Jorge Brash. Décima suerte

brash-jorgeEste interesante poeta mexicano, avecindado en Xalapa, Veracruz, juega a la lotería con sus décimas, que, por cierto, nos ofrece inéditas.

 

 

 

 

Jorge Brash

Décima suerte (inédita)

(Lotería)

 

1. El catrín
2. La mano
3. El tambor
4. La rosa
5. El soldado
6. La sandía
7. La sirena
8. El cazo
9. La escalera
10. El Negrito
11. La botella
12. El borracho
13. La chalupa
14. El gorrito 
15. La bandera 
16. El bandolón 
17. El violonchelo 
18. Las jaras
19. La maceta
20. La rana
21. La estrella
22. El venado
23. El camarón
24. El pescado
25. La araña
26. La pera
27. El nopal

28. El apache
29. El barril
30. El árbol
31. El pino
32. La campana
33. El cantarito
34. El arpa
35. El melón
36. El diablito
37. El paraguas
38. La bota
39. El sol
40. El alacrán
41. El mundo
42. La corona
43. La palma
44. El corazón
45. La luna
46. El valiente
47. El músico
48. La garza
49. El cotorro
50. El pájaro
51. La calavera
52. El gallo
53. La dama
54. La muerte

 

 

1. El catrín

En esto de la presencia
hay que andarse con cuidado,
dijo cierto diputado
de muy dudosa sapiencia;
pero queda en la conciencia
del virtuoso del violín
que la forma cede al fin
sus privilegios al fondo.
Indiferente y orondo
cuida su estampa el catrín.

 

2. La mano

El dedo pulgar empieza
cuando es cosa de contar
y el índice se ha de alzar
si predicamos grandeza.
Por la página atraviesa
con aire y ritmo galano;
se ofrece abierta al hermano
y se agita en los adioses;
pero si hablamos de poses,
quién más diestra que la mano.

 

3. El tambor

Mire lo que me compré
en la feria de allá abajo:
un sombrero como atajo
para llegar hasta usté.
Venga a tomar el café
y así sentirá mejor
el aroma y el calor
de este corazón doliente
que, a su lado y de repente,
bate a ritmo de tambor.

 

4. La rosa

Hay pétalos que reúnen,
como fragmentos de vida,
la variedad infinita
de matices que produce
la mano, cuando descubre
el botón que apenas toca,
y tocándolo provoca
un vértigo de frescura
en la caída segura
hasta el fondo de la rosa.

 

5. El soldado

Este vecino de bota
y vida tan regular
va dibujando al pasar
los compases que la nota
del clarín, su compatriota,
ha dispuesto a su cuidado.
La cantimplora va a un lado
como oración permanente
del agua que ya presiente
la sed final del soldado.

 

6. La sandía

Si en el coco el agua danza,
en este fruto gigante
puesto al anhelo delante
como cumplida esperanza,
la sangre se agolpa… y lanza
sus guijarros contra el día.
¡Ah cómo me gustaría,
de ofrenda para mi diosa,
una encarnada y jugosa
rebanada de sandía!

 

7. La sirena

Empecé por añorar
la tibia humedad del seno,
desestimando el veneno
de esta criatura de mar.
Pretendía soportar
la belleza que enajena
―promesa de dicha plena―
y a su embrujo resistir.
Acabé por sucumbir
al canto de la sirena.

 

8. El cazo

En la fonda de Teresa
se prepara la comida
de la hueste enfebrecida
por la compota de fresa.
Es de admirar la entereza
con la que apura su vaso
esa ninfa del ocaso,
que cata el vino clarete
de la una hasta las siete
sin conceder tregua al cazo.

 

9. La escalera

Para alcanzar el estado
prescrito por el decreto
tiene usted que ver a Beto,
el de la puerta de al lado.
De paciencia vaya armado
y de alforja en bandolera
pues no será tan ligera
la jornada. Lleve vino,
provisiones… Su destino
tiene forma de escalera.

 

10. El Negrito

La tarde cuelga una nube
del tendedero del sol
y entre vapores de alcohol
hasta el campanario sube.
Toda mi vida entretuve
investigando en el mito
o en el quehacer infinito
que sólo al ocio compete,
 y hoy giro como el rehilete
que me regaló El Negrito.

 

11. La botella

Acuden al pensamiento
las más diversas razones
si a considerar te pones
este valioso instrumento,
ya sea guarde el fermento
del más humilde tenor
o entrañe fino licor
en el roble destilado,
la botella hasta ha pasado
a ser ruleta de amor.

