Stephanie Alcantar: la poesía

A sus veinte años, la poeta duranguense se pregunta cómo se puede escribir poesía en un país de tantos poetas por leer.

 

 

Hitos de la poesía mexicana.

La poesía: el vértigo de la palabra o el arte del asombro.

Stephanie Alcantar

 

Los poetas pertenecemos a la duda, a la búsqueda de la verdad más que a nosotros mismos. La  poesía es una salvación a la realidad que nos persigue. El prodigio del asombro permite al poeta colocar un dique sobre correr del tiempo, para crear un sitio donde revienten los olvidos como la marea.

El poeta busca la fertilidad de la palabra, el germen del misterio para hacerlo madurar, un arsenal de símbolos con qué enmarañar el silencio y crear su propio mundo. Un mundo infinitamente profundo que pueda tocar la raíces de su alma y el cual sea más perdurable que el que ya habita. Porque cabe decir que parte de los indultos de ser poeta es el traducir el presentimiento de los sentidos, apoderarse de la nada, mirar el trasfondo de los objetos. Privilegios o no de poseer una intuición que permite que el discernimiento vaya más allá de las imágenes, más allá del juicio, tal vez como una metamorfosis de lo invisible a la palabra.

Porque la poesía como cualquier obra de arte es buena siempre que se haya creado desde el más puro estado de necesidad, como un golpe de energía íntima.
Ese impulso de creación nace a partir de una conciencia noble y sincera para sí mismos. El poeta debe tener siempre firme su cualidad como creador. Y ante todo no perder el asombro, ya que la poesía se encuentra a la vista de todos, mas no ante la intuición de cualquiera.

Stephanie Alcantar

El poeta es un traductor de los sentidos invisibles, de otros mundos que por sí mismos no pueden nacer, pero que existen. Por ello, cuando se logra crear un poema cuya vida perdura a pesar de la existencia del poeta, entonces se habrá creado una obra de arte. 
Y por tanto, cuando un poeta consigue crear más de una obra de arte, significa que  ha encontrado ese impulso natural al que se refería Rilke, un móvil interno que le impulsa a escribir, ese poeta posee un estado de conciencia sincero, que le da la capacidad de modelar el arte a su antojo. Ya que es un hombre que ha desafiado el proceso de la creación, dándose la posibilidad de traer al mundo seres, en este caso poemas que sobreviven por sí mismos, a pesar de su autor. Ahora nos preguntamos, si es eso suficiente para que el poeta llegue a ser considerado un hito de la literatura. Puede un poeta, un creador volverse hito de la literatura sin conocer aquellas obras que lo anteceden, obras que críticos, lectores y hasta Instituciones han considerado como parte fundamental de la tradición literaria. ¿Es realmente necesario conocer la obra de los poetas nacionales que marcaron la historia antes de pretender crear un estilo propio?
Estas reflexiones resultan a partir de preguntas como: si los poetas de mi generación  los nacidos en los noventas conocemos realmente el legado de los poetas mexicanos que han abierto la pluma para nutrir la tradición literaria. Es decir, realmente nos preocupamos por encontrar como sugería Rilke ése móvil invisible que empuja a escribir. ¿Podremos identificar ese gancho que nos sujeta para crear sin haber leído antes la obra de poetas como Gorostiza o Villaurrutia?. Se puede tener la suficiente sensibilidad como para describir la finitud de la soledad o el desgarro de la incertidumbre sin haber leído antes a Elias Nandino. Me pregunto, como poeta de la generación de los noventas, podremos ambicionar a escribir poesía que perdure a pesar de su autor, cuando no hemos profundizado completamente en la lectura de poetas que son pilares de la literatura mexicana. supongo que para hacer una aportación original, encontrar un estilo propio y poner la palabra al servicio de la poesía, hará falta leer a Jaime Sabines, a Octavio Paz o a José Emilio Pacheco para sospechar al menos del mundo que crearon con su poesía. No nos alcanzaría la vida para tragarnos el vacío a solas y digerirlo. Para desgarrarnos el corazón las suficientes veces como para escribir un  Nocturno a Rosario o imaginar Los amorosos. Hace falta recorrer el camino andado por otros, para poder, en un futuro aportar algo y que con la posteridad quizá llegue a considerarse valioso. Y la palabra valioso ahora que la nombro, ¿significa lo mismo para todos?

