadia-escalante" width="100" height="79" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1799" /></a>Pablo Molinet presenta a esta joven poeta yucateca persuadido de su escritura hecha con oficio, instinto y malicia.<br />
<span id="more-1813"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Nadia Escalante</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Poetas a tiro</strong><br />
<strong>Nadia Escalante-Andrade</strong></p>
<p><strong>Pablo Molinet</strong><br />
Más allá de los primores de la ejecución o de  las acrobacias de la moda, más allá del <em>punch </em>o la inventiva, un indicio confiable de poesía en un texto actual es una  indefinible –inconfundible, infalsificable– impresión de tanteo. No quiero  decir vacilación, tampoco torpeza y menos aún criptografía, sino la sospecha de  que –adivine o no el núcleo de su texto– el autor se desplaza con ojos  vendados.</p>
<p>Esa sospecha se encuentra lo mismo en textos  de Gonzalo Rojas que de Alejandra Pizarnik, de Francisco Hernández que de Óscar  Hahn. Me gusta pensar que voces tan distantes entre sí caben bajo un par de  líneas célebres de Hahn: “En el jardín había unas magnolias curiosísimas, oye, /  unas rosas re-raras, oh.” </p>
<div id="attachment_1799" class="wp-caption alignleft" style="width: 360px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/nadia-escalante.jpg" alt="nadia-escalante" title="nadia-escalante" width="350" height="277" class="size-full wp-image-1799" /><p class="wp-caption-text">Nadia Escalante</p></div>No es que Nadia Escalante-Andrade (Mérida,  1982), sea lectora ferviente del <em>Tratado  de sortilegios </em>(1992); para esta nota, más útil que la detección de  influencias es señalar el comienzo de un andar propio en un territorio vigente  y significativo. Para su aún breve y cuasi inédita carrera, las buscas de  Escalante-Andrade son complejas, heterogéneas, signadas por una avidez tan  espiritual como corpórea, tan de los sentidos como de las ideas, tan fascinada  por la abstracción como seducida por lo concreto. <br />
Una vertiente celebrada de su trabajo  privilegia el pensamiento y la eufonía; atildada de ropas y maneras, sigue una  de las tradiciones más veneradas del siglo pasado; hacer preguntas de altos  vuelos mediante una versificación pulcra y temperada. Algunos textos de  Escalante, que pertenecen a un ciclo protagonizado por un Ulises que boga por  los misterios de la identidad y los límites del lenguaje, no admiten un pero  formal ni de concepción (quizá alguien podría demandar endecasílabos <em>obbligati</em>, poco más):  </p>
<p>Diana es  Nadie cuando se yergue en árbol frente a ti,<br />
sus flechas son hojas anudadas a la rama más  enhiesta.<br />
<em>No  amarás a los árboles pues suyo es el eco de la tierra.</em></p>
<p>Diana es el arrojo de las naves y el naufragio  en medio de los peces.<br />
Diana te ofreció las cosas de este mundo<br />
y te dio el reflejo y la ausencia de las  cosas.<br />
Diana te llamó y te trajo con palabras.<br />
Su pureza es infértil como la tierra salada.<br />
<em>No  amarás al mar pues suyo es el eco del aire.</em></p>
<p>Si textos así son infalibles es porque corresponden  a una fórmula, palabra ésta cuya carga despectiva sólo puede atribuirse a un  modo <em>formulaic</em> de leer poesía. Si la primera  definición de la Academia, “Medio práctico propuesto para resolver un asunto  controvertido o ejecutar algo difícil”, ya pone un signo de interrogación sobre  la segunda, “Medio fijo de redactar algo”, la quinta debería zanjar el asunto:  “Ecuación o regla que relaciona objetos matemáticos o cantidades.” <br />
Así pues, digo “fórmula” de modo descriptivo,  pues no hablo de textos convencionales, predecibles o fáciles. El problema,  pues lo hay, es de otra índole: textos así restringen el campo de acción del  autor a la ejecución virtuosa de ciertos atributos –musicalidad, pulcritud,  elegancia–, que constituyen el ya claustrofóbico <em>buen gusto</em> mexicano. El riesgo estriba en no percatarse de lo  equívocas que suenan juntas las palabras “infalible” y “poesía”; de que no se  corresponden y –es más– se repelen. <br />
Escalante comenzó a notarlo hace tiempo. Ya  textos de su indagación griega –ciclo con ambición de libro–, indagaban en  otras aguas, como el lector notará en la presente selección, de la que destaco  “Calipso”. Pesquisas más recientes son también más arriesgadas: </p>
<p>Conducir   hacia tu encuentro es restregarse el insomnio en el estómago,<br />
jugar a los dados sobre la noche<br />
y sentirlos caer de súbito sobre los ojos  abiertos.<br />
Los automóviles pasan<br />
como nubes presagiando la tormenta.</p>
<p>La distancia es provisional.<br />
A 100 km/h<br />
el tiempo se rezaga,<br />
se hincha,<br />
en las señales del camino.<br />
Me instalo en la línea divisoria:<br />
estoy sobre del tiempo<br />
y bajo la distancia.</p>
<p>Entro a tu ciudad<br />
como quien se acerca al mostrador de una  tienda<br />
que estaba a punto de cerrarse.<br />
   <br />
Esperanzado y ominoso a la vez, dirigido a un  tú incógnito, cargado de angustia física, este texto reproduce un nudo interior  tan enigmático para la autora como para el lector.<br />
La duda absoluta es antinatural; luego,  insostenible; luego entonces, artificiosa. No es extraño que en lugar de  persistir en textos como ese, Escalante se haya internado en otros igualmente  arriesgados; unos por su deliberado prosaísmo, otros por su proximidad a la  música pop y su temática amorosa. <br />
Hace un par de años, Escalante asumía un  desdén mallarmeano por lo narrativo –lo prosaico– como profanación humana del  orden angélico de la poesía; desdén que ha depuesto a favor de un abrazo a los  ordinarios objetos de este mundo, como esa “Cómoda” cuya lectura atenta  sugiero. <br />
Sugiero también escuchar con atención estos  textos, percatarse de sus valores auditivos, atender sus pausas. Escalante ha  ido asumiendo una postura que puede ser muy provechosa a futuro: la negación de  lo visual como <em>core value</em>. Le parece  que nuestra sensibilidad y nuestro entendimiento están presos en un vendaval de  imágenes y que la poesía apenas y se percata no solo lo sonoro, sino lo táctil,  por ejemplo, o de lo que sabe o de lo que huele; ese cambio de atención hacia  lo sensorial en sentido amplio puede leerse, en segundo plano, en dos textos  aquí reproducidos: “Lluvia oscura de verano” y “No teníamos agua en la  casa”.    <br />
Los nuevos tanteos de Escalante-Andrade han  sido escuchados con un escepticismo que es –afirmo– el más genuino elogio que  esta poeta merece. El arte puede ser o dejar de ser muchas cosas –objeto de  culto, instancia de iluminación, basura, ornamento–, salvo una, libertad. La  vara más justa para medir a un artista de estos días es qué valor le confiere a  su libertad, cuánto está dispuesto a hacer por ella –por ejemplo,  prescindir del aplauso–.<br />
No creo que estas indagaciones hagan de Escalante  una mejor poeta <em>a priori</em>; creo, sí,  que la hacen más libre. Textos como “Llamaste”, “Llamado” e “Invocación” llevan  a una tensa, enrarecida atmósfera de “pureza infértil como la tierra salada”  que me suena a Wim Mertens; por el contrario, “Lluvia oscura”, “No teníamos  agua” o “La cómoda” conducen a un trópico de las emociones donde se experimenta  “la lenta generosidad del agua”. Antípodas, pues, de la sensibilidad y del  discernimiento; por tanto de la ejecución y de la forma. Es en ese tránsito donde  leo una libertad cuya cuantía crece en los activos de Escalante, sin que otros,  previos –pulcritud, sonoridad–, se deprecien.<br />
Hay textos poéticos que llegan de primera  intención a su lector. Sus lecturas posteriores son asunto de placer, no de  necesidad; los que he asociado al trópico corresponden a la descripción. Hay  textos que, por el contrario, poseen una cerradura que sólo cede a la  persistencia, los textos Mertens encajan en esa otra categoría. <br />
Anoto, por último, que incluso en sus momentos  de mayor intensidad esta poesía es dueña de una suerte de armonía constitutiva,  de serenidad orgánica. Su elegancia es sólo indicio, pues, de una virtud  cardinal; templanza. <br />
