Juan Manuel Vadillo

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Amante de la música y literato, el también poeta Juan Manuel Vadillo da un concierto verbal en su recreación del concierto para violín de Alban Berg.

 

 

 

ALBAN BERG, CONCIERTO PARA VIOLÍN / JUAN VADILLO

 

El compás, como una ola sobre la arena, se extiende y se contrae. Al mismo tiempo se dilata sobre un espejo cóncavo que proyecta su sombra. Un esqueleto hecho de esa sombra sostiene el canto de las cuerdas, que también se extiende y se contrae sobre el aire. Evocando el misterio del tiempo sagrado  un acorde se detiene y después atraviesa un prisma de cristal en la imaginación de Nadie. Nadie cobra vida en el sueño del compás. Las voces de las cuerdas apenas hieren a la memoria de la muerte. Aquí en este acorde coinciden todos los tiempos que ya se desvanecen. Nadie dormía sobre una cama de violas como la voz del violín, un sueño dentro de un sueño que alguien sueña, un compás dentro de un compás. Nadie teje en el aire la armonía herida por el discurso de los locos. La consonancia  se transforma en disonancia que se desmorona entre los dedos de Nadie. Nuevamente surge un compás que se expande inmenso y luego quiere empequeñecer. La música adquiere las formas infinitas del humo de opio. Suspendido en el aire el humo diluye el tiempo… ¿Cuánto dura un instante de arena?, ¿cuánto dura el regreso de la ola?

El centro de cada una de las doce notas está en todas partes, y al mismo tiempo en ninguna. El tejido de las cuerdas, con hilo del tiempo, nos deja sentir que el universo aparece y desaparece en cada mínimo fragmento. Cada una de las doce notas es el centro de gravedad para dejar de serlo. Sobre cada nota se construye un acorde que parece ser la tierra para derrumbarse en el siguiente pulso. El sonido en la mayor disonancia evoca la muerte de un ángel. Todos los acordes se derrumban cuando la disonancia es una daga que pinta el dolor con su polifonía, aun allí hay silencio. Cada nota es una luciérnaga, encendida evoca la totalidad, apagada la esconde, la guarda, la aguarda.

No existe un punto de partida, todas las notas son a la vez la partida y la llegada.  El piso es el techo y el techo es el piso, arriba es abajo en el laberinto de la armonía. Aquí es allá, nunca llegamos, siempre nos estamos yendo, hasta que nos vamos para siempre. La voz fugitiva del violín se alza para resaltar ese silencio. Cada nota es todas las notas, cuando alguien muere todos morimos, pero el silencio que aguarda en el compás desnudo nos regresa a la ilusión de la vida. En el sueño atonal no tenemos nombre, Nadie tiene nombre y pinta sobre los espejos del delirio. El delirio es una navaja que desgarra el aire como el violín.

De un compás a otro la velocidad y la lentitud nos hacen perder las coordenadas en el tiempo, las doce notas ya nos habían perdido en el espacio.  Un  instante es una medida de eternidad, infinitamente divisible. No hay ritardando, el cambio es abrupto, el siguiente compás es enorme comparado con el anterior, ese mismo segundo dura una hora, el sueño del opio alarga el tiempo, aquí y ahora se detienen.

El oído mira a través del caleidoscopio, borra los contornos para que los ojos puedan escuchar una rima que tiende un puente sonoro entre los entes más disimiles. Una cortina de chaquiras danza cuando Nadie cruza la puerta. El caleidoscopio invade el aire, la música adquiere la forma de la danza de olas de aquella cortina, el azar entraña la pureza del nacimiento y de la muerte.

El canto del violín vuelve a herir el aire con el dibujo de una navaja, cuya punta es la nota más aguda. Allí alcanza a rasgar la muerte. Pero incluso la sombra se derrumba en el siguiente acorde que evoca la  nada.

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Juan Manuel Vadillo. Ciudad de México. Cursó la Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas; obtuvo un major en composición de jazz en la Berklee College of Music, en Bostón. Cursó el posgrado en improvisación contemporánea en el Consrvatorio de Nueva Inglaterra. Ha publicado en el suplemento Sábado del periódico UnomásUno, en la revista Entre Líneas, en la antología de cuento y poesía Tentación de decir, editada por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, en la revista Alforja,  y en la revista Fractal. Actualmente cursa la Maestría en Letras Españolas en la UNAM

 

 

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Mexking

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2 comentarios sobre “Juan Manuel Vadillo”

  1. Que belo texto!Podemos ver a musica,quase tocar som,o som numinoso primodial,esse ponto que está em todas as partes,esse circulo que está em parte nenhuma…uma sensaçao de Eternidade…

  2. Me interesó mucho la obra de Vadillo. Me gustaría conseguir un libro en Gandhi, tal vez? Profra. Alma Luján

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