 

12. El borracho

Si no sé ni dónde estoy
ni me fajo la camisa
ni sé caminar aprisa
ni decir adónde voy,
será que de ayer a hoy
sólo recuerdo que vi
tu imagen y repetí
tartamudeando tu nombre.
¡Apiádate de este hombre
borracho de amor por ti!

 

13. La chalupa

Portadora del espejo
florecido en la quietud,
resbaló mi juventud
extasiada en un reflejo.
Visto está, si más me alejo
más se acendran y se agrupan
las nostalgias que me ocupan
al revisar lo perdido.
Acabaré en un descuido
a bordo de una chalupa.

 

14. El gorrito

―¡Quién me compra una mascada
contra el viento mordelón,
quién se lleva el pantalón
que pide la temporada!
¡Traigo fina ropa usada
a un precio, Jesús bendito,
que no comprarla es delito
para el que no hay garantía!
―Digo, marchante, ¿no fía?
Yo nomás quiero el gorrito.

 

15. La bandera

Cansada de tanta fiesta
toma un respiro en lo alto
como quien medita el salto
al abismo y ya se apresta
a formular la respuesta
más airosa a su manera:
abre las alas señera
y emprende ingrávida el vuelo
a los confines del cielo,
águila al fin, la bandera.

 

16. El bandolón

En un rincón recoleto
de los confines del día
conversa con la armonía
de venturoso cuarteto.
Tiene fama de discreto
y avezado para el son.
No importa tu condición
―deprimido o achispado,
animoso, desganado—
te gustará el bandolón.

 

17. El violonchelo

Pablo Casals le dio al arce
una voz tan bien templada
que, absorta y ensimismada,
la musa optó por callarse.
Mientras la ola se esparce
en semifusas de hielo
el canto se torna vuelo
de un scherzo malherido
que viene a tejer el nido
del alma del violonchelo.

 

 

18. Las jaras

Madera, noble elemento
que has visto crecer al hombre
confiriéndole en tu nombre
casa, vestido y sustento.
Lo digo con desaliento:
hoy las selvas ya son raras
y las maderas más caras
de los bosques escasean
y ya no hay, como no sean
breñales para las jaras.

 

19. La maceta

En una ciudad lejana
hay un barrio populoso
donde un edificio añoso
tiene rota la ventana.
Lo recuerdo esta mañana
en una imagen concreta:
una fachada discreta
con alféizar elocuente
donde asoma de repente
un geranio en su maceta.

 

20. La rana

Se resumen en un charco
las notas del aguacero
y quedan en el tintero
las singladuras del barco.
De clorofila este calco,
compendio de vida arcana,
se desata en filigrana.
El temblor del renacuajo
se cuela por un atajo
del tiempo y se vuelve rana.

 

21. La estrella

¿Y si esa bóveda oscura
fuera en verdad un telón,
una malla, una versión
hipertrofiada en la altura
del firmamento? ¿Tan pura
será la lumbre de aquella
gran explosión? Será huella,
o pálpito acompasado
del más remoto pasado
que nos saluda en la estrella.

 

22. El venado

Yo sé de un árbol viajero
que anda en busca de su pienso
en un pastizal inmenso.
Con los fríos de febrero
desciende desde el otero
a triscar el anhelado
helecho del descampado.
Al alba miré en la brecha
la cornamenta derecha,
la majestad del venado.

 

23. El Camarón

Las manos tuvo de foca
y la espalda de tortuga;
por nariz, una verruga
y desastrada la boca.
Era de cabeza loca
y enemigo del jabón;
andaba de polisón
mientras los demás dormían
y en el barrio le decían
por mal nombre El Camarón.

 

24. El pescado

Evocación del origen
o nostalgia de humedad,
alimento de Simbad
―criaturas que el agua rigen
y entre vórtices afligen
un trayecto equivocado.
En el puerto de Alvarado
lo compruebo una vez más:
el hambre se queda atrás
si como arroz con pescado.

 

25. La araña

Cosa de seguir el hilo
de la historia y descubrir
si no hay principio ni fin
en su compás contenido.
En el sueño donde miro
la silueta abroquelada
de mi presente se aclara
el enigma en espiral
que con gran habilidad
urdió de noche la araña.