Lectores en busca de sacudidas harán bien en  encaminar a Six Flags sus pasos. Lectores, que, por el contrario, sepan dejarse  conducir con mesura y gentileza, sabrán conferir su exacto valor a estos  poemas. </p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Nadia  Escalante Andrade</strong> nació en Mérida, Yucatán en 1982. Ha  sido becaria del programa “Creadores” del Fondo Estatal para la Cultura y las  Artes de Yucatán(febrero-noviembre  2007) y becaria de Poesía en la Fundación para las Letras Mexicanas (2008-2009  y 2009-2010). Su trabajo poético ha sido publicado en diversas revistas y  antologías nacionales.</p>
<p><strong>No teníamos agua  en la casa, y afuera llovía.</strong><br />
Sacamos  las cubetas y las ollas<br />
para  llenarlas con la lluvia.</p>
<p>Sentados  en la acera, esperábamos.<br />
Parecía  que el agua inundaba la calle, pero no los recipientes.<br />
El  aire, en cambio, entraba más fuerte en los pulmones,<br />
y era  más aire que el aire de la casa,<br />
era  como agua que no decidía<br />
a  llenarnos por dentro,<br />
y se  derramaba por los brazos, humedecía la ropa<br />
y  resbalaba hacia los pies como una sombra.</p>
<p>Era  lenta la generosidad del agua.<br />
Veíamos  el fondo de las ollas,<br />
el  acero que parecía poco a poco<br />
llenarse  de sí mismo.<br />
El agua  se volvía sólida y el duro material que la abrazaba<br />
parecía  ondularse al irse colmando.<br />
Respirábamos  el aire con pereza<br />
mientras  sonreíamos, absortos, a los sonidos<br />
que  caían fuera de nuestro silencio.<br />
El agua  acumulada era libre,<br />
una  sola sustancia adentro del metal.<br />
Rebosaba  y tuvimos la satisfacción de ver a un cuerpo<br />
salirse  de sus límites sin dejar de estar lleno al desbordarse.<br />
También  nosotros fuimos recipientes,<br />
llenos  del sonido del agua, respirando<br />
el aire  de la lluvia que no había en nuestra casa.</p>
<p>Nos  miramos rebosar y sonreímos; éramos libres,<br />
una  sola sustancia cada uno,<br />
dos  cuerpos de superficie generosa,<br />
y en el  fondo de nosotros, el agua propia<br />
que  ondulaba el material del recipiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Lluvia oscura de verano</strong></p>
<p>¿Recuerdas  el sonido de las tejas que la lluvia pisoteaba?<br />
Estábamos  juntos. Comíamos sandía sin escucharnos masticar,<br />
el agua  de la fruta manchaba de rojo nuestras manos.<br />
Te dije  que saliéramos al patio<br />
a  enjuagar de nuestras uñas los restos de sandía.<br />
Vibraba  la rudeza de la lluvia por las cornisas y las plantas,<br />
ningún  sonido ajeno quebrantaba su estrépito.</p>
<p>Cualquier  nube se enredaba en tus ojos negros,<br />
y ese  patio en que la lluvia descubría el calor de la tierra<br />
se fue  oscureciendo como tu rostro.<br />
Te  lavaste las manos como un matarife después de su hazaña, <br />
sin  decir nada;<br />
sólo el  agua repetía tu vaivén<br />
y el  rojo desteñido desaparecía lentamente sobre el piso.</p>
<p>Me  limpiaste el rostro con las manos húmedas,<br />
yo  masticaba todavía una semilla negra.<br />
Sentí  el fresco de tus uñas entre el cerco de mis dientes.<br />
Quitaste  la semilla de mi lengua<br />
con la  cautelosa violencia con que se desgrana la fruta.<br />
El roce  de tus manos guiaba mis mejillas, y tus labios, mi aliento,<br />
llevabas  mi tiempo en la boca<br />
como se  pierde el agua dentro del agua.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La  cómoda</strong></p>
<p>La compraron juntos:<br />
una cómoda blanca.<br />
<em>Quedaría  muy bien en nuestro cuarto</em>,<br />
quedó muy bien junto a la puerta;<br />
la llenaron poco a poco,<br />
alegres y automáticos,<br />
de objetos, instantes<br />
y promesas en desorden.</p>
<p>Abrían y cerraban sus cajones<br />
—inauguración, decían,<br />
y clausura de un espacio sólo suyo—<br />
con un ritmo más resuelto cada día;<br />
a veces no podían cerrarla del todo<br />
porque algo lo evitaba:<br />
un cinturón, una avidez intempestiva;<br />
un calcetín, una mirada a punto<br />
bajo jeans y camisetas bien planchados;<br />
un impulso,<br />
una blusa roja<br />
aplastada en la madera.<br />
La siguieron llenando<br />
hasta quedarse vacíos.<br />
A veces le pedían<br />
esas prendas tan parecidas a ellos<br />
y dejaban a cambio<br />
la posibilidad de ser más que la apariencia.</p>
<p>El tiempo la cubría<br />
de una piel más gruesa.<br />
Dejaron las huellas dactilares,<br />
los nudillos y la fuerza de las manos,<br />
y la madera más se resecaba<br />
bajo franelas y pulidores.<br />
Los primores de su tallado,<br />
sus manijas firmes y amables<br />
se volvían más fríos;<br />
no podía abrirse como antes.<br />
Su interior se fue impregnando<br />
de un contagio oscuro, desmedido<br />
en aislamiento de organismo en su miseria<br />
consumiéndose.</p>
<p>Y los dos frente a ella,<br />
vestidos del olor de la madera cada noche,<br />
cada mañana, cada tarde,<br />
lentamente,<br />
el otro frente al uno<br />
ya no fue el otro ni el uno:<br />
dos muebles impenetrables,<br />
oscurecieron<br />
consumiendo<br />
aquello que habían depositado<br />
cada uno<br />
en el otro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Llamado</strong></p>
<p>Diana Virgen gobierna  el nacimiento,<br />
nos llama,<br />
nos nutre de sonido,<br />
te da un nombre, <br />
           un rostro,<br />
                     una lanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Corta<br />
el silencio, el  espacio.<br />
(Sus añicos se  incrustan a tu cuerpo.)<br />
Corta<br />
el aroma de los  desprendimientos.<br />
Corta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Construyes naves para  el silencio,<br />
para afilar su tibio  roce y llegar a esa esfera<br />
donde no miras más que  el azul grandioso<br />
y te lanzas donde no  pueden llamarte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nadie alrededor.<br />
     Adentro,<br />
la voz ceniza<br />
fue  golondrina frente a ti:<br />
Nadie te llama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nadie te persigue,<br />
te roba las cosas de  este mundo, te llama sin clemencia árbol, niño, ciego;<br />
Nadie te es dentro de  la garganta frente a tus padres,      a  pesar de tus hijos;<br />
Nadie te vuelca en el  polvo, te corta en dos, en tres, en la vida y en la muerte,<br />
en cada palabra que le  pidas.</p>
<p>Nadie te ha dejado  ciego,<br />
Nadie se lleva tu  rebaño de palabras,<br />
Nadie te deja  enmudecida la mirada, pero caliente de sangre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><div id="attachment_1801" class="wp-caption aligncenter" style="width: 360px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/pablo-molinet.jpg" alt="" title="pablo-molinet" width="350" height="387" class="size-full wp-image-1801" /><p class="wp-caption-text">Pablo Molinet</p></div>
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		<title>Sobre la obra de Alexis Gómez Rosa</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Aug 2010 20:06:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
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		<description><![CDATA[Un texto de Manuel García-Cartagena sobre la obra de Alexis Gómez Rosa y unos poemas de este dominicano. &#160; &#160; Alexis Gómez Rosa, justificado Manuel García-Cartagena Cada centro empolla el margen que lo destruye Si no fue el primero, François &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2010/08/obra-alexis-gomez-rosa/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/alexis-gomez.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/alexis-gomez-100x66.jpg" alt="alexis-gomez" title="alexis-gomez" width="100" height="66" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1790" /></a>Un texto de Manuel García-Cartagena sobre la obra de Alexis Gómez Rosa y unos poemas de este dominicano.<br />
<span id="more-1812"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Alexis  Gómez Rosa, justificado</strong><br />
Manuel García-Cartagena</p>
<p align="right"><em>Cada centro empolla el margen  que lo destruye</em></p>
