La Otra de Eduardo Mosches

Editor, poeta y promotor cultural, Mosches habla ahora de su lectura de “La Otra” desde la perspectiva de lector y de testigo.

 

De una alforja salió La Otra
                  Eduardo Mosches

 

No son pocas las veces en que en este medio ambiente de editores y escritores se lance la pregunta: ¿ qué  función puede tener, ejercitar, una revista literaria o cultural? Es decir: ¿ para qué sirve, a quiénes sirve? ¿No es la literatura, ante todo, creación individual? ¿Se podría pensar que Rayuela, El llano en llamas o Cien años de soledad, pudiera haber sido escrita por un comité o un grupo de redactores?
Hay momentos en que  aparecen y desaparecen revistas, aún con muchos años de trayectoria, sin que su desaparición cause demasiados observaciones.  Quizá algo de ternura y dolor para los editores y para algunos lectores descobijados. Y sin embargo, la función de las revistas, sobre todo las literarias y culturales es mucho más importante de lo que se cree, en algunos casos resulta- culturalmente- decisiva. Una revista si su calidad es muy buena y llega y se desarrolla en un momento oportuno, puede cambiar el clima cultural de sus lectores, estimula positivamente la evolución de sus ideas e información, como lo de su sensibilidad, y puede funcionar como un catalizador. Y esto puede darse, en el mejor de los casos, al interior mismo de la publicación en relación con los miembros del consejo de redacción como los colaboradores más cercanos, y hacia los lectores, o sea, a la sociedad en general. Hay ejemplos en la historia contemporánea de revistas que en su momento tuvieron tal importante y relevancia, en diferentes países  como  Revista de Occidente, Contemporáneos, Sur, Martín Fierro, El hijo pródigo, Orígenes, Vuelta, revista de La Universidad de México, entre otras. Ya se ha dicho, no pocas veces, que “ las revistas, cuando llegan  a encajar en determinado momento histórico del arte o de las ideas, vienen a ser un reflejo del período cultural que les tocó vivir y sirven para iluminarlo o aún para revivirlo”.*
La profesión de escritor es, en principio, actividad solitaria. Únicamente una actividad de grupo, como la que implica fundar y redactar una revista, puede darle al escritor un sentimiento de solidaridad con un grupo. Y a su vez, a través del grupo, la sociedad queda retratada, definida, determinada,  obligada a tomar conciencia de sí misma. Una revista nace de un grupo concreto, una sociedad definida, y aspira, quizá , a modificar un grupo más amplio.
*Antología de la revista Contemporáneos, Manuel Durán, pag. 9, FCE, 1972, México

Foto: Pascual Borzelli

Por otro lado, cada revista es un posible modelo para otra revista que puede aparecer más tarde, todas las revistas se imitan, se continúan, forman parte de una sola y universal Revista  que se perpetúa por resurgimiento constante.
Y en este ajetreo permanente de escritores, poetas uncidos al carro pesado pero lúdico de la impresión, nos  topamos con José ángel Leyva, que detenta el oficio de escritor y que ha tenido el buen arrojo de arrostrar tareas de editor. Una buena tarea, no de Sísifo, pero si cansadora, impulsar el pesado objeto del deseo, ese paquete de papel y letras, al cual, no pocas veces, hay que cargar cuesta arriba con el abrumador  quehacer del  aspecto financiero, por un lado, y los riesgos del buen o malhumor de los participantes en el consabido y animoso proyecto. Tuvo a bien compartir, con José Vicente Anaya y María Luisa  Martínez, el ambicioso proyecto hecho realidad impresa de la revista Alforja, a lo largo de once años y 45 números publicados, donde fueron presentados al deseoso lector mexicano y latinoamericano, aproximadamente un millar de poetas, provenientes de México, y de toda América latina, sin dejar de encontrar a autores provenientes de  lugares como Rusia, España, Italia, Australia, Bélgica, Grecia, Polonia y  Portugal. Y la revista ocupó un lugar sumamente importante en la difusión de la poesía.
 Pero, a  veces, no siempre de los sonetos salen buenos poemas. Y decidieron por motivos ajenos a la difusión de la poesía, darle un final a esa revista, y dejaremos que el final sea expresado por lo que se lee como editorial de defunción de la revista.