 

26. La pera

La fronda viste de blanco
y se levanta hasta nimbo
disolviéndose en el limbo
perezoso del espacio.
Sinuosidades de vaso
rizan pálida frontera,
vago recuerdo de esfera,
claras promesas de fruto.
Hay aromas de interludio
e indecisión en la pera.

 

27. El nopal

Jamás tuve compañía
que en bonanza no viniera
a solazarse a mi vera
y derrochar alegría,
pero en tiempo de sequía
—tribulaciones perrunas—
no me buscan sino algunas
visitas con buen motivo.
El nopal es atractivo
sólo cuando tiene tunas.

 

28. El apache

Bailé junto a la fogata
de mis abuelos mayores
y compuse valses nobles
con Ravel una velada
en que hubo rock y sardana.
Giga, pavana y corrante
me agitan como el jarabe,
la chacona, el rigodón.
Disfruto el twist, el danzón
y la danza del apache.

 

29. El barril

Varios listones combados
con infinita paciencia
paran en circunferencia
ensamblada de artesano.
Al mosto el mayor cuidado
se consagra con el fin
del fermento convertir
en un vino generoso.
El tiempo es sabio en el fondo
reposado del barril.

 

30. El árbol

Qué majestuoso y altivo
se apropia del horizonte
como cimera del monte,
culminación de lo vivo.
Nogal, haya, roble, olivo,
algarrobo y avellano
asistieron al temprano
acontecer de la historia.
Son ellos nuestra memoria:
sin árbol no hay ser humano.

 

31. El pino

Ahí está, cubierto a veces
por los jirones del vaho
que los bueyes van dejando
en fiel tributo a la nieve.
Sus ramas desaparecen
en un escorzo finísimo
y si me acerco soy río
que a su corteza se funde,
pues toda mi vida fluye
a la vera de este pino.

 

32. La campana

El silencio cierra puertas
en esta noche sin luna
y de las aves ninguna
a emitir su voz acierta.
Tanta quietud desconcierta
y se antoja sobrehumana.
Como una mantra lejana
pronunciada a media noche
en la espesura del bosque,
se oye tañer la campana.

 

33. El cantarito

El agua en él me sabía
a nieve de la montaña
provocándome una extraña
sensación que me invadía
al beber a mediodía
aquel frescor exquisito.
La costumbre se hizo rito
y hoy se torna desazón.
Por culpa de un tropezón
se me ha roto el cantarito.

 

34. El arpa

La luz tiende sus cadenas
entre cristales de roca
mientras el agua desboca
un atolón de sirenas.
El rumor de las arenas
se precipita en la escarpa,
iza las velas y zarpa
con destino circunflejo
dejando solo el reflejo
de los arpegios del arpa.

 

35. El melón

Museo de los sentidos,
guardas recuerdos muy gratos
que voy visitando a ratos
fugaces y agradecidos.
A todos mis conocidos
les paso la invitación:
disfruten la sensación
de oler un fruto aromoso,
beban su jugo sabroso
y cómanse un buen melón.

 

36. El diablito

En general muy discreto,
comedido y reservado,
lo traigo aquí en un costado
o pegado al esqueleto.
Sin él me siento incompleto
desangelado, maldito…
y entre rumores transito
imperceptibles al mundo.
Me disgrego, me confundo
sin este diablo bendito.

 

37. El paraguas

Los calores del verano
están pidiendo aguacero
para ahogar el resistero
y darle vida al secano.
Paraguas tengo a la mano,
ya no sé ni para qué,
si el viento volvió al revés
la tela con sus varillas.
Me mojaré las rodillas,
la espalda y el bisoñé.

 

38. La bota

Ayer saqué del ropero
un suéter de casimir
un pantalón de vestir
y una chamarra de cuero.
También encontré un sombrero
y una corbata chipriota
con un carrujo de mota
escondido en la costura.
Lo único que me apura
es que sólo hallé una bota.

 

39. El sol

No fue mi infancia pareja
a aquella de don Alfonso
ni está a su altura este esbozo
o remedo de acuarela.
Evocación incompleta
en sombra de resolana,
se cuelan por mi ventana
lánguidos rayos de sol
y con tímido arrebol
van tiñendo la mañana.

 

40. El alacrán

No quisiera preocuparte
con afán descomedido
pero juzgo que ese ruido
que consigue desvelarte
no procede de otra parte
que de tu propio desván.
Y te lo digo en buen plan
―sé que no eres preocupón―
pero ten, por precaución,
antídoto de alacrán.