<p>Si no fue el  primero, François Villon fue quizás el más original entre los primeros poetas  que entendieron que la vida y la escritura no andan por caminos separados, sino  que ambas, por una suerte de <em>fatum</em> incomprensible para quienes no hayan  tenido la «experiencia de los límites» de la que hablaba Phillipe Sollers,  corren parejas por la existencia. este devenir, sin embargo, no siempre ocurre  de manera coherente y simultánea: por momentos, la vida personal del poeta  puede parecerse a la de un descastado, un ser anómico o anárquico, mientras su  poesía parece <em>mirar hacia otra parte</em>. dicho devenir tampoco conduce a  ninguna “lección” de tipo moral o existencial: la poesía no “enseña”, no tiene  ni ha tenido nunca otra cosa que enseñar que su propia entraña, es decir: la  lengua. <br />
Por lo menos en el  periodo contemporáneo, todo poema se escribe siempre desde dos <em>márgenes </em>distintos  pero no excluyentes entre sí. el primero pertenece al orden de lo temporal: por  una parte, el acto mismo de escribir poesía implica la decisión de situarse en  un <em>aquí</em> y en un <em>ahora </em>que equivalen a un <em>ser o no ser quien  escribe,</em> y en ese dilema hamletiano encuentra siempre el poeta uno de los  focos posibles para iluminar alguna de sus múltiples neurosis; por otra parte,  la escritura de un poema —por más “automática” o “inconsciente” que se la  pretenda—, supone un acto de conciencia por medio del cual el sujeto fija en el  discurso lo que en él hay de más radicalmente histórico, es decir su  sensibilidad, o mejor dicho, su <em>sens-habilidad</em>, su capacidad de producir  sentidos nuevos transformando, destruyendo o combinando sentidos que solo  pueden ser <em>anteriores </em>a su práctica de escritura. el segundo margen es  de tipo epistemológico y es una consecuencia directa del primero: nadie puede  escribir poesía en nuestra época si no sabe de antemano contra cuál de las  innumerables tradiciones de escritura se elevará su texto. y ese saber previo  deberá estar <em>necesariamente</em> tanto mejor definido cuanto mayor sea la  eficacia textual a la que aspire llegar.</p>
<p>  
<div id="attachment_1790" class="wp-caption aligncenter" style="width: 560px"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/alexis-gomez.jpg" alt="alexis-gomez" title="alexis-gomez" width="550" height="366" class="size-full wp-image-1790" /><p class="wp-caption-text">Alexis Gómez Rosa</p></div>
<p>Lo anterior, que por razones obvias estaría  mejor ubicado en una nota al pie, solo busca situar la doble perspectiva a  partir de la cual me acerco aquí a la poesía de alexis gómez-rosa . en primer  lugar, le asigno un funcionamiento programático al título del presente libro [<em>marginal  de una lengua que persigue su forma, </em>(<em>poemas  2005-2007</em>)], lo cual me permite asumir como hipótesis de trabajo que la  “forma” que “persigue” esa “lengua” así nombrada no es otra que la que le da  sentido al término “marginal” en y a partir de los trabajos que aquí se reúnen:  ya sea por abandono del “centro” o por repliegue hacia la “periferia”, alexis  gómez-rosa concentra en este libro una serie de textos en los que lo poético  parece resultar de la conjugación <em>ad libitum </em>de dos variables taxativas:  la <strong>oralidad </strong>(memoria, vivencias, experiencias del y con la <em>lengua  común</em>) y el <strong>estilo</strong> (selección, proyecto, intención provocativa,  estrategia). <br />
Lo que sigue es,  entre otras cosas, un intento de justificación de esta hipótesis.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Margen izquierdo:  el problema del tiempo</strong></p>
<p>Desde finales de la década de 1960, Alexis Gómez-Rosa  destaca como uno de los poetas más talentosos de su promoción. No exento de  polémica, su paso por el grupo “la antorcha”, una de las múltiples formaciones  surgidas en la capital dominicana luego de finalizada la guerra de 1965, fue  crucial en la construcción de su personalidad poética. sin embargo, aunque  ciertas zonas de su producción inicial lo muestran ataviado con la chamarra  color caqui del <em>poeta civil</em> que escribió <em>la tregua de los mamíferos</em> <a href="#_ftn1" name="_ftnref1" title=""> </a>,  desde el principio de su carrera alexis parece haber venido decantando su  memoria líquida en una cantidad casi espasmódica de versos en los que su  mirada, como la de un caribeño jano bifronte, vacila entre un <em>aquí</em> y un <em>allá</em>,  pero también entre un <em>ahora</em> yun <em>ahorita,</em> es  decir, ese <em>illo tempore</em> poetizado que, en el caso de alexis,  remite directamente al manejo imaginario del tiempo en la oralidad vernácula  dominicana, en la que ese deíctico [<em>ahorita</em>]  instaura su ambivalencia característica, la cual lo hace alternativamente  equivalente tanto al “hace un rato” como al “dentro de un rato”. como se verá,  es, en efecto, de esta suerte de tiempo mítico desde donde la voz poética de  alexis gómez parece precisamente emanar en muchos de los poemas de <em>marginal  de una lengua que persigue su forma.</em><br />
No nos avanzaría en nada saber que, en los  años 1960-1970, el cara o cruz del quién era quién en la poesía dominicana se  decidía de manera tan sumaria y mediocre como ahora, cuando son mayores las  apuestas y se pueden comprar menos cosas con las mismas treinta monedas de  entonces. lo que sí nos importa es intentar situar el tipo de pacto que el  poeta Gómez-Rosa estableció con su contemporaneidad. sobre este particular,  como sobre muchos otros, es a su escritura a la que hay que interrogar. <br />
pero ojo: Alexis es poeta como los castores  son armadores: su escribir es, en realidad, un re-<em>coger</em>, un re-ciclar, un  poner aquí o allí lo que antes (sí, <em>antes</em>) estaba allá, en esa suerte de  exilio que es el decir-vivir ajeno. de ahí el carácter radicalmente marginal de  ese <em>topos</em> en el cual el poeta se atrinchera espontáneamente para acoger  a esa <em>homeless</em> ubicua que es la oralidad. a ese respecto, Plinio Chahín  avanza la metáfora descriptiva de la “escucha de voces” que el poeta practica  de manera sistemática en su poesía:<br />
«voces malditas o inocentes, víctimas o  cómplices, todas ellas van formando el enjambre sonoro, gozoso, oscuro y  luminoso de muchos de los poemas de gómez-rosa. poemas que son un conjuro y a  la par una obsesión: si gómez-rosa las “escucha” no es para convertirse en esa  identidad un tanto pretenciosa que ahora llaman “testigo”, sino por pura  fascinación y hasta verdadera identificación» <a href="#_ftn2" name="_ftnref2" title=""> </a>.<br />
esas “voces” que el poeta “escucha”, para  retomar la metáfora de chahín, postulan la apertura semiótica del texto de  gómez-rosa hacia una serie de hipotextos culturales de múltiples tipos, los  cuales instauran en funcionamiento del texto una polifonía ambigua y  francamente <em>descentralizada</em> respecto  al mito decimonónico de la “palabra poética”. así, ni “inspirada”, ni  “testimonial”, la producción del sentido en los poemas de Alexis Gómez-rosa  parece tender a la re-motivación del lugar común (por extrapolación sintáctica  o por resemantización) y a su reubicación en un plano textual con relación al  cual sólo puede presentar un funcionamiento abiertamente <em>marginal.</em><br />
sin lugar a dudas, esto explica al mismo  tiempo por qué, en la mayoría de los poemas de este libro, por lo menos, alexis  se nos muestra “justificado al margen izquierdo” en plena posesión de una  suerte de <strong><em>memoria tribal</em></strong> gracias a la cual el discurso de sus poemas  parece concebido para presentar esa triple condición de “lavaje”, “residuo”,  “drenaje” y “resaca”, atributos que haroldo de campos le asigna al lenguaje en  la cita colocada en exergo en la página 9 de <em>marginal de una lengua que persigue su forma</em>. así, esa cita  adquiere, <em>a posteriori</em> (claro está, y como debe ser) un funcionamiento <em>protocolar</em> que nos anuncia y nos prepara para lo que el poeta nos tiene  deparado: ese “espacio donde todo es borde” (margen, frontera, orilla) de  esquemas múltiples: <strong><em>descriptivo</em></strong>, como en “dominican style”,  “daguerrotipo”, “mareante”, “toque barrial”, “parque colón”, etc.; <strong><em>narrativo</em></strong>,  como en “ojo en vigilia”, “más ojo que lengua”, “cadete de brillante trompeta”,  “bitácora de un corazón en su romanticismo”, “memoria boba”, “pudo acontecer en  manhattan”, etc.; <strong><em>discursivo</em></strong><em>,</em> como en “boquita milk 1”,  “boquita milk II”, los dos textos titulados “halterofilia”, “cartelera en un  solo acto”, “pareja”, etc. en pocas palabras, textos cuya escritura presupone  el <strong>mapa dia-lógico del tipo de lectura para la cual fueron concebidos</strong>,  es decir, textos comunicantes, palabras que buscan comunican un mensaje.<br />
