Mandelstam en las estaciones de Dante. Celedonio Orjuela

mandelstamOsip Mandelstam encarna el drama de una generación de poetas rusos que vivieron y murieron bajo el acoso del régimen stalinista, al tiempo que representan una fuente de luz en la oscuridad soviética.

 

 

Mandelstam en las estaciones de Dante

La Divina Comedia no roba tiempo al lector,
sino que lo dilata como si fuera la
ejecución de una pieza musical.

Osip Mandelstam

Celedonio Orjuela Duarte

Celedonio Orjuela
Celedonio Orjuela

 

Después de la corta presencia del simbolismo ruso  y su figura más destacada Alexander Blok (1880-1921) a quien calificara León Trotsky, en su libro Literatura y revolución, compañero de viaje y su poema Los Doce como el himno de la revolución triunfante.  Blok fue el que mejor representó con su poema ese momento de transición del zarismo al triunfo de la revolución bolchevique en 1917; el poema propone el siguiente argumento: es el atardecer y la nieve cae sobre Petrogrado (San Petersburgo), mientras una procesión de personajes camina por la ciudad; una vieja mujer quejosa, un burgués friolento (tal vez poeta), un pope que se lamenta del declive de la vieja Rusia. Al caer la noche las calles se tornan desiertas salvo por algún vagabundo que por ella deambula: y entonces, repentinamente, aparecen Los Doce, acompañados del sonido de las armas. Casi enseguida, se introduce a los personajes de Katia y Vanka, que están en una taberna; ella es una prostituta, y él fue anteriormente uno de Los Doce, ahora convertido en un renegado traidor  (y, por si fuera poco, rico). La pareja sale a tomar un carruaje y, en una riña confusa, Los Doce disparan contra ellos: Katia escapa, pero los disparos la alcanzan y muere. Después se esta escena, Los Doce continúan su marcha de violencia, salvo Piort (Petruja) que lamenta por haber asesinado a la mujer, quien anteriormente había sido su amante; pronto será disuadido por sus compañeros, quienes lo convencen  de olvidar el pasado y de prepararse para el porvenir, en el que le esperan sin duda más desafíos. Groso modo esa es la anécdota del poema que por su simbolismo, propone su relectura. En todo caso Blok supo dar  testimonio del ocaso de un Estado y el nacimiento de un nuevo mundo. Los Doce no trata de la añoranza de una edad dorada o del anhelo de un paraíso perdido, canta un presente que después se vendría en su contra. Los Doce no fue de la preferencia de los poetas venideros por haberse alejado de su verdadero estilo de tinte metafísico, pero igual lo reconocieron como su maestro, Ana Ajamátova publico sus Versos a Blok en 1922 y otro tanto hizo Marina Tsvietáieva ese mismo año. También Pasternak le tenía gran admiración.

mandelstam
Osip Mandelstam

Tenemos entonces que los simbolistas practicaron una poética demasiado cósmica que terminó siendo supremamente indescifrable, lo que condujo el movimiento a su ocaso, allanando el camino a otra vanguardia rusa, constante en esa vertiginosa primera mitad del siglo XX, el arte quería expresarlo todo en poco tiempo, de ahí que resultaron “atropellándose” una tras otra con el escaso margen de no más  de una década; eso aconteció con el simbolismo del que se gestó rápidamente el futurismo, tan parecido a nuestro nadaísmo y desde luego el acmeísmo (palabra que resulta de juntar la palabra griega acme, que significa “grado máximo de algo” y adamismo, que significa “visión del mundo viril, clara y firme”. El segundo nombre fue cayendo en desuso y la corriente quedó con el nombre de acmeísmo), compuesto por un grupo de jóvenes poetas entre los que se encontraban Osip Mandelstam (1891-1938) y  Anna Ajmátova (1889-1966), acaso las figuras más destacadas del movimiento que nació en la buhardilla de uno de los poetas, dichas reuniones decidieron llamarla El taller de los poetas. En aquel lugar se gestó lo que sería su doctrina que consistía básicamente en sacar a la poesía de ese orden metafísico que la había llevado el simbolismo y traerla  a una nueva realidad como en efecto ocurrió con el acmeísmo en su corta existencia, desde luego sin caer en lo que después sería el realismo socialista. Ossip Mandelstam, fue uno de los animadores del acmeísmo, hasta cuando comenzó la persecución de Stalin, a través de la Unión Nacional de Escritores; no tenemos espacio para detallar aquí los seguimientos de Stalin contra nuestro poeta por no loar al régimen y desmitificar el culto a su personalidad como en este poema:

Epigrama contra Stalin

Vivimos sin sentir el país a nuestros pies,
nuestras palabras no se escuchan a diez pasos.
La más breve de las pláticas
gravita, quejosa, al montañés del Kremlin.
Sus dedos gruesos como gusanos, grasientos,
y sus palabras como pesados martillos, certeras.
Sus bigotes de cucaracha parecen reír
y relumbran las cañas de sus botas.

Entre una chusma de caciques de cuello extrafino
él juega con los favores de estas cuasipersonas.
Uno silba, otro maúlla, aquel gime, el otro llora;
sólo él campea tonante y los tutea.
Como herraduras forja un decreto tras otro:
A uno al bajo vientre, al otro en la frente, al tercero en la ceja,
al cuarto en el ojo.
Toda ejecución es para él un festejo
que alegra su amplio pecho de oseta.