Para aspirar a crear una obra de arte: un ser lleno de misterio que tenga identidad por sí mismo. Para escribir un poema que cada vez que sea leído perdure como un pensamiento flotando en el aire, no pueden ignorarse los poemas que ya lograron abatir el tiempo y siguen presentes como una sombra de la inmortalidad, perenes y luminosos como los astros. Es clave destacar poemas como Nocturno a Rosario, escrito a finales del siglo XIX por el poeta Manuel Acuña, quien impregnó sus versos de una firme y contundente sensibilidad. Igual puedo reconocer La duquesa de Job obra preciosista, recreación del esprit francés, poema de Manuel Gutiérrez Nájera de finales del siglo XIX, obra en la que Gutiérrez Nájera supo ver la causa primera y fundamental del arte, el aislamiento que obraba en la decadencia de la poesía española de entonces. Sería inaudible no referirse a un poema escrito en 1921 que hizo de la patria el poema más luminoso, me refiero a Suave patria creación de Ramón López Velarde, caracterizado por su adjetivación insólita, sus metáforas inesperadas, los juegos de palabras, y su predilección por los vocablos esdrújulos. López Velarde cerró el modernismo y dio paso a la fundación de nuestra poesía contemporánea. Y si hablamos del infinito y del intento por derrotar la muerte, de la lírica y de la luz y del monólogo de la ilusión basta recordar Muerte sin fin escrito por José Gorostiza en 1939.

La labor del poeta es conocer las metáforas que forjaron sus predecesores, escudriñar en el espíritu de cada uno de los que nutrieron la tradición literaria. Ser poeta no es buscar un compromiso social, sino buscar la voz preñada de la situación que vive a su alrededor; sólo así su poesía se verá pincelada por el color de la época que habita. La poesía de López Velarde, o los cantos a la tierra de Carlos Pellicer, el Reposo del fuego del que habla José Emilio Pacheco son sólo algunos ejemplos de las metáforas en que han convertido a México. De esta forma la poesía es una línea del tiempo, que marca tendencias características de cada generación.

¿Qué poeta mexicano puede avizorar la estética de la poesía clásica, invocar la libertad moral y la alegría inviolable de lo efímero, sin haber leído uno de los más de quinientos versos que Octavio Paz tituló Piedra de Sol? Cómo pretender crear poesía cuando no se reconoce la obra de los poetas mexicanos y en cambio se releen a poetas extranjeros intentando marcar una vanguardia cuando ni siquiera se reconoce el estado actual de la poesía mexicana.

Mi reflexión propone reconocer a los poetas nacionales, así como la historia reconoce a los héroes o a los personajes que inmolan y les adjudica ciertas garantías de la patria. Porque “quien no conoce la historia está condenado a repetirla” nos aclararía Santillana. ¿Qué ha sido de la patria después de dos siglos, cuánta libertad sobrevive a los insultos de la moral y la justicia? La poesía es un dialecto que ignora fronteras y ensancha horizontes. Mejor sería preguntarse: ¿actualmente los poetas escriben con la certeza de conocer el panorama nacional?, ¿escriben con la ferviente conciencia de temporalidad?, ¿acaso altera el ejercicio de la creación el suceso histórico como una reflexión social? Es decir, ¿incide en la poesía el hecho de conmemorar 200 años de independencia?  Considero que la respuesta no se conoce del todo ahora, al menos no se puede tener la seguridad de que el bicentenario de la independencia de México guie a una nueva tendencia a la poesía mexicana. Supongo que es más sano pensar en la germinación del arte como dice Rilke: “[…] todo está en llevar algo hasta su conclusión y luego darlo a la luz; dejar que cualquier impresión, cualquier sentimiento en germen, madure por entero en sí mismo, en la oscuridad, en lo indecible, inconsciente e inaccesible; hasta quedar perfectamente acabado esperando con paciencia la hora del alumbramiento[…]”

Para saber si la situación actual es capaz de inspirar una obra de arte, será necesario esperar esa incubación de la idea, lo suficiente hasta que se vuelva traducible a un verso, y entonces valoremos el suceso histórico, no sólo en el contexto social sino en el literario también.

