Luis Escobar. México

Originario de Sinaloa, México, poeta y narrador nos muestra su pasión por los versos.

 

 

 

 

 

 

Luis Escobar
Luis Escobar es licenciado en Lingüística por la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Originario de Culiacán, Sinaloa, vió desde sus inicios una vereda desdibujada por la realidad que conducía a las letras, estudió Creación Literaria en el Centro Cultural Casa Lamm y en la escuela de la Sociedad General de Escritores Mexicanos (SOGEM). Tras practicar el cuento durante su formación, labor que le mereció el premio Jaime Sabines de la Ciudad de México (1996), su ánimo creativo se abocó en adelante a la poesía, género ensimismado, ha publicado poemas y ensayos en diversos periódicos  y revistas. En 2000 se hizo acreedor al premio interamericano Navachiste de poesía, del que se desprendió la publicación del poema El caudal de las flores invisibles (2001), fue jurado en los concursos de Crónica Urbana “Salvador Novo 2002”, y Premio Interamericano de Poesía Navachiste 2001. En 2007 fue ganador de una beca del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes del estado de Sinaloa, con el proyecto Hoy Tampoco Silencio.

 

 

Contigo

 

Hoy la ternura me dice de cerca,
me sube la cuesta y me refleja al viento.
Ayer dormía en el tránsito del tiempo,
cuando de pronto soñé con tu mirada.

Si fueran a dormirse como yo,
todos los pájaros del humo que mis hermanos vieron,
conmigo,
entre los árboles,
no tendrían este segundo de pensarlo.

El sueño de la realidad del sueño es más amor que mis pestañas
cuando trato de explicarte.
La verdad desencarnada del paso de la línea
del rayón de carretera hacia mi viaje,
muestra en un viejo abecedario las cicatrices rotas en el suelo
como los adornos sin sentido
cargados de cuidados
en pretérito de hielo.

La carne no es la carne sin el pensamiento siente,
la carne es sentimiento de la piel y amar no es más ni menos,
yo me siento y esa vela de apagarse entre el abrazo,
es todo lo que entrego en las palabras,
cuando la voz que hace pequeñas fisuras en la voz,
el día que hace día,
el agua que reniega de la sed y se sublima,
Cuando estos símbolos adentro de mi rostro,
disparan,
asesinan,
pacen diversos en el cúmulo de estrellas del ahora.
Y nada es diferente a despertar cansado
o a llegar la noche sin las ganas de dormir.

Te miro y me divierto,
te miro,
nos miro,
los miro a todos y persigo las serpientes transparentes
de palabras y mitades de palabras
que yo completo solo
con el rencor de ser pero sin ganas,
así afilo los grilletes de la voluntad fantasma
de quedarme con los párpados cerrados.

El silencio,
la escasez de tornavento que doblega a la razón
y llena el tiempo,
el invierno del sonido en la envoltura
y al fondo una imagen tan perfecta
que no parece de este mundo
cuando es exactamente en este mundo,
cuando nada es tan exacto,
ni tan fiel a la palabra como no decirnos nada.

Cuando solo nos sabemos en los labios
todo lo que puedo imaginarte con la boca
todo lo que puedo envolverte en mi silencio,
es darte la ternura con mi cuerpo,
imaginarme sin tu voz,
envolverte con mis labios y en silencio,
soñar que estoy de vuelta donde siempre nos debimos,
haber nacido siempre con el cuerpo definido.

Hay algo más que ser todos los soles
y las lunas de tus ojos,
pero ahora que lo intento,
prefiero estar de vuelta.

 

 

De dos en uno

 

Sentado en otra vez,
con las alas internadas en el mundo que respira,
dentro tuyo,
calzo de dos voces una misma letanía.

Me ciernes la mirada,
las imágenes colindan con las islas de tus pasos.

Voy y vuelvo a longitudes temerosas,
hay dos formas de amar,
dicen las flores.

Y en el retrato me evidencia,
como frente al mar no tengo más que amar,
y decidirnos,
como frente al mar que llega al punto de tocarme,
 los pies con toda espuma,
no tengo más que hacer un espejismo.

Y ahora aquí,
y ahora,
pretendo al mar en el vaso de tu boca,
pretendo oleaje en la figura que nos meces,
como caricia sin el fin de la caricia,
como vereda que recorro detenido.

Puedo decir allá en la fuente,
donde tu cuerpo se hace imagen incendiaria,
dada la voz,
cobijada por mis ganas,
una hechicera de cristal,
más invisible en cada viento nos separa,
y nos une y nos separa,
sin perfume casi flora sin los pétalos,
calibra piel y a los navieros de los cuerpos,
una pasión que no es de viento
y pareciera estar movida por el viento.

Puedo decir de hiedra tu mitad que me cautiva,
de hiedra paso a la turgente marcha,
de hiedra sobre el cuerpo y entre el cuerpo,
cada paso que me das sobre la túnica,
coreografía de un paisaje que el verano me traduce,
en los ojos,
en las manos,
en las armas.

