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Blanca Luz Pulido. Nuno Júdice: La traducción poética

blanca-luz-pulidoBlanca Luz Pulido, poeta y traductora mexicana, nos habla sobre los retos trans-semánticos de la traducción, analizando el ensayo “Traducir poesía” del libro Las máscaras del poema del poeta portugués Nuno Júdice.

 

 

 

Nuno Júdice
La traducción poética

Blanca Luz Pulido

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Nuno Júdice
En el mundo de la traducción poética, las variaciones, aproximaciones, ensayos y errores, calificaciones y descalificaciones abundan. Hay multitud de teorías y de ensayos; unos, detallados y profundos; otros más, empíricos y anecdóticos. La traducción poética se ha visto como necesaria, como innecesaria, como traidora, como iluminadora. T. S. Elliot, Valéry, George Steiner, Umberto Eco, Georges Mounin, Walter Benjamin, Jakobson, y entre nosotros, Alfonso Reyes, Octavio Paz, Federico Patán, Tomás Segovia, Marco Antonio Campos y muchos otros más se han ocupado, tanto desde la perspectiva teórica como desde la arena de la práctica, de la compleja labor de la traducción de poesía.

Afirma Héctor A. Murena, en Visiones de Babel: “Traducir: trans-ducere, llevar más allá. Llevar algo más allá de sí. Convertir una cosa en otra. Pero convertirla a fin de que sea más plenamente lo que era, es. Se traduce un libro de un idioma a otro, y para quien ignoraba el idioma original el libro, siendo el mismo, sólo ahora pasa a existir de verdad.”

En la traducción de poesía, en especial, el traductor prácticamente es el encargado de crear en su lengua un nuevo poema, equivalente (mutatis mutandis) al traducido. El traductor, así, pasa a ser una especie de alquimista, que realiza la transfiguración de un poema en otro.

Una fuente importante de ideas sobre este “traspaso” lingüístico ha surgido precisamente de la pluma de los poetas traductores, pues nadie como ellos conoce los detalles, los pliegues, las aristas de esa labor, que tiene un pie en el deseo de trasladar el sentido del poema lo más fielmente posible, y otro en la necesidad de restituir también algo de los otros aspectos que atraviesan o completan el sentido, como la sonoridad y la textura rítmica de los versos.

Nuno Júdice, traductor él mismo de varios idiomas al portugués, ha vertido en la parte final de su libro de ensayos Las máscaras del poema, en el apartado “Poesía y traducción”, varios textos sobre este asunto. Me detendré en el primero de ellos, llamado “Traducir poesía”.

Los dos niveles de la construcción del poema

El primer problema que enfrenta el traductor, afirma Júdice, es la dificultad de separar el nivel del sentido del nivel del sonido en el poema original, dado que ambos están inextricablemente unidos en éste. Señala:

La especificidad del poema reside en su lenguaje, es decir, en el nivel trans-semántico, en donde el dominio que el poeta tiene sobre el sonido y las imágenes del poema hacen de éste un objeto único e irrepetible, por estar estrechamente ligado al universo que le da forma, es decir, la lengua original en la que el poeta escribe.
Desde el punto de vista teórico, ésta es la gran dificultad que enfrenta el traductor de poesía. De hecho, la traducción de poesía separa irremisiblemente las dos entidades que son indisociables para la creación del poema: el nivel fónico y el nivel sémico, dado que no es posible transportar a la lengua de llegada la música, las aliteraciones, los juegos sonoros que son fundamentales en la creación del poema. Lo único que se transporta es el sentido, o, cuando más, se logra dar un efecto aproximado de la música del poema, ya que una traducción no puede aspirar a transmitir ese nivel con fidelidad. (1)

            ¿Entonces, ese obstáculo que se presenta al traductor desde un principio, impedirá su intento? Definitivamente no, no es eso lo que se plantea. El traductor deberá tomar siempre como base el sentido del poema, pero tratando, a la vez, de que el nivel musical y rítmico no se pierdan del todo, haciendo trasposiciones, buscando equivalencias, etc. En una entrevista realizada a Júdice en España, Ángel Manuel Gómez le pregunta por qué los poetas portugueses actuales no son más conocidos en el ámbito español (y bien podríamos decir, también en México y en Latinoamérica). Y la respuesta fue: “La dificultad, en primer lugar, [es] de la traducción. Traducir poesía no es lo mismo que traducir ficción. […] en la poesía el traductor tiene que hallar la sensibilidad del lenguaje, la música, para que el poema pase por español y pueda ser leído por el lector español como si fuese un objeto poético, y así permitirle sentir lo que transporta la propia poesía, que es, al fin y al cabo, musicalidad, ritmo. (2)

Traducción literal y traducción poética

Planteado este aspecto esencial del problema, Júdice señala dos posibilidades que, en principio, se ofrecen al traductor: ser fiel sobre todo al sentido del poema, lo que resulta en una versión más literal, o “confiar más en la fidelidad al poema (a su totalidad sentido-sonido)”, (3) que es la que suelen elegir, afirma, los poetas-traductores, en oposición a los traductores más académicos o escolares, que se inclinan por la primera opción. Y después de este planteamiento, se encuentra, a mi parecer, la idea más interesante de este ensayo: la refutación del famoso adagio traduttore, traditore.