Será acaso que Rosario Castellanos tiene razón cuando dice que Matamos lo que amamos. Lo demás ha estado muerto. Amamos aquello que nos apasiona y eso que nos hace dudar de lo que creemos nuestro. Los poetas de la generación de los noventas podremos aportar a la tradición literaria mexicana, en la medida que conozcamos el camino que recorrieron nuestros predecesores dentro del maravillo laberinto que es el arte. Un laberinto que siempre oriya al asombro. La vida hace de nosotros el verso profundo, la metáfora milagrosa, el poema más largo que termina de corregir la muerte. Por eso hablar de poesía, es hablar de la consumación de la palabra en la perdida de la vida. De la pérdida de la memoria a través del ejercicio del recuerdo. La poesía es el talento de traducir la memoria en un caos de ideas en orden, de volver la poesía el vértigo de la palabra y el arte del asombro.

 

Ponencia presentada dentro de las
II Jornadas Universitarias e Internacionales de Poesía
Bogotá, Colombia.

 

 

Publicado por

Mexking

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24 comentarios en “Stephanie Alcantar: la poesía”

  1. ¡Dios! o ¡demonios! ¿cuando dejarán de atacarse unos a otros? ¡Alacranes!
    Ante tantos comentarios, permitidme deciros una cosa, sola una: que viva el rock.

  2. Stephanie es ante todo una mujer. ¿Quién analiza los sentimientos o las ideas de otro? Esos juicios repulsivos nos molestan a varios. A las mujeres no hay que entenderlas, hay que amarlas. Y si se le añada que la mujer es poeta, bendita sea su poesía.
    Las poesías son incomprensibles si no estás en el entorno del poeta.

    Espero no herir suceptibilidades. Felicidades a Stephanie.

  3. Hola, primeramente, no entiendo que es lo que tu llamas generación de los 90’s, si por el hecho de haber nacido en los 90’s se marca una etapa en la poesía, cosa que n ha sucedido, las generaciones poéticas no se marcan por fechas de nacimiento, sino por talento, es muy incierto hablar de esa generación que tu nombras por que en la actualidad el rango generacional no se mide a partir de una década, si no de una corriente ideológica que abarca al menos varias coincidencias temporales e ideológicas, es decir poetas vivos a partir de los 18 a los 30 años, ese sería el margen de la generación actual, y la limitada generación que aquí menciona repetidamente la autora, refiriendo a que los poetas de los 90’s son una generación por sí misma, nómbrame petas de los 90’s con bastante peso como para decir que por si mimos podamos distinguirlos como una generación de verdaderos petas, eso aún no lo podemos decir. Entre tras cosas, creo que tienes mucho camino por delante, per cm tu poesía, da muchos rodeos y debes concretar un punto de vista y a partir de allí, desarrollar tu ponencia, tiene palabra muy bonita, pero que si las reflexionas, no llega a nada, busca primer un discurso de fondo, y que el aderezo sea sólo eso, mi comentario n es con el fin si n de dar mi punto de vista, deseando que la autora mejore. Y ojala que Leyva fuera menos elitista en su publicaciones, y deje de publicar a quien le cae bien solamente, o a conocidos, esto es para que la revista mejore

  4. Pero nadie puede negar que, a su joven edad, Stephanie Alcantar destila una inteligencia y una madurez que ya quisieran muchos viejos. Su prosa fluye, es clara como arroyo de la sierra duranguense. Tiene un futuro promisorio, esta mujer.

  5. Antes que nada debemos reconocer la valentía de la autora, al atreverse a publicar tanta tontería, tantas frases acartonadas y estereotipadas pero quienes hemos leído “su poesía” sabemos que no pueda dar mes. por favor no le pidan peras al olmo, y lo que natura no da Salamanca, así que le agradecemos este divertimento , uno puede puede reírse ante tanta soberbia, tanta pésima sintaxis, es una delicia por las faltas gramaticales, ánimo pero sigues teniendo bonitos ojos. Y la culpa no es del indio, sino del que lo hace compadre.