Verdad de cierto cielo en las palabras,
verdad tan de momento que despierto sin el día de mañana,
sin el ayer de fuertes aleteos,
verdad de dos hora tras hora,
verdad detrás de muerte si es que ayer me recordabas.

Decir figura que te enfrentas frente a mí
y no te extingues aunque ardas.
Pero decir palabras que en el cuerpo se derriten,
no es igual que amar de siempre
la labor que haces en mí de reflejarme.

Amar a mí es por ti una entre ceja,
donde los ojos de los dos son aves, 
y una de ellas muere de hambre,
porque urge irremediable de la fruta del espejo.

 

 

Linaje

 

Detrás de todas las tormentas
hay un timón que no se cansa,
que no cesa en la impresión de nuestro ahora,
nada es nuevo en la mirada del paseante,
por temprano que parezca,
todo es hecho a la medida del encuentro de la piel y de los pies.

Rumbo solo,
si te preguntan algo más qué nos dirías,
diferente del ahora,
separado del cuerpo,
diferente de la vida que recorren
tus arbustos míticos del monte,
de tu agua detenida que sigue siendo sed y sigue cerca.
Si pregunta igual a ave silueteada
por asedio de lo otro,
no tendrías que responder igual a soy
en este piso sobre piso sobre tierra
y perdida la mirada,
encontrarnos que respiro junto a ti,
en el ámbito de toda la nostalgia
del paseo que se atardece.

La luz de las formas de las hojas
y la luz del sonido del color,
tiene otros mensajes no expresados
en la voz más diminuta del recuerdo,
nunca imaginar que esto tan simple,
que esta orilla simple junto al río,
es ahora mismo el ancla pensamiento que se piensa
con las alas del deseo de navegar pero en reversa.

¿Qué serían las tempestades sin las horas de silencio,
o el abrazo sin las lágrimas
tiñendo abandonadas nuestra aurora?

Te presiento en cada voz que multiplico,
impaciente de las olas,
del azul de bajo el agua,
remando por contrarias ilusiones,
tu propia forma de ser fuego y al instante
recordarte temeroso del calor de la armonía.

No hay más palabras para ser en tus palabras,
sin la vida no tendría tus senderos,
en el corazón despierto de mi mapa.

 

 

Impresionista

 

Entre todas las mujeres me recuerdas a ninguna,
en el espacio que invades,
vas callando que detienes,
la arena pies de arena
la cadencia de las aguas
en las piernas de las aguas,
en tu voz orquídea y viento
en la mañana despertar
asimilada a otro minuto
que sí es este pero más que los demás,
siempre más hacia los dos y más abierto.

Igualas este estar con este estero,
donde enteramente yazgo no queriéndote
decir palabra ilusa,
pues foto imagen impresión
o todo es sueño,
este minuto con tu aurora
vale toda irrealidad
y más suicidio de creer
en lo que es cierto.

Cuerpo a cuerpo,
sin mención de sus historias,
va la línea calentándose floral,
en otro punto de mi ser estar deseándote
y pasear con la mirada
vuelo pájaro dejado al firmamento
de la urdimbre de ordinaria coexistencia,
mi presente,
como el sol,
se me acuesta en un filón del movimiento.

Entre todas las mujeres tu sentada,
trabajando en no sé qué,
para nosotros.

 

Memoria de viaducto

 

La ciudad me despierta con un canto intoxicado,
miles de orbes diminutas danzan sin cesar
por arriba de los humos,
de mis sumos,
de la puta realidad que desmerece,
parecerse a mí y a los demás.

Más bien canta con la danza
del no todo pensamiento
es lo que pienso
 
Afuera de la gente convocada,
figura de hojas secas del cedrón de las ideas.

Salir hoy fue una aventura de reflejos,
en vidrios con reflejos detenidos,
no yo no tu,
los demás haciendo vueltas al tapiz del horizonte,
como si no se nos contara,
como si la historia nueva fuera más que un parpadeo,
que un cambio de mirada hecho al calce de vivir
pero sin sueños.

Realidad es la película que canta,
la situación de veras flor
de tantos días sin salir del espejismo.

Todo es luz,
toda luz es la palabra,
toda palabra abraza al ser sin hacer nada,
pero la queja llega al grito
y la persona es carta
que el palomo nunca entrega a este presente.

Otros y yo vamos diciéndonos de prisa,
el aire es malo si la imagen de mi mismo
está colgada protegiendo una ventana,

no pensé que llovería,
no pensé a la lluvia, porque es,
porque de pronto,
siento más agua en el cuerpo
y más goteado el devaneo de resolverme.

La precipitación casual no se detiene,
cada uno es una foto de uno mismo,
deletreada por la boca de otro mismo.

Quién pensaría que la plática, te digo,
conversación de dos
de ahora en cuando,
termina todo esto con personas en la mesa,
tomando ahora el café ahora el plato,
ya no sé de qué te hablaba,
caminábamos los dos hacia el sentido,
y luego dije algo que nos hizo navegar por la banqueta,

o caminar de puntitas sobre el agua,
orilla de la calle o costa de los autos,
esto todo es tan fugaz que ya no existo.

 

 

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Mexking

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