El legendario motto: “traductor, traidor” nos ha creado, a los practicantes de este nada sencillo arte, una aureola de sospecha, como si a las vicisitudes propias del caso fuera necesario agregar, además, un descrédito a priori por el cual cargamos las culpas de todas las malas traducciones que en el mundo han sido. En realidad, un poema que se transporta a otro idioma requiere de complejas operaciones de alejamiento y de acercamiento, es decir: nos alejamos de la letra del original para acercarnos mejor a su espíritu, a su sentido profundo, ese que va más allá de las palabras concretas que lo expresan, pues reside en la combinación entre ellas y los efectos y sugerencias que el poema, en su totalidad, origina. Afirma Júdice:

En poesía […] no tiene mucho sentido el asunto de traduttore/traditore: la traducción, para ser fiel, implica necesariamente la traición. Y no es necesario tener un dominio absoluto de la teoría de la traducción: existe un alto grado de intuición y de empirismo en el trabajo de traducir poesía, que se relaciona con la conciencia lingüística del traductor.[…] No estamos ante un proceso pasivo, en que basta aplicar un esquema léxico para trasladar un texto de una lengua a otra. Cada palabra, expresión, verso o estrofa van a desencadenar reacciones que ocasionan respuestas diferentes, según la subjetividad del sujeto/traductor, en el sentido de encontrar soluciones para un mismo texto original, que serán muy distintas en diversas épocas y para otro tipo de traductores. (4)

La traducción: viaje retroactivo
y al interior de las lenguas

Una traducción nos remite siempre al texto original, al poema en que se basa. Por más afortunada que sea, y aunque funcione con autonomía del texto fuente, tiene que contener sus marcas significantes y de sentido, pues no olvidemos que una traducción “es, finalmente, una transformación/recreación del texto original”. (5) Y ésta es una de las grandes aristas del proceso: si quedan muchas “marcas” del poema original, el resultado no se dejará leer con fluidez ni naturalidad; mas, por otro lado, el traductor tampoco debe “apropiarse” del poema ajeno y olvidar que el sentido de la traducción es siempre retroactivo, como bien señala Júdice, es decir, que no es posible leer ésta como si fuera un poema original, pues la “lengua del traductor” será siempre un intermediario entre el lenguaje del poema que se traduce (donde significado y significante están plenamente unidos) y el poema traducido, que debe desdoblar, digamos, la forma y el contenido del original y dar una mayor importancia a la dimensión semántica, por encima del nivel de la forma.

Por todo ello, y para no olvidar nunca esa realidad lingüística de la que parte el poema traducido, nunca se subrayará lo suficiente la importancia de, en las ediciones de obras poéticas traducidas, incluir la versión en el idioma de origen. Aunque el lector no lo conozca, debe dársele la oportunidad de, por qué no, si llega a aprenderlo, aquilatar esa traducción al compararla con otras, y sobre todo apreciar su relación de fidelidad, destreza (o torpeza) con los poemas en el idioma original: nada nos ilumina más sobre las formas de ser de las diferentes lenguas que observar la forma en que viajan del original hacia la traducción. Por supuesto que ello encarece las ediciones, además de hacerlas mucho más complicadas, por el cuidado que requieren en el nivel de corrección y revisión. En estos tiempos de penuria lingüística y social (donde aún las grandes editoriales han descuidado a niveles escandalosos el cuidado y atención de las obras de cualquier tipo, que circulan con errores impensables en otras épocas), son los libros de poesía los que se ven más afectados, y más aún, los pocos que se publican de traducciones de poesía, y dentro de éstos, sobre todo, los escasísimos de traducciones de poesía en versión bilingüe (los únicos verdaderamente serios de su clase, desde mi punto de vista).

