Federico Díaz-Granados (Colombia, 1974)

Díaz FedericoPromotor cultural, antologador y poeta, Díaz-Granados despliega la energía propia de su generación, su conocimiento, y una acción constructiva de redes literarias. Una muestra de su poesía.

 

 

FEDERICO DÍAZ GRANADOS Y EL HOSPEDAJE DE PASO DEL MUNDO

Díaz Federico
Díaz Federico
Federico Díaz Granados (Bogotá, 1974), quien ha publicado tres libros de poemas y dos antologías de sus versos hasta la fecha, ha sabido darle cuerpo de manera progresiva a una voz poética marcada por la conciencia del desarraigo y definida por una suerte de melancólica constatación del paso del tiempo, uno que, sentimos, no ha pasado de manera tan despiadada como el propio poeta advierte. Sus poemas, marcados por la lectura de Jim Morrison, Georg Trakl, Bohumil Hrabal o Robert Desnos, pero igualmente nutridos por la saga de la Guerra de las Galaxias y todas las baladas que han habitado sus noches de impenitente conversador, nos ofrecen un cuadro sugestivo de la vida de la Bogotá de los años noventa y de estos inicios del siglo XXI , en imágenes que nos hablan del poder redentor del lenguaje, en un mundo que se advierte como cansino y traidor, una especie de hospedaje de paso, como él mismo ha llamado uno de sus libros, un sitio donde no es posible encontrar sosiego y donde se llega para desempacar fotos de viajes donde la aventura y el amor fueron posibles, soñando con otro sitio mejor, y advirtiendo con sorpresa y algo de rabia que los lazos del amor y la amistad y la familia están fabricados sobre falsas verdades que debemos desenmascarar. Es necesario, entonces, despedirse, hacer un álbum de adioses –otro título suyo­-, con todo aquello que se nos ha arrancado de las manos y que lloramos con tristeza, pero también dejar atrás aquello a lo que no se quiere retornar, y que percibimos como un lastre, un obstáculo, para continuar el camino con la frente en alto.

Hay un profundo deseo en los versos de Federico por habitar un mundo más rotundo, más heroico, más luminoso, y se le van quedando en este empeño esquirlas de realidad entre los dedos, un gesto desapacible que no se puede completar en las largas tardes de tedio y desasosiego que encontramos en sus poemas, pero allí mismo, en esta inquietante advertencia que vive en sus poemas, se nos dice con dedo admonitorio levantado en el aire que “a alguien debes amar”, que la incompleta simiente no ha de ser sólo el sentimiento que presida nuestra existencia, sino que es posible descubrir en el voltario y sugestivo encuentro del deseo un poder que nos retiene en este mundo y nos lanza a descubrir en las incompletas y turbias palabras un secreto tesoro que justifica la existencia. A esta sorpresiva constatación, la de la salvación en medio del desastre, debemos algunos de sus poemas más conmovedores, e intuimos que en este camino de Damasco de su poesía irá encontrando una veta de verdad, de luz, que irá habitando sus versos, y de la que esperamos asombros y belleza para corazones cansados que beberán de esta fuente, en la que todo parecía haberse agotado, pero que se ha dejado seducir por el poder de aquello que se había dicho en la noche más honda, y que parecía imposible cuando el mundo estaba mudo, una verdad que habita este álbum de adioses que es, también y no solamente, su poesía. 

                                                                       Juan Felipe Robledo

 

 

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