  6. Supongamos que, tras la clara defensa, se tenga que hacer válido el derecho de réplica. Haré mi réplica con la intención de, lo digo en serio, hacer ver que no todo lo que se escribe tenga que defenderse, ya porque cause polémica -vamos, hoy en día la polémica está en la superficialidad de cualquiera- o ya simplemente para no herir la “sensibilidad ajena”. El texto salta a la vista, y no del todo por sus bondades, dentro del orden natural de la revista. Y lo hago, que quede claro, con la intención de abrir el diálogo.

    Estimado Manuel y Joel, claro que un tema interesante, por supuesto. A quién no le va a sacudir la pregunta de ¿cuál es el papel del poeta en la sociedad? O la no menos tremebunda pregunta ¿qué papel desempeña en la humanidad? Y otra más osada: Suponiendo que ser poeta es conocer la realidad en determinada época -esto nunca quedó claro, pues al principio dice “La poesía es una salvación a la realidad que nos persigue” y luego contrapone a su argumento un”Ser poeta no es buscar un compromiso social, sino buscar la voz preñada de la situación que vive a su alrededor; sólo así su poesía se verá pincelada por el color de la época que habita-” bueno, suponiendo que es conocer la realidad, se pregunta si puede lograrlo sin conocer la tradición literaria. Vaya preguntas.
    Osar responderlas, tienen toda la razón del mundo, es algo loable e imposible de no apreciar. Pero, si soy atento al texto, porque alguien ya acusó a los criticones de criticar sólo por no entender, si soy atento al texto puedo ver que las tres preguntas se realizan por algo, por una pregunta que las une y a las vez las fundamenta: ¿Cómo es posible la posteridad? Antes tales cuestionamientos y ante la toma de ciertas posturas de la poeta, es que yo acoto lo siguiente.
    Como bien lo dice Joel, lo que debería tomarse en cuenta en esto de la posteridad y en aquello de los “hitos literarios” es el canon de lo que depende, yo la llamaré, mejor, la “fortuna cultural de un texto”. Durante mucho tiempo, muchos críticos se han pasado la vida pensando si hay algo, un carácter universal en la literatura. Cuando se ha buscado, en la mayoría de los casos, la búsqueda termina en tratados de lingüística. Coincido, entre tantos, con Isaiah Berlin: se trata tan sólo de la fortuna cultural de la literatura. Y nadie, ya haya sido Góngora -olvidado durante cuatrocientos años- o Ronsard -fue el poeta francés más respetado en el siglo XVI y ahora no hay nadie, ni existe ningún poeta que pueda compartir su visión del amor.
    La verdadera crítica, y creo que la más importante, que le puedo hacer al texto, y es donde lo veo inmaduro, incongruente, poco convincente, es cuando habla, precisamente, en que, para poder asumir el papel que el poeta se ha asignado como conocedor de la sociedad en su época y para lograr hacer eso y pasar a la posteridad, tenga que conocer su tradición nacional. Por qué salir con un argumento chovinista. Se cae, porque no es completamente plausible y contradice a la propia tradición, que siempre ha visto hacia afuera. . El modernismo latinoamericano no pierde ni su valor ni su importancia tan sólo porque haya sido una reacción al simbolismo francés. Gutiérrez Nájera, ese provinciano de México, se emborrachaba con Borgoña en sus poemas, y no porque lo tomara los fines de semana en la capital, en la calle que ahora es Donceles, donde, por seguro, vendían bebidas más espiritosas, sino porque lo había leído en Verlaine, en Heredia, en Cros, etc. Por cierto. Cita a Manuel Acuña, quien siempre se creyó romántico. Él mismo lo dijo en algunas de sus cartas, él, mexicano, se denominaba con el espíritu de una corriente muy diferente en tres lenguas, francés, inglés y alemán. Claro, no hablaban de lo mismo. ¿Cómo ser romántico en una lengua que no tuvo Ilustración? Qué decir de Octavio Paz, tan sólo leer “El Arco y la lira” o “Los Hijos del olmo” vemos en carácter amplio de sus conocimientos literarios, por cierto, muy afrancesados. ¿Qué es la poesía mexicana? Es más, para ponerme en mis casillas ¿Qué es la poesía argentina? ¿Es un diálogo con la cultura nacional para la propia sociedad o es un diálogo con la cultura en general de cualquier país? ¿La respuesta a esta pregunta encierra la posibilidad de una mejor fortuna cultural, “posteridad”, al serle un referente a más personas? Ahí está la incongruencia. Hay poca definición de los conceptos. Es decir, se plantea esas grandes preguntas y, no sólo no contesta ninguna, sino también confunde las preguntas y las pobres respuestas que ha dado. Es decir, sólo nos deja ver que, si quiere poeta y propone una poética, está muy confundida.

