Mujeres pintoras de Sinaloa. Azucena Manjarrez

azucena-manjarrezNo es fácil en México, ni en América Latina, que las mujeres no sólo sean respetadas como ciudadanas de primera, sino que puedan ocupar los sitios que les corresponden en la cultura y el arte. Menos aún lo es en el norte de México, donde las historias de violencia son aterradoras. Aquí otro relato más esperanzador.

 

Mujeres pintoras, retrato de una época

 

A Héctor Parra por el cruce de caminos,
por los días y porque siempre estará.

En Sinaloa el mundo de la pintura para las mujeres se abrió camino, en 1957 con Rina Cuéllar Zazueta; hoy crece sin complicaciones

Azucena Manjarrez

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Azucena Manjarrez

En Sinaloa el mundo de la pintura crece. También el de las mujeres. Desde 1957, cuando se fundó el Taller de Artes Plásticas de la Universidad de Sinaloa (TAPUS*1), estuvieron presentes si bien no al igual que los hombres pero presente al fin.
En este espacio, el primer centro formal para el desarrollo de las artes visuales, Rina Cuéllar Zazueta fue la punta de lanza para que ellas estuvieran en la escena de la que se habían mantenido alejadas.
Junto a una camada de artistas como Alejandro Inzunza Villa, Celestino Herrera Moreno, Juan Ramón Mendoza, Pedro Carreón Zazueta empezó esos primeros bocetos que ahora se multiplican en las nuevas generaciones de creadoras.

En la artista se conjugó todo aquello que para las mujeres de su tiempo era restringido; la maternidad y las pasiones. Su vida estuvo dedicada de lleno al arte, no sólo a la pintura, la música y la escritura también tuvieron una gran influencia en su trayectoria como una retratista destacada.
Se caracterizó por trabajar el óleo, acuarela y los gises para crear pinturas de corte regionalista a través de retratos de los indígenas mayos- yoremes, que habitan el norte de Sinaloa.

Sin miedo a los colores, ni a los pinceles, su interés primero fue estudiar en la Ciudad de México, pero la negativa de sus padres se escuchó rotunda, por temor a que se volviera comunista.
Se conformó con hacer una carrera en Culiacán y ser la primer figura, al menos pública que dedicó su vida a esta disciplina y a la historia hasta su muerte, el año pasado.

Esto fue así porque en alguna ocasión dijo: “Cuando uno nace artista, todo se va poniendo. Yo no sé manejar un carro, porque no se me presentó esa necesidad, pero los pedazos de gises siempre se han ido poniendo. Nunca han faltado.

danzante

Pintar a la sombra

Fue en espacios alternativos como plazuelas y parques que Rina Cuéllar pudo mostrar su trabajo y motivar en otras, la inquietud por la libertad que a ella le ofrecía el arte.
Y así fue, la evolución que tuvo el taller en el que inició se convirtió en la Escuela de Artes y Oficios, hoy Escuela de Artes Plásticas de la Universidad Autónoma de Sinaloa, de donde han egresado desde entonces decenas de mujeres pintoras.

También desde la Diputación Federal del Estado Sinaloa, en 1993 se organizó una magna exposición en la Ciudad de México para dar a conocer las diversas técnicas y estilos de los valores sinaloense de diferentes generaciones.
Ahí estuvieron pintoras que habían estado bajo las sombras; las hermanas Rosy y Dulce María Aragón Okamura, Liliana Bandín, Ninfa Cabrera, Blanca Félix, María Esthela García, Solú Gaxiola, Isaura Lizárraga, Evelia Morales, Rosa María Robles, Lilia Sapién, Silvia Balderrama, Claudia Zazueta.

Resurgieron por entonces también maestras en su mayoría de oficio como Delia Guerrero, Rosa Amelia Castro, Ethelvina Angulo, Sandra Robles, Wendy Arámburo, Rosy Figueroa, Alma Rosa Sato,  Mayra Zazueta, Irma Aguilar, Sofía García, Elizabeth Castañeda, Ana Dolores Carreón, Minerva Solano, Angelina Arias,  Liliana Bandín, Margarita Félix, Marta Romero.

Desde otro escenario ha surgido otro tipo de creadoras, que  se  enfrentaron a un escenario completamente distinto; por una parte tuvieron más facilidades para formarse en espacios fuera de Sinaloa, fundamentalmente en la Ciudad de México, y tener acceso a nuevos materiales para la creación, tal fue el caso de Cecilia Sánchez Duarte y María Romero Salas.

Esto se dio aunque muchas de las propuestas todavía estaban ceñidas a las corrientes artísticas en curso o a las que tuvieran acceso; es decir pintaron, dibujaron de manera tradicional pero sin trasgredir los límites establecidos por la misma como el retrato, paisaje, bodegón y otras.
Tuvo que pasar una década más para que con una conciencia de género expresaran en sus obras motivos que rompen con lo convencional como el cuerpo femenino, violencia, sexualidad y desigualdad.

Afortunadamente, hoy en día las mujeres van ganando terreno, se puede hablar de casos destacadas a nivel internacional como Teresa Margolles, Fritzia Irízar, Rosa María Robles, quienes han ganadoras de bienales y tienen una presencia de alguna manera superior a la de muchos artistas hombres.
Los discursos plásticos de las creadoras no se limitan a las técnicas tradicionales, está presente la fotografía, el performance y la instalación. Tienen otras aspiraciones en el arte.

En un tiempo relativo, las mujeres han logrado equipararse a los hombres. Las escuelas de arte cada vez son más socorridas y su presencia es cada vez más visible.

Ganan premios, exponen y crean sin prohibiciones. A la par cada vez más el estado ofrece oportunidades de desarrollo. Las mujeres sinaloenses habitan ahora en el retrato de otra época.

 

1.    El 26 de enero de 1957, con la fundación del Taller de Artes Plásticas de la Universidad de Sinaloa, se inauguró una nueva etapa, acaso la más importante en el largo y sinuoso camino de las artes visuales en Sinaloa. Atrás quedaba una serie de intentos fallidos por organizar y sistematizar el conocimiento pictórico mediante la enseñanza formal en academias, Carlos Maciel Sánchez y Azucena Manjarrez, Historia Temática del Estado de Sinaloa, mecanoescrito, p 133

 

 

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