No se trata de una aproximación más al poeta, es una crónica y un testimonio de un coterráneo suyo, de Colombia, que lo descubrió antes de que fuese siquiera tomado en cuenta como un hombre lúcido. Milcíades Arévalo desvela esas temporadas en el infierno y su emergencia.


Un inmenso poeta, sin duda. Que vivió siempre ebrio de luz y soledad.
El reportaje es muy atractivo, y da a conocer momentos intensos de Raúl. Gracias por el texto. Y por traernos a loa memoria a este señor de la poesía
poeta es y será, inmenso como su cuerpo que alcanzaba el sol y se cobijaba con la sombra de la luna. ¿Porque dan ganas de llorar cuando lo encontramos en la soledad del otro?¿Porque remueve las tripas, hace arder el estómago y nos narra lo que siempre nosotros mismos sentimos. Gracias a Milciades por trernoslo de nuevo con su desgarramiento y su dolor que es el mismo nuestro.