pero, si es así, es decir, si todos y cada  uno de los textos que componen <em>marginal de una lengua que persigue su forma </em>evoca o entra perfectamente en la <strong><em>caja  vacía </em></strong>(para emplear la vieja metáfora estructuralista) de un estilo que  le es necesariamente <em>anterior</em>, cabe preguntarse cuál es el supuesto  “margen” en el que el poeta pretende ubicar los textos de este libro.<br />
en lugar de intentar dar una respuesta  positiva a esa pregunta, me parece preferible considerarla como una de las  incógnitas a las que todo lector de los poemas de alexis gómez-rosa deberá  tratar de despejar a su manera. por mi parte, de manera interpretativa, me  limito a considerar el ámbito psicológico a todas luces <em>nostálgico</em> que el poeta instaura en la mayoría de los textos que  componen este libro como un revelador de su estatuto abiertamente <em>subjetivo</em> (término que aquí equivale  casi de manera extensiva a <em>personal</em>). </p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>margen derecho: el problema de  la tradición</strong><br />
¿a qué tradición de escritura se oponen los  textos de alexis gómez-rosa en <em>marginal  de una lengua que persigue su forma?</em> sin lugar a dudas, responder a esta  pregunta resulta más perentorio que intentar vincular a dichos textos con esta  o aquella otra tradición, no solamente porque dicha operación sugiere la  intervención de una consciencia crítica capaz de anular a la consciencia “de  archivista” o “de catalogador” que presupone la segunda operación, sino porque,  tal vez, esa sería la única manera posible de acceder al sentido de la práctica  poética de alexis gómez-rosa en este libro. de todas maneras, lo que importa  aquí es ante todo una determinada <em>manera  de leer</em>, toda vez que, en poesía, como en la vida, <em>excluir</em> implica siempre <em>incluirse</em>.<br />
apartémonos, pues, de antiguallas como la de  la vieja oposición entre una poesía “recitativa” (lírica, épica o elegíaca) y  otra poesía “coloquial” (vernácula, repentista o “de ocasión”) y reflexionemos  acerca de los referentes poéticos inmediatos en materia de poesía dominicana  del siglo XX. sin embargo, no entendamos por esto último la serie de etiquetas  que el cada vez más preterido facilismo académico nos impone (postumismo,  independientes del 40, poesía sorprendida, generación del 48, generación de los  60, poesía de posguerra, generación de los 70, de los 80, de los 90, etc.),  sino a los principales agentes —hombres y mujeres— cuya práctica de escritura  marcó de manera polémica el panorama de la poesía dominicana en cada uno de  esos períodos.<br />
es desde este punto de vista como podemos  aislar, de manera sumaria, dos vertientes de escritura no siempre evidentes en  las consideraciones críticas acerca de nuestro discurrir poético dominicano del  siglo XX: por una parte, una vertiente a la que llamaré provisionalmente <em>discursiva-reflexiva</em> ante la necesidad de designarla de alguna manera,  y que se caracteriza porque propicia la supervivencia del tono ceremonioso,  herencia de nuestro modernismo y neoromanticismo tardíos, por el empleo de una  sintaxis y de un léxico cultista, en ausencia de toda marca de oralidad y por  la puesta en escena de un yo-poético discursivo que medita, reflexiona, evoca o  invoca un objeto poético (personal o colectivo). por otra parte, otra vertiente  a la que llamaré<em> lúdica-espectacular</em> por la misma razón más arriba enunciada, y que se caracteriza porque presupone  la puesta en escena de un yo-poético que (se auto)ironiza, juega, parodia,  parafrasea, es decir, <em>se mestiza</em> creando vínculos formales y de sentido entre su voz y las voces ajenas.<br />
en su importante ensayo <em>lenguaje y poesía en santo domingo</em> en el siglo xx, diógenes  céspedes demostró que, por lo menos en el siglo XX, en la poesía dominicana no  hubo una transformación fundamental de la base rítmica de la escritura poética,  es decir, nuestros poetas cambiaron la estructura métrica, la disposición de  los signos en el espacio blanco de la hoja, practicaron el versolibrismo y  ensayaron la introducción de algunos de los procedimientos de la poesía  experimental, pero dejaron intacto el ritmo, esto es, la organización general  del sentido en el poema. <br />
no es este el lugar para discutir los límites  y los alcances de esta reflexión de céspedes. sin embargo hay un aspecto de la  misma que importa retener aquí, y es el que se refiere a la necesidad de tomar  en cuenta la teoría del lenguaje, de lo histórico, de lo social y de lo  antropológico que se desprende de toda práctica poética, toda vez que esta  serie de implicaciones resutan cruciales para captar el trabajo del ritmo que  desarrolla alexis gómez-rosa en los poemas de <em>marginal de una lengua que persigue su forma.</em><br />
sin duda debido a su inserción en el núcleo  duro de un periodo de la historia sociopolítica dominicana signado por la  quiebra de las ilusiones progresistas que vendieron los distintos grupos  autodenominados “de izquierda” en los años 1960-1970, la poesía de alexis  gómez-rosa aparece marcada por una apertura <em>sui  generis</em> hacia el material verbal de origen <em>popular</em> en una práctica de escritura cuyos referentes locales más  lejanos remontan a los poemas de rubén suro y manuel del cabral, aunque éstos,  a su vez hayan estado marcados por el auge del “negrismo” caribeño de los años  1940-1950.<br />
hoy por hoy, resulta imposible no percibir la  oposición crucial que supuso, a mediados de 1940, la escritura de aquellos  poemas, llamados “negroides” por la crítica de la época, respecto a la  “solemnidad eurófila” ejercida en y desde el poema por los miembros de la  poesía sorprendida, fundamentalmente, y junto a estos, por los demás agentes  productores de poemas de esa época, incluyendo a los poetas directivos de los <em>cuadernos dominicanos de cultura</em> (tomás  hernández franco, héctor incháustegui cabral, rafael díaz niese, emilio  rodríguez demorizi, pedro rené contín aybar). independientemente del valor  ideológicamente populista que presentaban (y presentan) los poemas del negrismo  poético, no debe caber duda de que estos marcaron un punto de ruptura respecto  a una tradición de poesía discursivo-reflexiva que ni siquiera —aunque quizás  deba decir <em>sobre todo—</em> domingo moreno  jiménes había logrado romper.<br />
atisbos de esa ruptura a la que me refiero  podemos encontrarlos en la obra de dos poetas de los años 1960-1970: apolinar  núñez y alexis gómez-rosa, y en la de otro poeta de los años 1970-1980: pedro  pablo fernández. un detalle común a los tres es que abordan en sus obras el  espacio del poema desde una perspectiva lúdica donde el humor y la parodia  desarticulan de manera sistemática las estrategias convencionales que suelen  inocular en el poema las líneas de escritura discursivo-reflexiva. sin embargo,  mientras núñez y fernández desarrollan una escritura sintética —casi  aforística, en el caso del primero; sintáctica y semánticamente desarticulada  en el caso del segundo—, alexis gómez-rosa se decantó por un tipo de escritura  basado en la elaboración de símbolos semioculturales por medio de una  referencia sistemática a diversos tipos de instancias de la cultura oral.<br />
