Elsa Cross. “Canto malabar y otros poemas”.

cross-elsaComo miembro del taller de Creación Literaria de la Facultad de Economía, David Alexir Ledesma Feregrino, ensaya una aproximación a los tres libros que componen esta edición, bajo el sello de La Otra/Universidad Autónoma de Nuevo León: Canto Malabar, Baniano y Visiones del niño Ram.

 

 

El Baniano y Elsa Cross: Entre el éxtasis y el análisis

David Alexis Ledesma Feregrino

 

Como fruto de una larga estadía en la India y una vida dedicada al estudio de temas de mito y religión, surge Canto malabar y otros poemas. Un volumen de la colección Temblor de cielo que reúne tres libros de poemas de Elsa Cross. Bajo la edición de La Otra y la Universidad Autónoma de Nuevo León, se presenta esta experiencia interior, vestida de versos y metáforas.

Canto malabar y otros poemas
Canto malabar y otros poemas

Las obras en él contenidos, son la expresión de la intensidad con la que la poeta, descrita por Octavio Paz como «una de las voces más personales de la última poesía latinoamericana», vivió el país de Oriente Medio. De su numerosa obra, conformada por dos libros de ensayo y 22 de poemas, entre otros, se desprenden los tres libros contenidos en este volumen. Baniano, Canto malabar y Visiones del niño Ram son tres composiciones unidas por el hilo de la geografía y el simbolismo de la cultura hindú.

Pese a la solidez con que Canto malabar y Visiones del niño Ram expresan la visión que la poeta tiene de la India, Baniano sobresale por reflejar también la visión que Elsa Cross tiene de sí misma. Baniano es la imagen de tres choques interiores: el del ser contra lo externo, el ser con las divinidades, y el ser contra sí mismo. Lleva por nombre aquel del árbol sagrado de la India. El árbol que se extiende y se propaga en todas direcciones. El árbol de raíces que crecen hasta chocar con el cielo, con la tierra y con él mismo.

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Elsa Cross
Baniano surge de la interacción que Elsa Cros tuvo con Ganéshpuri, la sede espiritual que movió las aguas de la mente de la poeta. A través de la Filosofía Oriental, la meditación, y la geografía del lugar, ubicado al noreste de Mumbai, Cross se enfrentó a la forma de entender la divinidad que dio vida a esta obra. Sus ojos, pese a su gran experiencia y formación, supieron ser humildes e inocentes ante los escenarios del Oriente Medio.
Con la misma inocencia, sus manos recrean para el lector las imágenes que, condensadas y en retrospectiva, viven en la mente de la poeta. Los paisajes toman forma en la escritura y, como Visión y Epifanía, revelan al lector occidental los secretos de una cultura desconocida. Elsa Cross pinta con sus letras el flechazo más puro del amor, aquel que se da ante la situación inesperada y es desencadenado por cualquier cosa. Aquel del que fue blanco en Ganéshpuri.

Son escenarios fatales a los que nos introduce. Y no lo son por la forma que toman a través de la individualidad de las palabras, que no resultan ni por asomo destructivas; sino por la esencia que se dibuja en su obra como un todo. Es el paisaje que el poema Hiedra alude el que nos entrega a la fatalidad del verano, a la inundación del corazón.

Y la analogía con el paisaje parece no darse sólo en la forma, sino también en la creación como un acto. La poeta lo realiza como si pintase un paisaje. Las letras son sus pigmentos y disolventes. Una palabra el Baniano, un verso «la escalera de piedra hacia Tapovan». En una estrofa las voces y las vacas, y al final la fuerza del Monzón que a través de sus manos se despliega ante nuestros ojos occidentales.

Elsa Cross usa la inocencia como una suerte de recurso retórico. Simula sentirse falta de palabras sólo para mostrar que cualesquiera que ella utilizara serían insuficientes para describir las imágenes que moldea. «¿A qué puedo comparar / esto que aflora al corazón?» pregunta a la nada, y demuestra con ello que su habilidad como poetisa no depende de lo cuantioso que sea el vocabulario.

