“El chiapamundi” de Oscar Palacios. Roberto López Moreno

palacios-oscar¿Es Chiapas el ombligo del mundo? Pues al menos en estos relatos arrancados de la oralidad chiapaneca lo es, y no sólo eso, su primer gentilicio fue el de Únicos, porque el humor está justo a la mitad del cuerpo.

 

 

EL CHIAPAMUNDI de Oscar Palacios

Roberto López Moreno

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Roberto López Moreno

Sí. No tan seguro arriesgo que ni Silvestre Revueltas, ni Heitor Villa-Lobos, ni Amadeo Roldán, ni Alberto Ginastera, ni Leo ni Ponce ni Mangoré detuvieron pupila y latido (pero sí) durante algún segundo de sus días en calles y esquinas de los Únicos, piedra labrada con tiempo, almas labradas con tal piedra, que alguna vez, entre los antepasados de quienes los Únicos ni memoria tienen, sirvió de evangelio lítico y luego sólo de un promontorio más del paisaje para que los Únicos fueran. Y son. Pero entonces aquí se dan en forma natural –Oscar Palacios lo sabe bien- los portentos de la latinoamericanía. Veo a Alejo Carpentier en ardua recuperación de los pasos perdidos y un rasgo de intuición me explica en mi centro mis bullires en el ombligo del mundo.

¿Silvestre y Ginastera intuyeron a los Únicos de Oscar Palacios y los convirtieron en sonido, en sus sonidos? ¿Cómo fue eso? ¿Sus partituras crecidas en estas latitudes solares se empezaron a pergeñar por sí mismas y les dijeron a Revueltas y a Mangoré, oigan, ya nos alimentamos del misterio de los sonidos de acá? ¿O es que Palacios y su cohorte real-imaginaria fueron tocados naturalmente con los sonidos estos y éstos coincidieron y se compenetraron tanto que se fueron convirtiendo en palabras y colores, lo colores en hechos, los hechos en las páginas de un nuevo libro de Palacios de esencia surianizada?

El Chiapamundi
El Chiapamundi
Hemos leído en retozo abierto el nuevo libro: El Chiapamundi, relatos desde el ombligo del mundo, Editorial La otra; en él, el autor nos construye, deconstruye y nos vuelve a construir muy a su modo montado en esa herida de agua que no llamaré Río Heráclito y que precisamente para universalizarlo a nuestro modo, río será del Masiosare y la Holocausta, la coqueta. El poeta Pellicer, cantor del Grijalva y del Usumacinta estaría feliz. Igual don Miguel Ángel, Salarrué,  Demetrio Korsi y tantos más, pacientes del mismo paludismo.

Nos adentramos en las páginas de Chiapamundi (los que conocemos a Oscar Palacios sobre las aceras le volvemos a dar volumen en la tinta de su libro y él nos vuelve a hacer deudores de refocilaciones), nos adentramos en las páginas en donde se nos cuentan historias, aparentemente por el gusto de contarlas, sin sustentar visiones políticas ni nada de eso, pero sí relatándonos regocijos en los que de alguna manera los poderosos resbalan, se deslizan sobre el filo del ridículo y de alguna forma también, como rebote natural, se dan cumplimiento a aquellas críticas de don Luis Cardoza y Aragón cuando expresaba: “hombre de hoy/ cosmopolita,/ nacido en el vértigo de los aires/ a una altura en la que la tierra ya no se veía”, pero aquí en Chiapamundi, sin subrayar los antiimperialismos y anticolonialismos de Cardoza, sin puntualizar nada de eso, trotando, trotando, sobre los ligeritos lomos del buen humor, aparentemente nada más.

Y existe una disposición de relatar vasta y múltiple de Oscar Palacios demostrando cómo de un mundo realista como el que nos da en Los Únicos, en un momento dado  se pueden desprender las cuestiones más absurdas que lindan casi con las fronteras de lo fantasioso en donde bien cabe una anécdota, un chiste, un agravio verbal, un “deja que te chingo”.

Él se acerca a nosotros con un ramo de verbaje fresco y queda en condiciones no de repetir -sino de favorecer aquello que decía cuando al hablar de nuestra patria de la que minúsculo pueblo o soberbia ciudad provinciana es este ombligo del mundo, el sabio Alfonso Reyes-: “América aparece como el teatro para todos los intentos”. Así es que en los Únicos todo puede pasar, hasta que se revierta la sentencia clásica y César Vallejo se bañe dos veces en el mismo río y Borges y Neruda y que Revueltas, José, llegue y determine que en Los Únicos no volverán a existir cárceles en donde se lastime al hombre. Puede ser, por lo pronto aprontamos un escenario de pretensiones sociales junto con otros de putas y rezanderas.

Oscar Palacios es escritor y escribidor al mismo tiempo, porque sólo alguien con tal dualidad cuenta con el dominio del lenguaje de tal manera, que con la mayor facilidad penetra en los acentos del otro y crea así lo efectivo de la transmisión. El escritor pone en juego sus juegos y nos inmersa absolutos en el ombligo del  mundo. Nos está hablando de Chiapas pero no, pero sí, y tal no primero lo hace un sí más firme. Ahí estamos todos los que de allá somos testigos, y testigos se vuelven también sus lectores de cualquier punto en donde se realicen los quehaceres humanos.

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Oscar Palacios

Periodista, escritor, apasionado absoluto por la dos vías, Oscar Palacios conoce Chiapas en su historia, en sus tradiciones, en sus anecdotarios, en sus luces y en sus sombras. La herida en la que ha navegado para darnos sus visiones, yo le llamaría Río de Mariátegui, Río de Marinello, Juan, y desde ahí hace el inventario de Su (con “ese” mayúscula) Chiapas y a sus lectores simplemente nos convierte en parte de lo mismo. Y todo pudiera suceder como en Macondo, pero a su modo. Y todo pudiera suceder como en Comala, pero a su modo. Como en Santa María. Como en Cumandá. Y todo sucede como en Los Únicos, en un puntito de Latinoamérica pero bajo la advocación de don Pedro Henríquez Ureña: “el asunto es ser universales siendo profundamente latinoamericanos”.

Repaso las páginas de Palacios, siempre muy él para poder ser muy el mundo como lo pretendía también Martí, quien nos quería nuestros y planeta. Eso anhelaba José Martí, que fuéramos nuestros y planeta. Gracias Oscar Palacios por este nuevo libro. Desde un rincón, el de Los Únicos, somos tu escritura y en ella aprendemos el vertiginio de las horas así como que ese mismo tiempo nos lo marca el sol, como si fuera un quetzal de vuelo lento.

 

 

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Publicado por

Mexking

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Un comentario en ““El chiapamundi” de Oscar Palacios. Roberto López Moreno”

  1. Como siempre excelentes artículos y comentarios. Leve crítica. La letra no está clara, nítida, me costó trabajo leer.Como se estuviera acabando la tinta. Felicidades

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