como en la mayoría de sus poemarios  anteriores, el registro poético que alexis gómez-rosa emplea en <em>marginal de  una lengua que busca su forma</em> se nutre del fondo común de mensajes oriundos  de la mixtificación comunicativa característica de los años 60-70: algunos  retoman frases claves de programas radiales o televisivos que marcaron aquella  época, como es el caso del mensaje: <em>«</em>[<em>¿</em>]<em>se  han preguntado ustedes dónde estarán sus hijos?»</em> (“Cartelera en un solo  acto”, p. 28) o la referencia a la <em>«Cabalgata Deportiva Gillette»</em> (“Pareja”, p. 29); unos pocos tienen por  referentes a instituciones pertenecientes al universo sociocultural fijado en  el imaginario epocal por los <em>media: Los Carmelitas de San Luis</em> (p. 29), <em>Radio  Guarachita</em> (p. 32) o el siguiente, abierta parodia a la fraseología  típicamente publicitaria: <em>«Con el patrocinio de la mejor cerveza, el  verdadero sabor / y el inestimable apoyo del banco de Reservas, damos a ustedes  las gracias por su presencia en esta / colosal / superproducción» </em>(p. 99); otros  proceden de las letras de canciones igualmente asociadas al imaginario epocal (<em>«Por ahí María se va, dicen los niños»</em> (p. 46); otros, incluso, anclan de manera referencial en una nómina sucinta de  personajes más o menos identificables para el lector medianamente culto, ya  sean estos extranjeros (<em>Kurt Schnitzer,  Marlene Dietrich, Chillida, Roman Polansky, [el Che] Guevara, André Breton,</em> o dominicanos (<em>Andrés L. Mateo, Luis  Díaz, Duluc,</em> [iván]<em> Tovar, Soucy </em>[<em>de pellerano</em>], <em>Cunito Cabral, </em>Juan Marichal, etc.<br />
el empleo sistemático de esta estrategia de  parodización o de carnavalización de la cultura popular en el poema constituye  sin duda alguna el punto de encuentro entre la poética de alexis gómez-rosa y  el proyecto de escritura <em>beat,</em> principalmente el de allen ginsberg y el de lawrence ferlinghetti (<em>«en el camino de la </em>beat generation / <em>rumbo a San Francisco, / hice una parada de  almuerzo desnudo / frente a la inmensa bahía / gaviotas blancas y grises. /  supe que Ferlinghetti habló / de Juan Marichal: / formidable lanzador de alta  pierna y / bolas de humo: / lanzador de un gran </em>screw ball.» “Gas station”,  p. 123). en mi opinión, más que al estilo y mucho más que a la cita o al  referente cultural, dicho encuentro se atiene de manera fundamental a la teoría  de lo social que se desprende de la práctica de escritura que desarrolla alexis  gómez-rosa en sus poemas, y en particular, de la <strong><em>imagen del lector</em></strong> que  estos construyen, el cual aparece como un <strong><em>lector cómplice </em></strong>que, en  su caso, es convocado por ese Yo-poeta que disemina fuertes dosis de su memoria  histórica en sus poemas y que, de manera sintomática, interpela constantemente  al Tú-lector llevándolo a rememorar, junto a él, el conjunto de marcas  referenciales a través de las cuales el texto del poema se convierte en una  suerte de <em>re-vista</em> o <em>re-visión</em> de la cultura popular  (hispano)americana de los años 1960-1970.<br />
siendo este recurso de la construcción de un  destinatario cómplice una de las características principales de los textos de  gran consumo propios de la cultura popular entre los cuales cabe citar, en  primer lugar, la letra de las canciones como las de la salsa, los tangos, los  merengues, los boleros, etc.), la construcción del “margen” comunicativo en el  que se atrinchera el yo-poeta alexis gómez-rosa para enunciar los poemas de  este libro pone en marcha un doble proceso de inclusión-exclusión. incluyente:  su práctica de escritura convoca un tipo de lector capaz de reconocer y de  validar el conjunto de marcas referenciales de eso a lo que podemos llamar la <em>memoria  generacional</em> del poeta. excluyente: esta misma estrategia de escritura  confina de manera indirecta al sector del público incapaz, por razones de edad,  de asumir como suyas esas huellas mnemóticas. así enmarcada entre un movimiento  simultáneamente sistólico-diastólico, la escritura de alexis gómez-rosa puede  alternativamente “llenarse” y “vaciarse” de sentido, según quienes la lean.<br />
<strong>alexis gómez-rosa, justificado</strong><br />
la selección de  poemas que alexis gómez-rosa nos entrega en <em>marginal de una lengua que  persigue su forma (poemas 2005-2007)</em> constituye una excelente muestra del  arsenal de técnicas y estrategias de escritura acrisoladas por quien merece ser  considerado uno de los mejores exponentes de la poesía dominicana  contemporánea. sin alardes ni extravagantes discursos propios de saltimbanquis,  su poesía busca romper aquí con ese falsamente pomposo discurrir pseudopoético  que, a fuerza de situarse lo más lejos posible de su público, termina siempre  “confirmando” la mentira de la “muerte de la poesía” que propagan <em>urbi et  orbi </em>los libreros y mercachifles incapaces de entender que, tanto en la  literatura como en la vida, lo único que conviene matar es nuestra humana  capacidad para intentar analogar aquello que es a todas luces espurio y falso  con lo que solo puede ser el resultado de un trabajo intelectual honesto y  depurado. <br />
quizás pensando en  esta parte sombría del actual panorama de las letras, alexis gómez-rosa escribió  estos versos que, desde mi punto de vista, justifican tanto su posición  estética en estos poemas como su posición política ante la vida:<br />
<em>«Lo que importa es desatar los demonios.</em><br />
<em>Andar ligero de conciencia y no enchivarme</em><br />
<em>como el poema anterior: terreno duro</em><br />
<em>y de abecedario difícil, algo así</em><br />
<em>como si me corrieran en el bustrófedon </em>[…]»<br />
(“Justo  antes de comenzar”, p. 129)</p>
<p align="right">manuel  garcía-cartagena<br />
santo domingo, el 20 de febrero de 2009</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>Del libro <em>Marginal</em></p>
<p>Daguerrotipo<br />
Sepia el color rostro manchado<br />
de una foto con indios y vaqueros.<br />
En ella mi padre vive veinte años<br />
de recia musculatura: felicidad<br />
en la burda temática con detalles marinos<br />
(Güibia: 1943, entre las matas de cajuil<br />
y una historia de corte sentimental, otros<br />
jóvenes de salvaje musculatura, exhiben<br />
símbolos y tatuajes de piel roja).<br />
La foto, que aún permanece sin título,<br />
amplificada ocupa una pared de la casa.<br />
Los nuevos sobrinos preguntan<br />
por la caravana y las mujeres que dan sentido<br />
al drama con la cara de Ana, mi hermana.<br />
Sepia el color rostro manchado<br />
de una foto de Kurt Schnitzer,<br />
da un aire de grandeza<br />
a un recuerdo de familia.<br />
Marginal de una lengua que persigue su forma </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ALEXIS  GÓMEZ-ROSA</p>
<p>Bitácora de un corazón en su romanticismo<br />
Enmarcó el relámpago<br />
la ventana<br />
como una portería de fútbol.<br />
(Entren todos, ¡carajo!<br />
que el goooool se fragua<br />
en la cocina).<br />
Al fondo de la pieza el sofá cama<br />
entre dos lámparas indiscretas,<br />
ponen al descubierto los cinco pies,<br />
ocho pulgadas,<br />
que airean su pavura de niña.<br />
(Contradictorio, ¿verdad?).<br />
La niña en su riña sabe que la observo.<br />
A diario ella espera con su estatura<br />
dormida, su finura<br />
de luna, mientras<br />
elaboro un motivo que incorpora<br />
el poema:<br />
la niña mala perrea, deletrea,<br />
su fosforescente arquitectura,<br />
quiebra el instante sonoro<br />
en la llanura del coro:<br />
tibia y peroné,<br />
las superpiernas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Marginal de una lengua que  persigue su forma</strong><strong> </strong></p>
<p>Vuelvo atrás, allá, en su recámara<br />
niebla, permite verla<br />
bañada<br />
por el relente de una ilusión<br />
talla única,<br />
de apetecible infierno.<br />
Para mañana tengo la seguridad<br />
de coincidir con ella<br />
en el puesto de frutas,<br />
o en la farmacia.<br />
(¡Claro!)<br />
–Si no llueve.<br />
Marginal de una lengua que persigue su forma </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Boquita milk II<br />
Dientes, una herida, la punta<br />
