Los noventa años de Ernesto Cardenal. Jaime Quezada

ernesto-cardenalJaime Quezada, quien fue parte de la comunidad de Solentiname en la Nicaragua revolucionaria, dedica esta nota para recordarnos la importancia de este autor que arriba a sus noventa años de edad.

 

 

 

Jaime Quezada
 EL PLURIVERSO POÉTICO
DE ERNESTO CARDENAL
EN SUS NOVENTA AÑOS

 

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Jaime Quezada y Ernesto Cardenal
Managua, Nicaragua, diciembre, 2013.

 

 

Desde sus célebres, certeros y resueltos Epigramas  (1960), tan yámbicos en el pleno amor hacia la muchacha amada y tan estigmatizadores en la intencionalidad verbal y de catapulta, a la intensa y magna visión del universo de un Cántico cósmico (1989), donde el hombre no es más que  el punto medio entre los átomos y las estrellas, pasando por toda una vivencial, apocalíptica y oracular poesía, la obra de Ernesto Cardenal se proyecta más allá de su Nicaragua en un constante proceso de asombro y de redescubrimiento de un continente nuevo. Y, por sobre todo, en una permanente y vigente escritura poética como bien lo testimonian reveladoramente sus obras más recientes (Somos polvo de estrellas, 2012).

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Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal (Granada, Nicaragua, 20 de enero, 1925), perteneciente a una de las generaciones literarias más relevantes de la Nicaragua del siglo veinte -y con proyección al veintiuno-, hará de su lugar natal, y desde muy temprano, el nutrimiento de su singularísima y exteriorista poesía. Paisaje, historia, geografía de un tiempo mítico para un tiempo real. Así sea también León, la ciudad de su estirón y de su infancia en ese mucho espacio y mucho cielo. Que una y otra ciudad tiene en la poesía nicaragüense ontológica e históricamente un desarrollo y una tradición de nombres, tendencias y proyecciones como pocas en el continente americano. Cardenal viene, así,  motivado y enriquecido no sólo por lo natal de su país o de su Centroamérica  -paisaje, historia, geografía, y  tiempos míticos y realidades humanas-, sino también por aquella tradición y vigencia de otras notables herencias poéticas nacionales.

El autor de los oracionales Salmos (1964) y, antes, de su ardorosa y dramática Hora 0 (1960), será, sin duda, y desde un comienzo, fiel a una vocación en la búsqueda de una verdad y en la toma de posiciones personales, poéticas, religiosas, políticas y contingentes. Ya militante de un movimiento político de resistencia (Yo he repartido papeletas clandestinas  / gritado: ¡Viva la libertad! en plena calle), ya en camino de perfección o de projimía de amor hacia Dios.  Así, el amor –y el amor libertario- constituye una búsqueda de su verdad  y el yacimiento de su poesía desde los versos primeros.

El tema del amor, en consecuencia (Amor de Dios, amor humano),  el tema histórico-social-político, el tema testimonial y cronístico de las culturas precolombinas, y el tema cósmico en su tiempo y espacio o universo -aunque, “por qué decir universo, como si fuerauno y no pluriverso”- está presente en la obra poética toda de Ernesto Cardenal. Y en una siempre y permanente relación o urdimbre de un tema con otro: trasvasijamiento de épocas, sucesos, nombres, sueños, utopías, realidades del hombre de hoy en sus visiones pretéritas, apocalípticas y por venir: De las estrellas somos y volveremos a ellas, proclama Cardenal en una de sus cósmicas y célebres Cantigas.

Con razón Cántico cósmico, libro tan épico como astrofísico, y su obra más voluminosa y evolucionista (Ningún descubrimiento ha sido más grande / que el de la expansión del universo), es un canto de amor y una representación del universo con sus cosas humanas y sus visiones de ciencia. Esa ciencia que es también en su obra poesía, religión, experiencia intensa e iluminadora del mundo y de la vida.  Y con razón, también, el amor viene desde los  Epigramas  relampagueando en esta iluminadora y siempre llama viva que es su poesía. Cardenal retoma este amor-Amor, uniendo el círculo en camino de perfecto amor, con aquellos bienaventurados Salmos y con aquellos otros poemas de la trapa (Gethsemani, Ky.. 1960) con todo el recogimiento, reflexión y acción contemplativa del hombre contemporáneo en su Noche Oscura e iluminada de acercamiento a Dios.

