Presentación de La Otra-Gaceta 58

Casa Silva de Poesía de Bogotá
José Ángel Leyva

leyvaA reserva de hacer algo semejante para La Casa del Poeta Ramón López Velarde, de México, que cumplió este 2011 veinte años de existencia, retomo esta breve nota para referirme a los 25 años de permanencia de Casa Silva de Poesía y a su inspiración fundacional hacia otros países que han creado casas o centros dedicados al cultivo y el culto de la poesía y de los poetas. En Casa Silva fue mi primera lectura en Colombia, y ante ese público nutrido y atento, respetuoso y crítico, se afianzó mi amor por su gente, por su historia, por su empeño en desterrar el terror con la palabra.

Casa de Poesía Silva… y la nave va
José Ángel Leyva

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José Ángel Leyva en Casa Silva

A Colombia y a México los une la paradoja. Pueblos sensibles a la cultura son también víctimas de la barbarie; el optimismo y la tragedia se revuelven en su historia con semejante furia; la palabra y su contradicción con la realidad nombran la imaginación impresa en su literatura. Quizás por ello mismo la fundación de la primera Casa o centro dedicado al culto y al cultivo de la poesía en América Latina haya tenido lugar en Bogotá, con sus muchos y relevantes significados en una época en la que recaían sobre Colombia estigmas de desesperanza. Cinco años después, el poeta y promotor cultural Alejandro Aura  fundaría en la Ciudad de México la Casa del Poeta Ramón López Velarde, bajo diferentes circunstancias, pero con propósitos similares y un simbolismo muy aproximado. Luego vendrían otras Casas en diversos países, inspiradas en el modelo colombiano.

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Casa Silva de Poesía
Los acervos bibliográfico y fonológico son quizá los contenidos de mayor envergadura que posee Casa de Poesía Silva, que registra la presencia de cientos de poetas de numerosos países del mundo. Las voces de poetas consagrados y noveles, de conferencistas, forman parte del enorme coro de la historia de un cuarto de siglo de este centro cultural dedicado al padre de la poesía colombiana, que por época y poética corresponde al modernismo, pero cuya vida encaja más en la leyenda romántica. Su naufragio, la pérdida de la obra en tal percance, y la decisión de consagrar la belleza de su juventud a la muerte por decisión propia son hechos que reafirman tal vocación.

Casa Silva, a diferencia de la López Velarde, aglutinó desde sus inicios a poetas de distintos perfiles estéticos e ideológicos en torno a la figura de la poeta María Mercedes Carranza. Vínculos que se han roto y unido de manera intermitente. Pero las causas de tales veleidades no atienden a otras razones que a las propias del ser humano y en este caso de la dinámica de las vanidades, de las disputas propias del gremio versificador que no está exento de las tentaciones del poder, los privilegios, el olor de la fama o por lo menos de la notoriedad.

Mercedes Carranza
La Casa de Poesía Silva, tras la muerte, también por voluntad propia o movida por el desaliento, de María Mercedes Carranza, en el contexto social aún desgarrado de su país, vino a recaer en Pedro Alejo Gómez, diplomático y abogado, hijo de una de las luminarias de la narrativa colombiana, Pedro Gómez Valderrama, y él mismo poeta. Es posible que, en el nuevo entramado político de Colombia, Casa Silva ya no posea el mismo relieve simbólico que tuvo durante sus primeros lustros, pero aún significa, junto con el Festival de Poesía de Medellín, expresión genuina de la sociedad colombiana para mantener vigente el espíritu de los Alzados en Almas contra el horror y la muerte.

Complicada gestión de recursos financieros para mantener a flote esta nave cultural, no sólo ante las instancias gubernamentales, sino en la elaboración de programas que produzcan autogenerados para sostener el rumbo y la movilidad, la asistencia de públicos fieles a los recitales, las conferencias, los conversatorios, los performances de carácter poético, la revista anual Casa Silva, que funge como memoria y referente imaginativo de las actividades que se realizan y presentarán en sus instalaciones. Pedro Alejo Gómez, me consta, ha empeñado su voluntad en desplegar todo tipo de posibilidades que atraigan recursos y den nuevos vientos a esta casa insignia de la poesía iberoamericana, universal, diría yo. Una visibilidad más nítida, quizás, para quienes no somos colombianos, pero profesamos un profundo amor por este país y sus virtudes expuestas o inhibidas.

Pedro Alejo Gómez
Contrababel es uno de esos inventos de Pedro Alejo Gómez que nos permiten asomarnos no sólo al compromiso de la búsqueda, de la sobrevivencia, sino a la exploración de posibilidades de crecimiento y diversificación de la poesía con otras disciplinas, otros discursos, otros lenguajes, distintos modos de nombrar la vida, el hábitat natural de esa criatura expulsada  del paraíso, que anhela construir un ámbito que lo ponga a salvo de la intemperie, de la inseguridad y el miedo, es decir, no sólo nombrar sino poner los cimientos, las bases, la perspectiva inagotable de la Casa de la Poesía.

Casa Silva es ya patrimonio cultural de Colombia y de América Latina, parte de la memoria y de los significados de una sociedad que no se resigna a ser identificada por la violencia que la asola, sino por la fuerza de su imaginación y sus afanes de paz, de justicia, de belleza.

 

 

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