de la lengua,<br />
traducen compulsivo<br />
silencio en el cerrar porno<br />
de su ojo abrasivo.<br />
Temblorosa se aferra<br />
al vetusto caobo,<br />
medio tuerta<br />
mordiendo con furia,<br />
con angurria,<br />
para verlo escupir leche<br />
diabólica<br />
en las moradas encías,<br />
con entrecortado ritmo<br />
de epiléptica.<br />
Marginal de una lengua que persigue su forma </p>
<p>
Halterofilia<br />
Un laborioso instante<br />
su mañana persigue.<br />
<em>A  Yudelkis Contreras,</em><br />
<em>Medalla  de oro XV Juegos</em><br />
<em>Panamericanos,  2007.</em><br />
Marginal de una lengua que persigue su forma </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cartelera en un sólo acto<br />
He venido a ser el malo de la película:<br />
el niche, badulaque, con sintonía<br />
de frecuencia modulada,<br />
ranquiado entre las mejores bocas<br />
que negocian miedo de ojo abierto;<br />
–venga el pitorro, la coca, que familiar<br />
se hace Najayo, bañado por las plácidas aguas<br />
que avivaron al perínclito varón<br />
de San Cristóbal;<br />
–venga la cortada<br />
en su coartada la sangre;<br />
–métale amplio al corazón pedagogo.<br />
Al final del cuento malo tenía que ser.<br />
Corta la verga<br />
(–Pero córtala si te atreves);<br />
cortísima y útil solo para mear; papá,<br />
mi mujer ha puesto en hesitación<br />
mi capacidad para darle gusto,<br />
al uso;<br />
ya no tengo edad para cantar mañanas<br />
ni para volver a penetrar la carne<br />
que antes me lavara<br />
en mi propio zoospermo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Marginal de una lengua que persigue su forma </p>
<p>Aún así yo soy el bandido del noticiero de las 11.<br />
(–¿Se han preguntado ustedes dónde<br />
estarán sus hijos?),<br />
el de las once mil vírgenes<br />
de Galindo; policía malo de los paliques<br />
de Andrés L. Mateo.<br />
En esto hizo la vida de mí un heresiarca<br />
de la palabra otorgada.<br />
El simulador de la hora postrera en su equilibrio.<br />
Algo más falta;<br />
turpén de la cañada del becerro.<br />
Marginal de una lengua que persigue su forma </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pareja<br />
Dos viejos, sentados uno frente<br />
al otro, dos temblores gastados, despliegan<br />
en la rancia soledad de un domingo<br />
de mayo, unos ojos correlativos, de alta<br />
sangre, insondables por la tarde del puerto.<br />
Son dos cajas de dientes amarillos;<br />
dos silencios encorvados que se miran,<br />
con sus gibas de dromedarios<br />
que se penetran, se reciclan, totalizando,<br />
de izquierda a derecha, 137 años de saludable<br />
rencor. Desde chiquito los conozco,<br />
son los dos viejos Puezán. A uno le ha cogido<br />
con meterse al mundo en un puño.<br />
El otro escucha la trasmisión de la Cabalgata<br />
Deportiva Gillette, en un partido<br />
de Los Carmelitas de San Luis.<br />
Marginal de una lengua que persigue su forma </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La turba murga<br />
Subiendo la loma no,<br />
que no<br />
que no, que no que no,<br />
que no<br />
que no, señora,<br />
con la tumbadora,<br />
se tumba el monte ¿de dónde,<br />
viene el tumbao<br />
de Teresa,<br />
¿subiendo a solas?<br />
La noche baja, bajando,<br />
no, que no<br />
que no,<br />
que no que no,<br />
que no que no,<br />
de tumbo en tumbo<br />
y en el picor<br />
de la tormenta, venga gente,<br />
por la calle de arriba,<br />
danza,<br />
por la plaza de abajo,<br />
único y redondo el abrazo. </p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<div>
<div id="ftn1">
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1" title=""> </a>        poema escrito, según su autor, <em>circa </em>1974 y revisitado en 1997. de este poema, la secretaría de estado  de cultura publicó en 2005 una hermosa edición con fotografías de juan pérez  terrero e ilustraciones de silvano lora, subtitulada:<em> escrito en llamas de  abril, 1965</em> (santo domingo: secretaría de estado de cultura, 2005).</p>
</div>
<div id="ftn2">
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2" title=""> </a>        Chahín, Plinio: «Alexis Gómez-Rosa  y el festín de la poesía», en <em>arquitrave</em>,  revista virtual de poesía. año v, núm. 35, febrero de 2008. disponible en la  web: <a href="http://www.arquitrave.com/archivo_revista/Arquitrave35.swf">http://www.arquitrave.com/archivo_revista/Arquitrave35.swf</a> (acceso del 18 de febrero de 2009).</p>
</div>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Yolanda Barrera (Tamaulipas-Monterrey, México)</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Aug 2010 19:07:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mexking</dc:creator>
				<category><![CDATA[La otra gaceta]]></category>
		<category><![CDATA[gaceta41]]></category>

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		<description><![CDATA[De su segundo libro, Mar Abierto, la autora presenta algunos poemas, comentados por Guadalupe Flores Liera. &#160; &#160; Yolanda Barrera &#160; &#160; 1 Profundo Abajo más abajo mi barco encalla en el mar-profundo en el mar-espacio de los naufragios. &#160; &#8230; <a href="http://www.laotrarevista.com/2010/08/yolanda-barrera-tamaulipas-monterrey-mexico/">Ver más <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/barrera-yolanda.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/barrera-yolanda-100x66.jpg" alt="Yolanda Barrera" title="barrera-yolanda" width="100" height="66" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1793" /></a>De su segundo libro, Mar Abierto, la autora presenta algunos poemas, comentados por Guadalupe Flores Liera.<br />
<span id="more-1811"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Yolanda  Barrera</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_1793" class="wp-caption aligncenter" style="width: 360px"><a href="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/barrera-yolanda.jpg"  rel="lightbox[roadtrip]"><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/barrera-yolanda.jpg" alt="Yolanda Barrera" title="barrera-yolanda" width="350" height="234" class="size-full wp-image-1793" /></a><p class="wp-caption-text">Yolanda Barrera</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p>1<br />
Profundo</p>
<p>Abajo<br />
más abajo<br />
mi barco encalla<br />
en el mar-profundo<br />
en el mar-espacio<br />
de los naufragios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>= = =</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>2<br />
Mar y ausencia</p>
<p>Tan hondo<br />
es el mar<br />
como tu muerte.<br />
Tú eres<br />
el mar<br />
Padre.<br />
Me hundo<br />
y ahogo<br />
en tu ausencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>= = =</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>3<br />
Aquí no llega el mar<br />
encogió sus brazos<br />
abandonó la tierra<br />
secó los peces.</p>
<p>Solo atravesó la ciudad<br />
rumbo a las nubes<br />
evaporó sus olas<br />
rumbo a la nada<br />
sin alas<br />
abandonó el océano.</p>
<p>Aquí no llega el mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>= = =</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>4<br />
Te regalo el mar<br />
la más profunda rosa<br />
gris<br />
grande<br />
húmeda<br />
flotante<br />
movediza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>= = =</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>5<br />
Nudos</p>
<p>Nadie sabe.<br />
Aunque lo hayan<br />
visto caer.<br />
Aunque cargaran<br />
su cuerpo<br />
prestándole voluntad<br />
brazos, pasos, piernas.</p>
<p>Nadie sabe.<br />
Cómo duele<br />
verte inmóvil<br />
sin mirada<br />
ahogado<br />
nadando en sangre<br />
sin ojos<br />
escondido<br />
débil, solo, frío<br />
tratando de respirar<br />
tras la puerta.</p>
<p>Como a ti<br />
nadie sabe<br />
abrazarme<br />
para quitarme <br />
el dolor<br />
para desatarme<br />
el frío.</p>
<p>Nadie sabe<br />
abrazarme<br />
para sacarme<br />
de esta noche<br />
roja<br />
eterna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>= = =</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>6<br />
Al Padre Demetrio</p>
<p>Esta ciudad<br />