La absoluta sencillez y objetividad de la poesía de Ernesto Cardenal, con situaciones comunes y corrientes y usuales de la vida, es lo que hace vitalmente vivo su lenguaje. Y la historia o la anécdota en todo el esplendor de la palabra poética y resuelto tratamiento de escritura. El propio autor ha dado nombre temático –exteriorismo– a su poesía, o definido tutelarmente toda una motivadora corriente de escribir poesía. Tendencia, por lo demás, que da singularidad a la mayor parte de la poesía nicaragüense actual. El exteriorismo no es un ismo ni una escuela literaria -dice Cardenal-, “es una palabra creada en Nicaragua para designar el tipo de poesía que nosotros preferimos. El exteriorismo es la poesía creada con las imágenes del mundo exterior, el mundo que vemos y palpamos, y que es, por lo general, el mundo específico de la poesía. El exteriorismo es la poesía objetiva: narrativa y anecdótica, hecha con los elementos de la vida real y con cosas concretas, con nombres propios y detalles precisos y datos exactos y cifras y hechos y dichos. En fin, es la poesía impura”.
En esta “poesía impura” radica precisamente la pureza poética de la obra de Ernesto Cardenal, en un abrirse a todos los temas y hablas posibles. Todos los tiempos y todas las épocas con sus códices y estelas, tan de ayer y tan de hoy. Historia, economía, datos, geografía, política, estadística, mística, sabiduría. Todo se unifica en la poesía y en el lenguaje del autor de una obra rescatadora de siglos y de modernidades: de los poemas indios de Los ovnis de oro (1991) al espacio energético de un  Cántico cósmico. Además, en esta “poesía impura” anda el amor rodeando constantemente una experiencia religiosa,  bienaventurada y hasta blasfematoria del salmista (Líbrame de sus Consejos de Guerra / de la rabia de sus jueces y sus guardias). Los bíblicos, evangelizadores y cotidianos Salmos, entonces, como cantos de liberación, de justicia social, de defensa de los pobres y oprimidos, de los exiliados, y de advocativa protesta.

Ernesto Cardenal
Ernesto Cardenal

Viviendo en la realidad geográfica misma –y también literaria y cronística- de El Estrecho Dudoso (1966), Ernesto Cardenal escribe su extenso y documentado poema de descubrimiento y conquista, de mestizaje racial y cultural en los pueblos de la América. Y con toda una resplandeciente naturaleza de flora y fauna de un Dorado territorio tan bien plasmado, por ejemplo, en el fragmento de estos versos: Y un árbol de calabazas que en Nicaragua llaman guacal / de las que hacen vasos para beber, como tazas, / tan gentiles y tan bien labradas y de tan lindo lustre /que puede beber en ellas cualquier príncipe. Poesía que se apoya y pide de prestado el documento, la narración del cronista, del historiador y del viajero. Pero en la reelaboración de una escritura “para una nueva épica”, según el decir de José Coronel Urtecho (1906-1994) que se vivió, a su vez, aquellas mismas riberas geográficas. Y en el registro, además, de una nueva sensibilidad y época también.

Esa nueva épica y esa nueva sensibilidad queda,  en toda su estimulante evidencia, en el rescate de situaciones míticas y oraculares, pero a su vez sociales, políticas y actuales en su homenaje a los indios americanos que, en definitiva, tendrá su unitario vínculo de integridad, identidad y conciencia americana con Los ovnis de oro (1991). Todo se unifica en estos poemas indios a través de aquellos rituales y sagrados pueblos precolombinos y sus antiguas ciudades (Las ciudades perdidas, El secreto de Machu Picchu) y testimonios de siglos: estelas, códices, jeroglíficos y el esplendor de culturas milenarias con sus dioses viejos y los mitos recreados. Pueblos originarios de tanta espiritualidad y mística también. Ciudades perdidas y reencontradas en los soberbios y, a veces, extensos poemas de Cardenal. La metáfora no tiene cabida en los versos de estos grandes poemas. Importa, en consecuencia, el texto crónica, el texto testimonio, el texto narrativo. Cifras, datos, flora, fauna, anécdotas, oro, alfabetos, estelas, templos, soles, selva, dioses, hombres, economía,  sudores, cantos: relación de historia viva americana en sus páginas de sufrimiento y maravillamiento y poesía.

Así también tan actual, vigente y visionario es Cántico cósmico. Cantigas, las llama con literaria propiedad su autor. Antigua composición poética. Canto que se hace medieval y, a su vez, tan de hoy y de mañana  en todo un lenguaje científico hecho poesía. Intenso y extenso poema de magna escritura. Cantigas que hacen pensar, ver (El universo es todo noche con estrellas), reflexionar, sentir y hasta escuchar la intensidad de una música de las esferas. Culminación acaso de toda una valiosa, acumulativa y constante labor poética que, de ese universo o expansión mística y cósmica, alcanza a otros infinitos universos o pluriversos: ¿La lanza, Lucrecio, arrojada más allá del espacio? Décadas se llevó Cardenal leyendo variadas obras cronísticas, históricas y científicas. Y recopilando datos y referencias especialmente de las ciencias actuales: la astrofísica y la cuántica y la biología y la antropología y la etnología. Materia poéticamente fascinante y deslumbradora y motivadora para una escritura de canto y de cosmos.

