Filopoesía: del ser y del lenguaje. Rafael Courtoisie

courtoisieMariella Nigro recorre el nuevo libro del uruguayo Courtoisie, publicado en España este 2012.

 

 

 

Filopoesía: del ser y del lenguaje
Una lectura de PARTES DE TODO, de Rafael Courtoisie
Ediciones Liliputienses, España, 2012

courtoisie
Rafael Courtoisie

“Pura es la palabra. Requiere un fuego.”
Jacques Derrida

 

Es sabido que la creación de Rafael Courtoisie va de la novela a la poesía, de la poesía al relato, del verso a la prosa, aun dentro de un mismo libro, lo que propicia la lectura abierta de un corpus escritural que ha cultivado un estilo propio, irrepetible, como lo han destacado abundantemente los críticos nacionales y del exterior que se han ocupado de su obra.
Así, en el solvente conocido estudio de Fernando Aínsa, Siete ensayos sobre la inteligencia creadora, se señala en la escritura de Courtoisie“una original polivalencia expresiva”, “una politonalidad que cruza los géneros”, “diferentes registros poéticos y narrativos en el seno de un mismo relato”.
Por eso, todo lo que pueda reflexionarse sobre su narrativa es extensible a su poesía, y viceversa. Su obra transgrede las categorías, superponiendo, como transparencias significantes, varios planos literarios en los que las peripecias ficcionales o líricas encuentran plenamente la atopía y la acronía de un mismo mundo escritural. Es la obra de un soñador de la materia y de los elementos (aquella tetralogía de Gaston Bachelard, el fenomenólogo de la imaginación, desde cuya teoría he estudiado en otras ocasiones la poesía de Courtoisie), un explorador de lo que de reducto especular tiene la materia, laberintos circulares del tiempo y del lenguaje.
En esos parajes transgenéricos, los géneros literarios son apenas fraguas en las que el autor caldea la poesía, porque ella siempre le gana al relato, lo inunda, lo bautiza, le señala a la escritura su pertenencia.  Ese es, finalmente, el escritor pos-posmoderno, como suele llamar el propio Courtoisie al desencantado creador que superó los estructuralismos y posteriores deconstruccionismos del siglo XX. Es que la poesía, ha dicho, tiene, ante todo, una dimensión antropológica.
Su narrativa, en la que utiliza con fina lucidez la sátira, lo fantástico y el humor, provoca en algunos textos el “placer negativo” que Burke atribuye a lo sublime, a partir de la ruptura con lo ordinario por parte de sus personajes, esos "provocadores violentos" que Fernando Aínsa menta en el título de su referido ensayo, y que explica que Courtoisie haya sido reiteradamente asociado a Isidore Ducasse. (Así se advierte, por ejemplo, en Los mares, editado por Hum en 2011 y que reúne los libros El mar rojo, El mar interior y El mar de la tranquilidad, aparecidos inicialmente en los años noventa, o en Cadáveres exquisitos (Planeta, 1995).
Poeta o narrador, Courtoisie sueña, piensa, observa, indaga, discurre, fabula y sentencia, o sea, escribe poesía.
Su más reciente libro, Partes de todo, plantea una vez más la cuestión del cruce de los géneros literarios, ya no entre narrativa y poesía, sino entre poesía y ensayo, lo cual adiciona mayores complejidades al análisis de su escritura al apropiarse en algunos textos, o en rozar en otros, un género literario que, como ha enseñado Lisa Block de Behar (en El ensayo …)*, ha sido considerado desde un producto bastardo hasta un género sin límites y un “género de géneros”. Si en Estado sólido (1996) y Música para sordos (2002), entre otros libros del autor, era posible percibir una transversalidad reflexiva entre poesía y ensayo, ahora, en Partes de todo, esa confluencia es contundente:

La razón es una de las formas retóricas en las que cristaliza verbalmente la presencia del ser.
(Razón de ser I).

Con su razón poética, su orden íntimo, la primera línea del libro parece anunciar la materia de la sucesiva reflexión: logos, lenguaje, forma y fondo, materia e idea, significado y significante, cosa, ser.
Discurrir sobre las “partes de todo” impone el riesgo de la negación, porque -lo advierte el propio Courtoisie- “No hay pregunta que abarque la respuesta infinita del sentido” (El objeto del sentido). Como enseña Lisa Block de Behar, refiriéndose a Derrida, el “filósofo de la escritura” (en Diseminario…), “… es la doble articulación de la presencia, de la que habla Derrida: cada palabra convoca presencia y ausencia a la vez.” Con la reflexión sobre los jirones de sentido de las cosas y del ser, finalmente se erige un discurso omnicomprensivo a la vez que imposible; por eso, indudablemente poético (como el Derrida de La difunta ceniza-Feu la cendre…):

El fuego avanza y quema el sentido de la forma.
Quedan las cenizas de la materia, el polvo del pensamiento, los vocablos tibios y tercos que se acercan al conocimiento.
(Metáfora).

