Hugo Hiriart. El arte de perdurar

José Antonio Moreno ofrece una aproximación al libro de Hiriart sobre la relación entre la escritura de Borges y de Alfonso Reyes.

 

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Antonio Moreno

Antonio Moreno Montero

El factor Reyes y el arte de perdurar.

 

Los ensayos de El arte de perdurar (Almadía, 2010), de  Hugo Hiriart  (Ciudad de México, 1942), nos conducen a un territorioque no sólofomenta el mito, el misterio y los dilemas, sino que pone en juego la atracción y repulsión literarias como un sistema de fuerzas antagónicas: por un lado, Alfonso Reyes, una de las figuras por antonomasia de la ensayística en lengua castellana; y por otro, Jorge Luis Borges, quien de cierta manera es dueño de una obra que sabe resistir y adaptarse mejor al paso del tiempo.  ¿Por qué la obra de Reyes se asemeja a un objeto monolítico del pasado, mientras que la de Borges es cada vez más imponente? En un plano más general, ¿en qué consiste la perdurabilidad y la vigencia de un texto? Quiero decir: la lógica de este sistema de fuerzas la impone el lector, e Hiriart responde a estas preguntas en la primera parte del librobajo un consistente estilo que hace de lo simple y lo claro requisitos para que un ensayo sea extraordinariamente sofisticado. La segunda parte está conformada por una colección de ensayos breves dedicados a la presencia de la luz en las artes pictóricas y literarias.

Si Reyes exhuma aquellas imágenes telúricas sobre nuestro origen cultural que alude en laVisión de Anáhuac [1519] (1917),que  por su estilización literaria idealiza nuestra raíz, estableciendo a partir de allí una sensación y visión de mundo semejante a la antigüedad clásica, es para  instaurar y reivindicar nuestra Ilustración; y al mismo tiempo, para proponer dentro del género ensayístico otra lógica de argumentación: jurídica, científica y artística, etc. El ensayo de Reyes se destaca por su elegancia, además de una luminosidad meridiana sin igual. Siguiendo los razonamientos de Hiriart, y sin soslayar estas virtudes, ¿por qué entonces los ensayos de Reyes no siguen teniendo vigencia? Si se lee por primera vez a Reyes, se advierte de inmediato, y lo mismo sucederá en la relectura, que esa luminosidad (des)favorablemente sublima al texto, y para deducir lo propuesto por Dionisio Longino, lo sublime cohíbe y excluye. Reyes y Longino tienen algo en común: el monopolio del juicio. Para decirlo eufemísticamente: la manera soberana de Reyes para expresar sus razonamientos tiene algo de aristocratismo que resulta un desafío para el lector, pese a que el ensayo alfonsino, sostiene Hiriart, se sitúa siempre en el orden de la conversación. Sin embargo, la prosa de Reyes transita sin estridencias, con armónica y aceitada suavidad, advierte Hiriart; así, inevitablemente, estas virtudes nos conducen a lo sublime.

Es difícil proponer una respuesta sólida partiendo de la posibilidad de que si Reyes hubiera sido un ensayista satírico y feroz polemista, como plantea Hiriart, más allá de su cuota de lectores, gozaría hoy de una recepción crítica más entusiasta, porque da la impresiónque las nuevas generaciones de lectores (y especialmente las conformadas por la academia),desconocen su obra o si la conocen la consideran un objeto anticuado e inútil.La de Reyes es producto de un largo periplo de lecturas que ayudó a transformar las convenciones del ensayo, como la de Borges, que revolucionó la manera de contar.Es cierto que el Reyes mundano revela un aura atrayente, cercana a nosotros, con intereses plebeyos como los que muestra en Memorias de cocina y bodega (1953),  un libro que podría servir de lectura iniciática para eliminar el miedo y las distancias. O no tan plebeyos, como las intimidades que cuenta Edgardo Cozarinsky en su Museo del chisme (2005), con un Reyes apasionado por el amor de una actrizporteña que puso en riesgo su cargo como embajador en la Argentina, y atrás de este idilio estaba la imperturbable presencia de un Lázaro Cárdenas que le hizo ver su suerte en un telegramacategórico: “La puta o la embajada. Cárdenas”. Uno podría suponer que este libro de Hiriart tiene un origen edípico, narcisista e implacable hacia la obra de Reyes. Sin embargo, no hay en él ningún ánimo de menosprecio o rivalidad.

El arte de perdurar tiene una noción freudiana del complejo de Edipo, pero para escarnecerlo al modo de Epicuro, en el sentido que son menos problemáticos los vínculos que puedan estrecharse entre el escritor y sus continuadores, los cuales —en ocasiones— se establecen a partir del placer: de la lectura, la escritura, el diálogo, el reconocimiento de las ideas y el respeto. Hiriart no confronta a Borges con Reyes, y tampoco toma partido por uno o por el otro, aunque sí deja en el camino huellas que revelan que es un brillante discípulo de ambos escritores. Este libro enriquece la tradición del ensayo en lengua castellana, visto como una repetición de los mejores patrones literarios, y menos como una elaboración de comparaciones estériles o diferencias accidentadas. El arte de perdurar goza de un poder especulativo de alto nivel, como cada texto de Borges, quien fue un perito de la especulación y hábil promotor de paradojas, cuya sabiduría—no salomónica como la de Reyes—es fáustica y fundadora de herejías; y poseedor de un estilo lacónico que nos proyecta hacia una laberinto infinito (¿quién no recuerda El sur?), relato que nos deja en claro que las casualidades no existen. Para Borges los libros significan la oportunidad de entablar diálogo, asimismo la oportunidad  para fundar los cimientos de una nueva herejía. En ese sentido, el libro de Hiriart es más borgeano que alfonsino, en cuya tarea no sólo cabe el asombro, la diversidad de ideas, junto a la vastedad y riqueza humanísticas, sino predomina también un sentimiento fuerte de gratitud.

 

 

Un comentario

  1. danielares