    Saludos desde Baires. Enhorabuena por la discusión.
    Oliverio Petri

  7. He leído los comentarios que ha suscitado este texto y felicito a la poeta. Un texto nace gracias al lector o los lectores, y éste ha nacido y renacido en cada comentario. Lo triste es que la mayoría no han sabido o no han querido dialogar con la tesis que propone la poeta, ni discutir acerca del canon literario que esboza, ni debatir sobre la patria compuesta de libros con la que ella se ampara. Los comentarios sólo nos hacen recordar que parte de nuestra crítica mexicana sigue dejándose llevar por el impresionismo ramplón y la valoración facial del autor o autora. Buena idea sería hacer el ejercicio de dialogar con el otro, o como decía Paz, ya que varios lo han citado, “buscar la otredad” en los recovecos de la ponencia.

    Barthes nos proponía –y Álvaro Enrigue nos lo repite–: “El autor muere cuando el texto nace”; el texto cobra una vida singular cuando el lector lo descifra. Apurémonos por el texto, dejémoslo hablar y después derruyamos o apoyemos o desmantelemos lo que nos dice. Es interesante que una poeta de la generación de los nacidos en los noventas –con tesis débiles o sólidas— se esté preguntando, desde su contexto y desde su postura-poética, qué es el canon literario que la antecede, quiénes lo integran, quiénes o qué factores lo imponen, qué nos dicen los escritores que lo forman, seguimos leyéndolos con gusto los que nacimos en los ochentas o noventas, o los ignoramos y alimentamos nuestra literatura por otras tradiciones, ya sea centrífugamente (tradición que nace en el centro y aspira salir disparada hacía la periferia) o centrípetamente (tradición que nace en la periferia y se concentra y alimenta al centro).

    Bien lo dijo Santayana “quién no sabe de historia está condenado a repetirla”. El texto ha emprendido un objetivo difícil pero interesante: le da una revisión al canon. Y gracias a ello consideramos la idea de atender a los clásicos y a los contemporáneos si en verdad nos apura potenciar nuestra poética, si en verdad buscamos decir algo entre tantas voces que causan eco y eco, como lo son las que forman el canon literario. El texto de la poeta se atreve a cuestionar el canon, pero en ningún momento lo desdibuja o ella se sube al templete y dice “de mis cueros salen más correas”. Su texto, más allá de ser ponencia o ensayo, ha logrado su cometido: ha abierto el diálogo y nos ha invitado a reflexionar y a levantar nuevas tesis, no del tema que ella propone, pero sí de aquéllos que rodean la dominante de la ponencia.

    En cuanto a la idea de potenciar el discurso literario con el discurso social, quizá una frase de Ricardo Piglia nos alumbre el punto de esta discusión: “se vive para escribir y se escribe para vivir”. Una cosa no está peleada con la otra. Nunca reñimos del todo a Borges por haber pasado su vida en la biblioteca, como tampoco reñimos del todo a Bioy Casares por haber sido un dandi y a la vez un grandioso escritor de cuentos. Sugiero mejor dialogar sobre los argumentos de la poeta, en lugar de descalificarla o reprobarla por no haber cocinado panques en lugar de cuernitos.

