Los Yihadistas de mi barrio. Eduardo García Aguilar

eduardo-garcia-aguilarPeriodista colombiano, y algo mexicano, García Aguilar nos narra sus experiencias en las primeras horas del asesinato de los periodistas de Charlie Hebdo a manos de extremistas islámicos, vecinos de su mismo barrio.

 

 

LOS YIHADISTAS DE MI BARRIO *

Eduardo García Aguilar

 

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Eduardo García Aguilar

En el mismo lugar por donde paso todos los días, entre los barrios Jaurès-Stalingrad y Buttes Chaumont, ahí mismo, junto al bistró de chinos donde tomo cerveza o compro lotería, junto a la lavandería donde dejo sacos y camisas y el sitio de Western Union de los paquistaníes, veo este mediodía atravesado en la calle el automóvil Citroen 3 negro donde los yihadistas de mi barrio Cherif y Said acaban de huir tras cometer la masacre de Charlie Hebdo, cerca de Bastille, matando a los más grandes caricaturistas franceses del último medio siglo y a casi toda la redacción.

La calle de Meaux, que va hacia el norte de París, donde ahora residía Cherif con su mujer cubierta por la negra burka, está acordonada y diez metros más adelante se ve ese vehículo robado que más tarde se haría famoso en el mundo, porque en él escaparon los hermanos de apellido Kouachi, jóvenes que pertenecían, según medios de prensa, a una célula yihadista de mi barrio, el de Buttes Chaumont, donde he vivido en dos periodos claves de mi vida en París y que es para mí un terreno familiar, al lado de Belleville, Barbès y Montmartre, la zona norte popular, multirracial y multirreligiosa, llena de vida y color, la más interesante y excitante.

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Charlie Ebdo

En estas zonas del norte de París, indios, paquistaníes y originarios de Sri Lanka realizan en agosto la fiesta del dios Ganesha, el elefante que decenas de miles de inmigrantes pasean por las calles un domingo de fiesta y que es recibido al ruido de la quiebra de miles de cocos contra el asfalto y el colorido azafrán, fucsia y verde de los saris femeninos sobre cuerpos eróticos y paganos, mientras los hombres llevan el torso desnudo. El animismo es a veces más festivo que el monoteísmo.

Por estos lares del norte de París hay varias sinagogas y se ve caminar en familia a los judíos pobres con trajes negros, sombreros alones Stetson, kipas y crespos largos rumbo a los templos hebreos, en especial los sábados del Sabat. Por ahí donde está atravesado el ya famoso y terrorífico auto Citroen 3 negro robado por Cherif y Said, cruzan las familias que veo desde la barra del bistró chino y cuyo paso hacia el templo en un medio hostil me parece notable, una muestra de que en Francia y en Europa estamos viviendo ya al filo de la navaja, como en los tiempos del auge de los nazis en los años 20 y 30 del siglo XX.

Aunque la violencia en la India, Pakistán y Sri Lanka es extrema y se caracteriza por atentados contra sus líderes, como la familia de Indira Gandhi en la India o la de los Butho, Alí y Benazir, en Pakistán, o por el exterminio total de la rebelión en Sri Lanka la década pasada, esos conflictos no han aflorado todavía en las calles de París, donde vive una multitudinaria comunidad de ese origen, dedicada a trabajos de cocina en los sótanos de los restaurantes, la limpieza y el manejo de sitios internet. Aquí al lado del Citroen queda el café internet donde extranjeros del rumbo envían sus remesas a las familias lejanas de Asia y Africa a través de Western Union.

El simpático bistró-tabac chino Le Royal ha sido cerrado mientras la policía rodea la zona. Como los paquistaníes, la gigantesca y poderosa comunidad china no plantea problemas por ahora. Ellos solo se dedican silenciosamente al trabajo y a la acumulación de dinero. En el barrio de Place D’ Italie se realiza cada año en febrero la fiesta del año nuevo y cientos de miles se pasean con dragones el festivo domingo. Belleville también alberga esas fiestas, mientras crecen como champiñones los negocios financiados por los capitales gigantescos de la milenaria tierra de Confucio y Mao.

Y así como ellos, las comunidades viven en paz y se integran en el trabajo y la actividad mirando hacia un futuro laico, multirracial y multicultural que cambiará para siempre el panorama demográfico y racial de Europa en este siglo. Así ocurre con los japoneses de la Calle Santa Ana, italianos, ex yugoslavos, rusos, africanos subsaharianos de todos los barrios y los paquistaníes de la Goute D’or o latinoamericanos de Clichy o de Belleville. La mezcla en estos países es ya irreversible como en los tiempos del Imperio Romano.

Pero la tensión es fuerte y peligrosa ahora que el yihadismo mundial crece y vivimos de facto en un guerra donde Occidente e Israel atacan en Oriente Medio, mientras pululan las sectas al interior del propio islam exterminándose unas a otras en Siria, Libia, Arabia, Irak, en la frontera turca, Yemen y otros lugares más como la propia París.

Los jóvenes yihadistas de mi barrio nacieron y crecieron aquí y hacen parte de la enorme comunidad musulmana. Aquí estudiaron, recibieron ayudas del estado y también sufrieron la incomprensión de la sociedad que los marginaba por su origen. Cherif, el más conocido de los dos hermanos fue músico rapero y el colega suyo que tomó los rehenes en Vincennes, hasta visitó el Palacio del Eliseo alguna vez. Representan el fracaso de la integración y la excitación de un mundo confesional que despierta los fantasmas milenarios de la violencia y la intolerancia de unos y otros.

Hace apenas seis meses, cuando Israel atacaba sangrientamente en Gaza y mataba a más de 2000 civiles, en los barrios Stalingrad-Jaurès y Buttes de Chaumont, al regresar del trabajo a medianoche, me encontraba con incendios junto a las sinagogas, escuchaba tiroteos y veía a las fuerzas del orden con cascos y escudos enfrentando a los airados jóvenes musulmanes encapuchados, entre los cuales estaban sin duda los protagonistas de los hechos de esta semana. Alguna noche de verano me despertaron en la madrugada los tiroteos sostenidos de las partes en conflicto.

Así estamos ahora en París. Y al ver a la policía judicial que llega a revisar el famoso Citroen 3 cuyas imágenes circularon por el mundo, comprendo que estamos en el centro de una peligrosa guerrilla cuyo futuro desconocemos. Porque centenares o miles de yihadistas de Al Qaida y el Ejército Islámico Daesh, los convencidos, los fanáticos del sunismo radical, estan aquí ya, dispuestos en Europa a morir como mártires matando y destruyendo en nombre de su profeta a las Repúblicas construidas desde los tiempos de la libertaria, laica y libertina Revolución Francesa.

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* Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 10 de enero de 2015.

 

 

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