Juan Fernando Ramírez Arango. Microrrelatos ganadores

juan-fernando-ramirezAdemás del relato ganador del concurso de cuento corto de la Universidad del Externado de Colombia, publicamos otros breves del mismo autor.

 

 

 

CUENTO GANADOR DEL XXIV CONCURSO NACIONAL UNIVERSITARIO DE CUENTO CORTO UNIVERSIDAD EXTERNADO DE COLOMBIA 2011

Juan Fernando Ramírez, ganador del XXIV Concurso de Cuento Corto y Poesía Universidad Externado de Colombia. Nació en Medellín. Economista de la Universidad Nacional de Colombia. Estudiante de Filología Hispánica en la Universidad de Antioquia. Ganador de los Premios Emisión en la categoría Mejor relato y del concurso Afro en cursivas.     

Apartes del Acta del jurado
El jurado del XXIV Concurso Nacional Universitario de Cuento Corto Universidad Externado de Colombia: Héctor Abad Faciolince, Mario Jursich y Sergio Ocampo Madrid, concluyó que el ganador corresponde al cuento “Last FM” presentado con el seudónimo: “Conejito” del estudiante Juan Fernando Ramírez Arango con cédula de ciudadanía N°71.330.045 de Medellín, de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia. Sobre este trabajo el jurado opina que: se trata de un relato bien estructurado, ágil, ingenioso y con buen manejo de la tensión narrativa, a pesar de recrear hechos de la cotidianidad más sencilla.

 

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Juan Fernando Ramírez

 

LAST.FM

I have a dream, es su frase favorita, o al menos eso dice en su Perfil. Soy, dice, montañero, satanista, filósofo, domador de leones, pornógrafo, ciclista, heroinómano, ajedrecista, espía y ocultista. A lo que debería agregar inmoral, y aunque de ese Ego sum se sobreentiende, debería hacerlo expreso como una medida de sanación para mí. Él se acostó con mi novia seis veces, quizás más. Se conocieron en Last.fm, el mayor catálogo musical del planeta, una red social que emparenta perfiles según sus gustos musicales. La compatibilidad musical entre él y ella, aparentemente, era alta, el medidor que comparaba sus venas musicales dejaba de fluir en un 93%. Entre ella y yo el porcentaje llegó a ser más alto, 96%, un tope que se mantuvo constante desde el quinto hasta el noveno mes de nuestro noviazgo, período al que yo llamo la meseta del A, pero a partir de allí comenzó a descender gradualmente. Esos primeros nueve meses fueron una lista de concesiones, ella adoptó mi gusto por el Avant-garde y yo el suyo por el indie pop, aunque siempre hubo discrepancias muy puntuales, ella idolatraba a Fito Páez y yo no me trago ninguna de sus canciones; para mí Neil Young es imprescindible y para ella es aburrido en mayúsculas. Entre Fito y Neil estaba nuestro 4% de disonancias, si bien, preferíamos pasarlo por alto. Hasta nuestra primera pelea, que vino por cuenta de la Rolling Stone. Allí, Fito declaraba que Neil Young es una de sus mayores influencias musicales, es decir, el segundo era imprescindible para el primero. Su ídolo, pensé, me daba la razón, si ella era sensata, si Neil Young fuera su nuevo gusto adquirido, alcanzaríamos el 98%. Le envié el link de la entrevista a su correo electrónico, y, efectivamente, nuestro porcentaje de compatibilidad subió al 98%. Ese toque de sensatez me conmovió, a tal punto que agregué a Fito Páez a mi lista de favoritos, lo que nos llevaría al 100%, pensé. Lo hice y, sin embargo, nuestra compatibilidad retornó al 96%. Recargué la página 29 veces, nuestro número primo favorito, y nada, en igual número de ocasiones Last.fm me restregó en la cara ese 96%. ¿Qué pasó? Busqué en su lista de favoritos: Mi sorpresa fue mayor, y mi tristeza fue su mayor influencia. En lugar de agregar a Neil Young, ella había eliminado a Fito Páez de su lista. Había preferido matar a su ídolo antes que darme la razón. Esa fue la primera vez que me engañó en Last.fm.