    En cuanto a la discusión de construir una obra para pasar a la posteridad, creo que la tesis del texto de la poeta tampoco propone discutir eso en concreto. Aún así, ahora que se está sopesando el tema, cuando se logra, quien pasa a la posteridad no es el escritor o escritora, sino su trabajo. No sé si en verdad Faulkner, que escribió varios artículos sobre la inmortalidad del artista, se proponía pasar a la posteridad cada vez que se sentaba a escribir. Lo que sé es que ahora está muerto y nosotros, los lectores, sólo disfrutamos o repudiamos cierta parte de su herencia, misma que integra un canon.

    Saludos a todos.

    1. Joel, lo bueno es que existen los parientes para defender las tonterías que hacemos. En todo caso, quien debe defender su ponencia es la autora. No su novio. Siendo así tu crítica será subjetiva. Orientada por la pasión que te ciega. Además, aquí no caben los narradores. Otra cosa, hasta donde he leído ninguno de los que comentó hace una crítica. Si así fuera, digo, con verdadera objetividad, el texto saldría perdiendo. Con todo respeto.

      1. Ya puse una crítica. Este comentario me ayuda a constatar mi sospechas: la autora, Manuel, Joel y Jorge se conocen. Grave problema, hay cierta tendencia a aprobar o a descalificar. Espero que mi postura sirva como punto medio. Aunque algo sí tiene que salir en claro, cuando Joel, decís “nuestra crítica mexicana”, que es esto y es lo otro. Yo no soy mexicano, y critiqué el texto. Ese argumento no es válido. Alguna vez mi abuelo, que fue íntimo amigo de Borges, le escuchó decir al maestro que cuando regresó de México -un país que amo en lo personal porque entre otras cosas me dio educación- sintió haber constatado un reproche y consejo que le dio Alfonso Reyes. Le dijo, “si llegas a ir a México ten cuidado porque son, y somos, muy susceptibles”. Si los críticos, seamos de donde seamos, llegamos a lo ramplón, qué será de la susceptibilidad de los lectores.
        Dos últimos aspectos: superficialidad de crítica hay en México como en Francia o en Inglaterra.
        Y otra más. Joel, decís que hay que dialogar con la tesis de la autora, pero ¿dónde está la tesis? Es más ¿me la podrías decir? ¿O es que hay varias y ninguna?
        Saludos a todos, y ojalá puedan leer algunos comentarios que se han suscitado en torno a la traducción a partir de un texto de un colega en esta misma revisas.
        Abrazos.

  8. Vamos por partes. Manuel, dices que es viable “aspirar a hacer poesía que perdure”, además comentas que “no todo lo que uno quiere se consigue”. La aspiración poética está implícita cuando creamos un texto. No es necesario, desde mi punto de vista, agregar condimentos que amarguen o endulcen el texto. Aspirar a que un poema trascienda es una labor intrascendente. Perdón por el oxímoron, pero es necesario, considero, estar atentos a la verdadera necesidad de poetizar. La perdurabilidad la brinda el poema desde el instante en que nace. Al ser concebido se convierte en un ser vivo, orgánico. Ya lo decía Paz refiriéndose al lenguaje y a la poesía. Entonces, para qué agregar pretensiones al poema. Déjemos que la poesía trascienda por sí misma. El poema no necesita que marquemos el rumbo. La propia poesía conoce su camino.
    Por otro lado, no descalifico la obra de los “pilares de la poesía”. La poesía es el verdadero pilar, no los poetas. Parafraseando a José Emilio Pacheco, coincido con esa visión de querer que la poesía sea anónima, ya que es colectiva. A eso tienden los versos de Pacheco. No por ello quiero dejar fuera a los grandes poetas. Su poesía es la que tiene valor, pero no necesitamos etiquetarla. Escribir bien o mal, sin pretensiones, lo reitero, es escribir para la posteridad. Entiéndase por posteridad lo venidero. Futuro.El propio, el del poema. No así la fama que se obtiene por pasar a la posteridad. Atinadamente comentas, Manuel, que el acto mismo de escribir es querer escapar de la muerte. Saludos.