de calles grises<br />
resbaladizas<br />
de avenidas<br />
que son ríos de gente<br />
apurada<br />
hoy abre sus brazos<br />
a tu muerte<br />
impaciente-fría<br />
un día donde el sol<br />
contrasta ardiente.</p>
<p>¿Pensaste<br />
alguna vez<br />
que ésta sería?<br />
¿Pensaste<br />
que esta ciudad<br />
recibiría<br />
el último respiro<br />
parpadeo<br />
latido<br />
movimiento?</p>
<p>La muerte<br />
llena hoy<br />
esta ciudad<br />
es tu gran iglesia<br />
tierra abierta<br />
con árboles<br />
y pájaros <br />
dolientes<br />
agitando el viento<br />
contando <br />
un gran secreto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>= = =</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>7<br />
¿Dónde se esconden las ganas de morir?</p>
<p>¿Cómo se disfrazan<br />
a qué hora se traducen<br />
en una detonación?</p>
<p>¿Cómo cargas ese peso?:<br />
las ganas de morir.</p>
<p>¿Cómo amas<br />
vas al trabajo<br />
miras a tus hijas<br />
a tu esposa?</p>
<p>y las ganas de morir…</p>
<p>¿Cómo amaneces<br />
te levantas<br />
vas al ropero<br />
cargas la pistola?</p>
<p>y las ganas de morir…</p>
<p>Vas al baño<br />
cierras la puerta<br />
cierras los ojos<br />
abres la llave<br />
el agua sale<br />
interminable</p>
<p>y las ganas de morir… </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>= = =</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>8<br />
Espuma</p>
<p><em>A Francisco  José</em></p>
<p>En mi vientre<br />
olas.<br />
Golpean<br />
moldean <br />
tu cuerpo.<br />
Crece.<br />
Todos los días<br />
el mar<br />
me envuelve<br />
duermo<br />
sobre su piel.<br />
Gravito <br />
en la espuma. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>= = =</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>9<br />
No</p>
<p>No contaré las horas.<br />
No volveré a imaginar tus ojos<br />
ni el camino de regreso.<br />
Tampoco los días<br />
que podrían faltar<br />
para escucharte.<br />
No tocaré la puerta<br />
no imploraré afecto<br />
ni extrañaré los segundos<br />
en que desviaba tus faenas.<br />
Olvidaré los pasos<br />
recorriendo calles y cuadras.<br />
Guardaré este amor doliente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>= = =</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>10<br />
Eclipse</p>
<p>Mi cuerpo-eclipse<br />
oscurece.</p>
<p>Luna<br />
atravesada<br />
acorralada<br />
por la luz negra<br />
del sol.</p>
<p>Mi cuerpo-noche<br />
resplandece.</p>
<p>Cielo rojo<br />
que tras la cortina<br />
de la tierra<br />
abre su centro<br />
calienta<br />
el viento-vientre<br />
tórrida<br />
corona de estrellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>= = =</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>11<br />
Tsunami I</p>
<p>¿Y cómo detienes el mar?</p>
<p>Porque si el mar quiere<br />
crecen sus olas<br />
levanta sus brazos<br />
desborda la playa<br />
ahoga la espuma<br />
se come la arena<br />
los árboles<br />
los niños<br />
los peces.</p>
<p>¿Y cómo detienes el mar?</p>
<p>Porque si lo desea<br />
entra en la ciudad<br />
arranca miradas, murallas<br />
iglesias, escuelas<br />
devora gritos<br />
jóvenes, ancianos<br />
llena sus pulmones<br />
de miedo<br />
de dolor<br />
de agua<br />
de muerte<br />
de tierra.</p>
<p>¿Y cómo detienes el mar?</p>
<p>Si lo decide<br />
ya no cabrá en esta ciudad<br />
seguirá avanzando<br />
ciego, cruel<br />
frío, interminable<br />
inmenso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>= = = </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>12<br />
Tsunami II</p>
<p>Ahí está el mar<br />
y yo ya no quiero verlo.<br />
Aunque vivía dentro<br />
no quiero ver el mar.<br />
No, no subiré más a mi barca<br />
no me deslizaré sobre sus olas<br />
no arrojaré mis redes<br />
no comeré sus peces.</p>
<p>No quiero volver<br />
a ver el mar.</p>
<p>Descansaré<br />
en el centro de la tierra.<br />
Lejos de sus ojos<br />
del filo de sus olas<br />
sus lágrimas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>= = =  </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>PRESENTACIÓN</p>
<p><img src="http://www.laotrarevista.com/wp-content/uploads/2010/08/mar-abierto-portada.jpg" alt="mar-abierto" title="mar-abierto-portada" width="350" height="422" class="alignleft size-full wp-image-1798" />
<p>Escribió Gaston  Bachelard que la primera visión que el Universo tiene de sí mismo es el reflejo  sobre las aguas y que el ser humano al hundir en ellas su mirada ve desplegarse  la profundidad de su propia naturaleza. <em>Mar Abierto</em>, de Yolanda Barrera,  nos ofrece el producto de la mirada en el mar-abismo interior. Este libro es el  relato de una travesía íntima: el largo recorrido de la noche a la luz –marcado  por un sinfín de barcos encallados y de esfuerzos frustrados-; el de la lucha por  superar la desolación y la pérdida para conquistar la tranquilidad y el  consuelo. No es extraño que la autora haya encontrado en el mar el elemento que  mejor expresa ese combate íntimo.<br />
La imagen del  artista Francisco Larios que precede a los textos, y que resume de manera  gráfica el contenido del libro, no es en absoluto gratuita. Ha conseguido  captar el momento exacto en el que el tiempo sufrió una fractura y la vida se  desvió de su curso de aparente normalidad para convertirse en materia dolorosa.  La lectura de <em>Mar Abierto</em> nos desvela la relación de la autora con la  imagen de esa niñita de siete u ocho años en el instante en que, acaso  interrumpiendo la ocupación más propia de esa edad que es el juego, realiza su  primer encuentro casual con la muerte. La chiquilla sostiene entre sus brazos  una calavera y sus pies están hundidos en las aguas inexplicablemente quietas  del mar; instante de inmovilidad –de perplejidad- que sólo es el preanuncio de  los cambios que empiezan a gestarse en su alma. Y es que la experiencia de la  muerte y de la pérdida inexorable nos convierte en seres frágiles y  desamparados. La imagen de una niña enfrentándose al insonoro misterio de la  muerte es tan profunda, tan fuerte, que el mar –que empieza a formarse a sus  pies- deja de ser símbolo de movimiento y de vida para convertirse en aguas  anegadas, sobrecogedoramente quietas, que alertan ya al lector y lo introducen  en el clima de la calidad de la ola que se gesta en el alma de ese ser inocente  e indefenso que por primera vez toca el verdadero, el absoluto e impenetrable  silencio que se establece entre el vivo y el muerto.<br />
El mar de estas  páginas no es la masa arrulladora que acompaña los paseos de los soñadores y de  los amantes, el que enmarca el esparcimiento o el reposo, el visto desde la  playa, sino el otro, el temible, el feroz, que conocen quienes se han hecho a  la mar para buscarse el destino. Ni su sonido es el acariciante de la ola sobre  la arena, sino el que azota como un látigo los arrecifes y los acantilados, el  que destroza y hunde los barcos, el que se sale de sus márgenes y destruye la  tierra a su paso, igual que un puño desesperado que llama a una puerta que no  se abre.<br />
Pero es que el mar  de Yolanda Barrera no es tampoco el mar físico, sino uno personal, formado por  el luto y el llanto. Personifica la soledad; la insistencia en la  interrogación; el abismamiento en el dolor sin explicación; el movimiento  palindrómico de la vida en sus instantes de tensión y de serenidad; el temor a  la exploración de la fuerza propia y de las debilidades; el amor mismo  manifestándose en sus diferentes formas, según el instante y según el  destinatario. Hay que señalar, por cierto, que las figuras femeninas de su vida  están ausentes en este libro, apenas sugeridas, y que incluso su mar no es la  madre generadora ni la mar-madre de los pescadores que en ella depositan su  vida y su manutención, sino que se trata del mar en sus fases más terribles,  elemento poseedor de los atributos que tradicionalmente caracterizan al varón  aguerrido.<br />