Como en algún cuento de Los mares, donde el poeta se internaba en su fórmula con los números primos, tal un Cantor extraviado en la belleza de la escritura tratando, sin poder, comprender el infinito, en los textos de este libro, a pesar de la asertividad de sus reflexiones, no hay axioma, no hay verdad ni falsedad; hay horror vacui ante la materia y el ser, ante “esa nube llamada ‘realidad’”; hay poesía. Y un ejercicio mayor: la reflexión filosófica sobre el lenguaje.

Donde las palabras no alcanzan el universo duda de sí mismo …
(Un fantasma recorre el logos).

En el juego de espejo y reflejo que plantea María Zambrano entre la filosofía que pregunta desde la angustia, y la poesía que responde desde la melancolía, éste es el modo de ser de la escritura de Rafael Courtoisie, su noética entre lo inteligible y lo sensible, entre la ficcionalidad y la poeticidad, entre la forma y la idea:

La alegoría de la caverna se ilumina entonces con el jugo de la oscuridad de la letra, y de pronto atardece.
(Razón de ser I).

Y se pregunta Zambrano: “¿No será posible que algún día afortunado la poesía recoja todo lo que la filosofía sabe, todo lo que aprendió en su alejamiento y en su duda, para fijar lúcidamente, y para todos, su sueño?”
Poesía y metafísica: terrible pecado desde la condena platónica de la poesía. Platón, filósofo y poeta, entre la verdad y la ilusión, condenó a la poesía porque no abordaba la realidad… Frente a Partes de todo, seguramente no habría podido endilgar al poeta que hable apenas de apariencias o representaciones de esa realidad; tendría de reconocer un ejercicio reflexivo sobre el entramado de categorías ontológicas y lingüísticas, admitir la inmanencia del lenguaje, y que la poesía es claramente un modo de conocimiento. El lenguaje, condición humana, es una multiplicidad que pone al ser en el mundo, para que pueda explicarse su mismidad.

La cosa en sí vuelta palabra: un discurso blando de la materia, un recuerdo del saqueo que sufre la noche absoluta atravesada por la humedad del lenguaje, sometida a la lluvia de luz del logos, frente al diluvio oblicuo o francamente burdo de la razón, bajo las gotas del pensamiento en llamas.
(Opuestos).

El dedans y el dehors del escriba aparecen en este juego de espejos entre el filósofo y el poeta; ambos se preguntan por el lenguaje como accidente de la sustancia del ser. Y así, se abre el espejo:

Hablar con el cuerpo de la boca, con el cuerpo del decir, hablar corporal sin huella ni contenido, texto del cuerpo, sexo del texto, cuerpo de palabras, sexo de las palabras, habla del sexo: lengua.
(Lengua).

Como en el texto La sed de su libro Amador, la anfibología de la palabra lengua conduce a un fascinante eufemismo…
Y el pensamiento lleva entonces a la captación del ser del hombre a través del ser del lenguaje, y viceversa, como aspirara Foucault en su arqueología de las ciencias humanas; el ser, objeto y sujeto del saber, se explica entre las palabras y las cosas, atravesados todos por el tiempo…
El campo del ser es infinitamente más extenso que el campo de lo predicable.

El espacio del signo es un espacio abierto, infinito pero confinado.
El espacio del signo es una parte del campo del ser entre el sentido y el logos.
Un espacio que habita el saber del logos y el saber de la existencia, donde el saber del ser es sólo una sospecha.
(Campo del ser).

Acaso como mitades de aquellos seres originales partidos en dos por Zeus, filósofo y poeta sean partes de lo mismo. Entre el pathos y el logos, pensando en su sueño, van buscando la unidad perdida.

 

Mariella Nigro
Marzo, 2012

 

 

Referencias:

Fernando Aínsa: Confluencias en la diversidad. Siete ensayos sobre la inteligencia creadora uruguaya (Ed. Trilce, 2011).

Lisa Block de Behar: El ensayo: magias poéticas de un género ilimitado (1999) (Sitio web de la autora: http://www.liccom.edu.uy/docencia/lisa/).
Lisa Block de Behar: Diseminario. La desconstrucción, otro descubrimiento de América (1987) (Sitio web de la autora).
María Zambrano: Filosofía y poesía (1939) (F.C.E., 2001).
Michel Foucault: Las palabras y las cosas (Siglo Veintuno Editores, 1996).

 

 

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