Nadieco, poesía que rescata del espejo

Nacido en 1980, en su ‘ciudad ceniza’, estudió en SOGEM en donde concluyó sus estudios en el año 2002. De entonces acumula dos libros de poesía, Hiedra en 2007  y Analemma en 2010. Atraviesa su poesía un canto primigenio, que volvió para ya no ser el mismo.

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Coordinador de la sección: Luis Dellamary

 

Verde prolífico

 

Recién regreso de la inoculación de un verde prolífico y multitonal: vello de volcán, pubis de selva, mujer-montaña bostezando murciélagos con aves de colores en las axilas y ríos azules entre las piernas; su espíritu el brillo en los ojos de un venado…

La musgocorteza interceptaba diminutos diamantes. ¿Has escuchado cómo se siembran los truenos? Un constante crujir se propaga en la niebla como un tenor grave que intercede en el canto invisible del bosque. De noche nos bañamos en una cálida arteria, un helecho persiana repartía las voces de la luna; la realidad era una danza de siluetas arbóreas al son subacuático del río. Qué arcanos secretos conocen sólo los reptiles, por eso sus pupilas son tatuajes del cosmos.

Una tortuga que se adentra, cabeza primero al mar, la selva… Si fuéramos nube sabríamos que tiene la forma de una cola de ballena, pero no; es ella la tortuga a la que acuden el humus, los hongos, las húmedas cortezas, los ramajes aterciopelados y los bejucos serpientes como oscuros relámpagos que se hunden en la tierra. He aquí el reino de las raíces, anchas, gordas, tentáculos que penetran profundamente hasta bombear vida desde la muerte, pequeñitas raíces que beben toneladas de luz.

Descubrí el significado de la frescura, si alguna vez te encuentras en los brazos de tu amada bajo una lluvia tropical, congela el instante de la gota en su contacto con el mar, entonces besa su boca dulce y su piel salada, serás la nota de un ritmo ingrávido, el ir y venir de la Creación.

 

 

Conservar el eco

A Fernando G. Sánchez Mohar

 

En la esférica dimensión humana

la tragedia del viento y la ceniza…

 

Ayer decidieron que no regresarías,

alguien sembró una bala en tu pecho,

alguien decidió borrarte.

 

Sin significado el por qué palidece,

tu ausencia abarca los gélidos espacios infinitos.

¿Eres libre?

¿Pudiste a lo incognoscible abandonarte?

 

Aquí nadie entiende, los rostros se confunden con tu sombra.

Duele quien te reclama;

y te libera quien acepta

el viaje involuntario en la posibilidad de su destino,

quien adopta la intensidad de tu relámpago.

 

Tu rastro dibuja un signo frágil,

una tarde gris, un cristal cifrado por la lluvia.

Te confieso que preferí seguir, huí de tu muerte.

Comprobaste que somos un fantasma en la memoria de quien queda,

la inexactitud del futuro.

 

Conservo el eco de tu risa durante la noche del desierto.

Fuiste pieza angular del rompecabezas,

protagonista clave en la película.

 

Hermano aquí cuidamos tu herencia,

aquí te relevamos, seguimos tus huellas,

alumbramos el túnel con tu antorcha.

 

“Despertar” fue el mensaje de tu partida,

soltar el equipaje, irse ligero,

desnudarse hasta la luz.

Memorias de arena

 

Al girar, en cada segmento, el horizonte.

Polvo de diamante, viento que atraviesa mis átomos;

soy una estrella de serpientes.

Un movimiento de hierba que se arranca,

temblor de rama; el cielo, la sierra que me cerca;

mido cada uno de mis pasos.

Sólo la nada permanece.

 

Ya pesan las palabras:

es día de viento.

 

Soles como flechas

 

Mientras la superficie púrpura aborregada de la soledad en conjunción

respiro la tonelada helada de estar vivo.

Desde las moléculas oriundas (quizá antes)

acumulando el conocimiento en sus cadenas,

después del enraíce ingrávido que nos sostiene,

—arquitectura de ceniza luminosa—

belleza de tegumentos vibratorios inasibles como el tacto,

en fin,

soles como flechas

por amar la tierra sexual de la serpiente,

la seda de escama entre las piernas del mar,

la pluma activada por el nervio del viento

o simplemente la combustión con la llama inmersa

que nos llama a gritos desde siempre.

 

 

Alabemos la putrefacción

 

Mar de luz entre las hojas canta

aunque la eternidad es tu presente se nace para morir.

Guarda los secretos del sacro vuelo del águila.

 

Su mirada dejará las partes para tocarlo todo.

Perforará carne, hueso, romperá en astillas las ideas,

fluctuará en el remanso,

frágil a su propio vórtice;

como el aire en un pecho,

más vacío entre más profundo.

Nos lleva en la dirección que teje la araña…

 

Si el vapor surge del suelo como de un pubis fértil

el muerto subirá al cielo y se disolverá en el espacio.

Alabemos la putrefacción

ese milagro con antifaz.

 

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