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Argentina. #Tetazo: El problema es la mirada

tetazoSofía Castillón realiza esta nota para La Otra sobre El Tetazo, la manifestación que se realizó el 7 de febrero, de 2017, en Argentina. Las mujeres propusieron quitarse las camisetas y los brassiers en los principales centros de las ciudades del país para protestar contra la desigualdad machista.

 

 

#Tetazo: El problema es la mirada

Por: Sofía Castillón
Fotografías: Elias Sarquis

“Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis”
Sor Juana Inés de la Cruz

 

El 7 de febrero de 2017 en Argentina se realizó la manifestación del #Tetazo. Las mujeres propusieron quitarse las camisetas y los brassiers en los principales centros de las ciudades del país para protestar contra la desigualdad machista.

El #Tetazo se realizó en un contexto de creciente visibilización de la violencia y la desigualdad de género sintetizados en los reclamos de Ni Una Menos, protestas que tienen eco a nivel internacional. En este marco, algunos hombres se plegaron al reclamo. Otros, acudieron con burlas, cámaras y celulares, lo que provocó enfrentamientos y la organización de un círculo de mujeres que impidiera el paso de los mirones.
El #Tetazo nace como respuesta a la reacción policial desmedida en las playas de Necochea, al sur de la provincia de Buenos Aires, donde veinte policías y seis patrulleros acudieron para “controlar” a tres mujeres jóvenes que tomaban sol en topless. La causa fue archivada por el juez Mario Juliano. “Que una mujer descubra sus senos no constituye un acto lesivo para terceros”, dijo.

Sin embargo, también puede pensarse el inicio del Tetazo en la misma semana de los incidentes de Necochea, cuando la periodista Manuela Fernández Mendy sufrió un ataque sexual y decidió relatarlo en el portal web para el cual trabaja. En uno de los barrios más transitados de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sus gritos no encontraron el eco de ningún policía. Para la prensa y las redes sociales, un abuso sexual puede ser tolerado con más “naturalidad” que un grupo de amigas planteando que si los hombres pueden mostrar sus pechos, ellas también.

En realidad, el #Tetazo encontró en Necochea la chispa para encender una problemática que se viene cuestionando desde hace años. El #Tetazo, como el #NiUnaMenos, constituyen formas de hacer frente a la desigualdad estructural de géneros. El #Tetazo es acción y discurso, una reacción ante esta doble moral escandalizada frente a un desnudo que no propone ser sexual, mientras acepta con resignación abusos y actos discriminatorios. Hay algo en el resoplido del “esto es así” que está mal.

Recuerdo una vez, cuando era adolescente y en un arranque vanidoso propuse que las marcas del bikini no eran tan estéticas como un bronceado (realmente) parejo. En medio de las vacaciones familiares, mi padre me convenció con argumentos médicos: exponer los pezones femeninos al sol podría traer cáncer de piel. Pienso que él lo creía, pero no es verdad, o no más que el resto del cuerpo. Y no más que los hombres. En ese momento, con las mejores intenciones del mundo, mi padre (tal vez inconscientemente) no buscaba proteger mi salud física, sino mi “salud moral”.

Señoras y señores, el problema no está en la teta, sino en quien la mira. ¿Cuándo habremos escuchado una crítica semejante a la del #Tetazo por las imágenes discriminatorias que vemos a diario en la televisión, en las publicidades callejeras? ¿Cuántos hombres y mujeres que se escandalizan por ver un pecho amamantando, tienen la misma reacción ante una publicidad de Victoria’s Secret, o ante una portada de Playboy?
El discurso sobre el pudor, la intimidad y el respeto encuentran en la desnudez femenina una doble moral que afirma los cimientos de la estructura desigual en la cual vivimos. En la mujer, en las travestis, en las transexuales, en cualquiera que ocupe un rol marginal con respecto a la estructura de género dominante.  Las tetas están bien si son objeto sexual, y están mal si son sujeto político.

El problema no eran las chicas en topless, eran los seis patrulleros y veinte policías que acudieron como si hubiera un delito. ¿De verdad, veinte policías y seis patrulleros para “controlar” a tres chicas que toman sol?
El problema no es el #Tetazo en pleno obelisco porteño, en el Monumento a la Bandera de Rosario, o en cualquier otra ciudad. El problema son los hombres que se acercan como si hubieran acudido al cabaret, y que obligan a que las manifestantes tengan que organizarse en un círculo de mujeres “cubiertas” para protegerse de ellos. El problema es que este tipo de “machos” destacan con sus acciones sobre los que sí reconocen el problema como propio, y se integran al reclamo.

El problema es el analfabetismo con respecto al nuevo rol político que puede ocupar el cuerpo, y que lo continúa leyendo desde una mirada únicamente sexual. La mujer es virgen, es puta, o es madre. El cuerpo definido únicamente desde su sexualidad queda reducido a una referencia tácita sobre el lugar que ocupa en relación a la posición dominante masculina.

El juez Mario Juliano expresó “Esa es una de las formas (en ocasiones la única posible) de provocar un debate sobre las cuestiones que nos conciernen, del mismo modo que ocurre con otros temas (marihuana, edad de punibilidad, violencia de género) que deben formar parte de una agenda amplia y generosa en la que participemos la mayor cantidad de personas, propio de democracias más deliberativas.”

D.H. Lawrence refirió en 1928 en su prólogo a El amante de lady Chatterley “Quiero que los hombres y las mujeres puedan “pensar” en la sexualidad plenamente, completamente, de forma honesta. Y aunque no podamos “actuar” sexualmente a nuestra plena satisfacción, saber, al menos, pensar sexualmente con plenitud y claridad. (…) El cuerpo es, en el fondo, algo secundario.”

El #Tetazo no es sólo una protesta para que las mujeres podamos andar con el torso desnudo en las playas argentinas, sino que es una invitación y una oportunidad para poder pensar el cuerpo, la sexualidad y los espacios de intimidad con más libertad, y sin doble moral.

 

 

 

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