  9. Qué terrible que pongan este tipo de texto. Yo cuando leo el título del ensayo jamás pienso en la falta de profesionalismo y faltas gramaticales del autor. Se supone que es un espacio abierto, pero no para poner cualquier cosa. Me atrevo a decir que ni si quiera la reflexión propuesta por la autora cumple su cometido: invitar al lector a conocer la tradición que le debe anteceder a todo poeta. Yo, en lo personal, sugiero más profesionalismo con los autores que se aventuran a enseñar algo en esta revista.
    Un abrazo.

  10. Me parece que, además del tono demasiado virulento de las críticas, estamos perdiendo algo de vista: lo que hemos leído no es un ensayo, sino una ponencia que se presentó de manera oral (imagino), y es más bien una poética, una toma de postura. Me ha parecido que el texto es la verbalización de una búsqueda personal: la poeta define para sí misma la poesía y se define como poeta en el mundo.
    Mucho de la crítica que se le ha hecho ataca no el texto sino su naciente sistema poético, y eso ya es meterse en su subjetividad. Lo que se diga de su retórica y sintaxis es otra cosa. Quiero hablar de sus ideas, porque me parece que varias críticas están mal pensadas:

    Ismael:

    Yo creo que es viable aspirar a hacer poesía que perdure, si lo opuesto es aspirar a hacer arte desechable. Se entiende que (y aquí está la cosa, no seamos pedantes) no todo lo que uno quiere se consigue. No porque uno quiera escribir algo perdurable lo hará. Según lo que dices (y que es respetable, no puedo estar en desacuerdo con tu visión, pero sí con tu absoluta descalificación de lo otro) la obra de Juan Ramón Jimenez no tendría valor, ni la de Darío, ni la de Neruda. Todos ellos escribían para la posteridad. Respeto y admiro tu voluntad de hacer poesía para la poesía, incluso la comparto, pero esa es una voluntad más. De cualquier modo lo importante es el poema, no por qué se hace. Además, el acto mismo de escribir no es querer escapar de la muerte? Proponer tu poética personal como verdad no es proponer un argumento.
    Sobre tu segundo punto, que creo que se resume así: “debemos leer obras por lo que son, y no por quién las hizo”. Perfecto. La autora habló de autores que son reconocidos por su obra, y no por su linda cara. No veo de dónde sacas la contradicción. El canon verdadero se hace a posteriori. Celebro, eso sí, tu pericia lectora. Pero me parece que estás de acuerdo con lo que dice el texto. Léelo más lento.
    Tu tercer punto es la cereza del pastel de tu obviedad: ya se sabe que hay que darse tiempo y que jamás leeremos todo. La autora lo está diciendo eso mismito, otra vez. No dijo que aspira a ser Alfonso Reyes, sino expresó el vértigo del lector frente a la biblioteca de babel.

    Valdivia: admiro tu voluntad de corrector de estilo. Lo que dices del componente social es también algo dicho y redicho: todo poema es social, no importa si lo hizo Valery o Roque Dalton. No creo que la autora esté en desacuerdo, y no sé porqué es tan grave que a ella no se le haya ocurrido decir eso. Sería interesante presentar tu punto como aportación, porque lo es y valiosa, y no como una supuesta falta. Tú has agregado. Ella dijo. No demerites tu propia inteligencia convirtiéndote en señalador de oquedades. Me parece que propones, has eso, elegantemente.

    En general, me parece que el sentido del texto es inteligible, porque es una búsqueda personal. No digo que no sea posible criticarlo, no. Creo simplemente que no hay necesidad de esa violencia y menos si (como vimos en el primer caso) es resultado de una mala lectura.

    No justifico a la utora en su edad ni en nada. No hace falta. Digo que la crítica debería ser, en todo caso, otro texto que dialogue con el de ella. Se trata de discutir, no de descalificar. Por otro lado, su poesía (yo sí la he leído) es poesía de verdad. Hablamos de una poeta.

    Saludos

    Va un abrazo.

