Repasando el círculo de Juan Manz

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Enrique Moya nos conduce en este ensayo a la poesía del escritor sonorense, Juan Manz.

 

 

Repasando el círculo de Juan Manz
por Enrique Moya

Juan Manz
Juan Manz

Para repasar el círculo de Juan Manz, se nos presenta como un itinerario cuasi coral, en el cual la diversidad de voces y las diversas estrategias escriturales que dan vida a esas voces, permiten acercarse a un universo poético rico en imágenes, metáforas y complejas construcciones verbales. Voces o máscaras que van generando nuevas aristas discursivas de acuerdo a los temas o las preocupaciones estéticas del autor en un momento determinado. El territorio poético de Para repasar el círculo es muy amplio y en él convergen diversas geografías y diversos caminos para acceder a ellas.

Juan Manz
Juan Manz
Son muchas las lecturas que sugiere esta poesía ligada a la naturaleza, al desierto (como se nos presenta en Recital en Fuga); o ligada a ciertos espacios de la herencia sagrada, (como podemos leer en Padre viejo, relectura de cosmos ancestral yaqui), o de los rituales de la oralidad del saber iniciático (como sucede en Panal de luces, que aunque se presenta como una bitácora poética de la urbana New York, lo hace desde los ojos místicos de quien ve la ciudad a través del espejismo, con las mismas ásperas construcciones de lo yermo; y, por oposición, el desierto es visto por Manz como construcciones de ciudades aún no fundadas, o fundadas en un pasado mítico o remoto.
Sus poemas sugieren, como hemos dicho, diversos temas de análisis; sus construcciones verbales y el lenguaje se conectan, además, con otras áreas del saber humano y del lenguaje.
Dicho lo anterior, hay cuatro aspectos de la poética de Juan Manz, que nos interesa destacar, y a los que vamos a referirnos brevemente.

1.
En primer lugar, En la poesía de Juan Manz el lenguaje y la metáfora ocupan un lugar primordial. Pues el problema entre hecho objetivo y hecho narrado no siempre es posible a través del simple lenguaje. Así que el poeta Manz elige la arquitectura de la metáfora para encontrar la palabra a expresar. Así, su metáfora es más que un diseño de imágenes, una propuesta de palabra, una propuesta de nuevo signo, una propuesta de exactitud, que aproxima y al mismo tiempo expande significados.
Por otra parte, Juan Manz es, por decirlo de algún modo, heredero de un lenguaje que no se habla con simples palabras, o de un lenguaje difícil articular con palabras y que él intenta con sus poemas traducir.
Si bien el mundo mítico yaqui y el habla ancestral han sido heredadas desde lo oral, el hecho de que ese conocimiento no se haya perdido del todo y que, además, tenga herederos incluso entre los no yaquis (como es el caso del poeta Manz) se explica a través de la cosmogonía creada no sólo a través de las palabras, sino a través de las construcciones metafóricas.
Muchos pueblos indígenas han prolongado su saber ancestral a través de la metáfora, de las construcciones metafóricas matizadas o ampliadas con nuevas adquisiciones fonéticas y/o verbales del idioma invasor (o nuevo idioma, en este caso el español). Este concienzudo trabajo de Juan Manz se nota en Padre Viejo, que es, como se sabe, la forma yaqui para referirse a su más allá, a su cielo particular. La metáfora, las formas míticas del lenguaje y el silencio, son partes fundamentales del poema. La metáfora como prolongación del silencio o, al menos, una de sus formas concretas; la metáfora en oposición a la carencia misma del idioma. Y, por otro lado, el mito y la realidad se funden, en la poesía de Juan Manz, para crear la posibilidad de otro espacio, de otra geografía donde quepan de modo natural y con toda propiedad, todo sentimiento y emoción que mueve al poeta Manz al escribir.
En la obra de Juan Manz la metáfora es el ars, el hilo rojo de la construcción escritural y vivencial.

2.
Otro aspecto que nos interesa de la poética de Juan Manz, es la otredad y el significado de los opuestos que ya aparece, por cierto, en la obra de Heráclito, y que el poeta Manz lo trabaja desde una óptica especular (o dicho de otro modo, desde la alteridad, desde el espejo).
Eso se puede observar, sobre todo, en los libros Contracareados y Tres veces espejo. En estos libros se puede percibir el diálogo de Manz con el Panta Rei heracliano, la síntesis poética del planteamiento de Heráclito que aparece en su Logos, sobre el significado de los opuestos y los mismos; es decir, lo que lo que el filósofo denomina: “camino hacia arriba los que lo ven desde abajo, y camino hacia abajo los que lo ven desde arriba”. “el camino abajo y arriba es uno y el mismo”. Con esto Heráclito nos afirma que los opuestos representan, al mismo tiempo, una unidad esencial. No una unidad inestable que fragmenta la realidad, sino una unidad conectada con la idea de rehacer el lenguaje, de construir formas distintas del yo personal y del yo narrador; del inconsciente, o yo, y la oralidad cotidiana (u oralidad exterior), o es decir, el otro. El libro Contracareados le entra a este difícil problema con gran habilidad.