Juan Fernando Ramírez Arango

 

 

OTROS CUENTOS DEL MISMO AUTOR

El perro, el yonqui, y mi mamá

El veterinario dice que Naranjita no puede odiar. Lo que sí puede, según él, es asociar sus frustraciones con cualquier persona, animal o cosa. Naranjita es un cruce entre Shih Tzu y Yorkshire Terrier, mezcla fortuita que la hace, dice el veterinario, una conjunción de problemas. Y es cierto, del Shih Tzu heredó un estómago muy delicado y del Yorkshire Terrier su mal carácter. Y es que hasta su mayor cualidad, su capacidad para intuir el estado de ánimo de su amo, la convierte en problema, la transforma en anarquía. Naranjita invirtió los roles. Es la reina de la casa y mi mamá, su supuesta dueña, no es más que su dama de compañía. Si Naranjita está mal, mi mamá se pone mal, y Naranjita nunca está bien. Como su estómago es débil y su carácter es fuerte, esa contrariedad de impulsos, ese juego de tira y afloja, la hace sufrir de estrés. Entonces mi mamá se estresa. Ese trastorno de ansiedad hace que Naranjita se coma su propio popó. A parte de eso come poco o nada. Odia la comida para perros y apenas tolera la comida para humanos. Además, sólo recibe la comida cuando se le da con la mano. A su dama de compañía no le recibe porque, gracias a sus continuas yodoterapias, mi mamá apesta a yodo. Su cuerpo de 44 kilos demanda yodo radioactivo para destruir las células de un bocio maligno en la tiroides, así lo dijo su radiólogo. Mi mamá adoptó a Naranjita apenas le diagnosticaron ese cáncer tiroideo. A mí tampoco me recibe comida, y cada vez que hice el intento me mordió, lo ha hecho once veces. La novena vez también mordió, de paso, a mi novia. Le clavó los colmillos en dos dedos del pie derecho. Uno de esos dedos es una rareza, tiene dos falanges distales, por eso lo llamo mi garrita acicaladora. Quizás por tratarse de mi novia y por ser un fetichista de pies no me quedó más opción que lanzarle una patada con fuerza a Naranjita. Que del único que recibe comida es de mi primo Otoniel. Oto viene todos los días en la madrugada, entre las 4 y las 5, alimenta a Naranjita, le reclama a mi mamá 13 mil pesos más 20 amitriptilinas y se va. Los 13 mil se los gira mi tía Ana, su mamá, desde Miami, y son el monto diario para comprar medio gramo de heroína. Las 20 amitriptilinas son para olvidar, para dormir desde el mediodía hasta las 3 de la mañana, cuando se levanta para venir a alimentar a Naranjita. Apenas Oto entra al edificio, Naranjita se sube a la mesa del comedor y empieza a ladrar. Ante el llamado, mi mamá a duras penas se levanta, alumbrando en la oscuridad por el yodo, mientras yo me lamento en silencio por haber fallado aquella puta patada.

Juan Fernando Ramírez Arango

 

 

Vans sk8 hi, AK

No estoy seguro de si ese día era el primer aniversario de su desliz, o si sería el fin de semana siguiente. Ella me había sido infiel con un fotógrafo que trabaja para una ONG. Lo supe porque, poco después de su perfidia, cometió otro desliz, esta vez electrónico, dejó abierto su gmail en mi computador y allí estaba el correo de la cita: veamos Temporada de patos en mi casa. Ese día desapareció seis horas diciendo que iría con su mamá de compras, a Flamingo y después al Éxito. A las seis horas llamó. Hábilmente convirtió el tema de la llamada en hay un vestido en el Éxito que me gusta mucho, pero yo no se lo podía comprar, una buena forma de trasladarme la culpa. Le pasé el libro que estábamos leyendo, una antología de cuento latinoamericano, B39, así leemos libros de literatura, primero yo y luego ella, yo allano el camino y luego ella pasa. Ella tomó el libro del estante de la biblioteca porque B39, dijo, es un gen que no ha sido aislado. Ella estudia microbiología, yo estudio filología y soy economista pero no quise ejercer. Buen cuento, le dije. Cuando digo que algo es bueno debo darle una explicación, o al menos agregar algo, así no sea una explicación: habla acerca del porqué amor y tumor son palabras afines. A ella le dio risa, el tipo de risa que celebra mis excentricidades, pero más que excéntrico yo soy bueno haciendo comparaciones, entonces le dije, es cierto, ambas palabras son sustantivos y ambas causan dolor. Ella se dio vuelta hacia el rincón de la cama, mi cama es angosta, giró como gira un cocodrilo para desprender la carne de su presa, y abrió el libro para leer el cuento. En la otra habitación estaba mi hermano menor, alistándose para salir mientras escuchaba el mismo Playlist de siempre. Él es ingeniero, y es el que paga las cuentas. Ese mes las cuentas se dispararon porque, prácticamente, la traje a ella a vivir conmigo, cinco días por semana en mi casa. A lo mejor eso era lo que mi hermano me estaba cobrando al pedirme prestado los tenis: mis Vans sk8 hi, AK, una edición especial conmemorativa a Andy Kessler, el skateboarder fundador del movimiento Zoo York, fallecido en 2009. Los tenis los había robado en diciembre de la exhibición de una tienda de cadena, la de un centro comercial exhibía el izquierdo y la de otro el derecho, y aunque eran de distinta talla, uno 8 y ½ y el otro 9, importaba poco. Ella había sido mi cómplice y eso importaba mucho.