Con todo, es  necesario decir que <em>Mar Abierto</em> es un libro que fundamentalmente nos  habla del amor. Sólo que el tapiz de su amor es tan denso y los hilos que lo  forman están tan apretadamente tejidos que es necesario leer muy despacio. Un  amor, sobre todos los otros, gravita dolorosa y oscuramente sobre el panorama  de sus afectos, y la flama y la urgencia con que lo requiere es tan ardiente  que éste se desdobla y se confunde con el que se dedica al compañero o al  amante, o hay depositado tanta ternura y tanto afán de protección en él que se  confunde con el que se destina al hijo. Tres personajes –el padre muerto, el  compañero en la vida y el hijo- coexisten y se desdoblan y, al mismo tiempo,  representan su propia necesidad de protección y tacto. Temor y temblor, goce y  herida conviven estrechamente y muy pronto comprendemos que, así como su visión  del mar no es la idílica, tampoco la del amor es la del éxtasis y la del  enamoramiento, sino la de un amor que exige ser entregado y rescatado  cotidianamente.<br />
Desde las primeras  páginas, Yolanda Barrera nos describe su espacio como zona de naufragios y  pérdidas, pero estos cantos dulces y melancólicos muy pronto adquieren el  acento de una oración fúnebre. El tono confesional de los poemas estremece por  su desnudez, no hay lugar para la elipsis, las palabras son las justas, las  exactas, todo ha sido escrito con cuidado y trabajado hasta depurar el sentido.  El amor y el dolor conviven y la autora nos confía la causa de su desolación:  La muerte en circunstancias trágicas del ser más amado tiñó para siempre de  luto y temor todas las otras relaciones, tendió sobre todos los actos su manto  de sospecha y la redujo a ella a sujeto consciente de su desamparo. Cuando la  vida gana terreno y la rutina envuelve con su placidez aparece siempre la  sombra de aquella experiencia –el cuerpo exánime del padre, herido de muerte  por su propia mano, frío, solo, escondido atrás de una puerta.<br />
El luto es un  proceso particular y solitario, a veces demasiado largo. La consciencia de que  hay otra vida detrás del movimiento diario y de las apariencias y el temor a  que los actos consuetudinarios puedan ser solamente máscaras, de que las  intenciones, los sueños, los deseos subyacen y el amor no nos vuelve  clarividentes, ni es capaz de servir de muro ante la muerte –ante toda forma de  muerte, pues el desgaste por el roce cotidiano y los agravios al amor son  también una forma de muerte- son un tormento cotidiano que no deja disfrutar de  los acontecimientos simples.<br />
Pese a todo, si en  un principio el dolor adormece, a la larga, ya sosegado, despierta las  potencias dormidas y agudiza los sentidos. <em>Mar Abierto</em> nos transmite las  imágenes de lo que suele llamarse la “vida en tono bajo”, “en silencio”,  “discretamente”. He aquí, sin embargo, que el día a día es el verdadero campo  de batalla del ser humano, pues incluso a puertas cerradas y con los postigos  asegurados la vida continúa inexorable sus procesos. La autora vive con el oído  atento a los movimientos imperceptibles, porque es en ellos donde germina el  cambio; sabe que todo esfuerzo por detener el tiempo es inútil, así que no  escapan a ella los sonidos mínimos: el abrir de una flor, el crepitar de una  llama, el crujir de una puerta, el clima que cambia, el matiz de un rayo de  sol, el brillo o la opacidad de una mirada. La descripción de esos hechos que  generalmente pasan inadvertidos dota a su poesía de especial fuerza y belleza.  El temblor del cuerpo, el alma en su estremecimiento, el pensamiento, la  memoria, los sentimientos, el correr silencioso de la sangre, el amor, el  dolor, todo aquello que ocurre, mientras se lleva de la mano al hijo a la  escuela o se sacude un mueble, son los espacios de su exploración.  Se les recorre como vuelve a recorrerse ese  mar sombrío formado de llanto y duelo, otra vez de la mano del padre, como  cuando siendo una niña la llevó por vez primera a conocer el otro mar. <br />
La vida, como el mar  -en contraste con el sombrío de la muerte, que es estático y no conoce la luz  ni el tiempo- está siempre en movimiento, equilibrada en el misterio. Por eso  estos poemas pueden pasar de una a otra tonalidad, y si bien son producto de la  aflicción, de la tortura, de la culpa, del llanto, de la dificultad para  sobrellevar la ausencia, son también ofrendas de ternura y de calidez,  declaraciones de deseo urgente y de necesidad de conciliación y perdón.<br />
Se ha dicho, en una  frase desgarradora, que los muertos están siempre jalando por los pies a los  vivos, atrayéndolos a la fosa, pero ¿qué pasa cuando son los vivos los que no  dejan descansar a los muertos?, ¿cuando el impacto de la pérdida los arrastra a  vivir bordeando el caos? Reconciliarse con el muerto, concederle su derecho a  elegir su último acto, a marcharse sin despedidas llorosas y erigir en su  memoria un libro de amor y de memoria eterna, un pacto de perdón para que  puedan el finado y el sobreviviente descansar en paz están quizás entre los  momentos más bellos o intensos de estas páginas. La vida gana siempre la  batalla y nuestra autora decide dejarse vencer por ella.<br />
En uno de sus  poemas, Yolanda Barrera menciona la palabra Viacrucis, lo que nos recuerda de  nuevo que el suyo no es un viaje de placer por los sentimientos, sino de  exploración en pliegues recónditos dominados por el dolor. Y que, aunque muchos  de los poemas escritos a su padre adquieren el tono de una oración, no hay un  sentimiento religioso en sus palabras, porque no es el consuelo de la fe lo que  busca, sino el de la comprensión. Con los pies definitivamente puestos en lo  terreno su poesía está habitada por el mundo de los sentidos. Su amor es tan  urgente que roza siempre el erotismo, aún cuando se dirija al padre o al hijo  adquiere el tono de la urgencia con que se requiere al amante, porque para su  subsistencia requiere de la certeza de la carne y de las sensaciones. Sabedora  muy bien de que los muertos no pueden regresar, porque es el vivo el que tiene  que ir hacia ellos, atiende la llamada de la vida y se entrega a vivirla. Si el  amor es un juego o una cacería que tiene por recompensa la entrega y la fusión,  ella se entrega a ese destino mejor que a la claudicación, sabedora también de  que es aquí y ahora cuando hay que conquistarlo y que darlo.<br />
El milagro de la  vida, prodigio funambulesco, buscando a diario su equilibrio sobre el hilo  frágil que tiende el misterio, es el reto del vivo y a éste se somete la  autora. Su lucha, tan desgarradora y tan dolorosa que hasta las aguas que  componen  su mar desean escapar de su  cuenca y alcanzar la tierra, parece haber alcanzado su objeto: la serenidad.  Los tres poemas últimos, si bien estremecen, abren una esperanza: acaso el  mismo mar que todo lo destruyó acabe también por llevarse los añicos del mundo  que fue, que no será ya, para que la tierra quede limpia de todo lastre y  herida, limpiar el terreno para volver a empezar. De <em>este</em> lado están el  hijo y el amor conyugal, la vida cotidiana y el hogar construido para ser un  refugio, y todo esto es también producto de una conquista.<br />
Yolanda Barrera nos  entrega un libro denso, difícil, escrito con palabras tan precisas que muchas  veces una sola conforma todo un verso y unas cuantas un poema compacto. Son  como trozos de rocas desgajados por los embates de sus aguas tenebrosas e  íntimas que los días de luto y de llanto fueron desbastando, igual que el agua  del mar, hasta formar guijarros redondos y pulidos. Y si bien son fragmentos  duros desprenden una particular hondura y belleza.</p>
<p>Deseo dar las  gracias a Yolanda Barrera por estos poemas escritos con tanta gallardía, tan  cuidadosamente alambicados y por su confianza al permitirme presentar su  segundo título a los lectores. A Reynol Pérez Vázquez, querido amigo y  excelente escritor, atento a todo lo nuevo, por su invitación a colaborar en  este proyecto de edición. Y a la Dirección General de Publicaciones de la  Universidad Autónoma de Nuevo León por albergar estas páginas. Mi enhorabuena a  quienes han hecho posible la publicación de este libro.</p>
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<p align="right">Guadalupe Flores  Liera<br />
(Isla de  Eubea, Grecia. 1º. de agosto de 2008.)</p>
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