Presentación de La Otra-Gaceta 59

José Ángel LeyvaDr Atl, maese Alatriste, señor Sacal, México
José Ángel Leyva

El caso Sealtiel Alastriste, acusado de plagio por una obra reconocida con el premio Villaurrutia y su inevitable renuncia como director de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), tiene varias lecturas, una podría ser la justicia, otra el cobro de una factura de algún sector intelectual, y una más, el intento de desprestigio del Alma Mater por parte de un colectivo que ve con encono a dicha institución y en general a la universidad pública.

Suponer un reclamo de justicia sería el reconocimiento de una ética ciudadana y de las buenas conciencias en un país donde se parte del principio de que la ley –como la crítica o los medios–, es para joder. Pensemos mal y atinaremos.

El caso Alatriste, nunca mejor aplicado el apelativo, no es más que uno de los síntomas de descomposición de una sociedad que se pierde en el escándalo y se hace de la vista gorda ante los problemas graves y profundos, como el genocidio del crimen organizado y de los cuerpos policiacos y militares que viven un ya longevo amasiato. La corrupción no es privativa de los políticos, los administradores, los comerciantes, el pueblo de a pie, también es un modo de practicar el arte de dar y recibir premios, reconocimientos, becas, apoyos, cargos, todo tipo de beneficios,  en el ámbito intelectual mexicano. La caída de Alatriste huele a todo, menos a justicia y a voluntad de cambiar las reglas del juego del quítate tu pa´ponerme yo. De cualquier modo, más de un funcionario-artista o privilegiado escritor debe estar poniendo las barbas a remojar.

La UNAM tiene muchos defectos, pero es con todo una de las instituciones donde la dignidad tiene casa. Mientras recorría, hace meses, una de las más conmovedoras exposiciones vigentes en la Ciudad de México, “Dr. Atl. Obras Maestras”, en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, pensaba con vehemencia y me interrogaba, ¿cómo puede una sociedad, con artistas como el Dr Atl, con obras mayúsculas, arrastrarse por el lodo de la demencia, la violencia, la crueldad, la descomposición? Los paisajes de Gerardo Murillo, el Dr. Atl, sus autorretratos, imponen en el espectador la fuerza no sólo de su pasión estética sino de su amor por la naturaleza, por la cultura. Más de 190 obras pictóricas y gráficas dan fe de esa vida dedicada en cuerpo y alma a elevar el espíritu de la plástica mexicana, sin alinearse a consignas, sin afiliarse a escuelas y sin dejar de reconocerlas todas en su propia capacidad de búsqueda y de aprendizaje universal.

La relación del Dr. Atl con el arte está exenta de complacencias, se mimetiza y hermana con la combustión de los volcanes, genera una fuerza telúrica capaz de desplegarse en la calma, concentra en el reposo de los espacios abiertos la energía de su paleta.  Sabemos de Atl porque vemos por aquí y por allá su nombre ligado al paisajismo, que nos suena a pintura decimonónica, porque es parte de la leyenda de Nahui Ollín (la también pintora y poeta Carmen Mondragón), personaje delirante entre las mujeres extraordinarias de la primera mitad del siglo XX: Frida Kahlo, Tina Modotti, Antonieta Rivas Mercado, Concha Urquiza, entre otras. Pero esta exposición nos descubre las verdaderas dimensiones artísticas del Dr. Atl, sus preocupaciones vanguardistas, sus obsesiones, sus búsquedas experimentales que desembocan en hallazgos de materiales propios, como los colores Atl (mezcla de resina y petróleo) que responden con eficacia a sus intereses cromáticos, diversos soportes sobre los cuales plasma horizontes regidos por la perspectiva curvilínea (de Luis G. Serrano) y la audacia de sus aeropaisajes, captados desde un avión o desde una cima.