Juan Fernando Ramírez Arango

 

 

Isoface

Ella tiene problemas hormonales. Por eso a sus anticonceptivos les debe agregar una dosis semanal de Isoface. El Isoface le seca los labios, los ojos y, en general, todos los lubricantes del cuerpo. Le seca tanto el moco y las fosas nasales que ya he visto, en 14 ocasiones, cómo se le viene la sangre por la nariz. No sé por qué las cuento, pero la segunda vez que vi una de sus hemorragias nasales, casi maquinalmente, hice dos rayas en la última hoja de mí cinco materias. La cuarta raya fue suficiente para que ella me contara estos secretos. La combinación de remedios hormonales y del estilo de vida universitario hace que, además, sufra de gastritis, para la que tiene una solución simple pero eficaz, llevar dos panes para perro caliente en la mochila. Ella estudia Lingüística y literatura, y la mayoría de sus ideas viene de Kundera o de divulgaciones de Foucault o de Wittgenstein. Cuando expresa el resto de sus pensamientos lo hace como si fueran una línea punteada, siempre entrecortados por dos muletillas, que paradójicamente son dos conectores, “pues” y “de hecho”. Su novio estudia Física, tiene 22 años y vive en Envigado, lo sé porque hace poco ella y yo hicimos un trabajo de sociolingüística en el que había que entrevistar a cinco estudiantes universitarios del estrato 4. Ella entrevistó a su novio y a dos amigos de su novio. Yo entrevisté a mi novia y a una amiga de mi novia. Nuestro trabajo es acerca del modo subjuntivo, que es el modo que expresa la irrealidad. Ella se encargó de diseñar el cuestionario y yo de transcribir las entrevistas. Muy pocas cosas pueden ser más tediosas y más enajenantes que transcribir, pero esta vez no me quejo por haberme ofrecido. Si no, no hubiera tenido la posibilidad de maquillar la entrevista de mi novia. Ella es tonta por fuera de su ambiente microbiológico. Hacerla interesante me tomó medio puente, todo un domingo y un lunes festivo. Ese sábado lo pasamos juntos, transcribiendo las otras entrevistas. Mi novia es celosa y luego de 7 u 8 minutos de cinta no pudo evitar remedar a mi compañera. Le tomó unos minutos más alargar más las vocales cerradas, sonaba muy parecida. Minutos después percibió la primera muletilla, cada vez se acercaba más. Más tarde percibió la segunda, era casi idéntica. Sólo faltaba algo, y creo que había motivos suficientes para hacerla sangrar por la nariz.  

