Alberto Escobar Ángel. Un nadaísta exasperante

alberto-escobarOmar Castillo evoca en este ensayo a su compatriota colombiano, quien falleciera en el 2007, y a quien considera un poeta elegiaco, que “funda su creación en el asedio del azar o el destino, la aridez o la esterilidad humanas”.

 

 

Omar Castillo

ALBERTO ESCOBAR ÁNGEL,
EL MÁS EXASPERANTE POETA DEL GRUPO NADAÍSTA

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Alberto Escobar
El 21 de diciembre de 2007 moría en Medellín el poeta Alberto Escobar Ángel, quien había nacido en la misma ciudad el 10 de junio de 1940.

La obra poética de Alberto Escobar Ángel se inicia en la pregunta por la forma y por el contenido para la escritura de un poema que dé cuenta de los trajines, grietas y acechanzas que revientan la existencia humana cada vez más despojada de sentido, tanto en lo íntimo como en lo global de sus usos y gastos.

Por lo mismo la nitidez y el vigor de su obra contrastan con muchos poemas escritos hoy día que parecen sonar “bien” porque se sostienen en las formas y músicas del siglo XIX e inicios del XX, es decir, son canciones repetidas hasta conseguir la callosidad suficiente para anestesiar el gusto sonoro. Y en lo temático son poemas cargados de buenos sentimientos e intenciones por un ser humano idealizado para el cumplimiento de ideologías religiosas y políticas.

Su escritura cuestiona la inspiración de uso repentista, fácil para tramar burlando la poesía. Al mismo tiempo evidencia que la inspiración es una disciplina que perturba y descodifica los lugares comunes, arrojando al vacío donde es posible la creación.

En ese vacío necesario para la creación Alberto Escobar Ángel concibió la escritura que por más de 40 años entregó a sus lectores. En una obra suficiente en su rigor y en los aportes donados a través de la reflexión ejercida sobre su ámbito individual y colectivo. Una obra que le propicia al lector interrogantes para aproximarse a la complejidad humana en lo desconcertante de su devenir y en lo desfigurado de su presente.

De 1958 a 1963 Alberto Escobar Ángel participó de la “revuelta” organizada por el grupo Nadaísta, quienes con actos y manifiestos provocadores enrarecieron la cotidianidad del Medellín de entonces. Con sus escándalos propiciaron que en Colombia algunos se escaparan de los versos parroquiales impresos como ejemplos de “sanas maneras” en medio de los muertos y los escombros arrumados durante los años de la “violencia en Colombia”.

De esos años data su magistral trabajo Los sinónimos de la angustia, publicado en la antología 13 Poetas nadaístas (Medellín, 1963), donde es posible leer el desconcierto, y si se quiere, las ambiciones de una generación varada en mitad de la intemperie auspiciada por las hegemonías que en el mundo controlaban y controlan los hilos de la humanidad.

Los poemas de Los sinónimos de la angustia, escritos entre 1959 y 1961, hacen de Alberto Escobar Ángel un poeta de características únicas en la poesía escrita por esos años en lengua española. Su materia poética se realiza en planos obstinadamente inéditos, cuya oquedad y resonancia rebasan los marcos cambiantes de la mejor poesía hispanoamericana y española escrita después de 1950.

Tras años de silencio poético en 1989 publica La canción del cantante y odaísta Andreas Andriakos, escrito en Nueva York en 1963, y Tres cantos a la manera elegíaca, cuya fecha no fue precisada por el poeta. Si en Los sinónimos de la angustia, en el tráfago y la algarabía de la ciudad, el poeta no se abstrae de los delirios que ésta le dispensa y desciende por los laberintos donde los habitantes de la misma son obligados a recitar la oda que da cuenta de los designios impuestos sobre sus cuerpos, en La canción del cantante y odaísta Andreas Andriakos la oda cantada se funda en un cuerpo a la espera de un rito próximo a celebrarse. El cuerpo, en la espera, se va convirtiendo en la geografía para el desenlace de una épica íntima donde es posible vislumbrar el universo consumiéndose y recreándose una y otra vez. Rito, sacrificio donde se descifra el ser ontológico. Palimpsesto visceral repetido hasta la raíz del tiempo. La poesía de Alberto Escobar Ángel pareciera recuperar la existencia en el detritus de la muerte. Del mundo que se hace semilla.

