Gustavo Adolfo Garcés.“Breves días”

gustavo-adolfo-garcesSobre este libro, ganador del concurso del COLCULTURA, hace diez años, del poeta colombiano antioqueño, Beatriz Restrepo Restrepo destaca la virtud de la brevedad como un arte de orfebrería y celebración.

 

Celebración del instante
Beatriz Restrepo Restrepo

Breves días. Antología
Gustavo Adolfo Garcés
Trilce Editores, Bogotá, 2010, 114 págs.

No es de extrañar que el título de esta Antología (1) haya sido retomado del segundo libro del poeta antioqueño Gustavo Adolfo Garcés (2) (1957), el cual fue ganador del Concurso de Literatura de Colcultura en 1992 (3). Porque a pesar de los dieciocho años que separan la edición de la Antología y el libro ganador del concurso, la obra poética de Garcés sigue siendo breve, al igual que los días ­–diremos instantes­– de los que da cuenta. Antes del concurso había publicado Libro de poemas (4), 1987. Después del concurso, ha dado a conocer su obra en tres libros más: Pequeño reino (5), 1998; Espacios en blanco (6), 2000; y Libreta de apuntes (7), 2006. La Antología recoge de todas estas publicaciones, y de un libro tan inédito como infinito Hasta el fin de los números, setenta y tres poemas, que francamente podrían ser muchos más, para dar lugar a una Antología más generosa,  para deleite y comodidad de quienes leemos los versos de Garcés a cualquier hora y en cualquier página.

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Gustavo Adolfo Garcés

Se podría creer que los versos de Garcés hacen parte de la corriente de la poesía breve, y esencial, que tiene sus arraigos en la tradición milenaria  del haiku,  que se dio inicialmente en  las culturas japonesa y china.  Se podría pensar de esta manera, si desde el título que reitera la palabra breve, tanto en el libro ganador del concurso como en la Antología, pasamos al poema “Naranjo”, del Libro de poemas, que no fue incluido en la Antología: Mis haikús/son globosos/ y dulces. Porque al aludir a esta forma de hacer poesía, explícitamente, y apropiarse del haiku en un sentido tan amplio como el plural, parecería estarse inscribiendo en dicha tradición. Se podría pensar de esta manera si nos detenemos en dos de los poemas publicados en la Antología que presentamos – “Li Po” (p. 19) y “Basho y el eco del mundo” (p. 38), porque esos dos nombres propios nos remiten a dos poetas, -respectivamente de la China y del Japón- más relevantes de dicha tradición. Incluso podríamos confirmarlo, al leer este último poema que invoca a Basho:

De la noche
sólo escucho
la sílaba de la rana

Porque si contamos sus sílabas encontraremos que se mueve en “El estrecho marco de diecisiete sílabas…” (8), como  efectivamente se define la extensión del haiku. Sin embargo,  hay un verbo principal, con una flexión personal que nos remite a la primera persona del singular. Cuando en la poesía del haiku se apunta, preferiblemente a la poesía constituida de frases nominales: de solo nombres, de solo sustantivos.

Pero no, en los versos de Garcés no estamos frente a esa tradición en el sentido estricto, sino en muy pocos poemas. Por ejemplo en “El poder”: /Qué lograrás/ con ascender/ hasta ese cielo/ que sangra/ (p. 20) Se trata de una haiku, porque estamos estrictamente frente a diecisiete sílabas, porque el verbo principal en infinitivo no está cumpliendo la función verbal. Porque estamos por fuera de la anécdota. Porque no hay “…sentido sentencioso…” (9), ni “…circunstancias históricas concretas…” (10), ni se hace presente“…la personalidad del poeta…” (11), -características todas ellas del haiku.

¿Por qué entonces para presentar la Antología poética que nos ocupa empezamos por esta tradición, y ya llevamos más de una línea haciendo deslindes y distinciones? Responder este cuestionamiento será centrarnos en la poesía de Garcés, en los paralelos con esa tradición milenaria pero, sobre todo, en los paralelos de la poesía de Garcés con ella misma, en aquello que la hace tan particular dentro del panorama de la poesía colombiana: la obra poética que presenta en esta Antología se mueve entre esos breves poemas, de dos y tres versos, y otros poemas más extensos, de cuarenta como el  poema “El Obispo”, o por diecinueve, como “El premio”.

Pese a esta diversidad en el número de versos, encontramos en la poesía de Garcés imágenes “…hondamente sentidas en un momento de iluminación.” (12) Efectivamente  nos encontramos frente a imágenes; casi podríamos decir que una por poema.  Y en ello radica su hermandad con la tradición de la poesía milenaria del Japón y de China, que luego cruzó fronteras de todo tipo, espaciales y temporales y dio lugar a una presencia que se puede rastrear a lo largo de los siglos en diferentes culturas. El poema “Li Po”, es un ejemplo de una imagen, por poema:

Ebrio
caminé por el bosque
hasta llegar al riachuelo

llené el cuenco de agua

se salieron todas las estrellas

El poema contiene finalmente una “…unidad de experiencia…” (13), una imagen, contenida, depurada, de una gran fuerza expresiva que se produce no sólo con la tinta negra que delimita cada una de las letras de cada una de las palabras, sino con esa generosidad con la que hace uso del espacio en blanco donde las coloca, con todo el cuidado. Espacio que debe ser respetado en la medida de lo posible, en cada reproducción que se haga de estos poemas. (En este caso por ejemplo quedaron faltando seis centímetros de espacio libre hacia abajo.) “Como en la pintura a la aguada japonesa o “sumie”, tan importante son aquí las pinceladas trazadas en negro como los lugares respetados en blanco. Tanto sentido estético hay en lo expresado como en lo silenciado” (14). El autor alude, obviamente al haiku. Es cierto que en este poema hay más de diecisiete sílabas. Pero también es cierto que la metáfora de la aguada japonesa es pertinente para la poesía de Gustavo Adolfo Garcés: lo silenciado ocupa más lugar que lo dicho.

