Alfonso Peña Vs. Floriano Martins

Floriano Martins Foto: JAL
Floriano Martins Foto: JAL
Dos agentes culturales y escritores, uno que pregunta, de Costa Rica, y otro que responde y pregunta a la vez, de Brasil, dan rienda suelta a sus respectivas lenguas para presentarse y presentarnos sus universos culturales y literarios donde aún cabe el surrealismo o el sur realismo o Su realismo.

 

 

De la gran fraternidad surrealista a las presentaciones especiales

Conversación con Floriano Martins

ALFONSO PEÑA

Floriano Martins Foto: JAL
Floriano Martins Foto: JAL
Alfonso Peña
Alfonso Peña

A principios de los años ochenta, en nuestra casilla postal apareció el tabloide Resto do Mundo. Llegaba de Fortaleza, Brasil. Estábamos habituados a recibir diversos materiales de Hispanoamérica; en la redacción de la revista Andrómeda era muy frecuente ver un abanico de importantes publicaciones (Plural, Casa de las Américas, Crisis, Puesto de combate, Anthropos, Punto Seguido, Diario de Poesía, entre muchas otras). Muy pronto entramos en contacto con el editor de Resto do Mundo, el poeta cearense Floriano Martins.

De entrada, sorprendía gratamente que esa publicación apuntase a la poesía de Latinoamérica con la intención de darla a conocer en Brasil, pues a su editor le preocupaba que Brasil, por su enorme superficie, su diversidad cultural y su “mixtura”, solo se viera a sí mismo. Floriano le daba gran importancia al Surrealismo Latinoamericano. Cuando nos conectamos directamente, nos envió alguno de sus materiales. Desde entonces mantenemos un diálogo intenso y constante. Las parcerías y complicidades van en uno y otro sentido.

La edición de Escritura Conquistada (Diálogos con Poetas Latinoamericanos, 1998) fue una buena muestra de la capacidad investigativa de Floriano. Luego vendría el volumen O começo da busca (2001), para adentrarse en la corriente del Surrealismo Latinoamericano. Con Alma em chamas (1998), inauguró la senda de su propia creación.

Además de sus ensayos sobre literatura, música y plástica, Martins se mueve con soltura en el terreno de la traducción; tampoco se puede pasar por alto que mantiene una gran comunicación con los mundos de la plástica y la música.

El surgimiento de Internet, le dio un nuevo ritmo al poeta Floriano Martins. Desde el espacio virtual y junto al colega paulista Claudio Willer, han consolidado su mensaje, a través de la creación, a fines de 1999, de Agulha, Revista de Cultura (www.revista.agulha.nom.br). En esta publicación electrónica se combinan los trabajos críticos y de investigación, además de las entrevistas con artistas de distintas latitudes. En este medio -como si se tratase de fantásticos bailarines- el español y el portugués sostienen un diálogo ágil.

Una experiencia interesante: enviar un mail al poeta Martins; es muy posible que la respuesta llegue de inmediato. Muchos quedan sorprendidos por esa celeridad que es, simplemente, el resultado de la genuina vocación de Floriano por mantener contacto con sus lectores y amigos de todo el mundo.

En la conversa que sigue se ilustra cabalmente ese deseo, que él ha logrado a plenitud. [AP]

 

 

AP Floriano, recuerdo las primeras ediciones (a mediados de los años ochenta), que vos enviabas desde Fortaleza a los diferentes países hispanohablantes. Llamaba la atención el tabloide con el nombre Resto do Mundo. Era una publicación que infundía vigor a la creación poética y la gráfica. Ya en esa época se podía advertir tu interés y el “coloquio” que mantenías con la corriente del Surrealismo Latinoamericano. Será muy esclarecedor que nos hables sobre este tema.

FM No sólo el Surrealismo. En el inicio de los 80, comienzo a descubrir América Hispánica, un mundo enteramente nuevo para mí. Quedo verdaderamente fascinado con la intensidad, matices, lenguaje, actuaciones, son lecciones que voy tomando en cada nuevo contacto. Ya entonces colaboraba con la prensa en algunos lugares de Brasil y en Portugal, con traducciones, artículos y entrevistas referentes a la poesía hispanoamericana. El diario Resto do Mundo surge de la necesidad de fundar un espacio específicamente dedicado a la difusión de literaturas desconocidas en Brasil. El dilema fue el mismo de siempre, por el que ya pasamos todos nosotros, editores en cualquier lugar del mundo: no había soporte financiero para dar continuidad a la aventura editorial. Mis primeros contactos con el surrealismo en América Latina coinciden con este período. Claro que antes conocía las residencias nerudianas, sin embargo hablo aquí de otra dimensión del surrealismo, más profunda (del punto de vista del lenguaje y también del carácter de la escritura y de su autor) y que posee un tono distinto al surrealismo europeo. En esa época tenía correspondencia con estudiosos como los españoles Jorge Rodríguez Padrón y Ángel Pariente, también con el rumano Stefan Baciu. Fueron años de una correspondencia muy intensa, sobre todo con Rodríguez Padrón. Registré todo eso en forma de entrevistas, y recuerdo que tú mismo trataste de publicar una parte de este diálogo con Rodríguez Padrón (posteriormente la serie completa, fue incluida en una edición de Cuadernos del Ateneo, en Tenerife). Por otro lado, cuanto más aprendía yo con los dos españoles, más me parecían absurdas las ponderaciones del rumano. Donde Baciu veía surrealismo, yo sólo conseguía ver modernismo, cubismo y otras señales oriundas de una mezcla de períodos. De tal manera, aquella antología del surrealismo que él publicó fue desde el primer momento motivo de desafío para mí, el desafío de la corrección; el volumen me incomodaba de tal forma que me impuse la tarea de corregirlo.

