Cuando la poesía protestó en las calles

no+violenciajavier siciliaCrónica e imágenes de la marcha y concentración ciudadana del domingo 8 de mayo encabezada por el poeta Javier Sicilia.

 

 

Cuando la poesía protestó en las calles
¿Y ahora qué sigue?
Mario G. Fuentes

Abordo la Marcha Nacional por la Paz con Justicia y Dignidad en el comienzo de Eje Central, una manifestación de un murmullo silencioso, ocasionalmente entrecortado por los goyas  universitarios, mucho me recuerda mis tiempos estudiantiles. Por otro lado es poco usual ver a una clase media que normalmente es apática y nunca asiste a estas acciones civiles, pero más allá hay un espíritu de tolerancia, de inclusión, lo que no puede lograr ningún político en este país lo logra la solidaridad y la indignación, la derecha y la izquierda juntas, pero son los ciudadanos no los políticos, marchando juntos brazo con brazo, hombro a hombro, pie a pie.

El grupo que acompaña a Javier Sicilia lleva tres días de caminata, con sus respectivos descansos, los que nos sumamos a la movilización en los diferentes puntos de la Ciudad de México nos sentimos moralmente obligados a acompañar a este contingente, que suma a muchas personas que han venido de otros estados del país, cargando a sus familiares que han desaparecido; poco a poco los 40,000 muertos empiezan a estar menos solos, el contingente sobre Eje Central se va alargando y ensanchando, se va volviendo un enorme caudal de gente que espera en silencio el paso de los manifestantes y cuando ven la bandera mexicana que es cargada por Julián LeBarón y atrás de ella a Sicilia rompe el silencio con aplausos, signo del reconocimiento que van ganando a base del dolor por la pérdida familiar.

Las personas a lo largo del Eje Central se van sumando, las más con gran apoyo y otras por que viven en el hartazgo, por que “Estamos hasta la madre”.  El camino hasta el Zócalo de la ciudad de México es un variopinto de pancartas en las que cada quien llevaba a su muerto, a su secuestrado, a su levantado y a su indignación ante la injusticia y contra los criminales y el gobierno que sienten les ha fallado y que también les ha asesinado a sus familiares. El silencio es interrumpido por los festejos del contingente universitario, pues el equipo de futbol de los Pumas de la UNAM logra un sufrido pase a las semifinales de la liga.

Para cuando la manifestación arriba al Palacio de Bellas Artes ya es una enorme masa humana de silenciosa rabia que contrasta con las festivas actividades artísticas que se han organizado en ese punto, es ahí donde empiezan a aparecer muchos personajes de la vida pública de los ámbitos político, intelectual y artístico, pues pocos fueron los que acompañaron el recorrido de la marcha, de pronto se forma un grupito que rodea a Carmen Aristegui tomada de la mano a su hijo Emilio y es una imagen que la va a acompañar hasta que se retira de la manifestación.

El Zócalo se va convirtiendo en una aglomeración humana, desde antes que ingrese la vanguardia de la marcha, ahí se desarrolla un pequeño mitin en el cual toman la palabra aquellos que de una u otra forma han sido víctimas por la desaparición y muerte de sus familiares a manos de las bandas criminales que se han apoderado de poblaciones, comunidades e incluso ciudades enteras, así como de su poder político, son esos que no son personajes populares, son los ciudadanos de a pie, los que no tienen apellidos importantes y conocidos, que lloran a sus muertos, a sus desaparecidos y preguntan una y otra vez, desde el micrófono, a la autoridad dónde los encuentran, quién les da una esperanza, quién les da un norte, en qué fosa clandestina hay que buscar, irremediablemente me viene a la mente la canción Desapariciones de Rubén Blades “…Que alguien me diga si ha visto a mi hijo. Es estudiante de Pre Medicina. Se llama Agustín. Es un buen muchacho. A veces es terco cuando opina. Lo han detenido. No sé qué fuerza. Pantalón blanco, camisa a rayas. Pasó anteayer…”.

La llegada de la vanguardia que encabeza Sicilia frente al escenario, donde siguen pasando los oradores, se vuelve caótica, una mujer lanza consignas contra Isabel Miranda de Wallace, quién había marchado y se había sumado a la manifestación, acusándole de “vendida”, pide también la “muerte de Felipe Calderón”, lo que molesta de sobremanera a Javier Sicilia, rompiendo el brazo con brazo, por lo que la seguridad civil no puede contener a los que ya les esperaban, empujando y no dejando pasar a Julián Lebaron, a Olga Reyes Salazar, al padre Solalinde y las demás personas que acompañaban el frente, hay que detener a Sicilia que sube iracundo al escenario preguntando ¿Quién le dio la palabra a esta mujer? ¿Quién le dio el micrófono? … nos está costando mucho trabajo unir a la gente… dice, echando pestes hasta  logran serenarlo.

Se ve por ahí deambulando sobre el escenario a Eduardo Gallo, apoyado por dos bastones, un hombre heroico que ante el secuestro y muerte de su hija y el engaño de las autoridades se dedicó a esclarecer el crimen. Gallo el que desfondó a la organización México Unido Contra la Delincuencia, cuando le dejaron la presidencia de ese organismo de la sociedad civil, el de los empresarios, un organismo corrupto por la opacidad en sus finanzas, por lo que decide denunciarlo públicamente y abandonar su dirigencia.

El audio es un poco deficiente, en un punto distante del escenario llega con unos segundos de diferencia el sonido, para los que están en el centro de ambos puntos no les permite entender lo que se escucha. Llega el momento de Javier Sicilia llevándose los aplausos. Ya empezado su discurso Sicilia nos dice: “…Si hemos caminado y hemos llegado así, en silencio, es porque nuestro dolor es tan grande y tan profundo, y el horror del que proviene tan inmenso, que ya no tiene palabras con qué decirse…”. Cuando señala a Calderón la gente se enciende y grita “fuera Calderón” otros grupos se confunden y gritan “muera Calderón”,  Sicilia ante eso llama a la cordura: “No queremos más muertes, ni la de él, mejor que renuncie”. Más adelante delinea los seis puntos del acuerdo de la marcha y seducido por la masa lanza uno más: pide la renuncia de Genaro García Luna, Secretario de Seguridad Pública del Gobierno Federal, aduciendo que eso “…sería un gesto del Presidente Calderón de que el movimiento ha sido escuchado…”, ante el asombro de los compañeros del movimiento pues es un punto que no se acordó, es más ni siquiera se discutió. Sicilia pide 5 minutos de silencio, entonces la marcha silenciosa calló para honrar a sus 40,000 muertos.

Termina el discurso de Sicilia, lentamente baja del escenario y se retira con los compañeros de ruta, saliendo por un costado del escenario y por un pasaje de vallas frente al Palacio Nacional. El mitin sigue con las palabras de una pobladora de Topilejo, lugar que albergó a la marcha, por fin acaba y la masa se desintegra satisfecha por haber llenado el Zócalo, pero se va preguntándose: ¿Y ahora qué sigue?

 


LA MARCHA EN IMÁGENES

Fotos: Mario Gutiérrez

 

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