    1. Manuel, te saludo. Aplaudo que abras los brazos a la crítica concienzuda, no a la descalificación. Eso ya es ventaja. Que continúe la charla.

  11. A ver. Quisiera dialogar acerca de algunas cuestiones que aquí surgen, por lo menos las que llaman mi atención, aunque debo confesar que son bastantes. Partiré de las siguientes:
    1. No creo que debamos aspirar a escribir poesía que perdure. La poesía trasciende desde el momento en que uno escribe. Octavio Paz decía que el poema es un ser vivo, al igual que el lenguaje. Como ser vivo el poema trasciende sin necesidad de aspiraciones. Ambicionar que nuestros textos perduren por su calidad y, escribir con esa intención, me resulta pretencioso.
    2. Debemos profundizar en el estudio de obras que de verdad merezcan ser analizadas, leídas. Sean o no escritas por pilares de la poesía nacional.
    3. Mencionas que “no nos alcanzaría la vida para tragarnos el vacío a solas y digerirlo”, refiriéndote a la cantidad de obras que necesitamos leer para aportar siquiera un texo de calidad. Si tomáramos en cuenta lo que dices, seguramente no habría poetas sino estudiosos de poesía. Es interminable la cantidad de obras poéticas de calidad. Hay que leer. Es un hecho. Pero también hay que vivir la vida para dotar de fuerza el ejercicio poético.

    Espero que continúe la charla sin que se torne en una discusión descalificativa.

    Saludos.

  12. No importa la edad ni siquiera la foto. Al exponer un texto ante público, que es y debe ser crítico, importa la calidad del texto.

    Hay mucha incongruencia entre párrafos, en algunas partes muy marcadas y en otras no.
    Por ejemplo:
    En un parrafo dice:<>
    y en otro
    <>
    Por fin, cual de las dos?, el hecho de que la poesía MARQUE tendencias (ya estamos hablando de un límite, una frontera).

    Otra parte

    <>

    un poeta o creador vive en un medio tan complejo (su alrededor), donde es poco menos que imposible desligar los diferentes aspectos como: culturales, políticos, económicos …. Y SOCIALES. El hombre es un ser social por naturaleza. Por lo tanto, si el creador busca una voz preñada de la situación que vive, ¿Será posible dejar de lado el aspecto social?

    “Nuestra poesía contemporánea” (?)

    Resulta muy contradictorio

    Con sincero respeto, un afectuoso saludo.

  13. Felicidades Stephanie! tu sueño va abriendose hacia nuevas inspiraciones que te darán palabras para seguir navegando en este universo lleno de aparentes contradicciones que emergen de los más ávidos de recientes ideas.

  14. Coincido con Orlando y Jorge. El ensayo demerita la capacidad argumentativa de la joven Stephanie. Antes de publicar textos con tantas deficiencias, deberían, al menos, corregir la sintaxis para que se aclaren las ideas. ¡Un abrazo!

  15. Por cierto, se me olvidó agregar, de nada sirve aclarar -¿justificar, explicar, anteponer?- que tiene veinte años. Podemos leerlo sin eso. La edad ni empeora ni mejora -difícilmente- la obra.
    Saludos desde el Sur del continente.

  16. ¡Santa María de los Buenos Aires! ¿Qué es esto? Lo que empieza como un nombramiento de la nada “¿?” pasa por una especie de lealtad-poética-seudonacionalista y termina con un edicto místico. Cuiden más su selección de textos.

  17. Me parece un texto sumamente incongruente. En cada párrafo hay grietas diletantes. No hace falta leer la ponencia en su totalidad, para avizorar una argumentación repleta de falacias. Baste con leer los últimos dos renglones: “La poesía es el talento de traducir la memoria en un caos de ideas en orden, de volver la poesía el vértigo de la palabra y el arte del asombro”. No me queda claro. La poesía es un talento, según la cita anterior. ¿La poesía es un talento por sí misma? Además este talento debe ser traducido, ya que en el aparente orden de ideas, existe también un caos de ideas. ¿Oxímorón? ¿Antítesis? Como dijera alguien por allí: ¡que alguien me explique!

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