Manuel Iris (México 1983)

manuel-irisDe las más tiernas generaciones mexicanas que se mueven ya por las altas esferas de la academia y el temprano reconocimiento literario presentamos a este poeta y candidato a doctor.

Manuel Iris enciende el fuego a un costado de la palabra y al mismo tiempo abraza el camino que dibuja la nieve; la ausencia moja el silencio para deletrear la nostalgia que lo constituye. Sus poemas son una ventana que deja a la vista la sinceridad del verso, el calor que ejerce el tiempo sobre la metáfora. Ésta es una breve muestra de su poesía, donde Manuel Iris tiene el corazón al fuego, los ojos luminosos, nevados, y la nostalgia fértil como la lluvia (Stephanie Alcantar).

De Cuaderno de los sueños (2009)

 

Aparición

No creas que te estoy requiriendo,
Ángel. Aún si lo pretendiese, nunca vendrías;
pues mi llamado queda siempre lejos.

Rilke, Elegías, IV.

I

 

 Desprecias destruirme. Tu carne
adquiere —frente a mí— un calor
menos mortal. Afirma
el corazón su doble miedo
de mirarte y de abstenerse. Temor
de ojos mortales.

Suelto la voz
y agradezco tu vestido: que no ilumines
con tu piel terrible
mis defectos todos,
que no me arrastres a morir de luz.

 

  II

Deviene tu presencia, acude
a sílaba de carne y de lamento
para insinuar tus pies
cuando te invoco
                              atrevimiento
concebido desde antes
de que sepas
   —hermosa  más que el Ángel
y como él terrible—
que vas a marchitarte. 

 

 III

Quizá estás confundida, quizá
perenne, el ruido de tus pies
ha hecho callar las tardes
y tu vientre al ocultarse
provocó la noche.

De cualquier forma, Ángel de carne
Luz de carne, Piel de carne
no puedo resistir
tu desnudez de antes
y después de todo: Lo eterno es demasiado.
Tu presencia, si mortal, es una flama
que todo lo consume: Desnuda eres letal,

y no me escuchas.

 

IV

No estoy llamándote, flama clarísima
porque no canto en tono necesario para tocar tu oído
y porque mis palabras—las mejores—
se calcinan al rozarte
                                   y aunque sé
por la verdad
por la distancia
por lo cruel
de nuestras dos naturalezas
que este poema jamás va a llegar a ti
lo arrojo hacia tu piel,

lo doy al fuego.

 

 

Mirándola dormir

He leído en tu oreja que la recta no existe
Gilberto Owen

 

Como esta voz, mi lengua busca
el laberinto de tu oreja
y yo te escribo y sé  muy bien
que hay algo —hay un  lugar— más bello
que tu vientre
aunque jamás lo he visto.

En cambio se revelan
—entrega de la espuma, oseznos de la luz—
tus pies de pan de dulce.

Y no saber el cómo apareciste, no haber vivido
en el momento que tu espalda fue la rosa, abierta luz
de lo que significas.

Afuera escucho algo.

Afuera  del poema algo te dice un canto
más hermoso que la piel
pero también más vivo: una caricia: lengua bajo lengua,
sonido bajo letra
en acto de buscarte.

¿En qué momento me has atravesado? ¿Cuándo
 tu luz—incendio, llamarada—se clavó en mi pecho?

Hoy puedo hacer un verso en que no mueras nunca.

Un cáliz, un jarrón, un algo que contenga
vino enloquecido, danza, fruta
lenta 
         carne en movimiento
para entrar en otra carne.

Creyente de tu forma, en mi oración
he decidido no ceder al verbo de tu ombligo, a la floresta
del verano en tus pezones,  a todos tus aromas.

Hoy no quiero morir: No quiero ver el río
que se duerme en tus muñecas. No quiero andar
la forma en que te extiendes de tu piel hasta la piel
de todo lo que existe.

Árbol de mí,
estoy llegando a tu región más fértil.

 

Nueva Nieve (2010)

Decir lo ajeno

 

Somos los hombres sin nieve
nacidos entre tormentas caniculares,
con las casas abiertas de par en par
y las retinas contraídas
frente al motín incesante de los colores.

Eugenio Montejo

 

I

No es mía la blancura
que hay fuera de la página.

Acostumbrado al mar, no puedo comprender
ese cristal que vuelve al árbol reverente,
que torna delicada su genuflexión glaciar.