Así, el paisaje de José María Velasco, con el que solemos asociar al Dr. Atl por ignorancia, adquiere una dinámica moderna, dinámica. Sin restar méritos a Velasco, que tiene también su propia complejidad y su riqueza plástica. Pero en el Dr. Atl la naturaleza, la visión del mundo exterior comulga con las atmósferas interiores, y en ese diálogo hay una conformación a voluntad de imágenes, sometidas al rigor de la técnica, movidas y removidas por el conocimiento de los materiales, de los métodos, de las posibilidades de la intuición, las emociones, la espontaneidad, el compromiso con sus interrogantes.

La exposición de Gerardo Murillo (Jalisco, 1875, 1964), Dr Atl, es la crónica visual de una vida apasionada, creadora. No sólo es la fuerza de atracción que ejerce Nahui Ollin sobre él desde el día que la conoce, sino su entrega absoluta al estudio de los volcanes, en particular de uno, el Paricutín. Nacimiento inesperado de una cumbre ardiente y su posterior erupción. Un episodio que marca el clímax en la obra paisajista de Atl. Es literalmente un acto sexual con la montaña en plena actividad magmática. La serie dedicada al Paricutín es una especie revelación, de epifanía. El espectador no sólo es testigo, sino parte de esa vivencia mágica donde el artista capta y libera el ánima de su objeto amoroso. El color Atl es la esencia misma de las entrañas de la tierra, de las eras geológicas que se expresan a través de esa fuga de energía convertida en música, en poema.

Al concluir la visita de esta muestra del Dr. Atl no quedan muchas ganas de recorrer la sala de la colección Blaisten de arte mexicano. Los ojos de Carmen Mondragón, la mirada enigmática y vigorosa de los retratos y autorretratos de Murillo nos llenan, nos pesan sus paisajes y sus volcanes, pero el impulso nos hace traspasar la puerta para volvernos a colocar en el asombro. Artistas de la talla de Ángel Zárraga, Antonio Ruiz “El Corcito”, Roberto Montenegro, Ramón Alva de la Canal, Luis Nishizawa, Saturnino Herrán, José Clemente Orozco –alumno por cierto del Dr. Atl–, Julio Ruelas, Ermenegildo Bustos, nos empujan con renovados bríos por esta importante Colección Blaisten de la UNAM.

Y el caso Sacal, habrán de preguntarse algunos, ¿qué pinta en esta serie? Nada en realidad. Sólo que pensaba, embriagado por el poderío de esta creatividad, en la paradójica realidad que nos determina como nación. Por un lado esa fuerza constructiva, imaginativa, sensible, y por otra esa, como decía el empresario Miguel Sacal –con quien los medios se ensañaron—cuando lo acosaban las cámaras de televisión, que debería dar cuenta de los criminales, de los que matan, roban, secuestran. Miguel Sacal encarna el estado de ánimo de nuestra sociedad que ve en él lo que no reconoce en sí: la ira, la prepotencia, la impunidad, el racismo, la negación de los otros, la cobardía, la violencia, el miedo. En mayor o menor medida, Sacal vino a ser el depositario de un fermento nocivo que bulle en la convivencia diaria de los mexicanos. ¿Cuánta indignación real provocaron esas imágenes de Sacal golpeando a un empleado que asume su condición de orfandad y desamparo de la justicia mexicana? Lo más importante es que ese hombre vejado y lesionado por Sacal se rebela y lo lleva a juicio, lo pone en evidencia cuando exhibe el video como prueba de su demanda.

Por otro lado, las decenas de miles de muertos parecen no ser suficientes para transformar esa actitud pasiva de la sociedad, como el personaje sometido, en revelación de pruebas para exigir justicia, no para hacer de la ley un instrumento de venganza, sino de esperanza. Pensaba pues que la cultura mexicana puede hallar su Paricutín y revelarse como una fuerza capaz de trocar la violencia en colores, en discursos que no oculten la verdad, sino la enriquezcan. El Dr. Atl y los pintores de la primera mitad del siglo XX que nos expone la UNAM me hicieron sentir que hay un México por el que vale la pena trabajar y buscar, valores de identidad y pertenencia que no son los que Televisa y Tv Azteca pretenden injertarnos. La dignidad no está perdida, pero hace falta.