Los Tres cantos a la manera elegíaca son la evidencia del ánimo que nutrió una existencia. Y si para la escritura de estas elegías el autor se permite sentimientos potenciados en la amistad y el amor filial, lo cierto es la persistencia de la muerte como ecuación para la existencia. Los Tres cantos a la manera elegíaca se pueden leer como quien acude a un anfiteatro donde la realidad se consume sin descanso en cuerpos que procesa la maraña por donde se pierde el olvido. Porque a fin de cuentas esa ecuación de realidad existencial es lo configurado por la muerte.

La canción del cantante y odaísta Andreas Andriakos y los Tres cantos a la manera elegíaca amplían las maneras como el poeta aborda el cuerpo humano y desde éste aventura una interpretación de la vida, del mundo y del universo.

En 1990, ante el pedido del editor de los Cuadernos de otras palabras para publicar Los sinónimos de la angustia, el poeta revisó sus originales y los entregó en la versión que se publicó ese mismo año. Esta edición permitió ampliar la acogida que estos poemas habían recibido por sus primeros lectores cuando, publicados en antologías y revistas desde 1963, se convirtieron en himnos de una generación escindida en la diáspora del siglo XX, quedando claro que el discurso poético instaurado por éstos, en vez de haber perdido su vigor inicial, se había fortalecido

En 1992 son publicados El archicanto de la lábil labia & Las honras del lecho. El archicanto, escrito entre 1985 y 1990, es un poema elaborado como un largo verso avanzando por sus páginas, tal como un meteorito por el universo, dejando la sensación prolija de nunca impactar. Empero, en este poema cada una de sus parrafadas da cuenta de eventos particulares, son estancias desprendidas hábilmente de un acontecimiento mayor al tiempo que encadenado al maremágnum del mundo. El poema se resuelve por un ritmo de letanía alucinante donde se consignan los pedazos escarbados por el autor en su intento por asir una de las realidades del ser humano en el mundo. Al cabo de todo lo arrastrado por su verso, el poeta pareciera susurrar que, al contrario de las ideologías y de las religiones, la poesía no busca resolver las urgencias humanas, las escarba hasta sus raíces mismas.

Las honras del lecho, escrito también entre 1985 y 1990, es un poema donde los objetos quedan a merced de consonantes y vocales, siendo usados para urdir la leve trama en esa tarde única donde también están siendo consumidos por la penumbra de la noche vecina. Para este poema el estilo del poeta se exacerba a tal colmo que cada palabra aparece calibrada en lo estricto de su acepción y en la raíz de su sonido. Intentar definirlo como un canto de amor sirve en la medida que agrega un hito al género en lengua española. El viento en su vagabundear es, a fin de cuentas, el tema posible en Las honras del lecho. El viento, su movimiento cuando se desliza por los objetos físicos e ideales.

Poema, escrito en 1992, se publicó en octubre de 1995 en el número 8 de la revista de poesía Interregno. Por los versos de los nueve numerales que componen este poema se lee la decantada noción del mundo y el universo que el poeta fue fundando en la elaboración para una pregunta. De la realización de una pregunta más allá o más acá del reto de encontrarle una respuesta. La pregunta consignada en estos versos deja al ser humano a la intemperie de su condición y arbitrio, es decir, sólo él es responsable de su existencia. Alberto Escobar Ángel participa de la tradición en la poesía occidental que funda su creación en el asedio del azar o el destino, la aridez o la esterilidad humanas. El poema ejercido en su arduo sentido de zozobra, de maniobra, al límite del caos y sus significados. Su obra raya la memoria del viento, el mismo viento que no deja de consumir los recuerdos del ser humano.

En agosto de 2008 Ediciones otras palabras publica Estro estéril, libro donde se reúnen los poemas de Alberto Escobar Ángel arriba nombrados más sus Otros poemas escritos entre 1957 y 2004. La edición, el prólogo y las notas son de Omar Castillo.