 

41. El mundo

Seguirá por el espacio
sideral su trayectoria
indiferente a la historia
y a la conciencia reacio.
Derruimos un palacio
en el afán infecundo
de eternizar un segundo.
El hombre dejó su huella:
despojos de la querella
a su paso por el mundo.

 

42. La corona

Vale más cualquier sombrero
toquilla, gorra o visera
que cargar en la sesera
un bulto de mal agüero.
Monarcas del mundo entero
que la memoria perdona
probaron la belladona
por culpa de su riqueza,
o perdieron la cabeza,
no se diga la corona.

 

43. La palma

Este faro que ilumina
y danza a los cuatro vientos
me confunde por momentos
y al infinito me inclina.
Su condición ambarina
le da transparencia al alma
y con sus notas ensalma
cuidados y malestares.
Se aliviarán mis pesares
al arrullo de la palma.

 

44. El corazón

La lluvia cesó de pronto
y la mar es un espejo
relegado por el viento
a las cámaras del fondo.
Todo ha quedado en reposo
y se destila el licor
del sonido que emigró
a los veneros del bosque.
En el peso de la noche
late solo el corazón.

 

45. La luna

Dicen que la luna afila
en la tormenta sus garras
y que suelta las amarras
cuando la mar es tranquila.
Quién sabe lo que se estila
en una noche enlutada.
Tal vez sola, ensimismada,
tramonta pálida cumbre
para ocultarnos su lumbre
entre brumas de alborada.

 

46. El valiente

Este paladín curioso,
figura de lotería
cree tener la garantía
de un talante fabuloso.
Quisá sufrirá achacoso
en condición indigente,
o bien saldrá de repente
a refrendar sus acciones
en fondas y tendajones
como todo buen valiente.

 

47. El músico

Con la actitud de un experto
traza sus líneas oscuras
para colgar las figuras
de su próximo concierto.
Deja su balcón abierto
y ya brinda por la musa.
Al definir la anacrusa
empieza a vencerlo el sueño
y a la postre sólo es dueño
de una página inconclusa.

 

48. La garza

Exaltación de blancura
en lo más verde del llano,
este viento destilado
en frío su nieve encumbra.
Ingrávida luz de pluma
pisa el silencio descalza
y tenue nube levanta
en un punto del pantano.
El tiempo se ha congelado
en un prodigio, la garza.

 

49. El cotorro

La sonrisa a flor de pico
y la mirada traviesa,
lo admiro por su franqueza
con el pobre y con el rico.
A diario con él platico,
le acerco la fruta al morro,
a caricias lo amodorro
y a veces hasta lo baño
contento en su travesaño.
¡Daca la pata, cotorro!

 

50. El pájaro

Desperté oyendo la música
prodigiosa del jilguero
y al pájaro carpintero
muy afanoso en su bulla.
Otros les hacían segunda
o discanto competente:
azules, rojos y verdes,
como no he visto en la vida,
y en aquella sinfonía
se alborozaba el ambiente.

 

51. La calavera

Esta cáscara de nuez,
este cuenco perforado,
llevó en su día tocado
de barretina o de fez.
Ahora la desnudez
luce por dentro y por fuera
y se ha vuelto madriguera
de la araña y el ratón.
Anhelos, vida y pasión
pararon en calavera.

 

52. El gallo

Anda en busca de una polla
que le aguante los achaques
y de otras dos que en las tardes
lo alimenten en la boca.
La sopita de tapioca
no le da mucho trabajo,
pero se indigesta el gallo
con el maíz reventón.
Será que de sopetón
lo abandonó su serrallo.

 

53. La dama

Con el rey ya no se habla
y riñó con el alfil
cuyo oficio escuderil
si no la aburre la endiabla.
Combatirá a rajatabla
urdiendo con brillantez
combinaciones de tres,
como dueña del tablero.
¡Qué porte adusto y austero,
la dama del ajedrez!

 

54. La muerte

Compañera de la vida
en las buenas y en las malas,
ya que mi tiempo acabalas
hazme un hueco en tu guarida.
¡Siempre tan incomprendida
en tu modo de moverte!
He corrido con la suerte
de calar tu condición.
Déjame tu dirección,
más tarde te busco, Muerte.

 

 

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Mexking

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Un comentario en “Jorge Brash. Décima suerte”

  1. Si el poeta Brash me lo permite, usaré su Lotería en el Taller de fomento a la Lectura

    Felicidades

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