AP La pesquisa te abrió puertas inesperadas. Entraste en contacto y participación inmediata con muchos creadores del continente. Me queda la impresión de que cuando das a conocer O começo da busca estabas “iluminando la senda”. Poco tiempo después aparecería el impresionante volumen Un Nuevo Continente, Antología del Surrealismo en Nuestra América (Ediciones Andrómeda, 2004) con una extraordinaria colección de retratos de los poetas participantes realizados por el artista Fabio Herrera. Cuando me adentro en las páginas del libro, experimento un “vértigo” al encontrarme con poetas de muy diferentes estirpes: César Moro, Aimé Cesaire, Olga Orozco, Roberto Piva, Eunice Odio, Claudio Willer, Emilio Adolfo Westphalen, solo para citar algunos. Conversemos en términos de la idea primigenia; lo que desencadenó en los últimos años.

FM Son los matices a los que me refería anteriormente. Sumemos nombres como los de Enrique Gómez-Correa, Francisco Madariaga, Enrique Molina; estos tres, por ejemplo, al lado de César Moro y Aimé Cesaire, son para mí el quinteto fundamental del surrealismo en América Latina, donde localizamos los registros más renovadores del surrealismo. Son ellos, en esencia, lo que se podría llamar: fundadores del surrealismo en nuestro continente. Toda aquella carta de principios dada por el surrealismo es ambientada entre nosotros: establece una boda perfecta entre el plano intelectual y orgánico, las afinidades con el surrealismo europeo y su correspondencia con los planos cósmicos y existenciales del continente americano. La fundación, por así decir, de un nuevo continente. Es interesante observar que todo este asunto era absolutamente sigiloso en Brasil en los años 80 y también en la década siguiente. Mi encuentro con Sergio Lima propició algunas realizaciones (muestras colectivas, folletos, un ciclo de ponencias), sin embargo, era preciso avanzar en relación al tema, sin guiarse por el proceso de ortodoxia y, al mismo tiempo, tratando de tocarlo con más osadía en términos de proyectos editoriales. Hubo entonces un reencuentro con Claudio Willer, quien luego invité para coeditar conmigo Agulha, Revista de Cultura, creada al final de 1999. Con Willer fue posible avanzar en los dos planos esenciales: abolir toda y cualquier perspectiva de ortodoxia y crear condiciones de ampliación, de difusión y discusión del tema. En otra época serían impensables aspectos como haber sido invitado por la Academia Brasileña de Letras para dar una conferencia sobre surrealismo en Brasil y que la Editora Perspectiva, dedicara un extenso volumen (1.000 páginas) al surrealismo, invitándonos a mí y a Willer, entre otros, para componer el grupo de ensayistas que conforman esa obra. También fuera de Brasil fue posible avanzar, dando legitimidad al tema, tratando de Breton. La antología que editaste en Andrómeda fue bastante ampliada, manteniendo título y proyecto original para un volumen de casi 700 páginas que en el 2008 publicó Monte Ávila Editores, en Venezuela. Pude allí avanzar en mi investigación (no diría aun que la haya concluido), hasta donde es posible localizar la presencia del surrealismo.

AP Poco tiempo después das el salto y la experiencia surreal latinoamericana te lleva a investigar “las raíces del surrealismo” en la península ibérica. En ese momento ¿se podría hablar de un “Surrealismo hispanoamericano”? Cuéntanos sobre las claves y pistas de tu investigación.

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Un comentario sobre “Alfonso Peña Vs. Floriano Martins”

  1. Este diálogo es fantástico. Lo fantástico reside en que no hay en él nada de fantasía. Lo que Alfonso Peña va informando de Floriano Martins y lo que Floriano va exponiendo mientras ambos dialogan, todo eso es verdad. No hay persona en el mundo que conozca al cearense de la boina- y es una multitud- que pudiera desmentirme. Lo que Martins dice que piensa, es lo que piensa. Lo que dice- obsérvese, por ejemplo, la penetración con que ha aclarado la cuestión del surrealismo latinoamericano, señalado la futilidad de la relación “directa” entre palabra e imagen o negado la visibilidad de un proceso de apertura de fronteras culturales-, lo dice porque está seguro de tenerlo claro, y, gentil y “enfáticamente”, lo seguiría diciendo ante la horca. Lo que hace- su apabullante y casi increíble tarea de “embajador individual pan-americano”, como alguna vez lo llamé-, es exactamente lo que hace. Y si algún suspicaz hallara mi comentario interesado, por caberme el honor de haber traducido al castellano tres libros de poesía de Floriano Martins, no tiene más que repasar lo que él mismo expresa aquí sobre la extravagancia de los traductores que se consideran una suerte de “coautor” del poeta creador, con lo cual acuerdo plenamente. El mérito de haber hecho de este diálogo no siempre coincidente una pieza ejemplar en su género, de haberlo guiado con la habilidad y la altura intelectual de quien, más que hablar, prefiere escuchar, es de Alfonso Peña. Creo, con toda sinceridad, que con el tiempo se convertirá en bibliografía indispensable para el estudio crítico de la obra del poeta brasileño y su contexto.

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