Homologación: palabra clave

El equilibrio, así, para lograr una traducción que no sea ni completamente literal que se vuelva ilegible o simplemente aburrida, ni tan interpretativa e independiente que corte las amarras con el poema que pretende trasladar, depende de la capacidad del traductor de atraer hacia su lengua el poema fuente con fortuna y tino, realizando una atinada homologación:

La traducción deberá tener como objetivo la creación de una realidad textual homóloga de un texto existente en otra lengua, tanto en el plano de sus características formales como en el de los efectos que produce. (6)

Roman Jakobson es el teórico que mejor ha planteado el concepto de homologación. Quien desee internarse en una lectura y análisis serios de este  fenómeno, tendrá que acercarse a su obra, sobre todo al  libro Ensayos de poética, publicado por el Fondo de Cultura Económica de México, donde se encuentra su famoso ensayo sobre el soneto Les chats de Baudelaire.

De la teoría a la práctica

Dado que la teoría es acéfala sin la práctica, para concluir estos apuntes, incluyo mi traducción de un poema del mismo Nuno Júdice, de su libro As coisas mais simples (Lisboa, Dom Quixote, 2006).

Nuno Júdice

 

Poema

As coisas mais simples, ouço-as no intervalo
do vento, quando um simples bater de chuva nos
vidros rompe o silêncio d noite, e o seu ritmo
se sobrepõe ao das palavras. Por vezes, é uma
voz cansada, que repete incansavelmente
o que a noite ensina a quem a vive; de outras
vezes, corre, apressada, atropelando sentidos
e frases como se quisesse chegar ao fim, mais
depressa do que a madrugada. São coisas simples
como a areia que se apanha, e escorre por
entre os dedos enquanto os olhos procuram
uma linha nítida no horizonte ou são as
coisas que subitamente lembramos, quando
o sol emerge num breve rasgão de nuvem.
Estas são as coisas que passam, quando o vento
fica; e são elas que tentamos lembrar, como
se as tivéssemos ouvido, e o ruído da chuva nos
vidros não tivesse apagado a sua voz.

 

—-

 

Poema

Las cosas más simples las oigo en el intervalo
del viento, cuando el simple caer de la lluvia en los
vidrios rompe el silencio de la noche, y su ritmo
apaga el de las palabras. En ocasiones, es
una voz cansada, que repite incansablemente
lo que la noche enseña a quien la vive; otras
veces, corre apresurada, atropellando sentidos
y frases como si quisiera llegar al fin, más
rápido que la madrugada. Son cosas simples
como la arena que tomamos y se escurre
entre los dedos mientras los ojos buscan
una línea definida en el horizonte; o son las
cosas que recordamos de pronto, cuando
el sol se asoma en el hueco de una nube.
Estas son las cosas que pasan, cuando el viento
se queda; y son las que tratamos de recordar, como
si las hubiéramos oído, y el ruido de la lluvia en los
vidrios no hubiera borrado su voz.

 

1. Nuno Júdice, As máscaras do poema, Lisboa, Aríon, 1998, p. 245. La traducción de todas las citas que se toman de este libro es mía.

2. www.elcoloquiodelosperros.net/numero17/olfateando17.htm, 23/08/13.

3. Júdice, op. cit., p. 246.

4. Júdice, op. cit., pp. 247-248.

5. Idem, p. 248.

6.  Idem, p. 249.

 

Blanca Luz Pulido, poeta, ensayista y traductora. Profesora-investigadora en la UACM, plantel Cuautepec. Ha publicado, entre otros, los siguientes títulos de poesía: Raíz de sombras (Fondo de Cultura Económica, 1988); Reino del sueño (Aldus, 1996); Cambiar de cielo (UAM-Verdehalago, 1997); Los días (Colibrí /Secretaría de Cultura de Puebla, 2003); Pájaros (Lunarena, Puebla, 2005); Al vuelo (Ediciones de Educación y Cultura, México, 2006); Materia habitada (Casa de Poesía, Costa Rica, 2007); La tentación del mar (UAM/La Cabra Ediciones, 2012), Cerca, lejos (Textofilia, 2013) y Poderes del cuchillo (Parentalia/FES Acatlán, 2016). En 2014, el Fondo Editorial del Estado de México publicó Cerca, lejos. Antología personal (1986-2013). Como ensayista, ha publicado Una familia de árboles. Reflexiones sobre los libros y la lectura (Rayuela, Guadalajara, 2011) y Cartas lusitanas. Notas sobre poetas y narradores portugueses (UNAM, 2012). Actualmente es becaria del Sistema Nacional de Creadores de Arte del FONCA en la categoría de traducción literaria. Ha traducido obras de los poetas portugueses Nuno Júdice, Ruy Belo, Ana Luísa Amaral, Fiama Hasse Pais Brandão y Manuel Alegre.