Pero el recinto sagrado va más allá de la experiencia material, Cross se enfrenta también al encuentro con los dioses. Sarásvati la guía hacia la abstracción que la lleva a construir los poemas contenidos en Deidades, también en Baniano. La diosa de la sabiduría, la poesía, y la música, es sólo una de las voces que, entre los olores de pimienta y el pavimento blanco, hablan a través de la poetisa. «Mi canto / ―tuyas son las palabras― / tus pies envuelve» dice la diosa o dice Cross o la fusión de ambas, en un canto abstraído de la noción del cuerpo.

Pese al presunto acercamiento, Elsa Cross nota la necesaria posición de lejanía que la divinidad debe ocupar en un culto. Se da cuenta, en el templo de Mandap y a los pies del poeta Tukaram, de que «sólo de la diferencia nace / el placer». Y distingue, en el Medio Oriente, que la igualdad no es la panacea y que la armonización de las diferencias es la que mantiene viva la cultura.

Tiene una forma sutil de retratar la omnipresencia de la divinidad; haciendo que ésta sea la que escriba y hable a través de ella. Así, en Yajña, el sacrificio ritual, la poetisa es el rito y la poesía es el ritual. La divinidad lo es todo; simultáneamente, o por lapsos, o las dos al mismo tiempo. Actúa como si escribiese guiada por las deidades, como si estuviese al borde del éxtasis. Se dirige al límite, hasta que el deseo inminente de traducir a caracteres latinos las imágenes que su corazón percibe la interrumpe y la lleva al análisis.

Pero el análisis es, para Cross, sólo un siervo de la retórica, para ella es y por ella existe. Las imágenes de la poesía aparecen en su mente involuntaria e incontrolablemente. «Ebrios de Dios [sus] ojos. / Ebrias [sus] manos».  En un acto de estoicismo las interrumpe, las analiza, las traduce. Niega la realidad. Refabrica la poesía. No puede evitar ser analítica; si se entrega al éxtasis, se niega a la creación. Si concreta la creación, propaga el éxtasis. Y así lo hace, consciente de que «[b]asta una palabra, / un giro del deseo / para traer de pronto / toda esta ebriedad».
Y así como el Baniano va hacia la abstracción y la deidad, va también hacia la confrontación con «uno mismo». Es en este libro que Cross plasma con mayor claridad su posición ante las múltiples perturbaciones que inducen la creación. Ella, como el Baniano, siente que sus raíces retornan a la tierra, a sí misma. El árbol y ella, en su obra, son una paradoja cuyas hojas son también las raíces. Tras desarrollarse lo suficiente, los frutos vuelven a la base para fundar al todo que les dio vida. La poetisa expresa la necesidad propia de volver a su tierra tras haberse dejado llevar por el aire.

Los pensamientos que le nacen lejos de su origen crecen necesitados de encontrarse con la raíz; y no es sino hasta que esta necesidad se satisface que el pensamiento y el sentimiento se consolidan. Es decir, el Baniano de Elsa Cross parece no ser sólo el fruto de su estadía en Ganéshpuri, sino de la perspectiva que ésta toma al contrastarse con su origen.

La experiencia interior concluye con un Mantra, que invoca al maestro espiritual Swami Muktananda a la vez que finaliza los tres encuentros del ser. La composición los alude y concentra casi imperceptiblemente. «Caen las sílabas / como gotas de agua que resbalan / por la piedra / hacia el estanque» dice la poetisa y el gurú se dibuja, entre los versos, emanando aquellos sonidos sagrados y repetitivos. Aunque no podamos escucharlos, resulta cercana al lector la experiencia divina que ellos provocan.

Entre la concentración y el sosiego de la mente se pierde el gurú y termina el Baniano. Se pierden la divinidad, el exterior, y el «uno mismo». Se pierde la poetisa y te pierdes tú, mientras «[h]ablas sin voz, / al fondo del espejo / perdiendo ya tus rostros / en el vacío, / absorta / en la luz que te devora».

 

David Alexir Ledesma Feregrino nació el 14 de diciembre de 1990 en la Ciudad de México. En el 2010, su cuento Extrapolación del ser fue publicado en la antología Las cuatro esquinas del universo, publicación a cargo del Instituto de Astronomía y la Facultad de Ciencias de la UNAM. Ha colaborado recientemente en las revistas Oficio y Papeles de la Mancuspia; así como en la revista digital La Hoja de Arena. Actualmente es estudiante de la Licenciatura en Química en la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México y participa como editor y articulista en la organización Asistencia Legal por los Derechos Humanos.

 

 

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