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Emilio Díaz Cervantes y Dolly R. de Díaz

emilio-diazEmilio y Dolly fueron brigadistas en el terremoto de 1985, y desde esa memoria nos aproximan a la ocurrencia de este segundo 19 de septiembre fatídico, con todos y sus héroes anónimos y visibles.

 

 

 

BRIGADAS DE RESCATE, TOPOS Y VOLUNTARIOS

Emilio Díaz Cervantes y Dolly R. de Díaz

 

         En 1985 los devastadores sismos del 19 de septiembre despertaron en México la conciencia colectiva de solidaridad social; esta se logra cuando el instinto de conservación trasciende lo individual para fortalecerse en lo colectivo, trabajando en equipo con y para la comunidad.  Además del desastre, los sismos dejaron al descubierto tanto las limitaciones del gobierno como la potencialidad de la población civil organizada, cuyas acciones relampagueantes rebasaron fácilmente los planes oficiales de rescate.  Tal situación no gustó nada a las autoridades en turno pues la emergencia se salió de su control, y por esa causa  «Las brigadas Populares» y los «voluntarios espontáneos» no fueron de su agrado.  «Ya estamos hartos de muchachitos con bandera roja que corren y corren por toda la ciudad» – Declaró el Secretario de Desarrollo  Urbano y Ecología. Consecuencia de ello fue que cuando el Estado organizó  «Protección Civil» desechó completamente  tales iniciativas populares a las que miró como «focos de insurrección civil», organizando sus propios «grupos de trabajo» con la intención de mantenerlos en un puño, permitiéndoles actuar solamente  según indicaciones del «SINAPROC» (Sistema Nacional de Protección Civil); el «CENAPRED» (Centro Nacional para Prevención de Desastres»; y el «SAS» (Sistema de Alerta Sísmica); novedosos organismos burocráticos que se suman a los añejos planes oficiales para casos de desastres: DN-III-E, coordinado por la SDN; además del SM-III y SMA-85, coordinados por la SM, entre otros más.

         Cabe preguntar: ¿Podrán tantos planes, centros y sistemas burocráticos actuar armónicamente en caso de emergencia como la de 1985?…  ¿Será inmediata su respuesta, habida cuenta de que en todo desastre el mayor número de víctimas ocurre durante los primeros minutos?  ¿Quién mandará, quién dirigirá?.  Puesto que para funcionar tales organigramas burocráticos requieren de una inmensa cascada de órdenes de arriba abajo, comenzando por la del Sr. Presidente, el Sr. Secretario, el Sr. Subsecretario, el Sr. Gobernador, el Sr. Secretario de Gobierno, el Sr. Director, El Sr. Presidente Municipal, el Sr. Secretario del Ayuntamiento, además de los comisionados, los vocales, etc. etc. hasta llegar al humilde ciudadano quien finalmente será el que proporcione ayuda a los damnificados.  Lo anterior, debido a que fue precisamente el Sr. Presidente del País en 1985, Miguel de la Madrid, quien retrasó por 24 hrs. la ayuda internacional que pudo haber salvado muchas vidas durante las primeras horas que siguieron a la tragedia.

         La solidaridad vecinal siempre es muy importante, resultando más patente en casos de desastre, sean de índole humana o natural.  Las fuerzas naturales (huracanes, terremotos, inundaciones, etc.)  arrasan con todo.  El poder de los vientos y el agua de ríos o arroyos desbordados no se detiene ante nada.  Igual sucede con los movimientos telúricos de gran intensidad, provocan destrucción total.  Ante eso, el hombre se encuentra indefenso.
Luego del desastre, las secuelas de muerte y destrucción agobian a los sobrevivientes; quienes de inmediato inician las tareas para rescatar familiares y objetos. Solo que muchas veces tales acciones resultan complicadas para un solo individuo, quien deberá recurrir a los mismos vecinos afectados y a los voluntarios que llegan para ayudar.  Es entonces que los damnificados se organizan formando un equipo de trabajo con el propósito de agilizar las cosas, pues la lucha no será solo contra el desastre sino contra ¡El Tiempo!.  De ésa forma, sobre la marcha, el equipo se subdivide en brigadas de trabajo repartiéndose las tareas en donde cada quien se avoca a lo suyo sin estorbar a los demás, así se gana tiempo y se ahorra esfuerzo, dirigiendo la energía de todos hacia el objetivo final.

         En México, luego de los terremotos de 1985, vimos como los integrantes del llamado «Grupo Topos», de la Brigada «Amigos de Tlaltelolco Equipo Plácido Domingo», desarrolló mejor su tarea que cuando cada quien hacía lo que podía; puesto que una vez organizado el equipo de trabajo, los Topos tanto como los voluntarios, médicos, pasantes, cocineras, etc. etc., contaron con el respaldo necesario las 24 hrs. del día obteniendo enormes ventajas, tales como:  Atención médica inmediata; comida a cualquier hora; equipo y materiales solicitados (motosierras, plantas de luz, equipo de oxicorte, botas, cascos, estrobos, extinguidores, picos, marros, seguetas, etc.); asímismo, se logró la capacidad de manejar ordenadamente grupos de voluntarios para enviarlos a donde hacían  falta.  Había también un equipo médico forense para identificar cadáveres y realizar los trámites inherentes.  La Brigada manejaba 3 almacenes diversos según las necesidades.  Igualmente teníamos una Dirección de Comunicación Social y Coordinación con los grupos de trabajo internos y comisiones externas, mismas que procuraban y conseguían la enorme gama de herramientas, medicinas, alimentos y materiales necesarios para el buen funcionamiento del equipo de trabajo; inclusive, se creó un eficiente cuerpo de vigilancia interna.