La antena que trae
las noticias de la guerra
está llena de pájaros

Trece palabras. Eso es todo, para toda la extensión de la página: no seremos nosotros quienes colmemos de palabrería ese silencio, interpretando el poema, parafraseándolo, haciendo vanas e inútiles suposiciones. Allí está, y colocaremos otro a su lado, para dejarlo igualmente, allí:

El corazón del pájaro
tiene más prisa
que su vuelo

En los poemas más extensos que encontramos en esta Antología se hacen igualmente presentes aquellas características que hermanan la poesía de Garcés con la tradición del poema breve: porque la imagen reveladora, revelada, está al final, introducida por un recuento extenso de aquellas circunstancias no que se quieren contar como tales, sino de aquellas circunstancias que, como el espacio en blanco, propician el instante breve. Como ejemplo de ello nos detendremos en el poema “El premio”:

Tal vez algún día
a un grupo de poetas
jurado de algún concurso
le gusten mis poemas
y me den un premio

lo celebraré
con mi esposa y mi hija
y me emborracharé
con los amigos

los compañeros de oficina
se enterarán
de que escribo poesía

mi padre pensará
que es toda una efemérides
y se tomará unos aguardientes
especialmente sabrosos

Díos mío
no permitas que mi madre
ya se haya ido ese día

En efecto, la imagen que hace presente está contenida en ese último verso: ¿acaso pueden irse las madres antes del reconocimiento que se busca de una u otra manera para ellas? Es posible. Pero nadie como Garcés para expresarlo.
En la reseña del libro Pequeño reino, que encontramos al final de la Antología que nos ocupa (15), el investigador señala el método que deduce utiliza Garcés para llegar al poema: “…restricciones, cortes, eliminación simple” (16). Pero más que ello, que supone un proceso calculado, dice “Cada poema de Garcés se reduce a un simple acto de magia que se repite ante nuestros ojos por primera vez” (17). Pero no calificaremos dicho acto como “simple”, sino que lo ubicaremos en una actitud de observación del poeta, de estar alerta, al acecho, de una unidad de experiencia. Por ejemplo en el “Poema de amor” (p. 40):

Llegué muy puntual
al parquecito de nuestra cita
y encontré a  una señora
desgranando mazorcas
que enseguida devoraron las gallinas

algunos parroquianos
lanzaron fuegos artificiales
dando inicio a una fiesta programada
por la junta de acción comunal

hubiera querido que el maíz
 y el regocijo público
mitigaran un poco mi impaciencia
pero empecé a sentir
una llamarada en el estómago
y una tensión excesiva
en los músculos de la espalda

todavía me duele tu desamor

Como otro ejemplo de construcción de la imagen a partir de las palabras citaremos el poema “553” (p.89)

A la provincia más lejana
se fue mi amigo muerto

ya no tiene rostro
pero conserva la alegría

la canción del coro dice
que lo esperan una mesa limpia
y un sitio claro
sin asperezas

tendré que aprender que su silencio
es la última farsa

un juego de engaño y de apariencia
y que su cautiva condición
es un buen vino

Los breves instantes que construye Garcés tienen todos los matices: del humor, frente al reconocimiento de la casa desvalijada por los ladrones; del dolor, por la pérdida de un amigo; del  desamor, por solo citar unos cuantos. Pero una vez que logra materializarlos en pocas o copiosas palabras, se transforman en una celebración.

 

 

NOTAS:

1. Garcés, Gustavo Adolfo. Breves días. Antología. Bogotá: Trilce Editores. 2010. 114 pp.

2. Garcés, Gustavo Adolfo. Breves días. Bogotá: Colcultura. 1992. 67pp.

3. Fueron jurados por Colombia, José Manuel Arango y María Mercedes Carranza y por México, Tomás Segovia.

4. Garcés, Gustavo Adolfo. Libro de poemas. Medellín: Editorial  EALON. 1987.66pp.

5. Garcés, Gustavo Adolfo. Pequeño reino. Bogotá: Cooperativa Editorial Magisterio/Ulrika Editores. 80pp.

6. Garcés, Gustavo Adolfo. Espacios en blanco.  [Colección de poesía] Medellín: Editorial Universidad de Antioquia. 2000.  51 pp

7. Garcés, Gustavo Adolfo. Libreta de apuntes. [Colección Un libro por centavos]. Bogotá: Departamento de Publicaciones Universidad Externado de Colombia. 2006. 70pp.

8. Rodríguez-Izquierdo y Gavala, Fernando. El haiku japonés. Historia y traducción. Madrid: Ed. Guadarrama, 1972. 446pp.  p. 24.

9. Ibíd., p. 22.

10. Ibíd.

11. Ibíd., p. 23.

12. Ibíd., p. 22.

13. Ibíd., p.25.

14. Ibíd., p. 28.

15. O’Hara, Edgar. “Comarcas bien situadas”. Bogotá: Boletín Cultural y Bibliográfico de la Biblioteca Luis Ángel Arango, 2002. Reseña reproducida en Breves días. Antología. Bogotá: Trilce Editores. 2010. 101-109 pp.

16. Ibíd., p. 101.

17. Ibíd., p. 103.

 

 

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