Leonardo Martínez, Argentina, 1937. El barro que sofoca

leonardo-martinez“El poeta catamarqueño, Leonardo Martínez, se ha vuelto un referente ineludible… es dueño de una poesía capaz de pintar la aldea y el mundo”, escribe su lector y amigo Javier Galarza para invitarnos a conocer su poesía. Un video del autor.

 

 

 

El barro que sofoca

Leonardo Martínez
Buenos Aires, El Suri Porfiado, 2013

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Javier Galarza

 

El poeta catamarqueño Leonardo Martínez (1937) se ha vuelto un referente ineludible para los que disfrutamos tanto de su obra como de su incansable presencia en lecturas y actividades.

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Leonardo Martínez
Leonardo es dueño de una poesía capaz de pintar la aldea y el mundo.

Leemos estos versos de su nuevo libro El barro que sofoca: "Alguna vez/ en las noches fragantes de la Catamarca vieja/ un licor de herrumbres/ nos estremecía llevándonos a pulso". (1)

¿Referirá Leonardo a ese pulso del mundo donde paisajes de siesta y anécdotas de perras preñadas se adhieren a la música del deseo?.

Como el mismo poeta anotó en una oportunidad: "Mi escritura estaría sustentada por pulsiones del subconsciente y más al fondo por la memoria colectiva y, seguramente la carga genética. Es decir, el proceso es instintivo, plural, indefinido, compulsivo, no buscado". (2)

Pensamos en la imagen acmeísta de la poesía como arado que desentierra el tiempo y leemos: "El poeta como arqueólogo de infinitas acumulaciones” o “Escarbar y hendir el suelo/ como si fuera recipiente de la memoria". (3)

Un verso de las Iluminaciones de Rimbaud dice Falta música sabia a nuestro deseo. No es el caso de este libro de Leonardo Martinez: "Aún el deseo me provoca incendios/ pero el agotamiento hace sonar su silencio y debo oírlo/ Queda el gusto opaco de lo provisorio/ y el sabor a pérdida". (4)

El erotismo habita todo el libro: "Imperecedero el amor y aquel beso bajo el follar de los astros/ Tus nalgas expuestas a la luz de la luna tras penetraciones incesantes/ y enterrado en vos el sueño de ser yo". (5)
En Mi carne verá a Dios el poeta escribe: "y pregunto y vuelvo a preguntar ahora sobre el barro que sofoca oxida y pudre" y cita el texto de Charles Jennens para El Mesías de Händel.

Sería un error pensar en El barro que sofoca como en una poesía de “tono regional”. Estamos ante un libro moderno que menciona a BillieHollyday, Schubert, Brahms, Wittgenstein y culmina con un vibrante homenaje a Allen Ginsberg. Catamarca o Nueva York son todas las ciudades y la muerte de un perro pequeño propicia el despliegue de una vasta cosmogonía.

Geografías y voces a través de los poemas: Juan Alfonso, la señora Zósima, la "tía Antonia” y "sus ojos contra el tiempo". Muchos son los evocados, podríamos enumerarlos pero: "Somos la vida y su resurrección continua/ ¿Interesan los nombres?". (6)

 

(1) A Migo Garriga
(2) Cita extraída del blog La infancia del procedimiento
(3) El torzal los dioses y el perrito Fox
(4) Cartas I y II
(5) De ser tan poco yo nace el nosotros
(6) Habla Juan Alfonso

 

Un poema de El barro que sofoca:

 

POEMIYA
(sobre un óleo del pintor Carlos Ripamonte)

A la siesta
bajo el algarrobo
muchacho  perro y caballo
son el mínimo no imponible

Fuera de la historia
sobrevivientes de Ilión  o del Tahuantinsuyo
aguantando el acoso del calor y de las moscas
no preguntan ni se preguntan nada
ni siquiera esperan
sólo dejan que la vida haga su trabajo

Como estatuas combustibles
arderán en el momento siguiente
y la memoria no se ocupará de ellos
Único el cuadro que los fija
y estos versos salidos de una consigna milagrosa

Y así todo
Chispazos  encuentros desencuentros
Embates en un rimero de conflictos
en los que somos nadie

 

 

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Un comentario en “Leonardo Martínez, Argentina, 1937. El barro que sofoca”

  1. Una tan cálida como lúcida aproximación a la obra de esa gran poeta y amigo que es Leonardo Martínez. Javier Galarza sabe muy bien de qué habla (un hecho no tan frecuente en estos días) y La Otra, piloteada por el espléndido poeta José Ángel Leyva, demuestra una vez más por qué se ha convertido en una publicación imprescindible. El abrazo de Jorge Ariel Madrazo.

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