Juan Fernando Ramírez Arango

 

 

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8 comentarios sobre “Juan Fernando Ramírez Arango. Microrrelatos ganadores”

  1. Juan, felicitaciones! aunque perdimos al mejor economista que ha dado la Nacional, mucha gente se alegra porque seguiste escribiendo y, sobre todo, porque ya no desechas lo que escribes y, en cambio, volviste a publicar. Te cuento que estoy haciendo un doctorado en modelos económicos alternativos en Toronto, y tuve una intuición con el cuento last.fm: identifiqué a los personajes, les asigné valores, hice un algoritmo y lo corrí en el laboratorio de simulación. El resultado, increíble, genial, sigues siendo el mejor, no sé cómo lo hiciste pero la estructura del cuento coincidió en un 99.9987% con el dilema del prisionero. Le mostré los resultados a un compañero argentino y a otro indú (son los dos más avanzados, aunque tu sabías en el 8vo semestre lo que van a saber ellos al doctorarse) y se sorprendieron mucho, el indú es redactor de una de las revistas de la facultad y quiere que le escribas un paper tipo “teoría – modelo – modelo restricciones teoría – resultados”, tu sabes. Ojalá te animes, escríbeme al correo de siempre, tu vieja dirección electrónica me lo rebota todo, además, voy a estar en la ciudad hasta el martes. Juan, los compañeros de economía, de historia y de artes te recuerdamos mucho, siendo casi un niño, el más joven de todos, nos enseñaste todo, las cosas más sorprendentes que sabemos, y eso sin esperar nada a cambio, porque ¿qué te íbamos a enseñar nosotros? A la que dice más abajo que no le caes muy bien, lo dice porque no te conoce de verdad, ese era mi caso, es que, como me dijiste alguna vez, tu te relacionas es a través de ideas, y esas ideas, lo digo yo, le exigen mucho al otro. Un abrazo

  2. Estimado Eddie, admito que he cometido una insensatez al pretender valorar el trabajo de Juan Fernando en relación con el del maestro Pablo Montoya. Ahora bien, me sorprende que se haya tomado la molestia de buscarme en la web. Sí, asumo con orgullo todas las variantes que usted utiliza para decir que soy un ferviente seguidor del maestro Montoya. Lo defiendo y acepto lo que venga de él. Primero, porque he leído y releído casi todos sus trabajos y en él reconozco una parte de mi. Segundo, porque no soy el único que le reconoce que, en el panorama actual, es un caso particular de nuestras folklóricas letras nacionales. Y esa defensa es lo mínimo que puedo hacer frente a la indiferencia que lo rodea. La hago porque estoy convencido de que, al observar la mediocridad literaria de los escritores de impronta periodística, es necesario divulgar lo que en principio es excelente, pero que ha caído en la marginalidad. Le repito, también pienso que se debe cuestionar la tradición. Pero hay que saberlo hacer, sin aceptar a ciegas la mediocridad que a cada rato suele celebrarse, como se hace ahora con los poemas de Héctor Abad Faciolince, las novelas de Mario Mendoza, y de Ángela Becerra, la última de Tomás González o la última de Juan Gabriel Vázquez. Pablo ya ha tomado un vuelo lúcido. Precisamente porque está más concentrado en sus proyectos que en la fama. Como siempre, sólo el tiempo dirá si se trata o no de un caso ejemplar dentro de la historia de la literatura colombiana. Eso es algo que ni usted ni yo alcanzaremos a conocer a cabalidad. Y por supuesto me encantaría leer algo de ese, como dice Borges, desvarío lavorioso y empobrecedor de componer mamotretos; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición cabe en pocos minutos. Algo que no aprendió Bolaño, y parece que Juan Fernando intenta repetir.