Fue quizá el poeta pos-bolchevique que más se preocupó por organizar un cuerpo teórico-estético para la nueva poesía rusa. De ahí la importancia de ese original y condensado ensayo Coloquio sobre Dante, lo mismo que La Cuarta Prosa, dos libros que compiló editorial Visor en un solo libro. En no más de ochenta páginas examina Osip la Divina Comedia de Alighieri, que van desde las matemáticas, la ciencia, los alcances científicos de la época, las relaciones del poema con la antigüedad griega  y desde luego  el  lenguaje, materia prima de la poesía. Para un auténtico ruso, su lengua es una de las más cuidadas, en tanto que los poetas son muy dados en aprenderse los poemas de memoria para ser declamados. De ahí que una parte del examen que hace Osip de La Divina Comedia, amén de las otras glosas arriba indicadas que miraremos en el desarrollo de estas notas. Para comenzar el estudio de la Divina Comedia esto nos dice de la lengua italiana: Cuando comencé a estudiar la lengua italiana y tuve apenas un ligero conocimiento de su fonética y prosodia, comprendí enseguida que el centro de gravedad de la articulación verbal se había desplazado, acercándose a los labios, fuera de la boca. La punta de la lengua se hallaba de repente en el puesto de honor. El sonido se precipitaba hacia la compuerta de los dientes. Me sorprendió también el carácter infantil de la fonética italiana, su bella puerilidad, cercana al balbuceo, una especie de dadaísmo secular.

El poeta ruso considera que la aparición de la Divina Comedia representa para Italia la salida a la arena mundial de la lengua italiana, concebida como un todo, como un sistema.

Otro ángulo para el poeta ruso es comparar o más que comparar sentir que el poema camina, la Divina Comedia es una larga travesía, acompañado de una gran orquesta sinfónica, si aprendiéramos a oír a Dante, nos dice el poeta ruso…oiríamos la maduración del clarinete y el trombón, oiríamos la conversión del violín de la viola y la dilatación de los pistones de la corneta. Seríamos testigos de la formación de una nebulosa en torno al laúd y de la tiorba de la futura orquesta tripartita. Y vuelve el poeta Osip a reafirmarnos la potencia musical del poema que entre otras cosas considera que todo el poema es una sola estrofa, única e indivisible.

Como lectores, tomen un descanso del coloquio parece decirnos, en una  especie de intermezzo y nos habla de ese Dante que para la época fue quedando fuera del alcance del público y fue llenándose de misterio. Quienes lo tuvieron cerca los consideraban una persona difícil y agotadora, pero lo toleraban por su exagerada sabiduría. Mandelstam nos cuenta como representaban a Dante en los grabados franceses  con capucha y nariz aguileña, incluso el mismo Block  es  La sombra de Dante con el perfil aguileño/me canta de la Vida Nueva.

El poeta ruso nos habla de los códices de Dante de mediados del siglo XIV, de la colección de la biblioteca de Perugia. Beatriz muestra a Dante la Trinidad.
Después de estos escarceos exteriores o interpretaciones de artistas, Osip vuelve al texto y entramos al infierno con antorchas, entramos a la cueva. Entrar en ella y ver lo que se describe en el infierno. Dante se valió de un órgano para medir el tiempo que gotea y se desvanece a la vez que nos advierte de las formas verbales en que están escritos los tercetos del infierno, el pasado imperfectivo, el pretérito del subjuntivo, incluso el presente y el futuro del canto décimo son categóricos, autoritarios. En ese tono nos recrea las almas de los usureros, para departir con ellas, señala que están sentadas. En este sentido, hay que acentuar la manera en la que, en este séptimo círculo, cada grupo de penados abrevia, con su postura, la falta que lo llevó a la perdición eterna. Y así, bajo la lluvia de fuego, los blasfemos aparecen tendidos boca arriba; los sodomitas caminando en círculos, sin descanso, y los usureros sentados, tal y como permanecían en vida, horas y horas, contando ociosamente su dinero. Más adelante considera Mandelstam el infierno de Dante no son otra cosa que las ciudades…El amor a la ciudad, la pasión por la ciudad: esa es la materia del infierno. Los círculos del infierno no son otra cosa que los anillos de Saturno de la emigración. Para un exiliado, su ciudad única, prohibida  y perdida para siempre se esparce por todas partes: está rodeado por ella.

Ya en la tercera parte del poema, en el paraíso, el poeta ve esta fase del poema como un auténtico ballet cinético. En ella están todos los aspectos posibles de las figuras luminosas  y de las danzas, incluso hasta los golpecillos de los tacones nupciales.

La cuarta prosa

La cuarta prosa es un libro lastimero del Estado socialista que se perfilaba policiaco y las juventudes comunistas (komsomol), a quienes el poeta llamaba cachorros desgreñados, una suerte de alborotadores acolitados por el nuevo Estado justiciero lleno de soplones.

Aquí también encontramos un recorrido por la caza Herzen, sede de la Unión Nacional de escritores rusos, que ejercía más bien como una casa policiaca de los escritores disidentes, era a su vez  museo, en el cual guardaban la cuerda con la que se ahorcó Esenin.

El texto consta de 16 pequeños apartados en los que de manera irónica cuenta las vicisitudes de pertenecer a un Estado en formación, pero del que sabía que no se acomodaría en el futuro, como efectivamente ocurrió con nuestro muerto en un campo de concentración, seguramente en 1938.