La Otra revista de Otredad

Premios y premiados
José Ángel Leyva
casarEs el poeta Eduardo Casar quien hace la presentación de La Otra, aunque se refiera a números atrasados La Otra nunca es la misma, ni siquiera deja de ser La Otra por ser vieja o nueva, es La Otra. Compartimos alegrías por los reconocimientos a entrañables amigos: Antonio Gamoneda, Doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma del Estado de México; Marco Antonio Campos, Doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Nuevo León; Juan Manuel Roca, Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de Colombia, y Antonio Deltoro premio del Festival Literario de Novia Sad, Serbia, todo en estos meses de agosto y septiembre. ¿Y La Otra? Pues de ella nos habla Casar.

 

 

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La Otra revista de otredad
Eduardo Casar

Debo declarar con todo el énfasis del mundo que me da mucho gusto que existan revistas de poesía y debo corregir luego luego porque el plural suena muy grande. En nuestro medio mexicano están La otra y el Periódico de poesía, de la UNAM.

Eduardo Casar
Eduardo Casar

Antes la otra era un término para referirse a la amante del marido. Eran otras épocas y había otras condiciones económicas que permitían sostener dos casas, aunque una fuera chica.

Luego se fue desplegando como mancha de tinta el tema de la otredad en la subjetividad social, principalmente académica. Y actualmente ya no se habla de la otra sino de “el otro”. Ni modo, la filosofía le ganó a los sentimientos históricos que se pierden entre la niebla del Cañón del Sumidero. Snif, snif.

La Otra No. 17La otra es realmente un placer: ese placer está inscrito en el formato de las revistas, pero claro que hay de revistas a revistas: hay incluso una Revista de revistas.

La otra es como un paseo amabilísimo, con distintos kioscos y laureles y bancas y transeúntes. Celebro dos aspectos de su arquitextura: su carácter internacional y su afán de descentralización nacional: vean, por ejemplo, la excelente portada del número 17 de la Otra impresa, que se puede leer en línea: la sección “Yo poeta”, con Elva Macías (Elva la buena), y con una extraordinaria poeta que es Piedad Bonnett, mi descubrimiento del 2012. Luego la sección “Poetas en Babel”, con dos estadunidenses, un francés, un húngaro, un alemán, una australiana. Y luego una sección de “Letras de Nuevo León”.

La revista escoge, selecciona para que los lectores, a nuestra vez, escojamos. Qué sabroso escogedero. Y uno va entre los poemas y las fotografías y las pinturas, asombrándose, deteniéndose, reflexionando, dejando de leer, pensando, copiando un verso, emprendiendo un poema propio activado por una imagen que se le ocurrió a un poeta irakí.

La otra es utilísima; es un pequeño marecito portátil donde ya uno puede buscar por su cuenta las desembocaduras que le interesen. Tiene la virtud de las antologías, que son disparadores hacia mundos más amplios.

Qué maravilla recordar al gran poeta Joaquín Vásquez Aguilar, el legendario “Quincho” y constatar que no ha sido olvidado. Qué impresión los paisajes inventados de Servio Zapata. Ambas exclamaciones salidas del número 18.
La poesía en nuestro país tiene mucho público: proporcionalmente al crecimiento demográfico el público que siempre ha tenido: un público minoritario, selecto, que no se satisface con las lecturas puramente transitivas de los bestsellers (o superventas, como les dicen los españoles) y busca la voluptuosidad del lenguaje poético. Lectores que gozan la danza del lenguaje y no solamente su caminata. La prosa nos lleva de un lado a otro, pero la poesía lo hace bailando: y ya se sabe el placer de ver bailar y el de bailar, aunque bailemos mal.

La poesía no se vende, pero eso no importa. Al no estar sujetos al mercado los poetas tienen una libertad  irrestricta para escribir lo que se les dé la gana, y para experimentar y dilapidar fortunas. En el bicentenario muchos novelistas se acordaron de que en el fondo ellos siempre habían querido escribir una novela sobre Morelos; casi ningún poeta hizo un canto a la cabeza desprendida del cura Hidalgo que sigue dando el grito durante el Cervantino.

La Otra No. 18
Debemos sentirnos muy orgullosos de que las universidades patrocinen gratuidades estéticas tan buenas como La otra. La universidad Autónoma de Sinaloa coedita La otra y en el número 18 hubo apoyo del Instituto de Cultura del estado de Durango y del Conaculta.

El asunto es que nada de esto hubiera sido posible sin la vocación verdaderamente humanista de José Ángel Leyva, el endemoniado ángel que mueve La otra.

Conocí a José Ángel allá por 1982 cuando mi actual esposa estaba refugiada en el departamento de Silvia Bourdón en Malitzin ya no me acuerdo qué número y el andaba de pretendiente, o algo, de una amiga de Silvia. Yo había publicado el año anterior mi primer librín de poemas y él no me dijo que escribía, siempre ha sido una persona discreta.

Aunque nos vimos otras veces nos reencontramos cuando el poeta brasileño Ferreira Gullar vino a México con motivo de la publicación de En el vértigo del día, una joya que había traducido como joya Alma Velasco. José Ángel entrevistó a ambos, traductora y poeta, y es que Leyva siempre pregunta; le gusta hacer entrevistas, que es un trabajo muy pesado por todo lo que tiene uno que hacer después con lo que ha grabado. A él no se le hace pesado porque tiene una indomable curiosidad y una inextinguible vocación de servicio.

Se necesita vocación de servicio, volcarse hacia el otro y amar lo que uno vuelca, para hacer toda la talacha que implica una revista de la calidad de esta. Y Leyva no lo hace para adquirir poder en el medio cultural: lo hace para hacer de este medio algo verdaderamente cultural. Porque además hay otra Otra en línea y Leyva hace también radio, que es el medio ideal para transmitir poesía. Él se desdobla, se multiplica para que los lectores hispanoparlantes  multipliquen su imaginario e intensifiquen su vida interior.

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José Ángel Leyva

¿Qué se necesita para escribir como Luis Cardoza y Aragón? Ser Luis Cardoza y Aragón. ¿Y qué se necesita para hacer La otra? Ser José Ángel Leyva.

Yo me siento orgulloso de La otra, aunque yo no la hago. Y me siento orgulloso de conocer a su autor.
¡Salud, por la poesía!

* La otra, revista de poesía + artes visuales + otras letras; números 17 y 18, correspondientes a octubre-diciembre de 2012 y enero-marzo de 2013.
Dirigida por José Ángel Leyva, Víctor Rodríguez Núñez y Alfredo Fressia.

 

 

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