  3. En primer lugar, no creo que exista una tradición cuentista en Colombia, y si la hay, en el anterior comentario, se olvidan de una vertiente muy productiva, la que inauguró Andrés Caicedo, cuya influencia se sale de las fronteras colombianas, un gran precursor, por ejemplo, de Roberto Bolaño. Y, Juan Fernando Ramírez, no creo que se pueda suscribir a ninguna de las dos, lo que lo hace ser un vanguardista, esto es, negar la tradición, romper los estereotipos que la tradición impone para no dejarse absorber por ella. Y claro que estos extraordinarios cuentos tienen ecos poéticos, para entender su poética hay que ir siglo y medio atrás, para fijar la mirada en la teoría de las correspondencias de Baudelaire. En lo de “contaminación espuria”, el comentario anterior no se equivoca, aunque sí erra en la interpretación, porque contaminación espuria es una que degenera de su origen, y la literatura de Ramírez Arango, efectivamente, no tiene ni origen ramplón ni simplista, todo lo contrario, y para demostrarlo sólo habría que analizar este contraste: la transparencia de su prosa vs la complejidad de su sintaxis. A Juan Fernando no se le puede comparar con autores como Pablo Montoya, la literatura de Montoya es como un caracol, es lenta y se recoge sobre sí misma, nace en la literatura y muere en ella, no sale a recorrer las calles de Medellín, calles que deberían ser propicias para la gran literatura, y Juan Fernando recorre las calles buscándola. Este autor es una rareza (se conocen muy pocos textos de él, tenerlos acá es un lujo), es famoso en el profundo underground de Medellín y de Bogotá por una novela kilométrica, de unas 700 páginas, que abordaba el tema de los imitadores en los círculos intelectuales de Medellín, él nunca la publicó y se dice que terminó en la papelera de reciclaje, yo tuve la grata oportunidad de leer los primeros 5 capítulos en un bar de Medellín, era una copia que llevaba una estudiante de historia bogotana. Ahora estoy haciendo mi tesis doctoral sobre literaturas clandestinas en Colombia, y quisiera saber si alguien tiene algo de esa novela, algún aparte, alguien ya me envió el capítulo en que un imitador de Borges debate sus posiciones políticas con un imitador de Bono, es el número 3. Mil gracias, y ojalá Juan Fernando siga guardando la novela por ahí, y lo de haberla eliminado no sea cierto.

    1. En verdad, esa tradición cuentística existe. Si no la conoce, como académico, debería estar al tanto de esta. El caso de Pedro Gómez Valderrama lo confirma. Usted acierta al relacionar a Caicedo con el desparramado Bolaño. Sin duda los hermana la representación de la cotidianidad, impregnada de lo psicodélico en aquel y de erudición en este. Por otro lado, si lee bien, en ningún momento comparo el trabajo de Juan Fernando con el del maestro Pablo Montoya. Ni mucho menos. Creo que la verdadera rareza literaria en Colombia está en el trabajo de este, que con el cultivo de los más diversos géneros empieza a refrescar las letras latinoamericanas. La transparencia de Juan Fernando es evidente, pero no alcanzo a hallar eso que usted llama complejidad en su sintaxis. Repito, si lee bien, podrá darse cuenta que mi crítica parte de la ausencia de profundización poética en estos microrrelatos. Aquí Baudelaire no campea en nungún momento. Ahora bien, es cierto que a la tradición hay que, más que romperla o superarla, asimilarla. Y si esa asimilación se lleva a cabo, se hace evidente en la propuesta que trae cada nuevo artista. Pues como dice T. S. Eliot, para entender lo que hace cada nuevo autor hay que ponerlo a consideración de la tradición, ubicarlo dentro de esta y señalar su aporte dentro de la historia de la literatura. Espero que encuentre ese mamotreto perdido. A ver si posee la misma rareza de un libro diminuto como Viajeros.