El suelo me encandila, y sin embargo
voy dejando huella
sobre un plano que observo
con ojos asombrados.

Hoy mienten los caminos, finge su aliento
el agua detenida que va quedando aquí
sobre lo níveo que —parece— lo soporta todo
y en verdad, como cualquier belleza
todo absorbe y consume:

Hoy no he podido doblegar a la blancura.

 

II

…ni escribir la transparencia. Mis herramientas
no han podido comprender el árbol de cristal, su sombra que es de luz
ni su capacidad de sepultarme en hermosura, de lapidarme
en su fragilidad.

 

III

Alma tranquila, horma, dura vena,
molde interior de la escultura de sí mismo
el árbol sigue allí,

gotea.

Se va tornando cada vez más árbol.

Todo nos dice que la eternidad se acaba
y el silencio sigue allí,

cayendo.

Cincinnati, OH Enero del 2009

 

Homeless

También es nieve la que cae
en el muñón del limosnero, en la vacía
cuenca de su ojo.

Opaca, desdentada blancura
a la mitad del rostro
va burlando
el rostro de la nieve. 

Desde su aliento
el cuerpo encima del muñón
rehace una guerra en un lugar distinto
en que jamás se ha visto una blancura
más quemante que la flama de napalm.

No sé si el hombre ha sido un homicida.

En su muñón, en el vacío del ojo
se ha atorado inútil, fría
la belleza.

Cincinnati OH, Febrero y 2010

 

De Habitación de Jano (Inédito)
Para brindar ahora

                           Homenaje a Pedro Lastra.
                          Para Raúl Diego y Denis Pech.  

Después diremos que hemos sido jóvenes,
que salimos en aviones a buscar palabras
y muchachas nuevas.
                                                Que nos sentamos
la belleza en las rodillas, la encontramos amarga
y la injuriamos.
 
Después diremos que hemos sido mercenarios
de calles largas y licorerías.
 
Diremos que hemos despertado alegres.
 
Que una mañana desnudamos la poesía
y allí, frente a su cuerpo irregular y enorme
difícil de preñar
hemos tenido el miedo y el deseo
de que todo
termine.
 
Diremos
que nos hemos conformado
con hacer literatura:
                         
                                 quisimos armar piedras
                                 quisimos fundar tigres
                                 quisimos construir un templo de ceniza
                                 y alimentar su hoguera.
                      
Después diremos
que dejamos el lenguaje, que no nos hizo falta           
y partiremos, viejos y cansados
callándonos que todo
es una gran mentira.

                                                 Cincinnati, Ohio. Diciembre y 2008.

 

No es aquí

Varado en lenta, ennegrecida estancia
en que se aduermen horas y llovizna
voy a negar la casa.

No admitiré que estoy compuesto de oquedades,

a confesar que me hacen falta abuelos
y mi hermana que parece 
siempre a punto de parir.

Apuntaré :  afuera sopla el viento, se evaporó la nieve
                  y el pordiosero sale de sí mismo…

Diré que escribo con entera libertad
pero será mentira.

No es éste el sitio
de decir lo que uno extraña.

No es aquí.

 

Mi madre mira su ventana y dice llueve
miro afuera
realmente está lloviendo        dice
cuando niño te buscabas charcos
para ver las nubes      abro mi ventana

todo huele como a sabor de jícama

colgamos el teléfono      salimos a la puerta
sonreímos
como si viéramos la misma lluvia

 

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Manuel Iris

Manuel Iris (México 1983). Licenciado en Literatura Latinoamericana por la Universidad Autónoma de Yucatán (premio al mérito académico), y Master of Arts in Spanish por la New Mexico State University. Segundo lugar en el Premio Nacional de Poesía "Rosario Castellanos" (2003), y Premio Nacional de Poesia "Merida" (2009). Becario del programa CONACULTA-PACMYC (2002-2003), y becario de la fundacion Taft (Taft Graduate Enrichment Award), en el 2009. Es autor de los libros "Versos robados y otros juegos" (PACMYC-CONACULTA 2004, UADY 2006), y "Cuaderno de los sueños" (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2009). Ha publicado poesía, ensayo y traducción de poesía en diversas revistas de México y otros países. Actualmente es candidato a doctor en Lenguas Romances por la University of Cincinnati (EEUU)

 

 

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