Ernesto Cardenal
Ernesto Cardenal

Pero no sólo la ciencia en este corpus y en este cosmos. También la historia y la geografía y la política. Es decir,  el hombre contemporáneo con sus sueños, sus pasajes cotidianos de humor, sus fervores y arrobamientos místicos, sus afanes revolucionarios y sus cuestiones sociales: No escribás de algo tan lejano como la galaxia, me dice la Silvia. Y yo: Si estamos en ella  (Cantiga  22). Las más variadas materias del universo van y vienen, en sus años-luz y en sus años-calendarios, por estos tutelares y cósmicos cantos. Versículos del Viejo Testamento, y del Nuevo también. Anécdotas propias o ajenas. Cosas de poesía nicaragüense y recuerdos de niñez, y el maíz precolombino. Y  Newton y Einstein  y la teoría de que todo el  universo es sólo una burbuja. Y los refranes populares y sentenciosas frases indígenas de pueblos sabios. Y el canto de los átomos, la danza de la energía, el cálculo de las fuerzas interatómicas. Y el génesis de este planeta americano, y el sufrimiento del hombre y la búsqueda de su liberación. Ese hombre siempre –Ecce homo– y en todo lugar bajo la Vía Láctea: Vemos irse a las estrellas como quien ve pasar un aeroplano y no sabe a donde va. En definitiva, un homenaje-canto a la vida, al cosmos, a la humanidad, al Creador de Todo y para todos.

En el pluriverso de este universo poético de Ernesto Cardenal queda de manera muy trascendente la singularísima e identificadora relación con las siempre motivadoras situaciones, contingencias y realidades nicaragüenses, desde aquellas de un tiempo otro a un retrotiempo hoy. La naturaleza humana, histórica, social, política, geográfica, poética, costumbrista, legendaria, y hasta conjural de una Nicaragua en todo su devenir y su esplendor. O como el verso mismísimo de Cardenal: ¡El poder mirar ahora mundos en el presente y en el pasado!  

Ejemplo: “¿Qué es aquella luzallá lejos? ¿Es una estrella? Es la luz de Sandino en la montaña negra”(fragmento Hora 0). Otro: “El cielo es como un comal sobre el mundo / compadre” (poema Bajo el comal negro). Y otro: “La plaza es como un bosque de palmeras y mangos y malinches, que cuando florecen son como llamaradas, como si hubiera muchos incendios en el pueblo” (poema Nindirí), Y otro más: “Cuando llega la temporada de lluvias ya no hay laguna de Apalka y ya no hay llano sólo hay una laguna hasta el horizonte” (poema Apalka). Y todavía más: “Ecuaciones de Alfonso Cortés: distancia = silencio / visión = sonido” (Cantiga 22: En una galaxia cualquiera). Y, en fin, “yo vivía en una casa grande junto a la iglesia de San Francisco …/ De noche una enorme luna roja subía del Calvario. / Me contaban cuentos de ánimas en pena y aparecidos. /  A media noche / la sombra del general Arrechabala cabalgaba por las calles. / Y el ruido de una puerta que se cierra… (poema León). Hablas, decires, frases, memoria de vida y siempre revivida en esta poesía toda en su cantar y en su contar y, a su vez, reencantar.

La escritura poética de Ernesto Cardenal, refundadora y rescatadora siempre de un nuevo mundo en sus visiones históricas y testimoniales, geográficas y religiosas, humanas y apocalípticas, está fundada –como ya se ha hecho referencia- por sobre todo en el amor (“La vida misma es amor, y si es verdaderamente vivida enseña amor”). En el amor a Dios y en el amor al prójimo, y al pueblo de ese prójimo. Es decir, el hombre todo  en su poesía: desde sus oráculos y tikales precolombinos (sudando entre la milpa) al anónimo habitante de las ciudades multánimes modernas. Por la obra toda de nuestro autor pasan y están los sueños, las utopías y los destinos de un país – su Nicaragua- y de un continente o territorio –su Centroamérica y su América entera. Una poesía toda en un volver a interpretar y reinterpretar el universo y pluriverso en su conjunto y en los nuevos signos de los tiempos.

El  propio Cardenal, en su cósmica Cantiga 4 se pregunta y, a su vez, con énfasis se responde: ¿Qué hay en una estrella? Nosotros mismos. / Todos los elementos de nuestro cuerpo y del planeta / estuvieron en las entrañas de una estrella. / Somos polvo de estrellas. Ese polvo quevediano e hidrógenamente enamorado, sin duda, y que da tutelar contenido a una siempre resplandeciente obra y a una  vida de noventa años en su luminoso universo.

J. Q.
Santiago de Chile, enero, 2015.

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Ernesto Cardenal

Jaime Quezada y Ernesto Cardenal
“La Chascona”, Fundación Pablo Neruda.
Santiago de Chile, agosto, 2009.

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Publicado por

Mexking

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2 comentarios en “Los noventa años de Ernesto Cardenal. Jaime Quezada”

  1. Merecido homenaje al poeta de América. Gracias, Jaime por adentrarnos por el laberinto espiritual del Gran Ernesto Cardenal.
    Jaime, te dice algo el Iplaj? M

Los comentarios están cerrados.