En Otros poemas se recopilan los textos no incluidos en sus libros publicados. Los primeros tienen fecha de 1957 y el último es del 26 de febrero de 2004. Unos pocos aparecieron en periódicos, la mayoría permanecían inéditos. Estos 37 poemas permiten acceder a los inicios de su escritura, asistir a las primeras excavaciones en la veta donde fundó su poética. En ellos es posible leer los antecedentes de su peculiar vocabulario y la persistencia en los ritmos donde se estructura de forma tan característica su obra. Y lo más significativo, permiten verificar la consistencia de su temática, donde la ciudad es el escenario para el acontecer del extravío humano. La ciudad-laberinto es también correlato del perplejo ánimo que hace y deshace la condición humana. Entre estos, encontrarse con poemas como “Esquina de la muerte, universo de las cosas” permite reconocer las huellas de un poeta, a sus 17 años, ya inserto en la tradición y en las rupturas más avanzadas de la poesía escrita en su lengua. Conmueve el tono de estos versos, los territorios por donde se avecinan en su ritmo y en su decir.

Las voces de otros poetas impregnando esta escritura, consiguen que la de Alberto Escobar Ángel empiece por hacerse inconfundible. El “Canto negro para León de Greiff” no es un homenaje, es una tarjeta de presentación, es decir, el establecimiento de un reconocimiento posible desde la lectura y para la escritura, diálogo y quiebre fundando una no clasificada amistad entre el tú y el usted. En los tres numerales que permiten “Canto para la ciudad” se lee el deambular de un peatón figurándose en los parajes donde se compone y descompone la ciudad, donde nombrar es participar para el olvido o la memoria cuando se consume una existencia mineral y láctea. Todo entrevisto desde un sesgo donde se practica una visión del universo o su fatiga en la elíptica de su silencio o en la proximidad de su estallido. Aquí los fragmentos incluidos de “Los sinónimos de la angustia” aparecen gravitando igual a meteoritos que no consiguieron impactar en las páginas del libro así nombrado y quedan con el encanto de los pedazos cuando vagan siguiendo el ritmo delirante del cosmos.

El poema “Inventario de Nahún, el guerrero” es una de las muestras donde el poeta se da al gusto de lo descriptivo, tan propio en el continuo de su obra, hasta conseguir, en los cinco cuadros que lo arman, una narración característica de sus maneras de apreciar el mundo en su devenir e intrigas. Los cuatro pasajes de “Los sinónimos de la angustia, segundo libro, los viajes” son la memoria de lo emprendido, desde la quietud y el silencio, por los mares de la algarabía de la existencia humana, crónica al límite de una condición varada en sus despojos y en las huellas que por un instante, el suficiente para una quimera, crecen en la playa. En Otros poemas, la insistencia del poeta cuando nombra muchos de sus textos “Poema”, permite pensar en el reconocimiento, la certeza y la duda sobrecogedoras en el instante cuando escribe las palabras, una y otra vez, en la superficie de la página, en el vacío de la realidad y sus aledaños.

Aquí cabe decir que la obra poética de Alberto Escobar Ángel dialoga con el César Vallejo de Trilce y el de los Poemas humanos, con el Neruda de Residencia en la tierra y el de los Cien sonetos de amor, con el García Lorca de Poeta en Nueva York, con el Álvaro Mutis de Los elementos del desastre y el de Los trabajos perdidos y con la música verbal de León de Greiff. Sin olvidar sus lecturas de Saint-John Perse y T. S. Eliot, entre otros poetas que hicieron parte de su reflexión. Cuando el diálogo es cierto y directo, el eco de las influencias en un creador es efímero y por lo mismo fundamental. “Los poetas no son eternos, son un peldaño en la evolución de la eyección del hombre”, decía Alberto en una de sus conversaciones.

Es preciso detenerse en la forma como elaboró su obra, la disciplina y el rigor en el momento de abordar sus temas, siempre alerta, sin caer en el lugar común o en la doctrina que le franqueara el reconocimiento y la popularidad. Su vocabulario, cuya primera impresión perturba por lo enrarecido de las acepciones y los sonidos no familiares a que da lugar su poco uso, a más de ser exquisito, es nítido y preciso. Intentar interpretar procesos evolutivos en su obra, tal como suele estilarse, no es posible, pues ésta se funda en una veta de la que en ningún momento se apartó. Quizás para afirmar su poesía quede el silencio. El imposible e infinito. Ese desde donde el verbo se hizo. El mismo donde se consume. Es la suya una obra que se hace a la muerte recorriendo los laberintos de la vida, al fin y al cabo, una y otra fundamentan para lo extinguible del sueño y la realidad.

 

 

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