“alforja cumple once años de trabajo ininterrumpido desde aquel grupo inicial que se debatió entre el escepticismo y la incomprensión, alejada de un eslogan —“fraternidad universal de los poetas”— tan poco legítimo a esta comunidad. alforja fue una puerta que se levantó y abrió gracias al esfuerzo de muchos, un acceso que se pretendió colectivo, sin dueño ni patrón, sin autores específicos y sin herederos singulares. No podemos dejar de reconocer que la fraternidad fue, en su momento, motivo para la permanencia. La gratitud ha sido también el otro motor de cada entrega, del sentido de la ofrenda, del tributo, porque no dudamos que la poesía es eso, un regalo de la vida para evitar la muerte de la memoria. Sólo se olvida cuando se deja de agradecer el esfuerzo, el sacrificio de los otros.
Con este número concluimos la existencia de alforja como tal, como proyecto editorial, como revista que lleva el nombre de un pueblo de Cataluña, como bolsa donde se atesora o se conserva o se transporta algo, como nombre que le dio sentido al entusiasmo por la diferencia, por la lectura. Todo acaba, pero no es el fin. Digamos que ésta es una estación que abandonamos como parte de la historia no de una persona, sino de un colectivo que dio a ratos o de manera constante su tributo por la poesía. Pertenece pues a sus fundadores y a sus continuadores, a sus directivos y a sus colaboradores, pero sobre todo a los lectores.
Una palabra es un cascarón vacío si carece de significado y movimiento. Ahora toca a cada quien nombrar la puerta, lanzarla al mar —como los antiguos escandinavos del exilio— para fundar su propio territorio, su futuro, donde encalle ese artefacto de la casa. Allí pondremos el tributo, celebraremos la palabra, la honraremos. (fin de la cita)

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Leyva, Rosa Beltrán y Mosches

Y como, ciertamente,  no siempre es posible dejar de tener pulsiones intensamente gregarias, Leyva inició el proceso de traer a la luz de futuros lectores y potenciales y deseosos, ávidos colaboradores, el proyecto editorial de La Otra. Un proyecto que deseaba acercarse a otros campos de la cultura, una revista que sería la difusora  privilegiada de poesía( obviamente!!). de artes visuales y la presencia de narrativa en sus diferentes expresiones. Sería una revista que se acercaría a una visión más amplia y heterogénea. Los retos serían mayores, a mayor los espacios culturales que serían seleccionados.
  Todo esto se iría consolidando,  unido a un buen equipo  de colaboradores cercanos y algo menos,  entre los que se pueden mencionar, entre otros, a Marco Antonio Campos, Elsa Cross, Juan Gelman, María Luisa Martinez Passargue, Hugo Gutiérrez Vega, José Emilio Pacheco, Javier Sicilia, y también el que está esto leyendo, y asimismo,  del llamado Consejo Internacional, del cual  nombraremos  algunos, para no cansar,  entre los que se encuentran:  Rodolfo Alonso, Eduardo Mitre, Ledo Ivo, Floriano Martins, Luis García Montero, Uberto Stábile, Margaret Randall, Krystyna Rodowska, Nuño Júdice y Bernard Poisiers.
Y en este momento les estoy presentando el número 9 de La Otra, revista que ya, rápidamente, ha recibido por parte de la Caniem, el premio al arte editorial 2010, hecho que viene a ratificar la calidad de  este diferente, creativo y atractivo proyecto editorial.

En este número, les diré bien poquito del mismo, para lanzar el anzuelo del interés y que así se acerquen, compren, roben, socialicen la revista. Lo importante es leerla y verla. Porque esta es la otra cara de la revista, no sólo el de leer textos, sino,  el de verla, observar.  El de poder ser seducido, asimismo, por la imagen. En este número se encuentran  las fotografía en blanco y negro,  de unos desnudos, de cuerpos femeninos, con un ojo fotográfico sumamente audaz, donde el cuerpo se transforma  en un haz de juegos de luces y sombras, esculturas de sobrada sensualidad. El autor de las mismas es el editor Alejandro Zenker.  Acompañando a este dossier fotográfico, encontramos un breve texto de Andrés de Luna que acerca al lector al desnudo y la fotografía.  Nos dice: El cuerpo desnudo tiene las virtudes de un continente perdido: es necesario llegar a él para descubrirlo. Estas fotografías nos acercan a ese descubrimiento.

En una sección titulada Poetas en babel, encontramos un encuentro de siete poetas de los siguientes lugares: Lituania, Ucrania, Brasil, Estados Unidos, Austria, Filipinas y Polonia. La lectura de  los poemas es en versión bilingüe. Un aproximarse a poetas desde nacidos a inicios de siglo XX , como el más joven, de 1977.
Hay una sección dedicada al poeta brasileño Ledo Ivo, nacido en 1924, compuesta por una larga entrevista realizada por Floriano Martins, dos textos en prosa, del mismo Ledo Ivo,  que acercan desde una mirada autobiográfica sobre la marcha y vericuetos vividos y narrados , en y en su  historia  de este estimadísimo y entrañable poeta. Cierra con siete poemas que dan muestra de su extensa obra. Y esto no es todo sigue la relación imagen y texto. El poeta colombiano Juan Manuel Roca nos acerca a la pintura de Margarita Isaza, artista neo figurativa, donde los lectores pueden observar muestra de su obra pictórica, en intensos colores, donde la delicadeza del dibujo permite la transgresión de la linealidad para esparcir mapas de color, una manchas y unos tramados que crean y albergan formas simbólicas.
Y en la amplia sección miscelánea, abrimos las ventanas de siete poetas mexicanas nacidas en los decenios 1950-1960, y un poquito más de textos y entrevista, que ustedes lectores se darán el gusto de hallarlos.
Por ahora cerramos esta mirada al número nueve de La Otra,  para continuar esperando nuevos hallazgos literarios y plásticos. Un fuerte abrazo a las diferencias.

 

 

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