         Ésa fue la causa principal de que la brigada alcanzara resultados sorprendentes entre las ruinas del edificio Nuevo León de la Unidad Habitacional de Tlaltelolco, donde se rescataron 54 sobrevivientes y se arrancaran 450 cadáveres al escombro; y de que posteriormente, el Departamento del Distrito Federal nos pidiera ayuda para rescatar los cuerpos de las costureras atrapados bajo 3 edificios de la Av. San Antonio Abad.  Las autoridades no solicitaron únicamente al «Grupo Topos» sino a todo el equipo «Plácido Domingo», habida cuenta su buen funcionamiento en Tlaltelolco. Así llegamos a San Antonio Abad el 9 de Octubre y ése mismo día recuperamos 2 cuerpos.  Finalmente rescatamos 26 cadáveres  que se entregaron a sus familiares, quedando 12 más al descubierto; mismos que no se recuperaron debido a que empresarios perversos coludidos con funcionarios corruptos del gobierno de De la Madrid, corrieron a «Los Topos» mediante una tumultuosa manifestación política en el campamento, interrumpiendo la noble tarea solidaria con la comunidad.

         Ahora, a varios lustros de distancia de los sismos del 85, muchos de los topos originales continúan en la brega formando pequeños grupos de rescate para ayudar donde haga falta ¡EN CUALQUIER PARTE DEL MUNDO!.  Demostrando poseer alma y corazón de caballeros andantes modernos, aunque su noble esfuerzo no sea aún aquilatado debidamente en su país de origen.  Desafortunadamente, dichos grupos rescatistas operan en forma aislada y la mayoría de las veces con poco o ningún apoyo económico de las autoridades, convirtiéndose a su vez en damnificados a los que hay que alimentar y procurar todo lo necesario en el lugar del desastre; con la enorme desventaja de que aunque visten uniformes de brillantes colores sus herramientas y equipo de trabajo son de índole personal (muy pobre para grandes desastres), limitando su rendimiento a meros esfuerzos individuales que aún siendo titánicos nunca lograrán los increíbles resultados del Edificio Nuevo León o San Antonio Abad, cuando tenían el respaldo de una brigada formal las 24 horas del día trabajando solidariamente con los damnificados.

         Otra cosa sería si los encargados de Protección Civil en el País adoptaran infraestructuras de respuesta inmediata, propiciando las condiciones para que los voluntarios que llegan al lugar de la tragedia cuenten con los materiales necesarios para actuar, puesto que ¡SON LOS MISMOS VECINOS DEL LUGAR QUIENES DARÁN AYUDA INMEDIATA EN CASO DE DESASTRE!. . . .  Por eso mismo, para evitar daños mayores, en el Distrito Federal se requieren 16 brigadas de rescate semejantes a la «Plácido Domingo! Una para cada Delegación, las cuales perfectamente equipadas y entrenadas por los Topos originales (cuya experiencia no debe perderse), bomberos, cuerpos de alta montaña, etc, nacionales o extranjeros, estarían siempre listas para ayudar  en cualquier ámbito en caso de emergencia en el país o el extranjero. Además de efectuar en serio, como se debe, los simulacros de terremoto en su delegación.  Ellas darían cabida a los inquietos «Grupos Topos», podrían trasladarse a cualquier lugar como una sola unidad y sabrían manejar adecuadamente miles de voluntarios que llegaran para ayudar (EN NUESTRO LIBRO «BRIGADA PLACIDO DOMINGO», EDICIÓN 30 AÑOS DESPUÉS, PAG. 37,38, y 39, PUBLICADO EN NOV DEL 2015, SE INDICAN TODOS LOS DETALLES INHERENTES ).

         Las 16 Brigadas propuestas para el Distrito Federal no sumarían más de 1,100 personas listas para llevar auxilio en caso de desastre; de ningún modo sería un gasto oneroso para el país, si alguien se atreviese a decir tal cosa le recordaría cuanto daño causó el terremoto y cuantas vidas se hubieran salvado de haber actuado con la prontitud necesaria.  Lo mismo se podría hacer en otros lugares de la República, puesto que, ya lo vimos, siempre habrá jóvenes y adultos entusiastas ansiosos de participar en dichos grupos de ayuda. Con el presupuesto que el Estado invierte en adquirir un inútil avión de guerra o un fantasioso helicóptero lanzacohetes, se costearía lo necesario para las «Brigadas de Rescate Populares», que darían tranquilidad al pueblo de México.  Todo es posible cuando se quiere ayudar, solo muertos no se puede actuar.