José Ángel Leyva

José Ángel Leyva

 

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Dr Atl

Dr. Atl - Paricutín


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Carmen Mondragón

Dr. Atl - Nahui


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9 pensamientos en “Presentación de La Otra-Gaceta 59

  1. patricia

    Interesante y revelador su artículo. Ayuda a la reflexión. Además motiva a visitar la exposición.

  2. Marlene Villatoro

    Su texto es bastante realista, México tiene muchos valores artísticos, éticos
    y espirituales, desgraciadamente éstos se ven poco. Los que frecuentamos museos, asistimos a conciertos, obras teatrales y somos poetas, tocamos
    sensaciones, sentimos con profundidad el latir que nos rodea, usted siente
    la belleza del arte que no es otra cosa que lo bello de la vida, pero también
    lo malo, la fealdad , la falta de justicia, todas estas cosas que nos sublevan.
    Y aquí estamos. Saludos José Angel.

  3. hernán lavín cerda

    Muy buen texto del poeta José Ángel sobre el Dr. Atl y otros estupendos artistas de la plástica mexicana. Las primeras líneas son atinadas y, poco a poco, se vuelven dolorosas, qué duda cabe. Por supuesto que mucho nos duelen esos asuntos que por desgracia ocurren en el país. Uno se pregunta: ¿Algún día resurgiremos desde el fondo de la caverna como hijos del Ave Fénix? Todos merecemos que así sea. Sobre todo los jóvenes y los niños que vienen en el camino. ¿Qué diría Gabriela Mistral, que vivió aquí y escribió y amó tanto a México? ¿Alguna vez estaremos a su altura, creando un país o un mundo más amoroso? ¡Ay, hombres de poca fe, aléjense del Becerro de Oro antes que sea demasiado tarde, y piensen más que nunca en el Cántico, sí, en el Cántico!
    Reciban como siempre el abrazo fraternal del Lobo Sapiens, alias Cayo Valerio Lavín Cerdus, o más bien ¿la Mano Peluda del Señor de los Cielos?

  4. RODRIGO R PIMENTEL

    JOSÉ ÁNGEL LEIVA
    Te felicito y te agradezco el articulo, sobre la grandeza del arte de Gerardo Murillo,
    yo siempre lo he tenido, como uno de los mas grandes artistas del siglo 20,
    aunque los criticas de arte, siempre han ensalzado a tres, los demás grandes también, van floreciente, a pesar del olvido, de algunos, te felicito por tan vello articulo lleno de contrastes, abraso Rodrigo R Pimentel.

  5. Jaime Velázquez

    Para entrar a Facebook, Fernando, me piden que me registre. Me di de baja hace unos meses y no quiero volver a quedar enganchado. ¿Está en otra parte lo del Instituto de Cultura de Durango. En Veracruz acaba de irse (el 15) el director del IVEC, que duró un año dos meses.

  6. Fernando Miranda

    Ojalá y uno de estos días aborde el tema de la corrupción que padecemos los ciudadanos y trabajadores de la cultura duranguenses, que ya hasta nos vimos en la necesidad de presentar una demanda de juicio político en contra de la actual directora del Instituto de Cultura del Estado de Durango, Corín Martínez Herrera, por la infinidad de actos de corrupción que se cometen al interior de este instituto. Para mayor información visite esta página de Facebook http://www.facebook.com/groups/239947652693736/
    en la que encontrará todos los detalles. Durango también existe señor Leyva, y lamentablemente es el estado más rezagado de la República en muchos aspectos, sobre todo el cultural, por la ineficacia y corrupción extrema de sus gobernantes y sus directivos de las dos principales instituciones culturales del estado: el Instituto de Cultura del Estado de Durango y el Instituto Municipal del Arte y la Cultura de la ciudad de Durango. Gracias.

  7. Alain Arnaud

    Muy buen artículo. Me dieron ganas de ir a ver la exposición del Dr. Atl. Estoy de acuerdo en que nos ensañamos con Sacal. Es cierto que todos los mexicanos tenemos un pequeño Sacal dentro que es prepotente, racista, clasista, etc.

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