3.
El tercer aspecto que nos interesa es la relación de la escritura de Juan Manz con el comportamiento de la geometría fractal. Hay cierta poesía que asemeja a las construcciones de la geometría fractal, y la de Juan Manz es una de ellas. Desde varios ángulos y motivos.
El principal de esos ángulos, es que la poesía de Juan Manz está ligada a las formas de la naturaleza; en este caso, a una naturaleza guiada desde el arbitrio de las palabras, desde el azar que dicta la imagen; desde los diversos modelos o experimentos entre adjetivo y sustantivo que Manz realiza para configurar la idea, esa metáfora que nos acerque al sentimiento de una observación, o de un sentimiento tomado desde la impresión que le causa al poeta una planta, el viento del desierto o el murmullo de de las aguas o el simple silencio.
Por su parte, la naturaleza misma, a través de la diversidad de objetos que la pueblan, es geométricamente fractal, porque no puede configurarse a través de los modelos de la geometría euclidiana que son construcciones concretas. Y los poemas de Manz no buscan el compromiso con una forma determinada, sino con la deconstrucción de las formas establecidas para ofrecer otras lecturas, o mejor dicho, para permitir otras posibles lecturas basadas en otras posibles formas.
Siendo así, la poesía de Juan Manz permite que sus poemas se reproduzcan en el lector y que vayan más allá de las palabras hasta el terreno impredecible y potencial de las imágenes, de la construcción fractal; de aquello que no es posible comprender sino a través del poema, del lenguaje del poeta con su forma de conectar lo irreal con lo real, o con su forma de conectar lo real que aún no tiene (y acaso nunca tendrá) palabra (o forma) que lo defina en la mente de un lector.

4.
El último aspecto que vale destacar del trabajo de Juan Manz tiene que ver con la música. Sus poemas están escritos siguiendo el principio de una construcción musical. Son textos cuyo sentido persigue la armonía y cierto contrapunto entre las diferentes ideas que integran un mismo poema o una colección de ellos haciendo contrapunto entre sí, como las distintas voces que conforman una ópera.
Es una poesía, además, atenta a la música del idioma, o de los idiomas, pues se nutre de otras sonoridades y musicalidades de las diversas lenguas (y matices de esas lenguas) de México, que de alguna manera son tonales, más que modales, en el sentido occidental del término.
Así, la poesía de Juan Manz remite de inmediato a dos procedimientos de la forma musical: lo tonal y modal. Lo tonal se manifiesta en su poesía como juego de los contrarios (que ya hemos visto en el Heráclito que aparece en sus libros Contracareados y Tres veces espejo); esto es, una proposición y su resolución, una fuerte tensión que luego se resuelve con una especie de coda literaria que reitera el aspecto lúdico y secreto de la construcción sonora de sus poemas.
Y en otros textos, se manifiesta lo modal; es decir, una tensión que se mantiene y que no busca un efecto de resolución, sino que la resolución es la tensión misma que se diluye por sí sola en la idea y ritmo del poema.
A modo de conclusión, estas son algunas de las posibles lecturas que ofrece una poesía rica en lenguaje, sugerencias lingüísticas, formas literarias e imágenes.
Hemos intentado tomar aquello ante lo que hemos sido sensibles. Por supuesto, una poesía con tantas preocupaciones, tantas estrategias discursivas y formales, es difícil presentarla sin que se nos quede algo afuera.
En todo caso sí hay que decir, que la poesía de Juan Manz, por su misma configuración, requiere de un lector entrenado. Es una poesía para ya iniciados, para personas que ya conocen los secretos…aunque haya, desde luego, versos de una transparencia y sencillez magnifica como éste de Parodia de agosto, que, con el permiso de su creador, Juan Manz,
voy a leer:

El espejo cepillaba sus dientes
al mismo tiempo que los míos
lavaba mi cara
y hasta sobrepuso una sonrisa
en mis labios
como una especie de indulto
Sólo cuando apagué la luz
me supe solo

 

Enrique Moya, Viena-Austria – Ciudad Obregón-México, noviembre de 2008

 

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Un comentario en “Repasando el círculo de Juan Manz”

  1. La literatura desde la fractualidad es un desafío,un campo abierto a ser desarrollado.Desde la poesía de Juan Manz,se percibe no solo un dominio del esquema linguistico fractual,sino también una interesante propuesta de fondo que tiene que ver con una mirada lúdica a la vez crítica de las realidades humanas y cósmicas.”Para repasar el Círculo” permite al lector,transportarse a esas realidades desde múltiples ángulos existenciales.

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