      1. No sé quien es usted pero me parece un crítico bastante despistado, como ejemplo cito su primer comentario: “A mi entender, el jurado no se equivoca. Estos textos son realmente ágiles e ingeniosos. Es decir, no hay en ellos el menor rastro de una profundización poética”, como si lo ágil y lo ingenioso en creación literaria fuera una condición necesaria y suficiente para que no haya lo que usted llama profundización poética, y como si hubiera una sola manera de hacer esa profundización. Y claro que en estos textos de Juan Fernando la hay, él aplica bien la teoría de las correspondencias, todo remite a algo más, la materia de la poesía son las imágenes, los referentes, y Juan Fernando los distorsiona con maestría, convierte, por ejemplo, unos tenis de colección en un descenso moral, o un perrito faldero en la hipocresía transversal, aceptada socialmente, que hace que lo cotidiano fluya. Hablando de perrito faldero, si uno busca en google su nombre, Alejandro Murcia, junto con el del pomposo Pablo Montoya, encuentra varias entradas en las que usted celebra incondicionalmente a éste último, sin cuestionarlo; en una, en la que Montoya destroza injustamente a Roberto Bolaño, es evidente su peligroso fanatismo hacia su amo de las letras: “Pablo Montoya me sorprende con estas líneas. Hace pocos meses pude leer unas páginas suyas en la revista Pie de Página. Allí describe la forma delirante en que lee los libros de Bolaño en París. Dice que Los detectives salvajes lo tuvo que leer, de noche, en el baño, para no incomodar el sueño de su familia. Ahora bien, esta revaloración de Bolaño debe entenderse como el producto de una actividad a la que pocos lectores se comprometen: releer.”, que descaro, usted todo se lo justifica a Montoya, como si fuera un personaje, un escudero ciego, que dicho autor hubiera inventado para defender sus causas en la red. Nuevamente, no creo que a Juan Fernando le interese ser comparado con su pastor pomposo. Uno de los grandes problemas de decirle sí a la tradición, así como usted parece decirle sí a Montoya siempre, es el de estereotipar las cosas. Así lo hace usted, por ejemplo, con Andrés Caicedo, a quien tilda de psicodélico e, implícitamente, de no erudito, dese una pasada por “Ojo al cine” para que rompa ese esquema mental. Lo de complejidad en la sintaxis es muy fácil de comprobar, tome lápiz y papel y luego aísle los núcleos de esos cuentos, la sintaxis en literatura no se queda sólo en ese nivel lingüístico, toca también otros, el semántico, el fonético, entonces luego haga un análisis semántico y fonético y verá, empiece con esta hermosa frase: “No estoy seguro de si ese día era el primer aniversario de su desliz, o si sería el fin de semana siguiente.”. Y sí, he ido encontrando lo que usted llama el “mamotreto perdido” de Juan Fernando, además de otros textos extraordinarios (me gustaría enviárselos), lo de mamotreto lo dice usted de manera despectiva, en otra de sus salidas en falso, como si la rareza en literatura estuviera en función de la longitud de las obras, claro, todo con el afán de justificar a su pastor pomposo.

  4. A mi entender, el jurado no se equivoca. Estos textos son realmente ágiles e ingeniosos. Es decir, no hay en ellos el menor rastro de una profundización poética. Es de notarse la contaminación espuria de la más ramplona y simplista literatura que ronda por estos días a los jóvenes. Aunque es cierto que hay una tensión narrativa, esta no rebota con ecos de lucidez imaginativa. A estos cuentos les hace falta la asunción de una tradición cuentística colombiana, que desde luego existe. Aquella que empieza, en el caso de la forma breve, con Luis Vidales, y cultivan Triunfo Arciniegas, Manuel Mejía Vallejo, Juan Manuel Roca y Harold Kremer, y que hoy en día brilla con Pablo Montoya. Misma que no parece haber leído el autor. Y, qué podría esperarse de ese jurado, encabezado por el autor de unos recientes poemas deshonrosos para la Poesía colombiana?

    1. Creo que te equivocas, aunque no tengo el suficiente bagaje literario de ustedes dos me atrevo a decir que tal vez si existe una agilidad e ingenio en los cuentos de Juan Fernando, pero hay que tener en cuenta que ese ingenio para decir tanto en cuentos tan cortos se debe definitivamente a un excelente profundización no sólamente poética sino también estructural, siento incluso que dentro de los cuentos de Juan Fernando hay una solidez entre la teoría literaria y a cotidianidad que hace que algo difícil de escribir, sea facilísmo y entretenido de leer.

      Te invito a que hagás el ejercicio, tratá de contarle uno de estos cuentos a un amigo y contá una a una las palabras que utilizás y te aseguro que te va a quedar mucho más largo que el de Juan Fernando.

      Lo único que me parece triste es que vuelve y se cumple lo que dicen por ahí, el autor no es la obra, y Juan Fernando como persona no me cae muy bien, pero me atrevo a decir que tiene un buen futuro escribiendo cuentos.

      A veces incluso he creído que para ser un buen escritor se necesita a veces ser una escoria de la sociedad o alguna especie de criminal.

  5. Muy buenos cuentos. Muy universales, verosímiles en el Medellín natal del Autor, en la Barcelona en la que me gano la vida desde hace 17 años, o en mi natal Croacia. Para mí cada uno es un movimiento de una misma sinfonía, una sinfonía de muchos temas, Sinfonía de la Polifonía, diría yo. Quisiera leer muchas más cosas de Juan Fernando, siento que es como un Bukowski sutil, no se queda en la calle por la calle, él lleva los libros a la calle o la calle a los libros. Ahora siento que Medellín pertenece a los Balcanes. ¡Gracias chaval!

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